Gunter el angelito.
Como cada año, cuando se acerca la Navidad, aumenta el trabajo de todos los Ángeles . Unos se preocupan de vigilar que todos los niños se porten bien, apuntan
cuando no obedecen a sus papás, cuando dicen alguna mentirijilla, cuando no se comen todo lo que mamá les ha puesto en el plato o cuando no realizan sus
trabajos escolares. Los Ángeles también tienen que apuntar a aquellos que ayudan a recoger la mesa después de comer y se limpian los dientes al menos
tres veces al día. Toman buena nota de aquellos niños que ayudan a sus compañeros siempre que estos lo necesitan. Otros Ángeles tienen la obligación de
empaquetar los regalos que se han de entregar a los niños el día de Navidad. Son los Ángeles más listos y que tienen las alas de cisne, fuertes y grandes
pues tienen que volar muy rápido para, en una sola noche, llevar a todos los rincones del mundo la misión que el Niño Jesús les manda. Transmitir su mensaje
de Paz y Amor.
Esta es la historia de un pequeño Ángel sin alas llamado Gunter. Gunter era un Ángel algo despistado y un poco vaguete. Siempre dejaba todo para el final
y, claro, luego tenía que andar de prisa y las cosas le salían mal. A pesar de sus buenas intenciones Gunter siembre terminaba por hacerlo todo mal y de
esta manera nunca lograba conseguir sus deseadas alas de cisne para poder volar y llevar a cabo la importante misión.
Ese año el Niño Jesús había reunido a todos sus Ángeles , como siempre lo hacía, unos días antes de la Navidad. Todos los Ángeles hablaban bajito entre
sí preguntándose si serían ellos los afortunados de bajar a la tierra. El Niño iba diciendo los nombres de cada ciudad y el Ángel encargado de repartir
los regalos en ella. Apenas quedaban Ángeles y todavía eran muchas las ciudades y pueblos. Gunter estaba al final de la gran sala celestial seguro de que
no sería él el encargado de repartir juguetes ni siquiera en el pueblo más pequeño. De pronto vio que todas las miradas se centraban en él. Su nombre había
sido elegido para repartir regalos en una hermosa ciudad a orillas de un gran río. Como no había estado atento tuvo que preguntar a un Ángel amigo el
nombre de la ciudad. Finalmente se enteró que Viena era su destino.
Unos días después llegó la noche mágica. Todos los Ángeles con sus hermosas alas de cisne volaban rápidos a cumplir su misión. Gunter no tenía alas pero
el Niño Jesús le había colocado en la espalda unas alas de manera provisional. "Aquí tienes estas alas, Gunter, le dijo el Niño, pero recuerda que solo
son provisionales. Si cumples bien tu misión a tu vuelta serán definitivas y podrás lucir esas hermosas alas de cisne que tanto deseas".
Gunter emprendió rápidamente su camino y nada más llegar se dirigió hacia la casa de una pequeña de seis años que se portaba estupendamente y había pedido
algunos regalos al buen Niño para esa noche. La casa estaba adornada con preciosas bolas y guirnaldas de colores. En el salón había un gran árbol lleno
de pequeñas bombillitas que lucían con hermosos destellos de luz. Como era muy temprano la pequeña Mirta todavía estaba despierta viendo su programa de
televisión favorito. Gunter se hizo pequeño, tan pequeño como la punta de un alfiler, había volado mucho y estaba cansado así que, puesto que era tan temprano
se quitó un ratito sus alas dispuesto a descansar unos minutos antes de empezar a repartir los regalos. En la casa se estaba muy bien , hacía un agradable
calorcito y, claro, pasó lo que tenía que pasar. Gunter se quedó dormido sin darse cuenta de que una ráfaga de viento se llevó sus alas hacia la calle.
Cuando Gunter se despertó un ratito después solo encontró una ventana abierta, la televisión apagada, la niña dormida y ni rastro de sus alas. Buscó por
todos los sitios, entre las luces del árbol, entre los cojines del sofá y debajo de las mesas pero no pudo encontrar nada. Sin alas no podría volar y esa
noche todos los niños de Viena se quedarían sin juguetes y él no lograría sus maravillosas alas de cisne. Entró en el cuarto de Mirta con la intención
de seguir buscando, miró debajo de la cama y encima del armario y entre los juguetes y debajo de la almohada de la niña que seguía dormida soñando con
los regalos que recibiría al día siguiente. Nada, sus alas estaban totalmente perdidas. Se puso muy triste y comenzó a llorar amargamente. Una de sus lágrimas
resbaló por su mejilla y fue a caer sobre la nariz de Mirta lo que hizo que ésta se despertase con un sonoro estornudo. Mirta se quedó asombrada mirando
la pequeña figurita llorar. Gunter no se había dado cuenta de nada y se llevó un buen susto cuando la pequeña le preguntó: ¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras?.
Gunter no pudo reprimir un sobresalto. A pesar de su pequeño tamaño no había pasado inadvertido para la pequeña que le miraba fijamente con sus grandes
ojos azules. "Soy el Angel de la Navidad, le dijo. Mi misión durante esta noche mágica es entregar los juguetes a todos los niños de Viena pero como estoy
a prueba mis alas eran provisionales. Me las quité un momento y no sé dónde las he puesto. Así nunca lograré mis grandes alas de cisne y lo que es peor,
esta noche todos los niños de Viena se quedarán sin sus regalos. Y todo por mi culpa y por mi despiste.
No te preocupes, creo que podré ayudarte.
Y dicho esto sacó de un cajón sus lápices de colores y una gran hoja de brillante papel dorado. Con unas tijeras sin punta y teniendo mucho cuidado, cortó
dos pequeñas alitas. Luego las pintó con sus lápices de colores y las decoró pegando trocitos de papel brillante. .Las alas quedaron preciosas cuando,
finalmente, las enganchó a la espalda del pobre Gunter que ya había dejado de llorar. El resultado era fantástico. Gunter movió las alas lentamente primero
y realizó un vuelo muy despacito para acostumbrarse. Luego empezó a volar cada vez más deprisa y mas alto. Las alas cumplían perfectamente su misión. Dio
giros en el aire y realizó algunas piruetas. Gunter estaba feliz, gracias a esa niña su misión podría llevarla a cabo sin excesiva dificultad.
" Mirta, gracias por todo, no te olvidaré nunca. Ahora duérmete pronto porque todavía no he dejado tus regalos debajo del árbol". Me dormiré ahora mismo,
contestó la niña, pero, por favor, no te olvides de los regalos de Ema y de Frida. Son mis mejores amigas y no quisiera que se llevasen una desilusión.
No te preocupes, no se me olvidará ninguno de los niños de Viena y mucho menos Ema y Frida Un beso y que seas muy feliz. Adiós.
Adiós, Gunter, ¡Ojalá consigas tus alas de cisne!.
Inmediatamente el Ángel desapareció dejando tras de si un destello de brillantes colores. Mirta se fue de inmediato a la cama y se quedó dormida. Cuando
despertó, a la mañana siguiente, pensó que todo había sido un sueño. Corrió al comedor, el árbol estaba lleno de preciosos regalos. "¿Habrá conseguido
Gunter sus deseadas alas?", se preguntó. Sus dudas se aclararon cuando se asomó a la ventana. Esa noche había caído una gran nevada pero el cielo estaba
azul y el sol brillaba con fuerza. Mirta sonrió pues al mirar hacia arriba solamente vio una gran nube destacada en el interior de un gigantesco arco iris.
Una nube que el sol hacía brillar intensamente. Una nube con una forma clara y definida que semejaba a dos inmensas alas de cisne perfectamente extendidas.
Enseguida supo que Gunter había conseguido su deseo.
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