Que pase una feliz Navidad!
Hoy, en mi casa hay una mesa servida sin invitados, han muerto todos los que
asistían a acompañarme, mis lágrimas traen de vuelta sus risas en mi
memoria, y la soledad , la peor de todas las compañías es la qué siempre me
hace recordar, que algún tiempo de mi vida creí en la navidad, no porque la
celebré, sino porque pude compartirla, con la misma felicidad de los que un
día me amaron. Este año no ha dejado de decorar mi vida , con un inútil
árbol navideño de ciprés , donde los fantasmas de mis muertos, son los
únicos que sienten alegría , pues deben de ser guiados a la tierra por las
luces intermitentes de este mutilado arbusto. Siempre odio cuando llega esta
fecha, me produce acidez psicológica, es la palabra correcta para soportar
el bombardeo de la publicidad que desde septiembre prostituye de manera
vergonzosa, ante los ojos de todos , el significado de la navidad. Sabe Dios
cuanto odio regalar obsequios a personas que no amo, solo por trabajo,
amistad sin amistad, todo por compromiso, eso me hace sentirme atrapada en
las emociones de los demás, y me entristece más de lo que ya me siento.
Salgo a recorrer las calles de San José, sin concentrarme en nada, solo
existiendo, sin sentir nada, pero recapacito y me digo ¡ no es posible,
vivir sin sentir! Pero el cuerpo no tiene la culpa de que el alma no
responda, así que sigo tratando de caminar entre un mar de gente, y un San
Nicolás ebrio, con unas tenis Nike, ( que lo he visto disfrazado de payaso
en días anteriores) girtanto de manera fingida ¡Feliz Navidad!
Y a unos pocos centímetros de él, Marito Mortadela ,un hombre pequeñito que
padece Síndrome de Down, y un alto grado de locura, a ese que no se le
entiende casi nada de lo que habla , muy despreocupadamente sin ningún
problema , ni prejuicio social, entonaba desafinadamente un villancico,
acompañado de su guitarrita sin cuerdas, y me digo-¡ese, es el único que
debe de estar disfrutando de la navidad, ya escapò del mundo, es feliz!!!
Sin percatarme un niño en una silla de ruedas, se dirige hacia mí, me mira
tiernamente y con esa misma mirada, sosteniendo un vaso no tan sucio como
él, lo mueve torpemente en señal de que le ayude con dinero a soportar mejor
su deshauciada existencia, así que procedo a darle unas cuantas monedas,
casi me siento Judas , cuando vendiò a Cristo por las mismas monedas que yo
le depòsito en su vaso, (la iglesia Catòlica estaría muy feliz de ver mis
buenas acciones, para mi salvaciòn personal) y este niño muy cortéz me dice
-¡gracias, Qué pase una Feliz Navidad!
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