Cuando tenía cinco años
Cuando tenía cinco años me mandaron a la Universidad a estudiar. Por la noche mi papá me dijo - a la mañana siguiente te vas a estudiar- No estaremos tu
mamá ni yo para despedirte, y si la vieras llorar te girarías y dejarías de avanzar y en nuestra familia ningún hombre se ha vuelto a mirar atrás - Las
personas se despedirán de ti mañana´por la mañana.
¿Cómo se puede esperar tanto de un niño de cinco años?
Despertaron al niño a las cuatro de la mañana, lo montaron en un caballo. Los sirvientes se despidieron de él y uno de ellos le dijo - Hijo mío, ten cuidado,
te podemos ver hasta que llegues al cruce, tu padre te está vigilando desde arriba - no mires para atrás porque todos los niños que se han ido así lo
han hecho, el lugar al que te llevan no es cualquier Universidad, los hombres más importantes han estudiado allí - Tendrás un examen de ingreso muy difícil,
pase lo que pase intenta pasar el examen porque si te suspenden tendrás muchos problemas en esta casa.
¡Que dureza para un niño de cinco años!
Se sentó en el camino y se puso a escribir su autobiografía mientras se le empezaban a caer las lágrimas, pero ¿cómo iba a volver a la casa, a mi padre?
Estaba partiendo a lo desconocido, era muy pequeño, pero no podía mirar atrás, porque en mi familia nunca se había vuelto nadie. Si mi padre me viera me
prohibiera entrar en la casa, de modo que me controlé y miré hacia adelante, nunca me volví para mirar atrás.
Se está produciendo algo dentro del niño, se está despertando una fuerza de voluntad, una energía vital para fortalecer su centro del ombligo.
Su padre no estaba siendo duro, sino muy cariñoso, y todos los padres y madres que aparentemente son cariñosos no lo son; están debilitando los centros
internos de sus hijos, no están creando dentro de ellos ninguna fuerza, ninguna firmeza.
El niño llegó al colegio, tenía cinco años y no se sabía que actitud tenía. El director dijo - El examen de ingreso es muy difícil. Siéntate con los ojos
cerrados y pase lo que pase no los abras hasta que yo vuelva - este es tu examen de ingreso y si los abres te volveremos a mandar a casa.
Se sentó al lado de la puerta con los ojos cerrados, le molestaron las moscas, los niños del colegio, pasó una hora, dos horas, tenía muchas tentaciones
de abrir los ojos pero se acordó de los sirvientes, de su papá y pasaron tres, cuatro horas y al cabo de seis horas llegó el maestro y le dijo - Hijo mío,
tu examen de ingreso ha terminado - ven, te convertirás en un joven con gran voluntad, tienes firmeza para hacer lo que quieras. Poder estar sentado con
los ojos cerrados durante seis horas es una gran hazaña a tu edad.
El maestro lo abrazo y le dijo - No te preocupes, le hemos dicho a los niños que te molestaran para que tuvieses la tentación de abrir los ojos.
Ahora que soy adulto yo creía que en aquella época me estaban tratando con crueldad, pero ahora estoy agradecido con todas las personas que fueron duras
conmigo, despertaron en mi una fuerza que estaba latente en mi, concentración, amor, pureza.
Vosotros estáis haciendo lo contrario, no os enfadéis con los niños, no les pegueis. Ahora en todo el mundo se ha descartado el castigo físico. No se le
puede pegar a un niño, no se le puede castigar físicamente. Esto no es sensato porque se castiga por amor, no por enemistad. A los niños que han recibido
castigo se les despierta los centros energéticos, la columna vertebral se endereza y se fortalece, surge en ellos una firmeza. Nacen también rabia y el
orgullo y nace una fortaleza interna que se puede desarrollar. Estamos creando sobre la tierra gente sin columna vertebral, que sólo puede reptar sobre
ellos y no volar por el cielo como si fueran cóndores, y creemos que lo hacemos por compasión, amor y moralidad.
Enseñas al hombre a no enfadarse, le enseñas a no expresar intensidad, le enseñas a ser débil y a no tener caracter.
En la vida de un hombre como este no puede haber alma. Un hombre así no puede tener alma porque no puede tener los sentimientos internos del corazón que
son necesarios para el alma.
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