El sol matutino iluminaba tenuamente la ciudad.Pedro se levantó con diligencia al sentir la voz susurrante de su madre que entraba a la habitación.
"Venga, que hay que ir a clase".
Era lo que oía todas las mañanas,y siempre era élla quien lo llamaba.Se sentó a desayunar con los ojos un poco todavía adormilados mientras observaba como su padre entraba en la cocina ajustándose la corbata.
"Desayuna rápido.Hoy que tengo un poco de más tiempo te llevaré yo al instituto",dijo con voz recia aunque no demasiado complacido.
Se vistió y bajaron ambos para el garaje para coger el automóvil.Al salir por la puerta Pedro sintió como los rayos del sol le cegaban un poco los ojos y no pudo evitar poner la mano sobre ellos.De repente su padre dijo algo:
"Ya tenemos aquí otro gandul piojoso".
Pedro miró a la izquierda donde su padre estaba observando con cara de no muchos amigos.Pudo ver como a la salida del garaje había un inmigrante sentado en el suelo y con una manta en su regazo.Era moreno y con una barba bastante poblada.Vestía ropas bastante gastadas.Su complexión era muy delgada y medía aproximadamente un metro ochenta.
De repente su padre abrió el cristal de la ventanilla y se dirigió a él con voz muy enfadada.
"Oye,ya estás cogiendo tus cosas y largándote de aquí.Como no lo hagas llamo a la policía para que te manden otra vez al tugurio de donde vienes.¿Me estás oyendo bien ?.¡Pues venga!,¡andando,que es gerundio!.
El inmigrante lo miró a la cara fijamente y sin decir nada cogió la manta que poseía y se retiró de allí.El padre de Pedro cerró la ventanilla mientras protestaba.
"Pero,¿por que permitirán las autoridades que entre aquí toda esta escoria?.Lo único que vienen aquí es a ensuciar y a robar.¡Malditos vagos!.Ya les pondría yo con un pico y una pala para que supieran lo que es ganarse la vida y no ir por ahí molestando a los demás en una tierra que no es la suya."
Pedro se quedó pensando en las palabras de su padre mientras se dirijían al instituto.Antes de que se diera cuenta ,ya habían llegado.Cogió sus cosas y su padre se despidió de él con una pequeña colleja.
"Venga bandolero,a ver si te aplicas",dijo con voz socarrona mientras se aclaraba la garganta.A continuación el coche se alejó en la distancia y Pedro entró dentro del recinto educativo. Como siempre Sergio y Esteban ,sus dos vecinos, habían llegado puntuales.Eran los dos un poco más altos que él y con un una constitución bastante más fuerte.Pedro,que se sentaba entre los dos no pudo evitar contarles lo sucedido aquella mañana,y como había rehaccionado su padre.
"Tu padre ha hecho muy bien, aunque él mio le habría dado una"guantá"que le habría partido el "careto"",dijo Esteban muy metido en la situación.
"Pues el mío habría salido del coche y lo habría echado a patadas",dijo Sergio muy orgulloso de la fortaleza de su padre.
La mañana transcurrió normal y no hubo más referencias sobre aquel incidente.
Al día siguiente Pedro volvió a sentir el susurro de su madre urgiéndole a que se levantase: "Venga hijo,que ya es la hora".
Ejecutó la rutina normal de todas las mañanas y se fue para la cocina donde su padre ya estaba sentado y con la corbata atada.
"Esta mañana no puedo llevarte al colegío ,Pedrito.Hoy tenemos mucho trabajo en el banco y tengo que irme rápido para allá,así que espabila y no te entretengas mucho".
El niño cogió sus libros y cartera de su dormitorio.La cabeza le dolía bastante aquella mañana,y le pidió una pastilla a su madre.
"¿Otra vez te duele hijo?".El rostro de su madre se puso muy serio y de uno de los cajones sacó una aspirina para dársela a su hijo.Miró a su marido seriamente.
"Venga ,mujer,dásela ya y que se vaya",dijo con voz despreocupada mientras tomaba su último trago de café.
Pedro emprendió su camino como de costumbre ,aunque aquella mañana no le sorprendió con luz cegadora pues el día estaba bastante nublado.De repente, al girar para conducirse al instituto, sintió una voz que pronunciaba su nombre.
"¡Pedro!".
Pedro se giró y se sorprendió al observar que quién le llamaba era el vagabundo a quién su padre había recriminado el día anterior.Sintió bastante miedo y echó a correr.No sabía lo que aquel individuo quería .
Había oído tantas cosas malas acerca de los inmigrantes que temía que algo le pudiese pasar.Además, no comprendía porqué aquel sabía su nombre.¿Es posible que aquella persona estubiese espiando a su familia para luego robarles?.Aquello le ponía muy nervioso y le dejó muy intranquilo durante toda la mañana.
Por la tarde no comentó nada pues el miedo casi no le dejaba hablar.Durmió poco aquella noche pensando que a la mañana siguiente otra vez estubiera aquel hombre esperándole a la salida del garaje,aunque la idea de que su padre le llevase en el coche le tranquilizaba,lo que hizo que al final se durmiese.
"Levántate hijo, que ya es la hora".
Esa mañana tenía los ojos pegajosos debido a la falta de sueño.Esperando que su padre se ofreciera a llevarlo al colegio entró en la cocina,pero al hacerlo vió que no se encontraba allí.
"¿Dónde está papá ?,pregunto a su madre con voz nerviosa.
"Esta mañana tenía mucho trabajo,y se ha ido media hora antes".
Pedro se sintió muy nervioso al oír aquello.Sabía que se tendría que ir sólo al instituto,y por lo tanto se toparía otra vez con el inmigrante.Terminó de desayunar y cogiendo sus cosas con inquietud comenzó su camino diario.Mientras se dirigía a la puerta del garaje,sus piernas le temblaban.Si veía otra vez al inmigrante empezaría a correr.Su padre decía que no había que fiarse de ellos.Abrió la puerta con temor y vió como sus sospechas se confirmaban.Allí sentado estaba otra vez aquel hombre de aspecto desaliñado.Decidió no mirarle y seguir su camino,cuando otra vez sintió aquella voz que le llamaba.
"¡Pedro!,¡Pedro!.". Esta vez con más miedo que vergüenza Pedro se dió la vuelta y observó a aquel hombre que no quitando la mirada de sus ojos le sonreía.
"¿Como sabe usted mi nombre ?",preguntó el niño con la voz entrecortada .
"Yo sé muchas cosas.Soy un hombre que conoce bastante el mundo y a sus gentes.",dijo el inmigrante con mucha amabilidad.
"Bueno,¿qué quieres?."
"Quería que me hicieras un pequeño favor"
"No tengo nada de dinero",dijo Pedro con inquietud.
"No es dinero lo que quiero",respondió el extraño inmigrante."Solamente te iba a pedir que me trajeras de tu casa un cartón de leche y un trozo de pan.Hace días que no he comido,y tengo mucha hambre".
"Pero ,es que tengo mucha prisa".
"No te llevará mucho tiempo,y yo te lo agradeceré".
Pedro,viendo el rostro amable de aquel hombre decidió compadecerse de él,y subió a su casa a por algo para él.Abrió la puerta y vió las zapatillas de su madre junto a la mesa de la entrada,por lo que entendió que ésta había salido a comprar.Rápido fue al armario de la cocina y cogió un cartón de leche de los dos que quedaban.Encima de la mesa quedaba todavía media barra de pan que habían sobrado de las tostadas de su padre,y también las cogió para llevárselas a aquel hombre.Bajó raudo las escaleras y allí estaba el desconocido personaje esperándolo.Pedró le dió el pan y la leche.
"Gracias,eres muy amable.¿Quieres compartirlo conmigo?"
"No,gracias",respondió el niño."Yo ya he desayunado".
"Tienes mucha suerte de tener unos padres que te quieren y te cuidan tan bien".
"¿Tú tienes familia?",pregunto Pedro con curiosidad.
"Si,también tengo un padre y una madre como tú que me quieren mucho". "¿De dónde eres?,Pedro estaba cada vez más atraído por saber algo sobre aquel desconocido. "Vengo de una región de Asia.Allí las costumbres son muy distintas a las tuyas."
"¿Y a qué te dedicas?",preguntó el niño aunque la respuesta era bastante obvia, visto el estado tan lamentable de aquel pobre hombre.Sin embargo, ésta le sorprendió:
"Soy vendedor de felicidad.Me dedico a hacer feliz a la gente".
"Perdona que sea un poco entrometido,¿pero dónde está tu mercancia?"
"La mercancia que yo vendo no se ve con los ojos de la cara,sino con los ojos del corazón".
Pedro se quedó pensativo por un momento y sintió pena por aquel hombre.Parecía buena gente,y no creía que fuera robando por ahí como su padre decía.
"Bueno, me tengo que ir.Luego a lo mejor vengo a hacerte una visita.¿Me puedes decir cómo te llamas?",preguntó el niño amablemente.
"Mi nombre en la lengua de mis padres quiza sea un poco difícil para ti.Pero puedes llamarme Salvador.Así te será menos complicado".
Pedro le sonrió y con un gesto amable se despidió de él.Aquella mañana comentó el hecho a Sergio y Esteban.
"¿Pero tú estás loco?",dijo Sergio con voz de alarma."¿No ves que ésta gentuza te puede secuestrar o hacerte lo que sea y desaparecerías y tus padres no te verían nunca más?".
"Éste parece buena gente",dijo Pedro tratando de convencer a sus amigos.
"Ya,ya",Esteban no podía estar más de acuerdo con las palabras de Sergio."Anda que no son listos ni nada.Eso lo hacen para engatusarte y después sacarte hasta la cerilla de los oidos.Mira,por ponerte un ejemplo.Ese cartón de leche que le has dado con pan.Seguro que ahora lo vende por ahí,y con lo que saque se compra un cartón de vino para emborracharse.Mira que eres ingenuo,tío.Te lo crees todo".
Pedro se sintió muy triste al ver que sus amigos no le comprendian.Incluso pensó que podían tener razón.¿Y si lo que quería aquel hombre realmente era aprovecharse de él?.Se quedó muy dubitativo casi toda la mañana.Tuvo que salir dos o tres veces de clase pues no se encontraba muy bien.Parece que aquello que le habían diagnósticado meses anteriores había empeorado.Hacía ya días que se encontraba bastante molesto.Cuando llegó a su casa su madre le dió una pastilla, y las molestias desaparecieron.Su padre vino del trabajo con cara de pocos amigos.Pedro sabía que cuando venía así es que había tenido probablemente algún problema en el banco.Después de dar varias vueltas de aquí para allá su padre abrió uno de los armarios de la cocina.Frunció el ceño y después dijo a su mujer.
"Leonora,¿No había aquí dos cartones de leche?,¿es que has gastado tú alguno de ellos?.
"Yo no",dijo su mujer dirigiendo sus pasos desde el dormitorio hacia la cocina"
Las piernas de Pedro empezaron a temblar.Sabía que si su padre descubría lo que había hecho,le daría una buena reprimenda.Su nerviosismo incrementó al escuchar sus pasos acercándose a su habitación. "Pedrito,¿tú sabes que ha pasado con uno de los cartones de leche que había en uno de los armarios de la cocina ésta mañana".
El niño sintió como su pulso se aceleraba,y no pudo evitar que su voz se le quebrara al hablar.
"Si,papá.Se la he dado al vagabundo que duerme todas las noches a la salida del garaje".
Su padre se acercó a él y sin más le soltó una sonora bofetada.Las lágrimas empezarón a brotar de los ojos de Pedro.Su padre le dijo con voz furiosa.
"¿Cómo te atreves a darle nada a un "moro" de esos?.¿No ves que te puede robar y después rajarte de arriba abajo?.Eres un insensato y me has desobedecido.Te dije que nunca te acercaras a una rata de esas.Ahora como castigo te vas a quedar un mes sin salir los fines de semana.Así aprenderás a no acercarte a esos individuos.Ahora que ese maloliente se va a enterar por robarle a mi hijo".
"No es eso que tu dicés ,papá.Sólo me pidió leche y pan por que tenía hambre."
"Ah,¿también le has dado pan?,replicó su padre."Desde luego es que eres incorregible.No, si al final te ha sacado lo que quería.Le voy a dar a ése su merecido".
Su padre le abrió la puerta del armario de su habitación y sacó el bate de baseball.
"Qué vas a hacer papá?" "Tú quedate aquí.Voy a llamar a algunos vecinos y le vamos a dar un escarmiento a ése malnacido,a ver si se va a robar y ensuciar a otra parte".
"No,papá."El llanto del niño era desconsolador."Si te he dicho que es un buen hombre.No le hagas nada.Déjame que yo hable con él y ya verás como se va por las buenas."
"¡Te he dicho que te calles!,¿Y no me hables más de acercarte a ése mamarracho!,¡ni aunque sea de broma!."
"Alfonso,no vayas a hacer ninguna burrada.Mira que a lo mejor el niño tiene razón .Quizá sea un buen hombre,y sólo pida para comer."
Alfonso se negó por completo a la insistencia de su mujer y su hijo.Abrió la puerta y tocó al timbre de los vecinos que había al lado.Les explicó lo que pasaba,y estos salieron de sus casas,con lo que parecía una raqueta en el caso de un vecino,y un objeto largo de madera en el caso del otro,que Pedro no supo bien distinguir.Se marchó corriendo a la ventana.Si el méndigo estaba al lado del garaje,y lo avisaba pronto,podría escapar de la probable paliza que se le avecinaba.Se dió cuenta que al lado del garaje no había nadie,por lo que respiró tranquilo.Pero su gozo se transformó en intranquilidad cuando vió que Salvador había cruzado la acera y estaba sentado en un portal de los edificios de enfrente.Trató de avisarle pero todo fue inútil.Su padre y los vecinos ya habían cruzado la carretera.Pudo observar como tras una breve discusión Alfonso le quitó la manta con la que se protegía del frio,y la emprendieron a golpes con él.El niño veía como descargaban su rabia con aquel pobre hombre.Pedro no pudiendo aguantar más abrió la ventana y exhortó fuertemente a su padre y a sus vecinos para que lo dejaran tranquilo. "Tú,¡cierra la ventana y no te metas en esto!",su padre le gritaba mientras seguían golpeando a aquel individuo.Leonor,vino también con lágrimas en los ojos,y fue ella la que la cerró.
"Déjalo,hijo.Ya sabes cuando a tu padre le entra el genio,que la arremete con todo el mundo".El niño seguía llorando desconsoladamente.No podía permitir que a aquel hombre lo trataran de aquella manera.Al final y después de varios minutos pararon de golpear al mendigo,que ensangrentado,se marchó después de recoger sus cosas.Pero hizo algo más.Miró hacia la ventana dónde Pedro todavía observaba la consecuencia de aquella canallada,y vió como aquel hombre dirigió de nuevo su mirada a él y le sonrió.No podría comprender como aquella persona podía sonreir después de semejante paliza.No sabía porqué, pero aquel gesto le llenó de paz.
Al minuto sintió como su padre llegaba de la calle,y cerrando la puerta de la cocina,se puso a hablar acaloradamente con su mujer.Apesar de estar la puerta cerrada,se podía oír perfectamente lo que allí se hablaba,y Pedro se enteró de toda la conversación.
"Eres un bruto Alfonso.¿Cómo has podido hacerle eso a ese hombre que no te ha echo nada?.
"Ese hombre como tú dices no es más que un inmigrante apestoso,y lo que he hecho a sido librar de un peligro a toda la comunidad."
"Él solamente pedía porque tenía hambre.¿Cómo puedes tener tan mal corazón?Además,mira el disgusto que le has dado a tu hijo,cuando nos dijo el médico que le evitaramos todas las malas situaciones posibles.Sabes perfectamente que la leucemia no le dejará vivir mucho tiempo,y tenemos que hacer todo lo posible para que tenga cierta calida el resto que le quede de vida".
"No le va a pasar nada.Además,¡que aprenda lo que es la justicia y que no se acerque más a escorias como ésa!.¡Y deja de llorar ,jolines!,¡que me pones negro!.
Pedro pensó en las palabras que había dicho su madre.El sabía tambien que no le quedaba mucho tiempo de vida,y que cada día estaba peor.Y efectivamente así ocurrió.
En los días siguientes Pedro comenzó a sentirse muy mal.Sufría horrendos dolores de cabeza y mareos continuos.Sus padres,al ver la recaida y aconsejados por el médico,decidieron que no fuera al instituto hasta que no se mejorase.Una mañana que Pedro creyó sentirse mejor,se fue a dar una vuelta por el barrio.Decidió buscar a Salvador para hablar un poco con él .Aquel hombre transmitía alegría y tranquilidad,y el niño buscaba eso en aquellos momentos.Pero no lo veía.Buscó en todos los sitios posibles de el barrio,pero no había ni rastro de su amigo.Preguntó a algunas gentes,pero algunas le contestaron de manera acalorada.Una señora le llegó a decir:"¿Niño tú te crees que no tengo otra cosa que hacer que interesarme donde están esos moracos sinvergüenzas?.¡Por mi que ardan esa gentuza!.Yo soy una buena cristiana y no quiero cuentas con esa mala inmundicia!".
Pedro no comprendía como aquella mujer podría llamarse cristiana y actuar de aquella manera.
El niño se sintió muy triste.Siguió buscando y buscando,pero no había rastro de Salvador.Después empezó a sentirse muy mareado, pero no quería desistir.Las gentes se reían de él cuando les decía que estaba buscando a un inmigrante,y otros le decían que tuviera cuidado."¡Lo típico!",pensó el niño.Se sentía cada vez más débil,y al final su falta de fuerzas le venció.Cayó derrumbado a cien metros de su casa.
Algunos vecinos lo encontraron tirado y lo llevaron urgentemente a su casa.Su madre,que estaba sola se puso a llorar como una magdalena,y llamó al 061.Minutos después Pedró yacía en una habitación del hospital.
Alfonso vino avisado por su mujer momentos después.
"¡Déjate de lloros!"
El niño oía las palabras de su padre y le entristecía que no se conmoviera por su situación.
Nada cambió.El médico le visitó y le preguntó a Pedro cómo se sentía."Como si me estuviera muriendo,doctor",le contestó con tristeza.
La semana transcurrió en el hospital.El Sábado Pedro experimentó un ligero cambio.Se sentía mucho mejor.El dolor de cabeza le había desaparecido y no sentía mareos.Su madre se alegró de ver el estado del niño aquel día.Cuando llegó su padre al mediodía éste experimentó un ligero cambio de ánimo.
"¡Lo ves mujer como no está tan mal! ,dijo con voz grave.¡Anda!,¿ por que no aprovechamos para bajar a comer ahora que está mejor?.". Su mujer asintió,y ambos bajaron al comedor del hospital.Pedro cerró los ojos para dormir un poco.Al poco rató sintió como la puerta de la habitación chirriaba como si alguién entrara.Pensó que eran sus padres que habían regresado de almorzar.Se habría quedado dormido,y no había calculado el tiempo que había transcurrido.De pronto sintió una voz enfrente suya que le resultaba muy familiar.
"¡Pedro!".
El niño abrió los ojos perezosamente y vió el rostro de Salvador delante suya.Pedró sonrió abiertamente al verle.
"¿Dónde estabas?",le preguntó.
"Me fuí a otro sitió a dar felicidad a gente que lo necesitaba".
"Siento lo de aquella paliza que te dio mi padre,Salvador."
"Tú no tienes la culpa,hijo.De todas maneras,ya los he perdonado".
Salvador alargó su mano para acariciar el rostro del niño,cuando de repente Pedró vió algo que le sorprendió.Sobre las palmas de sus dos manos,Salvador tenía dos heridas.
"¿Qué son esas heridas que tienes en las manos?,le preguntó.
"Me la hicieron hace muchos años gente que no creía en mí,ni en lo que yo les podía dar".
De repente el niño entendió.En aquel momento sintió una paz infinita,y vió como una aureola de luz envolvía todo el cuerpo de aquel hombre.
"Tu verdadero nombre no es Salvador,¿verdad?"
"Soy realmente un Salvador,aunque mis padres me pusieron Jesús.Jesús de Nazareth".
"Señor,¿por que has venido a mí?"
"Bienaventurados los que se apiaden de los pobres,por que sólo de ellos es el Reino de los Cielos.Tú me diste alimento cuando me viste necesitado en la calle,y mereces tu recompensa.¿Quieres venirte conmigo?"
"¿A dónde?,preguntó Pedro con curiosidad.
"A un lugar donde no existe el sufrimiento,y donde el Amor reina en todas partes".
"¿Pero y papá y mamá?,¿Que será de ellos?"
"Tú amor siempre permanecerá en sus corazones,y tu recuerdo será el aliciente de sus vidas.Y Yo te digo que nunca dejaré de protejerlos.¿Estás preparado,campeón?"
"Pedró sonrió."Si,Señor.Lo estoy".
"Pues cierra los ojos y dame tu mano".
Alfonso y su mujer volvían de almorzar.Habían pasado un momento tranquilo y relajado.Querían ver que tal lo había pasado Pedro.Cuando entraron por la puerta de la habitación,notaron que algo extraño ocurría.Pedro se despertaba muy facilmente cuando oía cualquier ruido,pero en aquel momento no lo hizo.Su madre se acercó a la cama de su hijo.
"Pedrito,hijo mio.Ya hemos venido".Pero Pedro no le contestaba.
Alfonso se acercó rapidamente y dió un grito.
"¡Pedro!,que somos nosotros".
Entonces se dieron cuenta de lo que ocurría.Llamaron al médico,y éste certificó lo que ya era evidente.El niño había fallecido.
Al entierro acudieron todos los profesores y alumnos del instituto.Leonora,no tuvo reparo en mostrar sus sentimientos y agradecer a todo el mundo su apoyo,pero Alfonso continuaba sin mostrar ningun tipo de emoción.
Ocurrió una noche dos semanas después que Alfonso y Leonora estaban tomando el fresco casi veraniego en la terraza de su casa,y en silencio recordando la memoria de su hijo.Sus ojos miraban hacia la expléndida noche estrellada.De repente notaron como una estrella brillaba con más fuerza que las demás,y se movía en el firmamento.
"Mira ,Alfonso,una estrella fugaz",dijo Leonora.
A continuación empezarón a oír una voz silenciosa que cada vez se iba haciendo más fuerte.
"Papá,mamá.Soy yo,no os asusteis.El sitio en el que estoy es maravilloso,y soy muy feliz.No os preocupeis por mí.Ya todo el dolor ha pasado.Aquel mendigo era nuestro Salvador,papá,y el ya te ha perdonado por lo que le hiciste.Sed felices.Os quiero".
Leonor se quedó completamente asombrada.No pudo articular palabra.Miró a su marido,y vió como a éste se le empañaban los ojos de lágrimas mientras decía con voz entrecortada.
"Yo también te quiero hijo mio.¡Que Dios te bendiga!".
Desde aquel entonces Alfonso no volvió a ser el mismo hombre,y la gente decía de él que su corazón rebosaba de amor y cariño.