EL NÚMERO MÁS ALTO
Iba a jugar la partida de mi vida. Inmejorable manera de
pasar el fin de año.
Desde el primer instante me sentí atraído por ella, y debo
decir que fue una
cosa mutua. Nos cruzábamos por el pasillo y el aire se
paraba a nuestro
alrededor. Al principio, era como una curiosidad sostenida,
era un estar
pendiente el uno del otro. con disimulo. Pero poco a poco la
cosa fue cambiando
y el descaro fue en aumento. Ya no apartábamos la mirada con
rubor, ya no nos
esquivábamos al encontrarnos por el pasillo. Los roces se
fueron haciendo más
intensos y evidentes. Y todo sin decirnos ni una sola
palabra, lo que aumentaba
el morbo, el deseo, la lujuria, las ganas de más y más.
Averigüé su nombre por terceros, como suele ocurrir. Se
llamaba Kris, era de
origen francés y estaba bastante delgada. Nunca he sentido
especial predilección
por las chicas delgadas, pero ella era diferente. Sus ojos,
marrones claros. Su
boca, sensual como ninguna. Pero sobretodo sus pechos, en la
medida exacta,
turgentes, desafiantes, provocadores, llamando a ser
estrujados.
Era con diferencia la chica más excitante de la oficina, y
no podía apartarla de
mis pensamientos. Ella me seguía el juego, pero todo quedaba
en eso, en un juego
sin continuación. En un juego de 9 a 6.
Por aquel entonces yo estaba como consultor informático,
trabajando para el
cliente en el que la conocí. Pues bien, el proyecto con el
que estaba, arrancaba
en diciembre, y por desgracia para mi, alguien se tenía que
quedar de guardia en
fin de año. Al saberlo con antelación, me pude ir haciendo a
la idea. Un día,
mientras esperaba mi café al lado de la máquina, entró ella
con un par de
compañeros suyos. Le comentaban que "que putada tener
que hacer guardia en fin
de año. Que iba a hacer ella sola toda la noche. Que la
llamarían para que no se
sintiese mal.". Me dije "Esta es la mía", y
preparé la mejor sorpresa que le he
preparado a nadie hasta la fecha.
Llegó el día 31, y como siempre, a mediodía la gente se
empezó a marchar hacia
sus casas. Kris también se fue, supongo que para descansar
un poco y cambiarse
de ropa, y dado que me quedé solo, aproveché para poner en
marcha mi plan.
Sobre las 8 volvió de nuevo. Fuera hacía un viento del
demonio y el frío era
demoledor, pero dentro ya me había asegurado yo de calentar
el ambiente,
poniendo el termostato a 26º. Me sorprendió que ni se
inmutase con mi presencia.
Saludó con un simple "Buenas noches" y fue a
sentarse a su mesa como si tal
cosa. Llevaba un jersey de color azul con manga larga que le
quedaba como anillo
al dedo, y unos tejanos que marcaban su trasero lo justo
para dejar correr la
imaginación. No podía apartar los ojos de su espalda. La
llamaron un par de
veces, y mientras contestaba, ladeaba la cabeza los justo
para que nuestras
miradas se cruzasen. La calefacción fue surtiendo efecto,
porque hacia las 9 se
quitó el jersey, dejando a la vista un top blanco de esos
arrapados, marcando su
sujetador. Me estaba poniendo a mil. Ya ni siquiera
intentaba fingir que
trabajaba. Solo la miraba, deseándola como nunca he deseado
a nadie. A la
tercera llamada, justo en el momento en el que nuestras
miradas se encontraron,
me decidí, me levanté y me fui acercando a ella poco a poco,
sosteniéndole la
mirada, con toda la calma que podía transmitir. Le quité
suavemente el auricular
de la mano y no vislumbré ningún signo de reproche mientras
lo colgaba. Le cogí
la mano, se la besé y le pregunté "¿Te gustaría cenar
conmigo esta noche?".
Siempre recordaré como se puso a reír!! Me contagió y no
podíamos parar. Pero me
dijo que si, con lo que le hice levantarse, le di la vuelta,
y sacándome una
venda que llevaba en el bolsillo se la puse en los ojos.
Todavía se reía, pero
pude apreciar un amago de tensión por su parte. Supongo que
debió pensar, "a ver
de que va este!". Le dije que estuviese tranquila, que
ese fin de año no lo
olvidaría en la vida y se relajó un poco, Tomándola de la
mano, la guié hasta un
despachito que hay en la misma planta. La senté a la mesa, y
pasados unos
segundos durante los cuales seguro que flipó por los ruidos
que hice, le quité
la venda mientras empezaba a sonar una música relajante de
fondo.
Os puedo asegurar que se quedó sin respiración. Estaba
sentada frente a una mesa
redonda preparada para una cena de dos. Descubrió un
servicio de porcelana y
cristal, una cubitera con una botella de vino y una de cava
reposando, y un
carro anexo cubierto por un mantel, que contenía lo que
sería nuestra cena. Las
velas iluminaban la escena, dándole un toque especial e
irreal a la vez. Y pude
ver en sus ojos que efectivamente, le acababa de dar la
sorpresa de su vida.
Con una sonrisa maliciosa en el rostro le pregunté si quería
un poco de vino, a
lo que me respondió que si. Le serví una copa, y le propuse
un brindis "porque
todos los años pueda disfrutar de una compañía tan bella y
sensual". Sonrió de
forma pícara y añadió "y sexy!", a lo que respondí
"las más sexy". Puso cara de
complacida, y aproveché para acercarme poco a poco a su cara
y darle un beso en
los labios. Un beso casto, más roce que beso, Sin desviar
mis ojos de los suyos
le susurré: "la más bella, sensual y sexy del mundo
mundial". Noté que un
escalofrío recorría su cuerpo.
Me aparté de ella, muy a pesar mío, y procedí a retirar el
mantel que cubría el
carro. Serví la ensalada que había preparado para la ocasión
y comenzamos a
cenar. Fue una de las veladas más perfectas que recuerdo. La
conversación fluía
sin trabas, sin silencios incómodos, entre miradas de
complicidad y deseo. La
había conquistado y los dos lo sabíamos, con lo que solo
quedaba disfrutarlo.
Nos reímos como nunca, y descubrí en ella a un persona audaz
e ingeniosa, y
sobretodo bella. Muy bella. Por dentro y por fuera.
Pasamos del primer plato al segundo sin darnos cuenta, y del
segundo al postre
entre bromas y chismorreos sobre la gente de la oficina,
sobre antiguas
relaciones y sobre la vida en general. Y bebiendo y riendo
llegamos al postre,
al que presenté con "Esta es una sorpresa que necesita
que te tapes los ojos".
Esta vez se los vendó ella misma sin borrar la sonrisa que
le iluminaba el
rostro. Estaba preciosa así, expectante, con las mejillas
coloradas por el calor
y el alcohol, con las manos entrelazadas encima de la mesa.
Era una Diosa y lo
sabía. Esa noche, era mi Diosa.
A los pocos minutos, le pedí que se quitase la venda, y se
encontró con que la
mesa estaba vacía excepto por una botella de licor de
melocotón rodeada de
varios vasos de chupito, un bol repleto de fresas con nata,
2 copas de cava y
dos barajas de cartas boca abajo, una para ella y una para
mi. Cogí la copa y le
sugerí otro brindis.
- "Por nosotros".
- "Por ti", me contestó. "Por regalarme una
de las mejores cenas de mi vida".
- "Falta el postre, espero que no te defraude" le
dije.
- "Eso espero. Si me defraudas, tendré que
castigarte." . Os juro que no se si
quería que me castigase o no. que duda!
Le expliqué en qué consistía el postre:
- "Vamos a jugar a un juego. Es la carta más alta.
Vamos descubriendo cartas,
ahora uno, ahora el otro. El que no logre superar la carta
más alta del
contrario, paga una prenda. Entre las cartas, hay cartas de
pruebas para
realizar, por ejemplo, beberse un chupito, dar de comer una
fresa al otro,
contestar una pregunta tipo verdad o mentira.".
Me prestaba toda la atención del mundo, y llegamos a la
pregunta clave. La
pregunta que podía arruinar la noche más emocionante de mi
vida.
- "¿Quieres tomar el postre conmigo?"
- "Si" me contestó. "Contigo, al fin del
mundo".
Y levantándose de la mesa, me dio un beso que todavía me
pone los pelos de
punta. Me devoró. Me mordió los labios y saboreó cada rincón
de mi boca con su
lengua. A los pocos segundos volvió a su asiento dejándome
completamente
empalmado y boquiabierto, y con la más inocente de sus
miradas me dijo:
- "¿Quién empieza, tú o yo?"
- "Por favor, tu primero" le dije con un hilo de
voz.
- "Tengo un 3" confirmó al descubrir la primera de
sus cartas.
- "Un cinco" contesté descubriendo la mía.
- "Tengo postre. La carta dice <Da de comer una
fresa con nata a tu
contrincante>."
Me miró con cara de pícara, se levantó y cogió una de las
fresas del bol, que
rezumaba nata por todos los lados. Recogió la nata de la
fresa con el dedo
índice, y se acercó a mi. Su cercanía me bloqueaba los
sentidos.
Se inclinó sobre mi, y me susurró en la oreja:
- "Abre la boca" y me chupó el lóbulo.
Abrí la boca temblando de excitación, mientras ella se ponía
y aguantaba la
fresa en la suya. Me la dio de comer de forma que casi me
corro allí mismo. El
sabor de su boca y la fresa, su olor, el roce de sus
cabellos, su mano en mi
cuello evitando que la presa se soltara, la forma en que me
mordía los labios,
su lengua acaramelada en mi boca. Se separó un poco, y
metiéndome el dedo lleno
de nata en la boca me ordenó: "chúpamelo". Decidí
desbloquearme un poco, porque
con toda la calentura que llevaba, empezaba a no disfrutar
de los detalles, así
que lamí más que chupé su dedo, sin apartar mis ojos de los
suyos. Unas gotas de
fresa resbalaron de mi boca, cosa que ella aprovechó para
recogerlas con su otro
dedo índice, y se lo llevó a la suya, chupando nuestros
dedos a la vez.
Nunca creí que los dedos pudiesen ser tan eróticos, pero
vaya si lo son! Después
de lo que pareció una eternidad, sacó los dedos de nuestras
bocas, y volvió a su
asiento. Volvió a sacar una carta.
- "Me parece que vamos a tener que cambiar las barajas.
estoy perdiendo todo el
rato!" Dijo sacando un 4 de la baraja.
- "Yo diría que estas ganando por goleada"
respondí con una sonrisa. "Te toca
una prenda".
- "¿Cuál prefieres que me quite primero?"
- "Hagámoslo excitante. Quítate los zapatos"
- "Hay un pequeño problema. Estaba tan cómoda durante
la cena que hace rato que
me los he quitado".
- "Pues sácate los calcetines, y para que veas que voy
de buena fe, me voy a
quitar también los zapatos".
Yo no llevaba calcetines, o sea que me quedé descalzo. Kris
separó la silla de
la mesa, y levantando las piernas una a una, procedió a
quitarse los calcetines,
masajeando suavemente los pies al hacerlo. Los tiró a un
rincón y me dijo
- "¿Y ahora que?"
- "Ahora volvemos a empezar, y me toca a mi"
Y retirando las cartas jugadas de encima de la mesa,
descubrí otra de mi baraja.
La miré y leí su contenido:
- "Es una pregunta. Dice ¿Cuándo te masturbaste por
ultima vez, y en quién
estabas pensando al hacerlo?".
- "Vaya! Tengo ganas de saber la respuesta" dijo
entre risas
Quizás en otro momento me hubiese puesto colorado, pero todo
era tan natural.
- "Esta mañana, en la ducha. Pensaba en ti. Pensaba en
ti y en esta noche""
- "¿Tan excitante era?"
- "Tan excitante eres" afirmé tajantemente.
Sus ojos despedían fuego.
- "Te toca sacar otra carta" Me dijo
- "Ocho"
- "¿Me lo estas poniendo difícil, eh?... a ver, a ver.
mira! Chupito para la
niña!"
Y cogiendo un chupito, cerró los ojos y se lo bebió de
golpe. Me miró fijamente
y me dijo:
- "No sabes la sed que tengo"
Sacó otra carta, la levantó y triunfalmente me mostró un
rey. Las posibilidades
de superarlo eran nulas, así que con cara de resignación
saqué un triste 6.
- "Quiero tu camiseta" me ordenó antes de que le
preguntase que quería que me
quitase primero.
- "¿No prefieres mis zapatos?" respondí
maliciosamente.
- "Tu camiseta!"
Me quité la camiseta y la tiré al rincón.
- "Te toca" le dije
- "Mira, una pregunta para mi: ¿Cuál es la postura que
más te gusta para hacer
el amor? ¿Cuál crees tú que es?" Me preguntó.
- "Creo que te gusta controlar la situación.
Seguramente que te guste estar
encima"
- "No vas mal encaminado. Me gusta estar encima, pero
en cuclillas, para
clavármela hasta el fondo cuando a mi me plazca".
Aquí fue cuando me di cuenta de que estaba tanto o más
excitada que yo y de que
ya no había vuelta atrás.
- "Te toca otra vez"
- "Un seis"
- "Un siete" respondí girando mi carta.
- "Mierda, un cuatro"
- "Te va a tocar darme una prenda"
- "¿Qué prefieres, mis pantalones o mi camiseta?"
- "Tus pantalones, por favor".
Se levantó de la silla, se sacó el cinturón muy lentamente,
y después se
desabrochó los botones delanteros, uno a uno, disfrutando
del momento. Se dio la
vuelta, y a la vez que se los bajaba, se fue inclinando
ofreciéndome una vista
espectacular: sus nalgas, perfectas, aprisionando un tanga
negro que me moría
por arrancar. No se como no salté en ese momento de la
silla. Hubiese dado mi
brazo por besar, morder, estrujar y sobar ese culo. El bulto
de mis pantalones
era de escándalo. Yo creo que llevaba 3 litros de líquido
pre seminal en los
calzoncillos. A ese paso, me retiraban en camilla de la
partida, antes de
finalizar el primer cuarto! Se apiadó de mi y se sentó de
nuevo.
- "Te toca a ti sacar carta"
Por suerte me tocó chupito. Me temblaba la mano de tal forma
que casi me lo tiro
encima. Me lo bebí de golpe, pero antes le ofrecí un poco a
ella, que lo rechazó
con un "Cada uno lo suyo" la mar de pícaro. Me
volvía a tocar a mi.
- "Un diez", dije mostrándolo.
- "Un as"
- "Me parece que con mi 5 no te llego ni a la suela de
los zapatos. ¿Quieres mis
pantalones?"
- "Por supuesto", replicó divertida.
- "Pues tendrás que venir a buscarlos" le dije.
Se acercó a mi, me obligó a darme la vuelta, y rodeándome
con sus brazos, empezó
a desatarme el cinturón. Cuando acabó de sacármelo, me dijo:
"Antes de quitarte
los pantalones, deberíamos comprobar que no haya nada
importante en los
bolsillos", y metiendo ambas manos en los bolsillos,
empezó a sobarme la polla.
Me apoyé en ella con los brazos caídos, disfrutando una
barbaridad con la paja
que me estaba haciendo. Los bolsillos, al ser apretados, no
facilitaban mucho el
movimiento, pero a la vez incrementaban la presión de su
mano contra mi polla.
Mientras continuaba el masaje con la mano derecha, sacó la
izquierda del
bolsillo y me empezó a acariciar el pecho, poniendo especial
cuidado en mis
pezones. Me estaba muriendo de gusto, y le pedí que por
favor, lo hiciese un
poco más rápido. Se lo rogué. Se lo imploré. Pero la muy
diabla me respondió que
ahora que se lo estaba pasando en grande, no iba a cargarse
la diversión! Así
que se retiró, volvió a su silla y me dijo:
- "Venga machote, sácate ya los pantalones que tenemos
una partida que acabar!"
Evidentemente, me saqué los pantalones quedándome en
calzoncillos y se los
arrojé a la cara, medio en broma medio en serio.
- "Eso no se hace! ¿Sabes que hay hombres que han
muerto porque les ha explotado
la polla?"
- "Como te explote, seguro que me matas a mi y todo,
porque está a punto de
rebentar! Pero ni se te ocurra, ¿eh? Lo que llevas en los
calzoncillos lo quiero
todo para mi! Y espabila, hombre! Venga, siéntate, que me
toca a mi. Un 9"
- "Una Q" respondí triunfalmente "Esa
camiseta lleva mi nombre" añadí
maliciosamente
- "Tu polla lleva el mío" contestó mientras me
guiñaba un ojo.
- "Venga, levántatela. la carta, me refiero a la
carta"
- "Un 4. ¿Parece que la suerte no me sonríe, verdad?
Que prenda prefieres, la
camiseta o el tanga?"
- "La camiseta, pero como me has ayudado antes con los
pantalones, ahora te voy
a ayudar yo."
- "No hace falta que seas tan amable."
- "Faltaría más, además, ayudarte es un placer"
contesté riéndome. "No, no hace
falta que te levantes de la silla."
Me acerqué a ella por delante, me senté a horcajadas sobre
sus piernas,
intentando no cargar todo mi peso sobre ellas, y besándola
con todas mis ganas,
le saqué la camiseta muy poco a poco, intentando rozar con
mis manos sus
costados, recreándome en los laterales de sus pechos,
descubriendo un sujetador
de encaje a juego con el tanga. Cuando la camiseta ya le
cubría la cabeza, le
junté las manos en la nuca y le dije: "Espera que
quiero comprobar una cosa. No
te muevas". Y acercándome a su pecho derecho, soplé suavemente
por encima del
sujetador, directamente sobre el pezón, que se endureció
hasta casi atravesarlo.
Kris gimió levemente.
- "Huy, parece que tu también tienes un bulto que
enseñarme, ¿eh?" dije
sonriendo.
- "Cabrón" me contestó "me estas calentando demasiado,
y después no sabrás
pararme".
Mientras acababa la frase, estrujé el otro pecho con mi mano
derecha, metiéndole
la lengua en la boca y frotando mi polla contra su pubis.
Podríamos decir que me
comí el gemido de placer y sorpresa que escapó de sus
labios. Retorcí el pezón
del pecho que mi mano aprisionaba, y noté como se le cortaba
la respiración a la
vez que se retorcía de gusto.
- "Ui, perdona, no lo he podido evitar" dije con
toda la inocencia que pude. "Ya
paro, ya paro, pero me quedo con esto". Le acabé de
quitar la camiseta y volví a
mi silla.
- Era mi turno de nuevo. "¿Me toca, no? Pues saco.. Un
chupito para el nene!"
- "¿Me darás un poco?"
- "Te propongo que nos tomemos uno cada uno. pero a mi
manera"
- "Tú te tomas el tuyo a tu manera, que yo me tomaré el
mío a la mía"
- Me hice un poco el interesante. "No se. no se.. Bueno
va! Pero yo primero, que
por algo es mi carta".
- "De acuerdo"
- Mientras preparaba los dos chupitos y los colocaba encima
de la mesa, le dije
"Túmbate en el suelo"
- "¿No vas muy rápido?" Contestó sonriendo.
- "Te prometo que solo me beberé el chupito. Palabra de
scout"
- "Desde luego que palabra de scout, con esa tienda de
campaña que llevas allí
abajo!"
Es que me partía de risa con ella!!! Pero tenía razón. Si no
le daba un poco de
tregua a mi polla, reventaría! Se tumbó en el suelo y estuve
pensando unos
segundos en dejar de lado mi palabra, mi frase y mis
párrafos y fallármela allí
mismo. Seguro que no se hubiese negado, pero un Scout es un
Scout. Mientras me
arrodillaba junto a ella, me miraba de soslayo para ver qué
hacía con el
chupito. Dejé caer un cuarto en su ombligo, y empecé a
sorber y a lamer sobre su
piel. Descubrí que tenía muchas cosquillas en la barriga,
porque no pude acabar
de bebérmelo. Se retorcía tanto por las cosquillas que lo
tiró todo. Puse cara
de enfadado y le dije
- "Como no te estés quieta, tendré que ser yo el que te
castigue, ¿eh?"
- "Si por favor, castígame ya!"
- "Silencio señorita. Compórtese! Ahora quiero tomarme
el resto del chupito con
tranquilidad, así que estese quieta! Desee la vuelta"
En cuanto se dio la vuelta, me puse a la altura de sus pies,
y le doblé las
rodillas, de forma que las plantas quedaban hacia arriba.
Volqué la mitad del
chupito en cada planta y le dije: "Como se caiga una
gota te vas a enterar", y
empecé a beber el chupito directamente de sus pies. Como
quieta del todo no se
quedó, empezaron a escurrirse gotas de chupito por sus dedos
y tobillos, así que
me vi obligado a continuar mi labor por esas zonas. A la vez
que me iba metiendo
sus dedos en la boca, uno a uno hasta dejarlos bien limpios,
empezó un leve
balanceo de sus caderas, restregándose contra el suelo. Una
mirada a su
entrepierna bastó para hacerme perder casi del todo el
conocimiento. El tanga se
le había metido entre los labios vaginales, y parecía que
los llevaba
completamente depilados. El olor de su sexo me inundó las
fosas nasales, y tuve
que hacer un esfuerzo sobrehumano para no continuar bajando
por sus piernas
hasta el centro de su placer. No podía moverse mucho al
tener las piernas
flexionadas hacia atrás, pero lo justo para darse un gusto
añadido. Tenía los
ojos entornados y emitía pequeños ruidos que confirmaban que
la cosa le
gustaba.. y mucho. Mientras continuaba chupando su pié
derecho, bajé el
izquierdo y me lo coloqué entre las piernas. Lo empezó a
mover masturbándome a
la vez que se frotaba contra el suelo. Era el momento de
parar, o fijo que
terminábamos allí mismo los dos. Así que retirándome un poco
le dije dándole un
pequeño cachete en el culo:
- "Bueno, yo ya me he acabado mi chupito, y oye, estaba
de muerte, ¿eh?"
Se dio la vuelta pasándome una de las piernas por encima y
envolviéndome con
ellas. Tenía las mejillas encendidas y la respiración
entrecortada. Los pezones
luchaban por escaparse del sujetador y en el tanga era
evidente una mancha que
indicaba que Kris estaba al límite. Pero era mi turno de
hacerla sufrir.
- "Fóllame ahora mismo, por favor" decía mientras
con sus caderas me empujaba
hacia ella. "Fóllame porque no lo aguanto más".
- "¿Después de lo que me has hecho con los pantalones?
No, no. Además, te toca
tomarte un chupito y tenemos que acabar la partida" le
dije todo lo serio que
pude.
- "Déjate de partidas y fóllame!"
Me aparté de ella levantándome, y cogiendo el otro chupito,
se lo acerqué.
- "Es tu turno, y no escorras el bulto!"
- "Te aseguro que cuando acabe de tomarme este chupito,
vas a desear que te haya
escorrido el bulto"
No pude menos que echarme a reír.
- "Bueno, ¿qué quieres que haga?"
- "Sobretodo, que te estés muy quietecito, y que te
estires boca abajo."
Así lo hice. En cuanto estuve estirado del todo, vestido
únicamente con los
calzoncillos tipo slip, dejó caer un poco de chupito en la
parte baja de mi
espalda. No se lo bebía, lo besaba. Me encantó. Nunca había
sentido tantas cosas
a través de la espalda. Fue volcando pequeñas cantidades de
chupito mientras se
dirigía hacia la parte alta de mi espalda, a tocar del
cuello, donde dejó caer
lo que quedaba. En ese momento, se estiró sobre mi espalda
boca abajo,
abrazándome por detrás, pegando su pubis a mi culo,
frotándose como una gata en
celo mientras chupaba mi cuello, lamiendo el licor que me
resbalaba. Podía
sentir sus pechos a través del sujetador clavarse en mis
omoplatos. Me quedé
quieto, disfrutando de su placer, sintiendo su calor por
todo mi cuerpo. Fue
acelerando el ritmo de sus movimientos, masturbándose
conmigo, usándome como un
mero objeto sexual para satisfacerse. Estaba a punto de
correrse cuando le
sujeté las nalgas con las manos, diciéndole que todavía no,
que aguantase un
poco más. que la partida estaba a punto de terminar. Se
quedo inmóvil sobre mi
espalda, recuperando el aliento. Me di la vuelta y quedamos
enfrentados, cara a
cara. Como pudo se levantó diciendo con un suspiro.
- "Esto de quedarme de guardia está resultando
durísimo!"
- "Más duro me está resultando a mi, te lo
aseguro!" respondí señalando mi
polla, que gritaba por liberarse del slip.
Se me acercó de nuevo, y agachándose frente a mi, me
acarició la polla y los
huevos por encima del calzoncillo diciéndoles:
- "Tranquilos, todavía no, aguantad un poco más. que la
partida está a punto de
terminar", y riéndose cruelmente, volvió a sentarse.
- "Me toca de nuevo" dije como pude, y levanté
carta. "Un 7"
- "Un 10" replicó ella levantando la suya.
"Esta mano la tengo ganada".
- Miré mi carta y repliqué señalando mi carta: "No
creo. Mi dama te gana, así
que ya puedes liberar tus pechos del sujetador, que tus
pezones lo están
pidiendo a gritos"
Se levantó de nuevo, y como si de una actriz se tratara,
mirándome por encima
del hombro, se llevó las manos a la espalda, se desabrochó
el sujetador, y dejó
caer primero un colgante y luego el otro. Se giró y lo dejó
resbalar por sus
brazos hasta caer al suelo, mostrándome todo su esplendor.
Contemplé maravillado
ese par de tetas que habían alimentado mis sueños los
últimos meses. Ella se
volvió a sentar y me dijo sonriente:
- "Te toca de nuevo. y deja de babear!"
- "Perdona, pero es que tu no te has visto con mis
ojos! Eres la mujer más
erótica que he visto en mi vida"
- "Ya será menos!" contestó
- "más!!!! Bueno, voy allá. a ver, a ver. un 5"
- "Si me lo pones fácil. mira, yo tengo un 7"
- "Casi!!! A ver yo. ups, un 3"
- "Por fin va a poder respirar la pobre! " dijo
refiriéndose a mi polla. "¿Me
dejas que te los quite yo?"
- "Sírvete tu misma".
Por centésima vez, se levantó de la silla, se acercó a mi y
me mandó levantar.
Una vez de pie, me pasó las manos por la cara, dulcemente,
memorizando lo que
recorrían sus manos. Pasó a mi pecho, jugueteó de nuevo con
mis pezones, me
cosquilleó el estómago con las uñas, y enroscando sus dedos
en la goma de mis
calzoncillos, me bajó los calzoncillos hasta los tobillos.
Mi polla salió
disparada como un resorte, momento en que aprovechó para
cogerla con una mano.
Mientras pateaba los calzoncillos hacia el rincón donde el
resto de la ropa
descansaba, me besó la punta del capullo. Una gota de
líquido pre seminal le dio
la bienvenida. Sacó la lengua y la recogió, saboreándola
como si fuese el mejor
de los manjares. Si llega a seguir, hubiese tenido que
apoyarme en algún sitio,
porque ya no me aguantaba de pie. Pero en vez de seguir, se
alejó 2 pasos y
mirándome con ojos lujuriosos solo me dijo
- "Me gusta", y se relamió.
- "Por favor, ¿podemos seguir con la partida? Necesito
sentarme!"
- "Jajaja, por supuesto, pero no te vayas a sentar muy
lejos, ¿eh?"
- "Ya no se ni a quien le toca"
- "Me toca a mi. a ver a ver. huy, una pregunta. bueno,
esta no se si
contestarla o no. es un poco fuerte.
- "Kris, mírame. ¿tú crees que puede haber algo más
fuerte que lo que estamos
haciendo?"
- "Esta bien. La pregunta dice: ¿Has practicado sexo
anal alguna vez? ¿Te
gustó?"
- "¿Lo has hecho alguna vez?"
- "Si. Hace un par de años, pero fue un poco
frustrante" confesó.
- "¿Porque?"
- "No se si me gustó o no. Cuando empecé a relajarme,
él se corrió dentro mío, y
no lo he vuelto a probar desde entonces." y para
cambiar el tema me dijo "Bueno,
me toca otra carta. Jejejeje. bueno, bueno. me toca darte
otra fresa".
- "Me gustan con mucha nata, ¿eh?" le dije.
- "No te faltará, tranquilo."
- "¿Puedo sugerir una cosa?"
- "A ver, que quiere el señorito ahora!" contestó
divertida.
- "¿Podemos partir la fresa en dos, y escoger cada uno
una forma de que me la
des?, es que yo todavía no te he dado ninguna!"
protesté.
- "Bueno"
Y dirigiéndose al bol de fresas, cogió la más grande que
encontró, mientras con
la otra mano recogía toda la nata que podía.
- "Bueno, ¿tendrás suficiente nata?" me preguntó.
- "Espero que si, pero me parece que va a depender de
ti. Bueno, parte la fresa
y dime quién va a decir primero como me la vas a dar."
- Partió la fresa con la boca y me contestó: "Primero
las damas. o ¿es que ya te
has olvidado del código Scout? Y te voy a dar mi mitad. con
mis pechos"
Dejó una mitad de la fresa encima de la mesa, y estirándose
en la moqueta (que a
estas alturas limpia, lo que es limpia, no estaba), colocó
la otra mitad entre
sus pechos, mientras se untaba los pezones con nata. Estaba
para comérsela
enterita. Vestida solo con un tanga negro y con toda la
lujuria reflejada en la
cara me dijo que si empezaba ya o no...
No me hice de rogar. Me arrodillé a su lado, y empecé a
comer la nata del pezón
izquierdo. Digo comer, porque decidí usa los dientes más que
los labios. En
cuanto mis dientes tocaron el pezón, Kris gimió como si
estuviese a punto de
correrse. La nata, mezclada con mi saliva, empezó a resbalar
por su pecho, que
empezaba a parecer una cumbre nevada. Comí el resto de la
nata, y chupé el resto
del pecho volviendo siempre al pezón, al que dediqué todos
los mimos,
mordisquitos y lametones posibles. Ella estaba en el cielo.
Con los ojos
cerrados, se llevó las manos al tanga y empezó a tocarse por
encima,
entreabriendo las piernas para acceder mejor a su sexo.
Mientras empezaba a
mordisquear el otro pezón, pasando ya de la nata, le sujeté
las manos para que
no siguiese. Protestó un poco, pero la excitación que le
llegaba de los pechos,
no le permitía concentrarse en otras cosas, por lo que me
dejó hacer. Tras un
buen rato disfrutando de sus pezones alternativamente, y
cuando ya no quedaban
rastros de la nata, me comí la mitad de la fresa que
descansaba en su canalillo.
Me supo a gloria!
Kris estaba casi desquiciada y ni siquiera se dio cuenta de
que me levanté a
recoger la mitad de la fresa que me correspondía, de encima
de la mesa, y
aprovechaba para coger una buena dosis de nata del bol.
Volví junto a ella y le
dije:
- "Kris, ahora me toca a mi escoger como me vas a dar
la fresa".
Abrió los ojos y pareció volver a la realidad.
- "Date la vuelta. Ponte boca abajo"
Sin dudarlo ni un instante se giró. Cogí sus piernas y se
las cerré casi del
todo, dejándolas un dedo abiertas. La fina línea del tanga
desaparecía entre
ellas, y con mis manos la saqué un poco. Se puso tensa y la
tranquilicé:
- "Confía en mi, que no voy a hacer nada que tu no
quieras. Me voy a comer mi
parte de la fresa de una forma que te va a encantar."
Se relajó un poco, y puse la mitad de la fresa bañada en
nata, entre sus nalgas,
poniendo de nuevo el tanga en su sitio. La nata, junto con
el jugo que se
escurría de la fresa, empezó a gotear hacia su ano,
siguiendo el camino hasta su
coño. Pareció gustarle porque no protestó lo más mínimo,
aunque se notaba que
estaba a la espera de acontecimientos. Empecé a comerme la
fresa, dándole
pequeños mordiscos por los lados del tanga, consiguiendo que
se fuese abriendo
camino poco a poco, y que el goteo de jugos fuese creciendo.
Kris volvió a mover
sus caderas de nuevo, suspirando y gimiendo de gusto
mientras se frotaba contra
el suelo. Lentamente, la mitad de la fresa llegó hasta su
esfínter, momento en
que tuve que retirar a un lado el hilo del tanga porque no
me permitía seguir
comiendo. Kris abrió un poco más las piernas, facilitándome
la tarea. Poca fresa
quedaba ya, cuando me lancé a por ella. Le ordené que se
separase ella misma las
nalgas para poder disfrutar de la fresa tranquilamente, y
así lo hizo. Parecía
una diosa del porno, con el culo en pompa, abriéndose las
nalgas y mirándome de
reojo con la cara contra el suelo. Yo, aguantando todavía
con una mano el hilo
del tanga, coloqué la otra por entre sus piernas, hacia
arriba, aprisionando
todo su coño, y la atraje hacia mi, presionando su clítoris
con la palma de mi
mano mientras procedía a devorar por fin la fresa, Aproveché
para chupar su culo
por todos lados. Kris jadeaba al borde del orgasmo,
suplicándome que le metiese
todos los dedos que quisiese. Mi intención no era meterle
los dedos, ni mucho
menos, sino parar en seco y acabar la partida, así que
dándole un lametón final
la ayudé a incorporarse y volver a la silla, contra su
voluntad (y porque no
decirlo, la de mi polla, que a estas alturas me estaba
llamando de todo!).
- "Bueno, Kris, te toca. A ver si te gano la última,
porque tengo unas ganas de
verte completamente desnuda!"
- "Poco te queda por ver, picarón!" contestó
completamente sofocada.
Levantó la carta y era un chupito, que se sirvió y que vació
de un solo trago.
Después, levantó otra carta. Era un 10. La cosa estaba
bastante mal para mi, y
la verdad es que no habíamos hablado de lo que debíamos
hacer si uno de los dos
se quedaba sin prendas y volvía a perder.
- "A ver, ¿si ahora pierdo, que hacemos?" pregunté
- "Si ahora pierdes, vas a tener que hacer lo que yo te
diga, ¿de acuerdo?"
- "Me parece que no tengo demasiadas opciones,
¿no?"
- "Ninguna, no tienes ninguna opción. Así que levanta
la carta de una vez"
La hice sufrir y levanté la carta poco a poco.
- "Vaya, he perdido! Tengo un 6. ¿qué quieres que
haga?"
- "Ven aquí", dijo retirando la silla.
Fui hacia ella, y me coloqué delante suyo. Al estar sentada,
quedó encarada a mi
polla. La cogió con una mano y apretando suavemente, movió
la piel hacia arriba,
de forma que dos gotas de líquido pre seminal volvieron a
asomar. Con la otra
mano me empezó a masajear los huevos dulcemente. Me apoyé en
la mesa, porque las
piernas no me aguantaban, y justo al hacerlo, sin dejar de
mirarme, sacó la
lengua y la recorrió de abajo a arriba. Casi me desmayo.
Continuó masajeando los
huevos mientras me pajeaba levemente. Repitió el recorrido
con la lengua otra
vez, deteniéndose en el glande para recoger las gotas que lo
coronaban. Mis
caderas empezaron a balancearse solas, reclamando una mamada
completa. Kris se
rió como si de una torturadora se tratase, a la vez que
aceleraba el ritmo de
sus manos. Mis caderas se sincronizaron automáticamente con
el ritmo que ella
marcaba. Mi respiración se incrementó, a la vez que mis
gemidos se volvían
gritos. Tanta tensión acumulada hacía mella en mi mente. Ya
no era consciente de
nada. Sin pensarlo siquiera, coloqué mi mano derecha en su
nuca en el instante
en que abría la boca, y empujé lo justo para que se tragase
la mitad. Ahora era
yo el que marcaba el ritmo, moviendo la pelvis y su cabeza a
la vez. Me la
estaba follando por la boca, y a ella parecía gustarle,
porque me soltó la polla
y los huevos, y cogiéndome por las nalgas me apremiaba a
seguir más rápido.
Estaba tan excitado que me estaba costando una barbaridad
correrme. Solo quería
dejarme llevar, follarme su boca a toda pastilla y
descargarme en su garganta
como fuese. Mi polla ya entraba casi totalmente en su boca
cuando frenó en seco,
se la sacó, y me estiró los huevos hacia abajo. Una mezcla
de dolor y placer me
recorrió los testículos.
- "¿No te irás a correr sin mi, verdad? Además todavía
me falta una prenda!"
Me empujó para que volviese a mi sitio. Yo no podía
responder. Tenía que meterme
dentro de ella a toda costa. Todas mis células estaban a su
disposición para lo
que fuese, por donde fuese, pero tenía que ser ya. Mi
presión sanguínea rozaba
el infarto. Sacó un 6, y antes de que la carta hubiese
tocado la mesa, yo ya
mostraba un 10. EL 10 de la victoria, el 10 que debía liberarnos,
el 10 que
debía mostrarme su sexo. Vi en su rostro que deseaba lo
mismo que yo, que
deseaba perder. Levantó la carta y supe que por fin, la
partida había acabado.
Lanzó el 4 en mi dirección, y no supe reaccionar. Me lo
quedé mirando sin hacer
nada, esperando que sucediese algo mas. esperando la
siguiente ronda. Su voz me
sacó del sopor:
- "Me quito yo el tanga, o quieres que te deje los
honores?"
Cuando aparté la vista de la carta y la fijé en ella, la
descubrí con las
piernas completamente abiertas apoyadas sobre la mesa. El
tanga, completamente
empapado de nata, fresa y sus propios jugos, me gritaba que
lo arrancase. Me
acerqué hacia ella, me arrodillé entre sus piernas y
aproximándome a su sexo, le
dije con voz ronca:
- "Cuando estés a punto de correrte, avísame".
Y empecé a pasar mi lengua por encima del tanga. Su espalda
se arqueó, y sus
caderas me incitaban a continuar. Empecé a mezclar la lengua
con pequeños
mordiscos, cosa que pareció enloquecerla. Mientras tanto,
con los dedos, fui
apartando el tanga a un lado, y por fin pude deleitarme con
la vista de su coño
en todo su esplendor. Efectivamente, estaba casi toda
depilada, excepto por una
pequeña mata de pelo recortado, que coronaba su monte de
venus. El olor que
despedía era exquisito. Me envolvía por completo, Empecé a
mover los dedos por
los costados del tanga, rozando todos los rincones, ahora
los labios, ahora el
clítoris, ahora las ingles, a veces bajando hasta el ano,
mientras frotaba ya
toda mi cara contra su sexo, golpeando, mordiendo, lamiendo,
soplando. Kris
entró en un estado febril, agarrándome la cabeza con las dos
manos y
aprisionándome contra su entrepierna. Los gritos de
"Más fuerte, más fuerte"
presagiaban que estaba a punto de correrse y como no me
avisaba, decidí tomar yo
la iniciativa.
Me retiré lo justo para cerrarle un poco las piernas, y le
saqué el tanga de un
tirón. La levanté con toda la suavidad que la excitación me
permitió, me senté
en la silla con la polla tiesa, y colocándola de espaldas a
mi, a horcajadas con
las piernas por el exterior de las mías, la senté de golpe
sobre mi polla, que
se deslizó hasta el fondo como un pistón perfectamente
lubricado. Durante unos
instantes, ninguno de los dos se movió. Ni siquiera
respiramos. Ni un grito, ni
un gemido. Nada. Mis manos aprisionaban sus caderas, cuando
empezó a moverse
arriba y abajo, clavándose mi polla hasta los huevos, cada
vez más rápido.
Nuestros gritos se mezclaban al igual que nuestros flujos.
La obligué a parar y
girándole el rostro hacia un lado le susurré al oído,:
- "Quieres follarme de cuclillas"
- "Si, si, ya, ya, ya."
Se levantó, sacándose a polla del interior, y cogiéndome la
mano, me levantó de
la silla y me tumbó en el suelo. Se puso encima mío,
haciendo un 69, y
metiéndose toda la polla en la boca, empezó a subir y bajar
la cabeza mientras
restregaba todo su coño contra mi cara. Mientras mi lengua
jugueteaba con todo
lo que podía, empecé a meterle un dedo en el culo, el cual
estaba completamente
lubricado, y se lo tragó fácilmente. Tan fácilmente que me
decidí a meterle un
segundo dedo. Sus gemidos quedaban apagados por el miembro
que le llenaba la
boca, pero por la forma de moverse, le encantaba lo que le
estaba haciendo.
Gateando hacia mis pies, se colocó mi polla en la entrada de
su coño, y
poniéndose en cuclillas, se la insertó de golpe, empezando a
cabalgarme como una
amazona en plena batalla,, sujetándose a mis tobillos con
las manos.
Yo veía mi tranca entrar hasta el fondo y salir casi
completamente, rezumando
flujos por todos lados. Sus nalgas chocaban contra mi infle
a cada empujón, y
coloqué otro dedo en la entrada de su ano. Al bajar la
siguiente vez, se lo
metió sin ningún problema hasta el fondo, y me decidí a
colocar dos dedos más.
Ni siquiera se detuvo.
- "Mas adentro, mas adentro!!!"
- "¿Quieres que te la meta por el culo?"
No había acabado la frase cuando ella misma se giró de medio
lado, y sacándosela
del coño, se la colocó a la entrada del ano. Nunca olvidaré
su mirada de vicio
cuando empezó a bajar poco a poco, metiéndose el capullo
primero, disfrutando el
momento. No se que pasó por mi cabeza, pero de un manotazo
la dejé sin el
soporte de la mano que seguía aferrada a mi tobillo, y cayó
sobre mi polla con
todo su peso. Gritó de dolor y placer, y antes de que
tuviese tiempo siquiera de
pensar en qué era qué, la cogí por la cintura, y poniéndola
boca abajo en el
suelo, se la volví a clavar de nuevo, aferrándome a sus
hombros para enterrarme
más rápido y más profundamente en ella. De repente, empecé a
correrme de una
forma brutal, a la vez que me apretaba más contra ella. Mi
corrida desencadenó
la suya, y apretando la cara contra el suelo, sus gritos se
unieron a los míos,
impidiéndonos oír las campanadas de fin de año.
Espero que os haya gustado mi primer relato. Si queréis
escribirme.
Un beso con lengua.