Huevos en mal estado

¿Huevos en mal estado? Americanos son

El hombre se dirige con un cartón de huevos hacia el mostrador del establecimiento. En un recipiente trae tres posturas acabadas de abrir y que exhalan un olor desagradable. El dependiente se disculpa y tranquilamente vuelve a colocar el resto de los huevos en el mostrador mientras devuelve el importe anteriormente pagado por el consumidor.

El comentario no se hace esperar. No se explica cómo el producto, aparentemente fresco y acabado de llegar, presente este pésimo estado de conservación y además se aprecien manchas sobre la cáscara exterior, lo cual siembra dudas sobre su calidad.

No me atrevo a hacer la compra que llevaba prevista y busco otro establecimiento. Ahora que este alimento se puede adquirir de manera liberada en varios lugares de la ciudad, a dos pesos la unidad, es válido hacer el intento.

En un mercado cercano se aprecia sobre el mostrador la presencia de este alimento, vital para la dieta alimenticia del cubano. Manifiesto mis temores a la dependiente, por lo que acabo de presenciar cerca del lugar, y ella muy segura me dice que con éstos que ella vende no va a ocurrir lo mismo. Aquéllos, los malos, son norteamericanos y éstos son de producción nacional.

No puedo evitar la sonrisa. ¿Como explicar que la supuesta calidad de la producción venida del norte quede tan mal parada? El dependiente del otro establecimiento había dado la excusa del largo viaje que tiene que hacerse a través del mar para traer los huevos provenientes del Norte. ¿Largo viaje? En barcos adecuados para estos cargamentos con apenas 24 horas de navegación no puede afectarse de esa manera la calidad de este producto.

La razón más plausible puede estar en la manipulación de los cargamentos cuando arriban a nuestros puertos. Cuando el mecanismo burocrático hace presa de los huevos norteamericanos, no hay calidad que aguante. Traslados, almacenamientos, decisiones de mantener un determinado lote para la reserva en caso de una hipotética guerra, y todas las eventualidades propias del terruño. Al final, al comprender que se corre el riesgo de perder el cargamento atesorado, entonces viene la decisión de llevarlo a los establecimientos públicos para su venta a la población.

Algunos tienen suerte y adquieren huevos que pueden consumir. Otros pierden su dinero y lo que es peor, ese día tiene que resolver con otra cosa de rápida improvisación. Por lo general no hay reclamos. Lo presenciado hoy por mí es un raro caso de comprensión y buen talante por parte del vendedor. Pierde la economía del país, pero mucho más pierde la depauperada economía de los ciudadanos. Menos mal que aún tenemos huevos que compiten con los de allá. …

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