Un mensaje
en una botella
Por: Carlos Puerto
Cuando
alguien lea este mensaje, estaré muy lejos de casa. Me he
marchado
pensando que todos los envidiosos son más tontos que
chupar
un pirulí por el palo. Y Ya estaba harto de tantos tontos,
de
tantos pirulís y de tantos palos.
La
culpa es de mi hermano el famoso, que, desde que volvió a casa
tras
su último -y muy largo- viaje, ha convertido mi vida en un
infierno;
exactamente como si me hubieran estado metiendo
ortigas
en mis calzones. Por eso he tenido que largarme de mi
acogedor
hogar para venir hasta aquí, al fondo del océano a la
izquierda.
Porque ¿qué culpa tengo yo de parecerme a
él? Yo, un pobre
hombre,
tranquilo, sosegado, pacífico, hasta que, desquiciado de
los
nervios, he tenido que romper más de un paraguas en la
cabeza
de los cotillas impertinentes.
-¡Que
no soy yo, que se equivoca! Que yo no me llamo...
Y
ellos, insistentes, dale que dale, como tábanos con las
caballerías, que les cuente cómo naufragué en aquella isla
desierta
que les explique cómo sobreviví durante una eternidad
comiendo
esos bicharracos conocidos por el nombre de llamas, que
les
cuente con pelos y señales mis peleas con los caníbales.
-¡Que
no soy yo...!
Me
entran ganas de decirles que mi hermano es un fantasioso, que
ni
caníbales ni llamas; y que más le
valiera
a él ser sincero y contar de una maldita vez que su viaje
lo
hizo a la fuerza a una isla conocida como Isla del Diablo,
adonde
no va la gente de vacaciones, sino únicamente los que han
cometido
alguna fechoría.
No voy
a contarles cuál fue la que le ayudó a viajar, porque
aunque
sea una desgracia para mí, que conozco la verdad, él sigue
siendo
mi hermano. Pero ¿acaso se molestó en pensar en el lío
en
que
me iba meter con su literatura?
¡Claro!, es más bonito contar
que
uno es un aventurero, que si tal y que si cual, y luego hacer
que
un ingenuo escritor se lo crea y le convierta en un personaje
más
famoso que las garrapatas para los perros.
Pero yo
no soy él; nadie ha escrito nada sobre mí, sobre mi vida.
Y estoy
hasta el copete de que me paren, me soben, me insistan
en
que les hable de algo que no sé ni me importa.
Por eso
he cogido los bártulos y me he venido aquí, a una isla
como
la que describe en su libro. He buscado en los mapas del
mundo
hasta dar con la mejor de todas.
Tranquila,
de excelente clima y, sobre todo, lejos, lejísimos de
casa.
Para no
aburrirme, me he traído un montón de libros y a un amigo.
Él no
habla, no pregunta y, eso sí, ayuda como el mejor.
La
última noche de mi estancia en York me pasé por el
zoológico
y
le invité a que se viniera conmigo. Y entre una sucia jaula y
una
agradable isla, Macaco no lo ha dudado.
Me
ayudará a bajar los cocos de las palmeras, su pelaje me
servirá
para sacar brillo a mis botas y también me avisará
cuando
se acerque algún barco, para que pueda esconderme.
No
quiero ser rescatado, no quiero que nadie me devuelva a la
"civilización".
No quiero seguir viendo cómo mi hermano hace
el
ganso.
Ahora
mismo, a la orilla de un mar azul, viendo pasar las
gaviotas,
a la sombra de una palmera, en compañía de mi fiel
Macaco,
soy el hombre más feliz del mundo. También he vuelto a
ser
el más tranquilo. Y así he de continuar.
Si
alguien recibe este mensaje que voy a meter en una botella y
arrojar
al océano, por favor, que no venga a buscarme. No es una
llamada
de socorro, todo lo contrario. Es una petición de que
nadie
se vuelva a meter en mi vida, de que me dejen
definitivamente en paz. ¡Adiós y que ustedes lo pasen bien!
Al que
le guste dar la lata, que se dirija a mi hermano, que le
pregunte,
que le agobie, pues a él le encanta ser famoso. Y si
ya
se ha cansado de hablar con unos y con otros, que se aguante.
No
haberse inventado historias que nunca existieron.
Y ahora
permítanme que les deje de una vez por todas; mi amigo
Macaco
me espera, porque tenemos que hacer algo importantísimo:
una
liana para subir a la cabaña que hemos instalado en lo alto
de
unas rocas.
Y
después de la liana, a comer, a dormir la siesta, a pescar, a
soñar,
a leer un poco, a cenar, a contemplar las estrellas hasta
mañana...
Se
despide de todos ustedes deseándoles sigan lejos como
ahora
están, allá por donde Sansón perdió el flequillo,
Robertson
Crusoe (hermano gemelo de Robinson)...,,,...
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