El no, no

El no, no

No piense que va a leer la descripción de un proyecto político contra Castro. Ni piense que escribo acerca de Manuel Vázquez Portal -ex condiscípulo en las aulas universitarias y colega en la prensa independiente más tarde- o de Normando Hernández, a quien recuerdo con los ojos luminosos y los brazos cargados de ejemplares de una revista de calidad muy decorosa, ambos encarcelados por el hecho de escribir la verdad de Cuba.

Sencillamente permítame comunicarle la existencia de un invento cubano que de seguro usted desconoce. El no-no debe su nombre a un personaje de telenovela brasileña, cuyo rasgo característico era el ahorro.

Resulta que hace unos días, al visitar a Dulce, familiar cercana recién instalada en la capital, me invitó a tomar café, a lo que accedí con gusto. Pasé tras ella a la cocina y luego de preparar la cafetera tomó una latica redonda de 5,3 centímetros de diámetro, y apenas dos de alto -¡oye, chiquitica!- le echó un poco de alcohol, la encendió, le colocó encima la cafetera, y me dijo que enseguida probaríamos un buen café del Escambray.

Entonces fue que fijé mi atención sobre el pequeño utensilio, el diminuto fogón desconocido para mí.

- ¿Y eso qué es? -interrogué azorado.

- Pues un no-no -respondió con aire de quien todo lo sabe.

- Pero, ¿eso qué es? -insistí.

- Pues nada más que una latica de comino vacía a la que le abrí nueve orificios en la tapita y otros en toda la circunferencia lateral, le echo alcohol como viste, tanto como medio dedo, lo enciendo, coloco encima la cafetera, y entre 7 y 10 minutos ya coló el café.

- ¿Y quién inventó eso? ¿Salió del Amazonas? -inquirí para calmar mi curiosidad.

- No, hijo, no es más que para ahorrar alcohol. Con un mínimo de alcohol puedes hacer café, hacer una tortilla de dos huevos, hervir un jarro de leche o freír un huevo.

-¡ Candela!, ese invento me dejó el cerebro vacío; o mejor, se le quedó vacío al que lo inventó -exclamé.

- Ni creas... el inventor seguro tenía el estómago vacío y ningún combustible con qué cocinar. ¿No sabes tú de la falta de combustible que se sufre en provincia?

Quedé asombrado por un buen rato, contemplando cómo colaba la cafetera, cómo se apagaba el no-no, pensando a cuánto empuja la miseria.

Sí, y usted estará de acuerdo conmigo, que inventar a partir de lo ya inventado -la latica de comino- un nuevo utensilio es luchar por sobrevivir. ¡Caballeros, qué no inventa el cubano!....

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