MÚSICOS POPULARES
( Muchas personas consideran que la Ley de la Compensación troca el sentido
de la vista por un oído desarrollado y mucho talento para la música).
El 10 de mayo de 1998, Graciliano Camacho Chacón (conocido por sus amigos
como Chanito), de 54 años, nacido el 5 de junio de 1945 y su hermano Omar
Chacón Blanco, de 64 años de edad, nacido un 16 de abril de 1934,
compartieron con nosotros sus experiencias de niños humildes y jóvenes
músicos que recorrieron con sus instrumentos musicales los más alejados
pueblos de nuestro país, dejando en los turnos (fiestas populares) rezos y
bailes, una estela luminosa, reflejada en las parejas que disfrutaron de los
acordes que les permitieron estar junto a su ser amado.
.
Omar:
Voy a contarle, Roberto, algunas cosas de mi vida desde que estaba pequeño.
Yo no era ciego total, era corto de vista debido a la Retinosis Pigmentaria
(enfermedad de origen hereditario que consiste en la pérdida del Pigmento
Retinal, con manifestaciones iniciales de disminución del campo visual y
agudeza visual). (La Retinosis puede manifestarse progresivamente,
especialmente en la ceguera nocturna).
En el día "me la jugaba bastante bien", pero como a las seis de la tarde se
me "apagaba la luz de viaje". Cuando estaba en primer grado me matricularon
en la escuela Pilar Jiménez, pero ¡Qué va!, me perdí.
Fíjese que andaba por el segundo piso; como me dieron ganas de orinar me
arrimé a un horcón y lo hice. ¡La torta fue que oriné a unas maestras!
También jugaba, como todos los niños, chumicos, chócolas y bolinchas
(canicas), (juegos tradicionales). A veces los "güilillas" me robaban
las bolinchas. Hacíamos círculos y poníamos 5 chumicos y cuando me alejaba
un poco, para tirar, me los cogían y se los llevaban corriendo.
Después fui creciendo y me gustaba andar en bicicleta. ¡Claro!, como la
vista no me ayudaba, no podía correr mucho. Una vez andaba en la bicicleta
por la plaza de Moravia y estaban dos señores conversando, uno de ellos
montado a caballo. Yo no los "vi" y choqué en el caballo, que se asustó y
pegó ¡Un gran brinco!, tirando al suelo al señor; entonces agarré la
bicicleta y me fui corriendo.
Otra vez alquilé una bicicleta en el Barrio Saprissa (comunidad
perteneciente al distrito central del cantón de Moravia, San Vicente), y me
fui a dar unas cuantas vueltas, cuando la iba a devolver me "centré" por el
"trillillo" sin poder ver el poste que estaba en mi camino. Fue tan cerca lo
que pasé, que un nudillo de la mano lo golpeó, entonces todos los que
estaban ahí gritaron: "ese se ganó la hora". Era que el señor que
alquilaba las bicicletas había ofrecido, al que pasara más cerca del poste,
¡una hora gratis!.
Roberto:
Y, ¿cómo se las agenciaba para conquistar a las muchachas?
Omar:
Bueno, cuando tenía unos 16 ó 18 años sufrí mucho, porque las muchachas me
decían que no podían ser novias de una persona ciega.
Roberto:
Y, si lo hubieran aceptado, ¿de dónde tomaría el dinero para hacer las
invitaciones y regalitos que la situación ameritaba?
Omar:
Yo trabajaba halando almuerzos (encargado de transportar a las fábricas el
almuerzo de los funcionarios), cargaba como 60 almuerzos que, por cierto,
con botella de fresco valían una peseta (25 céntimos) y sin botella de
fresco quince céntimos, por semana. Esa plata era para ayudar a los gastos
de la casa. Como mi papá tomaba mucho licor me obligaba a trabajar, porque
si no, me echaba a la calle.
Nosotros somos tres hermanos cortos de vista y cuando estábamos pequeños
teníamos una perra, creo que Pastor Alemán, pero muy entendida. No se veía
muy fina porque no le cortaron el rabo, y entonces cuando mi papá llegaba
con unos tragos de más a pegarnos y ya era muy tarde o de noche, nos
agarrábamos de la cola de la perra que se llamaba "Conga" y salíamos
corriendo por entre los cafetales. ¡Nunca nos pudo alcanzar! Seguro la
"Conga" hubiera sido una perra lazarillo, porque cuando mi mamá nos iba a
pegar por alguna cosa, la perra le agarraba el "chilillo" y se lo quitaba.
Cuando tenía como 16 años mi papá llegó muy "tomado" y queriéndome pegar.
Entonces salí corriendo y me fui para San José (capital de Costa Rica). Nada
más tuve tiempo de echar una cobija en una bolsa de papel. Ya casi no podía
ver cuando llegué a la "Norte", donde salían los trenes hacia Limón,
entonces se me acercó un señor que trabajaba en las bodegas y me preguntó
qué estaba haciendo ahí, le dije que nada y entonces me pidió que le ayudara
a descargar unos carros de los vagones.
Recuerdo que el señor tenía una camisa blanca y, cuando empezó a caminar, lo
único que podía seguir era el cuello blanco por los pasillos donde se
metía. Cuando llegamos se fue a traer un martillo, un cincel y el permiso
para trabajar a esa hora. Pasó un gran rato y cuando regresó el señor me
dijo que no encontró la herramienta, que mejor lo dejaba para después y que
me iba a acompañar hasta la salida para que los guardas no me detuvieran.
Nos despedimos en el corredor y cuando di el primer paso pegué en un poste y
me caí, entonces el señor asustado dijo:
-¿Qué es eso, usted no ve?
Le dije que no, que era muy corto de vista.
-¡Qué barbaridad!, y así iba a ayudarme, tome esta plata, ¡Pobrecito!, yo no
sabía..., ¿Dónde vive usted?
Le dije que no tenía donde vivir.
-Yo voy a llevarlo donde un señor, a ver si lo deja vivir en la casa, fue
cuando me di cuenta que era donde don Ricardo Patiño, un maestro de la
escuela que no conocía mi situación.
Al principio hacía mandados y después hornos en el Taller. A mí siempre me
ha gustado trabajar. Una vez me dediqué a vender verduras; entonces
conseguí un "carretillo" de esos que usan en las construcciones. Para esa
época estaba recién casado y vivía al costado sur de La Sabana. A las
cuatro de la madrugada me iba para el Mercado Borbón a comprar verdura y
después la vendía en Guadalupe. Una tarde regresaba de trabajar y, cuando
iba pasando por el Hospital San Juan de Dios, estaba parado en un cajón el
Oficial de Tránsito, como se acostumbraba en ese tiempo. La verdad es que
yo no lo vi y "golpié" el cajón con la rueda. El "tráfico" cayó de espaldas
en el carretillo y se va parando ¡bravísimo!, pero yo estuve listo y cogí el
bastón, que lo andaba atravesado en los brazos del carretillo, y le dije:
-¡No, no!, mire, yo soy ciego, no me vaya a hacer nada, porque él me iba
a pegar, del colerón.
-Pero, ¿Cómo se le ocurre a un ciego andar con un carretillo?
- ¡Díay señor!, la pobreza. Tengo que andar vendiendo verdura para mantener
a mi familia.
Roberto:
¿Por poquito que usted viera, podría aprovechar el remanente visual, pero,
también se podría confundir a las personas?
Omar:
Yo lo que hacía era fijarme en el pelo. Si lo tenía corto era hombre y si lo
tenía largo era mujer, por eso es que a mí me gustan las mujeres con el pelo
largo.
¡Ah, viera la que me pasó una vez!, resulta que iba una muchacha sentada a
la par mía y yo le dije:
- "Oiga Don, ¿Para dónde camina?", y entonces se volvió y me dijo:
- No, yo no soy don, yo soy una señorita.
Entonces le expliqué que yo no podía ver bien y que como le vi el pelo corto
me confundí, y la cosa no pasó a más.
Otra vez fue todavía peor porque estaba una señora con un vestido de rayas y
yo me fui corriendo y la abracé y le dije:
-¡Díay mamá!, ¿cómo le ha ido? , y me volvió la señora unos ojos ¡tan feos!
Era una negra fea y yo salí corriendo asustado. ¡Imagínese la congoja!
Hay cosas que pasan sin que uno tenga la culpa, recuerdo que en una ocasión
entré a la soda del finado Isidro Zamora, en Moravia, y una muchacha que me
conocía me dijo:
-¡Hola Omar!, ¿cómo está?
Atrás venía el esposo, que era muy machista, y le "arrió", (la golpeó),
porque dijo que ella me había dicho: "¡Hola amor!"
Una vez andaba en Valle La Estrella, de Limón, y tuve que pasar un puente
muy grande que hay en "Finca Dos". En ese puente tenían colgando un motor,
seguro para dar electricidad a la finca; la cosa es que el compañero que
andaba conmigo, que sí podía ver bien, me soltó la mano para ver ese motor,
que no tocaba ni el puente ni el río. Yo seguí caminando, cuando se me
resbaló un pie y me fui al suelo. ¡Por suerte caí a la par del río!, era una
altura como de 15 metros y sentí lo más feo donde me pegaron las costillas a
la cadera. Ahí quedé sin conocimiento y en la poza que estaba a la par de
donde caí vivía un lagarto ya grande. No me quebré pero duré como dos horas
sin poder moverme. Fueron unos "peones" de la finca y mi compañero los que
me sacaron de ese lugar.
Otra vez venía caminando por el cruce de Moravia cuando sentí que me fui a
un hueco. Me tapó hasta los hombros, pero no me pasó nada, ni siquiera me
ensucié un poquitito. Un "cobrador de buses" me ayudó a salir y después fue
a mi hermano "Dago" que andaba conmigo vendiendo cosas plásticas en unas
palanganas donde poníamos los "jarritos, platitos" y esas cosas, para que
la gente las viera. Allá por San Francisco de Dos Ríos había una sombra y él
se metió y ¡Qué sombra!, era un gran hueco donde habían tirado unas
casetillas de carro y cayó parado sobre una de esas, sin que se le cayera ni
un plato ni un jarro, nada. Unos señores lo sacaron y le dijeron que más
abajo había picos y todo estaba lleno de aceite.
Roberto:
Bueno, qué les parece si conversamos de esas cosas que les pasan a los
músicos populares como ustedes, que según tengo entendido, además de viajar
por todo el país y fuera de nuestras fronteras, han participado hasta en un
"circo"
Omar:
Sí, ¡es increíble!, "Chano" toca mucho guitarra, yo toco menos, y fui el que
le enseñé hasta a afinarla. El primer acordeón que compré me costó sesenta
colones y tuve que empeñar el radio de la casa para ajustar la plata.
Una vez nos fuimos para San Isidro del General, cuando llegaron unas
muchachas y nos pidieron que amenizáramos un cumpleaños, eso fue un domingo
y pasaron por nosotros como a la una de la tarde. Así que llegamos nos
encontramos con un señor que tocaba acordeón. Yo me aproveché para darle el
instrumento y bailar con las muchachas. Entre pieza y pieza "Chano" y yo las
fuimos "palabriando", y ya en la noche nos quedamos de ver otro día,
entonces caminamos como 100 metros que habían entre la casa y la Carretera
Interamericana. Cuando estábamos afuera le digo a "Chano":
- Tenemos que ponernos vivos para encontrar esta entrada mañana, y él me
dijo que era muy fácil.
Chanito:
Es que como yo podía ver un poquito, vi que había una luz y le expliqué a
Omar que del reflector nos metíamos y no nos perdíamos.
Omar:
Pues resulta que al otro día toqué la entrada y le avisé a "Chano", pero él
me dijo que no, porque la luz estaba más adelante. Yo estaba seguro que esa
era la entrada, pero seguimos para darle gusto, hasta que llegamos al puente
del Río Jilguero. Entonces nos devolvimos por donde yo decía y cuando
encontramos la casa les explicamos a las muchachas lo que nos pasó. Ellas
nos dijeron que en ese lugar no había alumbrado eléctrico, que lo que
habíamos visto era la luna llena. Las seguimos visitando y los "viejitos",
que eran de esos papás de antes que querían que uno se casara rapidito, nos
dijeron que al otro día nos esperaban en el parque, sin instrumentos.
Nosotros nos quedamos extrañados, pero al otro día llegamos, a las dos de la
tarde, como él nos dijo.
-¡Cuál fue la sorpresa¡, que en un pollo estaban las muchachas.
-¡Mmm!, ¿Qué raro está esto? Le dije a "Chanito" que nos sentáramos aparte
para vitar alguna cosa y no perjudicarlas; para no cansarlo con el cuento,
llegó el señor y nos dijo que fuéramos a hablar con el "Padre", pero en la
Iglesia no estaba el Sacerdote de ahí, sino que nos encontramos un
"Padrecito" de Santa María de Dota que nosotros conocíamos, y por cierto
tenía algún problema en el cerebro, porque tuvieron que prohibirle "dar
Misa"; es que fíjese que empezaba la misa y a la mitad del oficio se iba y
dejaba a la gente sola.
Roberto:
¿Y qué hicieron?
Omar:
Entonces nos dijo:
-El otro "Padre" no está aquí pero, tráiganse el acordeón y la guitarra para
que canten La Segua.
¡Claro!, nosotros lo agarramos de vacilón, y es que el señor nos había
llevado, al "puro taran tan tán", a casarnos, sin decirle nada al Padre ni a
nosotros. Lo que es la "innorancia", porque según él nos iban a casar sin
papeles ni nada.
Chanito:
Esa vez tuvimos que "zafarnos" clandestinamente para Villa Neilly (hoy
Ciudad Neilly, frontera con Panamá).
Omar:
Allá en Villa Neilly me encontré una señora mayor que vendía lotería y, como
era Nicaragüense, le decía a "Chano":
-"Ej baboso, voj sabej que tu hermano me gujta mucho".
Un día nos ofreció un fresco y, como en ese lugar hace tanto calor, le
dijimos que sí. ¡Viera qué fresco más rico vendía don Clodomiro!, lo que yo
noté fue que el mío tenía unas "boronillas". Ella me ofreció otro vaso
pero yo no quise, y a "Chano" no le ofreció más. Pasó el tiempo y ya nos
habíamos regresado a San José, cuando llega "Chano" y me dice:
- "Viera que me encontré a un señor y me contó una cosa muy rara. Dice que
él estaba en Villa Neilly cuando oyó a una señora conversando de dos ciegos
que habían estado ahí, que se llamaban "Chano y Omar", y que le había echado
una cosa a Omar para que se enamorara de ella, pero que seguro no le
resultó". ¡Gracias a Dios nada me pasó!, usted sabe qué torta.
Roberto:
Chanito está muy callado, pero yo sé que tiene muchas historias por contar,
recuerdo que en mi época de estudiante usted iba a la Escuela a visitar a
una hija que, si mal no recuerdo, se llama Isabel, ¿No sería que, al igual
que los marineros, dejaban un amor en cada puerto?, ¿Chanito lo dejaba en
cada pueblo?
.
Chanito:
Le voy a contar lo que nos pasó en Santa María de Dota. Resulta que
conocimos a unas muchachas. Una me gustaba a mí y la otra a Omar. Como ya
Omar se había casado entonces yo iba solo, sin embargo la gente lo quería
mucho. ¡Claro¡, en ese lugar las personas se peleaban a machete, sólo que
alguien portara revólver entonces sí se le hacían a un lado y Omar tenía una
pistola, era un "cuete" (revolver), que le había dado mi "Tata" a vender,
era de los viejos, calibre 45.
Omar:
Es que yo no quería contarle esa parte para que no pensara que uno es un
"matón", pero fíjese que cuando llegué a Santa María de Dota me encontré
con un tío de ellas que acostumbraba a pegarles. Si las encontraba por algún
cafetal les daba "cincha" porque era muy machista y decía que esa gente era
muy mal hablada, que mejor no vivieran ahí y que no cogieran leña.
Bueno, la verdad es que Don Bartolo, de lo que sí tenía fama es de buen
"peliador" a machete; nadie le hacía parada a ese señor.
Un día iba pasando por una callecilla cuando me lo encontré y de una vez
aproveché, cogí impulso y le dije: "Don Bartolo, ¿es cierto que usted está
acostumbrado a darles con una "cincha" a esas muchachas?, ¿ por qué dice que
son "malcriadas" ?"
A mí no me consta eso, pero ahora yo estoy visitando la casa y quiero que
no vuelva a ocurrir eso porque yo a nadie le "como gallina" (a nadie le
tengo miedo). Lo primero es que para pegarle un balazo, a cualquiera se lo
pego, y si no lo cree, vea, aquí ando mi arma, así es que ya sabe, que yo
no me le corro a nadie que ande un cuchillo, pero hay otra cosa que quiero
decirle: a mí me gusta respetar a la gente y que me respeten.
Usted sabe que yo toco acordeón para que la gente me ayude y usted es uno de
esos que me puede ayudar cualquier día, entonces no me gustaría que
fuéramos enemigos, más bien todo lo contrario, y si algún día alguien del
pueblo le quiere hacer algo, cuente conmigo, que yo soy el primero que
"saco la cara por usted", pero eso sí, ¡Que no me toque a las muchachas!
Y ahí terminó la matonada de él con la familia, más bien se hizo amigo y
como era pudiente (adinerado) les llevaba café tostado, arroz y otras
cositas que de mucho les servía, porque eran muy pobres.
Roberto:
¿Y entonces Chanito siguió visitando a la muchacha?
Chanito:
¡Ah, sí!, pero me conseguí una escuadra de tirillos de salva y el hermanillo
menor mío la pintó de negro. Era como ver una "22 larga". Entonces resulta
que estaba un hijo de don Bartolo molestando a mi novia, diciéndole cosas, y
lo voy oyendo, entonces le dije:
-Un momento Franklin, todavía no eche los bueyes a andar, vamos a
conversar algo.
-Con usted no tengo que conversar.
-He dicho que se quede quedito ahí. ¡Obedezca!
-¿Cómo, qué es eso?
-¡Obedezca!, le he dicho.
Me acerqué a la carreta y me palmeteó el cuchillo
-Es que aunque usted sea impedido le pateo el ...
-Y sacó la escuadra, ¡pichhh!, y se oye ese plomazo para arriba, y como esas
pistolillas tiran mucho humo; y se me tira para atrás, diciéndome todo
nervioso:
- Chanito, Chanito no me mate.
-Este fue al aire, el próximo va al cuerpo, guarde ese cuchillo.
Cuando oigo: "¡Bueyes, bueyes!", salió aventado con carreta y todo.
Me fui con Amelia a tomarme un trago y ella un fresco, cuando se acerca un
policía y me dice:
-Señor, le habla la "Guardía", que dice don Ramiro (don Ramiro era un señor
buenísimo), que le quiere hablar.
-Sí, voy a tomarme esta copa y voy con mi novia a ver qué se le ofrece al
señor Jefe del Resguardo. Llegamos y le pregunté para qué me llamaba.
-Es que usted hizo un disparo al aire.
-¡Ah sí, sí!
Yo todo fachendo, hacía cuadrantes y todo con la escuadrilla. Sí, le digo,
es que este muchacho le dijo cosas obscenas a mi novia.
-Sí, la mamá trabaja en mi casa.
-Entonces él me palmeteó el cuchillo y como yo no veo disparé al aire porque
si no, no sólo me lo llevo a él sino a ella.
-¿Usted tiene permiso de portar armas?
-No, yo la porto de contrabando. Es una "22", ¡mírela aquí!, Y me alcé la
camisa. Yo tengo que defenderme.
En ese tiempo había un Gobernador de San José de apellido Camacho, como yo,
entonces le dije:
-Va a ser sólo por unos días, porque aunque sea "no vidente" mi tío me va a
dar un papel.
-¿Cómo su tío?
-Sí, el Gobernador de San José.
-¡Ah sí, sí Chanito!, bueno, ¿no trajo la guitarra para que me cante unas
"piecillas" ?
-No la traje, pero ahora en la noche vengo antes que se vaya doña Trina.
-Está bien, pero si va a tomarse unos tragos no se pase, más bien mejor se
va para la casa.
-Salí despacito, cuando oigo al secretario que le dijo:
-¿Por qué no le quitó el arma?, y le contestó el señor, que era medio de
campo:
-¡No!, es que puede ser torta. ¿No oye que es sobrino del Gobernador?, díay,
es casi una autoridad, aunque sea ciego.
-Nos vinimos vacilando y después teníamos convencida a mucha gente de que yo
era sobrino del Gobernador, por eso había mucho respeto.
Un tiempo después se le murió a mi novia una cuñada y se van para el Rancho
Grande en San Isidro del General; y no sé cómo se pusieron a hablar las
cuatro muchachas: las de Santa María y las de San Isidro. Al rato se armó un
"bochinche", porque decían que ellas eran las novias y yo le dije a Omar:
"Yo creo que otra vez tenemos que salir huyendo".
Al tiempo llegó Amelia a buscarnos al hotel, pero estaba yo sólo y Omar iba
a tardarse en regresar de un mandado que tenía que hacer en el hospital,
entonces fue ahí cuando Amelia y yo "estuvimos juntos" y ella quedó
embarazada de Isabelita.
Roberto:
Muchas personas combinan la música con el licor y me imagino que en el caso
de ustedes, también se presentaba esa situación.
Omar:
Yo no "tomo", pero eso de andar con borrachos es triste. Una vez andábamos
tocando en el "Rezo del Niño" José Ángel, Chano y yo, cuando veníamos ellos
estaban
"tomadillos", Chano se me cayó en la calle de Guadalupe; ¡oiga en medía
calle! Yo los sostenía a los dos, más las guitarras y mi acordeón. José
Ángel dijo que él lo juntaba y más bien le calló encima. Entonces saqué el
bastón para que vieran que no podíamos ver y no nos atropellaran, hasta que
unas personas me ayudaron a llevarlos a la orilla.
Chanito:
Viera como gastaba cuerdas y quebraba guitarras, porque cuando me bajaba
del "bus", me caía y la guitarra se partía. En esa forma perdí una guitarra
que me regaló Jenny Castillo y un tiple de 12 cuerdas que pagué a hacer. En
cambio llevaba una "cuarta de guaro" para la goma ¡y nunca se me quebró!, ni
siquiera se regó un poquito.
.
Omar:
Mario Ramírez tiene casi 30 años de no tomar, ¡gracias a Dios!, pero cuando
tocábamos juntos bueno...
Le voy a contar: Nos vamos para San Miguel de Puriscal, la calle era de
pura tierra. La Escuela donde fuimos a tocar quedaba en un alto y no tenían
agua potable, la traían del río y la guardaban en estañones. Al rato se le
mete a Mario que quiere un "pollo asado" y con costos nos daban "sopa"; así
estuvo "neciando" un tiempo hasta que se enojó y se fue todo bravo, sin
bastón, y ¡calló de cabeza en el barril!
.
Chanito:
¡Salió todo empapado y como se le bajó la "juma"!- se fue a buscar más
guaro... y yo atrás.
Yo tengo 7 años de sobriedad, pero cuando tomaba era muy callado y educado,
viera como me quieren a mí.
Ayer precisamente llegó una señora conocida que me acompañaba a diferentes
lugares a tocar y me llevó "un gallito", pero sin fresco; entonces nos
fuimos a una sodita que está de pared por medio con una cantina que se
llama "La Piragua", donde el personal me conoce, porque yo tomaba en ese
lugar.
Como nunca falta un "borracho en una vela", se me acerca un individuo y me
dice:
- Yo no le doy nada porque usted tiene más plata que yo.
¡Qué lindo!- si pasó la puerta para molestar. ¡Devuélvase!- yo me confieso
con Dios no con el hombre, mucho menos con un "borrachín".
Entonces empezó a preguntarle a ella: " ¿Él tiene esto y el otro?"
-Si quiere confesarlo, ahí está él para que le pregunte y no me quiera
faltar el respeto!
- ¡ Ah sí!- con que en esas andamos.
Lo cogí de un brazo y le dije que se "pusiera a caminar".
La dueña me preguntó que qué pasaba y yo le dije que le diera un pedacito
del 23, o sea que lo "pusiera a caminar", como dicen los policías.
Roberto:
Ahora que menciona las claves de los policías, recuerdo que cuando usted
tocaba con Víctor Díaz (Chispita), se repartían el dinero y le tenían otros
nombres ¿Recuerda cuáles eran?
Chanito:
¡Ah sí !, un Teniente eran 10 colones, una Coralia era una peseta (25
céntimos), un Cristóbal es un Colón, Medio Teniente eran 5 colones, una
Gemela eran dos colones, 20 colones eran 2 Tenientes; los billetes eran
escasos y no podíamos repartirlos solos, porque no sabíamos de cuánto eran.
Por cierto, fíjese Roberto que Germán Ramírez tiene una perra guía y yo me
acordé de un hombre que estaba con su perro diciendo:
-¡Una limosna para este pobre ciego, una limosnita señor, señora!
Entonces de veras una señora le dio un billete.
-¡Ah, muchas gracias morenita por estos 500 colones que me dio!
- ¡Qué bonito, engañando a las personas! - ¿usted ve?, -¿cómo sabe que yo
soy morena y que el billete es de 500 colones?
- Es que yo si veo, el que quedó ciego fue mi perro.
Y eso no es nada, lo que le pasó a un ciego de verdad: es que se montó al
bus y no le cobraron, entonces al rato pasó una persona sonando las llaves.
Él creyó que era el cobrador y le iba a dar "la plata", pero el hombre muy
serio le dijo:
-¡No, no caballero!, -¡yo no estoy cobrando, yo soy un marinero!
-¡Ay que torta! -"échenme el ancla para apearme", porque yo no sabía que
este era un barco.
Omar:
Hablando de ciegos: Resulta que había un ciego muy alto y se casó con una
muchacha pequeñita y el día de la boda que ella iba de blanco ¡plum!, se
cayó. Entonces un señor que iba pasando le dijo: "Oiga cieguito, se le cayó
el bastón".
Roberto:
¿ Y ustedes saben por qué ese muchacho quedó ciego?
- No, no sabemos.
- Porque, como era ¡tan alto! se le hicieron nubes en los ojos.
Omar:
Hablando de chistes, nosotros tocamos en el "Circo Miller".
Roberto:
Y, ¿cómo les fue?
Omar:
Yo estuve tocando acordeón con unos señores que tocaban saxofón. Estábamos
en lo mejor de una pieza cuando me dice el dueño del Circo: ¡Quédese quedito
Omar, no se mueva! Resulta que se había salido un mono que se llamaba
"Toto" y se sentó a la pura par mía, puramente como está usted sentado
aquí.
Roberto:
¡Gracias por la comparación!
Omar:
No, en serio " el condenado mono" estaba viendo cómo tocaba yo las teclas,
como si fuera un gran personaje y todo "el mundo" vacilaba y aplaudía de
verlo ¡tan concentrado! Después el señor abrazó al mono, le hizo cariño y
se lo llevó.
Roberto:
Imagino que ustedes, siendo de Moravia, conocieron a otras personas ciegas
de ese lugar.
Omar:
Sí, don Eliseo Castro, que fumaba pipa y se sentaba en los "pollos de la
plaza", un día puso la pipa a un lado y sin que se diera cuenta se acercó un
chiquillo y se la aterró de boñiga.
(Omar y Chanito cuentan que la música los llevó a Panamá, donde fueron
recibidos con mucho respeto y cariño y que, a diferencia de nuestro país
las personas no necesitan ver un tarrito para depositar su dinero si no que
por el contrario, lo lanzan a los pies del músico, al estilo de los
mejicanos, por lo que ellos decidieron llevar a un hijo de Omar que en ese
tiempo tenía 10 o 12 años y quien muchas veces debió recoger los billetes
que los clientes del "Hotel" donde ejecutaban sus instrumentos les enviaban
desde el segundo piso. Al terminar nuestra conversación Omar y Chanito
quisieron dejar patente un mensaje a los lectores).
Omar:
Yo les pido que no le tengan miedo a la persona ciega, que si van a chocar
le avisen y si se trata de una muchacha "Bien Bonita", que lo tome de la
mano y le ayude a cruzar la calle.
Roberto:
¡Jum, de viaje "tontillo"!
Chanito:
La humanidad ha cambiado mucho, estamos gozando mejores tiempos,
especialmente yo que fui alcohólico activo y ya no me ven con tragos.
Siempre me ven afeitado, bañadito, mudadito, con otra personalidad.
A mí las muchachas me cruzan las calles, también los niños y los varones y
cuando los chiquitos van con las madres ellas les dan plata y me dicen: -
Señor, baje el tarrito- y desde pequeños los están acostumbrando a amar el
prójimo, ahora yo me dedico más a la iglesia que a la calle y pienso comprar
a pagos una buena guitarra, que ya la encargué, de material importado, de
Palisandro, que es la madera más cara del mundo y la usan para muebles o
para instrumentos, porque viene de Alemania.
Ese fue mi sueño y casi lo hago una realidad, mientras tanto tenemos una
buena guitarra en la casa, es de Cedro y cuando quiera Omar y yo venimos a
tocar unas piecitas.
(Omar y Chanito son personas que agradecen a Dios por todo lo que les ha
dado y desean hacerlo patente con la letra de esta canción inédita que
quieren compartir con todos nosotros).
PLEGARIA A JESUS CRISTO
"SANTO CRISTO DE ESQUIPULAS, YO TE TRAIGO ESTA ORACION
QUE ME CURES DE LOS OJOS, TE LO PIDO POR FAVOR.
MIRA BIEN QUE ESTOY SUFRIENDO PORQUE NO PUEDO MIRAR
LAS BELLEZAS QUE HA DEJADO NUESTRO PADRE CELESTIAL.
VENGO A VISITAR TU TEMPLO, DE RODILLAS A TU ALTAR
SANTO CRISTO DE ESQUIPULAS, CONTIGO VA A DIALOGAR.
POR El MUNDO HE CAMINADO, SIN CONSUELO Y SIN AMOR,
ESPERANDO SER SANADO, PERO SOY UN PECADOR.
PIDO TU MISERICORDÍA, ME CONCEDAS EL PERDON
PARA NUNCA YA APARTARME DE LAS SENDAS DEL SEÑOR."
Omar y Chanito.
La entrevista termina aquí, ahora me pondré de acuerdo con mis amigos para
hacer efectiva la palabra. Mientras tanto los invito a dar vuelta a la
página y leer el próximo testimonio.
MÚSICOS POPULARES
( Muchas personas consideran que la Ley de la Compensación troca el sentido
de la vista por un oído desarrollado y mucho talento para la música).
El 10 de mayo de 1998, Graciliano Camacho Chacón (conocido por sus amigos
como Chanito), de 54 años, nacido el 5 de junio de 1945 y su hermano Omar
Chacón Blanco, de 64 años de edad, nacido un 16 de abril de 1934,
compartieron con nosotros sus experiencias de niños humildes y jóvenes
músicos que recorrieron con sus instrumentos musicales los más alejados
pueblos de nuestro país, dejando en los turnos (fiestas populares) rezos y
bailes, una estela luminosa, reflejada en las parejas que disfrutaron de los
acordes que les permitieron estar junto a su ser amado.
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Omar:
Voy a contarle, Roberto, algunas cosas de mi vida desde que estaba pequeño.
Yo no era ciego total, era corto de vista debido a la Retinosis Pigmentaria
(enfermedad de origen hereditario que consiste en la pérdida del Pigmento
Retinal, con manifestaciones iniciales de disminución del campo visual y
agudeza visual). (La Retinosis puede manifestarse progresivamente,
especialmente en la ceguera nocturna).
En el día "me la jugaba bastante bien", pero como a las seis de la tarde se
me "apagaba la luz de viaje". Cuando estaba en primer grado me matricularon
en la escuela Pilar Jiménez, pero ¡Qué va!, me perdí.
Fíjese que andaba por el segundo piso; como me dieron ganas de orinar me
arrimé a un horcón y lo hice. ¡La torta fue que oriné a unas maestras!
También jugaba, como todos los niños, chumicos, chócolas y bolinchas
(canicas), (juegos tradicionales). A veces los "güilillas" me robaban
las bolinchas. Hacíamos círculos y poníamos 5 chumicos y cuando me alejaba
un poco, para tirar, me los cogían y se los llevaban corriendo.
Después fui creciendo y me gustaba andar en bicicleta. ¡Claro!, como la
vista no me ayudaba, no podía correr mucho. Una vez andaba en la bicicleta
por la plaza de Moravia y estaban dos señores conversando, uno de ellos
montado a caballo. Yo no los "vi" y choqué en el caballo, que se asustó y
pegó ¡Un gran brinco!, tirando al suelo al señor; entonces agarré la
bicicleta y me fui corriendo.
Otra vez alquilé una bicicleta en el Barrio Saprissa (comunidad
perteneciente al distrito central del cantón de Moravia, San Vicente), y me
fui a dar unas cuantas vueltas, cuando la iba a devolver me "centré" por el
"trillillo" sin poder ver el poste que estaba en mi camino. Fue tan cerca lo
que pasé, que un nudillo de la mano lo golpeó, entonces todos los que
estaban ahí gritaron: "ese se ganó la hora". Era que el señor que
alquilaba las bicicletas había ofrecido, al que pasara más cerca del poste,
¡una hora gratis!.
Roberto:
Y, ¿cómo se las agenciaba para conquistar a las muchachas?
Omar:
Bueno, cuando tenía unos 16 ó 18 años sufrí mucho, porque las muchachas me
decían que no podían ser novias de una persona ciega.
Roberto:
Y, si lo hubieran aceptado, ¿de dónde tomaría el dinero para hacer las
invitaciones y regalitos que la situación ameritaba?
Omar:
Yo trabajaba halando almuerzos (encargado de transportar a las fábricas el
almuerzo de los funcionarios), cargaba como 60 almuerzos que, por cierto,
con botella de fresco valían una peseta (25 céntimos) y sin botella de
fresco quince céntimos, por semana. Esa plata era para ayudar a los gastos
de la casa. Como mi papá tomaba mucho licor me obligaba a trabajar, porque
si no, me echaba a la calle.
Nosotros somos tres hermanos cortos de vista y cuando estábamos pequeños
teníamos una perra, creo que Pastor Alemán, pero muy entendida. No se veía
muy fina porque no le cortaron el rabo, y entonces cuando mi papá llegaba
con unos tragos de más a pegarnos y ya era muy tarde o de noche, nos
agarrábamos de la cola de la perra que se llamaba "Conga" y salíamos
corriendo por entre los cafetales. ¡Nunca nos pudo alcanzar! Seguro la
"Conga" hubiera sido una perra lazarillo, porque cuando mi mamá nos iba a
pegar por alguna cosa, la perra le agarraba el "chilillo" y se lo quitaba.
Cuando tenía como 16 años mi papá llegó muy "tomado" y queriéndome pegar.
Entonces salí corriendo y me fui para San José (capital de Costa Rica). Nada
más tuve tiempo de echar una cobija en una bolsa de papel. Ya casi no podía
ver cuando llegué a la "Norte", donde salían los trenes hacia Limón,
entonces se me acercó un señor que trabajaba en las bodegas y me preguntó
qué estaba haciendo ahí, le dije que nada y entonces me pidió que le ayudara
a descargar unos carros de los vagones.
Recuerdo que el señor tenía una camisa blanca y, cuando empezó a caminar, lo
único que podía seguir era el cuello blanco por los pasillos donde se
metía. Cuando llegamos se fue a traer un martillo, un cincel y el permiso
para trabajar a esa hora. Pasó un gran rato y cuando regresó el señor me
dijo que no encontró la herramienta, que mejor lo dejaba para después y que
me iba a acompañar hasta la salida para que los guardas no me detuvieran.
Nos despedimos en el corredor y cuando di el primer paso pegué en un poste y
me caí, entonces el señor asustado dijo:
-¿Qué es eso, usted no ve?
Le dije que no, que era muy corto de vista.
-¡Qué barbaridad!, y así iba a ayudarme, tome esta plata, ¡Pobrecito!, yo no
sabía..., ¿Dónde vive usted?
Le dije que no tenía donde vivir.
-Yo voy a llevarlo donde un señor, a ver si lo deja vivir en la casa, fue
cuando me di cuenta que era donde don Ricardo Patiño, un maestro de la
escuela que no conocía mi situación.
Al principio hacía mandados y después hornos en el Taller. A mí siempre me
ha gustado trabajar. Una vez me dediqué a vender verduras; entonces
conseguí un "carretillo" de esos que usan en las construcciones. Para esa
época estaba recién casado y vivía al costado sur de La Sabana. A las
cuatro de la madrugada me iba para el Mercado Borbón a comprar verdura y
después la vendía en Guadalupe. Una tarde regresaba de trabajar y, cuando
iba pasando por el Hospital San Juan de Dios, estaba parado en un cajón el
Oficial de Tránsito, como se acostumbraba en ese tiempo. La verdad es que
yo no lo vi y "golpié" el cajón con la rueda. El "tráfico" cayó de espaldas
en el carretillo y se va parando ¡bravísimo!, pero yo estuve listo y cogí el
bastón, que lo andaba atravesado en los brazos del carretillo, y le dije:
-¡No, no!, mire, yo soy ciego, no me vaya a hacer nada, porque él me iba
a pegar, del colerón.
-Pero, ¿Cómo se le ocurre a un ciego andar con un carretillo?
- ¡Díay señor!, la pobreza. Tengo que andar vendiendo verdura para mantener
a mi familia.
Roberto:
¿Por poquito que usted viera, podría aprovechar el remanente visual, pero,
también se podría confundir a las personas?
Omar:
Yo lo que hacía era fijarme en el pelo. Si lo tenía corto era hombre y si lo
tenía largo era mujer, por eso es que a mí me gustan las mujeres con el pelo
largo.
¡Ah, viera la que me pasó una vez!, resulta que iba una muchacha sentada a
la par mía y yo le dije:
- "Oiga Don, ¿Para dónde camina?", y entonces se volvió y me dijo:
- No, yo no soy don, yo soy una señorita.
Entonces le expliqué que yo no podía ver bien y que como le vi el pelo corto
me confundí, y la cosa no pasó a más.
Otra vez fue todavía peor porque estaba una señora con un vestido de rayas y
yo me fui corriendo y la abracé y le dije:
-¡Díay mamá!, ¿cómo le ha ido? , y me volvió la señora unos ojos ¡tan feos!
Era una negra fea y yo salí corriendo asustado. ¡Imagínese la congoja!
Hay cosas que pasan sin que uno tenga la culpa, recuerdo que en una ocasión
entré a la soda del finado Isidro Zamora, en Moravia, y una muchacha que me
conocía me dijo:
-¡Hola Omar!, ¿cómo está?
Atrás venía el esposo, que era muy machista, y le "arrió", (la golpeó),
porque dijo que ella me había dicho: "¡Hola amor!"
Una vez andaba en Valle La Estrella, de Limón, y tuve que pasar un puente
muy grande que hay en "Finca Dos". En ese puente tenían colgando un motor,
seguro para dar electricidad a la finca; la cosa es que el compañero que
andaba conmigo, que sí podía ver bien, me soltó la mano para ver ese motor,
que no tocaba ni el puente ni el río. Yo seguí caminando, cuando se me
resbaló un pie y me fui al suelo. ¡Por suerte caí a la par del río!, era una
altura como de 15 metros y sentí lo más feo donde me pegaron las costillas a
la cadera. Ahí quedé sin conocimiento y en la poza que estaba a la par de
donde caí vivía un lagarto ya grande. No me quebré pero duré como dos horas
sin poder moverme. Fueron unos "peones" de la finca y mi compañero los que
me sacaron de ese lugar.
Otra vez venía caminando por el cruce de Moravia cuando sentí que me fui a
un hueco. Me tapó hasta los hombros, pero no me pasó nada, ni siquiera me
ensucié un poquitito. Un "cobrador de buses" me ayudó a salir y después fue
a mi hermano "Dago" que andaba conmigo vendiendo cosas plásticas en unas
palanganas donde poníamos los "jarritos, platitos" y esas cosas, para que
la gente las viera. Allá por San Francisco de Dos Ríos había una sombra y él
se metió y ¡Qué sombra!, era un gran hueco donde habían tirado unas
casetillas de carro y cayó parado sobre una de esas, sin que se le cayera ni
un plato ni un jarro, nada. Unos señores lo sacaron y le dijeron que más
abajo había picos y todo estaba lleno de aceite.
Roberto:
Bueno, qué les parece si conversamos de esas cosas que les pasan a los
músicos populares como ustedes, que según tengo entendido, además de viajar
por todo el país y fuera de nuestras fronteras, han participado hasta en un
"circo"
Omar:
Sí, ¡es increíble!, "Chano" toca mucho guitarra, yo toco menos, y fui el que
le enseñé hasta a afinarla. El primer acordeón que compré me costó sesenta
colones y tuve que empeñar el radio de la casa para ajustar la plata.
Una vez nos fuimos para San Isidro del General, cuando llegaron unas
muchachas y nos pidieron que amenizáramos un cumpleaños, eso fue un domingo
y pasaron por nosotros como a la una de la tarde. Así que llegamos nos
encontramos con un señor que tocaba acordeón. Yo me aproveché para darle el
instrumento y bailar con las muchachas. Entre pieza y pieza "Chano" y yo las
fuimos "palabriando", y ya en la noche nos quedamos de ver otro día,
entonces caminamos como 100 metros que habían entre la casa y la Carretera
Interamericana. Cuando estábamos afuera le digo a "Chano":
- Tenemos que ponernos vivos para encontrar esta entrada mañana, y él me
dijo que era muy fácil.
Chanito:
Es que como yo podía ver un poquito, vi que había una luz y le expliqué a
Omar que del reflector nos metíamos y no nos perdíamos.
Omar:
Pues resulta que al otro día toqué la entrada y le avisé a "Chano", pero él
me dijo que no, porque la luz estaba más adelante. Yo estaba seguro que esa
era la entrada, pero seguimos para darle gusto, hasta que llegamos al puente
del Río Jilguero. Entonces nos devolvimos por donde yo decía y cuando
encontramos la casa les explicamos a las muchachas lo que nos pasó. Ellas
nos dijeron que en ese lugar no había alumbrado eléctrico, que lo que
habíamos visto era la luna llena. Las seguimos visitando y los "viejitos",
que eran de esos papás de antes que querían que uno se casara rapidito, nos
dijeron que al otro día nos esperaban en el parque, sin instrumentos.
Nosotros nos quedamos extrañados, pero al otro día llegamos, a las dos de la
tarde, como él nos dijo.
-¡Cuál fue la sorpresa¡, que en un pollo estaban las muchachas.
-¡Mmm!, ¿Qué raro está esto? Le dije a "Chanito" que nos sentáramos aparte
para vitar alguna cosa y no perjudicarlas; para no cansarlo con el cuento,
llegó el señor y nos dijo que fuéramos a hablar con el "Padre", pero en la
Iglesia no estaba el Sacerdote de ahí, sino que nos encontramos un
"Padrecito" de Santa María de Dota que nosotros conocíamos, y por cierto
tenía algún problema en el cerebro, porque tuvieron que prohibirle "dar
Misa"; es que fíjese que empezaba la misa y a la mitad del oficio se iba y
dejaba a la gente sola.
Roberto:
¿Y qué hicieron?
Omar:
Entonces nos dijo:
-El otro "Padre" no está aquí pero, tráiganse el acordeón y la guitarra para
que canten La Segua.
¡Claro!, nosotros lo agarramos de vacilón, y es que el señor nos había
llevado, al "puro taran tan tán", a casarnos, sin decirle nada al Padre ni a
nosotros. Lo que es la "innorancia", porque según él nos iban a casar sin
papeles ni nada.
Chanito:
Esa vez tuvimos que "zafarnos" clandestinamente para Villa Neilly (hoy
Ciudad Neilly, frontera con Panamá).
Omar:
Allá en Villa Neilly me encontré una señora mayor que vendía lotería y, como
era Nicaragüense, le decía a "Chano":
-"Ej baboso, voj sabej que tu hermano me gujta mucho".
Un día nos ofreció un fresco y, como en ese lugar hace tanto calor, le
dijimos que sí. ¡Viera qué fresco más rico vendía don Clodomiro!, lo que yo
noté fue que el mío tenía unas "boronillas". Ella me ofreció otro vaso
pero yo no quise, y a "Chano" no le ofreció más. Pasó el tiempo y ya nos
habíamos regresado a San José, cuando llega "Chano" y me dice:
- "Viera que me encontré a un señor y me contó una cosa muy rara. Dice que
él estaba en Villa Neilly cuando oyó a una señora conversando de dos ciegos
que habían estado ahí, que se llamaban "Chano y Omar", y que le había echado
una cosa a Omar para que se enamorara de ella, pero que seguro no le
resultó". ¡Gracias a Dios nada me pasó!, usted sabe qué torta.
Roberto:
Chanito está muy callado, pero yo sé que tiene muchas historias por contar,
recuerdo que en mi época de estudiante usted iba a la Escuela a visitar a
una hija que, si mal no recuerdo, se llama Isabel, ¿No sería que, al igual
que los marineros, dejaban un amor en cada puerto?, ¿Chanito lo dejaba en
cada pueblo?
.
Chanito:
Le voy a contar lo que nos pasó en Santa María de Dota. Resulta que
conocimos a unas muchachas. Una me gustaba a mí y la otra a Omar. Como ya
Omar se había casado entonces yo iba solo, sin embargo la gente lo quería
mucho. ¡Claro¡, en ese lugar las personas se peleaban a machete, sólo que
alguien portara revólver entonces sí se le hacían a un lado y Omar tenía una
pistola, era un "cuete" (revolver), que le había dado mi "Tata" a vender,
era de los viejos, calibre 45.
Omar:
Es que yo no quería contarle esa parte para que no pensara que uno es un
"matón", pero fíjese que cuando llegué a Santa María de Dota me encontré
con un tío de ellas que acostumbraba a pegarles. Si las encontraba por algún
cafetal les daba "cincha" porque era muy machista y decía que esa gente era
muy mal hablada, que mejor no vivieran ahí y que no cogieran leña.
Bueno, la verdad es que Don Bartolo, de lo que sí tenía fama es de buen
"peliador" a machete; nadie le hacía parada a ese señor.
Un día iba pasando por una callecilla cuando me lo encontré y de una vez
aproveché, cogí impulso y le dije: "Don Bartolo, ¿es cierto que usted está
acostumbrado a darles con una "cincha" a esas muchachas?, ¿ por qué dice que
son "malcriadas" ?"
A mí no me consta eso, pero ahora yo estoy visitando la casa y quiero que
no vuelva a ocurrir eso porque yo a nadie le "como gallina" (a nadie le
tengo miedo). Lo primero es que para pegarle un balazo, a cualquiera se lo
pego, y si no lo cree, vea, aquí ando mi arma, así es que ya sabe, que yo
no me le corro a nadie que ande un cuchillo, pero hay otra cosa que quiero
decirle: a mí me gusta respetar a la gente y que me respeten.
Usted sabe que yo toco acordeón para que la gente me ayude y usted es uno de
esos que me puede ayudar cualquier día, entonces no me gustaría que
fuéramos enemigos, más bien todo lo contrario, y si algún día alguien del
pueblo le quiere hacer algo, cuente conmigo, que yo soy el primero que
"saco la cara por usted", pero eso sí, ¡Que no me toque a las muchachas!
Y ahí terminó la matonada de él con la familia, más bien se hizo amigo y
como era pudiente (adinerado) les llevaba café tostado, arroz y otras
cositas que de mucho les servía, porque eran muy pobres.
Roberto:
¿Y entonces Chanito siguió visitando a la muchacha?
Chanito:
¡Ah, sí!, pero me conseguí una escuadra de tirillos de salva y el hermanillo
menor mío la pintó de negro. Era como ver una "22 larga". Entonces resulta
que estaba un hijo de don Bartolo molestando a mi novia, diciéndole cosas, y
lo voy oyendo, entonces le dije:
-Un momento Franklin, todavía no eche los bueyes a andar, vamos a
conversar algo.
-Con usted no tengo que conversar.
-He dicho que se quede quedito ahí. ¡Obedezca!
-¿Cómo, qué es eso?
-¡Obedezca!, le he dicho.
Me acerqué a la carreta y me palmeteó el cuchillo
-Es que aunque usted sea impedido le pateo el ...
-Y sacó la escuadra, ¡pichhh!, y se oye ese plomazo para arriba, y como esas
pistolillas tiran mucho humo; y se me tira para atrás, diciéndome todo
nervioso:
- Chanito, Chanito no me mate.
-Este fue al aire, el próximo va al cuerpo, guarde ese cuchillo.
Cuando oigo: "¡Bueyes, bueyes!", salió aventado con carreta y todo.
Me fui con Amelia a tomarme un trago y ella un fresco, cuando se acerca un
policía y me dice:
-Señor, le habla la "Guardía", que dice don Ramiro (don Ramiro era un señor
buenísimo), que le quiere hablar.
-Sí, voy a tomarme esta copa y voy con mi novia a ver qué se le ofrece al
señor Jefe del Resguardo. Llegamos y le pregunté para qué me llamaba.
-Es que usted hizo un disparo al aire.
-¡Ah sí, sí!
Yo todo fachendo, hacía cuadrantes y todo con la escuadrilla. Sí, le digo,
es que este muchacho le dijo cosas obscenas a mi novia.
-Sí, la mamá trabaja en mi casa.
-Entonces él me palmeteó el cuchillo y como yo no veo disparé al aire porque
si no, no sólo me lo llevo a él sino a ella.
-¿Usted tiene permiso de portar armas?
-No, yo la porto de contrabando. Es una "22", ¡mírela aquí!, Y me alcé la
camisa. Yo tengo que defenderme.
En ese tiempo había un Gobernador de San José de apellido Camacho, como yo,
entonces le dije:
-Va a ser sólo por unos días, porque aunque sea "no vidente" mi tío me va a
dar un papel.
-¿Cómo su tío?
-Sí, el Gobernador de San José.
-¡Ah sí, sí Chanito!, bueno, ¿no trajo la guitarra para que me cante unas
"piecillas" ?
-No la traje, pero ahora en la noche vengo antes que se vaya doña Trina.
-Está bien, pero si va a tomarse unos tragos no se pase, más bien mejor se
va para la casa.
-Salí despacito, cuando oigo al secretario que le dijo:
-¿Por qué no le quitó el arma?, y le contestó el señor, que era medio de
campo:
-¡No!, es que puede ser torta. ¿No oye que es sobrino del Gobernador?, díay,
es casi una autoridad, aunque sea ciego.
-Nos vinimos vacilando y después teníamos convencida a mucha gente de que yo
era sobrino del Gobernador, por eso había mucho respeto.
Un tiempo después se le murió a mi novia una cuñada y se van para el Rancho
Grande en San Isidro del General; y no sé cómo se pusieron a hablar las
cuatro muchachas: las de Santa María y las de San Isidro. Al rato se armó un
"bochinche", porque decían que ellas eran las novias y yo le dije a Omar:
"Yo creo que otra vez tenemos que salir huyendo".
Al tiempo llegó Amelia a buscarnos al hotel, pero estaba yo sólo y Omar iba
a tardarse en regresar de un mandado que tenía que hacer en el hospital,
entonces fue ahí cuando Amelia y yo "estuvimos juntos" y ella quedó
embarazada de Isabelita.
Roberto:
Muchas personas combinan la música con el licor y me imagino que en el caso
de ustedes, también se presentaba esa situación.
Omar:
Yo no "tomo", pero eso de andar con borrachos es triste. Una vez andábamos
tocando en el "Rezo del Niño" José Ángel, Chano y yo, cuando veníamos ellos
estaban
"tomadillos", Chano se me cayó en la calle de Guadalupe; ¡oiga en medía
calle! Yo los sostenía a los dos, más las guitarras y mi acordeón. José
Ángel dijo que él lo juntaba y más bien le calló encima. Entonces saqué el
bastón para que vieran que no podíamos ver y no nos atropellaran, hasta que
unas personas me ayudaron a llevarlos a la orilla.
Chanito:
Viera como gastaba cuerdas y quebraba guitarras, porque cuando me bajaba
del "bus", me caía y la guitarra se partía. En esa forma perdí una guitarra
que me regaló Jenny Castillo y un tiple de 12 cuerdas que pagué a hacer. En
cambio llevaba una "cuarta de guaro" para la goma ¡y nunca se me quebró!, ni
siquiera se regó un poquito.
.
Omar:
Mario Ramírez tiene casi 30 años de no tomar, ¡gracias a Dios!, pero cuando
tocábamos juntos bueno...
Le voy a contar: Nos vamos para San Miguel de Puriscal, la calle era de
pura tierra. La Escuela donde fuimos a tocar quedaba en un alto y no tenían
agua potable, la traían del río y la guardaban en estañones. Al rato se le
mete a Mario que quiere un "pollo asado" y con costos nos daban "sopa"; así
estuvo "neciando" un tiempo hasta que se enojó y se fue todo bravo, sin
bastón, y ¡calló de cabeza en el barril!
.
Chanito:
¡Salió todo empapado y como se le bajó la "juma"!- se fue a buscar más
guaro... y yo atrás.
Yo tengo 7 años de sobriedad, pero cuando tomaba era muy callado y educado,
viera como me quieren a mí.
Ayer precisamente llegó una señora conocida que me acompañaba a diferentes
lugares a tocar y me llevó "un gallito", pero sin fresco; entonces nos
fuimos a una sodita que está de pared por medio con una cantina que se
llama "La Piragua", donde el personal me conoce, porque yo tomaba en ese
lugar.
Como nunca falta un "borracho en una vela", se me acerca un individuo y me
dice:
- Yo no le doy nada porque usted tiene más plata que yo.
¡Qué lindo!- si pasó la puerta para molestar. ¡Devuélvase!- yo me confieso
con Dios no con el hombre, mucho menos con un "borrachín".
Entonces empezó a preguntarle a ella: " ¿Él tiene esto y el otro?"
-Si quiere confesarlo, ahí está él para que le pregunte y no me quiera
faltar el respeto!
- ¡ Ah sí!- con que en esas andamos.
Lo cogí de un brazo y le dije que se "pusiera a caminar".
La dueña me preguntó que qué pasaba y yo le dije que le diera un pedacito
del 23, o sea que lo "pusiera a caminar", como dicen los policías.
Roberto:
Ahora que menciona las claves de los policías, recuerdo que cuando usted
tocaba con Víctor Díaz (Chispita), se repartían el dinero y le tenían otros
nombres ¿Recuerda cuáles eran?
Chanito:
¡Ah sí !, un Teniente eran 10 colones, una Coralia era una peseta (25
céntimos), un Cristóbal es un Colón, Medio Teniente eran 5 colones, una
Gemela eran dos colones, 20 colones eran 2 Tenientes; los billetes eran
escasos y no podíamos repartirlos solos, porque no sabíamos de cuánto eran.
Por cierto, fíjese Roberto que Germán Ramírez tiene una perra guía y yo me
acordé de un hombre que estaba con su perro diciendo:
-¡Una limosna para este pobre ciego, una limosnita señor, señora!
Entonces de veras una señora le dio un billete.
-¡Ah, muchas gracias morenita por estos 500 colones que me dio!
- ¡Qué bonito, engañando a las personas! - ¿usted ve?, -¿cómo sabe que yo
soy morena y que el billete es de 500 colones?
- Es que yo si veo, el que quedó ciego fue mi perro.
Y eso no es nada, lo que le pasó a un ciego de verdad: es que se montó al
bus y no le cobraron, entonces al rato pasó una persona sonando las llaves.
Él creyó que era el cobrador y le iba a dar "la plata", pero el hombre muy
serio le dijo:
-¡No, no caballero!, -¡yo no estoy cobrando, yo soy un marinero!
-¡Ay que torta! -"échenme el ancla para apearme", porque yo no sabía que
este era un barco.
Omar:
Hablando de ciegos: Resulta que había un ciego muy alto y se casó con una
muchacha pequeñita y el día de la boda que ella iba de blanco ¡plum!, se
cayó. Entonces un señor que iba pasando le dijo: "Oiga cieguito, se le cayó
el bastón".
Roberto:
¿ Y ustedes saben por qué ese muchacho quedó ciego?
- No, no sabemos.
- Porque, como era ¡tan alto! se le hicieron nubes en los ojos.
Omar:
Hablando de chistes, nosotros tocamos en el "Circo Miller".
Roberto:
Y, ¿cómo les fue?
Omar:
Yo estuve tocando acordeón con unos señores que tocaban saxofón. Estábamos
en lo mejor de una pieza cuando me dice el dueño del Circo: ¡Quédese quedito
Omar, no se mueva! Resulta que se había salido un mono que se llamaba
"Toto" y se sentó a la pura par mía, puramente como está usted sentado
aquí.
Roberto:
¡Gracias por la comparación!
Omar:
No, en serio " el condenado mono" estaba viendo cómo tocaba yo las teclas,
como si fuera un gran personaje y todo "el mundo" vacilaba y aplaudía de
verlo ¡tan concentrado! Después el señor abrazó al mono, le hizo cariño y
se lo llevó.
Roberto:
Imagino que ustedes, siendo de Moravia, conocieron a otras personas ciegas
de ese lugar.
Omar:
Sí, don Eliseo Castro, que fumaba pipa y se sentaba en los "pollos de la
plaza", un día puso la pipa a un lado y sin que se diera cuenta se acercó un
chiquillo y se la aterró de boñiga.
(Omar y Chanito cuentan que la música los llevó a Panamá, donde fueron
recibidos con mucho respeto y cariño y que, a diferencia de nuestro país
las personas no necesitan ver un tarrito para depositar su dinero si no que
por el contrario, lo lanzan a los pies del músico, al estilo de los
mejicanos, por lo que ellos decidieron llevar a un hijo de Omar que en ese
tiempo tenía 10 o 12 años y quien muchas veces debió recoger los billetes
que los clientes del "Hotel" donde ejecutaban sus instrumentos les enviaban
desde el segundo piso. Al terminar nuestra conversación Omar y Chanito
quisieron dejar patente un mensaje a los lectores).
Omar:
Yo les pido que no le tengan miedo a la persona ciega, que si van a chocar
le avisen y si se trata de una muchacha "Bien Bonita", que lo tome de la
mano y le ayude a cruzar la calle.
Roberto:
¡Jum, de viaje "tontillo"!
Chanito:
La humanidad ha cambiado mucho, estamos gozando mejores tiempos,
especialmente yo que fui alcohólico activo y ya no me ven con tragos.
Siempre me ven afeitado, bañadito, mudadito, con otra personalidad.
A mí las muchachas me cruzan las calles, también los niños y los varones y
cuando los chiquitos van con las madres ellas les dan plata y me dicen: -
Señor, baje el tarrito- y desde pequeños los están acostumbrando a amar el
prójimo, ahora yo me dedico más a la iglesia que a la calle y pienso comprar
a pagos una buena guitarra, que ya la encargué, de material importado, de
Palisandro, que es la madera más cara del mundo y la usan para muebles o
para instrumentos, porque viene de Alemania.
Ese fue mi sueño y casi lo hago una realidad, mientras tanto tenemos una
buena guitarra en la casa, es de Cedro y cuando quiera Omar y yo venimos a
tocar unas piecitas.
(Omar y Chanito son personas que agradecen a Dios por todo lo que les ha
dado y desean hacerlo patente con la letra de esta canción inédita que
quieren compartir con todos nosotros).
PLEGARIA A JESUS CRISTO
"SANTO CRISTO DE ESQUIPULAS, YO TE TRAIGO ESTA ORACION
QUE ME CURES DE LOS OJOS, TE LO PIDO POR FAVOR.
MIRA BIEN QUE ESTOY SUFRIENDO PORQUE NO PUEDO MIRAR
LAS BELLEZAS QUE HA DEJADO NUESTRO PADRE CELESTIAL.
VENGO A VISITAR TU TEMPLO, DE RODILLAS A TU ALTAR
SANTO CRISTO DE ESQUIPULAS, CONTIGO VA A DIALOGAR.
POR El MUNDO HE CAMINADO, SIN CONSUELO Y SIN AMOR,
ESPERANDO SER SANADO, PERO SOY UN PECADOR.
PIDO TU MISERICORDÍA, ME CONCEDAS EL PERDON
PARA NUNCA YA APARTARME DE LAS SENDAS DEL SEÑOR."
Omar y Chanito.
La entrevista termina aquí, ahora me pondré de acuerdo con mis amigos para
hacer efectiva la palabra. Mientras tanto los invito a dar vuelta a la
página y leer el próximo testimonio.
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