El final del arco Iris

 

 

   Abajo de una hoja gigante, para cubrirse de la lluvia, dos duendes se preparaban para robar el mayor tesoro de la Tierra de la Fantasía.

  -Cuando aparezca el arco iris, nos subimos arriba de él y corremos hasta llegar a la olla. después agarramos las monedas de oro que están adentro y saltamos.

¿Qué tal?

 

  -¡Pero vos te pensás que va a ser tan fácil! La olla está protegida por Alúa, el duende más fuerte de todos.

 

  -No exageres. ¿Vos sabés cuánta fuerza tengo yo? , -Sí, lo sé muy bien, por eso tengo tanto miedo.

 

-No te preocupes. Mientras uno lo distrae, el otro agarra la olla. Vos confiá en mí.

 

  A pesar de la lluvia, el sol caprichoso no se fue. Y al rato, cuando el agua se cansó de caer, nació un hermoso y colorido arco iris.

 

  -¿Preparado?...Uno, dos y tres... ¡Ahora! Roy y Rony corrieron hasta donde empezaba el arco iris, y dando un gran salto pudieron subir encima de él.

 

-¡No lo puedo creer! ¡Estoy parado arriba del azul!

 

-¡Y yo del amarillo! ¡Esto es genial! -¡Vayamos por el oro! -gritó entusiasmado Rony.

 

  Saltando de color en color, los pequeños ladrones llegaron al final del arco iris.

 

  -¡Increíble! ¡La olla es gigante!

 

  -Y ese tiene que ser Alúa. ¿Y ahora, qué hacemos?

 

  -Vení, acompañame, tengo un plan.

 

Roy y Rony se acercaron muy tranquilos al cuidador del tesoro. Este, de forma muy amable, se presentó:

 

  -Hola, mi nombre es Alúa y soy el guardián del arco iris. Lamentablemente les tengo que pedir que se bajen de él.

 

  Roy miró a Rony esperando nervioso una respuesta. Rony, confiado en su plan, contestó sin vacilar.

 

 -Vinimos hasta aquí para ayudar. Te queríamos avisar que donde comienza el arco iris, hay un duende muy malo, con una lata de pintura.

 

  -¿Y eso qué significa? -preguntó intrigado Alúa.

 

  -Que va a pintar el arco iris de negro.

 

  El guardián se puso como loco. Agradeció a sus mensajeros y salió corriendo desesperado hacia la otra punta del colorido camino.

 

  -¿Viste que iba a ser fácil?

 

  -Tenías razón, puede ser muy fuerte pero es  muy tonto.

 

  -Ahora llevémonos la olla.

 

Primero trataron de levantarla, pero se dieron cuenta enseguida de que era imposible. Después trataron de empujarla, pero no la movieron ni un milímetro.

 

  -¿Y ahora qué hacemos? -Agarremos las monedas.

 

-No alcanzamos, la olla es muy alta. -Yo te ayudo para que te subas arriba, después te metés adentro y me tirás las monedas.

 

-¿Y cómo salgo?

 

-Yo te vuelvo a ayudar.

 

Roy se subió sobre los hombros de Rony y, con gran esfuerzo, cayó adentro de la olla.

 

  -¡Ahora tirame las monedas!

 

Rony miró hacia arriba esperando que cayera alguna. Pero nada sucedió.

 

  -¡Dale, Roy! ¡Apurate!

 

El curioso silencio lo seguía asustando. -Roy, ¿me escuchás? ¡Roy!

 

Al no recibir respuesta, Rony tomó una larga carrera y saltó arriba de la olla.

 

Una vez sentado en el borde, pudo apreciar las brillantes monedas. Pero, curiosamente, su amigo no estaba.

 

  De pronto escuchó los pasos de Alúa que volvía corriendo hacia él. Sin tiempo

 

para pensar, saltó adentro de la olla. -Hola Rony.

 

  -¡Una moneda que habla! -Soy yo, Roy.

 

  -¿Roy? -preguntó Rony asustado -Te convertiste en una moneda. ¿Qué te pasó? -Todos nos convertimos en monedas. -¿Cómo?

 

  -¡Hola! Yo me llamo Juan. -¡Hola! Yo soy Víctor.

 

  -Acá todos intentamos robar la olla. -No puede ser... entonces... ¿Por qué yo me salvé?

 

  -¿Quién dijo que te salvaste?

 

Rony pudo verse reflejado en la cara dorada de Roy. Él también era una moneda.

 

  -¡Dos más para mi gran olla! -Quién dijo eso?

 

  -Yo, el fuerte pero tonto Alúa. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

 

Y la risa retumbó por siempre en la olla de ladrones.

 

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