CELIANA Y LA CIUDAD SUMERGIDA
Celiana vivía en una choza junto a la playa. Tenía una barca que se llamaba "Tormenta" y una amiga, gaviota, que se llamaba Ota.
Celiana iba siempre con su padre para ayudarlo en los trabajos de la pesca. Y siempre los acompañaba la gaviota Ota.
Una mañana, estaban sacando las redes llenas de peces... De pronto, las aguas comenzaron a agitarse.
Y, del fondo del mar, subió un jabalí, blanco como la espuma de las olas.
Y el Jabalí Blanco les dijo:
-Hace muchísimos años, mi ciudad fue encantada... Y desde entonces esta sumergida en el mar sabemos que Celiana puede romper este encantamiento.
-¿Qué debo hacer? -pregunto la niña.
-Tienes que pasar tres pruebas -dijo el Jabalí. La primera prueba es acompañarme al fondo del mar. La segunda, no hablar ni una sola palabra durante tres
días. Y la tercera, no acariciar, durante tres días, a ningún animal.
-De acuerdo -exclamo Celiana.
Celiana dijo adiós a su padre y a su amiga Ota.
Montó en el Jabalí blanco y...
Cuando se hundieron en el mar, el Jabalí dijo:
-Toma este jarro de oro y llénalo de agua. Si consigues pasar las pruebas echarás una gota sobre cada animal que veas.
Celiana dijo que si con la cabeza. Llenó el jarro y lo colgó al cuello del Jabalí.
El viaje por el fondo del mar fue largo y hermoso. Rodeados por muchísimos peces... atravesaron bosques de coral allí trabajaban los peces sierra, los
peces martillo, los peces hacha...
Celiana hacia gestos de admiración.
A lo lejos se distinguía la ciudad sumergida. Mil torres de diferentes tamaños se recortaban en aquel cielo de aguas verdes, Celiana le puso por nombre
la Ciudad de las Mil Torres.
Las calles de la ciudad estaban desiertas. En las aceras había luciérnagas para alumbrar el camino.
El Jabalí blanco dejó a Celiana en una de las casas y se despidió de ella. Toda la casa estaba amueblada con caracoles marinos. Al poco rato dos perritas
blancas le trajeron la cena y todo lo que necesitaba para pasar la noche.
La niña les dio las gracias con un gesto.
Al día siguiente Celiana salió a pasear. Por las calles sólo se veían animales tristes y silenciosos. Algunos iban llorando y gruesos lagrimones caían
de sus ojos.
Celiana quería correr a consolarlos. Le costó mucho trabajo, pero durante tres días no habló ni acarició a nadie.
Celiana esperó impaciente a que amaneciera el cuarto día. Entonces se levantó y tomó el jarro de oro.
Y cuando las dos perritas le trajeron el desayuno, les echó unas gotas de agua sobre la cabeza.
Inmediatamente se convirtieron en dos hermosas jóvenes.
Sin decir palabra, la niña salió a la calle y fue echando agua sobre todos los animales. Y todos se iban convirtiendo en hombres o mujeres, en niñas o niños
según lo que fueran antes del encantamiento.
Al fin, la ciudad sumergida, la Ciudad de Las Mil Torres se elevó sobre las aguas.
Celiana daba gritos de alegría. ¡Tenía tantas ganas de hablar...!
Además su amiga Ota la estaba esperando.
Celiana y Ota rieron, saltaron y dieron vueltas por el suelo.
La ciudad era tan hermosa, las personas eran allí tan felices que.. Celiana su padre y también la gaviota Ota se quedaron a vivir en la Ciudad de las
Mil Torres.
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