Tenía 11 años,
cuando ocurrió lo que sucedió. No
sé si reaccione correctamente, lo cierto es que
no podía hacer nada más. A mis 11 años, era ya
una chica alta, comparada con mis demás
compañeras
del colegio, media, 1.55, mis senos
comenzaban a desarrollarse, realmente parecían
más bien dos pequeños limones, no terminaba de
salirme el vello en mi virginal cuquita. Tenía
entonces un culito redondito, respingón, y una
altanería propia de la malcriadez con que me
había criado mi padre. Pertenecemos a una clase
social media alta, lo que me hacía prepotente,
papi me defendía y daba la razón en todo
momento, mi mami, no tanto, porque
consideraba
que
me iba a los extremos. Tengo 3 hermanos más,
y con ellos la educación fue distinta. Iba a un
colegio para "señoritas", donde realmente no era
precisamente
el lugar que mis padres creían que
era. Pero en fin, me gustaba estudiar allí,
estudiaba desde la hija del Presidente, hijas y
sobrinas de Ministros, grandes empresarios y
nosotras las hijas de profesionales.
Al colegio me
llevaba un chofer, un señor, que
no era tal, debía tener en ese entonces unos 35
años, moreno, alto, de buen cuerpo. Soltero y
quién siempre accedía a mis peticiones. Por
miedo o por respeto a mis pataletas de niña
malcriada. Mis padres se fueron en pleno mes de
Abril para
París y Londres iban a pasar unas
merecidas vacaciones, mis hermanos y yo quedamos
a cargo
de nuestra abuela y el esposo de ésta
que no era mi abuelo, pero si tenía muchos años
de casado con mi abuela. Una tarde, luego de
salir del colegio, el chofer debía dejarme en
casa de mi abuela, quién no estaba, según me
informaron las muchachas que limpiaban la casa
había salido intespectivamente a
visitar a un
familiar que había caído enfermo, en una ciudad
cercana pero distante a la vez. Mis hermanos, al
ser mayores podían quedarse solos en casa, pero
como yo era menor, estaba al cuidado de mi
abuela.
Subí de mala
gana, a la que siempre fue mi
habitación mientras me quedaba allí, me cambié
de ropa y me dispuse a bajar a almorzar. Allí
estaba mi abuelastro, quién había llegado como
siempre a comer con la familia, que no era otra
que
mi abuela y un tío, que se había ido con
ella, para acompañarla. Nos saludamos,
amablemente aunque, sentía que era el
responsable de que mi madre no se hubiese criado
con mi abuelo real, que era un ser estupendo,
culto, cariñoso, educado.
-No le darás un
beso a tú abuelo, me preguntó
Me acerqué de mala
gana como siempre, y le dije
lo más malcriada que era, y le dije:
-Tú no eres mi
abuelo. Mi abuelo se llama Pedro,
-Pero de todas
formas te quiero como si fueras
mi nieta, anda ven y dame un beso.
-Se lo di, el
siempre había sido muy especial
conmigo después de todo.
El me dio un
beso, y me dijo que me sentará en
la silla que siempre ocupaba mi abuela. Lo hice,
no si antes hacer mis gestos de fastidio.
Nos sirvieron
la comida, y me dijo:
-Hoy no tengo
deseos de regresar a la oficina,
mejor me quedo a hacerte compañía.
-No es necesario,
le respondí
-Pero deseo
hacerlo chiquita linda.
Sus palabras me
agradaron, y mucho más cuando me
dijo:
-Aunque viéndote
bien, ya no eres una niña, eres
toda una mujercita, que hasta novio tendrás.
Le respondí que
no, que novio no tenía. Que el
sabía muy bien como eran de celosos mis padres y
hermanos
-Hay muchos
hombres malos, por eso te cuidamos
tanto, respondió
Y me dijo que
él sabía que yo desde hacía tiempo
había pedido unas botas de cuero hasta las
rodillas, y que mis padres no estaban de acuerdo
con que las usará, me dijo que él me las había
comprado
ya que sabía que el mes próximo sería
mi cumpleaños.
Eso me hizo
saltar de alegría y le pedí que me
las mostrara, me dijo que lo haría, siempre y
cuando guardará el secreto hasta el día de mi
cumpleaños. Cuando las muchachas del servicio
terminaron
de recoger la mesa, me dijo que me
las mostraría y así sabría si me quedaban bien.
Subió a su
cuarto, bajo al poco rato y traía una
caja con las botas que yo deseaba. Me quedaron
perfectas, y me dijo:
-Creo que te
vendrían bien con unos shorts o una
minifalda
-Sí, pero mis
padres no me dejarán usarlas- Le
dije.
-De eso me
encargaré yo. Me respondió. No digas
nada, para yo preparar el terreno,- continúo
diciéndome-.
Creo que es hora de que vayas a
hacer tus deberes escolares, y yo me iré a
trabajar a mi estudio, me dijo.
-Puedo tenerlas
puestas un rato, pregunté.
-Claro, pero ya
sabes. que no serán tuyas hasta
el día de tu cumpleaños.
Subí las
escaleras de la casa, hasta la
habitación que servía por esos días de mi
alcoba, me miré al espejo y me quedaban
grandiosas las botas. Me las probé con unos
shorts que tenía, y una franelilla de algodón.
Me senté a
hacer mis deberes escolares. Al
terminarlas, bajé a la cocina y ordené que me
prepararan algo de merienda, y me fui al estudio
de mi abuelastro. Abrí la puerta y pude verlo
recostado en un sofá de cuero mirando la TV.
Entré y le
dije.
-Mira como me
quedan
Me miro como
quien descubre algo que antes no
había visto, y me dijo:
-Mira como has
crecido eres toda una mujercita,
estás preciosa, deberé comprarte una mini para
que la uses con esas botas
Me sentí muy
feliz, y como era tan caprichosa,
fui a darle un beso de agradecimiento, y le dije
que esperaba que me dejaran usarlas, me abrazo,
y me pego mucho a él. Me preguntó si no tenía
calor, que si quería prendería el aire
acondicionado,
y me invito a ver una película.
Hacía fresco,
pero por el aire, mis pequeños
pezones se pusieron erectos, y eso se notaba a
través de la franelita que cargaba, no usaba
ajustador. Notaba que me miraba, y se recreaba
en mis pequeños senos.
Se levantó, se
sirvió un trago. Y volvió a
sentarse,
pero está vez lo hizo frente a mi. Me
miraba constantemente. Bebía su trago, y me veía
de una manera extraña, me puso nerviosa y le
dije que iría hasta mi habitación. Me dijo que
estaba bien, que nos veíamos en la cena, mi tío
llamo, y dijo que no regresarían esa noche que
el hermano de mi abuela estaba delicado y que
ella no quería venirse así, mis padres también
llamaron, y me contaron lo bien que lo pasaban
por Londres.
A la hora de la
cena, él ya estaba sentado
cuando baje al comedor, y me pidió nuevamente
que ocupara el lugar de mi abuela, que era a su
lado.
Nos sirvieron la cena, y las domésticas se
retiraron, hablamos de muchas cosas, pero nada
de importancia, al terminar el postre, y luego
de él beber una copa de vino, me dijo que al día
siguiente, si yo quería el me recogería en el
colegio, y que así podríamos ir de compras.
Así lo hicimos,
lo llevé a la tienda donde todas
mis compañeras del colegio compraban sus ropas,
me compro todo lo que quise, e hizo que se las
modelará, escogió las minis más cortas, las
blusitas más bonitas, y me dijo que no
escatimará en gastos, que yo era su nieta. Y que
su dinero también era mío. Allí me quede callada
y
no le salí con una de las mías. Malcriadeces,
típicas de la edad, supongo.
En el trayecto
a casa, me pidió que al llegar le
modelará nuevamente las ropas pero con las botas
puestas, y yo feliz de hacerlo.
De repente; un
carro salió en un cruce de
improviso, lo que hizo que el frenará de
repente,
aunque llevábamos puestos el cinturón,
su mano se puso en mi pecho, en el momento pensé
que era producto del susto, pero la dejó allí e
hizo algo de presión, sobre mis pequeños senos.
Sólo me
comentó, no compramos ajustadores, y yo
le respondí, que no los usaba. Me dijo que
pronto debería usarlos, porque estaban creciendo
rápidamente, y volvió a tocarlos, le arranque de
un manotazo sus manos, y me dijo que eran
caricias
de cariño. Que no había nada de malo en
ello. Le dije que si volvía a hacerlo, se lo
diría a mi abuela, y a mis padres.
Me dijo que no
era para tanto, al llegar a casa,
estaba ya el almuerzo servido, me dijo que no me
quitará el uniforme y que nos dispusiéramos a
comer, que de seguro estaba muerta de hambre. Y
así lo hicimos, sólo fui a lavarme mis manos, en
uno de los baños de los bajos de la casa, el me
siguió y se puso detrás de mi, sentía su cuerpo
muy pegado al mío y le dije que ya le daba
espacio para que se lavara las de él, que porque
no subía a su baño, y me dijo que le encantaba
estar
así conmigo. Sentí crecer su verga, y sus
manos se posaron en mis nalgas, las acarició, y
me dijo que definitivamente era ya toda una
mujer, y como tal debía comportarme.
Esas caricias
me agradaron, para que negarlo, no
obstante le dije, que no lo hiciera, y me salí
del baño.
Cuando regreso a la mesa
estaba como
contrariado, le pregunté si estaba molesto, y
sólo me dijo:
-Come.. y se quedo herméticamente
callado.
Cuando
terminamos de comer, subió a su
habitación, y yo entré a la mía, saque toda la
ropa que me había comprado, y estaba
probándomelas cuando tocaron a la puerta,
-Pase, dije
El entró, y me
dijo que venía a desearme buenas
noches, pero al ver que estaba probándome la
ropa, me
dijo que quería ver como me quedaba en
especial una mini y una blusita que él había
escogido, especialmente para mi, fui hasta el
baño de la habitación, me cambié y salí, para
que el viera como me quedaba,
-Te ves
preciosa, mi pequeña mujercita
-Gracias le
dije, me acerque a él para darle un
beso
de agradecimiento.
Y en ese
momento, me abrazó, comenzó a besarme,
y me dijo:
-Te deseo,
serás una mujer muy bella cuando
crezcas.
-Gracias volví
a decirle, pero le pedí que me
soltará.
No lo hizo, al
contrario, me agarro de la mano y
me llevo
hasta la cama, allí me sentó y me dijo
que deseaba hablarme, que él no me haría daño,
bajo ningún concepto, pero que deseaba algo, y
que sólo yo podía dárselo.
-Que quieres,
le pregunté, nuevamente con mi voz
de niña malcriada
-Toco mis
pequeños senos, los apretó
Intente
separarlo, pero me dijo, o te quedas
quieta o verás de lo que soy capaz. Le grite que
saliera, pero me tapo la boca, me tiro a la
cama, y de
un golpe abrió mis piernas, por sobre
mi pantaleta comenzó a lamerme,
intentaba
soltarme pero el era más fuerte que yo, poco a
poco sus caricias comenzaron a gustarme. Separo
un poco mis pantaletas y me lamió toda mi
cuquita, mientras me decía
-Que rico
hueles chiquita mía. yo ya no ofrecía
resistencia,
me gustaba sentir su lengua y el
roce en mi clítoris, luego cuando vio que no me
seguía resistiendo, bajo mis panties,
y se
dedicó
a comerme todo el coño, su lengua
recorría todo mi bollito, sentía como ganas de
orinar, me dijo que era normal, que era el
placer que estaba sintiendo.
Comenzó a meter
suavemente uno de sus dedos en
mi rajita, mientras seguía lamiéndome, lo hizo
con delicadeza, me preguntó si me dolía, le
respondí
-No, no me
duele. no entendía pero mi
respiración se hacía cada vez más entrecortada.
-Eres una
mujercita muy hermosa, quiero darte
todo
lo que me pidas, no debes decirle de esto a
nadie, será nuestro secreto.
-Ok, le respondí
Comenzó a meter
dos de sus dedos, y seguía
acariciándome, me pidió que me parara, bajó su
short del pijama, y saco su verga, era la
primera vez que veía una, me pareció enorme, me
hizo agachar y me dijo que la lamiera, como un
helado, instintivamente lo hice, él cerraba sus
ojos, yo alzaba la mirada y veía en su rostro
reflejado
el placer, no me gusto al principio su
sabor, pero poco a poco me adapté, sabía entre
dulce y salado, comenzó a bombearme contra su
verga, cuando de repente se detuvo.
-Ven me dijo,
acuéstate en la cama
-Para que le
pregunté,
-Ya verás,
ahora si serás toda una mujer, y lo
serás
conmigo.
Comenzó a meter
poco a poco la cabeza de su gran
pinga dentro de mi húmeda cuquita,
me dijo que
sentiría un poco de dolor, que cuando eso pasará
le dijera para el pararse y esperar.
-Ya me duele!!!, le grité
-shhh, me dijo: espera un poco a que tu bollito
se adapté, él espero un poco, mientras llevaba a
su boca, mis pequeñas tetas, las
lamió, las
chupo, y de repente de un solo golpe, metió su
verga, me hizo gritar, y tuvo que tapar mi boca,
para que no se dieran cuenta, comencé a llorar
por el dolor, sentía que algo impedía que su
verga entrará, sentía como si me estuviesen
partiendo
en dos, sentía como especie de una
pared, que querían traspasar. Él continúo
metiendo y sacando su verga, y yo seguía
llorando y suplicándole que no siguiera que
parara.
-Es porque es
tu primera vez, te estoy
desvirgando mi pequeña zorrita
malcriada,
-pero ya verás
como te gustará de ahora en
adelante,
Siguió metiendo
y sacándola, hasta que de
repente la sacó, se puso encima de mí, y acabó
en mi cara, la regó por todos lados, y me beso.,
me limpió con su lengua. Y me llevó al baño,
allí me lavo toda, me baño. Y me dijo que de
ahora en adelante sería su zorrita
preferida.
Continuará.