BRUMA.
RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.
Irma Gpe. Vela Meza.
P´rólogo.
Transcurría el Siglo XVI cuando los virreyes concedieron las tierras
de Nautla, las de San Sebastián y la peña, a don Juan de Cuenca.
Nuestra historia se desarrolla en la ciudad costera de Nautla. Nahu-
tlan son voces de origen nahua que significan "Cuatro Lugares". Fue
un pueblo prehispánico que estuvo asentado en Casitas, ahora
jurisdicción de Tecolutla.
Durante la primera década del Siglo XIX, se constituyó en un puerto
de gran importancia para las fuerzas insurgentes, lideradas por don
Guadalupe Victoria.
Posteriormente, en 1930, tuvo su mayor auge como puerto de cabotaje y
esplendor económico.
En 1518, Juan de Grijalva junto con otros exploradores, recorrió la
costa desde Champotón en el estado de Campeche, hasta Nautla
Veracruz. Denominando Almería al sitio en donde se encuentra el
actual puerto de Nautla.
Los ríos Nautla y Misantla riegan esta próspera tierra desembocando
en el Golfo de México. Las abundantes lluvias del verano y otoño,
estimulan una vegetación selvática, predominando el ojite, caoba,
cedro, chicozapote, higueras, encino, álamo, capulín, chalahuite,
guanábano, hicaco, zapote, etc.
También existe una gran variedad de animales silvestres, entre los
que se encuentran la ardilla, conejo, mapache, armadillo, coyote,
peje-lagarto (catán),
nauyaque, coralillo, entre otros; además de la gran variedad de aves.
En esta tierra costera, ahí por el año de 1970, da inicio nuestro
relato que implican las diversas emociones y sentimientos que cuatro
jóvenes y tres personas que rebasan las cuatro décadas, dejan aflorar
tras la muerte de un hombre con el que todos están involucrados de
diversas maneras.
CAPÍTULO I.
Estaba en el balcón del chalet, ansiosa miraba la playa. Una y otra
vez su tía Refugio le había pedido que entrara a la recámara, la
brisa de la tarde le podía hacer daño. Aurora desatendía a las
súplicas de la tía solterona porque deseaba ver el gallardo cuerpo de
su padre andando sobre la arena de la playa caminando hacia la casa.
Seis meses habían pasado desde que el "Pánuco" sarpara con rumbo a
las Antillas y Suramérica; por medio de un telegrama el capitán les
informaba que este día abría de llegar. "Llego viernes once en el
transcurso del día. Prepárenme tamales de elote para cenar". Eso era
todo lo que el amarillo papel del telegrama decía.
Aurora contó los días que su padre estuvo ausente, le quería
demasiado para estar tantos meses apartada de él. El capitán siempre
navegó. Cuando su esposa falleció se permitió solo quince días de
descanso para esperar a que su hermana se trasladara a vivir con él y
se hiciera cargo de su pequeña hija. Después de esto, nunca se
mantuvo tanto tiempo lejos de casa, sabía que su amada hija se
angustiaba cada vez que se quedaba sola con la tía Refugio.
Desde los cinco años, edad a la que se quedó huérfana, Aurora se
convirtió en una niña retraída y solitaria. Su único amigo era un
perro danés que vivió hasta que élla cumplió los catorce. Ahora tenía
un pastor alemán que durante cuatro años la había acompañado en sus
largas caminatas por la playa.
El sol estaba por ocultarse en el horizonte y ningún barco se
divisaba. En las proximidades de la bocana del puerto, solo se veía
el ir y venir de las pequeñas embarcaciones de pescadores. Pronto las
luces de los faros se encendieron y la noche fue tendiendo sutilmente
su manto de estrellas sobre la ciudad.
-¡Vamos niña!... ¡Es hora de bajar a cenar!. Seguramente tu padre
está tan ansioso como tú, pero llegará cuando pueda y no cuando
quieras.
-Tía Refugio estoy preocupada por el mal tiempo que ha imperado estos
dos últimos días.
-¡Pamplinas!... El "Pánuco" es un barco resistente, no es la primera
vez que se enfrenta con tormentas y huracanes. Además, mi hermano es
un marino con mucha experiencia.
-Lo sé, papá nació en un barco, su padre fue marino y su abuelo y el
padre de su abuelo, etc. Aún así me preocupo, nadie está exento de
sufrir un accidente.
-Ay hija, deja de pensar en esas cosas. Luego uno atrae las
desgracias no mas por estar pensando en ellas.
-Tienes razón, evitaré pensar en la pesadilla de ayer. No es una
premonición, esta vez no tiene porque hacerse realidad un mal sueño.
Refugio siguió dándole ánimo a su sobrina, en realidad ella también
estaba mortificada. Aurora era muy sensible, siempre había presentido
las desgracias antes de que ocurrieran. Cuando tenía cinco años, soñó
que su madre en forma de ángel se paraba al pie de la cama y se
despedía de ella. Se lo contó a la tía y Refugio se dio cuenta de que
la hora del sueño de la niña, coincidía con la hora en que su cuñada
había fallecido en el hospital, víctima del cáncer.
En otra ocasión, soñó que su perro Pinqui estaba debajo del camión de
la basura y despertó llorando a gritos. El sueño se hizo realidad a
la mañana siguiente cuando Pinqui se soltó de la correa y el camión
lo aplastó. Recientemente había soñado con que su padre caía por la
borda del barco durante una tormenta y el mar se lo tragaba.
La tensión de los días que siguieron al sueño fue aumentando
gradualmente conforme se acercaba el momento de que el "Pánuco"
arribara al puerto.
Disimulando tranquilidad, Aurora entró en la cocina y se dispuso a
poner la mesa.
-Hija, pon solo dos lugares, cuando llegue tu padre pondremos el de
él.
-Tía, será mejor ponerlo desde ahora, a él le dará gusto ver que todo
está listo para que cene.
-Está bien hijita, ponle su plato y los cubiertos. Si quieres, tenle
lista su pipa de maple en la terraza para que la fume después de
cenar mientras nos relata su viaje.
Esperaron en vano al capitán durante dos horas. Nuru estaba más
inquieto que nunca, ladraba y aullaba al mar.
Aurora y Refugio habían salido del chalet y escudriñaban la solitaria
playa, con la esperanza de ver la silueta del capitán Augusto Ramos
caminando sobre la arena al encuentro de su hija y hermana, pero lo
único que lograban ver, eran las luces del puerto y de las lanchas de
pescadores nocturnos.
Cuando estaban por retirarse, Nuru se apartó de ellas y corrió hacia
el pequeño muelle de madera. Corrió hasta el extremo que se adentraba
en el mar y ladró continuamente mientras giraba sobre sus patas y
movía la cola.
Aurora se adentró en el muelle portando una linterna y se percató de
que una lancha se dirigía hacia el lugar.
-¿Quién será?... Papá siempre ha llegado a casa caminando, alega que
es lo mejor que puede hacer para que sus piernas se libren del mal
del marino.
-Toda regla tiene su excepción, seguramente mi hermano decidió
cambiar la rutina.
-Tía, iré a reunirme con Nuru, quiero ayudar a papá con su maletín de
viaje, tú espéranos aquí, o si quieres, adelántate para que vayas
calentando la cena de papá.
-Regresaré a casa, no tarden. Yo también quiero abrazar a mi hermano.
La voz de Refugio apenas fue escuchada por Aurora, porque la joven
estaba adentrándose cada vez más en el muelle.
Con la linterna hizo señales y los de la lancha le respondieron para
confirmar que pensaban atracar en su muelle.
-¡Nuru!... ¿Has visto?... ¡En esa lancha viene papá!.
Los hombres atracaron, Aurora se quedó perpleja. Entre aquellos
marinos no venía el capitán Augusto Ramos.
Sujetó a Nuru para que pudieran subir al muelle, su boca se llenó de
un sabor amargo, el corazón le empezó a latir con fuerza, las manos
le sudaron y un sumbido en los oídos solo le permitió escuchar las
primeras palabras del caballero que se puso frente a ella.
-Señorita, suponemos que usted es Aurora, la hija del capitán Augusto
Ramos.
Su ligero movimiento de cabeza confirmó lo que los tres hombres
pensaban. La miraron con preocupación y el mismo caballero prosiguió
hablando:
-Señorita. Nos apena tener que comunicarle que el capitán Augusto
Ramos.
Aurora se despertó en el sofá de la sala del chalet, su tía Refugio
estaba a su lado, en una mano sostenía un algodón impregnado en
alcohol, que le colocaba cerca de la nariz, en la otra mano tenía un
pañuelo con el cual enjugaba las abundantes lágrimas.
-¡Hija!... ¡Nos hemos quedado solas!... ¡Tenemos que ser valientes
porque Augusto nos ha dejado!... ¡El mar se lo tragó!.
Tía y sobrina se abrazaron en un intento de darse mutuo consuelo. Los
portadores de la noticia las contemplaron en silencio respetando su
dolor.
Cuando lo consideró pertinente, el marino que parecía liderar a los
otros dos, se aproximó a las mujeres.
-Permítanme presentarme, soy Gabriel Pacheco, a sus órdenes.
-¿Es usted dueño de la naviera?. Preguntó la tía.
-Mi padre es el dueño, él me ha enviado para comunicarles lo
acontecido, les envía su más sentido pésame y les ofrece su ayuda
incondicional. La familia Pacheco está en deuda con ustedes, el
capitán salvó al barco del naufragio, evitando que el huracán lo
hundiera. Desafortunadamente cuando el barco y la tripulación estaban
a salvo, una gran ola provocada por una marejada lo hizo caer al mar.
-Mi padre era un excelente nadador. ¿Cómo es posible que se ahogara?.
-Sus propios hombres no se lo pueden explicar, varios marinos se
lanzaron al mar para intentar rescatarlo, pero ni siquiera pudieron
encontrar su cuerpo. El contramaestre y otros testigos del accidente,
dicen que el capitán probablemente estaba inconsciente antes de
llegar al agua, porque su cuerpo cayó como peso muerto al mar. Creen
que se golpeó la cabeza o que . En fin. pudo haber sufrido un infarto
y debido a los movimientos bruscos de la embarcación perdió el
equilibrio.
-Mi hermano jamás padeció del corazón ni de ninguna otra enfermedad.
Era un hombre muy sano.
-Mi tía dice la verdad, papá era un hombre sano y fuerte. Además
llevaba muchos años navegando, lo hacía desde niño, prácticamente
nació en el mar. Si él hubiera sentido algún malestar, hubiera tenido
mayor precaución. La responsabilidad de su cargo requiere de
múltiples cualidades y entre ellas están la prudencia y la previsión.
Estoy segura de que no arriesgaría la vida de sus hombres insistiendo
en capitanear el barco si se hubiera sentido enfermo.
-Señora, señorita, los infartos suelen ser fulminantes y generalmente
los que lo sufren no conocen los síntomas. Esta pérdida resulta
dolorosa para todos, pero no nos queda más remedio que aceptarla.
Las mujeres volvieron a llorar desconsoladamente y Gabriel se vió
impedido para consolarlas. Hubiera deseado abrazarlas, decirles que
el capitán Ramos había sido como un padre para él, que desmentiría el
informe del oficial que mencionaba que el capitán estaba ebrio cuando
cayó por la borda. Él mismo no lo podía creer, aunque el testimonio
de cinco marinos lo corroboraran. Antes de retirarse les comunicó que
a la semana siguiente se efectuaría una ceremonia luctuosa en el mar,
cerca del lugar donde había sucumbido el capitán.
-En este maletín se encuentran las pertenencias de mi capitán, quiero
decirles que yo también lo estimé mucho, fuimos amigos y compañeros
desde muy jóvenes. Pueden contar conmigo, sé que todavía no me
conocen bien, pero créanme; Augusto fue como un hermano.
-Don Mateo, gracias por su apoyo, mi hermano siempre nos contó
anécdotas sobre usted y nos refirió que le profesaba un gran afecto.
-señorita Refugio, este era mi último viaje, en unos días tendré un
nuevo empleo que me permitirá permanecer en tierra. Si requieren de
ayuda, no duden en solicitármela, estoy a sus órdenes.
-señorita Refugio, señorita Aurora, mi nombre es Fermín.
Desgraciadamente solo pude disfrutar de la amistad del capitán
Augusto poco menos de un año. Sin embargo, en este tiempo llegué a
apreciarlo y para mí será un honor seguir cultivando la amistad de
sus familiares más cercanos. Si ustedes me lo permiten, vendré a
visitarlas frecuentemente. Tuve en gran estima al capitán y aunque
les parezca extraño, empiezo a sentir un cordial afecto por ustedes.
La tía Refugio dio su consentimiento y después de recordar con
melancolía las proezas del difunto, los tres hombres se retiraron.
CAPÍTULO II.
Las mujeres se obligaron a tratar de dormir, ninguna de las dos
consiguió hacerlo.
La tía Refugio, acostada en la cama pasaba una tras otra las
desgastadas cuentas del rosario y rezaba en voz baja por el eterno
descanso de su hermano.
Aurora bajó hasta la playa acompañada por Nuru y sentada en el muelle
contempló el mar con los ojos llenos de lágrimas.
Nuru se mantuvo acurrucado junto a su ama, solidario a su pena lamía
de vez en cuando el húmedo rostro de Aurora y gemía.
Acostumbrados a trasnochar, Gabriel y Mateo se despidieron de Fermín
cuando cerraron el bar "La Sirena" para seguir la parranda a la
orilla del mar. Bajaron las escaleras de madera que conducían a la
solitaria playa y sentados en las escolleras que servían como
rompeolas, dieron rienda suelta a la preocupación que les revoloteaba
en la cabeza.
-Gabriel, Augusto no estaba borracho cuando cayó al mar. Lo conocí
bien y sé que él jamás probaba ni una gota de alcohol en horas de
trabajo. Estoy seguro de que alguien lo quitó de su camino porque le
estorbaba.
-Opino lo mismo: ¿sabes que es lo que creo?.
-¿Que los que metieron la droga en el barco se encargaron de él
porque los descubrió?.
-Así es. Examinemos los acontecimientos: Augusto recibe un anónimo
que le informa que entre las mercancías que traemos en la bodega
viene un contenedor repleto de droga. El informante conoce la clave
de registro del embarque e indica al capitán que se deshaga de él
antes de tocar puerto. Augusto se encabrona, me muestra el papel y me
dice que no puede avisarle por radio a mi padre porque si la armada
intercepta el mensaje, la empresa Pacheco y asociados se verá
envuelta en problemas de narcotráfico y su reputación se verá
afectada. También pensamos en que la armada naval detendría nuestros
embarques hasta que la investigación terminara. Posiblemente él y mi
familia tendrían que cargar con un crimen que no cometieron.
-¿Constataron que el anónimo decía la verdad?... ¿Venía la droga en
el barco?.
-Mateo, verificamos el contenedor y descubrimos que la información
era correcta. Fue en ese momento cuando Augusto exigió que el
contenedor fuera arrojado al mar. La tripulación pensó que se había
vuelto loco, Juan el contramaestre le pidió una explicación, Augusto
nos llamó a su cabina y nos mostró el anónimo a seis de sus mejores
amigos.
-Tú, Juan, Arturo, Víctor, Fermín y yo.
-Sí, entre todos empezamos a observar al resto de la tripulación con
la finalidad de descubrir quien fue el que introdujo el anónimo por
debajo de la puerta del camarote del capitán.
-Gabriel: ¿por qué alguien se tomó la molestia de informar que "El
Pánuco" transportaba un contenedor con droga?.
-Eso es lo que no logro entender, si las autoridades portuarias lo
descubrían, los únicos afectados seríamos los Pacheco y Augusto. Al
tirarlo al mar, los perjudicados fueron los traficantes.
-El informante nos hizo un favor. ¿Por qué se encubrió en el
incógnito?... ¿Tendría miedo a las represalias de los traficantes?...
¿Cómo se enteró que transportábamos droga?.
-Eso es lo que debemos averiguar, se lo debemos a Augusto y a su
familia.
-Pobre muchacha, primero pierde a su madre y ahora tiene que afrontar
esta tragedia.
-Así es Mateo, pobre Aurora. Es aún muy joven y tendrá que hacer
frente a la vida sin el apoyo de un padre y una madre,
afortunadamente tiene a la tía Refugio.
-Y a nosotros. Porque. ¿Sabes que?... Veré el modo de convertirme en
un verdadero tío, ampararé a esas mujeres como si fueran de mi propia
sangre. No tengo familia ni perro que me ladre, así que las adoptaré.
-¡Jajaja!... Ambas son lo bastante grandecitas, lo más probable es
que terminen por adoptarte a ti.
-Dios te oiga, la idea me entusiasma, no hay nada mejor para un viejo
y solitario lobo de mar que una familia que lo espere con afecto en
casa.
-Mateo. ¿Nunca te casaste?.
Una sonbra de nostalgia ensombreció el curtido rostro del marino. Se
apuró a libar unos tragos de ron directamente de la botella y
entrecerrando los ojos miró la infinitud del mar. Tristes recuerdos
acudieron a su memoria, Gabriel permaneció en silencio a su lado
esperando pacientemente la respuesta.
-Hace mucho tiempo tuve una esposa y un hijo. Ambos perdieron la vida
en un accidente ferroviario. Mi esposa estaba embarazada de lo que
sería nuestro segundo hijo, lograron sacarla con vida de entre los
retorcidos hierros del vagón, solo para que muriera minutos antes de
que llegara al hospital. Mi pequeño hijo tuvo la misma suerte que su
madre, él murió en el momento del descarrilamiento.
-Lo lamento, no fue mi intención atraer a tu memoria tales recuerdos.
-Olvídalo, eso vivirá siempre conmigo, me he acostumbrado y puedo
decir que aprendí a tolerarlo. Volvamos al tema principal, a lo que
nos mantiene despiertos. ¿Qué haremos para limpiar el nombre de
Augusto?.
-Primero iremos al sitio en donde guardaron la carga
del "Pánuco",quiero examinar nuevamente su contenido. Luego le e diré
a mi padre que necesito unas vacaciones y dedicaré esos días para
averiguar quién escribió ese anónimo.
-Tu padre piensa que Augusto estaba borracho, no quiere que la
policía intervenga en el asunto, se atrevió a comentar que
posiblemente tenía algo que ver con los traficantes. Eso me ha dolido
mucho, Augusto trabajó para tu familia por más de treinta años.
-A mi también me molestó el comentario de padre, al igual que tú,
desde que tengo uso de memoria Augusto se convirtió en un protector y
amigo. Hizo por mí más de lo que hizo padre. Hasta me reconcilió con
él y logró convencerme para que retornara a trabajar en la empresa.
Padre en lugar de agradecérselo ensucia el recuerdo de su honor con
comentarios carentes de fundamento.
-Don Guillermo solo repitió lo que la mayoría le dijo, recuerda que a
excepción de tu primo Fermín, tú y yo; todos los demás testigos
afirman que el capitán no estaba en sus cinco.
-Pues nosotros demostraremos lo contrario, mañana mismo iniciaremos
las averiguaciones pertinentes. Mira, extraje el anónimo de entre las
cosas de Augusto.
-No creo que nos sirva de mucho, está escrito con una plantilla y con
un lápiz común y corriente.
-Te equivocas, usaron un portaminas con una puntilla muy delgada y
una calidad de línea de un lápiz h4 o similar. Por si fuera poco, la
regleta tiene mellada la c mayúscula.
-¿Eso que significa?.
-Que nuestro sospechoso es una persona familiarizada con el dibujo.
¿Cuántos hombres relacionados con ese oficio navegaban con nosotros?.
-Que yo sepa solo Fermín, Arturo y tú, usan esas cosas.
-Como yo estoy seguro de que no hice ese anónimo, la lista se reduce
a dos.
-Tu primo no tiene ningún motivo para escudarse tras un anónimo, él
hubiera acudido directamente a ti o al capitán. Así que él también
está descartado y solo nos queda en la lista Arturo.
-Mañana hablaré con mi padre para solicitarle unos días de descanzo,
no creo que me los niegue, llevo tres años trabajando continuamente
los siete días de la semana. Daré una vuelta por las bodegas de la
naviera, pasados los nueve días de la muerte de Augusto después de
rendirle honores en el mar, interrogaremos a Arturo y por las buenas
o por las malas, nos dirá cómo se enteró que"El Pánuco" transportaba
droga.
-Gabriel, está amaneciendo, será mejor que vayamos al "Tritón" para
darnos un buen baño y para poder echarnos una dormidita antes de
emprender una nueva jornada. No me gustaría hacer esperar a la
señorita Refugio y a su sobrina, recuerda que nos invitaron a
desayunar.
-Tienes toda la razón, estoy seguro de que las mujeres estarán
ansiosas por saber más a cerca del accidente. También querrán ir a
depositar una ofrenda floral en el lugar donde Augusto cayó al mar.
El "Tritón" era un pequeño yate, poseía cocina, comedor, tres
minúsculos camarotes con dos literas cada uno, un cuartos de baño,
bodega y otros servicios distribuidos en doce metros de eslora por
cinco de manga. Gabriel lo había diseñado y dirigió personalmente la
construcción del mismo.
A diferencia de su primo Fermín, que siempre había permanecido al
lado de don Guillermo sumiso y obediente, Gabriel y su padre jamás se
habían llevado bien, ambos mantenían una relación tensa.
Por eso Fermín gozaba de los privilegios de un primogénito, el tío
congeniaba muy bien con su sobrino favorito y desde que el chico
tenía cinco años lo llevó a vivir con él. Lo único que le dijo a su
esposa es que el chico era hijo de un pariente lejano, que estaba
huérfano y que era su obligación hacerse cargo de él.
La madre de Gabriel crió al sobrino de su esposo al lado de su hijo,
prodigándole cariño y cuidados. Como ambos niños eran de la misma
edad, trató de que congeniaran y que fueran como hermanos. La señora
murió cuando Fermín y Gabriel contaban con once años de edad y su
educación quedó en manos de don Guillermo y los criados.
Don Guillermo se complacía en enfrentar a los chicos, provocándolos a
que compitieran entre ellos para alcanzar su aprobación. Cuando
Gabriel cumplió quince años dejó de competir con su primo, porque se
dio cuenta de que hiciera lo que hiciera, su padre tenía una marcada
predilección por Fermín. A los dieciocho años, cuando alcanzó la
mayoría de edad, se marchó de la casa paterna y estudió para marino
mercante.
Gracias a la herencia de su madre, pudo costear sus estudios y
hacerse del "Tritón".
CAPÍTULO III.
Muy a su pesar, don Guillermo le concedió a Gabriel quince días de
vacaciones, no sin antes prohibirle terminantemente que involucrara
a la policía, él no deseaba enterar a las autoridades que en su barco
se encontró un contenedor con droga. Durante los primeros nueve se
dedicó a hacer indagaciones entre los tripulantes y en las bodegas.
Frecuentaba cotidianamente a la hija y a la hermana del capitán
Augusto en compañía de Mateo. Este último estaba trabajando en el
único cine de la localidad.
Hasta el momento, habían ocultado a las mujeres las sospechas que
tenían acerca de la muerte del capitán. Generalmente pasaban el
tiempo charlando sobre anécdotas de viajesdespués de los rezos por el
eterno descanso del difunto, que se efectuaban por las tardes en la
casa del capitán, a los cuales acudían puntualmente los vecinos,
incluyendo peculiarmente a Fermín y Arturo.
En la noche del octavo día, Refugio y Aurora le indicaron a Gabriel
que deseaban que la ceremonia del mar fuera íntima y sencilla. Solo
asistirían ellas, Mateo, Fermín, Arturo y él. Puestos de acuerdo, se
despidieron quedando de reunirse a la mañana siguiente en el muelle
en donde se hayaba anclado el yate de Gabriel.
Poco antes del amanecer, dos siluetas femeninas vestidas con
pantalones de dril negro y blusas blancas caminaban silenciosamente
por el muelle destinado a los yates.
-¡Mamacitas!... ¿Por qué tan solas?... ¡Aquí está su rey!... ¡Puedo
darles gusto a las dos!.
Un enorme hombre con aroma a ron las tomó por la cintura y las
estrechó de espaldas contra su pecho metiéndose entre ambas. Las alzó
para introducirlas en su embarcación que se hallaba anclada a unos
cuantos metros de distancia.
-¡Desgraciado gañán!... ¡Vaya a divertirse con la más vieja de su
casa!.
Usando su monedero, Refugio golpeó al hombretón con todas sus
fuerzas, mientras que Aurora hacía lo propio con sus pequeños puños.
-¡Por todos los Santos!... ¡Usted tiene cuerpo de tentación y cara
de arrepentimiento!.
-¡Lépero!... ¡Grosero atrevido!... ¡Suéltenos ahora mismo!.
-¡Haga el favor de soltarnos!. ¡No tiene derecho a tratarnos así!.
-Oh. Por lo menos tú estás como un ángel, valió la pena madrugar.
-¡Libere ahora mismo a las señoritas!... ¡Quítele las manos de
encima!. Fermín se plantó frente al hombretón y con las manos en
posición de lucha lo desafió.
-¡Metiche!... ¡Búscate otras viejas para entretenerte!... ¡Ocúpate de
tus propios asuntos y déjame en paz!.
Fermín lanzó un fuerte golpe en la quijada del desconocido, el hombre
se tambaleó y liberó a sus prisioneras.
Aurora recogió el ramo de flores que se la había caído al suelo
cuando las interceptaron y abrazándolo corrió de la mano de su tía
hacia una banca de concreto para protegerse de la pelea.
El hombretón silbó y al instante, se le unieron tres compañeros.
Fermín sacó una navaja para defenderse, se dio cuenta de que no
serviría de mucho, pues los otros también sacaron las suyas.
Antes de que le pudieran hacer daño, Gabriel y Mateo, acudieron en su
ayuda. Para alivio de Fermín y de las mujeres, atraídos por la
revuelta otros marinos se acercaron al lugar y reconociendo a la
hermana y a la hija del capitán Augusto, intercedieron a favor de
Fermín, Gabriel y Mateo.
Se encargaron del marino borracho y de sus compañeros, para que
Gabriel y sus amigos pudieran trasladar a las damas hacia el "Tritón"
sin mas contratiempos.
-Discúlpenme, debí ir por ustedes para escoltarlas, no pensé en el
peligro que correrían viniendo solas.
-No se preocupe don Mateo, afortunadamente Fermín llegó a tiempo,
tanto mi sobrina como yo, estamos bien. Ya ha pasado el susto.
-Señorita Aurora, si me lo permite, llevaré esas flores al "Tritón".
-Sí, permita que mi primo Gabriel cargue con esas flores y usted tome
mi brazo. Para mí será un honor conducirla hacia el yate.
-Gracias don Fermín, don Gabriel, son ustedes muy atentos.
-Todo es poco, usted merece esto y más. Fermín entrelazó
confianzudamente su brazo con el de Aurora después de colocar las
flores en los brazos de su primo.
Gabriel caminó enfurruñado por delante del cortejo, Refugio iba con
Mateo, Fermín con Aurora y él con las flores.
-Pinche Fermín, seguramente intentará desplegar sus dotes de
conquistador con esa chiquilla. Ni siquiera respetará el luto por el
capitán. Esa muchacha caerá rendida a sus pies antes de que concluya
el novenario. Así pensaba Gabriel Pacheco mientras la sangre se le
calentaba.
Con agilidad brincó del muelle a la cubierta del yate, depositó el
macizo de flores en el suelo y se apresuró a tender los brazos para
recibir a las damas. Con un pie en la borda y el otro bien plantado
en cubierta, esperó que Fermín liberara a Aurora.
Gabriel se quedó absorto ante la belleza de Aurora, ella estaba
frente a él, de pie en el muelle, aguardando a que la ayudara a subir
en la embarcación.
Fue como si el tiempo se congelara para que Gabriel pudiera admirarla
detenidamente y se dijo para sus adentros:
-Posee una gracia natural, es esbelta, está llena de salud y vida.
Respira paz, su porte es elegante, airoso, aunque vista con
sencillez. Se ve que es una mujer inteligente, un halo de pureza se
refleja en sus modales y andar. Ahora sus ojos se ven tristes, pero
estoy seguro que generalmente esos ojos almendrados de tupidas
pestañas siempre se ven alegres y vivaces. Ah, y esos labios, son
generosos, frescos, encarnados, a pesar de que la boca sea pequeña.
Sus pechos son pequeños y levantados, su cadera redonda y firme,
sería la perfecta modelo para un pintor o escultor.
-Primo: ¿por qué no pones una tabla?.
-Porque no la tengo. Señorita Aurora, deme usted su mano, le aseguro
que no la dejaré caer al mar.
Por primera vez, Aurora prestó atención al marino que le tendía los
musculosos brazos. Era un hombre tostado por el sol, su despeinado
cabello rojizo delataba las incontables horas que había sufrido la
inclemencia del sol y la brisa marina. El rostro delineado por una
mandíbula cuadrada y fuerte, una nariz recta, labios gruesos, ojos
verdes, en ese momento reflejaba enfado.
Cuando las manos de Gabriel envolvieron las de Aurora, notó la fuerza
y la aspereza que emanaba del fornido cuerpo del hombre que la
sostenía. Esto la hizo pensar:
-Este hombre es como mi padre, lleva el mar en el cuerpo. Su mirada
refleja bondad y determinación, se nota que está acostumbrado a dar
órdenes y hacerlas cumplir. Es muy velludo, me pregunto si tendrá que
rasurarse dos veces al día como lo hacía papá.
Gabriel mostró una sonrisa que dejó ver sus grandes y blancos
dientes. Luego se inclinó y depositó suavemente a la muchacha sobre
la cubierta. Fermín saltó detrás de Aurora y enseguida la apartó del
primo.
-Vamos Gabriel, ayuda a la señorita Refugio, yo atenderé a la
señorita Aurora.
Los ojos de Gabriel reflejaron desprecio, Aurora se percató de ello,
confundida se apartó de Gabriel y aceptó gustosa la mano de Fermín.
-Como siempre, Fermín está al asecho, listo para saltar sobre la
liebre a la menor oportunidad. ¿Por qué diablos accedí a que nos
acompañara?... Tengo ganas de echarlo por encima de la borda.
¡Maldito seductor!.
Estaban soltando amarras y levando ancla, cuando Arturo llegó
corriendo y saltó temerariamente sobre la cubierta del "Tritón".
-¿Pensaban abandonarme?... ¿Por qué no me esperaron?.
-¿Cómo diablos querías que supiéramos que ibas a venir?. Ayer no
dijiste nada.
-Gabriel, modera tu vocabulario, recuerda que entre nosotros vienen
dos damas.
Fermín abochornó deliberadamente a su primo, Gabriel apretó los
dientes y sin decir nada se encaminó hacia la cabina de mando para
tomar el timón.
-Señoritas, por favor disculpen a mi primo Gabriel, es un hombre de
mar que a veces olvida los buenos modales, espero que su
impertinencia no las ofenda.
- Fermín, despreocúpese, mi sobrina y yo estamos acostumbradas a
escuchar una que otra palabra discordante. Mi hermano se moderaba
delante de nosotras, pero en ocasiones se le escapaba una que otra
palabrota.
- Fermín, usted y su primo son muy diferentes, pensé que se habían
criado juntos y que habían recibido la misma educación.
-Señorita Aurora, yo estudié en la mejor universidad, mientras que
Gabriel solo realizó un insulso estudio para marino. ¿Qué se puede
esperar de él?... Ambos tuvimos las mismas oportunidades, mi tío nos
otorgó todo su apoyo, Gabriel es demasiado cabezota y desafió a su
padre para andar de trotamundo.
- Fermín, mi hermano Augusto siempre dijo que el joven Gabriel se
parecía mucho a su padre, estaba seguro que el muchacho poseía
talento administrativo y que cuando llegara el momento de hacerse
cargo de la empresa Pacheco, no defraudaría las expectativas del
padre.
Mientras Fermín platicaba con las damas en la cabina que servía como
comedor y sala, Gabriel, Mateo y Arturo; se preocupaban por la densa
niebla que envolvía el yate.
-Mateo: ¿Puedes ver algo hacia barlovento?.
-Esta bruma está tan espesa que puedo decir que sería posible
cortarla con un cuchillo. No me permite ver nada más allá de la proa.
-Arturo: ¿tú puedes ver algo hacia sotavento?.
-Casi nada, pero eso no importa, será mejor que todos fijemos nuestra
atención a barlovento pues el yate navega en esa dirección, sería muy
desagradable que chocaras contra alguna lancha de pescadores.
-Lo sé, por eso estoy navegando con los motores al mínimo y sin
perder de vista la brújula.
-Esto no me gusta, el "Tritón" ha empezado a cabecear y hay un
borneo, el viento a cambiado de dirección.
El yate se movía elevándose y descendiendo alternativamente la proa y
la popa debido a las altas olas que se estrellaban contra la popa.
Cabeceaba bruscamente, sin que Gabriel pudiera hacer algo para
evitarlo.
-¿Qué sucede?... La bruma persiste y este viento que ha empezado a
soplar tan repentinamente me desagrada. Sospecho que no traerá nada
bueno.
-Pierda cuidado señorita Refugio, está entre expertos marinos.
- Fermín, es innegable que la experiencia sirve de mucho en
circunstancias difíciles, pero los accidentes a veces son inebitables.
-Mi sobrina se refiere a lo que le ocurrió a su padre, tenga en
cuenta que todo esto nos ha resultado terriblemente difícil y debido
a los recientes acontecimientos, el mar nos infunde cierto temor.
-Señorita Refugio, Aurorita, no teman, manténganse asidas a los
asientos, verán como este imprevisto termina sin consecuencias.
-¿Usted se reunirá con los demás hombres?... Quizás ellos lo
necesiten.
-Señorita Aurora, mi deber es velar por usted y su tía, ellos se las
arreglarán sin mi ayuda.
Un violento viraje alertó a todos y les advirtió que se encontraban
en peligro.
-¿Qué demonios pasa?... ¿Por qué has detenido el motor?.
-Mateo, no hice tal cosa, se detuvo solo.
-¡Gabriel!... ¡Mateo!... ¡Miren los instrumentos de navegación!.
Señaló Arturo sorprendido.
-Gabriel, Arturo; qe raro, la brújula se ha vuelto loca y los demás
instrumentos actúan igual. ¿Qué será?.
-¡Por Dios!... ¡Son las siete de la mañana y todo está obscuro!...
Traigan una linterna porque nos hemos quedado sin energía.
-Será mejor que vayamos a revisar que le ha sucedido al motor. Miren,
el mar está en calma, semeja un lago.
-Mateo, el viento también ha sesado. ¿Alguna vez te había pasado algo
así?.
-No Gabriel, en mis treinta años de marino jamás he visto algo como
esto. Me atrevo ha decir que han saboteado tu yate.
-¡Hey!... ¿Qué sucede?... ¿Por qué han detenido las máquinas?.
-Nosotros no entendemos que es lo que ocurre, aparentemente el motor
está bien pero alguien perforó el depósito del combustible.
Le respondió Mateo a Fermín después de haber revisado el motor.
Gabriel y Arturo se les reunieron en la cubierta y Gabriel les
informó:
-Los instrumentos están imantados, la radio no funciona, creo que
alguien intenta dificultarnos la navegación.
-Gabriel: ¿crees que esto tenga relación con lo ocurrido en
el "Pánuco"?.
-Arturo: ¿Qué más puede ser?. Estoy seguro de que las mismas personas
que introdujeron el contrabando en el barco y provocaron el accidente
del capitán Augusto están detrás de todo esto.
-¡Por Dios!... ¿Está usted diciendo que mi padre fue asesinado?.
Los hombres se consternaron al ver que Aurora se encontraba frente a
ellos y que los había escuchado. No deseaban que la muchacha se
enterara de sus sospechas, pero al escucharlos, exigió que le dijeran
la verdad. Estaba indignada y Mateo fue el encargado de dar las
explicaciones a las dos mujeres, mientras que Gabriel y los otros dos
jóvenes arreglaban el motor.
-Mateo: ¿usted cree que mi hermano fue asesinado por la misma persona
que introdujo el contrabando en el "Pánuco"?.
-Refugio, Gabriel y un servidor estamos seguros de que así fue.
Aurora y Refugio contuvieron las lágrimas, ambas estaban indignadas,
furiosas a causa de la forma en que Augusto había muerto. Insistieron
en denunciar los hechos a la armada naval, Mateo logró persuadirlas.
Refugio descargó parte de su irritación sobre el pobre Mateo al
reclamarle:
-¿Pensaban mantenernos engañadas?... ¿Por qué no mencionaron todo
esto cuando nos dieron la noticia?. Acaso. ¿están implicados en el
contrabando?... ¿Nos han traído aquí para hacernos desaparecer en el
mar?.
-¡Claro que no!... Nosotros lo único que pretendíamos al ocultar
nuestras sospechas, era evitarles un sufrimiento mayor. Siempre es
menos duro pensar que un ser querido ha muerto por un accidente
casual, que asesinado. Gabriel y yo emprenderemos una minuciosa
investigación, de hecho, Gabriel ha interrogado a todos los
tripulantes y tiene algunas pistas. Hoy mismo, después de dejarlas a
ustedes en el puerto, pretendíamos retornar al lugar en donde guardan
la bitácora de navegación del "Pánuco".
-¿Para que?... Además: ¿Cómo hará para que se la den?... Ese libro
fue incautado por la compañía, don Guillermo dijo que cuando lo
copiaran nos lo devolverían.
-Gabriel tiene mucho interés en leer la bitácora, cree que en ella
puede encontrar alguna pista. Ambos poseemos buenos amigos, estoy
seguro que nos dejarán echarle un vistazo.
Arturo interrumpió las aclaraciones al preguntar mientras preocupado
veía al cielo:
-¿Alguien escuchó el pronóstico meteorológico?.
Todos negaron haberlo hecho y se reprocharon la falta de previsión.
Fermín colocó unas baterías a un radio comercial y sintonizó la XEU,
estación radiofónica en la cual daban con regularidad el pronóstico
del tiempo.
-Seamos pacientes, de un momento a otro nos enteraremos de la causa
de esta niebla.
-Fermín, navegamos a la deriva, mientras escuchamos el radio será
mejor empezar a improvisar una vela.
Le dio la razón a su primo y entre todos hicieron lo necesario para
guindar una precaria vela hecha con trapos y camisas en la parte más
alta del "Tritón".
CAPÍTULO IV.
El pronóstico meteorológico que escucharon por medio del radio
comercial no fue halagüeño. Confirmó lo que los cuatro marinos y las
dos mujeres presentían. Fuertes vientos del norte azotarían el
litoral del Golfo. Gabriel maldijo su falta de precaución y cuando el
viento comenzó a soplar, utilizó la vela con destreza para acercarse
a la costa. Para mala suerte de todos, esta se rasgó antes de que
estuvieran lo suficientemente cerca de la playa.
-¡Gabriel!... ¡El "Tritón" se dirige hacia el arrecife!.
La voz de Arturo alertó a todos. Los únicos cuatro chalecos
salvavidas fueron entregados a Refugio, Aurora, Fermín y Mateo.
Arturo y Gabriel sacaron también una balsa infladle previendo que
el "Tritón" encallaría en el arrecife. Todo sucedió tan rápido, que
ni siquiera les dio tiempo de subir a la balsa. Los seis se sujetaron
como pudieron de la balsa cuando el "Tritón" volcó y se empezó a
undir.
Entre Arturo y Mateo se hicieron cargo de sujetar a Refugio para que
se asiera de las cuerdas de la balsa. Aurora no tuvo tanta suerte, un
golpe de mar la hizo caer de la cubierta del "Tritón" antes de que se
pudiera asir. Gracias al chaleco salvavidas se mantuvo a flote, sin
embargo, el fuerte oleaje le impedía acercarse a sus amigos. Gabriel
desafió a la suerte y se lanzó al mar para intentar atraerla a la
balsa.
-¡Estamos cerca de la Isla Funesta!... ¡Intentemos llegar a allá!.
Gritó Fermín con desesperación, en tanto que Refugio decía:
-¡Aurora!... ¡Aurora será tragada por el mar!... ¡Por favor!...
¡Hagan algo por ella!.
-Lo siento mucho señorita Refugio, Gabriel hará todo lo que pueda por
acercarla a la isla. Nosotros debemos ponernos a salvo.
Le respondió Arturo y Mateo trató de consolar a la mujer agregando:
-Gabriel nada muy bien, estoy seguro de que su sobrina y él lograrán
llegar sanos y salvos a tierra.
Gracias al esfuerzo de todos, la balsa fue arrojada a la playa de la
isla y pronto se encontraron de pie escudriñando el mar en busca de
Gabriel y Aurora.
Con uno de los fajos del chaleco, Gabriel se ató con Aurora y entre
ambos desafiaron al embravecido mar. Las olas los zarandeaban
sumergiéndolos, elevándolos en su cresta, haciéndolos bailar de
terror. Con cada embate perdían fuerzas, Gabriel pensó que ambos se
ahogarían y estaba a punto de desistir cuando una enorme ola los alzó
y los aventó en la playa. Sujetándose por la cintura, se pusieron de
pie y comprobaron que el agua no los cubría. Caminaron abrazados
hacia la orilla, poniéndose a salvo.
-Creí que no lo íbamos a lograr.
- Gabriel, si hubiera estado sola, jamás lo hubiera logrado. Gracias
por acudir en mi auxilio.
-Dios nos ha salvado a los dos, espero que los demás estén también a
salvo.
-Ruego a Dios que sea así. ¿Donde estamos?.
-No estoy seguro, creo que es la costa norte de la Isla Funesta
porque este lugar se parece a lo que conozcí de ella hace unos
quince años.
-Nunca estuve en esta isla, papá decía que estaba maldita. ¿Conoce la
leyenda?.
-Dicen que un grupo de mujeres Totonacas se refugiaron aquí junto con
sus hijos. Los conquistadores las descubrieron, asediaron la isla
hasta que las mujeres sucumbieron.
-Papá fue más preciso que usted. Él me contó que muchas de las hijas
de la nobleza indígena se escondieron aquí. Eran mujeres muy bellas,
poseían joyas y ropajes de acuerdo a su rango y linaje. Los
conquistadores las atacaron, las violaron, robaron sus pertenencias y
las abandonaron a su suerte al hundir las canoas que las comunicaban
con la tierra firme. La isla tiene un manantial de agua dulce, el
suelo es rocoso, casi no genera vegetación, las mujeres fueron
muriendo poco a poco. Durante la cuarta o quinta incursión de sus
verdugos, la última sobreviviente los encaró y les lanzó una
maldición.
-Sí, lo sé: "¡Este lugar es nuestra tumba!... ¡Maldito sean los que
vengan a perturbar la morada de las reinas y princesas!... ¡Maldita
sea su carne y su desendencia!".
-Tengo entendido que la maldición tuvo éxito porque durante muchos
años la isla permaneció deshabitada y que cuando la quisieron
colonizar, las diez familias que se establecieron enfermaron
misteriosamente de un mal en la piel que losmató lentamente.
-¿Aurora: ¿usted cree en esa leyenda?.
-Generalmente considero a las leyendas como algo basado en un hecho
verídico que al paso del tiempo se va desvirtuando a causa de la
fantasía. Lo cierto es que nadie vive aquí y que durante siglos a
permanecido en estado salvaje, eso me infunde respeto y hasta temor.
No soy supersticiosa, me inclino a pensar que talvez hay algún tipo
de virus en el agua dulce o en el ambiente que provoca que las
personas que intenten habitarla enfermen.
-Es usted una chica inteligente, me hubiera gustado conocerla bajo
otras circunstancias.
Aurora guardó silencio, experimentaba nuevas sensaciones cuando
estaba cerca de Fermín o Gabriel. Ambos eran atractivos, cada uno en
su estilo. Gabriel blasfemaba en voz alta y sus modales eran mas bien
bruscos, mientras que Fermín era un tipo refinado que jamás
manifestaba ni un ápice de mala educación. Un asomo de culpa hizo que
se le encogiera el corazón. La muerte de su padre estaba reciente y
ella tenía que concentrar toda su atención en descubrir al culpable.
A sus espaldas se extendía el mar, al frente podían contemplar la
pared vertical de un acantilado.
-Señorita Aurora, Tenemos que alejarnos de este lugar, la marea está
subiendo y la playa quedará cubierta por el agua en poco tiempo.
-¿Cómo lo haremos?... El camino a derecha e izquierda está bloqueado
por el mar y será imposible escalar el acantilado.
-Tennemos que hacer lo posible para trepar en alguna de las salientes
del acantilado, puesto que es el único camino. Deme el chaleco
salvavidas, las correas nos servirán.
Gabriel anudó las correas, le hizo un lazo en un extremo y lo afianzó
en la saliente de una roca que se encontraba a dos metros por encima
de su cabeza. Trepó ágilmente, se afirmó en la saliente y dijo:
-Anúdese la correa a la cintura, la ayudaré a subir.
Como buena hija de marino, se ató la correa y empezó a trepar. El
viento provocaba que la frágil figura de Aurora perdiera el apoyo y
columpiara peligrosamente. Una fuerte ráfaga hizo que se golpeara la
cabeza contra las filosas rocas y un hilo de sangre le escurrió por
el rostro. Gabriel se preocupó y tiró de la correa con rapidez.
Cuando la tuvo a su lado, la colocó con la espalda recargada en la
pared y le examinó la herida.
-Despreocúpese, solo ha sido un rasguño, estoy bien.
-Me temo que tendremos que permanecer aquí y rogar que aguantemos la
hipotermia.
Con los restos del salvavidas improvisó un escudo que los protegió
del viento y la brisa marina. Acercaron sus cuerpos para darse mutuo
calor, Aurora sabía los principios básicos de supervivencia y Gabriel
consideró que el capitán Augusto había sido excelente maestro.
De una pernera del pantalón sacó una botellita plana que contenía
brandy y virtió un poco sobre la herida de la cabeza de Aurora.
La joven dio un respingo y gimió por el ardor.
-Don Gabriel, no desperdicie su brandy, la herida es superficial y el
brandy nos puede hacer falta para mantenernos calientes.
-Está bien, lo guardaré, pero quiero pedirte que me dejes de llamar
don Gabriel. ¿Por qué no me tuteas?. Solo soy unos cuantos años mayor
que tú. ¿Te puedo tutear?.
-Creo que podemos hacerlo, a fin de cuentas tendremos que permanecer
en esta saliente por varias horas, eso servirá para conocernos mejor.
Aurora se relajó y aceptó beber unos sorbos del brandy, Gabriel
sonrió mientras la contemplaba. Los ojos color de miel de la joven
transmitían la identidad de una muchacha apacible y dulce, sus
mejillas sonrosadas, tersas, suaves, eran tan apetitosas como
aquellos labios virginales que invitaban a ser besados.
-Gabriel, la muerte de mi padre ha sido un duro golpe, todavía pienso
que él está vivo y que cuando vuelva a casa me estará esperando.
-Eso es comprensible, desgraciadamente no pudimos rescatar su cuerpo.
Tu mente se niega a aceptar su muerte porque no hay un cadáver y
porque no lo viste caer del barco.
Los ojos de Aurora se humedecieron, Gabriel le pasó un brazo por los
hombros para atraerla hacia él y darle consuelo. Ella entrelazó las
manos, apoyó la mejilla en el pecho de él y murmuró:
-Creo que jamás se me pasará esta tristeza, mi único anhelo es que
descubran quién lo asesinó y por qué lo hizo.
-Seguramente descubrió quien estaba implicado en el contrabando de la
droga. Tal vez el capitán haya dejado alguna pista. ¿Revisaste el
maletín que te entregamos?.
-No tuve tiempo de hacerlo, será lo primero que haga cuando volvamos
a casa. ¿Tú no lo hiciste?.
-Sí, pero quizás se me escapó algún detalle.
CAPÍTULO V.
Arturo y Fermín recorrían la playa de la isla buscando a Gabriel y
Aurora. Mateo se encaminó hacia el interior en compañía de Refugio,
se guarecerían en una de las viejas construcciones que aún quedaban
en pie.
Refugio seguía siendo atractiva, a sus cuarenta y pico de años, se
mantenía en forma y poseía un cutis envidiable. Los pocos hilos de
plata que adornaban su blonda cabellera negra, le daban un atractivo
peculiar a su rostro trigueño.
Mateo la sostenía del brazo y le aseguraba que su sobrina y Gabriel
se encontraban a salvo. Confiaba plenamente en la buena suerte del
joven, le contó algunas anécdotas en las que Gabriel había salvado
milagrosamente la vida.
-Tengo la certeza de que pronto se nos unirán los cuatro jóvenes,
démonos prisa para llegar a las ruinas, así tendré más tiempo de
encender un fuego para secarnos.
-Mateo: ¿Cómo lo hará?... Dudo que traiga cerillos y si los trae,
dudo que estén en condiciones de servir.
-Estimada Refugio, me está subestimando, soy un marino, sé sobrevivir
en condiciones adversas. Verá usted como en unos minutos estaremos
sentados en torno a una fogata.
Mientras tanto. Arturo y Fermín habían encontrado a Gabriel y Aurora.
La marea había subido y las olas se estrellaban contra la saliente en
la que se guarecían.
Usando las correas de los salvavidas y algunas cuerdas de la balsa,
completaron siete metros de tralla. Desde lo alto del acantilado
lanzaron un extremo con la finalidad de que Gabriel lo atara a la
cintura de Aurora.
Lo único que tuvo que hacer la joven fue asirse con ambas manos y
usar las piernas para mantenerse alejada de las rocas mientras Fermín
y Arturo la elevaban.
Una vez a salvo, Fermín la apartó de la orilla del desfiladero, para
instalarla entre unos matorrales que la protegerían del inclemente
viento. Arturo volvió a arrojar la cuerda y Gabriel se la ató del
mismo modo que lo hizo con Aurora. Cuando Fermín se reunió con
Arturo, lo empezaron a izar.
El viento bramaba furioso, chocaba contra las rocas, agitaba el mar,
destrozaba la poca vegetación; provocando que la isla Funesta
pareciera más tenebrosa.
De entre el sonido de la naturaleza, prevaleció el alarido producido
por una garganta humana. Aurora salió de su escondite y se precipitó
hacia la orilla del acantilado. Arrodillados en el borde, con los
rostros impasibles, Fermín y Arturo contemplaban el fondo.
-¿Qué ha ocurrido?... ¿Quién gritó?.
La respuesta de Fermín heló la sangre de Aurora.
-Gabriel ha caído, su cuerpo no se ve por ninguna parte. El agua
está muy revuelta, espero que la resaca no se lo haya llevado mar
adentro.
Fermín rodeó a la joven con un brazo y la apartó de la orilla. Aurora
sintió una punzada de dolor, contuvo las lágrimas y se dejó guiar.
Arturo entrecerró los ojos, tiró el resto de la cuerda al mar , lanzó
una maldición y los siguió de cerca.
-La soga se reventó, pudiste haber sido tú la que cayera al mar.
-Arturo: ¿Qué has hecho con el resto?. Preguntó Fermín sin dejar de
andar.
-Lo tiré, seguramente ha de estar podrido, no serviría de nada
conservarlo.
Fermín arqueó una ceja, hizo una mueca y enfadado lo contradijo:
-En nuestra condición de náufragos todo nos sirve. Has desperdiciado
una posibilidad de supervivencia.
-¡Señores!... ¡Gabriel acaba de ser tragado por el mar y ustedes
discuten por una soga!. Gritó Aurora desesperada.
-Fermín, la señorita tiene razón. ¿Qué mas da una soga?. Tu primo
acaba de morir y tú te preocupas por nimiedades.
-Ambos tienen razón. Vamos, démonos prisa para reunirnos con Mateo y
con la señorita Refugio. Dijo Fermín, Aurora lo detuvo y perpleja
preguntó:
-Pero. ¿No haremos nada por Gabriel ?.
-¿Qué podemos hacer?. Es imposible que haya sobrevivido a una caída
de tal magnitud. Hay muchas rocas en el fondo y además su cuerpo se
perdió entre las aguas.
-Arturo tiene razón, no podemos hacer nada por mi primo. Vayamos a
reunirnos con tu tía y Mateo.
Aurora estaba consternada, guardó silencio durante varios minutos,
intentando sobreponerse a la tristeza que la embargaba. Gabriel había
arriesgado su vida por salvarla y ahora estaba muerto. Hizo acopio de
toda su fuerza y trató de concentrarse en lo que Arturo y Fermín
decían. Con voz vacilante preguntó:
-¿Ellos están bien?.
-Sí Aurora, tu tía y Mateo nos esperan en las ruinas de la antigua
colonia.
Diciendo esto, Fermín se apropió del brazo de la joven y la condujo
tierra adentro.
Por el camino encontraron un altar de piedra que a pesar del tiempo y
del inclemente clima, se mantenía orgullosamente intacto.
-Seguramente esta piedra es el mudo testimonio de los primeros
pobladores de la isla. Pese a los intrusos, prevalece entre las
ruinas de lo que pretendió ser una próspera colonia.
Fermín se detuvo frente al monolito y deslizó la palma de su mano
sobre la superficie áspera.
Aurora aún estaba acongojada por el infortunado deceso de Gabriel y
no hizo caso al comentario de Arturo. Siguió caminando sumida en la
pena y provocó que los jóvenes apresuraran su andar.
Transcurrieron unos cuantos minutos antes de que pudieran divisar las
derruidas casas de los colonos. Vieron el humo que salía de una de
ellas y se apresuraron a llegar.
Mateo y Refugio los recibieron con un fuego acogedor y de inmediato
preguntaron por Gabriel.
Cuando les comunicaron la triste suerte del joven, Mateo se angustió
y salió a buscarlo. Ignoró las afirmaciones de ARTURO y Fermín, ellos
le aseguraron que no podría encontrar ningún rastro del cuerpo.
Todos permanecieron en silencio cuando Mateo, enloquecido, se marchó
en busca de Gabriel. La única que aprobó su decisión fue Aurora.
Durante el transcurso del día, el viento fue aumentando. Mateo hizo
todo lo posible por acercarse al acantilado desde la playa. Se
arrastró entre unas escolleras, estuvo a punto de caer cuando una
enorme ola lo azotó, se aferró a una puntiaguda roca y se mantuvo
firme hasta que recobró la estabilidad para volver a trepar a ella.
Habían pasado varios minutos desde que Gabriel desapareciera y otros
más, desde que Mateo saliera en su búsqueda. Estaba por desistir pero
vió algo que lo animó a exponer la seguridad de la escollera y
adentrarse en la sumergida playa que se encontraba al pie del
acantilado donde había caído Gabriel.
Sabía perfectamente lo peligroso que podía ser, el mar se agitaba
continuamente y podría ocasionar que se golpeara contra las numerosas
rocas que le obstaculizarían llegar hasta donde estaba lo que había
visto.
Aún así, decidió correr el riesgo y con el chaleco salvavidas puesto,
fue avanzando lentamente. Después de que la ola se estrellaba contra
la pared del acantilado, Mateo se apuraba para avanzar un poco y
asirse de la siguiente roca.
Su preocupación no disminuyó cuando vió el cuerpo de Gabriel. Se
encontraba desfallecido, sangrante, cubierto por el agua de los
hombros hacia abajo.
Le gritó varias veces, Gabriel no dio muestras de escucharlo. Estaba
sujeto a la piedra porque inexplicablemente la cuerda que se ató a la
cintura se enganchó en la punta de una de las rocas.
Desde lo alto del acantilado no lo pudieron ver debido a que la roca
estaba inclinada y lo cubría, además se quedó enganchado del lado de
la cara que daba al mar.
Mateo nadó el último tramo que lo apartaba del joven y se tranquilizó
al comprobar que respiraba. La herida de la cabeza no era grave, pero
tenía otro golpe en la sien derecha que le preocupó.
-¿Qué?... ¿Qué pasa?... ¿Qué sucede?... ¡Mateo!... ¿Tú?... ¿Qué
diablos haces aquí?.
-¡Vaya!... ¡Por fin despiertas!. Me tenías preocupado.
-¿Qué te apura?. Solo me eché un clavado.
-Tu primo, Arturo y Aurora nos hicieron creer que estabas muerto,
vine para recuperar tu cadáver.
-Pues me salvé por un milagro. Cuando caí, la ola había llenado la
playa y al retirarse me llevó con ella. Luego me incrustó contra esta
roca y traté de asirme, resbalé, volví a caer al mar y creo que me
golpeé la cabeza por eso no sé que ocurrió después.
-Con toda seguridad el oleaje te estrelló nuevamente y la cuerda que
llevabas atada se enganchó, evitando que te apartaras de la roca.
¿Crees poder nadar para salir de aquí?.
-Estoy molido, me duele todo, solo podré hacerlo si me ayudas.
-Cuenta con ello, soy como un pez en el agua.
Aurora, Refugio y Fermín, se encontraban en espera de Mateo y de
Arturo, este último decidió ir en busca de comida. Variadas aves
habían hecho su guarida en la isla, además estaban las palmeras
cocoteras cuyos frutos el viento había esparcido por todas partes.
Cuando Mateo llegó con Gabriel colgado de sus hombros, Aurora y
Fermín se precipitaron en su ayuda.
-Me he lastimado la pierna izquierda, afortunadamente no está
fracturada.
-Primo, empiezo a pensar que tienes más vidas que un gato. Esa caída
era mortal y tú solo tienes un chinchón en la cabeza y una pierna
lastimada.
-¿Te aflige que haya sobrevivido?.
-¿Qué insinúas?. ¿Por qué dices eso?.
-Fermín, olvídalo, tu primo Gabriel aún está atontado por el golpe.
Gabriel miró ceñudo a Mateo, hubiera querido decirle a Fermín que la
soga que lo sostenía había sido estriada al propósito y que Arturo y
él eran los principales sospechosos. Se contuvo porque Refugio y
Aurora lo miraron inquisitivamente como si desaprobaran sus palabras.
Bastó que Arturo llegara con unos cuantos cocos y una gaviota para
interrumpir la escena y apaciguar los ánimos.
Sin embargo las palabras de Gabriel perduraron en los pensamientos de
Fermín y Aurora, esperando el momento propicio para esclarecerlas.
Por la tarde, el viento del norte había disminuido considerablemente,
los náufragos decidieron circundar la isla con la intención de
encontrar el lugar adecuado y encender una hoguera que sirviera como
señal para que los vinieran a rescatar. Arturo y Fermín caminaron
hacia el norte, Mateo, Gabriel y las mujeres hacia el sur.
CAPÍTULO VI.
Mateo y Refugio iban a la retaguardia de Aurora y Gabriel, se
conservaban a una distancia prudente, de tal manera que las parejas
mantenían la intimidad de sus respectivas conversaciones.
-Gabriel: ¿por qué te mostraste enfadado con Fermín?. Él no tuvo la
culpa de que cayeras.
-¿Por qué lo defiendes?... ¿Te gusta mi primo?.
-Te hice una pregunta y me respondes con dos cuestionamientos que me
niego a responder si tú no me aclaras primero lo que te pregunté.
-La soga que me sostenía fue debilitada con la finalidad de que
cayera y me matara. Fermín siempre lleva una navaja al cinto.
-¡Dios mío!... ¿Lo crees capaz de hacer algo así?.
-Antes no. Ahora, tengo dudas. Mateo y yo pensamos que Arturo había
escrito el anónimo que le enviaron a tu padre, lo interrogué y me
pareció sincero al negar la acusación, ahora sospecho de mi primo.
-Fermín es un hombre atento, respetuoso, elegante; no me lo puedo
imaginar como un asesino.
-Veo que mi primo te ha conquistado, le sucede a todas las mujeres.
Podrías estar enamorándote del asesino de tu padre.
-¡No digas eso!... ¡Fermín es solo un amigo!... ¡No lo creo capaz de
hacer daño a nadie, mucho menos a mi padre!... ¡Además, dudo que él
hubiera querido que cayera por el acantilado!.
-Claro que tú no ibas a ser su víctima, el que debía caer era yo. Por
eso seguramente se las arregló para debilitar la correa después de
subirte.
-Gabriel, no tuvo tiempo de hacerlo porque me encaminó hacia unos
arbustos para protegerme del viento y después se volvió a reunir con
Arturo.
-Entonces Arturo es su cómplice, ambos están involucrados en la
muerte de tu padre.
Aurora no pudo reprimir el llanto y se cubrió la cara con las manos.
-¿Cómo puede ser?... Ambos parecen buenas personas, Fermín nos
defendió del borracho del muelle y Arturo me sostuvo con mucha
delicadeza cuando llegué a la cima del acantilado. Los dos me
prodigaron de cuidados y consuelo cuando te creímos muerto. Dime que
mientes y que ellos no serían capaces de infringir mal a nadie.
Gabriel la acunó entre sus brazos, le acarició la cabeza y frotó su
mejilla contra la cabeza de Aurora.
-Lo siento mucho, quizás esté equivocado, Fermín y Arturo seguirán
siendo los principales sospechosos, mi deber es descubrir su
inocencia o culpabilidad.
Refugio y Mateo alcanzaron a los jóvenes, intrigados por el llanto de
Aurora los interrumpieron. La tía apartó a la joven de los brazos de
Gabriel mientras la interrogaba:
-¿Qué te ocurre?... ¿Por qué estás llorando?.
Aurora le contó lo que Gabriel había dicho, Refugio asintió con un
ademán de la cabeza demostrando su aprobación a la fundada
desconfianza que Mateo y Gabriel tenían hacia Fermín y Arturo.
Tranquilizó a la sobrina y caminaron juntas por la playa, escoltadas
por Mateo y Gabriel. A pesar de las opiniones de sus acompañantes,
Aurora se mostraba renuente a creer que los jóvenes estuvieran
involucrados en la muerte del capitán Augusto.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando los restos del "Tritón"
aparecieron encallados a pocos metros de ellos. Mateo y Gabriel
corrieron hacia el naufragio para intentar rescatar lo que se pudiera
utilizar. Las mujeres los vieron quitarse la ropa hasta que se
quedaron en calsoncillos. Ninguno de los dos se detuvo a pensar que
había dos damas presentes, lo más importante en ese momento era
sustraer del "Tritón" agua potable, herramientas, etc.
-¡Vamos Gabriel, hay que sacar todo lo que se pueda del yate!.
Gritó Mateo mientras nadaba, seguido muy de cerca por el joven.
Fueron necesarios varios viajes de la playa al yate y viceversa, para
acumular una considerable porción del contenido del "Tritón". Arturo
y Fermín se unieron a ellos unos minutos después del hallazgo. Aurora
y su tía, iban acomodando en la playa los objetos rescatados.
Cuando consideraron que todo lo que podían extraer del yate estaba
sobre la arena de la playa, se tomaron un descanzo.
Gabriel contempló con tristeza los restos de su querida embarcación,
suspiró cruzado de brazos y movió la cabeza en ademán negativo.
-¿Qué clase de marino soy?... ¿Cómo pude olvidar el boletín
meteorológico?.
-Primo, no te culpes tú solo. Todos somos responsables, la primera
regla de la navegación es averiguar las probabilidades
climatológicas. Por estupidez expusimos nuestra vida y la de las
damas. Espero que la guardia costera nos encuentre pronto.
-Dudo que sea así, como el radio comunicador estaba inservible, no
pude avisar que estábamos saliendo de la bocana del puerto.
Esto lo murmuró Gabriel con la intención de que Refugio y Aurora no
lo escucharan. Ambas lo sorprendieron cuando exclamaron al unísono:
-¡Dios mío!. Después de la exclamación Refugio prosigió:
-¿Qué haremos ahora?... ¿Sabrá la marina que el "Tritón" estaba en
altamar durante la tormenta?.
-Refugio, conserve la calma, había muchos hombres en sus
embarcaciones cuando nos retiramos del muelle. Respondió Mateo
apoyando su áspera manota sobre el hombro de la mujer. Aurora se les
aproximó y preguntó:
-¿Por qué ninguno nos advirtió?... ¿Por qué nos dejaron zarpar en la
ignorancia del fuerte norte que se avecinaba?.
-Quizás pensaron que lo sabíamos y que nos mantendríamos cerca de la
costa. Le respondió Gabriel y luego agregó:
-Vamos, ánimo; de entre los restos del "Tritón" hemos rescatado dos
botellones de agua potable, eso será suficiente para subsistir
mientras permanezcamos aquí. En cuestión de horas estaremos a salvo,
haremos señales de humo durante el día y por la noche continuaremos
las señales con una gran hoguera. Verán que todo esto acabará sin
mayores consecuencias.
Dicho esto, trató de tomar la mano de Aurora pero Fermín se le
adelantó y atrevidamente atrajo a la joven, colocando su posesiva
mano en la cintura de Aurora. Ella enrojeció de indignación, lo
apartó discretamente y se amparó junto a la tía.
Gabriel se dio cuenta del atrevimiento del primo, apretó los dientes,
cerró fuertemente los puños y con el ceño fruncido indicó a Arturo y
a Fermín que lo ayudaran a transportar lo rescatado hacia el interior
de la isla.
Una vez mas, Aurora se cuestionó la implicación de Arturo y Fermín en
lo ocurrido a su padre. Gabriel le confió todo lo que había sucedido
en el "Pánuco" horas antes de que el capitán sufriera esa mortal
caída. Ella aludió a que una plantilla de letras no era prueba
contundente, Gabriel le hizo notar que los instrumentos de navegación
del "Tritón" habían sido dañados intencionalmente y volvió a insistir
en el corte de la cuerda que lo sostenía.
Aurora dejó de refutar los cuestionamientos de Gabriel y se concentró
en transportar con sumo cuidado los objetos extraídos del "Tritón"
que le tocó llevar hacia las ruinas que les servirían de amparo
mientras eran rescatados
Sobre la parte más alta de la isla, encendieron una enorme pira con
la esperanza de que fuera vista por algún navegante. La isla poseía
un pequeño faro que encendería automáticamente por la tarde. Antes de
que eso ocurriera, los tripulantes de un remolcador se percataron de
que había un grupo de náufragos en la isla.
Tal y como Gabriel había dicho, al anochecer se encontraban sanos y
salvos en el muelle del puerto de Nautla.
CAPÍTULO VII.
Gabriel se instaló en la casa de su padre con la finalidad de espiar
las actividades del primo. Aunque había reanudado recientemente
relaciones con don Guillermo, se mantuvo viviendo en el "Tritón" y
ahora que el yate se había hundido, nadie vió nada extraño en el
retorno de Gabriel a casa.
Habían pasado dos días, Gabriel se hallaba en la terraza de la casona
paterna bebiendo una cerveza. Después del naufragio había discutido
con Arturo y Fermín, los acusó de haber saboteado "El Tritón" y de
intentar matarlo. Ambos jóvenes negaron sus acusaciones, le dijeron
que era un loco, que estaba tan obsesionado en su afán por encontrar
al culpable de la muerte de Augusto que le endilgaba a cualquiera el
asesinato. En la bodega de la naviera no había encontrado ninguna
irregularidad que le diera alguna pista, lo único nuevo era que a la
bitácora del capitán Augusto le faltaban dos hojas que seguramente su
asesino se había encargado de arrancar. De alguna manera, don
Guillermo estaba al tanto de lo que su hijo se proponía y trató de
persuadirlo.
-Gabriel, sé que andas difundiendo el rumor de que Augusto fue
asesinado y que pretendes colgarle la culpa a tu primo. ¡Te prohíbo
terminantemente que sigas adelante con eso!. ¡Deja que la policía
haga las averiguaciones pertinentes!. Y recuerda: ¡Ninguna palabra
acerca del contenedor!... ¿No quiero más problemas!.
-Si investigan la muerte de Augusto verán que la causa del asesinato
se debió al narcotráfico. ¿Temes que tu querido sobrinito esté
involucrado?.
-¡Déjate de pendejadas!... ¡Fermín es incapaz de cometer un delito de
tal envergadura!.
-Entonces: ¿Qué te apura?. Seguramente estará limpio.
-Me caga que pienses lo peor de él, que gracias a tus indagaciones la
gente empieza a murmurar mal de Fermín. Sabes que él ha sido como un
hijo, que lo quiero tanto como a ti.
-¿Por qué te niegas a decir la verdad?. Mi madre está muerta, que mas
da que digas que Fermín es el fruto de tus amores ilícitos con una
mujer de dudosa reputación.
-¿Quién te lo ha dicho?.
-¿Qué importa?. Lo supe desde que era un adolescente.
-¿Por eso te alejaste de mí?.
-He vuelto, estoy trabajando en la empresa y viviendo bajo tu techo.
-Pero no me has perdonado, me sigues odiando y también odias a Fermín.
-Estás equivocado, no te odio. Eres mi padre, me mentiste, engañaste
a mi madre, hiciste que me decepcionara y que te perdiera el respeto,
a pesar de todo eso, no te odio. Augusto y Mateo influyeron en mí
para que tratara de entender tu postura, para que retornara a tu lado
con la esperanza de que nos reconciliáramos. Dime: ¿Cómo fue que un
hombre como tú se dejó enredar por una tipeja sin escrúpulos?.
-¡La madre de Fermín era mi secretaria, no era una cualquiera!.
-Se metió con un hombre casado, eso no lo hace una mujer decente.
¿Qué?... ¿Me vas a decir que era una inocente palomita y que no sabía
que tú estabas recién casado?.
-Gabriel, eres muy duro para juzgar, todos cometemos errores, tú no
estás exento.
Es verdad, navegué entre dos aguas, no tienes que reputármelo,
siempre traté bien a tu madre, jamás desamparé a mis hijos.
-¡La engañaste!... ¡Trajiste a su casa a tu hijo ilegítimo!. ¡Lo
hiciste pasar por tu sobrino!. ¿Cómo crees que me sentí cuando me
enteré de que él era mi medio hermano?. ¿Por qué me lo tuvo que decir
uno de tus competidores?. ¿Pensabas mantenernos engañados a Fermín y
a mí para toda la vida?.
-¡Basta!... ¡Hay cosas que no puedes o no quieres entender!. Aunque
lo dudes, amaba a tu madre y jamás quise dañarla. Ella fue noble,
dulce, la mujer perfecta, un mar en calma. La madre de Fermín era
tormenta, fuego, pasión; todo lo contrario. Eran como la noche y el
día. Amé a las dos y no me arrepiento porque pude cumplir con ambas,
ellas nunca me reprocharon nada y en su lecho de muerte me otorgaron
su perdón por el gran amor que nos teníamos. Mi única preocupación es
hacer que tú y Fermín olviden sus discrepancias, que se vean como
hermanos y que juntos se hagan cargo de la empresa. ¿Es mucho pedir?.
-Ambos trabajamos para ti. ¿Eso es todo lo que puedo hacer por el
momento. Fermín siempre ha sido tu favorito, déjale a él todos los
bienes familiares, a mí me importa un bledo tu dinero.
-Te ciega la soberbia , para mí ambos son iguales, ambos tienen los
mismos derechos.
-Entonces lo primero que debes hacer es reconocer a Fermín como hijo.
¿Cuándo piensas decirle que no es tu sobrino?. ¿Cuándo le dirás que
en realidad es tu hijo?.
-Ya se lo he dicho, dentro de unos días saldrán publicados los
edictos del cambio de apellido.
-¡Ah!... ¡Por eso te preocupa tanto su inocencia!.
-¡Si serás bruto!. Ante todo soy un hombre honrado, si dudara de
Fermín, sería el primero en hacerlo investigar. Tú y él son incapaces
de cometer un acto criminal.
Gabriel estaba ofuscado, cerró su mente y corazón a las palabras del
padre, se apartó de él saliendo por la terraza para irse a caminar
por la orilla del mar.
Aurora se encontraba sentada en los peldaños del pórtico de su casa,
acompañada por nuru. La noche era obscura, noche de luna nueva.
Refugio se acababa de retirar hacia su alcoba, indicándole a la
sobrina que no tardara en seguirla, pues en los últimos días ambas
habían descansado poco.
-Nuru, estoy desolada, aún no acepto la muerte de papá. Todavía
espero verlo andando por la playa de camino a casa. Hay una espesa
bruma entre la ilusión y la realidad. Tengo que despejar esa bruma y
enfrentarme a la realidad. Papá jamás volverá, su cuerpo reposa en el
fondo del mar. Si Arturo o Fermín tuvieron que ver con el accidente
que le causó la muerte, deseo que sean castigados.
Aurora plegó las piernas y las abrazó, apoyando la cabeza sobre sus
rodillas. Desde que retornó de la isla Funesta había dejado de
llorar, aunque en su corazón se guardaba la pena y la rabia por la
forma en que el capitán fue quitado del paso por los traficantes.
-El castigo que les apliquen a los asesinos no me devolverá la paz.
Será mejor que ocupe el tiempo en actividades que me distraigan la
mente. Estoy lista, entraré en la recámara de papá y separaré su ropa
para regalarla. Habrá cosas que tengamos que quemar y otras que
conservaremos como recuerdo. Nuru, ven conmigo, no tengo sueño. Esta
misma noche empezaremos a desocupar la recámara del capitán Augusto
Ramos y a guardar un dulce recuerdo de él. ¡No más lágrimas!...
¡Mandemos lejos a la tristeza!... ¡Vamos Nuru, démonos prisa!.
-¡Aurora!... ¡Aguarda por favor!.
-¡Fermín!... ¿Qué haces aquí?.
Aurora no se dio cuenta de que Fermín la estaba observando a corta
distancia y cuando se levantó e hizo el ademán de entrar en el
chalet, el joven corrió hacia ella y la detuvo.
-Por favor, no te marches, quiero hablar contigo.
La muchacha sintió cierto temor, recordó las sospechas de Gabriel,
mantuvo a nuru cerca de ella mientras accedía al ruego de Fermín.
-¿Qué se te ofrece?. Es tarde, debo retirarme, dime rápido lo que
deseas.
A Fermín le brillaron los ojos, sin andarse con rodeos fue al grano.
-¿Por qué has cambiado tu forma de ser para conmigo?... ¿Hice algo
malo?... ¿Te ofendí?.
Aurora aferró con fuerza a nuru, cogiéndolo por el coyar. El pulso se
le aceleró, avergonzada desvió la mirada y tragó saliva antes de
responder.
En realidad ella siempre había estado a gusto en compañía de Fermín,
era un hombre guapísimo, de modales intachables, en ningún momento le
había inspirado desagrado. Gabriel era la causa de la desconfianza
que ahora se cernía sobre su amistad.
Decidió apartar de su mente las advertencias de todos los que
pensaban que Fermín podía ser malvado y se dejó guiar por la
intuición.
-Disculpa Fermín, últimamente he sido brusca, son los nervios, la
tristeza, que sé yo. Intentaré restablecer la cordialidad que surgió
entre nosotros antes del naufragio.
-Aurora, no sabes el peso que me quitas de encima, durante estos
pocos días en que nos hemos tratado, he llegado a estimarte más de lo
que imaginaba. Eres muy importante para mí. Se que es muy pronto, que
apenas si nos conocemos, pero estoy enamorado de ti. Nadie me había
inspirado lo que siento por ti. No, por favor, no retrocedas, que no
te asusten mis palabras, piensa en lo que te he dicho y dame la
oportunidad de mostrarte cuanto te amo.
Fermín le dio un cándido beso en la mejilla y le acarició con la
diestra la otra mejilla. Luego se apartó respetuosamente y mirándola
a los ojos le dijo:
-¿Podemos salir mañana en la tarde a dar un paseo por la avenida
principal?.
Aurora sonrió, pensó que todos estaban equivocados con respecto a
Fermín. Ella lo consideró nuevamente un hombre digno de su confianza
y así se lo hizo saber al aceptar sin titubeos la invitación.
Fermín retornó a su casa con el triunfo reflejado en el rostro. Se
frotó las palmas de las manos y entró en su habitación tan abstraído
en sus pensamientos, que ni al encender la luz se percató de que
alguien lo esperaba.
-Vaya, vaya; vienes muy contento: ¿acabas de concertar otro de tus
negocios sucios?.
-¿Qué diablos haces tú aquí?... ¿Ahora te dedicas a ser mi niñera?.
¡-Idiota, te creí más listo!. ¡Eres un maldito embustero!. ¡Mira,
esta es la prueba del crimen que cometiste!.
-¿De que hablas?... ¿Qué haces con esa pinche plantilla de letras?...
¿Qué pendejada dices sobre un crimen?.
-¡Deja de hacerte el tonto!... ¡Esta es la plantilla con la que
escribieron el anónimo que le enviaron al capitán Augusto!.
Fermín palideció y se puso serio. Se llevó una mano a la cabeza para
alisarse el cabello y empezó a caminar nerviosamente por la
habitación.
-Me odias tanto que seguramente has traído esa plantilla aquí para
inculparme. Déjame verla, te diré si es mía o nó.
-¿Me crees estúpido?... Seguramente la romperás cuando te la de. La
entregaré a la policía y les diré que la encontré en tu habitación.
Lleno de ira, Fermín se abalanzó sobre Gabriel y empezaron a luchar
como encarnizados enemigos.
El ruido de los destrozos que estaban haciendo despertó a don
Guillermo y a los criados. Todos acudieron al cuarto de Fermín y
apartaron a los jóvenes. Cuando se calmaron lo suficiente para
hablar, don Guillermo ordenó a los sirvientes que se retiraran y
condujo a sus hijos a la apartada sala que usaba como oficina y
biblioteca.
Gabriel explicó la causa de la disputa, don Guillermo le ordenó que
le entregara la plantilla a Fermín. Evidenciando su disgusto, Gabriel
la entregó.
Para sorpresa del padre y hermano, Fermín corroboró que la plantilla
era de su propiedad. Consternado se llevó las manos a las sienes y
juró que el no había escrito el anónimo.
-Está todo claro, alguien usó la plantilla de tu hermano.
-¿Le vas a creer?. ¿No te das cuenta de que es un embustero?.
-En lugar de culpar a Fermín, deberías investigar otras opsiones.
¿Qué me dices de Arturo?... Tengo entendido que él estaba muy cerca
de Augusto cuando cayó al mar. Mateo es otro sospechoso, Augusto y él
mantenían una cuenta bancaria mancomunada. Me parece que pretendían
montar un negocio de alquiler de equipo de buceo. Ambos estaban
próximos a retirarse y pensaban en el futuro.
-¿Cómo sabes todo eso?. ¿Quién te lo ha dicho?.
-Ah: ¿verdad?... Como puedes ver, estoy viejo pero no pendejo. Yo
también tengo mis fuentes de información.
-¿Qué harás con respecto a esta prueba?... ¿La entregarás a la
policía?.
-Como sabes, deseo que el asunto del contrabando permanezca en
silencio. Resultaría muy perjudicial para la imagen de la empreza el
escándalo que se armaría en torno al contenedor. Ya tenemos
suficiente con las averiguaciones que están haciendo para esclarecer
la muerte de Augusto. A su debido tiempo entregaremos el anónimo y
esta prueba y sólo en el caso de que sea necesario. Por ahora puedes
conservarla. Fermín, has el favor de dársela a Gabriel, la entregará
cuando yo le diga.
¡-Irá corriendo a entregarla y me culparán del asesinato sin hacer
más indagaciones!.
-Estoy seguro de que tu hermano no hará tal cosa.
Gabriel extendió la mano y Fermín le devolvió la plantilla. Su padre
logró sorprenderlo al mencionar la cuenta bancaria de Mateo y
Augusto. ¿Por qué Mateo no le había informado nada al respecto?.
¿Refugio y Aurora estarían enteradas?. Se guardó la plantilla en la
bolsa de la camisa y por primera vez en muchos años se dirigió a su
hermano para tranquilizarlo.
-No temas, no haré nada en contra tuya sin que ustedes lo sepan.
Mañana iré a primera hora a casa de Mateo, debo saber por que razón
me ocultó lo de la cuenta bancaria.
Fermín asintió y una especie de sonrisa afloró en sus labios. Al
mover los músculos de la cara, recordó los golpes, miró a Gabriel y
se dio cuenta con satisfacción, que él también estaba lastimado.
Don Guillermo movió la cabeza y disgustado gruñó:
-¿Cuándo van a madurar?... ¿Siempre arreglarán sus diferencias a
golpes?.
Los jóvenes se abochornaron, salieron de la habitación con la cabeza
gacha, sin atreverse a decir nada. Don Guillermo se hundió en su
sillón tras el escritorio, apoyó los codos sobre la cubierta y
murmuró:
-¿Qué hice de mis hijos?.
CAPÍTULO VIII.
Gabriel no durmió bien, le preocupaba que Mateo estuviera involucrado
en el asesinato de Augusto. Mientras se dirigía a la casa del viejo
marino, pensaba en todas las cosas que le confió cuando realizaba sus
pesquisas y se maldecía por haber sido tan cándido.
Le pediría una explicación y esperaba que el viejo fuera lo
suficientemente inteligente como para no tratar de engañarlo. Quería
que Mateo hablara del dinero que guardaba en la cuenta mancomunada
con Augusto, lo mejor sería que tuviera una buena excusa para
justificar el motivo por el cual lo mantuvo en secreto.
Se preguntaba una y otra vez si ese dinero era el producto de
negocios turbios, posiblemente Mateo y Augusto efectuaban alguna
actividad delictiva.
Cuando se encontró con Mateo, intentó disimular el disgusto que lo
embargaba. El viejo marino se disponía a irse de pesca, estaba
montado en su bicicleta, traía un morral a la espalda y su caña de
pescar se erguía verticalmente atada a la parrilla posterior del
vehículo.
-¡Hola muchacho!. ¿Tú gustas? Voy al muelle, es un día espléndido
para pescar. Le prometí a Refugio llevarle un enorme pescado antes
del medio día.
-Mateo, es urgente que hablemos. ¿Puedes retrazar un poco tu partida?.
-Tengo una idea mejor: ven conmigo. Traigo cordel, podemos compartir
la pesca mientras hablamos. Monta en la bicicleta, te llevaré en la
parrilla como cuando eras un chico. Anda, recordemos los viejos
tiempos.
-Mateo, el asunto que deseo tratar es delicado, me sentiría mejor si
habláramos dentro de la casa.
-Vamos hijo, lo mismo da un lugar que otro. En el muelle nadie nos
interrumpirá, me estás retrazando, por el camino me puedes ir
diciendo cual es el asunto que deseas tratar conmigo.
Gabriel se montó en la bicicleta y Mateo emprendió la marcha con una
radiante sonrisa en los labios.
Poco a poco se fueron alejando de la zona habitada, se desplazaban
por una carretera alta que bordeaba una playa. A la derecha del
camino se advertía una pendiente de dos metros que tenía una
inclinación de sesenta grados. Mateo estaba familiarizado con el
camino, frecuentemente lo utilizaba para ir de pesca. Al igual que
muchos ciclistas, se mantenía del lado derecho de la carretera y a
menudo pedaleaba sobre la línea de peatones. Una rara sensación se
apoderó de Gabriel y lo hizo volver la cabeza para ver hacia atrás.
-¡Dios mío!... ¡Mateo salte del camino!... ¡Viene una camioneta en
dirección a nosotros!.
Esa misma mañana, Aurora se había despertado muy temprano y acudió en
busca de su tía para comunicarle el sueño premonitorio que la
perturbaba.
-Tía Refugio, soñé que Mateo y Gabriel se encontraban sobre la arena
de alguna playa y que había mucha sangre en torno a ellos.
-Ay hija, otra vez con esas cosas. ¿Cuándo te dejarán en paz esos
terribles sueños?. Has desatendido mis súplicas, te dije que fuéramos
al templo de doña Maruca para que te haga una limpia de huevo, o para
que te cure de espanto.
-Tía, a papá no le gustaban esas cosas. Si te pudiera escuchar se
enojaría mucho.
-Tu padre ya no está con nosotras. Él no tiene que enfrentarse a la
ansiedad que te embarga cuando tienes esos sueños premonitorios.
Hazme caso, vayamos esta tarde al templo espiritista.
-Primero debemos cerciorarnos de que Mateo y Gabriel están bien. Voy
a hablarles por teléfono y después veremos que hacer. ¿Estás de
acuerdo?.
-Sí, los números telefónicos de ambos se encuentran anotados en el
almanaque de la cocina.
Fermín contestó el teléfono en la casa de los Pacheco y se sorprendió
cuando Aurora preguntó por Gabriel.
La joven le explicó sin reservas que poseía el don de la premonición.
Fermín se mostró escéptico, pero ante los ruegos de Aurora, accedió a
salir en busca de Gabriel y Mateo.
Una hora más tarde, los encontró en la Cruz Roja recuperándose del
accidente y empezó a creer en las premoniciones de la joven.
Mateo tenía una pierna fracturada y varios raspones. Gabriel solo
mostraba una pequeña cortada en el antebrazo izquierdo.
Refugio se empeñó en que Mateo se restableciera en el chalet al
cuidado de ella y Aurora, Gabriel no podía permitir que ambas mujeres
siguieran siendo engañadas.
-Lamento tener que decirles que Mateo las ha engañado, él no es el
hombre bueno y desinteresado que todos pensábamos. Pretende quedarse
con cierto dinero que el capitán Augusto depositó en una cuenta
bancaria que poseía mancomunada con él. La mitad de ese dinero es de
ustedes.
-¡Gabriel!... Nosotras estamos al corriente de eso. Mateo nos ofreció
todo lo ahorrado para que Aurorita pudiera efectuar sus estudios
tecnológicos de biología marina en Boca del Río. Para nosotras
hubiera sido imposible solventar tal gasto, pero Mateo generosamente
se ha propuesto ayudarnos.
-Tía Refugio dice la verdad. Gabriel, me decepcionas, siempre estás
pensando mal de todos los que te rodean. ¿Por qué nunca crees en la
bondad de las personas?. ¿Tan mal te ha tratado la vida?.
Gabriel se avergonzó, miró el rostro de indignación de Mateo y
murmuró una disculpa. Luego vió que Fermín sonreía abiertamente y le
miraba desafiante. Recobró su altanero carácter e intentó retirarse
con decoro.
-Por lo visto estoy demás aquí. Me iré para que puedan reírse a gusto.
-Por favor Gabriel, quédate con nosotros, aquí no ha pasado nada, ven
a casa a comer y aclaremos este mal entendido.
Le rogó Aurora, su tía y Mateo se unieron a la petición de la
muchacha. Fermín fue el último en hablar.
-Vamos Gabriel, todos nos equivocamos, acepta la invitación y piensa
en lo que les ocurrió, debemos encontrar a la persona que intentó
atropellarlos. ¿Lo pudiste ver?.
-Todo ocurrió tan rápido que sería difícil dar una descripción fiable
del tipejo. Llevaba lentes obscuros, una gorra negra, playera con
rayas amarillas en fondo negro. No podría definir su edad pues
también le ocultaba parte del rostro la espesa barba y el bigote.
-¿Qué me dices de la camioneta?. ¿Qué modelo era?. ¿Viste la placa?.
-Era una chebrolet blanca, no alcancé a verle las placas. La policía
federal de caminos nos advirtió que será imposible encontrar al
agresor, la carretera costera es muy transitada por ese modelo de
camionetas. Además, no dijimos que nos trataron de eliminar, hicimos
creer a la policía que fue un accidente provocado por la imprudencia
del conductor.
-Esto no me gusta nada, las cosas se están poniendo cada vez más
serias. No sé si me creas pero estoy seguro de que alguien intenta
perjudicarnos. Pienso que eso del contrabando fue ideado con la
finalidad de fastidiar a la empreza Pacheco. Mira, usaron mi regleta
para escribir el anónimo y también el portaminas. Siempre dejo mi
camarote abierto, jamás se me ha perdido nada. Seguramente la persona
que cogió mis cosas no tuvo ningún problema al entrar en el camarote
y escribir la nota que le envió al capitán. ¿Me crees?...
Mateo, Refugio y Aurora miraron a Gabriel y esperaron pacientemente
la respuesta del joven. Los ojos de Fermín también quedaron fijos en
los de su hermano y Gabriel advirtió por primera vez la angustia que
había en ellos. Se cruzó de brazos y trató de responder con
indiferencia:
-Debemos encontrar a la persona que cogió tus cosas, él es la clave
de todo, es probable que se trate de Arturo. Estoy seguro de que
tiene un jefe y que tus sospechas de que la compañía de nuestro padre
es su objetivo son correctas.
Por primera vez Gabriel había reconocido a Fermín como su hermano, al
decir "nuestro padre". Fermín se sintió más tranquilo y le tendió la
mano.
-Por favor, quiero que los dos trabajemos juntos en esto. ¿Aceptarás
mi colaboración?.
Aurora levantó la mano de Gabriel y la puso sobre la de Fermín.
Durante unos segundos nadie dijo nada, hasta que Gabriel apretó la
mano de Fermín y asintió con un movimiento de cabeza. Todos
sonrieron, parecía que la conciliación entre hermanos iba a ser real.
Refugio y Aurora sabían que Gabriel y Fermín eran hermanastros porque
Mateo se lo contó unos días antes de este suceso.
Cuando llegaron al chalet, Refugio envió a Gabriel a la casa de Mateo
para que le trajera su ropa y afeites, mientras que Fermín fue
enviado a la pescadería a comprar un Mero y Aurora disponía el cuarto
de visitas para alojar al huésped.
- Señorita Refugio, mejor le traigo un guachinango para que lo guise
a la veracruzana.
-No me daría tiempo de hacerlo, es más de medio día. Tráeme el Mero,
verán, quedará para chuparse los dedos.
-Fermín recuerda lo que dice el refrán: "del mar el mero, de la
tierra el cordero".
-Mateo tiene razón, anda hijo apúrate con el encargo. Aurorita,
acércale a Mateo una silla para que suba la pierna, el médico dijo
que la mantuviera en alto.
Gabriel y Fermín salieron juntos de la casa. El auto de Fermín era un
descapotable último modelo, su intención era dejar a Gabriel en casa
de Mateo y pasar por él cuando hubiera terminado de hacer la compra.
Durante el trayecto los hermanos hablaron poco, eran como dos
extraños y sin embargo estaban concientes que un lazo indisoluble les
unía. Fermín se aclaró la garganta y trató de entablar una
conversación:
-¿Te das cuenta de que es la primera vez en muchos años que estamos
juntos y a solas?.
Gabriel esbozó una sonrisa y se atrevió a bromear:
-¿Me tomarás de la mano y me darás un beso?.
-¡Jajajajaja!... ¡Será lo último que haga!... Si me atreviera tendría
que ir al cirujano plástico después de hacerlo.
-Además, estás equivocado, recuerda que ayer por la noche estuvimos a
solas. Ambos llevamos aún las muestras de nuestro amor filial. Me
acordé mucho de ti esta mañana cuando me estaba rasurando. ¿Tú no?.
-Tienes unos pinches puños de piedra. Todavía me duelen las costillas.
-Tú no te quedas atrás, me pregunto: ¿hasta dónde hubiéramos llegado
si papá no interviene?. Estaba tan furioso, tan obsesionado, que no
me importaba nada.
-¿Me hubieras matado?.
-Al principio no tenía la intención, luego me dejé dominar por la
ira. Son muchos años de resentimiento.
-M m m m . Lo entiendo, las cosas no han sido fáciles para ninguno de
los dos. Debo reconocer que en algún momento de mi vida sentí mucho
odio hacia ti y hacia nuestro padre. Tú lo tenías todo, eras
inteligente, independiente, disfrutaste de amor de una madre por más
tiempo. Don Guillermo estaba orgulloso de ti, yo era el sobrino
recogido que tenía que someterse y luchar para ganarse la aceptación
del benefactor. ¿Sabes que apenas hace dos años que me enteré de que
él es mi padre?.
-Jamás imaginé que te sintieras así. ¿Cómo lo supiste?... ¿Te lo dijo
él?.
-Me lo dijo don Eduardo Calles en una convención de agentes aduanales.
-Ese mismo hombre fue el que me lo dijo a mí. Me pregunto: ¿por qué
lo hizo?.
-En tu caso no lo sé, en el mío fue que pensó que odiaría tanto a
nuestro padre que trabajaría para la competencia. Me ofreció la
gerencia de relaciones administrativas, es un nuevo departamento que
se encarga de concretar negocios relativos al intercambio del
comerciomarítimo internacional.
-Papá también añadió ese departamento en la empreza.
-Fue a sugerencia mía. Nosotros no somos aduanales, somos
transportistas navales, aún así, todo está relacionado.
-Esto me hace pensar: ¿Tendrá don Eduardo algún propósito en contra
de "Pacheco y Asociados"?.
-Pudiera ser que sí. Soy buen amigo de su secretaria, le sonsacaré
información.
-Eres un seductor, me caga que andes con un montonal de viejas y le
hagas ojitos a Aurora. Es muy ingenua para ti. ¿Por qué no pones tus
garras en otra presa?.
-Oye Gabriel, otra vez me estás prejuzgando. Mis intenciones son
serias, la cortejaré y si Aurora me corresponde sentaré cabeza. No
abrá más mujeres, élla será la única, jamás la haré sufrir como
sufrieron nuestras respectivas madres.
-Como estamos tratando de cantarlas claras, te confesaré que a mí
también me gusta la muchacha y que pienso cortejarla.
-¡Jajajaja!. ¡Otra vez rivales!... Antes fue por el reconocimiento de
nuestro padre y ahora será por el amor de una mujer. Espero que esto
no nos impida llevarnos bien.
-Jugaremos limpio, que Aurora decida a cual de los dos prefiere.
-Recuerda que en la guerra y en el amor todo se vale. Usaré todos mis
encantos en tu contra y respetaremos la decisión de élla. ¿Estás de
acuerdo?.
-Su palabra será respetada, una vez que haya escogido ninguno de los
dos apelará a una segunda oportunidad.
-Hecho. Recuérdalo bien cuando Aurora sea mi novia. Se estrecharon
las manos en señal de conformidad y Gabriel advirtió la seguridad de
Fermín. Era como si le hubiera ganado a la chica, como si élla ya le
hubiera correspondido. Se sintió como un tonto, había tenido mala
suerte con las mujeres, pero lo que sentía por Aurora era muy
distinto a lo que las otras habían despertado en él. Esa joven era
diferente y la deseaba más que ninguna otra cosa en la vida.
CAPÍTULO IX.
Fermín dejó a Gabriel en casa de Mateo y continuó su camino. Cuando
Gabriel abrió la puerta principal, se dio cuenta de que alguien había
entrado a registrar. Todo estaba revuelto, los cojines de los muebles
de la sala estaban rotos, despanzurrados. El trinchador y la vitrina
tenían las puertas abiertas y todo su contenido había sido volcado.
Hicieron lo mismo en la cocina, la recámara era un caos. Lámparas,
cuadros, espejos, botiquín, el depósito de agua del inodoro, en fin;
todo había sido revuelto y a su vez, al parecer, no era obra de
ladrones porque aparentemente nada faltaba. Los electrodomésticos se
hallaban ahí, la tele, el radio y hasta una cartera con mil pesos
estaba a la vista. ¿Quién o quienes habían armado tal alboroto?. ¿Qué
buscaban?. ¿Lo encontrarían?.
Todas estas preguntas se hizo Gabriel mientras recorría en silencio
la casa. Se percató de que la intrusión se efectuó por el patio
trasero, la cerradura de la puerta de la cocina estaba rota. Salió al
patio posterior, trepó en una barda y vió que la casa colindaba con
un baldío desocupado, en el que pululaban todo tipo de bazofias y
hierbas. Convencido de que no podía hacer nada, empezó a empacar la
ropa y los afeites de Mateo en un maletín. Luego improvisó una tranca
para la puerta de la cocina y empezaba a poner un poco de orden en el
sitio cuando escuchó la bocina del auto de Fermín.
-Será mejor que vengas a ver esto.
Fermín lanzó un silbido y admirado preguntó:
-¿Qué piensas?... ¿Qué puede tener Mateo para que hayan puesto su
casa patas arriba?. Porque está visto que no entraron a robar.
-Eso es obvio. Será mejor informárselo y ver que cara pone cuando lo
sepa.
-¿Informarás a la policía?.
-No lo sé, estoy tentado a hacerlo, esta pinche gente no se anda con
rodeos. Asesinaron a Augusto, intentaron hacer lo mismo con Mateo y
conmigo, no sé que es lo adecuado.
-Gabriel. ¿Sigues pensando mal de él?.
-Lo que menos quiero es pensar. Mira Fermín, tú te encargarás de
indagar si la secretaria de don Eduardo reconoce a Mateo o a Arturo.
¿Tienes alguna fotografía de ellos?.
-Sí, hay una en la que estamos Víctor, Juan, Mateo, Arturo, el
capitán, tú y yo. Esa foto servirá pues quizás identifique a otro.
-Bien, tú te encargarás de ese asunto y yo le haré una visita a
nuestro amiguito Arturo. Me huele a que nos andamos acercando a la
solución de este enigma.
Cuando Mateo escuchó que su casa había sido revuelta, se disgustó y
afirmó que no sabía el motivo. Los jóvenes lo observaron atentamente
y llegaron a la conclusión de que el hombre decía la verdad.
Preocupados por los acontecimientos recientes, Mateo y Refugio
decidieron informar a las autoridades, poniéndolos en antecedentes
del contrabando.
Gabriel y Fermín les suplicaron que esperaran un poco, solo el tiempo
suficiente para que don Guillermo fuera avizado.
Intentaron localizar a Guillermo por vía telefónica, les fue
imposible pues la secretaria les dijo que había salido de la ciudad
por una emergencia con rumbo al puerto de Veracruz y que retornaría
hasta la noche.
Refugio y Mateo decidieron aguardarlo y escuchar su opinión con
respecto a los últimos acontecimientos.
Aurora y Fermín pospusieron su paseo y los hermanos se despidieron
para retornar a casa de Mateo. Gabriel creía encontrar alguna pista
que les descubriera el motivo del registro.
-Fermín: ¿dices que no has podido contactarte con la secretaria de
Eduardo Calles?.
-El teléfono de la oficina no da línea y en el de su departamento
nadie contesta. Si quieres me daré una vuelta por la cantina que
frecuenta Arturo, a ver si logro obtener alguna pista que se te haya
pasado por alto.
Mientras Refugio tejía al lado de Mateo, le platicaba sus planes para
el futuro. Aurora les dejó solos y se dirigió a la planta alta, a la
recámara de su padre para seguir desocupando el ropero, la cómoda y
el escritorio.
Toda la ropa la tenía doblada dentro de una caja de cartón, solo le
faltaba revisar los documentos y papeles que se guardaban en el
escritorio. Al aproximarse al mueble, advirtió el viejo maletín de
piel que usó el capitán en su último viaje. Lo alzó del suelo y
colocándolo sobre la cama, vació el contenido esparciéndolo sobre la
colcha del lecho. Apartó la ropa de los demás objetos y la iba a
introducir en una de las cajas de cartón cuando advirtió que había un
papel dentro de la bolsa de uno de los pantalones. Alisó con las
manos el arrugado papel y lo leyó en voz alta.
-Clave: 321-2B procedente de Colombia. Encargado: José Clemente
Riande Chapa. Aurora entrecerró los ojos y trató de recordar en dónde
había escuchado ese nombre. Luego bajó corriendo las escaleras y
entró en la sala temblorosa y agitada.
-Mateo, mire usted lo que encontré entre la ropa de papá.
Mateo leyó en silencio el contenido de la nota, reconoció la
procedencia de la hoja, y explicó:
-Esta hoja ha sido arrancada de la bitácora de tu padre, debe haber
otras dos, búscalas, ahora estoy seguro de que Augusto fue el que las
arrancó porque en ellas seguramente escribió algo que nos descubrirá
al culpable de su muerte.
Refugio acompañó a la sobrina, entre ambas registraron cuidadosamente
cada prenda y pertenencia que el capitán llevó al viaje, estaban por
rendirse cuando Refugio descubrió en el forro del maletín las dos
hojas que faltaban a la bitácora. Sin intentar leerlas se las
llevaron a Mateo. Ambas se detuvieron en la puerta del saloncito
cuando vieron al hombre que apuntaba con una pistola a la cabeza de
Mateo.
-Bienvenidas, hagan el favor de sentarse. Me da gusto que estemos
todos reunidos y que hayan encontrado el verdadero informe del
capitán.
Mateo dirigió una mirada suplicante a las mujeres para que
obedecieran de inmediato, la vida de los tres estaba en peligro, el
hombre no se andaría con rodeos, venía a apoderarse de esos papeles y
les daría muerte. Como y donde, no importaba. Mateo sabía que talvez
los trasladarían hacia otra parte, quizás los arrojaran al mar.
CAPÍTULO X.
En un solo día los sentimientos de Gabriel hacia Fermín habían
cambiado, volvía a aflorar el cariño fraternal que sintió en la
infancia cuando aquel pobre huérfano llegó a vivir a su casa. Bajo el
amparo de su madre ambos se habían querido como verdaderos hermanos y
cuando élla faltó, ese amor fraterno se empezó a enfriar hasta
convertirlos en rivales que buscaban siempre la aprobación y el
cariño de don Guillermo.
Al salir del chalet de la familia Ramos, anduvieron un rato juntos y
luego Fermín fue en busca de Arturo mientras que Gabriel retornó a
casa de Mateo.
Gabriel se encontró con una vecina del viejo marino y decidió
preguntarle si no había visto nada raro en el transcurso del día.
-Mira muchacho, a los únicos que ví ir y venir a todas horas fue a
usted y al otro joven, el del carrito último modelo. Usted siempre ha
venido con él, pero él vino bien tempranito, un ratito después de que
Mateo y usted se fueran a pescar.
-¿Está segura?. Preguntó Gabriel frunciendo el ceño y cruzando los
brazos sobre el pecho.
Pensando lo peor de Fermín, dejó de interrogar a la mujer cuando élla
le aseguró que decía la verdad y sin saber la causa del impulso que
le anegaba el pensamiento, empezó a correr en dirección a la casa de
los Ramos.
Arturo no se encontraba en el antro, Fermín estacionó el auto en una
transitada calle y se alejó de él caminando por la playa en dirección
al chalet. Deseaba encontrarse a solas con Aurora, sabía que la joven
paseaba por la playa al anochecer con Nuru.
Sorprendido vió a lo lejos que Nuru dormía plácidamente en lo alto de
la escalinata del chalet, le silbó con la intención de que el perro
se despertara y acudiera a él. El animal no dio muestras de haberlo
escuchado y Fermín se aproximó más a la casa. Sin darle tiempo a
darse cuenta de lo que pasaba, Gabriel se le abalanzó y lo inmovilizó
colocando el peso de su cuerpo sobre él. Fermín escupió la arena que
se le metió en la boca al caer y furioso le increpó:
-¡Maldito seas!... ¡ Gabriel!... ¡Qué chingadera!... ¿Qué significa
esto?.
-No te hagas pendejo. Dime: ¿a que fuiste a las ocho de la mañana a
casa de Mateo?. ¿Creíste que no me iba a enterar?.
-¡Idiota!... ¡Fui porque Aurora estaba preocupada!... ¡Creo que soñó
el accidente y me habló por teléfono para que los fuera a buscar!.
Gabriel se relajó, aflojó la presión que ejercía sobre Fermín y el
joven aprovechó la oportunidad para girarse y liberarse por completo.
Se puso de pie en un salto y golpeó a Gabriel en la mandíbula. Estaba
por patearlo cuando notó que Arturo se encaminaba hacia el chalet. No
se había percatado de que Gabriel y él se encontraban ahí. Fermín se
echó sobre la arena y vió como Arturo iluminaba su camino con una
linterna. Cuando comenzó a subir las escalinatas del chalet y Nuru no
despertó, se dio cuenta de que algo andaba mal, sabía que el perro
era un buen guardián. Comprendió que el animal estaba narcotizado o
tal vez muerto, comprendió que Mateo, Aurora y Refugio, corrían un
riesgo notable.
Gabriel se movió torpemente y Fermín se apresuró a detenerlo.
-Pinche cabrón, me noqueaste.
-Ssh, cállate, Arturo acaba de entrar al chalet por la puerta que da
a la playa y entró sin ser invitado. Nuru está muerto o narcotizado,
así que ya te puedes imaginar lo que está por ocurrir.
-Fermín, no debemos perder tiempo. ¿Traes un arma, o algo que sirva
como tal?.
-Solo tengo mi navaja. ¿Tú tienes la tuya?.
-Sí, pero una pinche navaja no sirve contra una pistola. Debemos
separarnos, yo trataré de entrar por aquella ventana de la planta
alta que está abierta y si no salgo en quince minutos, ve en busca de
la policía y cuéntales todo.
-¿Confías en mí?... ¿Estoy absuelto?.
-Hermano, déjate de pendejadas y haz lo que te digo.
Fermín sonrió a pesar de la preocupación, era la primera vez en
muchos años que Gabriel le llamaba "hermano" y eso le agradó. Se
despidieron con un fuerte estrechón de manos y una mirada de absoluta
reconciliación.
Arturo entró en la sala y contempló satisfecho que José Clemente
tenía todo bajo control. Aurora y Refugio estaban atadas espalda
contra espalda en unas sillas del juego de comedor, en tanto que
Mateo permanecía maniatado en el mismo sillón.
-¿Encontraste los papeles que buscamos?. ¿Los tenían ellas?.
-Sí, aquí los tengo guardados, en la bolsa de la camisa. Arturo: ¿Qué
haremos con este trío?.
-El jefe dice que no le importa lo que les pase siempre y cuando
recuperemos las hojas de la bitácora de Augusto. La muchacha no está
mal, tampoco la tía, que dices: ¿las trasladamos al yate para
divertirnos un rato?.
-Me gusta tu idea, el pedo es sacarlas de la casa sin que se den
cuenta. Apenas son las once de la noche, todavía hay uno que otro
paseante. Podríamos esperar a que sea de madrugada y acercar una
lancha al muelle.
-Está bien. Mientras esperamos le echaré una llamadita a don
Guillermo, espero que esté dispuesto a pagar lo que valen estos
papeles.
-Arturo no llegó a coger el teléfono pues un cuchillo voló a través
de la estancia y se clavó en el estómago de José Clemente. En el
momento en que el hombre caía sobre su propia sangre, Gabriel se
arrojaba impetuosamente sobre Arturo y a punta de golpes le
preguntaba que tenía que ver Guillermo en el asunto.
José Clemente volvió a sacar la pistola y entre gemidos de dolor,
apuntó nuevamente a la cabeza de Mateo.
Antes de que pudiera hablar, le cogieron la mano en la que sujetaba
el arma y se la retorcieron hasta que aflojó la cacha de la pistola.
Una bala escapó del arma antes de que Fermín la tuviera en su mano.
El sonido hizo que Arturo y Gabriel se distrajeran, cosa que
aprovechó Gabriel para colocar un fuerte gancho de izquierda en la
mandíbula del contrincante.
Fermín depositó la pistola sobre una mesita y aplaudió ruidosamente a
Gabriel. Refugio, Aurora y Mateo lo miraron disgustados. ¡Estaban
atados y él estaba perdiendo el tiempo en bromitas!.
Liberaron a los cautivos, ataron a los malos y curaron la herida de
José Clemente.
-Ahora mismo me vas a decir: ¿por qué ibas a telefonearle a mi
padre?... ¿Qué pitos tiene que ver con ustedes?. Le preguntó Gabriel
a Arturo cogiéndolo del cuello de la camisa y arrojándolo hacia un
rincón de la sala.
Todos estaban al pendiente de la respuesta, Arturo sabía que no
podría escapar, lo habían atado de pies y manos y pronto llamarían a
la policía. Sopesó sus posibilidades manteniendo la calma y después
de unos segundos respondió sonriendo:
-Tu padre, el honorable Guillermo Pacheco es nuestro jefe, él mandó
matar al capitán Augusto porque no era el primer embarque de droga
que le tiraba al mar. Por su culpa perdimos mucho dinero.
-¡Mentira!... ¡Pinche cabrón di la verdad!... ¡Te la voy a sacar a
chingadazos antes de entregarte a la policía!.
-Gabriel, déjame sacarle la verdad, este pinche cabrón miente, es
imposible que nuestro padre haya hecho lo que dice.
-Fermín, Gabriel, vamos a ver que dicen los papeles que este par de
mierdas han venido a robar. Los tiene José Clemente en la camisa,
espero que no se hayan echado a perder con la sangre.
Fermín le entregó las tres hojas de papel a Mateo, luego se colocaron
en torno de Mateo y esperaron con ansias a que leyera los papeles que
Augusto había escondido en el maletín.
Primero leyó el que Aurora encontró y posteriormente los que Refugio
había hallado. En ellos se informaba a don Guillermo que José
Clemente y Arturo participaban en un complot para introducir droga
desde Colombia a México con destino final a Miami. El capitán
Augusto le advertía a don Guillermo que el jefe de la banda era don
Eduardo Calles y al final incluía una lista con los nombres de los
miembros involucrados, con Arturo y José a la cabeza.
-¡Tú asesinaste a mi hermano!... ¡Ahora estoy segura!... ¿Cómo lo
hiciste?.
Refugio señaló a Arturo, este hizo una mueca y murmuró entre dientes:
-Pusimos en su termo de café unas gotas del mismo somnífero que le
dimos al perro. Lo demás fue fácil, él debió haber sentido algún
malestar, como era muy terco se mantuvo en la cubierta. Seguramente
no le dio importancia. La marejada nos ahorró el trabajo de
empujarlo, él cayó solito, Víctor, José y yo no lo ayudamos.
-¡Malditos desgraciados!... ¡Se han de pudrir en la cárcel!. La
sirena de la patrulla interrumpió las maldiciones de Refugio. Aurora
se dejó caer sobre el sofá y lloró en silencio mientras Gabriel la
abrazaba. Fermín entregó a los cautivos, después se comunicó con su
padre y le contó lo ocurrido.
Guillermo se trasladó al chalet con la finalidad de esclarecer ante
Aurora, Refugio, Fermín y Gabriel, lo ocurrido.
-Desde hace aproximadamente quince meses, Augusto me informó que
alguien introducía droga en nuestros contenedores. No sabíamos quien
era. Detectamos dos cargamentos pequeños, menos de cien kilogramos.
Después los traficantes se volvieron más audaces, metieron un
cargamento de quinientos kilogramos. Esos fueron los detectados,
vayan ustedes a saber cuantas veces pasaron inadvertidos otros tantos
embarques. Empezamos a sospechar de nuestra propia gente porque era
imposible que personas ajenas a la empresa pudieran entrar en las
bodegas. José Clemente y Víctor Flores trabajaron para Eduardo Calles
antes de estar con nosotros. Augusto y yo habíamos escuchado rumores
de que ese tipo andaba involucrado con narcotraficantes, jamás se le
ha podido demostrar nada, pero ahora está hundido hasta el cuello.
Víctor y otros tantos fueron atrapados ayer en el puerto de Veracruz
por la armada naval, con cinco toneladas de estupefacientes, los muy
idiotas intentaron descargar en la playa que está cerca de la escuela
naval. Un cadete los vió, notó que el grupo actuaba de manera
sospechosa, informó al superior y enseguida una patrulla se encargó
de averiguar que pasaba en la playa. Todos los vehículos de
transporte, terrestres y acuáticos pertenecían a Eduardo Calles. En
su casa encontraron armas y droga, en su oficina también.
-Pero. ¿Cómo sabes tú todo eso?.
-Gabriel, desde el primer hallazgo de droga en el barco, avisé a la
policía. De ahí en adelante, siempre navegó una persona encubierta,
encargada de detectar si había droga. Esa persona le avisaba al
capitán y nos deshacíamos de ella antes de tocar puerto. Luego los
buzos de la naval recuperaban el cargamento y guardaban la evidencia.
Las autoridades navales no querían que los traficantes se enteraran
que éllos sabían lo del contrabando, no usábamos radios pues los
mensajes corrían el riesgo de ser interceptados. Cuando no se le
podía informar al capitán de manera verbal, se le dejaba una nota que
el capitán rompía después.
-Yo encontré la última nota que recibió Augusto sobre su escritorio.
¿Por qué la dejó a la vista?.
-Mateo, todo estaba planeado para que compartiera la información con
algunos sospechosos. Augusto los incluyó a ustedes tres porque siendo
los hijos del dueño y su mejor amigo, nadie pensaría que
desconfiáramos de ustedes. Así Carlos y Víctor siguieron haciendo de
las suyas sin imaginar que los teníamos en la mira.
-Papá. ¿Tú sabías que habían cogido mi plantilla para escribir el
anónimo?.
-Sí, te pido disculpas, no creí que Gabriel se tomara tantas
molestias por indagar quien era el propietario.
-¿Por qué nos mantuvieron al margen de todo lo que sabían?.
-Gabriel, quería protegerlos, son mis hijos, esa gente es capaz de
todo por lograr sus fines. Tú y Fermín son muy atrabancados,
seguramente se hubieran enfrentado con toda la banda sin medir las
consecuencias.
-Aurora, su tía y Mateo han estado en peligro, si tú nos hubieras
puesto al corriente de las cosas nosotros las hubiéramos protegido
las veinticuatro horas del día.
-Padre, Gabriel tiene razón, mira lo que estuvo a punto de ocurrir
hoy.
-¿Cómo podíamos saber que este par actuaría por su cuenta?. Ayer
Arturo me ofreció entregarme estos papeles a cambio de una cantidad
de dinero y de la promesa de que lo ayudaría a escapar, sabía que
tenía a la policía sobre su espalda. El agente de la naval me dijo
que concertara la cita, que le tenderíamos una trampa. ¿Quién podía
saber que las notas de Augusto estaban aquí?.
-Gabriel, Fermín, aquí no ha pasado nada, todo está bajo control,
cálmense.
-Mateo: ¡Mi hermano está muerto!... ¿Dices que no ha pasado nada?.
-Señora Refugio, esa es una terrible realidad que está fuera de
nuestras manos remediar. Si les sirve de consuelo les diré algo que
hasta ahora Mateo y yo manteníamos en secreto. Augusto no quiso
preocuparlas, en el último examen médico de la compañía se le detectó
cáncer de próstata. Les repito, no es un consuelo, pero su muerte fue
rápida y además quedó en el mar, todos sabemos que fue lo mejor para
él, no sufrió en un hospital tratamientos y encierros. ¿Qué hubieran
preferido?.
-Piensen en lo que ha dicho don Guillermo, yo que fui lo más cercano
a un hermano, considero que Augusto vivió y murió en paz.
EPÍLOGO.
Eduardo Calles, Carlos, José Clemente, Víctor y demás compinches, se
encontraban en una prisión de alta seguridad, acusados de delitos
contra la salud, fraude, asesinato, etc, etc.
-¿Se ha despejado la bruma que envolvía tus sentimientos?. ¿Aceptarás
ser la señora de Pacheco?.
Aurora apoyó la espalda en el muro del pequeño faro de Nautla,
respiró profundamente y agitó su cabellera con ambas manos. Habían
pasado cinco años desde la muerte del capitán, durante los cuales se
dedicó a estudiar con ahínco la carrera de biología marina y a
mantener una estrecha amistad con los hermanos Pacheco. Tenía un año
de noviazgo con uno de ellos y ahora él le estaba pidiendo que se
casaran.
-¿Permitirás que salga a los viajes de investigación?. Deseo ejercer
mi profesión.
-No abrá ningún problema, mi padre donó la embarcación y yo seré el
capitán, así que estoy seguro de que no te perderás ninguna excursión.
Gabriel la atrajo hacia sí y la besó apasionadamente. Después del
prolongado beso, montaron en su moto y se dirigieron al chalet para
comunicarle la noticia a Refugio y Mateo. Ellos tenían casi cinco
años de casados y todavía parecían novios
Fermín permanecía soltero y desde que Aurora mostró su preferencia
por Gabriel, se sintió liberado para volver a su antigua costumbre de
mujeriego. Él era feliz, siempre se le veía acompañado de hermosas
mujeres, junto con su padre se dedicaba a la administración de la
empresa desde la oficina, en tanto que Gabriel era el responsable de
los cuatro barcos. Las rencillas entre hermanos estaban olvidadas,
Aurora se encargó de unirlos, uno de los requisitos que les impuso
para conservar su amistad fue el de que dejaran de discutir. El otro
requerimiento fue apelar a la paciencia de ambos, hasta que ella
estuviera segura de a cual de los dos entregaría su corazón.
Desde el primer momento supo que amaba a Gabriel, no se lo demostró
porque si ella hubiera tomado partido desde el principio, los
hermanos hubieran vuelto a separarse y ella deseaba que la bruma del
odio no cegara el amor fraternal. Cuando estuvo segura de que nada ni
nadie podría apartarlos y de que Fermín no sería lastimado por su
decisión, aceptó ser la novia de Gabriel. Ahora, en unos días, sería
su esposa y sabían que la espera había valido la pena, ambos estaban
seguros de sus sentimientos.
Fin.