El "rinkimbilis" ha nacido impuesto por una época y un régimen que no ha podido resolver las enormes y penosas dificultades del transporte, tanto público como privado, por extrema escasez de piezas de recambio, sobreexplotación, no ajuste a las normas técnicas de mantenimiento y otros muchos factores imbricados, a la postre, con la situación socio-política cubana.
La palabra "rinkimbilis" no está reconocida por la Real Academia Española de la Lengua pero, por su uso común en nuestra Isla, como cubanismo, pudiera obtener categoría de palabra culta.
Adelantando una futura definición académica, pudiéramos decir que "rinkimbilis" es un artefacto surgido de la conversión artesanal de bicicleta en motocicleta mediante la adición de un motor.
"Rinkimbilis" no debe confundirse con "ringorrango", que sí es palabra aceptada, familiarmente hablando, con la acepción de "adorno exagerado y superfluo".
El "rinkimbilis" está desnudo de adornos, nada tiene de superfluo. Ni sobra ni falta una tuerca. Sólo lo preciso para andar con gran economía y escasa perturbación del medio ambiente, si bien algunos más ruidosos que otros.
El "rinkimbilis" es una joya tecnológica artesanal, muestra del ingenio creador del cubano aún en las más adversas circunstancias, que lo ha hecho triunfador en cualquier latitud del planeta.
Hace años, un automóvil "anfibio" pudo recorrer 180 kilómetros de océano para llegar, en fuga, a las costas de Florida. Rústicas y endebles balsas arrastradas por el viento y un gran papalote o por velas; grandes bateas -palanganas- para lavar convertidas en balsas; recámaras de camión o tractor, están entre las más estrafalarias formas de transporte, no exactamente dentro del país, sino para huir de él.
A pesar de su innegable utilidad bienhechora, el "rinkimbilis" no tiene categoría ciudadana. No posee estatua legal y, por lo mismo, sus propietarios son perseguidos, multados, y sus móviles decomisados.
El artículo 215 de la ley 260, código de viabilidad y tránsito, expresamente lo prohíbe: "Se prohíbe la construcción de cualquier vehículo -y por lo tanto su inscripción en el registro- mediante el ensamblaje de partes y piezas nuevas o de uso, independientemente de la forma de su adquisición".
El "rinkimbilis" tiene su talón de Aquiles, que lo condena a muerte. Según autoridades del Ministerio de Transporte, "algunos de estos equipos alcanzan velocidades de hasta cien kilómetros por hora y presentan problemas con los frenos, pues no tienen las condiciones mecánicas requeridas".
Otra cuestión es de carácter legal sobre la procedencia de las partes, y sobre todo, del motor.
Por el momento, sus propietarios, por toda Cuba, los tienen escondiditos, a la espera de mejor fortuna, mientras continúan pasando grandes apuros con el transporte público. …