Carta a un amigo
 

Desde hace mucho tiempo, quiero, necesito hablarte....
Cierro los ojos y te veo y me veo, en aquellos inolvidables días de nuestra infancia.
En aquellos días todo el mundo era nuestro; sabíamos que delante de nosotros estaba el mundo de los adultos, que nunca entendieron que no estaba mal
regresar con las trenzas deshechas, perdidas las cintas de colores con que las madres adornan el cabello bien cuidado de sus niñas, ni por que
tu traías la camisa traboneada, las rodillas raspadas, las manos sucias... nunca entendieron la porfía de comer macachines sin lavar...
 

Yo sabía que estaban limpios, nosotros los elegíamos por el color de sus flores: los de color rosa eran para mi, los amarillos para ti y los blancos
eran la mitad para cada uno.
 

Luego me dabas aquel ramito de flores que yo traía felíz como el mas lindo del mundo: nuestro mundo...no encontré en casa un lugar donde ponerlo sin
que fuera considerado una molestia.
 

Tu esperabas con las manos en la espalda, aquel trozo de pan casero, mirabas sin decir palabra con tus ojos grandes y oscuros; yo sabía que tu querías
la gran rodaja del medio, pero... -es demasiado grande para un niño- y nos daban una mas pequeña, ya me encargaría yo de sacar aquella tan preciada
y además ponerle un poco de azúcar para luego comerlo mientras le dábamos largas a nuestras historias en aquella casita imaginaria que teníamos debajo
de la gran planta de coronita de novia, mientras los mayores decían: -están comiendo juiciosos, da gusto verlos- después todo sería como siempre para
nosotros y ellos nada sabrían de ese mundo particularmente nuestro, con luna y estrellas propias ...
 

Como entonces, como siempre miro aquella que me quitaría la tristeza cuando algo me pasara... tu tienes la tuya y en ella están todas las cintas
de mis trenzas, aquellas que perdimos y que nunca encontramos.
Me pregunto , donde está tu mano?...donde estás con tu mirada inteligente y tu flequillo rebelde?...donde?...
 

Ya no tengo trenzas, ni macachines, ni pan casero de la gran rodaja....ha pasado el tiempo; mucho tiempo ha pasado pero yo estoy aquí intentando hablarte,
decirte lo que siento y cuanto lamento mi silencio y mi temor...
 

Recuerdas cuando te operaron de apendicitis?
 

Yo no entendía entonces por que a ti te habían operado, porque esas cosas no eran de nuestro mundo y tenía miedo sin tu mano; ahora tu estabas en
cama y yo estaba sola... te compraron entonces aquel carrusel a cuerda, tu decías cosas muy lindas de aquel Tiovivo; pero después la cuerda se rompió
y ya no hubo mas magia.... recuerdo tu rostro entristecido... y la estrella no vino para quitar esa tristeza...
Hoy que la niña no está, lo que queda de ella busca al niño amigo para decirle: perdóname...perdón por el silencio, por el temor, por sentirme sola y
pequeña sin las estrellas que me ayuden frente a la mirada triste de tus ojos grandes.... yo rompí la cuerda del carrusel... quisiera abrazarte fuerte...oír
que llaman a la puerta, abrir y que seas tu.
 

  Autor: Marie Díaz

 

 

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