DÉJAME SER TUS OJOS.

RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.

Escrito por: IRMA GPE. VELA MEZA.

Marzo 2005.

PRÓLOGO.

Santiago Tuxtla, enclavado en la selva jarocha, se encuentra regado
por el río Pixixiapan o Tuxtla, que es tributario del San Juan,
afluente del Papaloapan.

Es una pequeña ciudad colonial en donde se localiza la zona
arqueológica de Tres Zapotes y Tepeacan. En los límites de esta,
Hernán Cortés mandó instalar el primer ingenio azucarero de México.

Muy cerca de Santiago se encuentra Catemaco. Ciudad misteriosa, que
mezcla el culto a dioses olmecas, popolucas y nahuats; con el
cristianismo católico. Posee un marcado fervor a la Virgen del Carmen
y todo esto convierte al lugar en un sitio mágico, encantado, apto
para la brujería. Por esta razón, Catemaco es denominada la tierra de
los brujos y su fama ha trascendido internacionalmente.

Las limpias, los amuletos, las plantas medicinales, hechizos, de
magia blanca o negra, hacen que personas de todas partes del planeta
lleguen hasta esta tierra pródiga en remedios para todo mal y se
pongan en las manos del chamán, brujo, curandero, botánico, o como
les quieran llamar a los personajes típicos de la zona.

El primer viernes de marzo es el día en que el gran brujo sube al
monte del mono blanco y conjura las energías que dotarán de poder a
los brujos que siguen la mística senda del ocultismo. En ese día,
miles de personas pueden presenciar la misa negra

Los espectros del inframundo se unen a la celebración, el chaneque,
la vieja chichima, el yogualtaba, vagan en libertad por la selva, por
las aguas de la laguna, por las calles. Entran en las casas, se
esconden entre los árboles, susurran, asustan al que no está
acostumbrado a su presencia.

Aquí, en esta tierra colmada de paisajes enigmáticos, Ignacio, un
joven músico, destaca del resto de sus habitantes por una
peculiaridad que lo hace diferente a los jóvenes de su edad. Sin
embargo, él siente y ama, como el total de los seres que lo rodean,
desea encontrar el amor y expresar sus sentimientos anhelando ser
correspondido.

CAPÍTULO I.

IGNACIO.

"Ciego es aquel que no puede ver. Pero hay seres que a pesar de la
falta de vista, pueden ver con el pensamiento, con las manos, con la
naríz, con los oídos, con la boca. Entonces el ciego se convierte en
la persona que ve mas allá de lo que los ojos logran ver".

-Tenía cinco años cuando una arteria cerebral se inflamó y me
destruyó el nervio óptico. Los médicos explicaron a mis padres que se
trataba de un aneurisma cerebral, cliparon la arteria comunicante
anterior, colocaron una válvula y satisfechos, comunicaron que la
microcirugía había sido un éxito. Aún así, corría el riesgo de
quedar con secuelas. ¿Cuáles eran?... Parálisis, ataques epilépticos,
pérdida de la orientación, lagunas mentales. Afortunadamente, nada de
eso se agregó a mi desgracia.

Después de la cirugía, los primeros días, cuando me permitieron
abandonar la cama, mis padres me sostuvieron para que caminara por
los pasillos del hospital. Recuerdo que era como si volviera a
aprender a caminar. Cuando me picaba la nariz, me rascaba la oreja y
satisfacía la sensación. Poco a poco, superé todos los obstáculos y
aprendí a vivir con una ceguera total en el ojo derecho y con el diez
por ciento de visión en el otro.

Soy el menor de tres hermanos, Bruno es cinco años mayor que yo,
Mirian me lleva tres. Gracias a mis progenitores y hermanos, viví una
infancia feliz y dentro de lo viable, normal, pues como todos los
niños de mi edad, aprendí a nadar, patinar, anduve en bicicleta,
trepé a los árboles, en fin, logré acumular un sin fin de travesuras
dignas de ponerles los pelos de punta a toda la familia.

Un viejo amigo de mis padres, profesor por vocación, me tomó bajo su
tutela y de manera personalizada, me instruyó para que completara mis
estudios. También asistí a los centros de rehabilitación que se
hallaban en el estado y cuando alcancé la mayoría de edad, me
trasladé a México para estudiar en la escuela Nacional de ciegos.

Debo reconocer que mis padres jamás han cesado en su empeño por
hacerme recuperar la visión. Yo acepté mi ceguera con la sencillez
que los niños muestran ante la adversidad. Quizás se debiera a la
inocencia de mis cinco años, no sentí mucho la pérdida de algo que
disfruté por corto tiempo. En fin, sea por cualquier razón, motivo, o
circunstancia; crecí adecuándome a mis limitaciones y desarrollando
cada vez más, los dones que poseo. A menudo, sorprendo a mis
familiares con algo que ellos se empeñan en llamar "clarividencia",
creo que a falta de vista, ese sexto sentido que todos tenemos, se me
ha desarrollado y mantengo en secreto del resto de mis conocidos,
este don que a menudo me ha sacado de apuros.

Nací en un lugar llamado Santiago Tuxtla, enclavado en la selva
jarocha. Mis padres, como la mayoría de las personas que habitan en
esta parte del estado de Veracruz, mezclan el catolicismo con las
creencias paganas que emanan de esta tierra, como la exuberante
vegetación que la envuelve. Por ese motivo, además de acreditados
oftalmólogos, infinidad de curanderos, brujos, chamanes, aplicaron en
mi persona todo su poder curativo. Afortunadamente hoy me he liberado
de esta incesante peregrinación, vivo en Santiago y mis padres
radican en Catemaco.

La independencia del seno familiar resultó difícil para todos, al
principio mis padres se mortificaron y tres de los siete días de la
semana, los pasaban conmigo. Poco a poco, las visitas se fueron
espaciando, en la actualidad nuestros encuentros se reducen a
cumpleaños, navidades y fiestas casuales. Mi trabajo me mantiene
ocupado durante muchas horas, económicamente soy totalmente
independiente y lo importante por ahora es que hago lo que más me
gusta: ¡soy músico!.

Mi felicidad sería completa si encontrara con quién compartir la
vida. En estos treinta años que tengo de existencia, solo dos mujeres
han agitado mi corazón. Desgraciadamente, ninguna de éllas me incluyó
en su futuro, eso oprimió mis sentimientos, afortunadamente estoy
recuperado y hoy, nuevamente, emprendo la búsqueda de la mujer que
desee compartir su vida conmigo.

CAPÍTULO II.

VER CON LAS MANOS Y EL CORAZÓN.

Ignacio de Jesús Castellanos Molina caminaba tranquilamente por las
angostas calles de Santiago Tuxtla, una insignificante lluvia le
dificultaba el andar. Su bastón blanco se deslizaba de un lado a otro
marcando cada paso que daba y con el ruido acompasado que iba
haciendo, Ignacio marcaba el pulso de la melodía que estaba creando
en su mente.

La escuela en la que trabajaba como maestro de instrucción musical
quedaba a cinco calles de su casa, para él resultaba fácil
desplazarse por el pueblo gracias a que había poco tráfico. Siempre
encontraba por el camino alguna persona que se acomedía a guiarlo o
por lo menos, a ayudarle a cruzar las avenidas.

Su vida era tranquila, el trabajo como músico y profesor le permitía
vivir decorosamente y hasta darse ciertos gustos que no cualquier
persona de clase media podía tener.

-¡Nachúi!... Necesitamos que esta noche amenices una boda en "Los
Chaneques", contrataron a Emiliano Torres, se enfermó y no podrá
cumplir el compromiso. ¿Cómo anda tu agenda?... ¿Puedes echarme una
mano?.

-Tienes suerte, esta noche la dejé libre porque quería dedicarla a
poner un poco de orden en la casa.

Elías le ofreció su antebrazo para guiarlo y Nachúi colocó su mano
sobre él. Ambos siguieron andando mientras platicaban.

-¿Todavía no consigues sirvienta?... ¿Por qué no pones un anuncio en
el periódico?... Dudo que vean ese letrero que tienes en la puerta de
la casa, es muy pequeño y además casi nadie pasa por ahí.

-No importa, algún día alguien lo verá y solicitará el trabajo.

-Llevas un año diciendo lo mismo, creo que no tienes prisa por
encontrar una sirvienta.

-La verdad es que no me importa, puse el letrero por complacer a mi
madre, ella piensa que estaré mejor si alguien cuida de mí. No me
creía capaz de abandonar la casa paterna y venirme a trabajar a este
pueblo en donde no hay nadie de la familia, pero ya ves, tengo un año
de ser independiente y todavía mi madre no acepta el hecho. Insiste
en que contrate a una sirvienta de tiempo completo para que me
atienda. Lo que no sabe, es que su hijo tiene sus trucos para
aparentar que la obedece, haciéndola creer que la mala suerte es la
causa de que nadie atienda al cartel.

Elías se despidió de Nachúi en la puerta de su casa, tenía otro
compromiso y no quería llegar tarde.

-Paso por ti a las ocho, ten listas tus cosas. Solo llévate un cable
para el teclado, por lo de la entrada, sabes que varía de un modelo a
otro y tal vez el que tengo no te sirva.

-Está bien, te espero a las ocho. Oye. ¿Es muy elegante la cosa?.

-Sí, se trata de la sobrina del Alemán, ponte un traje porque la
gente irá tacucha.

Ignacio frunció el ceño, esa mañana el corbatero se le había caído y
las corbatas estaban revueltas. Tenía tres que eran exactamente
iguales porque las compró en una barata y aunque las marcó, no
recordaba cual señal usó para cada una. El único traje disponible en
ese momento era de color verde olivo, combinaría con una camisa
amarilla y la corbata verde, pero. ¿Cuál sería la verde?. Esperaría a
que Elías llegara y le preguntaría, total se podría poner la corbata
de camino a la fiesta.

Conforme iba pasando el tiempo, la urgencia de una sirvienta se
manifestaba en el desorden de la vivienda.

Su terquedad era mayor que la necesidad y deseaba demostrarle a sus
padres que un ciego podía vivir solo, como cualquier persona.

Colgó el bastón blanco en una percha que estaba detrás de la puerta,
se descolgó la mochila que llevaba a la espalda y fue hacia la
cocina. Sobre una mesa sacó el contenido, se trataba de comestibles,
al salir del trabajo los pasó a comprar al supermercado.

Estaba orgulloso de sus logros, de vez en cuando desesperaba porque
siempre debía esforzarse y la tensión de querer hacer bien las cosas,
se convertía en angustia.

La sencilla rutina de ir al trabajo y venir por sí mismo,
representaba un gran esfuerzo de voluntad porque tenía que enfrentar
el riesgo de andar entre autos, camiones, peatones, en fin, debía
sortear todos los obstáculos que hacen la vida difícil para los
discapacitados.

Un auto sobre la línea peatonal, el burrito que anunciaba el menú de
alguna fonda, los toldos que caían verticalmente sin soporte al piso,
las casetas telefónicas colocadas sin ton ni son, las motocicletas
estacionadas sobre las banquetas, los puestos semifijos que ocupaban
casi la totalidad del paso, los perros que se alteraban al ver el
bastón, baches, hoyos, alcantarillas destapadas, etc, etc; esto y
muchas otras cosas se convertían en el reto cotidiano para el ciego
que se atrevía a caminar con la única ayuda de un bastón blanco.

Gracias a los cursos de orientación y movilidad, Ignacio era capaz de
desplazarse usando las técnicas aprendidas desde la infancia. Esto no
lo salvaba de uno que otro accidente, eso era lo que preocupaba a sus
padres y aunque no lo admitía, a él.

Sus amigos lo consideraban un prodigio, admiraban la manera en que
había logrado superarse y suplir la falta de un sentido con el
desarrollo de los otros.

Su talento musical, le proporcionaba la ventaja de poder subsistir.
En lo referente a lo económico, ganaba más que bien. En lo referente
a lo anímico, le permitía expresar mediante el canto o la
interpretación de alguno de los muchos instrumentos musicales que
dominaba, la pasión de los sentimientos que se albergaban en su ser.

Por medio de los otros cuatro sentidos y su percepción sensorial,
percibía el mundo que lo rodeaba. Las manos le mostraban la forma y
tamaño de las cosas. Su sensibilidad sensorial le hacía sentir la
belleza, la bondad, la sinceridad de las personas. Con la
imaginación podía ver a través de los ojos de otros el entorno y los
colores. ¿Cómo puede conocer los colores un ciego de nacimiento?...
¿Cómo percibe la inmensidad del mar, de las montañas?... ¿Cómo podrá
admirar el cielo tachonado de estrellas?. Todo esto solo lo podrá ver
mediante el resto de sus sentidos y los ojos de la gente que lo
rodea, escuchando atentamente con los oídos y el corazón; porque
efímeramente alojaremos en ese lugar a los sentimientos que le
permiten al ciego imaginar lo que otros pueden ver.

Disponía de seis horas libres antes del compromiso, decidió archivar
en la memoria del teclado la melodía a la que había estado dando
forma en su cabeza mientras retornaba a casa.

-Vaya, tiene muchas variaciones, la línea melódica abarcó treinta
compases. Creo que servirá perfectamente de fondo al comercial, ahora
tengo que ponerle los acordes,le haré algunos adornos de violines.

Mientras trabajaba, se comió a toda prisa una torta de bistec,
acompañada de una cerveza fría. Estaba tan concentrado en terminar la
tonada que no se dio cuenta de la hora. La alarma de su reloj de
pulso sonaba como un gallito, le informó que eran las siete treinta
de la tarde.

Apagó el teclado, se encaminó a la recámara y se cambió de ropa lo
más rápido que pudo.

Debido a las prisas, confundió la camisa y ni siquiera se enteró que
llevaba una camisa azul cielo. A las ocho quince, escuchó la bocina
del automóvil de Elías, cogió uno de sus teclados, abrió la puerta y
puso atención para ubicar el auto por el sonido del motor y la voz de
su amigo.

-¡Date prisa!... Vamos retrasados!... Se ponchó una llanta y tuve que
cambiarla.

Elías le quitó el estuche del teclado y lo colocó en el asiento
trasero, Ignacio se instaló en el lugar del copiloto.

-Elías, la misa de la boda es a las nueve, estamos todavía a tiempo,
no es necesario correr.

-Sabes que me lleva su tiempo instalar el sonido y modularlo, ese
salón de baile no se encuentra a la vuelta de la esquina, está en San
Andrés y por ser principio de fin de semana los caminos estarán
concurridos.

Elías fijó su vista en la carretera y no volteó a ver a su amigo
hasta que llegaron a su destino.

Cuando estuvo todo conectado, probaron el sonido. Ignacio interpretó
una canción de moda acompañado por su instrumento.

-Elías, cierra el agudo y ponle un poco más de volumen al micrófono,
si no lo haces, cuando se llene el salón mi voz se perderá entre el
griterío, me tendré que desgañitar para que me escuchen.

Elías hizo lo que le indicó, luego se aproximó a él y se le quedó
mirando de pies a cabeza.

-Nachúi, ahora sí que la cagaste.

-¿Por qué dices eso?.

-Pantalón y saco verde olivo, camisa azul cielo, corbata color
salmón, un zapato café y otro negro.

-¡Que chingadera!... ¡Estaba seguro de haber combinado la camisa!...
¡De lo único que tenía duda era de la corbata!... ¡Ahora resulta que
hasta me equivoqué con los zapatos!.

-Te he dicho hasta el cansancio que no compres cosas iguales aunque
sean de diferente color. De nada te sirve marcar las cosas si no te
acuerdas como las has marcado. ¿Por qué no usas el braille para
marcarlas?. No tienes más remedio, tendrás que permanecer vestido de
arco iris porque no puedo intercambiar mi ropa contigo, eres más alto
que yo. Míralo por el lado amable, en las bodas la gente solo ve a
los novios y a sus familiares, tú solo concéntrate en cantar y tocar.

Este contratiempo no amilanó el espíritu del músico. Cuando Elías le
dio la señal, tocó la marcha nupcial para recibir a los recién
casados. Luego de una pausa, entonó una canción romántica para que
bailaran.

Su fama de artista se remontaba a la infancia, desde muy pequeño su
talento musical se hizo notorio, primero en las fiestas familiares y
escolares, después en los eventos culturales de la región. San
Andrés, Catemaco y Santiago, estaban unidas por su cercanía
geográfica e histórica. Ignacio nació en Santiago Tuxtla, desde muy
pequeño su familia se trasladó a vivir a Catemaco, pueblo famoso
entre muchas otras cosas, por su laguna encantada y los brujos. Sus
primeras experiencias artísticas se dieron ahí, poco a poco
trascendió la frontera de la ciudad y perfeccionó su estilo al
realizar estudios en la ciudad de México y después en la universidad
de Jalapa, obteniendo la licenciatura en música.

A los veintinueve años, se independizó de la tutela familiar, aceptó
un trabajo de profesor que implicaba una escuela primaria y un jardín
de niños. Este era un trabajo matutino que le permitía dedicarse a
amenizar por las tardes o noches, bailes y bares. Además componía
fondos musicales para la televisión y radiodifusoras estatales.

En los bailes, Elías y él, alternaban la música en vivo con la
grabada, esto les resultaba lucrativo y la clientela quedaba
satisfecha, recomendándolos entre sus amistades.

Cuando Nachúi no podía ir con Elías, Emiliano Torres se encargaba de
ambientar. Elías prefería a Nachúi, además de la amistad que los
unía, apreciaba su interpretación y lo consideraba el mejor.

CAPÍTULO III.

COMPAÑEROS DE TRABAJO.

El curso escolar estaba por reanudarse después de un largo periodo de
vacaciones veraniegas. Los maestros acudían a su centro de trabajo
para elaborar programas, tomar cursos, revisar material didáctico
etc. En el jardín de niños era en donde Ignacio pasaba la mayor parte
de la mañana, a la primaria solo tenía que ir dos horas a la semana,
así que su relación con las educadoras era más íntima. El intendente
y él, eran los únicos hombres entre todo el personal. Niñeras,
maestras, directora, etc, lo apreciaban, reían y le confiaban sus
intimidades como si se tratara de una amiga y no de un hombre. Esto
se debía a que él a pesar de su edad, se mostraba tímido e inexperto
en el arte de la seducción. Algunas pensaban que se trataba porque
era inocente, incluso hubo quien intentó comprobarlo tratando de
persuadirlo con proposiciones indecorosas.

Ignacio lo echaba a relajo, sutilmente rechazaba a la dama en
cuestión sin hacerla sentir mal y seguía cultivando su amistad con
cariño fraternal.

En realidad, era un romántico que creía en el verdadero amor y solo
se entregaba a una mujer cuando estaba realmente convencido de que la
amaba. Había tenido dos relaciones importantes a lo largo de su vida.
Las dos habían terminado mal, él sufrió mucho mientras se recuperaba
de los desengaños, sería muy cauteloso antes de volverse a enamorar.

Moreno, alto, de complexión delgada y musculosa, era bastante
atractivo para las mujeres que veían solo el cascarón, sin tener en
cuenta al contenido. Las dos mujeres que se habían relacionado con
él, compartieron fogosos deseos carnales con el músico, sin
interesarse por sus sentimientos. Cuando él se empeñó en formalizar
la relación mediante el matrimonio, categóricamente lo rechazaron. Se
sintieron incapaces de compartir su vida con un ciego y aunque no lo
dijeron, Ignacio lo pudo sentir.

El grupo de profesores se encontraba reunido en la dirección. Lolita,
la directora, una mujer soltera de cincuenta años, le comunicaba a su
personal la triste suerte de una de las maestras de preescolar:

-Adelita ha tenido graves problemas y penalidades durante este
verano, su padre, madrastra y hermanitos, sufrieron un accidente
automovilístico cuando se dirigían a pasar unos días en las playas
de Sontecomapan . Los padres de la muchacha desgraciadamente
murieron, sus hermanos sobrevivieron, Adriana resultó con una
fractura de fémur y leves contusiones. Ángel tuvo mejor suerte,
físicamente salió ileso, su problema radica en el trauma de haber
visto a sus padres muertos dentro del automóvil. Es terrible, la
muchachita está inconsolable, ha perdido a sus padres, el pequeño de
siete años traumado, la hermana de doce fracturada, carece de
parientes paternos y los parientes maternos no quieren ayudar a sus
hermanos porque son hijos del segundo matrimonio, por tanto, no son
nada de ellos. Por si fuera poco, está sin recursos económicos porque
gastó todos sus ahorros en los servicios médicos de Adriana y Ángel.

Todos se compadecieron de la joven, con veintitrés años de edad tenía
que asumir la responsabilidad de dos hermanitos sin contar con ayuda.

-Les cuento la situación de su compañera, porque me ha pedido que la
ayuden. La casa de sus padres está hipotecada, los intereses del
préstamo se acumularon y el banco la sacará a remate esta semana. No
tiene a donde ir, está dispuesta a pagar un cuarto. Sin embargo, no
podrá hacerlo hasta que cobre la primera quincena de trabajo en el
nuevo curso. ¿Alguno de ustedes puede alojarlos por unos días en su
casa?. Yo lo haría con mucho gusto, pero como todos saben, vivo con
mi hermana, apenas tenemos espacio para su suegra y mis cuatro
sobrinos, creo que mi cuñado se infartará si le pido el favor.

Ignacio valoró la situación, su casa contaba con dos recámaras y un
cuarto de servicio. Una de las habitaciones estaba dispuesta como
estudio, ahí tenía los instrumentos musicales, la computadora, un
sofá cama, él podría dormir ahí y cederle la recámara. Esperó que
alguna de las compañeras decidiera hospedar en su casa a los
atribulados hermanos, todas encontraron una disculpa para evadirse
del compromiso.

-Lolita, dígale a Adelita que se puede mudar hoy mismo a mi casa,
tengo suficiente espacio para recibir a todos.

-Gracias Ignacio, será mejor que tú le hagas el ofrecimiento, háblale
por teléfono y ponte de acuerdo con ella.

Nachúi recordaba perfectamente la aguda voz de Adelita, siempre se
reía cuando él la reprendía por ser desentonada y la joven entre
risas cantaba más fuerte para molestarlo.

-¡Adela!... ¡Desentonas hasta cuando hablas!... ¡Por favor, en lugar
de cantar, piensa la letra de la canción!... ¡Te arrestarán por
contaminar el ambiente con el ruido ensordecedor que sale de tu
garganta!.

La mujer que respondió a la llamada telefónica tenía una voz apagada
y ronca, Ignacio dudó unos instantes antes de reconocerla.

-Adelita, que bueno que te encuentro. ¿Cómo estás?... Lolita nos ha
contado lo ocurrido.

-Estamos tratando de salir adelante, Ángel está desesperado, ha
cambiado mucho. Bueno, todos hemos cambiado, nos llevará tiempo
superar este dolor, sobre todo, a mi hermanito. ¿Por qué?... ¿Por qué
tenía que pasar esto?.

-Los caminos de la vida son indescifrables, lo único que podemos
hacer es seguir andando lo mejor que podamos, luchar día a día, para
vencer las adversidades. Tienes que sobreponerte al dolor, ahora más
que nunca tus hermanos te necesitan, sobre todo Ángel. Te ofrezco la
casa y mi persona, puedes contar conmigo estoy a tu disposición.

-Gracias Ignacio, eres la primera persona que me hace un ofrecimiento
tan ilimitado. Quiero ser franca, no deseo que te arrepientas
después. Estoy hasta el cuello de deudas, los intereses de la tarjeta
de crédito se han acumulado y no se cuando lograré pagar tamaña
deuda. ¿Estás dispuesto a recibirnos en tu casa por tiempo
indefinido?.

-Somos grandes amigos, mi casa es tu casa, estoy seguro de que tú
harías lo mismo por mí.

Por la tarde, Adelita empezó a trasladar algunas de
sus pertenencias a la casa de su amigo. Sólo se quedaría con algunos
recuerdos familiares y las cosas indispensables. Un ejército de
niñeras y maestras se dieron cita en la casa del músico para
limpiarla.

-Nachúi: ¿desde cuando estás sin sirvienta?.

-Querida Carmelita, jamás he tenido una.

-Se nota, las telarañas son tan grandes, que podrías venderlas a la
feria para que las usen en la casa del terror.

-Estela, eso no es todo. Los pisos están manchados. Que: ¿en tu casa
no te enseñaron a trapear los pisos?.

-Muchachas, déjenlo en paz. Él no puede ver y además es hombre.

-Gracias Lolita por defenderme. La verdad es que no tengo
justificación, soy un desordenado y no me aplico a las tareas
domésticas simple y sencillamente por desidia. Es un defecto que
tengo arraigado, espero que Adelita y sus hermanos no se sientan
incómodos por ello.

-¡Miren!... Ahí vienen, aguardemos un momento mientras Socorro
estaciona el auto. ¡Vayamos a ayudarlas!.

-Si me guían, podré cargar a Adrianita para llevarla a la cama,
después volveré por Ángel.

-Vamos hombre fortachón, pon tu musculoso brazo sobre mis hombros, te
llevaré hasta la puerta del coche.

Ignacio rodeó con un brazo a Estela y se dejó guiar hacia el
automóvil, las demás los siguieron dejando a un lado sus ocupaciones
para animar a Adela y sus hermanos.

La recámara de Ignacio contaba con una cama individual, Adela trajo
con sigo otras dos, sus amigas se encargaron de armarlas dejándolas
listas para ser usadas. También habían traído algo para la despensa,
incluyendo golosinas, pensando en los niños.

El anfitrión tuvo que abandonar al grupo de amigas para ir a cumplir
con su trabajo en el bar del hotel "Jarana", se disculpó con sus
invitados y les comunicó que no lo esperaran despiertos porque
volvería pasada la media noche.

Pocos minutos después de que Ignacio se hubiera marchado, las
compañeras siguieron su ejemplo y se despidieron de Adela y sus
hermanos, con efusivos deseos de ánimo.

Casi eran las tres de la madrugada cuando el músico retornó a la casa.

Se apeó del taxi y entró en el jardín frontal, tocando con el bastón
los bordes del sendero que conducía hacia la puerta principal. Buscó
la llave en el bolsillo del pantalón y con mucho sigilo la introdujo
en la cerradura. No quería despertar a los huéspedes, era la primera
noche que pasaban en la casa, tendría que acostumbrarse a no hacer
ruido al dirigirse al estudio.

Se detuvo en la salacomedor, cerró suavemente la puerta y se percató
de una presencia en un sillón de la sala. Conocía perfectamente el
aroma de la persona que se encontraba ahí.

-Adelita: ¿estás despierta?.

Adela se aclaró la garganta antes de responder:

-No podía dormir, salí de la recámara con la intención de beber un
poco de leche tibia que me ayude a relajarme, sin embargo no ha dado
resultado, todavía no tengo sueño.

-Has estado llorando, tu voz te ha delatado. ¿Quieres que platiquemos
un rato?.

Adela se sorprendió, pensó que él no podría percatarse de la humedad
que había en sus ojos y rostro. Ambos estaban hablando con voz baja,
casi con murmullos, eso también disfrazaba el requiebro. Ignacio era
tan perceptivo, que la descubrió sin titubeos.

Se sonó la nariz y dejó fluir sus lágrimas en silencio. Ignacio se
sentó a su lado y la abrazó con ternura.

-Anda mujer, si quieres llorar, hazlo. Te ofrezco un hombro de amigo
y mi discreción.

-Nachuí, eres demasiado bueno, debes estar cansado y aquí estoy,
quitándote el tiempo con mis problemas.

-Adelita, estoy acostumbrado a desvelarme, cuando tengo presentación,
la actuación me estimula al grado de producirme insomnio. Me resulta
difícil conciliar el sueño y a menudo me pongo a trabajar en el
teclado o en la computadora antes de caer rendido. Anda, dime: ¿por
qué estás llorando?.

-Angelito es mi mayor preocupación, desde que comprendió que jamás
volverá a ver a nuestros padres, está insufrible. Se ha vuelto
caprichoso y berrinchudo, constantemente agrede a Adriana y cuando lo
reprendo, me responde con groserías.

-Tienes que ser enérgica , castígalo, ponte dura y hazlo entrar en
razón.

-No puedo, el pobre está sufriendo mucho, me parte el corazón verlo
así.

-Por favor Adela, no le tengas lástima, es lo peor que le puedes
hacer. La situación de tu hermano es lamentable, de ahora en
adelante, tendrás que hacerte fuerte para ayudarlo a ser un hombre de
bien. ¿Qué ha sido de los parientes por parte de tus hermanastros?.

-Mi madrastra, solo tenía un hermano que se fue a los Estados Unidos
de bracero hace más de diez años, casi nunca se escribían y en todo
este tiempo sólo le habló por teléfono en dos ocasiones. Gloria es la
otra hermana de mi madrastra, está casada, tiene cuatro hijos y es
muy pobre. Vive en Guadalajara. Los únicos familiares que me podrían
ayudar son los que provienen por la línea de mi difunta madre, pero
ellos no quieren saber nada de mis hermanitos. Se pelearon con papá
cuando se volvió a casar.

-No entiendo por qué lo hicieron, tu padre era viudo y por lo que me
has contado su segunda esposa te trataba bien.

-Era una mujer bondadosa, alegre, sencilla, papá y élla se querían
mucho. En realidad yo tampoco comprendo los absurdos celos de los
parientes de mi mamá. Inclusive llegaron a decir que Juliana, mi
madrastra, nos había embrujado a papá y a mí para que la quisiéramos.
¿Puedes creerlo?... No me imagino a Juliana haciendo conjuros o
echando porquerías en la comida. En fin, la verdad es que me he
quedado sola, al cuidado de mis dos pequeños hermanos.

-Te ayudaré. Es una ventaja tenerme a tu disposición. Si me das la
oportunidad te demostraré que puedo ser un buen jefe de familia.

-Es extraño, cuando te conocí jamás pensé en todas las dificultades a
las que te tuviste que enfrentar para llegar a ser el hombre que
eres. Después de un año, la convivencia cotidiana me hizo valorarte.
Estoy segura de que al igual que yo, mis hermanos pronto te admirarán
y respetarán.

-Quiero que admiren y respeten al hombre, no al ciego.

-Nachúi, la ceguera forma parte de tu personalidad, ella te ha
convertido en una persona tenaz, valiente, sensitiva, sensible para
ver más allá de lo que nosotros podemos ver por medio de los ojos.
Con esto no quiero decir que me alegro de que no veas, simplemente
opino que "Nachuí" me agrada tal y como es y que posiblemente tú no
serías el hombre que eres si tuvieras todos los sentidos sanos.

-Está bien, te entiendo, cambiemos de tema. Dime: ¿Qué ha pasado con
Teodoro?... ¿Por qué no está a tu lado?.

-¡Ay Nachuí!... Ese ha sido otro motivo de tristeza para mí. Teodoro
y yo hemos terminado nuestra relación.

-¿Puedo saber cual fue la causa?.

-Me avergüenza decírtelo, es algo muy íntimo.

-Oye, tenemos un año de trabajar juntos y tres años de conocernos,
somos buenos amigos, eso es lo que creo: ¿estoy equivocado?.

-Claro que somos amigos, es más, tengo muchas amistades pero tú eres
mi único amigo, el más estimado. Confío plenamente en tí, has sido mi
confidente, pero esto es algo que en verdad me hace sentir vergüenza
ante ti.

-Anda mujer, cuéntamelo, sé que necesitas desahogarte, no te dejaré
en paz hasta que me hayas contado que ha sido de Teodoro.

-Está bien, te lo diré. Teodoro perdió el interés en mí pocos días
después de que tuve relaciones íntimas con él. Durante los dos años
que duró nuestro noviazgo me negué a ello, él me lo propuso muchas
veces, una de tantas cedí y fui a su departamento en la creencia de
que él me amaba tanto como yó. Aseguró que nos casaríamos antes de
que el año terminara y sin embargo, todo salió mal. Después de que
tomó lo que quería se mostró frío y hasta me repudió, dijo que era
una mujer frígida que nunca funcionaría bien en la cama y que él
deseaba a una mujer fogosa que compartiera su lecho con entusiasmo.
Su comentario me hizo sentir mal, esperaba que mi primera vez fuera
maravillosa, increíble, única; pensé que al unir nuestros cuerpos
nuestras almas también se unirían. En lugar de ello, fue horrible,
me sentí como una prostituta, me sentí usada, manipulada, en fin; aún
me siento como una cucaracha. Teodoro dijo que la segunda vez sería
mejor, mas no fue así, eso lo fue alejando de mí. Hice el intento, te
lo juro, quería complacerlo por lo mucho que creí amarlo, las cosas
no resultaron y el se apartó diciendo que no éramos compatibles, que
sería mejor terminar el noviazgo. Estaba tan confundida, tan
sorprendida, en ese momento sus palabras me sonaron como si las
pronunciara un desconocido. Teodoro se mostró tal y como es ante mis
ojos, se quitó la careta y el ídolo se desmoronó. Luego ocurrió el
accidente de mis padres, pensé que me apoyaría, después de todo, se
supone que seguimos siendo amigos; lo llamé por teléfono con la
esperanza de consuelo, él solo nos visitó una sola vez en todo este
tiempo y no estuvo muy cordial que digamos.

Ignacio se percató de que Adela le estaba ocultando parte de la
verdad, pensó que Teodoro la había herido más de lo que decía, guardó
silencio esperando que le contara, como élla no habló, comentó:

-Olvídate de él, es un pelmazo, no te merece. Es más, borra de tu
memoria lo que te dijo con respecto a que eres una mujer frígida, eso
es una mentira que inventamos los hombres cuando nó sabemos provocar
la sensibilidad en una mujer. Ustedes las mujeres, son sensibles como
un instrumento musical, para que suenen bien tienen que estar en
manos de un buen músico que las sepa afinar, templar.

Adela se sonrojó, Ignacio la tenía abrazada y percibió el
estremecimiento de su amiga. Distraídamente le masajeó los hombros
tratando de eliminar la tensión y le dijo con esa voz ronca que tanto
atraía a las mujeres:

-Adelita, olvídate de Teodoro, de esa tontería que te ha dicho, te
repito, la culpa fue de él. Era tu primera vez y él fue un mal
músico. Seguramente te hizo sonar como un guitarrón de mariachi y por
si fuera poco, mal afinado.

-Ignacio, me has hecho reír, que cosas se te ocurren. Gracias por ser
mi amigo, gracias por estar aquí en este momento, demostrándome tu
lealtad.

Para Ignacio no resultaba fácil contenerse, durante mucho tiempo
había deseado entablar una relación más íntima con Adela, se mantuvo
distante porque sabía que tenía novio y era casi un hecho que se
casaría pronto. El modo en que Teodoro se comportó con élla después
de robarle su virginidad era intolerable, le ponía la sangre
caliente, deseaba arremeterlo a golpes, tenía que dominar su
irritación y seguir disimulando sus verdaderos sentimientos, hasta
estar seguro de que Adelita realmente había sacado a Teodoro de su
corazón.

CAPÍTULO IV.

COMO UNA FAMILIA.

Los días fueron pasando, Adela y sus hermanos acudieron al
consultorio de la psicóloga, Ignacio fue requerido en algunas
sesiones familiares, la psicóloga era compañera de trabajo de ambos y
los conocía bien. Cuando le quitaron el yeso a Adriana, Adela y sus
hermanos habían aceptado a Ignacio como un miembro de su familia.

Pronto Nachúi obtuvo una recompensa a su generosidad. Adelita era muy
buena para cocinar, entre todos mantenían la casa limpia y ordenada,
Adriana le hizo el favor de marcar toda su ropa en braille con las
iniciales del color. Bordó a m para las prendas amarillas, a z para
las azules, etc. Ignacio no podría alegar que confundía la
combinación de colores por olvidar las marcas puestas. En realidad él
era capaz de distinguir los colores al tacto, sintiendo la textura y
temperatura que emitían las cosas. El azúl era frío, el naranja
cálido, el verde fresco, etc. Pero era tan distraído que pocas veces
usaba esa cualidad. Incluso, hubo un día en que intentó ayudar a
Adelita en la cocina preparando la limonada. La joven había guardado
la leche en el refrigerador utilizando una jarra que Ignacio siempre
usaba para el agua. Nachúi cogió la jarra y no se preocupó por
olfatear el contenido. Exprimió los limones y preparó una bebida de
leche cortada. Afortunadamente Adela la empleó para preparar un
postre.

Los beneficios de vivir acompañado se manifestaban en los deliciosos
guisos de Adela, en el orden, la limpieza de la casa, además de la
grata compañía. Ignacio reconoció que estaba feliz con sus huéspedes,
que los chicos y él estaban congeniando bien. El banco sacó a remate
la casa de los padres de Adela, con eso se cobraron la hipoteca.
Entre Lolita e Ignacio la convencieron para que les aceptara un
préstamo, logró pagar la deuda de la tarjeta de crédito y
quincenalmente les estaba abonando a uno y a otra, alternadamente.

Cada día los lazos fraternales los unían más, lo malo para el músico
era que él deseaba a Adela como mujer y no como hermana.

-Oye Nachúi, acuérdate que prometiste llevarme a la laguna de
Catemaco si mejoraba mis calificaciones escolares.

-Ángel, no seas impertinente. La agenda de Ignacio estará muy
apretada este fin de semana.

-Adelita, tengo libre a partir del Domingo, podemos ir todos a pasar
unos días en Catemaco, comeremos allá unas pellizcadas y carne de
mono. Es mas, visitaremos a mis padres y pasaremos con ellos la Noche
Buena. Deseo que los conozcan, es posible que insistan en que nos
quedemos con ellos unos días.

-¡Que padre!... ¡Me gusta mucho Catemaco!... Con respecto a la
comida, Prefiero comer unos ategogolos con chilito y tomate.

-Sí Nachúi, Adriana tiene razón, prefiero los caracoles de la laguna.

-Está bien chicos, cada quien comerá lo que desee.

-Ignacio, eres muy bondadoso con mis hermanos y conmigo, me
avergüenza seguir abusando de tu generosidad. ¿Qué dirán tus padres?.
Pensarán que soy una oportunista.

-Déjate de tonterías, estos cinco meses han sido para mí muy
agradables. Tú y tus hermanos han traído la alegría a esta casa,
además del orden y la limpieza.

-Eso es mentira, la alegría nos las has devuelto tú, con tu buen
humor, tus anécdotas, siempre estás al pendiente de los tres. Creo
que estoy celosa, mis hermanos te prefieren y te obedecen mas a ti
que a mí. Con respecto al orden y la limpieza no me atrevo a
cuestionarte, es evidente que no eres muy dedicado a las labores
hogareñas. ¿Verdad que no te gustan?.

-Me enfrasco en otras cosas y eludo el quehacer doméstico. El solo
pensar que debo limpiar mi habitación me agota.

-¡Jajajaja!... ¡Eres un descarado!.

-Que hermosa es tu risa, la extrañaba. Estaba tentado a hacerte
cosquillas en la tripa para volver a escucharla.

Se habían quedado solos en torno a la mesa redonda del comedor,
Adriana y Ángel estaban lavando los platos en la cocina. Ignacio
buscó a tientas la mano de ella y Adela se la acercó para que la
pudiera tomar. Él la envolvió en la suya, sus largos dedos la
acariciaron con ternura y levantándola hasta sus labios, depositó un
cálido beso en la palma de la mano de Adela.

-Es bueno tenerte en casa, tu risa me llena de alegría.

Adela se perturbó, Ignacio nunca la había besado, ni siquiera le
había dado un beso en la mejilla como lo hacían los amigos cuando se
saludaban. ¿Sería su imaginación?. ¿Se estaría enamorando de ella?.
¿Sería posible?. Intentó apartar esa idea de su cabeza, jamás se
volvería a enamorar, no se expondría otra vez a ser lastimada física
y emocionalmente. Por que a Ignacio no le contó que Teodoro en cierto
modo, la había forzado.

Aquel nefasto fin de semana, la invitó a su departamento para
consumar su relación. Acudió con esa intención, se arrepintió en el
último momento y se lo hizo saber a Teodoro. Él simplemente le
preguntó:

-¿Tomaste la píldora?. Cuando élla le respondió que sí, a él ya no le
importó nada. La empezó a besar y a desnudar sin importarle sus
protestas y temores. Cuando estuvo listo, la tendió sobre la cama y
la penetró sin miramientos. Adela lloró, pensó que él había actuado
porque la pasión lo había dominado. Cuando Teodoro se disculpó
diciéndole que a veces la primera vez era así, le creyó. La consoló,
le murmuró al oído palabras de amor y la retuvo en el lecho hasta que
estuvo listo para penetrarla por segunda vez. Volvió a ponerse
nerviosa, le pidió que se detuviera, el no lo hizo. Se sintió usada y
se atrevió a reprochárselo. Fue cuando Teodoro le dijo que era una
frígida y otra sarta de insultos. Aún así, aparentemente el noviazgo
seguía vigente, Adela pensaba que él le mantendría su palabra de
matrimonio, aunque ya no estaba segura de quererse casar. Cuando
Teodoro no la volvió a buscar, comprendió que todo había terminado y
se maldijo por haber sido engañada.

El día que se enteró del accidente de su familia, lo buscó, no tenía
a quien recurrir, sus compañeros y amigos de trabajo estaban de
vacaciones, en ese momento solo pensó en dos personas. Uno fue
Teodoro y el otro Ignacio. El músico andaba fuera de la ciudad, en
una de sus presentaciones, Teodoro acudió a su llamado y estuvo con
ella unas horas mientras atendían a Adriana y Ángel en la cruz roja.
Después localizó a Lolita y la directora junto con su cuñado se
hicieron cargo de recoger los cuerpos en el forense y preparar el
doble funeral.

-Adelita, te has quedado muy callada. ¿En que piensas?.

Ella liberó su mano y se levantó precipitadamente de la silla
poniendo distancia entre ambos.

-Discúlpame Nachúi, acabo de recordar que debo elaborar los adornos
de navidad para la casa. Tú también tienes que alistarte, Elías ha de
estar por llegar. ¿A que hora volverás?.

-No lo sé, comeremos de camino. Como te dije, tengo una tocada en San
Andrés por la mañana, al medio día estaré en el hotel "Costa Azul", a
las siete de la tarde debo estar en "Los Chaneques".

Ignacio no precisaba ver para sentir como flotaba la tensión de Adela
en el aire. Inmediatamente pensó en Teodoro y supo que ese tipejo era
la causa de la desazón de su amiga. Aparentó calma, hizo algunas
bromas y se despidió llevándose con él a Ángel, para dejarlo en el
centro deportivo.

-Ade: ¿a que huele?.

-¡Ay Adri!... ¡Huele a patas!.

-¡Fúchila!... Ade. ¡Es la recámara de Ignacio!.

Colocándose el dedo índice y el pulgar a modo de pinza en la nariz,
entraron en la habitación del músico.

-¡Mira el altero de ropa sucia!... ¡Guácala!... Ade. ¡Lo que apesta
son sus calcetines!... ¡Dile que los lave y que se compre un talco
para las patas!.

-Adri, recuerda que él está en su casa, sería una falta de tacto
decirle eso.

-Se supone que debe haber confianza entre todos nosotros, si no se lo
dices tú, lo haré yó.

-Está bien, tú ganas, se lo diremos. Ahora ayúdame, lavaremos su ropa
y arreglaremos este muladar. Para empezar, abre las ventanas,
corremos el riesgo de morir envenenadas por el aroma de este cuarto.

-Cuando él y Ángel vuelvan, los obligaré a que nos ayuden. ¿Crees que
Nachuí pueda hacerlo?.

-Adri, él es capaz de hacer muchas cosas, lo que sucede es que es un
flojo para todas las cuestiones domésticas. Yo también pensé que por
su ceguera era incapaz de lavar, planchar, barrer, etc. Me he dado
cuenta de que cuando quiere hace las cosas.

-Me dí cuenta de que Angel y él salen huyendo cada vez que hay que
limpiar la casa.

-Así es Adri, no quería que Angel se fuera con él, lo dejé ir porque
la psicóloga indicó que la natación le haría bien. Nachuí dijo que lo
dejaría en el deportivo y que después lo traería uno de sus amigos.

CAPÍTULO V.

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO.

Adela y su hermana concluyeron la limpieza de casa. Poco antes de que
Angel regresara del deportivo, decidieron ir al mercado. Al andar por
las calles se encontraron al querido profesor Eneas, lo saludaron
cariñosamente, él las invitó al ateneo, expondría una conferencia
acerca del Quijote. Después de un breve coloquio se despidieron y
caminaron más rápido para llegar a su destino.

En el mercado, entre los puestos de frutas y verduras, se encontraban
los puestos de los curanderos. Amuletos, fórmulas mágicas hechas a
base de hierbas, brebajes y limpias; estaban al alcance de todos los
bolsillos. Los hierberos, los chamanes, los brujos, ofrecían sus
servicios y proclamaban las cualidades de sus pociones. Diversos
pregones poblaban el ambiente.

-¡Para el amor!... ¡Para conseguir trabajo!... ¡Esto cura el mal de
amores!... ¡Con esto tendrás más dinero!... ¡Tu hombre jamás te
abandonará si prueba esta agua de coco!... ¡Lleve los quita pesares!.

-Adri, compraré uno, espero que funcione.

Adela compró una minúscula cajita, del tamaño de una uña. En su
interior se guardaban otras siete cajitas. Cada una correspondía a un
pesar. El interesado depositaba simbólicamente sus pesares en ellas,
ponía el pequeño objeto dentro de la almohada, cada día iba quitando
una cajita y la arrojaba tan lejos de su casa como pudiera, de este
modo se deshacía de sus pesares.

Cuando salieron del mercado, cargadas con las bolsas de las compras,
un desagradable personaje les cortó el paso.

-¡Que milagro!... ¡Mira nada más donde nos hemos venido a encontrar!.

-Hola Teodoro. Murmuró Adela desganada, sin ocultar el enfado que le
causaba verlo. Adriana no sabía por qué su hermana y él habían
terminado el noviazgo, suponía que eran cosas de enamorados y que
tarde o temprano arreglarían sus desacuerdos y continuarían con el
proyecto de matrimonio. Saludó afectuosamente a su antiguo cuñado y
le dijo que estaban viviendo con Ignacio Castellanos.

Por una fracción de segundo, los celos y la ira, nublaron los
pensamientos y la mirada de Teodoro. Adriana no se dio cuenta de
nada, pero Adela lo conocía muy bien y se percató de inmediato.

Teodoro se recompuso y fresco como una lechuga, les quitó las bolsas
de las manos sin pedirles permiso.

-Vamos chicas, las llevaré a casa, tengo el auto estacionado muy
cerca de aquí.

-Gracias Teodoro, no es necesario.

-Ade, deja que Teo nos lleve, hace mucho calor y estoy cansada.

-¿Ves?... Adri es más inteligente que tú. Pronto se convertirá en una
hermosa señorita y tendrá más pretendientes de los que podamos
imaginar. Ay cuñadita, verdaderamente vas a causar muchos dolores de
cabeza a los chicos.

-¡Deja de decirle cuñada!... ¡Ni élla ni yo somos nada tuyo!...
¡Devuélvenos las compras y sigue tu camino!.

-Ade. ¿Por qué tratas así a Teo?.

-Tu hermanita tiene razón, pensaba invitarme a comer con ustedes.
¿Estás viviendo con el cieguito?. ¿Está él ahora en casa esperando a
que vuelvas y le hagas su comidita?.

-Teodoro, por favor, aléjate de nosotros, no quiero nada contigo.

-Vamos mujer, estoy arrepentido, vengo en son de paz. Quiero platicar
contigo, debemos aclarar el mal entendido que hubo entre nosotros.
Pasaré esta noche por ti, saldremos juntos, iremos a un videobar o a
donde tú quieras. Arréglate, ponte bonita para mí, llegaré a las once.

Adela se limitó a fulminar a Teodoro con la mirada, le quitó las
bolsas, se dio media vuelta y apremió a su hermanita para que la
siguiera.
Teodoro las vió alejarse, frunció el ceño y una malévola sonrisa se
le dibujó en el rostro. Desde que el chisme de que Adela y sus
hermanos estaban viviendo con Ignacio llegó a sus oídos, se propuso
recuperarla, nadie se apoderaba de lo que era de él, ni siquiera
cuando ya lo había desechado.

-M m m, Adela, tú eres mía, solo mía; yo decidiré cuando te he de
dejar. ¡Uf!... Ya parece, que me voy a dejar quitar a la novia por un
cieguito que ni ha de saber como coger.

-Oye Ade, te pusiste muy grosera con el pobre de Teo. ¿Por qué lo
tratas así?. ¿Qué te hizo?. ¿No lo piensas perdonar?. Creí que era un
pleito como los otros, siempre discutían y luego se reconciliaban.

-Adri, hay cosas que tú no entiendes. Esta vez no habrá
reconciliación, Teodoro es una mala persona, aléjate de él, si alguna
vez se te quiere acercar esquívalo, no lo escuches, no lo saludes.

-Oye Ade, hablas de él como si fuera un hombre muy, pero muy, malo.

-Así es. Tienes que obedecerme, nunca dejes que se te acerque. ¿Me lo
prometes?.

-¿Me dirás por qué?.

-No puedo hacerlo, por favor confía en mí, ese hombre es malo, lo
único que te puedo decir es que yo misma he sufrido las consecuencias
de su maldad.

-Está bien hermanita, te prometo que jamás volveré a dirigirle la
palabra. No me gusta verte triste o preocupada, Teo te cambió el
humor. En el momento que lo viste, te transformaste.

Cuando llegaban a la casa, Angel también lo hacía. El amigo de
Ignacio tenía un chico de la misma edad que asistía a la misma
escuela. Adela invitó a comer al niño y el padre otorgó su permiso.

Por la tarde llevó a los niños al parque y mientras Adriana, Angel y
su amigo, andaban en bicicleta, ella se sentó bajo la sombra de un
frondoso árbol a leer. Aún no recobraba la calma, las desfachatadas
insinuaciones de Teodoro todavía le daban vueltas en la cabeza.

-¿Qué haré si se atreve a ir a la casa de Ignacio?... Desde luego que
no le abriré la puerta, pero es capaz de tirarla. ¿Como me lo voy a
quitar de encima?.

Eran más de las once treinta de la noche cuando Teodoro estacionó su
auto frente a la casa del músico. Adela y sus hermanos se habían
acostado aunque el único que dormía era Angel.

-Ade: ¿escuchaste?... Creo que llegó Nachuí. Todavía es muy temprano
para que él haya llegado. ¿No?.

-Me temo que no es él.

-¿Es Teo?... ¿Qué vamos a hacer?.

-No haremos nada, que toque la puerta hasta que se canse.
Afortunadamente no hay timbre.

-S h h , creo que te está llamando.

Los suaves golpes en la puerta se convirtieron en porrazos y las
palabritas tiernas en insultos. Teodoro no cedería fácilmente, estaba
dispuesto a romper la cerradura de la puerta.

-¡Márchate antes de que llegue la policía!... ¡Pedí una patrulla y te
arrestarán por escandaloso!.

-¡Maldita seas!... ¡Esto no se quedará así!... ¡Sal ahora mismo o de
lo contrario me desquitaré en tu amiguito!.

Adela se asustó, sabía perfectamente que Teodoro era capaz de
vengarse, podría lastimar a Ignacio o quizás a sus hermanos. Abrió la
puerta y lo encaró.

-Teodoro, por favor, si alguna vez sentiste algo por mí, te pido en
nombre de ese afecto que me dejes en paz.

-Ade, no puedes estar hablando en serio, se bien que estabas hasta
las manitas por mis huesos. Que: ¿ese tipo es mejor que yo?. ¿Ves
fuegos pirotécnicos cuando te lo hace?.

-Límpiate la boca cuando hables de Ignacio, tú no le llegas ni a los
talones. Me arrepiento del día en que te conocí. Adela alzó la mano
para abofetearlo, el se la retuvo y al mismo tiempo que la golpeaba
con el puño en la cara, la arrastró hacia el interior de la casa.

Adriana y Angel, que ya estaba despierto, acudieron en defensa de
Adela. Al mismo tiempo un taxi se paró detrás del auto de Teodoro y
bajó de él Ignacio.

El taxista guió a Ignacio hacia la casa y le explicó la causa de los
gritos. Cuando Teodoro lo vió, se libró de sus víctimas y se abalanzó
sobre el músico. Ambos cayeron al suelo y rodaron por la sala
entrelazados. El error de Teodoro fue darle la oportunidad a Ignacio
de que lo asiera, pues en el momento que lo hizo, el músico se valió
de su fuerza y doblegó al truhán apretándolo hasta dejarlo sin
aliento. Por si fuera poco, le golpeó el rostro con la cabeza y le
rompió la nariz. Cuando Ignacio soltó a Teodoro, quedó de manifiesto
que el tiempo que el músico dedicaba a la práctica de la lucha
grecorromana, había valido la pena. El taxista y los vecinos lo
sometieron con facilidad. Teodoro solo era una piltrafa con las
costillas lastimadas y el rostro ensangrentado. La policía llegó unos
minutos mas tarde, gracias a varios testimonios lo arrestaron.

-¡Nachuí!... ¡Llegaste justo a tiempo!... ¡Teodoro le estaba pegando
a mi hermana y nosotros no podíamos contra él!.

-Angel tiene razón, llegaste como caído del cielo. ¿Qué bicho te
picó?. Siempre llegas más tarde. ¿Se canceló tu presentación?.

-No Adri, no fue así. Un presentimiento me hizo regresar y doy
gracias a Dios por ello. Adelita: ¿Cómo estás?... ¿Te hizo mucho
daño?... ¿Quieres que vayamos a la cruz roja?.

-Señor, la señorita tiene que venir con nosotros, el médico de turno
tendrá que examinarla para presentar los cargos correspondientes por
agresión y allanamiento de morada.

-¡Que horror!... ¡No deseo hacerlo!.

-Adelita, hay que hacerlo, Teodoro es como una piedra en el zapato.
Tienes que ponerle un alto, hacerlo entender que entre tú y él todo
ha terminado. ¿Verdad que es así?.

-Claro que sí Nachuí, entre mi hermana y Teodoro lo único que hay es
una galaxia. ¿Verdad que tú no quieres nada con él?.

-Adri dice la verdad, desde hace unos días lo vengo esquivando, él
pretende renovar nuestra relación y no acepta que yo ya no lo quiero.

-Ade: ¿por qué no me lo habías dicho?. ¡Ese hombre te ha andado
acosando y yo sin saberlo!.

-Ignacio, este asunto es personal, no tienes que entrometerte.

-Pues ya lo hice y no me arrepiento. ¿Te das cuenta del peligro que
representa ese tipo para ti y tus hermanos?... ¡Mira lo que ha hecho
hoy!.

Ignacio acompañó a la joven a presentar la denuncia, ambos estaban
conscientes de que los cargos no eran suficientes para mantener a
Teodoro por mucho tiempo en la cárcel. En cuarenta y ocho horas
estaría fuera y si estaba tan loco como éllos creían, se desquitaría
sin importarle las consecuencias que eso le pudiera acarrear.

Este suceso unió más a Ignacio y Adela. Por primera vez Adela sintió
hacia Ignacio algo que iba más allá de la amistad. Cuando los niños
se durmieron, ellos permanecieron platicando en la sala. Cuando
Ignacio la atrajo hacia sí y la abrazó con ademán protector, élla se
dejó envolver en sus brazos. Cuando le recorrió el rostro con os
labios y las manos, se lo permitió. Cuando la boca de Ignacio
encontró la de Adela, correspondió a sus besos con ansias.

La paciencia del músico estaba dando sus primeros frutos. La ternura
con que la había venido tratando, la disposición que ponía al
servicio de élla y sus hermanos, la sensatez de sus consejos, la
discreción, el apoyo, conjuntamente con su masculinidad; habían
logrado conquistar el corazón de la joven.

Las hábiles manos del músico templaron y afinaron con caricias el
cuerpo de Adela como si se tratase de un instrumento musical. Por
primera vez, Adela sintió cómo su cuerpo vibraba en armonía, al son
de una sinfonía de amor. Con dificultad, Ignacio detuvo el agasajo,
si no lo hacía, corría el riesgo de terminar poseyendo a la joven en
el sillón de la sala, a unos metros del sitio en donde los niños
dormían.

-Ade, discúlpame, perdí la cabeza. Es porque te amo desde hace mucho
tiempo. Tú lo sabes. ¿Verdad que es así?.

-Sí, lo se. Me apenaba no poder corresponderte. Ahora es diferente,
durante estos meses que he tenido la oportunidad de vivir a tu lado y
de conocerte mas íntimamente, vi lo que hay dentro del músico, del
maestro, del ciego, del hombre. Nachuí, no te imaginas lo que yo
daría por haber sido tu novia antes de haber conocido a Teodoro. Él
me desgració, creo que jamás volveré a intimar con nadie, estoy
marcada para siempre.

-No digas eso, hoy has vibrado en mis brazos. Respondiste a mis besos
y caricias con el deseo del amor.

-Sí, lo hice, pero estoy segura de que no podré llegar mas allá.

Esa misma noche, entre lágrimas, Adela le contó la verdad de lo que
Teodoro le había hecho.

-Lo supuse, no estaba seguro, sabía que por alguna razón no me habías
dicho toda la verdad. Eso no importa, ahora estás conmigo y te
enseñaré lo que es el verdadero amor. Vete a dormir, mañana iremos a
nuestro paseo y por unos días nos olvidaremos que Teodoro existe.
Quítate esa piedra del zapato, te ayudaré a lanzarla lejos de
nosotros.

-Nachuí, no será sencillo, Teodoro es muy terco, tengo miedo de lo
que nos pueda hacer. Sobre todo, temo por ti. Es orgulloso, soberbio,
los golpes que físicamente hoy le diste no se comparan con lo
humillado que se ha de sentir.

-¿Te refieres a que yo, un ciego, lo doblegué?.

-Sí. ¡Eres increíble!... Jamás imaginé que pudieras someter a Teodoro.

-Fue cuestión de suerte, él me cogió por el cuello de la camisa, ese
fue su error. Lo ubiqué con facilidad y lo demás fue pan comido.
Teodoro es un fanfarrón ante los niños y las mujeres, pero no es un
adversario de cuidado ante un hombre.

CAPÍTULO VI.

PELIGRO Y MISTERIO.

En la Sierra de San Martín, se encuentra el lago de Catemaco. En sus
aguas sobresalen varios islotes, entre los que destacan la isla de
las garzas y la de los monos. Los grandes árboles espesos, provistos
con lianas, helechos arborescentes de varios metros de longitud,
incontables orquídeas, diversos géneros de plantas tropicales; forman
parte del paisaje que circunda esta laguna encantada. En la
misteriosa laguna un extraño fenómeno se manifiesta, cuando en la
época de sequía el nivel de sus aguas sube considerablemente,
mientras que en la época de lluvias baja, sin que los científicos
encuentren una explicación razonable.

Ignacio había trasladado a Adela y sus hermanos a Catemaco. En esta
tierra de brujos, vivían los padres del músico. El periodo escolar se
interrumpió debido a las fiestas navideñas, Los padres de Ignacio se
alegraron mucho al enterarse de que su hijo pasaría todos estos días
con ellos, pero no dejaron de sorprenderse cuando llegó con tres
invitados.

Pasada la sorpresa, la cordialidad de Juan y Flora se hizo patente al
ofrecer su casa y persona a los recién llegados.

En pocas palabras Ignacio le contó a sus padres la situación de Adela
y sus hermanos. Juan y Flora escucharon atentamente y se sintieron
orgullosos del buen corazón de su hijo.

-Vayan a pasear por la laguna, lleva a los chicos al recorrido en
lancha mientras preparo una habitación. Esto fue lo que Flora sugirió
y Juan se les unió al paseo.

-¡Cuantas cascadas!... ¡Que verdes son sus montañas!. Exclamaba Angel
admirado mientras Juan le señalaba las exóticas aves que planeaban
sobre ellos.

-Esta es la cueva del "Tegal", aquí fue en donde la Virgen del Carmen
se le apareció a Juan Catemaxca. Dijo el lanchero mientras guiaba la
embarcación hacia el interior.

-También fue un lugar de culto a deidades femeninas en tiempos
ancestrales. "Tegal" significa casa de piedra. Con estas palabras
Ignacio amplió el comentario del lanchero.

Dejaron la cueva y se dirigieron hacia otro de los puntos
interesantes de la laguna.

-Esta es la isla de Agaltepec, fue un centro ceremonial en el que se
ofrecían sacrificios a los antiguos dioses. En el interior del islote
hay unas construcciones, los arqueólogos han dicho que se trata de un
juego de pelota y un adoratorio.

Mientras Adriana y Angel tenían su atención puesta en el lanchero y
Juan, Ignacio y Adela estaban atentos a su romance. Juan se percató
de ello y distrajo aún más a los chicos.

-Miren chicos, este islote es llamado "Metlal Pilli" y
también "Tanazpilli".

-¿Qué significa eso?. Preguntó Adriana con interés.

-Dragón o Lagarto, fíjense en la forma que tiene. ¿Verdad que semeja
un lagarto gigantesco?. Los monos que la habitan son
llamados "Aulladores".

-¡Saben nadar y bucear!. Gritó Angel emocionado, señalando a un grupo
que se sumergía en el agua, muy cerca de los arbustos del islote.

-Están pescando, además de las frutas, estos monitos se alimentan del
pescado y mariscos que ellos mismos extraen de la laguna. Ahora vamos
a visitar la isla "Totogochio", es en donde viven las garzas.

Cientos de garzas lucían su blanco plumaje, en contraste con el verde
esmeralda del follaje. Algunas revolotearon cerca de ellos, otras se
mantuvieron en sus nidos. Adela le describía a Ignacio todo lo que
veía, ni siquiera se daba cuenta lo mucho que se aproximaba al
hacerle los comentarios y la emoción que ponía en su voz. Estaba
feliz, hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un paseo al aire libre
y aunque en otras ocasiones había recorrido la laguna, jamás había
puesto toda la atención en contemplar su belleza para poderla
transmitir a alguien. En ese momento, Ignacio podía ver a través de
los ojos de élla y eso la hacía consciente de la unión espiritual que
en estos meses de convivencia se había venido gestando de forma
gradual y natural. Era algo que la hacía vivir con plenitud, valorar
lo que la rodeaba, desear compartirlo todo con él y la dicha que
sentía al hacerlo, la colmaba de otro sentimiento en el que no quería
pensar.

-Estoy enamorada de Nachuí, ahora no tengo dudas. Siempre me atrajo,
pero jamás me detuve a conocerlo mejor. Aunque en el trabajo
constantemente se le veía alegre, bromista, yo albergaba dudas,
porque en el fondo de mi corazón me daba lástima de que no pudiera
ver. Ahora, esa lástima se tornó admiración y respeto. ¡Nachuí es más
hombre que muchos!... ¿Cómo pude estar tan ciega?... Se me ha caído
la venda de los ojos demasiado tarde, es un hombre que merece ser
feliz y conmigo no logrará una dicha plena. Teodoro me ha mutilado,
estoy segura de que jamás podré intimar más allá de unos besos y
caricias.

-Ade, te has quedado callada. ¿Pasa algo?.

Ignacio interrumpió sus pensamientos y como la tenía rodeada con un
brazo la apretó contra su pecho. Adela se acurrucó y le rodeó la
cintura con ambos brazos.

-Estoy pensando en lo contentos que estamos mis hermanos y yo. Que
buenos son tus padres, debí imaginar que no podían ser diferentes a
ti. Gracias Nachuí por todo lo que haces por nosotros.

Llegaron a "Nanciyaga", un hermoso parque ecológico en donde los
niños dieron rienda suelta a sus energías, columpiándose en las
lianas naturales, corriendo entre la exuberante vegetación, trepando
a los árboles animados por Juan, Ignacio y Adela. Todos bebieron en
recipientes hechos con hojas de maíz el agua del manantial.

Una joven les ofreció los servicios de las instalaciones, que
consistían en darse un baño de temascal, hacerse una limpia, ponerse
una mascarilla de barro para rejuvenecerse; entre otras cosas.

Angel permitió que le aplicaran el barro en la cara y bebió más de
tres recipientes con agua del manantial. Al cabo de unos minutos
preguntó.

-¿Me veo diferente?... ¿Estoy más joven?.

-Hermanito: ¡si te haces más joven te convertirás en un huevo!. Todos
rieron ante las ocurrencias de Adriana y Angel.

Terminaron su paseo contemplando el verdor del lirio acuático
contrastando con los matices blancos de su flor bajo los tonos
naranjas y rojos del atardecer.

Mientras este alegre grupo efectuaba su paseo, Teodoro se encontraba
en el templo de nuestra Señora del Carmen en compañía de uno de los
mejores brujos del lugar. Le estaban haciendo una limpia con huevo
para alejar de él las malas vibras y para que tuviera buena suerte en
todo lo que emprendiera.

-Con este collar de ajo macho, los malos espíritus no se te
acercarán. Este cojincito contiene oro, plata y bronce, te atraerá el
poder y la riqueza como un imán atrae los metales. Para el amor
guárdate este chupamirto en el bolsillo de la camisa, cerca del
corazón. Si la vieja se pone esponjosa, date maña para echarle el
contenido de este frasquito en la bebida o comida. Vas a ver como cae
redondita a tus pies, harás con ella todo lo que quieras y sin
necesidad de forzarla. Su único anhelo será complacerte.

-Gracias tío, esa mujer y su amiguito me la deben. ¡Uf!... ¡Mira no
mas!... ¡Cambiarme a mí por un ciego!.

Teodoro se despidió del brujo y se fue a comer un cóctel de
ategogolos para adquirir energías, según los rumores, los caracoles
de la laguna eran un potente afrodisíaco.

Adela se encontraba ocupada instalándose con sus hermanos en la
habitación de invitados. Flora estaba con su hijo en la cocina
disponiendo la cena. Dejó lo que estaba haciendo para sentarse a
platicar con Ignacio, la señora era muy perceptiva, casi tanto como
el músico.

-Hijo, esa joven es algo más que una amiga. ¿Estás enamorado de ella?.

-Sí madre, así es. Permíteme aclararte que este sentimiento no es
reciente, desde hace mucho tiempo, desde antes de que élla y sus
hermanos vinieran a vivir conmigo, me gustaba.

-Te mira con ojos de enamorada, sin embargo, hay algo en su mirada
que no logro descifrar. Parece una buena muchacha, pero te repito;
hay algo que no me gusta. Tengo miedo de que te lleves un nuevo
desengaño.

-Ese es un riesgo que debo correr si quiero encontrar una mujer para
compartir la vida. Siento que esta vez es diferente, Adela es
diferente a las otras mujeres con las que traté en el pasado. Mira
madre, está confundida, temerosa, debido al accidente de sus padres
por un lado y por otro, acaba de terminar una relación que la ha
dejado predispuesta de manera negativa al matrimonio.

-Entonces. ¿Qué puedes esperar?... ¿Qué pretendes relacionándote con
esa joven?... ¿Están compartiendo la cama?.

-¡Como crees!... ¡Sus hermanos viven con nosotros!... Además: ¿no me
escuchaste?... ¿No entendiste?... ¡Ella no desea intimar con nadie!.

-¡Oh!... ¡Dios!... ¿Fue víctima de algún tipo de abuso por parte de
su novio anterior?.

-Digamos que algo por el estilo. Déjame decirte que estoy seguro de
que Ade me ha empezado a ver de otro modo. Ahora sabe que además de
ser el confidente, el amigo fiel, soy el hombre que la ama, que la
desea, que está dispuesto a protegerla por el resto de nuestras
vidas. Le daré todo el tiempo que requiera para sobreponer sus
temores. Se que es una mujer hermosa, no me refiero al físico, mucha
gente me la ha descrito como bella y apetecible. La he visto con mis
propios ojos, con los del corazón, su verdadera belleza radica en su
esencia, en su alma. Es sincera, incapaz de mentir o engañar. Es
fuerte, puede caer y levantarse guardándose las penas para seguir
andando por el camino de la vida con optimismo. Su generosidad se
extiende a todos los que le rodean, siempre da todo de sí, trabaja
sin lamentaciones, no busca el reconocimiento de los compañeros de
trabajo, por esa razón se ha dado a querer por todos. Si por tres
años esperé la oportunidad de tenerla para mí: ¿Qué más da que espere
un poco más?. Es la chica que amo y vale la pena aguardarla.

-Tienes razón. Hablaré con tu padre y ambos te ayudaremos para que
pases más tiempo a solas con élla. ¿Te parece bien si llevamos a
Adriana y Angel al huapango?... Será como posada, se romperán
piñatas y habrá danza de los "líseres" y de los "negros".

-¡Mamá!... ¿Piensas hacer de celestina?. ¿Qué dirá mi padre?.

-Mira hijo, no me vengas con bobadas escrupulosas, en la guerra y en
el amor todo se vale. Tu padre no fue un santo cuando me cortejaba.
Muchas veces sobornó a mi hermana, sí a tu tía Leonor, con unos
centavos para que se fuera a comprar dulces y nos dejara a solas.
¿Cómo lograrás hacer de Adela mi nuera, si no la cortejas tal y como
debe ser?... Salgan solos, sin que la presencia de los niños les
interrumpa el idilio. Invítala a cenar, a bailar, llévala al cine, al
teatro. ¿Ya le cantaste una serenata?. ¿No?... ¡Por Dios!...
¡Ignacio, no es lo mismo que cantes en la casa cuando ensayas, a que
te plantes al pie de su ventana y le dediques unas canciones!. Tú
verás como le haces, pero ahora me cumples. ¿Dices que esa joven te
gusta?... Pues bien, la quiero como nuera y no hay marcha atrás.
Hasta hoy nos has demostrado que puedes hacer todo lo que te
propones, esta vez no será la excepción, anda, caballero andante, ve
en busca de tu doncella y conquista su corazón.

-Me gustaría que tú y mi padre, no se entrometieran en este asunto,
creo que será imposible. ¿Verdad?.

-Solo te echaremos una manita, despreocúpate, seremos discretos.

Ignacio sonrió, sabía a lo que se exponía si llevaba a Adela a la
casa de sus padres. Estaba seguro de que jamás había sentido nada
igual, Adela era muy diferente a las mujeres que en el pasado había
tratado. Sus sentimientos hacia ella también diferían, cuando la besó
lo supo. La química que había entre los dos se manifestó desde el
primer contacto. Se preguntaba si Adela igualmente profesaba esa
atracción, esa dicha interior, ese placer que él sentía al
escucharla, al tenerla cerca, al oler el aroma de sus cabellos y piel.

CAPÍTULO VII.

LA DICHA DE AMAR.

El jardín de los Castellanos era una selva esmeradamente cultivada
por Juan y Flora. Los senderos de piedra delimitaban diversas
parcelas que contenían árboles frutales, hierbas medicinales, flores
y plantas exóticas; que embriagaban el ambiente con sus diversas
fragancias. En el centro del jardín había una fuente que servía como
chapoteadero para los nietos cuando venían de vacaciones.

Entre dos frondosos aguacates, una hamaca pendía y recostados
perezosamente en ella, Adela e Ignacio platicaban sin sospechar que
Teodoro estaba a punto de hacerles pasar un mal rato.

-Nachuí, gracias a ti, he aprendido a ver. Antes miraba sin apreciar
las cosas, ahora las observo detenidamente para poder compartirlas
contigo. También estoy aprendiendo a emplear todo mi ser para
disfrutar de la vida. Tú me has abierto la mente y los sentidos,
estoy despertando a una nueva existencia que me hace ver las cosas
desde otro punto de vista.

-¿Crees que podamos compartir un futuro?... Me gustaría seguir
mostrándote la gracia de la vida, el don de respirar, de reír, de
amar y ser amado. Sabes que te amo, desnudé mi alma, te la he
mostrado cada vez que estoy frente a ti. ¿Quieres que sigamos
recorriendo los caminos de la vida juntos?. En ocasiones esos
senderos serán sinuosos, quizás tropecemos, caigamos, lo importante
será seguir adelante, unidos, luchando por mantener nuestro amor
intacto. Los males pasan, las heridas cicatrizan si tenemos el
cuidado de atenderlas. Cuando recibamos una herida por el camino, la
curaremos hasta que sane. Siempre tendremos presente que somos dos
personas compartiendo el andar cotidiano, pero fundidas
espiritualmente por un lazo de comprensión y afinidad, que une
nuestro ser en la llama del amor. Hasta hoy hemos compartido una
parte de nosotros, la concerniente al ser espiritual, cuando estés
preparada compartiremos la que corresponde a nuestro ser carnal. En
el momento que lo hagamos, el círculo amoroso nos envolverá y unirá
nuestra esencia en una sola.

Las palabras del músico fueron interrumpidas por el sonido que emitió
un objeto desconocido. A través de la verja una piedra con un pedazo
de papel atado fue lanzada. Adela se incorporó para recogerla, al ver
el contenido de la nota palideció y se puso tensa.

-Ade: ¿Qué ocurre?.

-Lanzaron una piedra con un mensaje.

-Ven acá, siéntate sobre mis piernas, léeme lo que Teodoro ha escrito
en ese papel.

-¿Cómo sabes que ha sido él?. Se supone que todavía debería estar
bajo arresto.

-Sentí la desazón que te embargó al coger el papel. Ignacio la abrazó
firmemente, para que sintiera su apoyo físico y moral. Adela se
volvió a relajar, la energía de Ignacio llegó a élla y le fortaleció
el ánimo. Con voz tranquila leyó el contenido de la nota.

-"Hola pichones, estoy aquí, dispuesto a compartir con ustedes unas
vacaciones que seguramente serán inolvidables para todos".

-Eso es todo, la nota no está firmada y obviamente trató de disimular
su caligrafía. ¿Qué podemos hacer?.

-Por el momento dejaremos que él piense que nos importan un comino
sus amenazas. Haré una llamada telefónica mientras tú te arreglas
para que salgamos a bailar. Te llevaré a los "Chaneques", la
reservación está hecha. Será una cena romántica a la luz de las
velas, con una hermosa vista al lago.

-¡Nachuí!... ¡Eso es una locura!... ¡Tengo miedo de lo que Teodoro
nos pueda hacer!.

-Muñequita mía, confía en mí. No podemos permanecer encerrados,
esperando y temiendo lo que ese loco intente hacernos. Además. Cuando
retornemos a Santiago: ¿dejarás de ir a trabajar por temor a
Teodoro?. ¿Podrás estar tranquila sabiendo que ese tipo puede dañar a
tus hermanos?. Teodoro es una plaga y como tal, debemos de
exterminarla. Lo haremos salir de su madriguera y caerá en la trampa.
Le hablaré a unos amigos, ellos nos ayudarán, desafortunadamente
tendremos que ser el señuelo.

Teodoro logró evadir la sentencia gracias al abogado que lo
representó. Pagando una fianza evitó el juicio y los tres días que
hubiera tenido que permanecer tras las rejas. Logró enterarse que
Ignacio había trasladado a su familia postiza a Catemaco y dedujo que
se alojarían en la casa de los padres del músico.

-¡Uf!... ¡Ese par de cabrónes ignoraron mi nota!... ¡Se supone que
deberían quedarse en casita, temerosos por lo que les pudiera pasar!.

Teodoro alquiló un cuarto en una pensión que se encontraba situada
frente a la casa de los Castellanos. Desde una ventana de su
habitación podía ver el jardín, la fachada, y si alguien dejaba las
cortinas abiertas, el interior de la casa.

La calle era estrecha, los sonidos de todo lo que pasaba en ella
subían hasta los oídos del fisgón.

Un taxi llegó por Ignacio y Adela para llevarlos al restaurante,
Teodoro no pudo seguirlos, pero obtuvo el número del vehículo. Se
apresuró a vestirse elegantemente, porque se dio cuenta de que Adela
y su músico iban tacuchos. Llamó a la central de taxis y solicitó el
mismo número de servicio.

-Usted acaba de venir a recoger a esta misma calle a una pareja.
Hágame el favor de llevarme al mismo lugar, son mis amigos, me están
esperando.

El conductor evitó los comentarios, trasladó al cliente sin
percatarse de ninguna anomalía.

En pocos minutos, Teodoro se encontró con el problema de admisión.
El restaurante solo permitía el acceso con previa reservación. Esta
vez su dinero no le sirvió de mucho. Lo único que obtuvo fue un lugar
en la barra, lejos de la pista de baile y de la mesa de la pareja.

-¡Uf!... ¿Qué tanto le estará diciendo ese pinche cabrón?... ¡La
tiene embobada!... ¡Lo mira con ojos de becerra a medio morir!. ¡A mí
jamás me miró así!... ¡Conmigo nunca sonrió así!... ¿Para que lo
hace?... ¡Ese pendejo ni siquiera puede verle la cara!. ¡Que se
sienten!... ¡Que dejen de bailar!... ¡Uf!... ¡Me chocan los arrumacos
empalagosos que se hacen!.

-Señor: ¿desea una bebida?. El hombre que atendía la barra distrajo
sus pensamientos y le entregó una lista con las especialidades de la
casa.

-Mientras escojo lo que cenaré, sírveme un wisky en las rocas.

La noche era cálida, Ignacio y Adela terminaron su cena, bailaron
otro rato bajo la celosa mirada de Teodoro y por último salieron a
una pequeña terraza que quedaba oculta a la vista del salón. Frente a
la baranda, Adela descansó su espalda sobre el pecho de Ignacio
mientras se dejaba envolver por sus brazos. Él le mordisqueó la
oreja, con una mano le masajeó el vientre y las caderas, en tanto que
la otra le acariciaba los senos. Adela sintió cómo sus pezones se
endurecían, todo su cuerpo respondió al dulce arrullo amoroso que
Ignacio estaba interpretando con sus labios y manos al recorrerle la
cara y el cuello. Cuando sus lenguas se encontraron, una danza
primitiva y sensual se apoderó de los dos. La música erótica sonaba
exclusivamente en sus corazones y los fue llenando en un vertiginoso
crescendo que les aceleró el pulso.

-Muñequita, tu vibración suena dulce y tierna en todo mi ser.
Armonizamos perfectamente, podríamos crear con nuestra pasión una
sinfonía celestial.

Adela respiró agitada, se llevó los dedos a los labios hinchados por
la efusión de los besos compartidos y algo confusa murmuró:

-No se que me pasa, me siento otra. Tú me provocas extrañas
sensaciones que nunca antes sentí. ¿Eres un brujo?... ¿Qué hechizo
proviene de tu cuerpo?... ¿Qué es lo que me arrebata cuando me tocas,
cuando me besas?.

-Soy irresistible, cautivador, soy el único que te hace sentir así,
porque tú eres la única mujer que me hace sentir lo mismo. Juntos
formamos un todo, somos complementos de una pareja. Cásate conmigo,
se mi amante, mi compañera, déjame ver con tus ojos la luz.

-Estando así, no puedo pensar.

-No pienses, hazle caso a tus sentimientos y ven a mí. Llena esta
soledad con la música de tu alma.

Teodoro se impacientó porque la pareja no estaba a la vista, decidió
aprovechar la situación para verter la poción en la copa de Adela.
Discretamente se acercó a la mesa y mientras escribía un mensaje para
sus amigos, esto fue lo que dijo al mesero; vació el contenido del
frasquito en la copa correcta.

-Nachuí, es luna llena. Sobre el agua su reflejo se expande con el
movimiento de las suaves olas como pequeños seres sobrenaturales.
¿Escuchas los murmullos del agua, de la jungla?. ¿Qué es lo que
dicen?.

-Están cantando una oda a nuestro amor. Dicen: Ade y Nachuí se
aman... Más allá del tiempo y la distancia sobrevivirá ese amor...
Cuando su carne sea polvo y el espíritu estrella, ese amor
prevalecerá entre su descendencia.

-¿Y si no la tenemos? ¿Qué dejaremos para que nos recuerden?.

-Nuestras obras, el ejemplo de una vida llena por la plenitud del
amor que sentimos.

-Brujo, soy tuya, quiero vibrar en tus manos como las cuerdas de una
guitarra, quiero sonar como las dulces notas del piano, haz que mi
ser se estremezca con la languidez del violín, que se alegre como las
inflexiones de una flauta. Llévame a tu mundo de magia, de armonía,
de paz. Enséñame lo que debo hacer para que la vida cante por mis
venas y que en mis pensamientos brote un manantial, formando ríos que
salten y rían de felicidad.

-¿Quieres que interpretemos esta misma noche un concierto sinfónico?
Te llevaré a Nanciyaga y ahí, en medio de la selva, entre los
espíritus, la vegetación y los animales nocturnos, cerraremos el
círculo del amor que nos está invadiendo.

Solo retornaron a la mesa para pedir la cuenta. Sus bebidas se habían
calentado y ninguno de los dos se interesó en ellas. Ante la
expectante mirada de Teodoro salieron del restaurante y un empleado
les consiguió un taxi.

-¡Uf!... ¡Se me han escapado y la pinche pócima valió mierda!.

-Ese par se fue bien acaloradito hacia las cabañas de Nanciyaga.
Escuché cuando el tipo le dijo al taxista que le iba a dar una buena
bonificación si los llevaba rápido al embarcadero y les conseguía un
lanchero que estuviera dispuesto a trasladarlos a esta hora hasta
allá.

-Son casi las tres de la mañana, dudo que encuentren quien los
traslade. Aunque el recorrido es mas largo, podrían llegar por tierra.

Los indiscretos comentarios del portero con el empleado, fueron
escuchados por Teodoro.

-¡Uf!... ¿Con que esas tenemos?... M m m . ¡Ya verán lo que van a
encontrar en su nidito de amor!.

Ignacio sintió la presencia de Teodoro desde que entró en
los "Chaneques". Guardó silencio, no deseaba perturbar la
tranquilidad de Adela. Afortunadamente ella no lo vió, por ese motivo
había dado rienda suelta a sus emociones, las dejó en libertad y
ambos disfrutaron del lugar y el momento sin temores.

Por alguna razón estaba seguro de que Teodoro los seguiría, tenía que
mantenerse alerta para proteger a Adela en el caso de que su plan no
diera resultado.

Gracias a sus buenas relaciones, pronto se hallaron instalados en una
apartada cabaña dentro de los límites del parque ecológico de
Nanciyaga.

-Nachuí, había olvidado las amenazas de Teodoro. Ahora que estamos
aquí, en este lugar tan solitario, vuelvo a sentir miedo. ¿Qué será
de nosotros si de repente él se presenta por aquí?.

-Te dije que confiaras, tengo amigos que desde que salimos de la casa
nos están cuidando.

-¿Quieres decir que saben que hemos venido acá?... ¡Por Dios!...
¡Sabrán que tú y yo!. ¡Que tú y yo!...

-Shh. Tranquila, no haremos nada hasta que Teodoro haya caído en la
trampa y salga de nuestras vidas de una vez por todas.

-¡Uf!... ¡Así los quería encontrar!... ¡Tú cabrón!... ¿Pretendes
despojarme de mi mujer?... Por si no lo sabes, te diré que esa arpía
ya no vale. Ha sido mía y seguirá siéndolo hasta que me canse de
ella.

Ignacio envolvió a Adela en un abrazo protector y la siguió incitando
a que se mantuviera callada. Estaban en el oscuro interior de la
cabaña, la puerta estaba cerrada y las ventanas poseían mosquiteros
de alambre. En la recepción les prestaron una linterna, Ignacio la
apagó poco antes de que Teodoro los encontrara.

-¿No dicen nada?... ¡Uf!... ¿Por qué no hablan?... ¡Respondan!.

Los murmullos de la jungla se incrementaron, unas risitas siniestras
se empezaron a escuchar. No había otras cabañas ocupadas cerca del
lugar, eran las únicas personas en esa zona del parque. El sonido de
las risas se fue incrementando gradualmente, parecían provenir de
todas partes. Teodoro miró a su alrededor, alumbró con su linterna
girando en redondo, tratando de distinguir a los que emitían las
discordantes risas.

-¡Uf!... ¿Quién anda ahí?... ¡Les advierto que vengo armado!...
¡Salgan ahora mismo de su escondite o empezaré a disparar!.

Ignacio tendió a la joven sobre el suelo y la protegió con su cuerpo.

-No me imaginé que estuviera tan loco. Jamás creí que pudiera andar
armado. Pensó el músico, mientras sentía el temor de Adela y
escuchaba el murmullo de su llanto.

-Shh, muñequita, todo saldrá bien.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaah!... ¡Auxilio!... ¡Socorro!... ¡El Yogualtaba y la
vieja chichima me quieren llevar!.

Los gritos de Teodoro y el sonido de sus pies al salir huyendo se
perdieron en la lejanía.

-¡Jajajajajaja!... ¡Pobrecito, creo que no se detendrá hasta llegar a
México!... ¡Después de este susto, jamás se atreverá a molestarnos!.

-Nachuí, no entiendo. ¿Qué es lo que ha pasado?. ¿Tú ideaste todo
esto?.

-En realidad no pensaba que las cosas resultaran así, le hablé a
Elías y le pedí que con sus equipos hiciera algo que le helara la
sangre a Teodoro.

La explicación de Ignacio se vió interrumpida, alguien venía
corriendo hacia ellos.

-Dios, viene alguien. ¿Será de nuevo él?... Nachuí: ¿se daría cuenta
de que todo fue un engaño?.

-¡Ignacio!... ¡Adela!... ¿Están bien?. El auto me falló y me dejó
tirado a medio camino. Solicité un taxi con el teléfono móvil, temí
lo peor, pensé que no llegaría a tiempo. Pero. ¿Qué ha pasado?...
¿vino Teodoro?... ¿Por qué tienen esas caras?.

-Elías, no hagas bromas. Todo salió bien, lo asustaste tanto que creo
que dejará la región.

-¿Yo?... Te digo que acabo de llegar. Mi auto está parado como a un
kilómetro de aquí. Ni siquiera pude traer el equipo. Si no me creen
pregúntenle al guardia y al encargado de la recepción, ellos me
vieron llegar.

-Nachuí, vayámonos, esto no me gusta, si Elías dice la verdad. ¿Qué
fue lo que escuchamos?.

Conforme iban avanzando por el sendero que conducía a la salida,
pudieron escuchar una vez más, las mismas risitas macabras, como un
lejano murmullo que se perdió poco a poco, entre los ruidos de la
selva. Los tres no pudieron evitar un estremecimiento que los obligó
a apresurar la marcha.

Epílogo.

-Dios, han pasado siete años, siete maravillosos años. En todo este
tiempo hemos compartido buenos y malos momentos, nos compenetramos
tanto que en ocasiones adivinamos nuestros pensamientos respondiendo
a una pregunta antes de que sea formulada. Además de ser el esposo
perfecto, Nachuí es un padre responsable, amoroso con nuestros hijos
y con mis hermanos.

La gente que no nos conoce bien, piensa que él depende de mí, esas
personas no saben que ambos nos complementamos, Nachuí es el peso de
la balanza que mantiene mi equilibrio sentimental. Yo soy, como él
mismo lo dijo; la ventana por la cual puede ver el mundo que lo
rodea. Hoy miro al frente sabiendo que la vida nos oculta el mañana,
nadie sabe lo que pueda venir, hoy estamos juntos y esta llama de
amor que nos envuelve es real, sigue ardiendo dentro de nosotros, nos
mantiene unidos en su cálido abrazo.

Mañana, no se que pueda traernos ese mañana incierto, ese mañana que
viene envuelto deparándonos sorpresas, las cuales, no siempre serán
gratas, solo se que estaremos aquí, tomados de la mano, entonando
nuestro himno de perpetuo amor.

-Han pasado siete Navidades, siempre recordaré aquella, la de 1998.
Fue cuando anunciamos nuestro deseo de casarnos. Mis padres, Bruno y
Míriam con sus respectivos cónyuges, mis cinco sobrinos, los hermanos
de Ade, todos se mostraron felices al escuchar la noticia. Adelita y
yo flotábamos en una nube de ensueño, recibíamos enhorabuenas,
abrazos y besos, que auguraban un futuro lleno de amor.

Sin embargo, en esos momentos nuestra felicidad se empañaba por el
recuerdo de Teodoro. No sabíamos que le había ocurrido desde el
incidente en Nanciyaga. Cierto es que ya había transcurrido una
semana llena de romance y pasión, pero nos sentíamos intrigados por
no saber nada de él. Aún así, antes de que terminaran las vacaciones
nos casamos en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, acompañados
por familiares y amigos.

Cuando retornamos a Santiago, éramos esposos en todo el sentido de la
palabra. Pasamos nuestra luna de miel en un bungaló, propiedad de mi
hermano Bruno, ubicado frente al Salto de Eyipantla. Fue increíble,
nos sentimos en el paraíso, olvidamos las preocupaciones, los
temores, nuestro único afán fue vivir el momento. En marzo de 1999,
Ade me anunció que esperábamos nuestro primer hijo. Para agosto del
mismo año, Igad llegó a nosotros y otra luz brilló en mi corazón.

Unos meses antes, Elías me contó que un primo de Teodoro le dijo que
ahora estaba viviendo en Canadá. Según el primo, Teodoro estaba muy
cambiado, Se volvió pastor de una secta rara, viajaba por el sur de
Canadá y el norte de los Estados Unidos con la biblia en la mano,
impartiendo sermones entre los habitantes hispanoparlantes. Vivía con
moderación y recogimiento, estaba felizmente casado con una mujer que
compartía sus ideas, por consiguiente pasarían muchos años antes de
que volviera y eso si se atrevía a volver, pues Teodoro afirmaba que
jamás pondría nuevamente un pie en esta tierra demoniaca. Nunca
supimos que fue lo que realmente ocurrió, cualquier cosa que haya
sido, nos benefició considerablemente y nos hizo retornar unos años
después a las cabañas de Nanciyaga para concluir lo que empezamos.
Así fue como engendramos nuestro segundo hijo.

Nae llegó a nuestra vida cuando su hermano estaba a unos días de
cumplir tres años.

Hoy, veinte de julio del 2005, estoy ansioso por recibir en mis
brazos a Ciola. ¡Dos niños y una nena!. Ellos junto con su
maravillosa madre, son la luz de mi alma, la dicha que disipó aquella
oscura soledad que estuvo a punto de engullirme en aquel tiempo,
cuando me faltaba la mitad de mi ser.

Adelita es todo lo que siempre deseé, estoy seguro de que yo también
lleno sus expectativas, porque la música que siempre vibró entre los
dos sigue sonando con notas dulces, en nuestro hogar.

¡Ah!... ¡Lo olvidaba!... Adriana es una hermosa joven que estudia
Ciencias de la Comunicación en la capital del estado y Angel terminó
este año sus estudios secundarios obteniendo la calificación más alta
de su generación. Los dos siguen con nosotros, tuvimos que comprar
una casona en las afueras del pueblo, bueno, para eso es el dinero y
más ahora que me convertí en un compositor de fama internacional. Mis
baladas románticas recorren el mundo, entonadas en diversos idiomas.

Tengo que despedirme, mi muñequita me está llamando. Antes de hacerlo
quiero dar las gracias a todos aquellos, hombres y mujeres, que
inventaron y desarrollaron herramientas, tecnologías, programas e
instituciones; todo esto destinado a que los que carecemos de alguno
de nuestros dones físicos, podamos integrarnos a la sociedad del
siglo XXI y tengamos las mismas oportunidades.

Cuando hablo de los "dones físicos" me refiero al don de escuchar,
ver, caminar, pensar, etc. Los "dones espirituales" son la capacidad
de amar, reír, confiar, la fe, etc. Las personas que carecen de estos
últimos dones, también merecen ser apoyadas. Gracias y. hasta pronto.

Ignacio cerró el archivo, su lector de pantalla dice: "apagar",
oprime la tecla y se marcha del estudio para ir al encuentro de Adela
y los niños.

Fin.

 

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