La venta de
garaje de Satanás
Una historia sobre las tentaciones que el diablo nos ofrece
Hace un tiempo atrás Satanás realizó una venta de garaje.
Allí estaban, parados en pequeños grupos, todas sus brillantes baratijas. Tenía
herramientas que
ayudaban a romper, a malograr.
También había lentes de aumento para aumentar la propia importancia, y que si
mirabas por el otro lado, podías usarlos para
disminuir a los demás o incluso a
uno mismo.
Contra la pared estaba la usual variedad de implementos de
jardinería con la garantía de hacer crecer la soberbia: el rastrillo del
desprecio, la lampa
de los celos para cavar un abismo
entre uno y el prójimo, las herramientas del chisme y la calumnia, de egoísmo y
apatía. Todos estos utensilios eran agradables
a la vista y venían llenos de
promesas y garantías de prosperidad. Lo precios, claro está, no
eran muy baratos; ¡pero no había que preocuparse!, tenía
grandes facilidades de pago para
todos los clientes. "¡Llévelo a casa, úselo, no
se preocupe que lo pagará más tarde!" era la frase favorita del Diablo.
El visitante notó dos herramientas desconocidas y muy
desgastadas de pie en una esquina. Y sin ser ni cercanamente tan atractiva como
los otros objetos,
le pareció raro que estas dos
herramientas tuvieran un precio más alto que las demás.
Cuando preguntó por qué era esto, Satanás sólo sonrió y
dijo: "Bueno, eso es porque yo las uso muchísimo. Si no tuvieran tan mala
apariencia la gente las
vería como son realmente." El
Diablo señaló las herramientas diciendo: "Mira, esa es la propia
inseguridad y la otra es la desesperanza, y estas serán
las únicas que funcionarán."
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