RELATO DE VACACIONES EN BRUJAS
Maryloli Medina (
Hoy es el día en que debemos hacer el viaje nuevamente. A decir verdad ni los
padres de Isabel ni yo estamos muy convencidos que esto funcione. Pero ellos
han agotado ya todas sus posibilidades, buena parte de su dinero, y mucha de su
estabilidad emocional y física en este asunto. Yo misma no me siento mejor,
aunque ahora tengo 15 años, siento que hubieran pasado veinte. Durante este año
mi vida ha sido como una mala broma. No he tenido un momento de descanso
desde que ocurrió todo, y, a pesar de que no lo demuestran, siento que los
padres de mi querida amiga me guardan mucho rencor. También yo lo haría en su
lugar, supongo. Me llevaré el diario para repasarlo y anotar los resultados de
nuestro experimento. ¡Que Dios nos ayude! Ya vienen a por mí. Debo irme.
========= Julio 26, 1935 ¡Albricias! Finalmente hoy mi madre me ha concedido el
permiso para viajar con la familia
de mi amiga Isabel. Supongo que debe pensar que un par de mocosas de 14 años se
arriesgan demasiado viajando juntas, estos no son tiempos seguros para nadie,
como dice ella muy a menudo. Pero finalmente le ha quedado claro que los padres
de Isabel han sido los que me invitaron a pasar 15 días de vacaciones en
su compañía. Estoy muy
emocionada, porque este año, según me dijo el Sr. Coello, el viaje será a
Bélgica. Yo nunca he ido a Bélgica y el plan es llegar directamente a Bruselas
y partir de ahí a la ciudad de Brujas, seguramente por tren, y pasar en esa
hermosa ciudad, que recuerda a Venecia por sus canales, unos días de merecido
descanso. Saldremos el próximo lunes muy temprano, y como tengo que empacar, me
será difícil poder conciliar el sueño todo el fin de semana, estoy segura
de ello. Llevaré mi diario,
¿o será mejor llamarlo 'ocasional'? Para que todos los detalles sean registrados
aquí. Espero poder escribir a diario, por
lo menos. Me siento muy feliz. ¡Te quiero mamá!. Buenas Noches. Julio 28 ¡¡
Mañana es el gran día!! Isabel y sus padres pasarán a por mí a las seis de
la mañana y con tanto alboroto no pude
escribir una palabra hasta hoy domingo. Mamá dijo que empaqué lo suficiente para
medio año, ja ja, pero creo que exagera, llevo apenas 4 maletas. Me siento
tan emocionada que creo que voy a reventar. ¿Podrá alguien reventar de emoción?
Creo que sí. En fin, intentaré dormir algo. hasta mañana. Julio 31 Llegamos
ayer martes por la noche a la ciudad de Brujas, que a decir verdad, que es aún
más grande de lo que yo esperaba. Los canales que la recorren en una suerte de
circuito otrora fueron rutas comerciales importantes, pero ahora solo se
recorren por turistas al estilo, como dije antes, de Venecia. Aunque no tuvimos
mucho tiempo para conocer nada
todavía, el lugar es hermoso y las construcciones de las casas y edificios son
de piedra labrada en este lado de la ciudad, Pandereitje se llama, y estamos
prácticamente en el centro de la ciudad. Las construcciones góticas también
abundan, y los campanarios
en las Iglesias que pude ver son magníficos, incluso un poco macabros, a la luz
del crepúsculo. Dado que estamos en pleno verano, aquí oscurece todavía
algo más tarde que en la península. Ahora son las 11: 30 pm. y hace una hora,
todavía se veía la luz menguante del ocaso. El Hotel donde nos alojamos,
según me dijo el Sr. Coello, el padre de Isabel, se llama simplemente el "Hotel
Bruges" que es el nombre real de la ciudad de Brujas. ¡Qué nombre más original!
La habitación que compartimos Isabel y yo, es muy grande y bonita. Aunque muy
antigua
como nos dimos cuenta, las camas rechinan al sentarse y están ligeramente
combadas, supongo que por lo viejas. También nos dejan una jarra de agua, una
pastilla de jabón y dos toallas en el sencillo tocador para asearnos. Isabel y
yo tenemos planeado dar un pequeño paseo a alguna plaza cercana mañana por
la tarde. Así que hasta entonces, no creo que haya demasiado que decir. La
aventura apenas comienza. Ahora debo dormir un poco, el viaje me agotó bastante
y apenas puedo mantener los ojos abiertos. Agosto 2º Son las diez de la mañana y
todavía no puedo dejar de llorar, ha sido una noche larga e
interminable. No puedo concebir lo que ha pasado y no encuentro respuesta
alguna. Es difícil explicar lo que ocurrió el miércoles durante el paseo que di
con Isabel, y aunque
intento encontrar alguna explicación lógica, no hallo ninguna. Los padres de
Isabel están desconsolados. ¡Qué horrible
tragedia Dios mío! Lo escribo para ver si de esta manera puedo encontrarle algún
sentido a la desaparición de mi amiga. El día transcurrió normalmente.
Nos levantamos a las nueve y bajamos comedor a desayunar.
Isabel le comentó a su padre que teníamos planes de salir a conocer esta parte
de la ciudad, de visitar quizá algún museo o alguna tienda y que preferíamos
dar el paseo las dos solas para quizá tomar un café o comprar algún recuerdo por
ahí. La Señora Mercedes no estaba de acuerdo. -Creo que podría ser peligroso
hija, - dijo - aún no conocéis el lugar suficientemente
bien para aventuraros las dos solas. -No sé, no me gusta mucho la idea - añadió
Don Fernando, - María, ¿Crees sinceramente que podríais hallar el camino
de regreso? -No nos alejaremos demasiado - dije. Y a pesar que las calles son un
tanto rebuscadas, será fácil preguntar a algún lugareño la dirección si
es que nos extraviamos, pero francamente lo dudo. -Hay una plaza apenas a quince
minutos caminando señor - añadió el propietario del hotel, que se encontraba
en esos momentos en el comedor. -No hay muchas posibilidades
de perderse y la gente es muy accesible con los forasteros. No creo que deba
usted preocuparse. Tras unos minutos más de indecisión por su parte don Fernando
accedió. Salimos del hotel poco antes de las cuatro de la tarde, llevamos algo
de dinero para hacer algunas compras si teníamos oportunidad. Caminamos
directamente por la estrecha
calle del hotel que caracoleaba hacia lo que posiblemente era la plaza que
mencionó el dueño del hotel. Encontramos en el trayecto algunas librerías y
tiendas
que llamaron nuestra atención y doblamos el rumbo un par de veces para
dirigirnos a una callejuela
que, al parecer, era exclusivamente de comercios. Pasamos largo rato ahí,
mirando vestidos, comprando libros y recuerdos de la ciudad. Finalmente, tras
un rato, doblamos la esquina en una calle que suponíamos, nos llevaría
a la plaza. Caminando por ella, pasamos una pequeña iglesia que se apostaba
entre un edificio de correos y una pequeña tienda de antigüedades y miniaturas.
Más allá, en la esquina, había un cafetín bastante agradable con mesas al
exterior y a una calle más abajo, se lograba ver el ala izquierda de la nave
que seguramente era la iglesia de aquella plaza. Isabel, que es una amante
asidua de las miniaturas, echó un vistazo en la tienda y se maravilló con las
mercancías, escudriñando cada estante detenidamente. -María, vamos a entrar, -me
dijo. -Mira la cantidad de bellezas que hay aquí, ¡OH! Mira esa pequeñísima
jaula de hierro, ¡Vaya! Creo que tiene incluso un minúsculo canario dentro. y
qué tal aquel pequeño faro. ¡es bellísimo! Quiero comprar TODO. Y dicho esto
entramos a la tienda. La atendía un señor de edad avanzada, y se le veía
satisfecho de tener una cliente tan asombrada con sus productos.
-Pasen señoritas, tengo algunas miniaturas todavía más elaboradas en el estante
de aquel lado, pasen y echen un vistazo
con confianza - señaló hacia un improvisado corredor de estanterías, y me
percaté que la tienda era en verdad bastante larga. Un poco estrecha tal vez,
pero con bastantes metros de fondo. -¡ Vamos!- dijo Isabel, y me di cuenta, con
cierto fastidio, de que por lo menos estaríamos
ahí durante una hora o más, viendo miniaturas. -Tengo una mejor idea- dije, y me
arrepentiré de ello toda la vida - Vi que en la esquina hay un pequeño
cafetín que tiene mesitas en la acera, y creo que sería mejor que yo te esperase
ahí mientras tú pasas todo el tiempo que quieras mirando y comprando,
porque ya me imagino que irás de estante en estante y para ser franca, a mi no
me gustan demasiado estas cosas, son las cinco menos diez ahora -dije mirando
un pequeño reloj que llevaba en mi guardapelo alrededor del cuello - entonces,
¿qué tal si te espero ahí?. Así aprovecho el tiempo hojeando el libro que
acabo de comprar, ¿qué te parece? ¡Hmmm! - dijo a regañadientes - pues parece
que no me queda más remedio, pero en
fin, creo que es mejor, así estaré a mis anchas y te alcanzo en cuanto termine
de comprar, sólo me tomará cinco minutos. - Sí claro, conociéndote esos cinco
minutos serán horas. Vale te veo en un rato - dije y
me encaminé a la esquina. Siempre lamentaré no haberme quedado mirando las
benditas miniaturas. Al llegar al local, me senté en una soleada mesita y
desempaqué
mi libro. "Bruges, la
morte" se llamaba, de un escritor Francés llamado Georges Rodenbach. El libro
describía a Brujas como una ciudad un tanto aletargada, muerta pero misteriosa,
realmente a mí no me lo parecía. De hecho me gustaba mucho. Pedí al camarero un
café y un trozo de tarta y me enfrasqué en la lectura. Cuando terminé el
café, pedí otro. Y otro más. Parecía que el tiempo no pasaba, y el libro me
tenía literalmente 'embrujada'. Oí las campanas del reloj de la plaza dar la
hora algunas veces, pero no presté atención. Tampoco
me percaté de la cantidad de comensales que llegaron y se fueron del cafetín
aquel en el que esperaba a mi amiga. Fue hasta que el mozo del local se acercó
a mí cuando finalmente levanté la cabeza del
libro. -Señorita,- dijo -debo pedirle que me pague su consumo porque es hora de
cerrar. -¿ Cómo? ¿Pues qué hora es? - pregunté en mi rudimentario alemán
un poco sorprendida. -Son las once señorita- dijo y en ese momento las campanas
del reloj de la plaza confirmaron sus palabras con once tañidos lúgubres
que me pusieron la carne de gallina. -¿ Las Once? ¡No es posible! Mi amiga aún
no ha llegado. Saqué el dinero de mi bolso de mano, pagué y me apresuré
a doblar la esquina hacia la
tienda de miniaturas, dispuesta a reprender a Isabel hasta el cansancio por su
maldita tardanza. Corrí por la calle con una preocupación que me oprimía
el pecho y me aceleraba el pulso. Corrí y en un momento tuve que detenerme en
seco, sin dar crédito a mis ojos. La tienda no estaba cerrada.
. Porque ahí no había tienda alguna. En el lugar donde debía estar la maldita
tienda había un solar abandonado. Unas ajadas
tablas de madera pintadas de blanco, y de aproximadamente un metro de altura,
dividían el terreno que separaba la pequeña iglesia y el edificio que precedía
al cafetín donde yo había pasado. ¿cinco horas? ¿seis? Esperando a mi amiga. Me
quedé petrificada, tenía los ojos como platos, y estaba intentando contener
un grito
que pugnaba por salir de mi boca. El estómago se me revolvió y su contenido de
café y tarta de chocolate terminaron esparcidos por el suelo. Caminé deprisa
hacia la improvisada valla de tablas que dividía el solar de la acera y me
asomé sobre ella. En el interior no había nada salvo los hierbajos que asoman de
entre la tierra evidenciando cuando un lugar se encuentra abandonado desde
Dios sabe cuándo. Algo más al fondo, tal vez a unos veinte metros más al fondo,
del costado izquierdo de la casa parroquial que se encontraba detrás de
la iglesia, había una puerta que salía sobre dos escalones, y un senderillo que
conducía hacia el extremo opuesto de la calle, y que estaba rodeada a ambos
lados por hierba y flores mucho mejor cuidadas y podadas. Cerca de ahí había un
hermoso perro mestizo echado sobre la hierba. De esta manera, al asomarme
sobre la valla, podía ver una suerte de callejón que atravesaba hasta la calle
trasera. Sin embargo, no había señal de mi amiga, ni de la tienda de
antigüedades
y miniaturas.
Me flaquearon las piernas y caí de rodillas, raspándome con la acera pero sin
apenas notarlo. No me di cuenta que estaba berreando a todo pulmón hasta que
a mi alrededor, se arremolinó un grupo de gente. Seguramente pensarían que
estaba loca o que me encontraba tan borracha que me arrodillé ante el altar
equivocado -¡ hey! ¡La iglesia está por allá!, seguramente pensaría alguno - La
escena debió ser algo perturbadora, pues al poco tiempo, salió un sacerdote
de la
iglesia y se dirigió hacia mí. En mi atolondramiento, le tomé quizá por un
ladrón y le di un codazo en la boca del estómago. Sin embargo, él no se apartó
a pesar de que evidentemente no era lo que esperaba; me ayudó a incorporarme y
me condujo a la iglesia. Al explicarle lo que había ocurrido y la razón
de mi turbación, me asombró que no se
mostrase demasiado sorprendido y me tomase por una loca. -Iremos hasta el hotel
para informar de lo ocurrido a los padres de tu amiga, hija. Una vez reunidos,
ya pensaremos qué hacer a continuación, anda y deja de llorar. Iré contigo. Nos
dirigimos hacia el hotel a toda prisa. Yo no podía dejar de llorar y mi
vista estaba nublada, y entre hipos y jadeos finalmente contamos a los señores
Coello lo que nos había ocurrido a Isabel y a mí.
No resultaba difícil adivinar la incredulidad de sus rostros cuando se enteraron
de la extraña desaparición de Isabel. Su
padre me aferró por los hombros y me sacudió como si fuese un mantel
polvoriento. -¿ Qué le ha ocurrido a mi hija María? ¿Qué rayos quieres decir con
que
desapareció?
¡RESPONDE POR EL AMOR DE DIOS! -Creo que es preferible que nos acompañéis al
lugar donde ocurrió todo- dijo el sacerdote. El padre Huyssen, se llamaba.
Y sin más preámbulos, partimos nuevamente rumbo a la iglesia. Al llegar al
lugar, di una vuelta alrededor de la manzana completa para asegurarme que
no había equivocado el camino, después me alejé dos calles más en dirección a la
plaza que pensábamos visitar, e hice un rodeo algo más amplio, siempre
seguida del padre de Isabel y preguntando a cuanto transeúnte nos encontrábamos
si acaso la habría visto. Buscamos durante largo rato hasta que don Fernando
decidió que debía llamar a la policía.
La señora Mercedes se había quedado en la sacristía, se había desmayado. -Espera
hijo, creo saber qué pasa aquí- dijo el padre Huyssen con gesto serio.
-¡¡ Entonces DÍGAMELO padre, dígame qué pasa aquí porque me estoy volviendo
loco!! - Añadió él. -Bien - comenzó el padre - es posible que lo que voy a
contar le resulte tan inverosímil como la propia desaparición de su hija pero,
-bajó la voz- para ser honesto, no creo que la hayan secuestrado ni nada
por el estilo. -¡ Qué Coño.!- comenzó a decir él, pero el sacerdote lo calló con
un movimiento de la
mano sin percatarse del florido lenguaje del desesperado señor Coello. -Hace
algunos años, una de mis feligresas, me llevó un obsequio por mi cumpleaños.
El regalo era un pequeño cachorro que al hijo de aquella mujer le pareció
adecuado regalarme para tener algo de compañía. El gesto me enterneció mucho
-sonrió, quizá recordando al chico - así que acepté al cachorro y lo llevé a mi
pequeño apartamento en la parte trasera de la iglesia- dijo y señaló hacia
la puerta que conducía a aquella suerte de callejón donde debía estar la tienda.
-Es aquel que está por ahí - dijo - ¡Blitz! Ven aquí muchacho. El perro,
que era una mezcla entre ovejero alemán y quizá un Terrier, entró subiendo los
escalones que llevaban a la sacristía y momentos más tarde llegó por la puerta
lateral de la iglesia meneando la cola hasta donde nos encontrábamos. Por
un momento, me pregunté por qué no vendría simplemente por el jardín y saltase
la vieja valla, un perro grande como aquél seguramente podría hacerlo. El
padre comenzó a acariciarlo, y continuó
su historia. -Poco tiempo después en ese mismo año, tal vez hace unos cuatro
años - continuó - y cuando Blitz era todavía un cachorro de tres meses, salió
al jardincillo sin que yo me percatara. Al principio no me sorprendió demasiado
no verlo dentro de la casa, porque ya entonces incursionaba hacia el jardín.
El caso es que por la tarde seguía sin aparecer y comencé a preocuparme. Pedí a
uno de los monaguillos, gran amigo de Blitz, por cierto,que me ayudase a
buscarlo. Y así buscamos durante largo rato en muchas calles sin mayor suerte,
salvo un curioso
dato. Había huellas de sus patas en el húmedo sendero que conducían hacia este
extremo del jardín, y de pronto desaparecían así sin más. Yo no quise sacar
conclusiones, pero Blitz seguía sin aparecer. - Su mirada estaba perdida, y un
recuerdo de la zozobra que le produjo el hecho se veía claramente en sus
ojos. -Sin demasiados ánimos me tuve que resignar a la pérdida de mi querido
Blitz, y el hecho me entristeció más de lo que creí. Sin embargo - dijo, y
súbitamente su mirada se
iluminó, entreviendo un poco de asombro y quizá incredulidad - transcurrido un
año justo de la desaparición del perro, y ya sé que pensaréis que estoy loco,
Blitz volvió por donde había partido. Llegó como llegaría cualquier día después
de un corto paseo a echar una siesta sobre mi cama- -Pero ¿cómo es posible?-
pregunté -Eso no fue lo más asombroso, -continuó- cuando le vi tendido sobre mi
cama casi me
da un infarto de la impresión, y lo más inverosímil es que ¡Blitz seguía siendo
un cachorro! Al verme debió intuir algo de mi asombro porque saltó de la
cama a lamer mi mano como hacía siempre. Como aún lo hace- -Lo tomé en brazos y
lo examiné detenidamente, parecía un poco fastidiado, como diciendo
quizá '¿ pero qué pasa contigo? Si solo he salido a regar las flores', puedo
jurar que tanto Blitz como yo estábamos consternados, pero las cosas sucedieron
así, y en verdad no os pido que me creáis, pero es evidente que yo no tengo la
costumbre de mentir.
-Sé que suena ilógico, yo mismo no me lo creo aún, y aunque me es difícil
aceptarlo por obvias razones, creo que en este lado del solar existe alguna
'puerta'
extraña hacia otro lugar, quizá alguno que no todos podamos ver, y me parece que
es ahí donde se encuentra ahora tu pequeña Isabel, hijo mío. -¡ Esto es
inaudito padre!- dijo él - ¿intenta decir que mi hija cruzó un camino invisible
hacia otro mundo o algo por el estilo? -No intento decir nada hijo. Tampoco es
necesario que me creas. Tal vez sería buena idea que agotes las posibilidades
que tengas para buscarla, pero yo tengo la certeza de que ella volverá a la
vuelta de un año. Curiosamente, desde aquel día, me he percatado de que Blitz
no corretea por este extremo del jardín, parece que algo lo mantuviera apartado.
De cualquier manera, te recomiendo, si de algún modo te puede ayudar mi
historia, que no la tires por la borda, y que consideres muy atentamente lo que
te estoy diciendo.
-No sé ni qué pensar padre. Dijo don Fernando. La suya es una historia
verdaderamente difícil de aceptar, y prefiero echar mano de todos mis recursos
para
buscar a mi hija y encontrarla a toda costa. Sin embargo, ya sea por fé o por
incredulidad, le aseguro que
me tendrá aquí en un año justo a partir de ahora para presentarle a mi hija o
para confesarme con usted. -Bueno hijo, que tengas suerte, y que Dios te ayude.
Sábado 31 de Julio de 1936 Hemos llegado de nuevo a Brujas, y la ciudad perdió
definitivamente todo su encanto para mí, la encuentro aletargada, muerta
y misteriosa, como la describía Rodenbach, sí, es una ciudad misteriosa en
verdad. Mis nervios me tienen al filo de la locura, y ha sido horrible
explicarle
a todos allá en casa - o tratar de explicar - por qué Isabel no me acompañaba a
todos sitios como de costumbre. Las chicas del 'cole' no se han tragado
la historia de que está estudiando alemán, allá en Bélgica. Y la mayoría de la
gente adivina, con solo ver a los Sres. Coello, que su matrimonio está pasando
por una crisis muy severa. Mamá casi enloqueció cuando le conté lo que ocurrió
durante el viaje, y se puso todavía
peor cuando me vio llegar a casa, con los ojos enrojecidos y sin pronunciar
palabra durante por lo menos tres semanas. Bueno, eso es lo que ella me dijo.
A decir verdad, yo no recuerdo muy claramente lo que ocurrió durante el viaje de
vuelta a la península, ni tengo conciencia de ese período de tiempo en
que mis labios enmudecieron. seguramente
entonces, al igual que ahora, mi mente se negaba a aceptar los hechos como algo
verdadero. Esta mañana hemos ido a la capilla del padre Huyssen, quien se
mostró particularmente
satisfecho de vernos ahí. Su última recomendación ha sido que sea yo la que
venga al lugar, aproximadamente a la misma hora si es que la podía recordar.
Y ¡vaya si la recuerdo! Las cinco menos diez. Aunque realmente no entiendo el
motivo de su recomendación y me asusta un poco la
idea de venir sola. ¡Ya sé!, Ya sé que yo soy en parte responsable de lo que ha
ocurrido, pero eso no cambia mi estado de ánimo. Tengo miedo y no me avergüenza
decirlo. tengo mucho miedo. ============ Diario de Isabel Coello, Domingo 1º de
Agosto ¡¡¡¡ de 1936 !!!! Querido diario. Hoy ha sido el día más extraño
de mi vida. Francamente no entiendo nada de lo que ha
pasado. Papá y mamá parece que hubieran pasado mil años sin verme, y aunque
resulta increíble, a mi querida amiga María se le notan algunos cabellos blancos
en aquella mata negra azabache que siempre envidié tanto, y lo que es peor, ha
tenido que ir al hospital en un estado casi histérico que me asustó bastante,
porque lloraba, pero no paraba de reír. Espero que se recupere pronto. Brujas,
Bélgica Lunes 2 de Agosto de 1936 Sra. Lidia: Quiero agradecer profundamente
su ayuda a mi humilde persona,
por permitir que su pequeña hija María viniese con nosotros a realizar este
Milagro, porque no encuentro
palabras para definirlo, ya que Isabel está nuevamente con nosotros. Sé que sus
oraciones nos acompañaron siempre y por ello es menester que le informe
la situación, pues nuestro viaje de retorno demorará un poco, por los hechos que
a continuación le describo.
Llegamos a la ciudad el día 30 y, una vez instalados en el 'Hotel Bruges', el
mismo del año anterior, nos dirigimos a la capilla del padre Huyssen a
participarle
nuestro rotundo fracaso en la búsqueda de mi querida hija y con los ánimos
realmente bajos. Ni el dinero ni las relaciones que tengo me sirvieron de nada
para encontrarla echando mano de todos los recursos a mi alcance, y en algunos
momentos nuestra fé se vino literalmente a pique, como usted bien sabe.
Sin embargo, él nos pidió que viniésemos -o mejor dicho, que fuese María quien
viniese- al día siguiente, cuando se cumpliría un año justo de la desaparición
de mi hija. Aunque yo me negué rotundamente a dejarla salir sola. Tras unas
últimas recomendaciones del párroco, regresamos al hotel a pasar lo que sería
la más larga noche de nuestras vidas, y puedo asegurarle que ni mi mujer, ni
María, ni yo pudimos pegar el ojo en toda la noche. La tensión era simplemente
demasiada. Al día siguiente, procuramos pasar el tiempo de la mejor manera
posible, pero a decir verdad, nos resultó realmente difícil. A razón de las
cuatro y quince de la tarde, Mercedes y yo acompañamos a María a hacer el
recorrido que las chicas hicieron aquel día, y me asombró mucho ver que ella
recordaba cada detalle vívidamente. Caminamos durante algún tiempo,
deteniéndonos aquí y allá para dejar correr los minutos y no apresurarnos
demasiado.
Al llegar a la calle de la
iglesia, donde todo ocurrió, casi caminé con los ojos cerrados, con el firme
anhelo de que al abrirlos, vería algo distinto en aquel terreno vacío que hay
a un costado de la iglesia. Mas no fue así. Seguía viendo la valla de tablas que
vi la última vez que vine aquí y no
pude evitar llorar de amargura y desesperanza. Mi angustia rozó su límite cuando
María soltó mi mano, pues caminábamos por la acera de enfrente a la iglesia,
y echó a correr rumbo al solar abandonado. Honestamente, querida señora, no sé
cómo describir lo que ocurrió a continuación. Pude oír el jadeo de asombro
de María cuando me soltó y echo a correr rumbo al solar.
Mi mujer y yo quisimos alcanzarla y casi nos desvanecimos ante la visión más
delirante que hemos tenido jamás. María corrió y atravesó el vallado de tablones
como si éste no existiese.
Ante nuestros aturdidos ojos vimos cómo desaparecía sin dejar rastro alguno, era
irreal. Tampoco pudimos verla al otro lado
de la valla cuando pudimos controlar nuestras piernas lo suficiente para llegar
ahí. Durante un momento nuestra locura fue total. Ambos gritamos, horrorizados.
El padre Huyssen salió de la iglesia al oír el griterío aquel. Llegó hasta
nosotros y casi tuvo que sostenernos a ambos porque nos sentíamos morir. No
bien hubimos vuelto
nuestros cuerpos hacia él, cuando escuchamos sollozos a nuestras espaldas. María
salía por entre aquella imposible valla, trayendo a Isabel de la mano.
La fuerza nos volvió en ese instante, nos abalanzamos sobre ellas, llorando. -¿
Pero qué rayos pasa aquí? - preguntó Isabel, visiblemente sorprendida.
-No entiendo
nada. ¿María, qué te ocurre? Quedamos en que me esperarías en el cafetín de la
esquina, y ¡apenas han pasado unos cinco minutos! ¿Por qué han venido mis
padres? ¿Nos han seguido acaso? ¿Qué os pasa a todos? ¿Os habéis vuelto locos?
¿Y el cura quién es? María no podía contestar a sus preguntas. Y sinceramente,
ninguno podía. Estábamos demasiado aturdidos para hacerlo. Cuando la histeria
inicial hubo pasado, el padre Huyssen nos llevó a todos al interior de la
iglesia para hablar ahí. Su hija le explicó a Isabel lo que había ocurrido, que
se había ido al café de la esquina y
había esperado durante horas, leyendo, sin que ella regresara, pero sin
percatarse tampoco del paso del tiempo. Que había vuelto deprisa hacia la tienda
sin encontrar más que un terreno abandonado, que había salido el párroco de la
iglesia de al lado y que había regresado al hotel a contarnos que ella había
desaparecido, la búsqueda posterior, el año transcurrido... Le explicó todo.
-¡¡¡ Pero eso no puede ser!!! -dijo ella- Si yo recién he entrado a la tienda
a comprar! No
han pasado más de diez minutos desde que me dejaste ahí. Apenas he comprado un
par de cosas de la tienda cuando has entrado a sacarme de un tirón. ¡Mirad!
Isabel sacó una pequeña bolsa de papel de su bolso de mano y nos mostró un par
de pequeñas
miniaturas para casa de muñecas. Una jaula de hierro de color verde con un
diminuto canario en su interior, y una pequeña banca de jardín del mismo
material.
Ante su incredulidad, se aferró a la idea de mostrarnos las antigüedades y
miniaturas que se vendían en aquel establecimiento y nos pidió salir de la
iglesia
para mostrárnoslo.
Así pues, salimos y al dar dos pasos hacia la tienda, Isabel se quedó de pie,
con la boca abierta. Salvo la valla de tablas de madera, no había tienda alguna
ahí, eso lo comprobamos todos.
El resto de la historia es algo que prefiero contarle personalmente. Ha sido muy
difícil aceptar todo lo que ha ocurrido, y estamos todavía muy afectados.
Mercedes y María tuvieron un colapso nervioso y he tenido que llevarlas a un
hospital cercano. No debe usted preocuparse, pues los médicos aseguran que
ambas se recuperarán en pocos días. Necesitan descanso, y le aseguro que yo no
me separaré ni un momento de su hija, hasta que se encuentre del todo bien
y podamos regresar todos a casa.
Me ha pedido que le informe que no se alarme, que pronto se recuperará por
completo y que estará bien. Estoy seguro
que así será, sólo le anticipo que, como es de suponerse, sus nervios están muy
alterados, lo mismo le ocurre a mi mujer, aunque ambas están conscientes
de que lo peor ha pasado y su estado mental es satisfactorio, a veces María no
para de reír.