Cuba, el país del ("vino!")
 
 
 
 Muchas personas en el mundo coinciden en que Europa, en especial los países mediterráneos y Alemania, son los
principales productores de los más exquisitos tipos de vino. Sin embargo, hay otros tipos de vino que no tienen nada en común con Pedro Jiménez, la Frontera
o el Oporto. En esta otra clase de "vinos" es Cuba quien tiene el primer lugar en el mundo aunque no aparezca en el récord de libros Guinnes. A esta reflexión
llegué en días pasados cuando desde mi apartamento escuché el grito destemplado de una vecina recibiendo alegremente el restablecimiento del fluido eléctrico
después de varias horas interrumpido. "¡Vino la luz!", fue la expresión lanzada a viva voz en medio de la noche.
 
Y es que en Cuba los sucesos cotidianos están acompañados de esta conjugación en pasado del verbo VENIR en tercera persona del singular. Así Ud. puede escuchar
en el habla diaria del cubano de a pie oraciones tales como "vino pan, vino picadillo, vino pescado, café, leche para los niños", y un largo etcétera de
productos alimenticios o de otra clase, casi siempre racionados y deficitarios. La lista de ejemplos precedidos de este tipo de vino sería interminable.
 
Para los cubanos, que vivimos con una centralización estatal en todos los detalles de la vida cotidiana bajo el sistema de planificación donde las cosas
vienen casi siempre de manera individual y a cuenta gotas, la palabra "vino" seguida de la "marca" que nos es destinada en cada ocasión, se torna en algo
normal en nuestras vidas insulsas. El símil con el líquido espirituoso derivado de la fermentación de uvas, manzanas, de frutas tropicales y hasta de arroz,
anda parejo con los placeres que nos produce la ingestión de unos y la impronta de los otros. Imagine que en este caluroso verano tropical y en medio de
uno de esos prolongados apagones nocturnos, de pronto se restablezca el servicio eléctrico. Ese vino de luz le hace a usted un efecto más agradable, más
refrescante y hasta más beneficioso que el degustar de la mejor botella de Oporto. Gracias a este "vino" puede ver televisión o escuchar música acompañado
del fresco producido por un ventilador.
 
Algo parecido ocurrirá cuando su hijo pequeño no tiene leche, pues ya consumió la cuota diaria normada del día anterior, y en medio de los reclamos del
pequeño por el alimento su vecina le dice que por fin "vino leche al punto de venta". Igualmente ocurre luego de pasar varios días sin ingerir proteína
animal en su dieta diaria y le informan que "vino jurel". Los cielos se le abren como una bendición, idéntica a la que siente cualquier gourmet a la vista
de una botella de amontillado.
 
Pero en medio de todas estas variedades vinícolas verbales, en Cuba hay dos marcas que son las preferidas de la población. Una es el vino familia del extranjero
y la otra vino El Bombo. Sin dudas estas dos variedades de vino levantan el espíritu de cualquier cubano de la Isla, como un regalo festivo de Baco. Cuando
vino un familiar de afuera, preferentemente de Miami, por lo general se espera pasar unos días sin necesidades de los "vinos" enviados por el Estado. Si
además el familiar vino con bastantes dólares, ello redundará en la abundancia de comida en la casa durante los días que dure la visita, y quizás hasta
una botellita de vino de uvas se logre colar en la mesa.
 
Por otra parte, cuando vino El Bombo, para un cubano eso puede significar que su situación personal cambie de forma radical. La palabra vino tomará con
unos meses su uso correcto, porque una vez que se emigra hacia Estados Unidos podrá comprar sin regateos el vino de uva, el verdadero, y habrá dejado atrás
un viñedo llamado socialismo, madre de todos los vinos de donde no acaba de venir nada!.
  

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