La perita. Podría ser que...

 

Ilustración de Álvaro Núñez

 

Había una finca de perales y un gran peral, y en él un montón de todavía crecientes peritas.

Entre todas ellas destacaba una por su coquetería y desparpajo. Estaba destinada a ser, como vulgarmente se dice, "una perita en dulce". Crecía y crecía

cada día más hermosa. Pero, curiosamente, no era feliz. Tenía un problema, sí, un gran problema, y es que...

 

- ¡Tengo "cartucheras"!

 

Se quejaba con vehemencia, a voz en grito. Claro que era un problema, porque ella quería ser "modelo". Sí, sí: modelo en la Unión Europea. E ir en esos

grandes camiones de exportación anunciando "Producto Nacional de Alta Calidad". Así que, cuanto más lo pensaba, más abatida se sentía: "No puedo ir por

el mundo con estas feas ‘cartucheras'. He de buscar rápidamente una solución".

El resto de las peritas la escuchaban consternadas. " ¿Tendrá razón?", cuchicheaban nerviosas, mirándose de soslayo unas a otras.

Desde luego ella estaba más que segura. Y dejó de mirar al sol...

Empezó por no amarillear. La verdad es que su piel no parecía ya tan lozana y lustrosa; pero estaba contenta. Tampoco engordaba más.

"No sé si, como cree, estará más mona, pero desde luego ha perdido la chispa de antes…", se rumoreaba por el peral. Y en efecto, mientras las demás crecían,

la Perita, sin entender la razón, comenzaba a sentirse triste y deprimida.

Pero, aunque ya no se sentía feliz, hacía oídos sordos. Estaba segura de que ahora lo conseguiría. Se imaginaba ya reflejada en miles y miles de cajas de

madera y de cartón: "La mejor pera de importación", que, claro, era ella.

Pero ocurrió que, un buen día, un hombre, el agricultor, pasó por allí y, palpándola, se dijo:

 

- Es una lástima, la buena situación que tiene este árbol y, sin embargo, parece no dar buenas peras.

 

- ¿Peras buenas? -se escandalizó la Perita-. ¡Pero si yo estoy bueníiisima!

 

Estaba totalmente segura de eso: ¡después de todo lo que estaba sacrificándose!

 

- Es evidente que no se ha fijado bien...

 

"¿Fijado?", reflexionó ella, y miró con detenimiento a las compañeras que la rodeaban. Todas más grandes y hermosas: "Bueno, quizás haya estado ‘un poquitín'

equivocada" -se dijo sacudiéndose las hojas que le ocultaban de la luz. Y en una sola bocanada aspiró aire, sol y agua. Los colores parecieron emerger

de nuevo con fuerza de su piel.

Al fin y al cabo no era una "pera de olmo". Así que empezó de nuevo a crecer y crecer exuberante, sinuosa... y feliz.

¡Ah!, sí, efectivamente viajó a Europa en camión, pero no en uno cualquiera; lo hizo en un trailer, y por supuesto de gran tonelaje. Fue admirada y fotografiada

en un mercado de Ámsterdam... Y es que no hay nada como ser una perita gordita y feliz.

Y colorín colorado... que quien quiera tome apuntes de lo que pudo haberle pasado.