Los Cinco Minutos de Dios

 

¿Te gustaría mucho hablar de mismo? ¿Por qué será? Quizá porque estás convencido de que vales mucho y quieres que los demás también reconozcan tu valor;
no es vanidad y orgullo.

 

Quizá porque piensas que los demás no reconocen tus méritos; y si los demás no los reconocen quizá sea porque en realidad esos méritos no son tan reales
como a te parecen.

 

¿A los demás les gusta oírte hablar de mismo? Si no les agrada; ¿por qué será? ¿no será porque cuando hablas de mismo lo haces disminuyendo a los
demás? O, si no los disminuyes, ¿no será porque ni siquiera los tienes en cuenta? Y ésa es una manera muy sutil de disminuirlos; y, si los disminuyes de
una u otra forma, ¿puedes extrañarte de que no les guste oírte hablar de
mismo?

 

Si realmente vales, si tienes méritos y cualidades, no te preocupes, no es necesario que hables de ;  ya que verán lo que eres y lo que vales; si no lo
ven, no por éso disminuirá tu mérito o se perderá tu valor. Basta que te vea Dios y que te valore Dios.

 

 

 

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