A consentir al fin en su porfía

 

A consentir al fin en su porfía

Vino una dama con su enamorado,

Porque por su nariz hubo juzgado

Que tanto a buena cuenta metería.

 

Mas al revés salió su profecía,

Porque él tenía poco, ella sobrado;

De suerte que él quedaba tan holgado

Que no sintió si entraba o si salía.

 

La dama mal contenta dijo: "¡Ay triste!

¡Cuán mentirosa la nariz ha sido!"

Mas él le replicó como hombre diestro:

 

-"Ese defecto, amiga, no os contriste,

Que si mi gran nariz os ha mentido

A fé que ha dicho la verdad lo vuestro."