LA NOCHE DEL TATÚ
Cuando empezó el mundo, los primeros habitantes de la selva peruana no conocían la noche. Los hombres cazaban y pescaban. Las mujeres cocinaban y cuidaban
los chicos. Pero no sabían lo que era dormir bajo la noche estrellada o escuchar historias alrededor del fuego. El Sol ardía todo el tiempo y la luna era
invisible.
Cochipil, un indiecito de ojos negros y brillantes, descubrió un día que el ratón escondía una pequeña noche en su cueva. El gran jefe Nahua se enteró
y le dijo: "Ya que conocés el lugar donde el ratón guarda la noche, ¿por qué no se la pedís prestada?".
-Lo intentaré- respondió Cochipil entusiasmado.
Esa misma tarde, mientras sus padres colgaban hamacas entre los troncos, se acercó a la cueva del ratón. Con gran cuidado puso frente a la entrada unos
pedacitos de carne. Y apenas el animalito asomó su hocico por ahí el niño le dijo con voz suave: "Si me prestás tu noche, te traigo más comida". Al ratón
le brillaron los ojitos y aceptó enseguida. Luego de comerse toda la carne, dejó que una especie de nube megra saliera de sus ojos y de sus orejas, hasta
subir al cielo. El Sol asustado, se escondió en el horizonte. Y así empezó la primera noche de la selva. Los indios felices corrieron a sus cabañas y encendieron
fogatas. Comieron, conversaron, cantaron y bailaron hasta quedarse dormidos. Pero apenas acabaron de cerrar los ojos, la luz del amanecer volvió para despertarlos.
"La noche del ratón es demasiado corta", exclamó Nahua.
Un grupo de cazadores fue enviado a la jungla en busca del tapir. "Te perdonamos la vida si nos das tu noche", le dijeron.
El tapir no tuvo más remedio que aceptar. Desde su boca alargada emanó una mancha espesa, como de tinta, que cubrió el cielo con una manta oscura. El
Sol volvió a tener miedo y se ocultó otra vez. La segunda noche había comenzado..
Las estrellas brillaron en el cielo como ojos de tigre. Un anciano recordó una vieja historia y se las contó a los chicos, que se durmieron sin conocer
el final. Después todos se fueron a dormir en sus hamacas. Y tanto descansaron y soñaron, que cuando despertaron las enredaderas habían trepado hasta el
techo de sus chozas. "la noche del tapir es demasiado larga", pensó Niva, la mamá de Cochipil. Y después dijo: "Mi hijo encontró una noche muy corta. Los
cazadores consiguieron otra que resultó muy larga. Yo voy a buscar la noche que necesitamos".
Niva fue a la selva y encontró al tatú en su madriguera. "Quiero que me prestes tu noche", le dijo. El tatú lo pensó un poco y le contestó: "Está bien,
pero te la doy por única vez". El Sol bajó del cielo poco a poco, y en toda la aldea hubo fogones y buen sueño. Los hombres comprendieron que la noche
del tatú era la más conveniente. Por eso nunca se la devolvieron. Y esa es la razón por la cual, hasta hoy, el tatú duerme durante el día y da vueltas
sin descanso en la oscuridad, como buscando la noche que le quitaron.
(leyenda aymará)
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