Fueron acaso dos años cumplidos del fallecimiento de mamá, que en vísperas de la Navidad, papá y yo decidimos pasar esos días en el campo, -en ningún lugar en especial-, solamente con nuestras mochilas al hombro y las enormes ganas de estar juntos y lejos de esa rutina, que nos ahogaba y nos torturaba, haciendo lo mismo día a día, y la ausencia de mamá, que había dejado un profundo hueco que no se llenaba con nada, ninguno de los dos habíamos tenido el animo de hablar ni de expresar nuestros sentimientos, por lo que nuestra decisión, nos llevó a salir, y sin mas, nos encaminamos por un sendero que conducía a la sierra, veraneando una cañada de arroyos serpenteantes y cantarines, recovecos de piedras verdosas y enlamadas, al principio solo caminábamos como esperando que el otro diera algún motivo para romper el hielo, debieron haber pasado treinta o tal vez cuarenta minutos, papá, rompió el silencio señalándome una venadita con su cría, que pastaban en una ladera de hierbas otoñales, pareciera una estampa clásica de aparadores de implementos de caza, a los dos nos enterneció la figura materna que protegía a su cría y nos llevo a pensar en mamá, nadie de los dos lo dijo pero. . . ahí estaba mamá para incitarnos a dialogar, nos sentamos en un risco para deleitarnos de aquella escena, rodeados de un gran paredón en piedra caliza que corría por toda la cañada, papá dijo, no cabe duda hijo, que tu madre en la presencia maternal y responsable, ¡nos viene acompañando!, asentí con la cabeza, y papá dejándome ver su fortaleza, me palmeo el hombro diciendo. . . adelante hijo que todavía nos queda camino por avanzar, tome un varejón que asomaba por la maleza seca y habilitándolo de bastón, me levante para seguir nuestra excursión, subimos por un camino encrespado y difícil que nos tomo mas de tres horas, en las cuales solo hablamos lo necesario para ayudarnos y asistirnos en la travesía, arriba en lo alto, en una pequeña meseta, las pequeñas montañas se sucedían interminables bajo el cielo azul he infinito, el olor de la hierba que oradaba el ambiente se mezclaba con el bouquet de un plantío de flores moradas y rosas que parecían sacadas de un cuadro de pintores holandeses, los árboles vetustos de pieles arrugadas, retaban al viento sin inmutarse, sus ramas bailaban cadenciosas por ráfagas de viento, que fortalecido en esas montañas, refrescaban el ambiente húmedo y medicinal, que tanto necesitábamos,.
¡Aquí esta bien!, ¿qué te parece si acampamos y buscamos en donde hacer una buena fogata para comer¿, le conteste que me parecía muy bien y que podía devorarme una vaca entera con todo y sartén, acompañado de unas papas como las hacia mamá. . . . , eso provocó un silencio terrible,. . . así lo sentía yo, el mencionar a mamá nos estaba causando mucho daño, y. . papá, ya no pudiendo mas, soltó en llanto, no me pude contener y también me deje caer con un coraje y dolor que no había podido expresar desde su muerte, ello nos llevo diez o tal vez quince minutos y al ver a papá tan triste, fui a su lado y fundiéndome en un abrazo que no nos habíamos dado desde hacia muchísimo tiempo, vi como mi padre se dejaba caer en mi regazo como un niño consolado por su madre, entonces comprendí, lo difícil que para el había sido la muerte de mamá, y yo, que esperaba que me consolara, al menos esa es la lógica por edades y fortaleza, pero. . . ¡que equivocado estaba!, papá no dejaba de llorar desconsoladamente hasta que sus gemidos se fueron apagando ante el cansancio de tanto dolor, ya un poco mas tranquilo, le dije que sería mejor apresurarnos a levantar la casa de campaña y descansar, ya tendríamos tiempo mas que suficiente para hablar de mamá y nuestros proyectos, le conmine a buscar hojarasca y ramas secas para la fogata, Y levantándose pesadamente limpio sus lagrimas aun calientes derramadas en sus mejillas, y presuroso desapareció entre los matorrales que habían sido mudos testigos de un encuentro de Amor entre mi padre y yo, debo decir que después de habernos instalado y haber comido, papá, cayo profundamente dormido, mientras tanto decidí, dar un paseo para verificar la seguridad del lugar y juntar mas leños para la noche que se avecinaba, las hojas otoñales daban un multicolor matiz, que presagiaba su desprendimiento para renovarse en primavera, el canto de las aves que regresaban de su faena, para encontrarse con sus nidos, daban una algarabía de sonidos que se fue apagando conforme los minutos pasaban, la noche se dejaba caer en pardos horizontes, y las estrellas brotaban como pequeños agujeritos en una manta por atrás iluminada, extasiado por ver como la noche se vestía de gala, con collares de plata, me angustie por papá, que tal vez había despertado y no me encontraría, corrí a su encuentro y le vi tan dormido como cuando lo deje, me senté a su lado y observando su semblante con un dejo de niño, le abrigue con una frazada cuidadosamente, ¡ni se inmuto!, papá ya no es aquel que me cargaba en vilo, ni aquel que corría velozmente dejándome envuelto en una nube de polvo, los años ya estaban ocupándole un gran espacio, y eso me dolía, en un momento me dio escalofríos al pensar si papá me llegara a faltar, deseche ese absurdo pensamiento y trate de aprovechar el momento, encendí una fogata para calentar el ambiente, y la lumbre me embrujaba en un baile arábigo, de ombligos azules y un humo que en espirales buscaba encontrarse con las estrellas, al filo del horizonte atisbando curioso el sol, manchaba de púrpuras las túnicas de jerarcas que partían acompañándose de las penumbras, la fauna nocturna tomo la estafeta de esas aves que ya dormían acurrucadas entre su plumaje, pareciéndome un coro en desarmonía enloquecedora, pero pasado un buen rato, ya me arrullaban sus desplantes de autoridad vocal, me preocupaba papá, que se cansara tan pronto, y la verdad creo que había sacado abruptamente esa pena que derramo en mi regazo, y le dejó exhausto, espero que mañana este fortalecido y podamos platicar.
La noche me atrapó en su encanto, y la transparencia de su cielo que me cobijaba como un gran domo de infinitos tornillos que le detenían, logró que en imágenes, que se sucedían en la mente, llegaran inolvidables momentos de mi vida con mis papas, y me detuve, tal vez por su proximidad, en aquella la última Navidad que con mamá pasamos juntos, tengo muy presente como ella, con una gran ternura, me llamo, y pidiéndome me sentara junto a ella, me dijo: hijo, quiero que esta Navidad, tu seas quien traiga a Jesús a nuestra casa, ¿yo?, le respondí asombrado y un tanto alarmado, ¡si hijo!, tu nos vas a honrar en traer tu niñito Jesús a su pesebre, el día de Navidad, ¿pero mamita, de donde lo voy a sacar, acaso quieres que compre uno?, ¡no!, no lo compres hazlo tu, con tus bondades, con tu caridad, con tus actos positivos, con el bien, en una sola palabra hazlo hijo de AMOR, y esa noche, acuéstalo en el pesebre que le hemos dispuesto para que llegue a nuestro hogar, mamá, que cosas quieres, ¡si hijo! eso quiero. Debo decir que no dormí tratando de entender a mamá, y le pregunte a papá ¿papá te dijo mamá lo que quiere que yo haga?, ¡si! ¿y luego, que quieres que te diga?, por favor ayúdame, ¿ayudarte, pero si es algo que tu puedes hacer solo¿, entonces busque una pequeña pieza de porcelana que representara al mas bonito niñito Jesús, encontré uno, de ojos azules y tez muy blanca, se tomaba un piecesito para pretender llevarlo a su boca, lo compre de inmediato, ya lo tenia pero. . . ¿qué querían decir mis papas de hacerlo del bien, del amor, . . . caray, a veces no se les entiende a los mayores, pasó uno y dos días y yo seguía sin entenderlo, desgraciadamente mamá no alcanzo a pasar Navidad con nosotros ella murió ese tercer día, en eso papá medio despertó y me ofrecí ayudarlo a que se recostara en la casa de campaña, ofreciéndole algo de cenar, el solo adivino a decir buenas noches hijo, también yo estaba agotado y sin cenar me acosté.
La mañana de Navidad desperté con la sorpresa de que papá ¡ya tenía el desayuno listo!, despedía un aroma de huevos y tocineta que incitaba a levantarse, y la olla del café invadía la montaña del aroma desquiciante en una taza del sabroso néctar, hola papá, ayer quedaste exhausto, ¡si, que bárbaro!, estaba muy agotado, pero hoy soy un roble, sentados junto a esas brazas ardientes, desayunamos ávidos de sus sabores y la gran compañía de papá, el me dijo, hoy es Navidad y debemos prepararnos a recibir a Jesús, sí. Ya lo había pensado, y quiero preguntarte algo que deje inconcluso, ¿recuerdas lo que mamá me pidió para esa última Navidad?, ¡si!, tu ibas a llevar al niñito Jesús, ¡pues aquí lo traigo!, y también traigo lo que va hacer que Jesús nazca entre nosotros.
Así, contemplando esa inmensidad y explorando los alrededores se nos consumieron las horas, y haciendo los preparativos para la cena que tendríamos en aquel escenario que solo Dios podía habernos destinado, papá me cuestiono, diciéndome, ¿hijo lograste lo que tu mamá te pidió? , ¡si!, y quiero que sepas que me costo mucho trabajo entenderlo, y sacando aquella figurita de Jesús que había comprado antes que mamá muriera, le dije: Jesús, ha nacido año con año, en mi persona, cuando “yo”, ese que en el pleno “conocimiento”, de mi existencia, acepta , ¡si papá!, acepta recibirlo, en cada acto y actitud que la vida me presenta, por ello Jesús ha nacido y “vive”, en mi, como un gran regalo de mi mamita, ella que me enseño a recibirle y apreciar lo que simboliza en una imagen, el que yo estoy dispuesto a recibirle, y vivir en El, y con El, no hubiera bastado comprar la figurita, si yo no hubiese entendido lo que toda esa tradición representa, ahora en este viaje, junto a ti, . . junto a . . mamá, vamos a recibir al niñito Jesús, para en acto y forma, mantenerlo en toda esa proyección que El espera de cada uno de nosotros, papá ayúdame a realizar el escenario en donde este niñito Jesús , se recostará en solo unos cuantos minutos, bien, yo traigo musgo y tu unas varitas, ya veras como le recibiremos, ambos, ante una gran estrella muy reluciente, recibimos en esa montaña, en esa transparencia del infinito, nuestros, ¡si!, nuestros niñitos Jesús, el de cada uno, el de los dos, el de todos, el que cada uno acepta recibir en su persona, en espíritu, para glorificarlo y vivir con El y en El, papá y yo, nos tomamos de la mano y agradecidos solo pudimos decirle a mamá,
! FELIZ NAVIDAD MAMITA!
Manuel L. Balderas Flores (