DÍA DE LLUVIA
Germán Valverde Romero
Los tobillos hinchados le estaban diciendo que el trabajo de camarera no era lo suyo, durante ocho horas atendía a cientos de personas hambrientas con la misma falsa sonrisa en su cara, mientras no tenía ni un minuto para un cigarrillo.
Llevaba varios días planteándose el buscar un nuevo trabajo, el sueldo era aceptable pero si tenía que seguir sirviendo platos grasientos a cerdos barrigudos acabaría por no probar bocado excepto ensaladas, las obras de la calle eran un buen negocio, la clientela se había duplicado y últimamente no pegaba ojo.
Sara era la típica solterona de casi treinta años que intentó independizarse pero, lo único que consiguió fue pasar a peor vida, la suerte no la acompañaba, en los tres meses que llevaba en la ciudad solo había conocido a su portera, y no era alguien con quien te quisieras encontrar muy a menudo. Se despidió de Gery, su jefe, y abrió la puerta con un simple gesto de cabeza de éste, cuando el muelle hubo empujado hasta el marco la ligera puerta los cristales resonaron, juntándose con el sonido de la lluvia en el pavimento.
Eran casi las diez y media y la gente hacía rato que ya estaba en su casa,
solo un par de personas se veían tapándose con sus paraguas, a falta de uno
cruzó la calle corriendo hasta el quiosco y le dio veinticinco peniques al
hombre por su Today News, lo posó sobre su cabeza y aligeró el paso hasta llegar
al toldo de su edificio. Ante ella tenía un simple edificio que parecía iban a
derruirlo en cualquier momento,
saco las llaves y finalmente tiró los zapatos hacia un lado antes de cerrar la
puerta de su apartamento. Tras abrir una lata de alimento completo para su
mascota y dejar a su gato saboreando la comida se sentó en el sofá y encendió la
televisión, su dedo iba pasando por todos los botones hasta que finalmente
se posó sobre el de apagado, no ponían nada que le interesara como reportajes de
así se hizo o una de esas películas antiguas de terror. En la nevera solo
encontró un trozo de pizza del día anterior, esas eran sus cenas tras estar
trabajando todo el día, lo último que haría al llegar a casa sería ponerse
a cocinar, y la única comida decente que probaba desde hacía un mes era lo que
le daban en el restaurante y el café con un donut que compraba en un puesto
de la calle a un simpático hombre llamado Bob, ese era su nombre a no ser que la
inscripción del carrito que llevaba de Bob´s coffe and hot dogs fuese
falsa. Abrió el empapado periódico y miró las carteleras, todos eran grandes
estrenos cinematográficos o películas que ni siquiera había visto anunciarlas.
Entre la multitud de cines había uno en el que echaban un remake de una conocida
película del 48 titulada "El monstruo del lago oscuro", había
visto la original en blanco y negro con Boris Karlov en el papel de criatura
asesina, pero de esta nueva versión no había oído hablar, ante no tener nada
que hacer no estaba mal relajarse en un cine con tus palomitas para poder
criticar la copia que un director sin ideas había hecho sobre un clásico. Se
quitó
el uniforme y se puso unos pantalones con una sudadera, los pies no aceptaban
los zapatos, así que se decidió por unos playeros a pesar de estar
lloviendo a cántaros. Faltaban apenas un par de minutos para que comenzara la
película cuando llegó
a la taquilla y pidió una entrada, compró un combi, esas ofertas de palomitas
gigantes con coca- cola grande eran su debilidad, y se sentó en una butaca
para disfrutar de la sesión. Según iba avanzando por el pasillo solo había visto
a una pareja que se había quedado en el gallinero y un hombre sentado
en la parte más cercana a la pantalla, Sara prefirió sentarse en el medio para
controlar a aquel hombre, no le daba muy buena espina aquel barrio y prefería
tenerlo vigilado. Las luces se apagaron y tras un trailer unas letras junto con
una voz grave advertían que la película utilizaba unas nuevas técnicas
de proyección para dar más realismo y emoción a la película, se colocó las gafas
y pensó que no fue tan mala idea la sesión nocturna de cine. Tras acabar
con las palomitas y no poder dar ni un sorbo más porque el estómago
le reventaría, se acomodó en su butaca y el sueño la invadía por momentos, el
argumento de que unos veinteañeros se iban a pasar el fin de semana a una
cabaña junto al lago para contar historias de miedo en torno a una fogata para
acabar bañándose desnudos o entre los matorrales, no era muy llamativo.
Los ojos se le cerraron, pero un movimiento brusco de la cabeza hizo que
volviera al cine, pero tras varias intentonas más se quedó dormida, cosa que
últimamente
no hacía demasiado, era tanto el estrés con el que cargaba que ni siquiera podía
dormir siete horas seguidas. Tras vagar por misteriosos mundos y ver las
conocidas caras de antiguos amigos de su pueblo natal una gran luz invadió su
sueño, como si el sol se precipitara contra ti haciendo que todo cogiera
un
color amarillento- blanquecino y una voz clamaba por ella diciendo repetidamente
'señorita, señorita'. Abrió los ojos y descubrió que aquella luz no era
sino la linterna del acomodador alumbrando directamente a su cara mientras este
le preguntaba si se encontraba
bien, que se había producido un ruido y que como la pareja no había visto nada
quiso asegurarse de que todos estaban perfectamente, Sara asintió haciendo
que el hombre se dirigiera hacia la puerta. Miró hacia la pantalla y la película
seguía en la misma escena en que la había
dejado, no debió de dormirse apenas unos minutos. Giró la cabeza y la pareja
estaba usando las butacas dobles casi como una cama, volvió la vista hacia
delante y se dio cuenta de que el hombre ya no estaba, aunque no se extrañó
demasiado, la película no
era para menos, y eso de las supertécnicas era una patraña seguramente hecha
para que el espectador esperara hasta el final sin obtener nada excepto una
mala crítica sobre el film. Dos de los chicos se estaban bañando en el lago
tirándose al agua desde un árbol
par ver quién salpicaba más, Sara respondió cerrando de nuevo los ojos aunque
una gota de agua sobre su mejilla la despejó de inmediato, se llevó los dedos
a la cara y realmente la tenía mojada, se extrañó y miró a su alrededor pero
todo seguía igual. Continuó con la película en donde una garra salía del agua
y se llevaba al fondo a unos de los chicos, el otro aterrado nadó hasta la
orilla y fue corriendo a avisar a los otros chorreando agua por todo el cuerpo.
Según sus piernas se movían adelante y atrás, el miembro del chico se balanceaba
descontroladamente sacudiendo el agua en todas las direcciones, otra gota
calló sobre la cara de Sara, frunció el ceño y otras dos más se unieron. ¿Sería
aquello el realismo que anunciaban al principio? porque en realidad comenzaba
a serlo. En cuanto el chico llegó a la hoguera donde se encontraban los otros,
una oleada de calor invadió la cara de Sara,
lo que le produjo un escalofrío debido a la combinación de aire acondicionado
con ráfagas de calor, también pudo oler las chuletas que se asaban en las
brasas, con un ligero toque de tabasco, pensó, tras estar en un restaurante
reconoces todo tipo de comidas al instante y los mínimos condimentos que lleve.
A medida que avanzaba la historia, las sensaciones eran cada vez más realistas,
Sara estaba totalmente metida en la película, se sentía uno de aquellos
chicos, el miedo, el ambiente cargado de terror, todo podía sentirlo al igual
que los protagonistas, llegó a sentir el aliento de Charlie, el asesino,
mientras mataba a una de sus víctimas. Reconocía que el tipo era algo mediocre,
todo lo que hacía era por venganza, en este caso su madre se
había ahogado en el lago y unos chicos que estaban allí no se tiraron a
salvarla, así que él, que era algo retrasado, vio como se ahogaba su madre sin
poder
hacer nada por no saber nadar. Era un argumento poco pensado, pero las únicas
palabras que podía decir eran fantástico y genial, nunca se había sentido
igual con efectos como aquellos. Tras hora y media de sexo gratuito, asesinatos
sangrientos, humor fácil y vísceras
esparcidas por todos lados los títulos de crédito comenzaron a aparecer, no sin
antes la última escena en donde se muestra que el asesino ha logrado sobrevivir,
la gente se pregunta si la secuela estará en marcha y si llegará a superar la
primera. Las luces se encendieron y Sara vio como los nombres del equipo
de la película aparecían desde la parte baja de la pantalla y avanzaban hasta
perderse por la parte superior, leyó cada uno de aquellos nombres y lo que
habían hecho durante los meses de rodaje, corroboró si las canciones que sonaron
eran las que ella pensaba y se quedó tranquila al saber que ningún animal
había sido herido o maltratado. La pantalla quedó totalmente blanca y aún no
quería irse, deseaba que la película hubiera durado el doble, no, mejor aún,
el triple,
ojalá nunca se acabara, allí era como si conociese a mucha gente y pudiera ser
lo que ella quisiera. Se levantó de la butaca y cogió el cartón de palomitas
y el vaso de refresco aún
por la mitad, no tuvo tiempo ni de sorber un poco, comenzó a subir hacia la
puerta y levanto la mirada al comprobar que la pareja aún seguía allí sentada,
pero ya no se estaban besando ni manoseando, estaban quietos, inmóviles. Decidió
acercarse un poco para ver lo que ocurría, él la estaba abrazando y ella
tenía la cabeza caída, como si los músculos del cuello no pudieran soportar su
peso, le levantó la cabeza y pudo ver que habían sido apuñalados, él debió
recibir unas quince puñaladas en el pecho, mientras que ella tenía la cara
destrozada, no pudo contenerse empezó a gritar pidiendo auxilio. El acomodador
con su chaqueta roja entró en la sala y dejó caer su linterna al suelo, abriendo
la boca y emitiendo un pequeño gemido salió corriendo y gritando que llamasen
a la policía, Sara no entendía lo que sucedía, ni siquiera había mirado los
cadáveres, tan solo le había echado un vistazo a ella, eso fue lo que le hizo
bajar la vista hacia su ropa y ver que estaba empapada en sangre, la coca- cola
se estrelló en el suelo dejando su contenido correr por la moqueta esquivando
las butacas. Volvió a mirar a la pareja y no se explicaba lo que había ocurrido.
La policía llegó en pocos minutos, Sara estaba sentada en una butaca junto
a la
pareja balanceándose de alante hacia atrás preguntándose qué había sucedido y
como es que no había escuchado nada, se le vino la imagen del hombre, de él
es de quien debían sospechar, no le había gustado nada en cuanto entró en el
cine. Un policía uniformado entró en la sala con su compañero, también entraba
el acomodador pero le mandaron salir, Sara levantó la vista y no daba crédito a
lo que veía, aquel hombre era el tipo que estaba sentado delante de ella,
el policía enseñó sus dientes en una gran sonrisa y le dijo al compañero que los
dejara solos, que él mismo se encargaría de esto, una vez salió aquel
joven que parecía haber entrado en el cuerpo hacía poco, el policía se acercó a
Sara. Ella levantó la mirada hacia la placa, entre los destellos del trozo
de metal leyó Smith, y fijó su mirada en la del policía
viendo en ellos la culpabilidad. Más vale que te prepares, porque voy a hacer
que tu vida sea aún peor de lo que ya es,
y eso de andar cargándose a la gente no está nada bien Sara, dijo el policía ¿
Pero qué es lo que está diciendo? Yo no he hecho nada, usted estaba aquí,
ahí delante Y luego tu te quedaste a solas con los chicos, y si no había
nadie más el asesino es..., dijo señalándola con su dedo índice, y además,
¿cómo piensas explicar la ropa manchada de sangre? Sara no tenía palabras, no
sabía como explicar aquello, pensaba mil cosas a la
vez pero ninguna era la explicación. De pronto se dio cuenta de que la había
llamado por su nombre, ¿cómo sabía aquel tipo que se llamaba así?. Muy fácil,
comenzó a decir el policía, lo sé porque tú estabas allí conmigo, ayudándome
y lo cierto es que no lo hacías nada mal ¿ Quién demonios es usted? Déjeme
marchar o me pondré a gritar, dijo con lágrimas a punto de escaparse OH,
vamos, no creo que quieras marcharte de aquí, con lo buena pareja que hacemos,
dijo acercando su cara a la de Sara hasta casi tocar sus labios con los
de ella Sara en un impulso de desesperación puso la mano en forma de garra y
clavó sus uñas en la cara del policía llevándose casi media piel de la mejilla,
fue tanta la repulsión que le dio que siguió arañándole hasta que otra cara
comenzó a asomar tras la falsa piel, era Charlie. No te sorprendas, dijo
él, tu estabas en la película como yo, ya sabes, el súper realismo,
y esos chicos dejaron de besuquearse y también se introdujeron, pero tu elegiste
el camino de asesino, como yo, mientras que ellos escogieron el de víctimas
asesinadas, y como siempre se espera la secuela, el asesino triunfa mientras que
solo queda un superviviente, y parece ser que ellos no fueron los elegidos,
dijo él comenzando a reírse en estridentes carcajadas Sara se levantó intentando
a echar a correr para escapar de aquello, pero Charlie la agarró del hombro,
haciendo que cayera sobre una butaca y quedara sentada, él acercó su mano,
teniendo la otra aferrada a su hombro, y la colocó sobre los ojos de Sara
diciéndole
que todo saldría bien, que serían felices, que no se preocupara. ¿Entendido
señorita?
decía haciendo parecer que su voz sonaba a kilómetros de allí, no se preocupe
señorita, tranquila señorita, señorita... Señorita, señorita, es hora de
despertarse, dijo el acomodador zarandeando a Sara con
la mano puesta en su hombro ¿ Qué ocurre?, dijo Sara abriendo los ojos y
viendo todo en colores azul y rojo, ¿dónde estoy? Se encuentra usted en el
cine, y la película ya ha acabado, debemos cerrar Sara comprendió que todo había
sido un mal sueño durante una película de terror
de clase B, se quitó las gafas tridimensionales y se las entregó al hombre. Al
salir a la calle comprobó que continuaba lloviendo, ahora aún más fuerte,
abrió el paraguas y se dirigió a su casa, tras el recibimiento del gato se puso
el pijama y se sentó en el sofá
contemplando como la lluvia mojaba el cristal del salón. La tele emitía
destellos de luz que iluminaban la habitación como si sacaran continuamente
fotografías,
de repente Sara salió de su concentración, se tocó la mejilla y en ella había
una gota, la secó sin extrañarse, era una lágrima producida por la nostalgia
que le producía el estar tan lejos de la gente a la cual quería...