Panchita la abeja golosa

 

 

      Erase una vez una colmena en donde vivían felices una familia de abejas. Todo el panal trabajaba, unas abejas se dedicaban a recoger el polen de las flores,

otras fabricaban la cera y la miel. Había abejas guardianas que vigilaban la entrada del panal y finalmente estaba la abeja reina que ponía huevos pequeñitos

de dónde saldrían nuevas abejas. De entre todas las abejas había una que era más pequeña que las demás y que siempre se estaba metiendo en líos. Se llamaba

Panchita y era muy conocida por todos los habitantes del bosque.

 

Un día iba Panchita volando cuando algo llamó su atención, en el suelo había un papel muy brillante envolviendo algo negro. Panchita no sabía de qué se

trataba pero aquella cosa negra olía muy bien. Panchita se acercó al papel y con mucho cuidado probó un poquito de aquello. ¡Hmmm!, que rico, pensó, y

pegó otro mordisco y luego otro y otro más hasta que se lo comió todo. Entonces se encontró a su amigo Alejop el saltamontes y le contó lo que le había

pasado. Alejop le dijo que aquella cosa negra se llamaba chocolate y que a él también le gustaba. Panchita le dijo entonces:

 

-         Mira Alejop, tenemos que enterarnos de dónde sale esa cosa tan rica porque yo quiero comer más. Vale, le dijo el saltamontes, vamos a preguntar

a la vaca que sabe mucho de eso. Y los dos juntos se acercaron a la señora vaca que en esos momentos estaba comiendo hierba.

 

-         Hola señora Vaca, dijo Panchita. ¿Usted podría decirnos de dónde sale el chocolate?.

 

-         No, lo siento, dijo ella. Yo solamente se dar leche. ¿Quiéres probar un poquito?.

 

-         Bueno, dijeron Panchita y Alejop. ¡Mmmm! que rica y que fresquita está. Muchas gracias señora Vaca. Vamos a preguntar a Doña Gallina a ver si

ella lo sabe. Adiós señora vaca.

 

-         Adiós Panchita

 

Enseguida se fueron los dos a ver a doña Gallina que en esos momentos picoteaba unos granos de maíz .

 

-         Hola doña Gallina.

 

-         Hola Panchita, ¿qué tal Alejop?

 

-         Muy bien. Dinos gallina, ¿tú sabes de dónde sale el chocolate?

 

-         No, no lo sé, yo solamente se poner huevos que están muy ricos. Preguntad al árbol, quizás él lo sepa.

 

-         Muchas gracias doña Gallina, que ponga usted muchos huevos.

 

-         Adiós Panchita.

 

Juntos los dos se acercaron al árbol.

 

-         Hola árbol. Usted me podría decir de dónde sale el chocolate..?

 

-         No, Panchita, lo siento, yo solamente puedo dar naranjas y madera. ¿queréis probar una?. Están muy ricas y ya han madurado.

 

-         Muchas gracias Árbol, realmente está muy buena. Pero hay dos niñas que estoy viendo en aquel parque que a lo mejor podrían informarnos. Adiós

don Árbol.

 

-         Adiós Panchita, que encuentres lo que buscas.

 

Efectivamente, cerca de allí había un hermoso parque con muchas plantas,  también había un tobogán y unos columpios. En ellos dos niñas jugaban para ver

cuál de las dos se columpiaba más alto. Panchita y Alejop se dirigieron hacia ellas.

 

-         Hola ¿qué tal?. Me llamo Panchita y éste es mi amigo Alejop el saltamontes.

 

-         Hola, yo me llamo Irene y mi hermana Elena. ¿En que podemos ayudaros?.

 

-         Verás, dijo Alejop, estamos interesados en saber cómo podríamos encontrar chocolate, es que nos gusta mucho.

 

-         Si, dijo Panchita, hemos preguntado a la vaca y solamente nos puede dar leche. La gallina pone huevos y un árbol nos ha dado una rica naranja.

Las abejas sabemos hacer miel pero yo lo que quiero es comer más chocolate. ¡Está tan rico!.

 

-         Si, es muy rico, contestó Elena, pero mi papá me ha dicho que si como mucho chocolate me dolerá la tripita y se me estropearán los dientes si

no me los limpio bien después de comer. Toda la comida que nos has dicho es muy rica y muy sana. Si tomas mucha leche, huevos, miel y fruta os haréis grandes

y fuertes . Nosotras os podemos dar un poquito de chocolate de nuestra merienda.

 

-         ¡Vale! dijo Panchita, y yo os daré a cambio un poquito de miel que también está muy buena.

 

Efectivamente así lo hicieron, a partir de aquella tarde Irene, Elena, Panchita y Alejop se vieron muy a menudo, jugaban juntos e intercambiaban las meriendas

y se hicieron muy amigos pero nunca se olvidaron de lavarse los dientes después de comer y colorín colorado este cuento se ha acabado.

     Autor: Manuel Enríquez 

 

 

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