Aires Brujos

 

 

Escazú es un pintoresco lugar donde las leyendas de espantos y brujas

hicieron las delicias de nuestros antepasados.  De esta tierra, rica en

tradiciones y gente buena, proviene Jaime Herrera Ortiz, quien llegó muy

pequeño a Escazú para quedarse embrujado por su hospitalidad.

 

Roberto:

Este 22 de septiembre Jaime deja el aire de su pueblo para compartir con

nosotros algunos recuerdos que, sin duda, son salpicados por una

circunstancia ajena a su voluntad: la catarata infantil que afecta su vista.

 

Jaime:

Yo me fui a vivir a Escazú a los 9 ó 10 años de edad.

 

Roberto:

¿Y qué?, ¿nos podés contar de tu infancia?

 

Jaime:

Claro que sí.   Recuerdo  una Navidad que pasé con sarampión, de ese que la

ciencia médica le llama "sarampión negro", le estoy hablando de 1953, lo que

pasa Sanchito es que por el problema de la vista a uno lo tenían muy

limitado en la casa para ciertas cosas, con el dicho de "pobrecito",  que se

generaba.

Uno no podía estar con toda la gente por la situación de la vista, aunque

tuve compañeros videntes muy buenos que por lo menos trataban de pasar

conmigo, ahora que estamos hablando de 1952, 53 y 54.

 

En 1954 sufrimos la pérdida casi total de la casa que mi padre, con mucho

esfuerzo había conseguido.

 

Roberto:

¿Qué fue lo que sucedió?

Jaime:

Esas situaciones climatológicas que se dan en invierno, y viera, ¡una casa

casi nueva!,  y de ahí pasamos a 1956, que fue cuando asistí a la escuela, a

conocer más gente y a relacionarme más con las personas, aunque fueran no

videntes o discapacitadas.

 

Después de la escuela ocurrió para mí uno de los acontecimientos más

grandes, porque fui, si no el primero, uno de ellos en trabajar en un grupo

musical de Escazú; eso fue en 1962 y el grupo se llamaba Oriente.

 

Nosotros íbamos a tocar a lugares donde ni se escuchaba música, eran, si mal

no recuerdo, Candelaria de Puriscal y Peñas Blancas de Pérez Zeledón.

 

Roberto:

¿Cuál era tu participación en el grupo?

Jaime:

Era cantante, tocaba maracas y hacía de animador, porque yo quiero decirte,

Roberto, que le hago algo a la composición, no es que soy compositor, porque

compositor es Ricardo Mora, pero me gusta hacer música,  usted sabe.  Entre

mis canciones está una que fue grabada por los hermanos Herrera, que se

llama "Inspiración a Turrialba", pero tengo otra que se llama "Linda

escazuseña", otra canción que yo crié, por medio del locutor Alfredo Monge

del Valle, fue "Serenata en tu Ventana", y la primera composición mía es de

tipo ranchero y se llama "Primero de Mayo".

 

La canción inspiración a Turrialba dice en sus primeros versos. Hoy le canto

a "Turrialba" y mi poema de amor: "Hoy le canto a tus aguas, a tu cielo y a

tu sol".

 

¡Oh pedazo de cielo, oh bonito cantón,

para toda la vida, vas en mi corazón,

y cuando por tus calles, con mi amor yo viajé,

por eso, Turrialba, nunca te olvidaré!

 

Roberto:

¿Cuántas canciones tenés?

 

Jaime:

Bueno, yo escribo para mí, porque aquí los compositores casi no ganan nada y

son como 10, casi todas son relacionadas con mi vida, también formé parte de

un grupo de ciegos que, por falta de estímulo, tal vez no llegó a ser más

conocido. No tenía un nombre definido, porque a veces íbamos a un lugar y

nos llamábamos "Tropical del Mar", en otra ocasión nos llamaron "Luz y

Sombra", y así le ponían el nombre que se les ocurriera.

 

Roberto:

¿Quiénes lo integraban?

 

Jaime:

Jorge Ávila, Walter Monge, Mario Ramírez, Marciano Ruíz.

 

Roberto:

Siendo un grupo compuesto por personas ciegas y deficientes visuales,

supongo que les tuvieron que suceder algunas anécdotas que hoy podemos

compartir entre los lectores.

 

Jaime:

Sí, con el grupo viajábamos casi siempre a la zona de Cartago, porque el

contratista, que en ese tiempo era Mario Ramírez, vivía allá.  También

fuimos a Platanal de San Carlos, porque Jorge nos llevó.

 

En 1963, para la época de la avalancha de Cartago, fuimos a tocar al Cañón

del Guarco, a un matrimonio,  sólo llegaron 20 ó 30 personas.

Después fuimos a tocar a otra parte, donde nos tuvieron recostados a una

pared con cuchillos y cuchillas y no nos dejaban tocar.

 

Roberto:

¿Por qué,  los tenían amenazados?

 

Jaime:

Porque en el salón tenían una sinfonola que funcionaba con dinero, entonces

una gente que ya había depositado los 25 céntimos alegaban que faltaban una

hora de canciones y como el dueño paró la música para que nosotros

continuáramos, nos tuvieron retenidos el tiempo que les estaban quitando.  A

mí me pusieron un cuchillo pequeñito  en el estómago y me decían:

-"No les vamos a hacer nada, es sólo  para que no toquen".

 

En 1962 ó 1963, nos invitaron a tocar al ICE y se recogieron 860 colones, de

esa época, póngase a hacer números y se dará cuenta del montón de plata que

nos pagaron; de ese dinero nosotros queríamos que fuéramos a medias, pero

don Humberto Marenco alegó que los instrumentos eran del Centro Hellen

Keller y que los recursos eran necesarios en la Asociación, por fin nunca

supimos en qué gastaron ese dinero.

 

Mucha gente sabe que unida a la música viene la tomadera de licor, yo tomé

en una ocasión, en Platanar de San Carlos.  Alguna bulla hice y como en ese

tiempo no tenían cárcel, a las personas que se portaban mal las amarraban a

un árbol para que al otro día una perrerilla los trasladara a San Carlos y

luego a San José;  por dicha los compañeros intervinieron y me dieron un

café sin azúcar para que me compusiera,  ¡para que vea los problemas que

acarrea el alcoholismo!

 

A las personas no videntes nos pasan muchas cosas dentro y fuera de la

música, como algo muy especial que me sucedió recién operado en el hospital

San Juan de Dios. Me pusieron a cuidar la ventana que daba al pasillo del

salón Facio, que llamaban en ese tiempo.  Estábamos esperando que nos

transmitieran una película, pero yo no podía ir porque estaba vendado y ¡con

esos cuidados que tenían antes!.  Como yo estaba en la primera cama me

explicaron que si vía una luz era señal de que teníamos película y si no,

entonces mejor se quedaban acostados.

 

Al rato les dije: "Hay una luz encendida muchachos, sí va a haber película",

y mire, ¡no quedó un sólo niño en el salón!, el resultado fue que yo me

dormí y nada más estaba conmigo un niño recién operado, los demás, rencos,

operados de la garganta, y así se fueron, lo que no sabía era que no hubo

película y a ellos los dejaron sin aguadulce, porque al rato llegó una

morena que me dijo:

-"Sólo usted, cieguito, es el bien portado, por eso voy a darle más

aguadulce y más de todo".

 

Recuerdo un 16 de septiembre de 1964, nos encontrábamos el famoso Walter

Monge, Rafael Navarro y yo,  y después se nos agregaron Héctor Herrera y

Hernán Calderón, ese día cumplía años Rafael Navarro y quería celebrar, y se

le ocurrió que una cantina era un buen lugar.  Nos fuimos todos a la cantina

La Nueva, de un señor Cubillo, en Guadalupe, y Rafa, que era estudiante del

Napoleón Quesada no fue a clases y después llegaron unos compañeros, un

profesor y hasta el orientador.

 

Seguimos tomando, pero Rafael Navarro y Hernán Calderón se pusieron a

discutir la supremacía del hombre valiente de Guanacaste y Pérez Zeledón.

Rafa decía que el Punto Guanacasteco era más conocido, y Hernán que el Punto

Generaleño era mejor.  La cuestión fue que, sentados en la barra, se dieron

de puñetazos y, como es la costumbre de los borrachos, se salieron a la

calle, con tan mala suerte que yo también me tiré a la calle, pero pegué

contra la vidriera y cuando me quise levantar estaba perdido, eso me pasó

varias veces cuando tomaba; al final no supe en qué terminó el asunto, pero

Rafa me llevó para donde una prima de él y  como me "jalé una torta" me

sentaron en un bus de Guadalupe a las 4 de la tarde, según me cuentan ellos

y a las 7 de la noche me bajó el cobrador, que no se había dado cuenta del

tiempo que estuve ahí sentado, me dejaron en San José, en el Parque Japonés,

en una parte muy oscura.

 

Volviendo al Caso de Rafael Navarro, resulta que andábamos vendiendo números

de la Asociación Hellen Keller y él andaba de "tanda", cuando me dice:

"Andá, dejámele un recado a mi novia, decile que yo estoy en el hospital"

(porque antes no dejaban, las familias, que se formaran parejas de ciegos,

puede que tuvieran o no razón, pero pasaba), entonces me voy yo allá, por

detrás de la Escuela México, donde vivía la muchacha.

 

Rafa se quedó en un terreno baldío y me dijo que les dijera que por culpa de

ellos estaba hospitalizado, por si querían ir a verlo, entonces llegué y le

dije: "Vea señora, es que Rafael está en el hospital y, pobrecito y me mandó

a decirles.

 

La señora me contestó:

-"¿Rafael está en el hospital?, ¿cómo es eso?, ¿y aquellos colochos que

estoy viendo allá? (Porque la casa quedaba en un alto).

 

Y me dice toda brava:

-¡Váyase usted y él, porque  les voy a echar la patrulla si  me siguen

jodiendo!

 

Actualmente Jaime vende lotería y pertenece a un grupo que está deseoso de

retomar la Asociación Hellen Keller para darle el auge que tuvo en el

pasado.

 

Dejamos a Jaime en sus quehaceres para proseguir nuestra búsqueda de nuevas

anécdotas con las personas ciegas y deficientes visuales que, gentilmente

comparten su vida con nosotros.

 

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