Tu hermana me contó que
ayer domingo la llamaste por teléfono para decirle que hubieras deseado
visitarme al geriátrico pero que, como tenías un compromiso con tus compañeros de
promoción, no te iba a alcanzar el tiempo.
No tienes
de que preocuparte hijo, mas bien te agradezco por la torta de cumpleaños que
me enviaste. Lástima que no la pude probar, tú sabes...la diabetes.
También me
contó que dejaste nuestro viejo hogar y te mudaste a tu nueva casa. Y que
compraste nuevas cosas. Te felicito hijo, realmente eres un triunfador.
Dime...¿no
podrías prestarme uno de los televisores grande, a colores y con control remoto
que tenías en la anterior casa. No sé si sabes que mi visión ya no es la de
antes. El médico dice que tengo cataratas en los dos ojos y debo operarme.
Pero
quédate tranquilo. Acabo de inscribirme a un programa gratuito que el Club de
Leones tiene para ancianos indigentes.
Además no
sé si recuerdas que mi viejo televisor aparte de pequeño es en blanco y negro y
que en las noches tengo dificultades para cambiar de canal debido a la artritis
que padezco.
Bueno
querido hijo no deseo abrumarte con mis cosas. Solo decirte que quisiera verte
y saber de tus asuntos de propia boca.
Quizás
creas que estoy molesto contigo. Déjame decirte que no. Que lo que pasó, pasó.
Siempre he
pensado que así es la vida. Además ya estaba preparado desde la muerte de tu
mamá. Sabía que la soledad iba a ser mi única compañía.
Por eso
cuando un día llegaste a casa y me preguntaste por “tu familia” (refiriéndote a
tu esposa e hijos) sentí que había llegado la hora de partir de aquella casa
que compramos con mamá.
Además,
vivir en la azotea de la casa ya no me gustaba. Aparte de frío era pequeño y lo
peor, me mantenía alejado de ustedes.
Por eso
hasta hubo oportunidades en que recién me enteraba de las fiestas que se
realizaban en el primer piso cuando, al día siguiente, me llevaban torta o
algún plato de comida.
Dime
hijo...¿Cómo están mis nietos? Me cuentan que el último acaba de cumplir un
añito...lástima que aún no lo conozca. Pero igual lo quiero. Dale un beso de mi
parte.
En realidad
quisiera hacerte miles de preguntas, pero me las guardo para cuando te animes a
visitarme. Aquí estaré esperándote.
Antes de
despedirme quisiera darte un consejo. Cuando puedas háblales a tus hijos de sus
abuelos. Haz que sientan amor por los ancianos en general. Acércalos a ellos.
No olvides que la vida es un proceso cuya marcha nada ni nadie lo detiene.
Recuerda
que yo también fui joven. Y que tú también serás viejo. Y ojalá
que cuando te llegue el momento, tus nietos sepan quien fuiste, quién eres, y
sepan valorarte, respetarte y amarte.
No olvides
que todo depende de ti.