La historia extraña de Laura
Una mujer joven, se emplea en el cuidado de un
jóven discapacitado, alli conoce a Francisco y se
ve envuelta en una serie de circuntancias de
sexo, inimaginable. Una historia real de la
serie.
Historias sexuales en un Buenos Aires duro,
actual e impersonal.
Capitulo 3ero.
Historia tercera.
La historia de Laura, quien vivía en barrio de
Flores.
Nunca se sabe el destino definitivo de las
personas, por momentos creemos que ello depende
de la suerte que puedan tener en la vida, o la
simple sucesión de acontecimientos que se
desencadenaran el la vida misma, como una cadena
de acontecimientos.
Para Laura G., la vida le deparó un giro
inesperado, duro e insalvable que terminó con su
insípida vida de enfermera y ama de casa a la
vez.
Más diría yo, con el tiempo con su matrimonio.
Quizá el amor no es más que la suma de buenos
momentos, o de un singular estadía provisoria
económica, yo creo que es la combinación de
ambas cosas sumado al deseo de progresar.
Eso era la vida de Laura una joven típica de
clase media de Buenos Aires, que un día decidió
unir su vida junto a Juan, ambos de iguales
ideales, de formar una familia y así lo hicieron
pero entonces ellos eran algo jóvenes, demasiado
a mi entender.
El tiempo y los avatares de Argentina, los
desgató mucho y eso se paga.
Lo que ocurrió con Laura me llegó a mi contada
por la amiga quien era una asidua concurrente a
mi negocio que tenía en el barrio de Balvanera o
mal llamado "Once", se comprometió diciéndome
que era muy amiga de Laura G, que trabajaba
junto a ella en el hospital Clínicas y siempre
se caracterizó por contarme cosas verdaderas por
lo que no tardé en comprender que la historia
también era real, pero si ello fuese poco conocí
a Laura, sin querer una tarde muy cruda de
invierno, en que ella vino junto a su amiga,
pero se la veía un tanto diferente a la mujer
del relato, mas .
Generosa, mas mujer y con una. vientre de
embarazada.
Al tiempo dos días creo me contó su historia,
ante la necesidad de un consejo de parte mía, y
en cuanto al hijo a una imprudente pregunta mía,
dijo que sería o no de su marido Juan o de
Francisco, no importaba.
Jamás lo sabré que tuvo, al tiempo yo me mudé...
Nunca más la volví a ver.
Gustavo Camisasca.
Noviembre del 04.
Barrio de Flores, en el verano del 2003.
Para Laura sería la única solución a sus
problemas, y era casi de inmediato.
Su amiga Cristina abandonaba un trabajo
mensualizado en el cuidado de un chico autista,
de un matrimonio de profesionales del barrio de
Flores.
Las causas del abandono de Cristina, eran que se
había encariñado de sobremanera con Ezequiel,
así se llamaba el joven de doce años especial,
autista y le estaba haciendo mal a su salud
mental.
¡No te hagas problema Laura!, le dijo Matilde su
amiga yo te reemplazaré.
Esa pareja es de los mas agradecida, la paga es
muy buena y solo estarás fuera de tu casa, no
mas que ocho horas
Además ayudarás a tu marido, que no anda muy
bien con el trabajo.
Juan el marido estaba trabajando en un bar de la
calle Rivadavia en la zona de Liniers, que
estaba poco concurrido después de un periodo de
cierre por problemas de sus socios y sus
comisiones de venta eran muy pequeñas así como
su sueldo, que eran la suma de las dos partes.
Si lo tomaré Matilde, a ese trabajo lo haré
además, y él me ayudará a terminar de pagar las
cuotas del coche que nos están ahogando
económicamente.
El lunes a la mañana Laura llegó a la casa de
Ana que era la madre de Ezequiel, presentando
sus correspondiente recomendaciones así como el
titulo de enfermera otorgado por la Ciudad
Buenos Aires.
Después de ciertas recomendaciones, además de la
ubicación de los implementos especiales que
necesitaba Ezequiel, para lo sanitario como lo
de su higiene personal, le dejó así de simple al
cuidado del mismo.
Antes de irse Ana al trabajo, le anunció que en
cinco horas llegaría su marido Francisco, que
arquitecto y que no se preocupase que el siempre
estaba en el estudio.
La casa de Ana consistía en eso chalet bajos de
dos plantas construidos en forma gemela en un
mismo lote que era generalmente muy grande
De ladrillos en el exterior, y en el primer piso
un amplio balcón a la entrada guardaba lugar
para el coche.
El estudio de Francisco estaba en la planta baja
a la izquierda del comedor y el baño de planta
baja pero en diagonal a la cocina
De esa manera cuando no había clientes Francisco
miraba a Ezequiel, dejando abierta la puerta.
La casa estaba en un coqueto lugar de Flores,
muy cerca de la avenida Gaona.
Pasaron los días, y la confianza entre Ana y
Francisco se fue incrementando, al principio el
hombre dudaba de la capacidad de Laura en el
cuidado de su hijo, del cual era muy severo,
pero al correr los dias y ver como Laura le
atendía, las sospechas se fueron calmando.
Ana en cuanto a Laura le había dejado entrever,
que las relaciones emocionales entre ellos,
estaba distante
Ello es le dijo un día a Ana, es que Francisco
inconcientemente le acusaba de la enfermedad del
hijo, ya que ella tuvo un hermano en una
situación similar, y que ya estaba fallecido.
Con el correr de los meses se sinceró aún mas, y
un día justo en ese, en que las mujeres se
sienten muy frágiles, Ana le confió que desde
hacía mas de cinco meses ella, estaba saliendo
con un medico residente mucho menor que ella que
tenía cuarenta y dos, pero a ella, le
enloquecida.
Me ama, ese mocoso
Y lo que es peor, que yo también le terminó
diciendo a Laura.
Laura, con el esposo de Ana, a su vez mantenía
conversaciones intrascendentes, las más de las
veces en que él estaba en casa, eran sobre
Ezequiel, la situación económica del país pero
jamás hubo un atisbo de un arden sexual y menos
sin intención alguna
Laura se sentía protegida por Francisco cuando
estaba en la casa porque sabía lo severísimo que
era con su hijo y él asistía en todo los
cuidados de Ezequiel.
Un día en que Ezequiel, estaba en el comedor,
jugando con Laura cuando ella presintió el ser
observada por Francisco, al principio estaba
incomoda y no atinaba a moverse del lugar, sabia
que el estaba estudiando, y a un momento un
tanto forzado por ella, quedó mirando hacia
donde estaba él.
Allí pudo ver como Francisco, le miraba con los
ojos perdidos en ella, y al darse cuenta que
ella le miraba también, esbozó una sonrisa,
delicada y a la vez muy sensual
Laura por primera vez sintió una energía un
tanto diferente, le agradó y además le puso en
guardia porque su vagina respondió
inconcientemente a ese hombre
Ese hombre la estaba mirando no como la
institutriz de su hijo, sino como una mujer y
sin que ella lo contase su relación de cama con
su marido también como la de Francisco,
atravesaba no por los mejores momentos.
Hacía ya un tiempo largo que su marido no la
buscaba, y ella por el cansancio del trabajo, no
hacia lo suficiente para el encuentro. Y así
pasaban los dias, las semanas.
Al poco tiempo de ese incidente, una mañana en
que la mujer de Francisco salió enojada con su
esposo, casi sin saludarla a Laura (ya las
reyertas eran comunes y mas frecuentes) y cuando
Laura subió a el dormitorio a cambiar a Ezequiel
que aun dormía y para no despertarlo y al
encontrar la puerta abierta del dormitorio
aprovechó a entrar sin anunciarse pensando que
Francisco ya había salido a su trabajo, cuando
se encontró con ese hombre aun dormido sin estar
totalmente tapado, observándolo Laura no pudo de
dejar de mirar la parte inferior de su cuerpo.
Se sorprendió porque Francisco llevaba
pantalones holgados el ver en el bóxer un bulto
que a simple visto era muy superior al de su
marido, marcándole también dos pelotas de
regulares dimensiones
Después de unos segundos, ella muy turbada se
retiró a la pieza de Ezequiel, y notando que al
rato Francisco se levantara, tenía marcada su
verga, en forma desproporcionada.
Desde ese día no pudo dejar de pensar en esa
imagen, la de Francisco en la cama, o en la
cocina exhibiendo un buen miembro.
Siempre es buena la oportunidad.
Ocurrió, cuando Ana le comunicó que debía
asistir a un congreso desde el jueves hasta el
martes por la mañana, le pidió que si bien no se
quedase a dormir en su casa, le ayudase hasta
dejar dormido a Ezequiel y preparada la cena, a
cambio le ofrecía un extra.
El dinero venía muy bien y cuando le consulto al
marido, éste estuvo de acuerdo.
El primer día las cosas ocurrieron con
normalidad era un viernes y Francisco ese día
estuvo gran parte de la mañana en atender a unos
nuevos clientes, en la tarde se dedicó a hacer
las compras en el supermercado, así llegó bien
tarde.
El sábado amaneció muy lindo, y pese a que era
julio y estaba llegando la época de los fríos y
vientos ese día merecía ser vivido a pleno.
Francisco cuando llegó le dijo a Laura, hoy
haremos una día especial para honrarlo pues nos
iremos a almorzar al Tigre que (que es una
localidad del gran buenos aires) al parque de
los juegos mecánicos y mas al mediodía,
almorzaremos
Nos tomaremos la tarde para no hacer nada, más.
La idea parecía propicia y Laura estaba
entusiasmada con la idea, ya que hacia mucho que
no salía con su marido y Ezequiel, más porque
dispondría de un día diferente.
Fueron al parque de diversiones y subieron a
todos los juegos en que Ezequiel podía, y en
algunos Laura hospicio de ayuda, hasta que los
tres, subieron a la montaña en un carrito, allí
Ezequiel reía pero Laura se asustó e
inconcientemente le tomó la mano a Francisco
quien a su vez le pasó el brazo por detrás de su
cabeza.
Fue un acto reflejo, pero lo cierto es que ambos
se separaron cuando el juego termino, Laura
excitada de alguna manera no quiso mirarlo a él,
y él después de que emprendieron el camino a
otro juego, le tomó la mano
Señor, le dijo.
No te asustes Laura, no nos pasará nada más que
lo que ambos deseamos.
Ella quiso desprenderse de la mano, pero
Francisco se la retuvo.
Así ambos avanzaron al próximo juego que era la
cueva mágica.
Francisco, es necesario que me lleves de la
mano, mira si.
Que le dijo él, si se lo cuenta a la madre, y
riéndose.
Yo no se que estará ahora ella haciendo Ana en
Mendoza, pero presiento que no dejaría de
perderse de una oportunidad como ésta.
Una vez que Laura llevó a Ezequiel, Francisco
los esperó a la salida, y en cuanto ella, bajó
él le ofreció su ayuda diciéndole al oído:
Tonta no vez, que me agradas, como mujer
Francisco, que decís.
Que me gustas como mujer y estirándole el brazo
le obligó a que ella, a que se tomara de él
Así llegaron al restaurante, estaba a la salida
del parque, pidiendo su comidas ella empezó a
cortarle la carne a Ezequiel, que estaba
embelesado con el viaje.
Ella no atinaba a mirarle a los ojos a
Francisco, en verdad le gustaba y constantemente
se le ofrecía en su mente el cuerpo desnudo de
él.
En medio de la comida, ella sintió por debajo de
la mesa como el pie de él, le buscaba primero
pasándole despacio sobre la pierna, luego
asentándose en sus pies, hasta que de alguna
manera le fue separando las piernas.
Ella al principio se sorprendió, le miró y miro
en derredor a ver si ello eran observado por los
otros comensales, pero los pocos que había,
estaban en sus cosas, o mirando la televisión en
pantalla grande.
Le hizo gestos, al que él ni se inmuto es mas,
presionó mas sobre las piernas abriéndoselas por
completo
Ello le excitó y se sorprendió al tiempo que su
vagina se empezase a lubricar, a mojarse como
por largos días no le había ocurrido.
Ella sin querer, o queriendo fue tomando también
con sus piernas el pie de ese hombre, entrando
en un juego que ella misma no sabría como
terminaría.
Laura ahora estaba descontrolada, y le estaba
abriendo el paso a ese hombre que ella, desde
hacía un tiempo deseba.
Al tiempo no sabía cuando sintió que el pie se
desprecia de sus piernas y se sorprendió cuando
el mismo se encontraba en su asiento,
pretendiendo ingresar entre sus muslos.
Ella tomándole las manos, le dijo
No Francisco, termine el juego que me da
vergüenza y de vernos, me estará dejando como
una cualquiera.
Francisco tomo realidad de su aventura y se
contuvo hasta el final del almuerzo.
Cuando subieron al coche ella iba a sentarse
atrás como acostumbraba, pero Francisco le dijo:
Ata bien a Ezequiel, acomódalo que se quiere
dormir y siéntate adelante junto a mi.
Así lo hizo y apoyó la cabeza de Ezequiel sobre
la almohada, durmiéndose de inmediato el viaje a
Flores era de una hora, así que en el podría
aclararle la situación a éste hombre, pensó
Laura.
Ni bien salieron a la autopista Francisco sin
que medie palabra le dijo:
Laura, no te enojes pero desde hace un tiempo
que me gustas, me agradas y me gustaría estar
envuelto en tus cosas
Pero Francisco, tu mujer y mi marido.
No se la relación con tu marido, pero la mía con
mi mujer es un desastre, además y ahora
tomándole la mano, me gustas
Y frenando al costado del camino en un lugar
solitario le dio, su primer beso.
Al principio ella asustada le cerró la boca pero
la insistencia de Francisco pudo más y ella se
sintió invadida por él
Era un beso suave, tierno profundo así lo sintió
Laura, Francisco acompañaba sus movimientos en
pequeñas y sentidas caricia sobre el pelo de
Laura, que ahora un tanto mas segura ella, había
cerrado los ojos, dejándose recostar sobre la
puerta del auto.
Sentía y eso le agradaba también el peso de ese
hombre, y ella le respondía a las caricias cada
vez mas sensuales de él, con su lengua.
La introducía dentro de él, como buscándole sus
dientes para luego esas misma lengua
escondiéndose en las cavidades profundas de
Francisco.
Al rato ella cambiaba su saliva con él, y eso a
Francisco eso, le enervó.
Al final Laura había vencido su propia
inhibición festejándolo con un abrazo a
Francisco y cerrando sus brazos en la espalda
masculina de él.
Estaba excitada Laura ya que sus treinta y
cuatro años así se lo exigían.
Y él lo comprendió.
Empezaba a pasar sobre su vestido sus manos,
como buscándole el camino apropiado para llegar
a los senos de Laura que se dejaban aplastar
sobre el pecho de Francisco cuando ella le
suplicó:
No Francisco esto es una locura, lo que estamos
haciendo y,
¡Donde lo hacemos!
Te amo Laura, le dijo ya muy seguro de su
sentimiento, fue solo al poco tiempo que
llegaste a la casa, que lo supuse
Y desde una mañana en que jugabas con Ezequiel
comprendí cuanto te querría.
Dame tiempo, Francisco solo te pido ello.
Aun tengo a mi marido en mi casa, mis cosas sin
resolver y escucho de vos que me queres.
Pero aun no te amo, Francisco, si te deseo.
Como hombre en verdad siento algo por vos, pero
aun no es amor, es deseo de mujer que no se
siente conformada en casa
Pero ahora sigamos hasta tu casa, allí mas
tranquilo hablaremos de los dos, cuando deje a
Ezequiel en la cama.
Si tienes como siempre razón aun nos quedan unas
cuantos días en casa.
Así lo hicieron en el viaje ella se había
recostado sobre Francisco, además se sentía
mojada en su entrepiernas, y una sensación
extraña le embriagaba, estaba deseando acostarse
con Francisco.
Llegaron a la casa, en silencio Ezequiel aun
seguía dormido y lo acomodaron en la silla
transportándolo de inmediato a su dormitorio, en
donde Laura lo vistió para dormir dándole la
medicación correspondiente para terminar
apoyándolo en su cama y tapándolo.
De inmediato se fue a su pieza, a buscar una
bombacha limpia y fue al baño.
Se higienizo, se puso perfume entre sus senos,
estaba convencida que en minutos haría el amor
con Francisco, lo que le excitó aun mas, se miró
al espejo acomodándose su cabello, y salió a la
planta baja en busca de Francisco.
Tuvo una extraña sensación al bajar las
escaleras, su esposo.
Ello la cohibió, se detuvo un tanto pero nunca
más oportunas las palabras de Francisco cuando
le dijo
Ven, sin temor es algo que ambos lo deseamos,
Laura.
Ella bajó un tanto sonrojada, y de un solo
movimiento le besó, el enseguida buscó su lengua
y ambos se tranzaron en un desenfrenado abrazo
que a ella, le pareció infinito.
Ahora Laura no tenía ya control de sus
movimientos, él le estaba buscando en sus senos,
sentía como buscaba los botones de su blusa para
desprenderlos, ella le ayudaba inconcientemente
permitiéndoselo, y fue cuando sintió por primera
vez las manos de Francisco sobre su corpiño.
Buscaron sus pezones, que duros sobresalían del
liviano corpiño, estaban tontamente parados,
duros llenos de sangre Laura y Francisco se
encontraban en medio del living, besándose,
tocándose, como adolescentes llenos de fuego,
calientes
A un tiempo, Francisco la lleva hacia el sillón
de pana, despacio tomándola de la cintura,
obligándola a sentarse
Ella intuitivamente más que racionalmente, se
desprende de la camisa y se saca su corpiño,
tirándolo hacia el costado, fue ahí que
Francisco la miraba extasiado.
Son hermosos, tiernos, eres una mujer muy bella
Laura, demasiado premio para un hombre como yo,
es solo lo que atina a decir:
Ella se puso orgullosa, a decir verdad Laura,
tenía un hermoso busto, joven aun sin niños que
le amantara, sus senos se mantenían duros, de
pezones fuertes a la vista bien compuestos, eran
coronados por unas aureolas, en que se podía
definir círculos perfectos, de un tona mas
apagado que su piel.
Francisco, es la primera vez que un hombre me
toma sin que sea mi marido, se consiente de
ello, espérame a mis tiempos no me exijas mas de
lo que hoy te voy a dar, le cuestiona ella, sin
que ellos sonase a arrepentimiento, pero a su
vez dándole la fuerza suficiente para que
prosiguiese.
Así lo haré mi amor, te amare como nadie en tu
vida la habría hecho, y tomándole la mano, la
llevó hacia el dormitorio del matrimonio.
Cuando entraron a la pieza del matrimonio, Laura
se encontraba ya semidesnuda y era la primera
vez que entraba en esas condiciones a esa misma
pieza.
Francisco sintió de resquemor pero no fue que
algo pasajero, el sexo lo dominaba, era mayor su
calentura que el respecto a la persona de Ana.
Se sentó en la cama, Laura apoyando los brazos
hacia atrás.
Francisco aprovechando esa misma condición de
sometimiento de Laura se empezó a desnudar,
lento pero seguro de sus cosas.
Laura lo observaba. Primero se sacó la camisa
mostrando un cuerpo un tanto flaco, sin grandes
contexturas, después se sacó el pantalón, y allí
pudo observar que Francisco era realmente un
hombre que le iba a causar placer.
Era o llamaba la atención el bulto del bóxer,
estaba como apisonada una masa de carne, que
realmente sorprendía, era llamativo:
Francisco a estas condiciones se inclinó
tomándole la cintura le bajó, el pantalón donde
apareció su bombacha negra.
Ella se dejaba desnudad sin inhibiciones, luego
tomó sus botas y se las quito, quedando solo en
la cama con la medias bombacha y su bombacha.
La paró y ella se sometió a su voluntad así le
fue besando en los hombros para llegar a los
senos, en donde Laura ya estaba lo suficiente
caliente entregándose a sus caricias con la
complicidad de la pasividad.
Mientras el le besaba los pezones ella
inconcientemente alargó su mano para posarla
sobre la piel de él, primero se detuvo en su
panza para despacio ir metiéndola la mano dentro
del bóxer hasta llegar hasta su miembro.
No pudo dejar de asombrarse, lo que había visto
ese día y era ahora una realidad.
Francisco le dijo, acuéstate mi amor.
Ella sumisa se acostó en la cama y se dejó sacar
la bombacha, apareció así una vagina que a la
vista de Francisco se le hizo hermosa, ya que
Laura era no muy peluda sus dos labios vaginales
excitados sobresalían a la vista y el reflejo de
su concha era rojiza oscura.
Se quedó así tendida en la cama mientras él se
desnudó y ella le miró:
Se acercó a Francisco, le tomó con suma
delicadeza su miembro, estaba rígido, y húmedo
en verdad Laura se moría de ganas de tenerlo
dentro de su sexo, pero aguardó quería brindarle
el mayor placer a él.
Se fue acercando y a un momento le empezó a
recorrer con la lengua, su punta haciendo un
juego que a Francisco le posesionó de inmediato
Dándole pequeños besos en la punta del sexo,
retirándose cuando él se la quería meter en la
boca, pero ella emprendía de nuevo el juego.
Pasando sus labios por el grande bebía toda la
lubricación que de ese miembro empezaba a salir,
y fue así que en un momento Francisco se la
empujó metiéndosela lo que ella pudo en la boca.
Laura en ese momento sintió como casi llegaba al
fondo de su garganta, y suavemente se la retiró
empezando un juego que al marido de ella le
enloquecía.
Suavemente la sacaba de su boca, mientras
entraba y salía al compás de su mano, marcando
en un momento la circunferencia del glande para
luego metérselo de nuevo en la boca.
Francisco acostado en la cama, deliraba ya que
su mujer últimamente no había practicado este
juego con él, y empezó a decirle casi a los
gritos:
¡Si así Laura!, seguí querida, que me
enloqueces.
Ésto a ella la energizó, lo había vencido desde
el inicio ese hombre y era ya de ella,
Y con ello indirectamente había vencido el
recuerdo de Ana y por ello gozaba doblemente.
En cambio a él lo notaba sudoroso y en la frente
de Laura, se delineaban las primeras gotas de
sudor.
El olor a sexo había invadido la pieza y ahora
solo se escuchaba los quejidos callados de él, y
el movimiento rítmico en la cama de dos cuerpos.
A un momento en que ella consideró ideal, con la
otra mano le tomó los huevos, ahora no solo le
tenía en la baca sino en sus manos. Paró como
respondiendo a una orden mental. Se detuvo y
nuevamente le tomo la pija con la mano, echando
la piel hacia atrás y delicadamente empezó a
apretarle los huevos, y pajéandolo al mismo
tiempo, mientras su lengua recorría el sexo.
El dolor y el placer se combinaron en Francisco.
Rara combinación de placer absoluto.
Laura, me estremeces, seguí jamás nadie me había
echo esto es el paraíso.
Ella se arqueó un segundo y bajó su boca, empezó
pasándole la lengua por los huevos, mientras
seguía pajeándole despacio llegó a un tiempo a
sus huevos los fue recorriendo con la punta de
la lengua, jugando y provocándole pequeñas
descargas de placer mientras seguía
masturbándole pero ahora casi
imperceptiblemente, quería que él no se viniese,
además Laura estaba afiebrada, caliente, como
jamás lo había estado, era la primera vez que se
lo hacia a otro hombre y no tenía ningún cargo
de conciencia en ello.
Me corro le dijo, Francisco ahogado de placer.
Espera, y parando el juego se acerca, le besa en
los labios profundos y escucha, de nuevo
Me corro por favor Laura recíbeme.
Se agachó tomó el sexo y notó los tradicionales
movimientos del recorrido de la leche hacia el
exterior y estallo esa pija en su cara, en su
pechos, en su pelo.
Laura le paso los labios sobre el ahora miembro
fláccido, y sacada de sí le dijo:
Me encanta tu leche, amor, me encarta
chupártela.
El le sonrió desde la cama, ella se encontraba
arrodilla ante él sudorosa mojada en su cabellos
por el, liquido y sus senos duros, apuntado a
él, aun no había acabado pero ella no le
molestaba en un tiempo le exigiría a él que le
penetrara.
Se acostó al lado de él y este le pasó una mano
sobre el hombro.
Sos toda una mujer, querida le dijo.
Pasó un tiempo, no se cuanto pero ambos nos
quedamos dormidos, sería una hora media no
importaba la casa estaba en silencio Ezequiel,
dormía solo se escuchaba el reloj de horas desde
el living, él se despertó y me besó en la boca.
Le respondí atrapándolo en mis manos, aun con
sabor a su sexo.
Francisco se colocó encima de mi, a lo largo yo
empecé como pude a abrir ligeramente las
piernas, mientras me besaba con una extrema
pasión, con delicadeza recorría mi cara mi
cuello ello me iba excitando, a un tiempo noté
como su miembro rozaba mi clítoris, ello me
enloquecía lo notó, en la forma que le abrazaba.
Moviendo un tanto mi cintura terminé de abrir
mis piernas y ahora elevando mi cintura me
penetró.
Al principio, le recibí con dolor.
Espera, Francisco se lento que me duele aunque
me dilato fácil lo tuyo es importante, empieza
lento amor
Empezó metiéndomela, despacio sentía como mis
paredes se llenaban sentía el sexo caliente de
él, y un mar de sensaciones me transportaban,
luego en un movimiento que ayudé con mi cintura
se dejó caer un tanto mas, y allí entró lo que
seguramente era su cabeza y algo del miembro.
Exploté de placer y una serie de pequeños
tirones aparecieron, nacían de mi mente
recorriendo mi cuerpo acabando en la punta de su
pija, que hervía dentro de mi sexo.
Jamás había sentido tanto placer ese miembro se
acomodaba despacio en mi interior, llenándome.
Así lo sentí; estaba llena de su carne en mi
concha.
Nos mirábamos a los ojos él estaba perdido en un
lugar cualquiera, y yo le comía de deseo
En verdad fue todo un caballero con mi sexo, la
hizo entrar despacio.
Lo hizo la más espaciosamente posible,
disfrutando del privilegio de hacerlo sin que el
tiempo nos corriera, aprovechando mi dilatación
que por ahora ella la mayor posible.
Jamás me imagine que me hubiese comido esa pija,
que ella invadiese totalmente mi cueva, que por
ahora estaba lubricada al máximo.
Sentí desde el interior de mi cuerpo un
flechazo, jamás había disgustado en mis entrañas
esa sensación que se convirtió en un espasmo.
Al principio me quitó el aire, luego como
sofocadas me aventuré con el recorrido de ese
polvo mágico y termine gritando, acabando como
una aloquecida.
Creo que de ser un departamento me hubiesen
escuchado en su totalidad los habitantes.
Con el espasmo le apreté, la pija a él dentro de
mi concha.
Laura exclamó eres la mujer ideal.
Y se corrió dentro de mí.
Ambos nos volteamos, casados.
Yo jamás había acabado de esa manera con mi
marido, notaba como ahora lentamente, me bajaba
su leche entre mis piernas, no había tomado
ningún cuidado y estaba cerca de la fecha
peligrosa.
Mi sexo estaba rojo su pija la de Francisco,
arqueado y brillante por mis fluidos,
La noche se reflejaba en nuestros cuerpos, y la
respiración ronca que se estaba calmando.
Serían las nueve de la noche, cuando me desperté
sobresaltada, debía llamar a casa, mi marido
Bajé al living así desnuda como estaba, tomé el
teléfono y dizque, a casa
Mi marido me atendió después de un rato.
Me estaba bañando me dijo, Laura
¿Que pasa que no llegas?
Ezequiel, esta con fiebre mentí y el señor me
dijo que si podía quedarme, no te preocupa ello,
Juan.
Si quieres puedes venir a verlo, si dudas le
dijo jugándose
No, pero Laura había preparado ya la comida, y
luego de un momento de confusión le dijo:
Hasta cuando seguirá nuestra vida Laura, así la
verdad es que.
Bueno Juan no es el momento de discutir, mañana
saldré mas temprano y cenaremos afuera hace
tanto que no lo hacemos
Bueno, hasta mañana.
No le gustó el tono de Juan pero ella, hoy
estaba viviendo el sueño de su vida.
Laura, oyó desde la planta alta pasa algo.
No querido llame a mi esposo, me quedo contigo
toda la noche.
Bien, muy bien por mi mujer.
Atendieron a Ezequiel y esperaron que se
durmiese nuevamente, abrasados se durmieron la
mañana los encontró ardientes, amanecía y ella
salía del baño despierta, distinta contenta.
Amor, dúchate que Ezequiel nos dará algo mas de
tiempo yo te preparé el café y te lo traigo de
paso, aprovechamos.
A los quince minutos subía con el café, la
esperaba en la cama, bien despierto y duchado.
Sos toda una mujer, le dijo mientras bebía el
café.
¡Y con Ana cuando venga!, ¿que vamos a hacer?
Yo no resistiría que te maltrate Francisco sos
un tipo bárbaro y casi se va de lengua,
además.ella.
¿Ella que Laura?,
No, no claro te grita, dijo corrigiéndose casi
le iba a decir te engaña.
Y vos, Laura.
Seguiré con Juan, me ama además, vivimos en la
casa de la madre, que nos la prestó, seguiré
así.
Pero nos podemos seguir viendo, Francisco.
Si...claro mientras ella no se de cuenta, Ana
digo
.
Bueno terminemos este diálogo y empecemos a
aprovechar el tiempo.
Nos empezamos a besar y mi calentura aumentaba,
no se de que forma Francisco me giró quedando a
espaldas de él, me sorprendió pero no le presté
atención, sería una experiencia nueva para mi,
me empezó a besar la espalda, acariciar la nuca,
era algo nuevo que me producía placer, además
sentía las manos sobre mis muslos, lo que ello
me producía una sensación de que él, era mi
dueño.
Me tocaba los muslos, apretándomelos, hasta que
una de sus manos llegó a mi vagina.
Yo levanté un poco mi cola para facilitarle su
trabajo.
Sintiendo los masajes que me repercutían en el
fondo de mi vientre, mientras su mano derecha se
desplazaba en idas y vueltas por mis piernas y
mis nalgas hasta sentir su mano sobre mi vagina.
Remontaba su mano desde abajo hacia arriba pero
sin entrar en mi vulva y cuando sus dedos
llegaban hasta mi ano, jugaba con el
introduciéndome un poco su dedo
Ello me extasiaba me llevaba a un aturdimiento
de placer sin igual.
¡Que sensación fuerte se estaba produciendo en
mi cuerpo!... iba aprendiendo con ese hombre una
nueva rutina, nuevos sentimientos nuevos gozos
era sin dudar Francisco una persona ideal en la
cama.
Ya no era una simple excitación la que me había
producido, que se confundían en ganas de ser
penetrada lo que me estaban produciendo sus
manos, era una especie de mezcla extraña que me
invadían enteramente desde la cabeza a los pies,
desde el cerebro al corazón que parecía reventar
por sus latidos.
Era la impotencia de se poseída, mi sexo
respondiendo a un juego delicioso nunca
descubierto en mi por mi propio esposo, es mas
creo que.
Una especie de excitación, frustración y deseos
locos que aumentaban la eternidad del tiempo.
Porque el tiempo parecía haberse detenido.
Cuando Francisco descubrió que yo, estaba por
llegar a mi orgasmo se detuvo.
Me pidió que me pusiera en cuatro patas, a lo
largo de la cama.
¡Métemela por favor!, le dije Francisco de una
vez, casi suplicándole.
No querida.
Acepta lo que te indico, y de mala gana le
obedecí, pero estaba recaliente.
Se retiró Francisco un paso atrás y apoyando su
mano sobre la cola, empezó un juego con sus
dedos
Ellos le penetraron lentamente en la vagina y a
la vez en el ano, y cuando estaban dentro el los
apretaba moviéndolos al mismo tiempo,
enterrándolo en mi cuerpo.
Ello llamó mi curiosidad pero aumento mi placer
a mil.
Entonces ya no pude contenerme y mi cuerpo se
sacudió. Como un yegua en celo movía mi cabeza a
medida que el líquido me invadía la concha
mojándole los dedos.
Acabé como jamás lo hice, fue en una serie de
espasmos menores mientras se me presentaba un
orgasmo superior, el que me estremecieron, que
había bajado directamente desde mi corazón.
Amaba y ahí me di cuenta a Francisco, además
estaba caliente con él.
Le entregaba a ese hombre todo mi cuerpo.
Reventaba con fuerza tanto en mi cerebro como en
mi sexo en sus dos dedos y ahora veía como él
subsuionaba mis jugos en su boca. Jamás pensé
ver un cuadro así.
Yo sentía mi vagina toda mojada por el flujo que
emanaba, hasta sentía la sensación que mi ano se
había lubricado en espera de una penetración
profunda del mismo.
Sin embargo me hizo sentar de nuevo. Jugaba con
mi cuerpo, y yo le respondía en todo.
El estaba ahora parado en el piso dejando su
pene erguido a escasos centímetros de mi cara.
¡Tenía un sexo enorme!
Como yo se lo había visto esa mañana cuando
entre a su pieza.
Su miembro era violáceo y largo con venas
rosadas que recorrían a lo largo, y su glande
parecía una flor abierta.
Era un sexo grueso que estaba frente mío como
nunca lo hubiera imaginado en él; entonces abrí
la boca y lo tragué alocadamente. Fervientemente
repetí el juego de la noche anterior
Mamaba como desposeída, mis labios hacían
presión y con la lengua le cacheteaba su glande.
El me sostenía la cabeza con una mano para que
su miembro entrara hasta el fondo de mi
garganta, y con la otra mano iba apretando mis
senos, uno al otro, sintiendo su contextura, su
firmeza y sus tamaños.
Ello me excitaba, me hacia sentir dolor al
apretar mis tetas pero yo recordaba los de sus
huevos en mi mano.
Por momentos yo hacía arcadas porque me costaba
respirar con todo ese pedazo de carne que pegaba
en el fondo de mi garganta.
El lo comprendía y se retiraba un tanto y
tomándole las piernas lo volvía a acercarme
Pero era tan delicioso sentir ese gusto de sexo
en mi boca que me hubiera quedado toda la mañana
chupándole.
Luego me volvió a poner en cuatro patas y con su
verga comenzó a jugar en la puerta de mi vulva,
acariciaba mis labios, frotándola contra mi
clítoris.
Y abrí más las piernas como una loca lo más que
puede
Estaba recaliente jamás mi marido Juan me había
llevado a semejante placer y sin ninguna
vergüenza por liberar mis ganas de ser
penetrada, fue hasta que sentí su glande
detenerse justo en la puerta de mi vagina.
Luego comenzó a penetrarme poco a poco.
Yo tenia la concha toda mojada y bien dilatada
que no presentaba resistencia a esa enorme
verga, pero la que hubo él la iba venciendo con
pequeños bombeos, con una presión siempre hacia
el fondo.
Creía que ahora si se destrozaría mi vagina.
Llegó, ausente la noche anterior pero es que
Francisco se había transformado saliéndose de su
normalidad
Estaba actuando primitivamente cuándo se
copulaba por la descendencia.
Produciéndome dolor, pero ese mismo dolor que
simultáneamente se transformaba en placer;
Ese dolor que estimulaba mis sensaciones más
primitivas también de ser inundada de leche.
Yo estaba extasiada gozando la sensación cuando
lo sentí apoyando su sexo contra mi culo. Eso me
asustó aunque con Juan desde hacia un tiempo me
había desvirgado analmente, especialmente en los
periodos que lo hacíamos era los de mi regla,
con Francisco la cosa cambiaba.
Pero estaba el poseído y creo que yo le ayudé a
hacerme el culo.
Sin dilatarme mucho, suavemente lo empujó dentro
de mí, haciéndome arquear la espalda ante esta
sensación de esa cosa que dilataba mi esfinge.
Francisco me destrozas le alcancé a decir, y
como respuesta dijo aguanta es la cabeza lo que
duele, espérame. Y cuando el creyó suficiente me
llenó,
Mi grito fue terrible, mis lágrimas se juntaron
junto con mis manos que apretaron las sabanas
hasta casi desgarrarlas. Un dolor, parecido a un
fuego recorrió el largo del conducto de mi culo.
Me llenó completa. Sentía los vellos de su piel
rozando mis nalgas. Se movía, primero suavemente
y después con fuerza hundiéndose y saliendo de
mis entrañas. Pasaron los minutos sin dejar de
movernos, gemíamos de placer hasta que los dos
nos conseguimos en el punto más alto y acabó
dentro de mí. Caímos sudados en la cama. Los dos
apoyados con la boca en la cama y la cola, hacia
arriba Al tiempo antes de dormirme, sentían como
por dentro de mis muslos recorría el semen de
él.
Un dolor profundo me despertó, no podía creerlo,
Era como una palmada fuerte en mi culo y me di
vuelta mirando, pensando en Francisco.
Pero él dormía junto a mí.
Ezequiel,
¿Que haces dije?
Y me di vuelta para mirarlo.
Me puse roja
Vi a Ana, con un zapato en la mano que arrojaba
al piso y me estampaba un sonoro cachetazo.
Puta, mil puta ándate de ésta casa, infame.
Epilogo
Después de tres días la amiga de Laura le llevó
el sueldo conformado, y la ropa que había dejado
en su pieza la de todos los días.
Además de unos cuantos, efectos personales.
Esa mañana Laura se cambió como pudo y salió
para no volver nunca más.
Razones creo que tenía ambas mujeres.
Por esa misma amiga, que le recomendó el
trabajo, Laura a las semanas se había enterado
del inicio de la separación de Ana y Francisco
también al tiempo cuando caminaba con la
esperanza de ver a Francisco, vio el cartel de
la venta de la casa y se enteró por un vecino
que los conocía al matrimonio del cuidado de
Ezequiel, en una institución privada.
Laura nunca más desde ese mañana vio a
Francisco, aunque le buscó y dos veces él, le
cortó el telefono cuando la atendió.
Juan y Laura pasaron un tiempo lamentando del
despido, después entraron en un cono de peleas
por falta de plata y trabajo. Laura a un tiempo
se fue de la casa de Juan.
Nunca más volvió, pero no salió sin que su
esposo supiese que llevaba un hijo en sus
entrañas.
La llegada anticipada de Ana, fue que el
congreso ante la ausencia de dos auspiciantes se
recortó, y ella decidió salir antes para que
Laura no tuviese inconvenientes en su
matrimonio, con Juan.
Ironía de la vida.
Gustavo Gabriel Camisasca.
Contemporáneo
Buenos Aires
Argentina
Escrito en Almagro, que es un
Barrio de la Argentina.
En noviembre del 04.