VISIÓN DEL PARQUE Y EL JARDÍN
Con la luz solar iluminando el paisaje los árboles de follaje perenne lucen sus verdes distintos según las luces y sombras, mientras los caducifolios muestran sus ramas desnudas, esperando con paciencia la llegada de la primavera que traerá para ellos los nuevos y hermosos trajes.
Los cítricos lucen orgullosos sus frutos coloridos, que semejan distintos tonos de oro, bellamente mezclados con blancos azahares que tienen aquellos, cuya característica es la de producir todo el año.
Los perfumes del parque y del jardín son variados y múltiples, el aroma de los pensamientos tan fresco y dulce teniendo como agregado la frescura de los pastos y de la tierra, hacen las delicias de mi olfato, confirmando entonces mi gusto por el jardín en especial y por la naturaleza en general.
Comenzaré en la próxima semana a remover la tierra y plantar las semillas que son el origen de las plantitas que con sus flores darán perfume y color en las venideras estaciones.
Sembraré zinias variadas y un poco de ilusión que con sus pequeñas flores blancas todo lo embellecen.
Espero ansiosamente la llegada de la primavera, toda la vida fluye entonces y asistir y participar de todo ese fluir de la vida es una experiencia intransferible que por nada me gustaría perder.
Mi alma alborozada manifiesta sonriendo y suspirando su alegría . Todo es alegría, vida y color, con el amanecer se inicia el ciclo diurno incansable y renovado de plumas coloridas y trinos nuevos.
Las magnolias con su perfume misterioso, los jazmines frescos, las azucenas dulzonas, las dulces frescas y azules glicinas junto a otras muchas flores riquísimas en néctar y polen hacen las delicias de los colibríes, abejas y otros insectos polinizadores.
Con la marcha del sol hacia el ocaso los visitantes diurnos comienzan a despedirse hasta el próximo amanecer.
Alisto entonces mis oídos para recibir a los habitantes de la noche, la música nocturna es diferente pero no menos encantadora y hermosa que la de mis amigos diurnos.
La noche cómplice y amiga me invita a soñar y entonces soñamos y vivimos lo que solamente otro soñador puede. La luna llena ilumina el parque y los pinos proyectan su sombra como si fueran elegantes y enjutos caballeros que van al encuentro de pomposas y perfumadas damas. Desde mi banco en el parque asisto silenciosa y disfruto del encanto que me invita a dejar de ser espectadora para ser parte viva de ese encantamiento.
Quizás no comprendas mis sueños y mi complicidad con la noche amiga, solo los bohemios enamorados de los sueños hablamos ese lenguaje.
Marie Díaz