Interior. Tienda de Cindy. Noche.
Exterior. Gasolinera. Noche.
Vemos a los agentes de Policía Lewis y Anderson, hablando con el hombre
que, hace una medía hora, diera aviso a la Comisaría acerca del atraco.
Lewis: (Cerrando su bloc de notas): Muchas gracias por su colaboración, ya
puede marcharse a casa, Mr....
Hombre: (Con aires de importancia): Carter, James Carter. (El hombre
sonríe): Si necesitan algo más...
Anderson: (Abriendo la puerta del coche patrulla): Gracias, Mr. Carter. Ya
ha hecho suficiente.
47º. Interior. Coche patrulla. Noche.
Lewis: (Abrochándose el cinturón de seguridad): ¿Qué hacemos? ¿Seguimos a
los atracadores, o damos aviso a la Central?
Anderson: (Abrochándose, también, el cinturón de seguridad): Según dijo el
encargado de la gasolinera, antes de que llegase la ambulancia, los ladrones
huyeron hacia el Este.
Lewis: (haciendo girar la llave en el contacto): ¿Qué hay en esa dirección?
Anderson: Un pueblo abandonado.
Lewis: ¿Cuál?
Anderson: (Saca un paquete de cigarrillos de la guantera, y coge un
cigarro): "Saint Heart".
Lewis: (Enfilando el coche hacia el Este, en dirección al pueblo fantasma):
¡"Saint Heart!" Mi abuelo materno nació allí. Me contaba historias
horribles, acerca de ese sitio, cuando era pequeño.
Anderson: (Con una sonrisa y un leve cabeceo): Entonces, visitarlo, será
para ti toda una experiencia.
Lewis: (Encogiéndose de hombros): Supongo que sí...
48º. Exterior. Carretera. Noche.
Vemos como el coche patrulla, se aleja de la gasolinera en dirección Este.
Hacia "Saint Heart"...
49º. Exterior. Entrada de "Saint Heart". Noche.
Vemos a los Graham y a Reed Hicks. Todos ellos muestran el espanto y la
sorpresa reflejados en el rostro.
Vera: (Aferrada al brazo de su marido): ¿De dónde salió esa..., cosa? ¿Qué,
quién era?
Paul: (Tembloroso): N-no, no lo sé.
Reed: (Tiene en sus manos la recortada): Eso, ahora, no importa demasiado.
En este momento, lo único que importa, es encontrar algún sitio donde
escondernos de ése... Lo qué sea...
Cindy: Todavía no lo habéis entendido. (Se lleva las manos a la cabeza, con
gesto desesperado): ¡Él no nos dejará escapar, nos matará a todos! ( Coge
una piedra, y la arroja, furiosa, contra el cartel de bienvenida): ¡Mierda,
mierda, mierda!
Paul: (Mientras abraza a su hija y la acuna contra su pecho): Quizás
podamos escondernos en alguna de las casas del pueblo. Además, tenemos un
arma. ¡Ese tipo no puede ser inmortal, ni nada parecido! ¡Seguro que un
disparo le hará tanto daño como a cualquiera de nosotros!
Los cuatro se dirigen a una de las pocas casas que aún quedan en pie.
50º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Vemos a los Graham y al joven Hicks en la entrada de la casa abandonada.
Paul: (Saca una pequeña linterna del bolsillo de su camisa, e ilumina el
lugar con el estrecho haz de luz): Ni hay nadie.
Vera: (Con voz temblorosa): Q-quizás deberíamos regresar al campamento a
recoger algo de comida...
Reed: (Llevándose un dedo a los labios): ¡Chist! He oído algo. Sonaba
como..., pasos.
Cindy: Tranquilos. No es él. (Dice, mientras se apoya en una pared, y se
desliza por la misma hacia el suelo, hasta quedar sentada): No le hace falta
esconderse... No le hace falta buscarnos...
51º. Exterior. Campamento. Noche.
Vemos llegar el coche de los agentes Lewis y Anderson y, como los dos
Policías, bajan del vehículo.
Lewis: (Caminando hacia el todo terreno de los hermanos Hicks): Han estado
aquí. Es el vehículo descrito por el encargado de la gasolinera. No hay
duda.
Anderson: (Empuñando su automática, mientras se coloca a la altura de su
compañero): Hay alguien más con ellos. Esto tiene todo el aspecto de ser un
campamento. (Señala, con un ligero cabeceo, la furgoneta de los Graham, y la
hoguera): Lo más seguro, es que los hallan tomado como rehenes.
Lewis: (Con el ceño fruncido): Hay algo que no me cuadra en tu
planteamiento. (Abarca, con un gesto de la diestra, los dos vehículos):
Teniendo dos coches... ¿Por qué huir a pie?
En ese instante, vemos como una sombra se desliza entre los dos automóviles
y, sin ser visto por los dos policías, queda vigilándolos durante unos
instantes, para luego, desaparecer tan silenciosa como apareció.
Mientras, Anderson, se ha apartado de su colega, al descubrir lo que parecen
unas pisadas recientes.
Anderson: (Haciendo un gesto a su compañero): ¡Lewis, ven un momento!
Lewis: (Acelera el paso, hasta llegar junto a Anderson): ¿Has visto algo?
Anderson: (Incorporándose): Huellas. Son recientes. Se dirigen hacia el
pueblo.
Lewis: (Se acuclilla, y examina las huellas): ¿Crees que debemos avisar a la
Central?
Anderson: (Negando con la cabeza): No. Ellos son dos, pero sólo tienen un
arma. Nosotros tenemos dos.
Lewis: (No muy convencido): ¿Y los rehenes?
Anderson: (Sonriendo, con aire de autosuficiencia): Me he enfrentado a cosas
peores.
De repente, la siniestra sombra, vuelve a aparecer, adquiriendo forma
humana. Con el rostro y las vestiduras clericales del Padre Chester.
Chester, recoge la cabeza cortada de Douglas Hicks, y la arroja hacia donde
están los dos agentes, para, de inmediato, volver a desaparecer, convertido
en sombra.
La cabeza, vuela por los aires, hasta caer entre los dos agentes, y rodar
medio metro por el pedregoso suelo.
Anderson: (Apuntando con su arma a la cabeza rodante): ¿Qué mierdas es eso?
Lewis: (Que acaba de ver la cabeza de Douglas Hicks): ¡Joder, Anderson, es
una puta cabeza!
Anderson: (Se acerca a la cabeza, y la mueve con la punta del zapato, al
tiempo que quita el seguro de su arma, y mira a su alrededor): Es uno de los
atracadores. La descripción coincide. (Se vuelve hacia su compañero): Esto
es muy extraño.
Lewis: (Empujando la cabeza, con el pie, con una mueca de asco en la cara):
¿Crees que todos han corrido la misma suerte?
Anderson: (Se agacha, y recoge la cabeza): No lo sé. Quizás han logrado
escapar. (Frunce el entrecejo, tras examinar, con algo más de atención, la
cabeza): Mira esto...
Lewis: (Acercándose, para ver lo que su compañero desea mostrarle): ¿has
visto algo?
Anderson: (Señalando el muñón del cuello): La herida. Está cauterizada,
como si le hubieran aplicado algo al rojo vivo.
Lewis: (Apartando la vista de la cabeza cortada): Tal vez consiguieron
esconderse en el pueblo. Quizás...
Anderson: (Caminando hacia el coche patrulla, tras dejar caer la cabeza):
¿Sabes una cosa, Lewis? He cambiado de idea. Voy a avisar a Comisaría.
Lewis, queda esperando.
52º. Interior. Coche patrulla. Noche.
Vemos al agente Anderson, manipular los mandos del transmisor.
Anderson: (Con el micrófono del aparato en la diestra): ¡Mierda! La radio
no funciona. Sólo recibo estática.
Lewis: (Metiendo medio cuerpo por la ventanilla, y tomando el aparato de
manos de su compañero, para llevárselo a la boca): Déjame. ¿Central,
Central? Aquí unidad 230... ¿Me reciben, cambio? (Con gesto derrotista,
vuelve a dejar el micrófono en su soporte metálico): Estática...
53º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Vemos al matrimonio Graham, sentados en el suelo de madera, cerca de la
chimenea en ruinas.
En el otro extremo del salón, su hija, sentada también en el suelo, cabecea
adormilada.
Los tres se encuentran sumidos en la más absoluta oscuridad, ya que Reed ha
tomada la linterna de Paul, y ha marchado a explorar el pueblo, en busca del
hombre que ha matado a su hermano mayor.
Vera: (Acercándose a su marido, buscando cobijo): ¿Crees que podemos
confiar en ese joven? ¿Quién nos asegura que no está de acuerdo con ese otro
tipo?
Paul: (Rodeando con su brazo los hombros de su esposa): No sé qué decirte,
cariño... Es todo..., tan raro. Pero, algo me dice que ese muchacho sabe de
todo lo ocurrido tanto como nosotros. Además, si quisiera matarnos, lo
hubiera hecho sin demasiados problemas, recuerda que va armado. Pero, sin
embargo, ha preferido dejarnos aquí.
Cindy: (Desde el otro extremo del viejo y polvoriento comedor abandonado):
Esa cosa nos cogerá a todos. Reed es una presa, igual que nosotros.
Paul: (Con un susurro): ¿Pero, por qué nosotros?
Cindy: (Mirando a un lado y a otro, como buscando algo): Nos metimos en su
territorio. Perturbamos su paz.
Vera: (Apretándose más contra su marido): ¡Santo Cielo!
54º. Exterior. Una calle del pueblo. Noche.
Vemos a Reed Hicks. Camina con aire nervioso tenso. Dispuesto a saltar ante
el más leve ruido o sombra que se mueva.
Reed: (Apretando los dientes con gesto de rabia): Te voy a encontrar,
maldito hijo de puta. Voy a meterte la escopeta por el culo, y a apretar el
gatillo. ¡Voy a hacer que vomites mierda, cabrón!
Vemos la extraña sombra, asomar tras una esquina. Vigilando todos y cada
uno de los movimientos del joven ladrón.
Reed: (Se gira de repente): ¿Quién está ahí? (Se dirige hacia la esquina
desde la cual le vigilase la sombra): Te voy a coger, cabrón. (Se detiene,
al llegar al lugar, y ver que no hay nadie): ¿Qué mierdas pasa aquí...?
54º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Vemos a los agentes Lewis y Anderson, caminando por la solitaria calle.
Anderson lleva una potente linterna en la mano izquierda, y su arma en la
derecha. Lewis, por su parte, aferra su revólver con ambas manos.
Anderson: (Que acaba de oír algo, procedente de una casa cercana): Lewis,
allí, en aquella casa. (Señala con un gesto al lugar en cuestión): En esa
casa hay alguien.
Lewis: (Asiente con la cabeza): Ten cuidado.
Anderson: (Camina hacia la puerta de la casa, y la empuja con suavidad. La
puerta se abre, con un leve chirrido): ¿Hay alguien aquí? (El potente haz de
la linterna, barre las tinieblas del hall): Somos agentes de Policía.
55º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Los Graham, han oído al agente Anderson, y se han levantado del suelo.
56º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Paul: (Sale del comedor, y hace un gesto al Policía): Estamos aquí.
Anderson, camina hacia el hombre que, sin pérdida de tiempo, vuelve a
entrar en el comedor.
57º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Anderson: (Mientras abarca con la mirada a los tres ocupantes del recinto):
¿Cuántos son? ¿Se encuentran bien?
Paul: (Apartándose del agente, con cierto recelo): Somos tres: Mi esposa,
mi hija, y yo.
Anderson: (Saluda a las dos mujeres con un leve cabeceo): ¿Se encuentran
bien, hay algún herido? ¿Están sólo ustedes tres? (Al comprobar que los
Graham no representan peligro alguno, guarda la automática): Mi compañero y
yo, hemos visto el vehículo de los sospechosos de un atraco cometido hace
unas horas.
Al oír esto, los Graham, se miran unos a otros.
Cindy: (Dando un paso hacia el Policía): Esos dos hombres, han estado con
nosotros. Pero, esa cosa, mató a uno de ellos.
Anderson: (Asintiendo con la cabeza): ¿Y el otro sospechoso?
Cindy: (Se agarra al brazo de su padre): Se marchó. Nos dejó aquí, y se
marchó a buscar al asesino de su hermano.
Anderson: (Con la sorpresa reflejada en el rostro): ¿Los encerró aquí? No
lo entiendo... ¿No hubiera sido más lógico llevarles con él?
Paul: (Encogiéndose de hombros): Quizás pensó que, con la furgoneta y el
todo terreno inutilizado, ese psicópata rondando por aquí, y teniendo él la
escopeta...
Anderson: (Recordando la cabeza cercenada): ¿De qué está hablando?
Paul: (Asintiendo con la cabeza): Poco después de la llegada de esos dos
hombres, un tipo vestido de sacerdote, apareció de la nada, y atacó a uno de
los ladrones. L-le..., cortó la cabeza.
58º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Vemos al agente Lewis, esperando a que su compañero salga de la casa
abandonada.
También podemos ver a Reed, acercarse, por detrás, al Policía.
Reed: (Apoyando el cañón de la recortada en la nuca del agente): No te
muevas, amigo. Tira el arma lo más lejos de ti.
Lewis: (Intentando mantener la calma, deja caer el revólver, y lo aparta de
un puntapié): Ya está, ¿Ves? No cometas ninguna tontería, chico. El
encargado de la gasolinera, está grave, pero vivirá. Si me matas ahora...
Reed: (Empujando con brusquedad al agente): Secuestro... Intento de
asesinato... ¿Qué más me da otro cargo más por volarte la tapa de los sesos?
?
Lewis: (Tragando saliva, al comprender que el joven Hicks no bromea):
Escucha, sé que es tu primer delito. No tienes antecedentes; si colaboras...
Reed: (Con gesto de desprecio): Bla, bla, bla. ¡Andando!
En ese momento, vemos como la puerta de la casa se abre, apareciendo los
Graham y el agente Anderson en el umbral.
Anderson, queda momentáneamente paralizado, al ver a su compañero
encañonado por la escopeta recortada de Reed Hicks.
Reed: (Sonriente): ¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? Otro poli. (Se dirige a
Anderson): Suelta el arma, o... Ya sabes.
Lewis: (En un quejido de dolor, pues Reed no ha dejado de clavarle el cañón
del arma en la nuca): ¡No lo hagas, Anderson! Este cabrón nos matará a todos
en cuanto dejes caer tu arma.
Reed, dando la vuelta a la escopeta, propina un fuerte golpe al Policía en
el costado izquierdo, con la culata del arma.
Lewis: (Con lágrimas en los ojos por el fuerte dolor producido por el
golpe, se dobla sobre sus rodillas): ¡Arg, jodido bastardo!
Reed: (Volviendo la escopeta a su posición original, obliga a Lewis a
alzarse del suelo, apuntándole con el arma): Venga, todos dentro de la casa.
Por el momento, me sois más útiles vivos. (Se dirige a Cindy): Cielo, recoge
el arma de este cabrón y, la de su compañero.
Cindy, tras recoger las dos armas con gesto de repulsión, se las entrega al
joven delincuente.
Reed: (Tras acomodarse el revólver y la automática en el cinturón, besa a
Cindy en el cuello): Gracias, lo has hecho muy bien, preciosa.
59º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Vemos, como tras el matrimonio Graham, y el agente Anderson, comienza a
formarse la figura del Padre Frank Chester.
Chester: (Mientras en su mano derecha aparece una enorme y afilada
cuchilla): Neciosss.
60º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Vemos como, de repente, el agente Anderson, se lleva las manos al vientre,
mientras es alzado un palmo del suelo, y arrojado al medio de la calle, con
la cuchilla atravesándolo de parte a parte.
Vera, chillando histérica, corre hacia su hija, fundiéndose las dos en un
abrazo, fuera de la casa.
Paul, corre también fuera de la casa, y se arroja al suelo, junto a Lewis.
Reed: (Se lleva la escopeta al hombro, y dispara los dos cartuchos del arma
contra la siniestra figura del hall de la casa abandonada): ¡Trágate esto,
cabrón!
Interior. Hall de la casa
abandonada. Noche.
Chester: (Mientras se desvanece convertido en sombra): Ya osss advertí.
¡Sssoisss míosss!
62º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Vemos a los Graham, a Reed Hicks, y al agente Lewis en el comedor de la
casa.
Vera y su hija, sentadas en el suelo de madera, recostadas contra una
pared, el terror reflejado en sus rostros.
Reed: (Saca las armas de los policías del cinto, y se acerca a Paul y a
Lewis): ¿Sabe usarla, Profesor? (Tiende la automática a Paul.)
Paul: (Tomando la pistola con manos temblorosas): Bueno... He participado
en algún "Juego de Guerra". Balas de pintura y todo eso...
Reed: (Asiente con la cabeza): Estas balas son de verdad. (Mientras habla,
saca dos cartuchos, y los mete en el cargador de la recortada.) Tenga mucho
cuidado. (Después, devuelve el revólver al agente Lewis.)
Paul: (Mientras comprueba el seguro de su arma): ¿Qué hacemos ahora?
Reed: (En un susurro): Sobrevivir.
Lewis: (Guardando el revólver en su funda de cuero): ¡No podemos quedarnos
aquí parados, sin hacer nada!
Reed: (Encarándose con el Policía): ¡De acuerdo, héroe! ¡Sal ahí fuera, y
busca al bastardo que he matado a mi hermano y a tu compañero!
Cindy: (De repente, se alza del suelo, y camina hacia los tres hombres):
¡Callaros ya! No entendéis nada. No sabemos una mierda acerca de esa cosa.
(Tras decir esto, rompe a llorar, con sollozos entrecortados.)
Paul: (Conmovido por el llanto de su hija mayor, pasa su brazo sobre los
hombros de la chica): Tranquila, mi amor. No dejaré que nada ni nadie te
haga daño.
Reed: (Dirigiéndose a la joven): ¿Qué sabes de esa cosa, Cindy?
Cindy: (Baja la mirada, como intentado recordar): Sólo sé su nombre y...
Poco más.
Reed: (Acercándose a Cindy): Intenta recordar todo lo que puedas, por
favor. Tiene que haber algo, maldita sea. ¿Qué mueve a esa criatura?
Cindy: (Abrazándose con fuerza a su padre): El Mal.
Lewis: (Tras escuchar la breve conversación entre Reed y Cindy, se acerca a
la chica): ¿Dices que sabes el nombre de ese ser...?
Cindy: (Asiente con la cabeza): Se llama Frank Chester, y es el Párroco del
"Santo Corazón".
Lewis: (Con gesto escéptico): ¿Sabes lo qué estás diciendo, jovencita?
Cindy: (Con toda convicción en sus palabras): Digo lo que sé. Usted
preguntó.
Lewis: (Llevándose las manos a la cabeza): ¡Por Dios, chiquilla! ¿Intentas
convencernos de que, nos enfrentamos a un tipo que murió hace sesenta años
en Alcatraz?
Cindy: (Se limita a responder, mostrando una extraña sonrisa en sus
labios): Yo no he dicho que estuviera vivo...
63º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Vemos al espectro del Padre Chester, en medio de la desierta calle
principal del pueblo abandonado.
De repente, la siniestra figura, alza los brazos hacia el oscuro cielo
nocturno sin luna, y lanza una espeluznante risotada, que resuena en las
solitarias calles del pueblo fantasma.
64º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Los cinco ocupantes, han podido escuchar la siniestra carcajada y, un
profundo terror, se refleja en sus rostros, mientras se miran unos a otros.
65º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Frank Chester, sonriendo con expresión maléfica, camina por la desierta
calle, sabiéndose amo y señor del lugar.
66º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Reed, toma a Cindy del brazo, y la lleva al otro extremo del salón, para
hablar con ella.
Reed: (En un leve susurro): Por favor, Cindy, intenta recordar, ¿Existe
alguna posibilidad contra esa cosa? ¿Eres capaz de..., ver lo qué hace?
Cindy, mueve la cabeza de un lado a otro, y mira al joven ladrón con
expresión confusa.
Reed: (Con tono tranquilizador): ¿Puedes hacerlo...? Es muy importante.
Puede que sea nuestra única oportunidad contra esa cosa. De salir de este
lugar con vida.
Cindy: (Titubeante, mientras se frota los brazos): La verdad es que...
Existe una especie de..., no sé cómo llamarlo... Conexión entre esa cosa y
yo... Pero... Me da mucho miedo...
Reed: (Apoyando una mano en uno de los hombros de la muchacha, al tiempo
que le dedica una sonrisa): Es muy importante; necesitamos toda la ayuda que
podamos conseguir para combatir a esa cosa. Por favor.
Cindy: (Le devuelve la sonrisa, con gesto tímido. Le gusta el joven Reed
Hicks): Creo que, si me concentro lo suficiente, puedo ver dónde está.
Reed: (Con gesto amistoso, le da una palmadita en la mejilla izquierda):
Muy bien.
Mientras, en la otra punta del comedor, los padres de la joven, y el agente
Lewis, permanecen en silencio, sentados en el duro y frío suelo de parquet.
Vera: (Acurrucándose contra el costado derecho de su esposo): ¿Qué crees
que le está diciendo?
Paul: (En voz baja): No lo sé, querida.
Vera: (En voz baja): ¿Crees que nos podemos fiar de ese muchacho?
Lewis: (Que se ha levantado, y se encuentra junto a una de las ventanas del
salón): ¡Es un jodido asesino! ¡En cuanto nos descuidemos, nos matará a los
cuatro!
Paul: (En un furioso susurro): ¡Vamos, agente Lewis, está asustando a mi
esposa con esas tonterías!
Lewis: (Con terquedad): ¿Quién nos dice que ese joven no está compinchado
con el tipo de ahí afuera?
En ese momento, Reed y Cindy, que han oído las palabras del Policía,
regresan junto al resto del grupo.
Reed: (Apoya el cañón de la recortada contra el pecho del agente Lewis):
¿Está insinuando que tengo algo que ver con ese hijo de puta que ha matado a
mi hermano?
Lewis: (Que ha empezado a sudar, y a temblar): Mira, muchacho, quita esa
escopeta de mi pecho o...
Reed: (Golpeando a Lewis con el cañón en la barbilla): ¿O qué?
Entonces, vemos como Paul Graham, se acerca al joven por detrás, con gran
sigilo, mientras sujeta con fuerza el arma que antes le diera Reed, y la
alza hasta la nuca del muchacho.
Reed: (Con voz tranquila y sosegada): No será capaz de disparar, Profesor.
Usted no es un asesino. (Sonríe): ¿Acaso quiere que su mujer y su hija vean
cómo me vuela la cabeza?
Paul: (Mientras amartilla el percutor del arma): Balas de pintura. Balas de
verdad... ¿Qué más da? Se trata de apretar el gatillo.
Cindy: (Se acerca a su padre y, con mano temblorosa, le coge la muñeca y le
baja el brazo, al tiempo que se dirige a los tres hombres): ¿Por qué no nos
calmamos todos un poco?
Reed: (Sonríe entre divertido y sarcástico, al tiempo que retira la
escopeta del pecho de Lewis): De ésta te has librado, amigo; dale las
gracias a la señorita
Lewis: (Temblando y sudoroso, se aparta del joven Hicks): Esto no quedará
así, jodido cabrón psicópata. (Su diestra, busca el revólver, y lo empuña):
¿Qué dices ahora, cabrón? (Aprieta el gatillo. Mas, nada ocurre): ¿Qué
diablos pasa? (Un segundo y un tercer intento, con idéntico resultado.)
Reed: (Sonriente, da la vuelta a la escopeta, empuñándola por el cañón, y
lanza un brutal culatazo contra el rostro del agente de Policía,
reventándole la nariz): ¡Jodido imbécil! (Pega un nuevo culatazo a Lewis,
esta vez en el costado izquierdo, a la altura del vientre, haciendo que se
doble sobre sí mismo): ¿Acaso me crees tan estúpido como para darte un arma
cargada?
67º. Exterior. Entrada de la casa abandonada. Noche
Vemos a Reed, Cindy, y al agente Lewis, este último vestido simplemente con
su ropa interior.
Reed: (Apuntando al Policía con la escopeta): Quédate aquí; tú nos avisarás
cuando aparezca nuestro amigo. (Tras estas palabras, se dirige a la joven,
al tiempo que le entrega el arma que antes tuviese el agente Lewis, esta
vez, el arma está cargada): Si intenta algo; volver a entrar, o huir,
dispara.
Cindy: (Con manos temblorosas, toma el revólver, y apunta con él a Lewis):
De acuerdo. (Antes de que Reed vuelva al interior de la casa, le dedica una
tímida sonrisa.)
68º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Al ver entrar a Reed, sin sus compañeros, Paul, se encara con el joven.
Paul: (Arrinconando a Reed contra la puerta del comedor): ¿Dónde está mi
hija?
Reed: (Apartando al hombre de un empujón): Tranquilo, Profesor; Su hija
sabe cuidarse perfectamente.
Paul: (Sin poder contener su rabia y su miedo): Si le ocurre algo a mi
hija, yo...
Reed: (Sonriente, alza el cañón de la recortada hacia el pecho de Paul
Graham): Le he dicho que tranquilo.
Vera: (Que, mientras tanto, se encuentra asomada a una ventana): Está loco,
Paul. ¿Acaso no te das cuenta? El Policía tenia razón. En cuanto tenga la
ocasión, nos matará a todos.
Reed: (Algo tenso): Se equivoca, Mrs. Graham. (Baja el arma, para demostrar
sus buenas intenciones): No va a morir nadie, se lo prometo. Y, no voy a
dejar que le pase nada a Cindy. En cuanto al Policía, se trata, tan sólo, de
bajarle los humos.
69º. Exterior. Entrada de la casa abandonada. Noche.
Vemos a Lewis y a Cindy. Ambos muestran el miedo en sus rostros.
Lewis: (Temblando de frío): ¡Eres una idiota, muchacha, si piensas que te
has enamorado de Robin Hood!
Cindy: (Sentándose en el escalón de la puerta de entrada): ¡Cállese! Yo no
estoy enamorada de nadie.
Lewis: (Que parece disfrutar con el "juego"): ¿Sabes lo qué te pasará, en
cuanto te descuides, muchacha? ¡Qué ese cabrón te meterá un tiro entre ceja
y ceja!
En ese momento, Cindy, cansada de las palabras de Lewis, se levanta del
escalón, y se dispone a abrir la puerta de la casa, cuando...
...El aire, en torno a ambos, comienza a vibrar y a gemir, como algo vivo.
Lewis: (Muerto de miedo ante aquella invisible, pero a un tiempo, tangible
presencia): ¡Déjame entrar, chica, vamos! ¡No me dejes aquí con esa cosa!
70º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Vemos que, tanto Cindy como el agente Lewis, han regresado al interior de
la vieja casa abandonada.
Cindy: (Corriendo hacia sus padres. El horror dibujado en su mirada):
¡Estaba ahí fuera, mamá! (La joven, como si fuera una niña pequeña, se
abraza a su madre, temblando de pies a cabeza): ¡Esa cosa estaba ahí fuera!
Vera: (Acunando a su hija mayor contra su pecho): Tranquila, mi amor. Estás
a salvo con nosotros. Con papá y mamá.
Mientras, Reed, escopeta en mano, se acerca a Lewis, que se ha quedado
apoyado en la puerta del comedor, todavía medio desnudo.
Reed: (En el tono más amistoso posible): ¿Qué ha pasado ahí fuera? ¿De qué
está hablando la chica?
Lewis: (Mirando el arma que porta el joven): ¡No lo sé, mierda! ¡No
entiendo una puta mierda de lo qué está pasando aquí!
Reed: (Encogiéndose de hombros, al tiempo que, con el cañón de la
escopeta, señala las ropas del Policía): De acuerdo, vístase. (Se dirige a
Paul): Profesor; usted y yo, vamos a buscar a ese bastardo.
Paul: (Dubitativo ante la propuesta del joven delincuente): ¿Y mi esposa y
mi hija, piensa que voy a dejarlas solas?
Reed: (Alzando la mano, con gesto tranquilizador): Tranquilo, estarán bien.
Mientras, Lewis, ya vestido de nuevo, se sienta en el suelo, cerca de las
dos mujeres, y dedica a Reed una mirada cargada de odio y temor.
De repente, para sorpresa y espanto de los presentes en el comedor de la
casa abandonada, las cuatro ventanas de la sala, dos de ellas con los
cristales agrietados y rotos, se abren de par en par, dejando entrar una
fuerte ráfaga de aire helado, al tiempo que, una oscura y maligna forma,
toma cuerpo en el centro del salón, durante dos segundos escasos, para
desaparecer luego, convertida en jirones de oscura niebla.
Reed es el primero en reaccionar, tras la desaparición de la extraña
presencia, aunque el terror se refleja también en su mirada.
Cindy: (Con paso vacilante, se acerca al lugar donde apareciese la sombra,
y susurra): ¡Dios mío, es más fuerte de lo que pensaba!
Paul, se acerca a su hija, y rodea su cintura con su brazo derecho notando,
al instante, como la joven tiembla de pies a cabeza.
Cindy: (Apoya la cabeza en el hombro de su padre): Vámonos de aquí, papi.
Llévame a casa.
Paul: (Acariciando, con gesto tierno, los rubios cabellos de su hija): Sí,
cariño. Vamos a largarnos de este sitio. Vamos a irnos a casa. Tú, yo y
mamá.
71º. Interior. Comisaría de Policía. Noche.
Vemos a los policías trabajando: Rellenando fichas, tomando huellas,
datos..., etc.
En un momento dado, la puerta del despacho del Comisario Jefe, se abre, y
vemos salir a un hombre, que se acerca a un agente de Policía.
Comisario: (Mientras enciende un cigarro): Y bien, D'Arcy... ¿Se tienen
noticias de Anderson y Lewis?
D'Arcy: (Volviéndose hacia su superior): Eh... No, Jefe. Hemos intentado,
varias veces, ponernos en contacto con la radio de su coche. Pero no
obtenemos respuesta.
Comisario: (Mirando su reloj de pulsera): Es la una y media. Si dentro de
treinta minutos no hay noticias, enviaremos una patrulla a buscarlos.
D'Arcy: (Asintiendo con un movimiento de cabeza): De acuerdo, Jefe.
Comisario: (Caminando hacia su despacho): ¿Hacia dónde se dirigían la
última vez que se pusieron en contacto?
D'Arcy: (Elevando la mirada hacia el techo de la Comisaría, en un intento
por recordar): Alguien avisó acerca de un atraco en una gasolinera. Atraco,
e intento de asesinato.
El Comisario, asiente con un leve cabeceo.
D'Arcy: (Tras un leve titubeo): Creo que, a unos treinta kilómetros de la
gasolinera desde donde se hizo el aviso, hay un pueblo. Un pueblo
abandonado. Quizás los atracadores...
El Comisario, al oír esto, alza una ceja, en actitud expectante.
D'Arcy: (Se acerca a un enorme mapas de carreteras, que adorna una de las
paredes de la Comisaría, y pone un dedo en un punto sobre la lámina): Aquí
es. "Saint Heart".
72º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Reed, tras discutir unos minutos con Paul, ha decidido que sea el agente
Lewis quien le acompañe en su búsqueda del misterioso asesino.
Lewis: (Con aire desconfiado): Espero que esta vez el revólver esté
cargado. No me gustaría enfrentarme a ese hijo de puta con el arma
descargada.
Reed: (Tendiéndole el arma): Toma. Aunque no creo que contra esa cosa
sirvan de algo las balas.
Cindy: (Acercándose a los dos hombres): Quiero ir con vosotros. (Se refleja
la determinación en su mirada.)
Reed: (Menea la cabeza, al tiempo que, con un gesto de la mano derecha, le
señala el rincón donde sus padres se hallan sentados): No. Tú te quedas
aquí, con tus padres.
Cindy: (Mira a sus padres y, luego, da un paso más hacia Reed y Lewis): Me
necesitáis. (Se encara con el joven atracador): Sabes que es verdad. Déjame
acompañaros.
Reed: (Apoyando ambas manos en los hombros de la chica): ¿Y tus padres?
¿Quién les protegerá a ellos?
Cindy: (Con gesto tozudo): P-pero...
Reed: (Con gesto cariñoso, le acaricia la barbilla): Nosotros estaremos
bien. Tus padres te necesitan aquí.
Sin añadir una palabra más, el joven ladrón y el Policía, salen del comedor
de la casa abandonada. Mientras, Paul, se acerca a su hija, y rodea sus
hombros con su brazo derecho.
73º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Reed y Lewis, caminan por el centro de la oscura y silenciosa calle.
Lewis: (Camina unos metros por delante de Reed, que lo vigila con atención,
apuntándole con el cañón de la recortada): ¿Qué crees que vamos a encontrar?
Reed: (Saca un cigarro, y se lo lleva a los labios): No tengo ni idea. Lo
único que sé es que, cuando vea a ese bastardo, le voy a volar su jodida
cabeza.
Lewis: (Se detiene de repente, y hace un gesto a su compañero): ¿Has oído
eso?
Reed: (Avanza, hasta ponerse a la altura del Policía): ¿Qué, dónde? ¿Has
visto algo?
Lewis: (Apuntando con el cañón de su arma en dirección a una pequeña casa
de ladrillo rojo, cerca de la cual se mueve algo. Una sombra): ¡Allí! ¿Lo
has visto?
Reed: (Corriendo hacia la casita de ladrillo rojo, con la recortada
preparada para abrir fuego): ¡Ya te tengo, cabrón, ya te... (Se detiene, y
baja el arma)
Lewis: (Corre hasta donde está el joven ladrón): ¿Qué pasa? ¿Tienes a ese
hijo de perra?
Reed: (Retrocediendo): Era un maldito gato. ¡Joder!
En ese momento, vemos como algo sucede, cuando la siniestra figura del
Padre Frank Chester, aparece justo detrás del agente Lewis. Porta su
mortífera cuchilla en la mano derecha.
Chester: (Al tiempo que, con un veloz movimiento, atraviesa la espalda del
Policía con su afilada cuchilla): No veréisss la luz del Sssol. (Tras esto,
el espectro del sacerdote fallecido, desaparece, sin dejar el más mínimo
rastro de su letal presencia.)
Reed: (Una vez queda solo, con la única compañía del cadáver del agente
Lewis, se lanza en una frenética carrera por las desiertas y silenciosas
calles de "Saint Heart", gritando como loco): ¡Te mataré, cabrón! ¡Acabaré
contigo, maldito bastardo!
Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Vemos a Cindy, que acaba de sufrir un ataque y está siendo atendida por su
padre, que la acuna contra su hombro derecho.
Paul: (Susurrando, dulcemente, al oído de su hija): Ya pasó todo, pequeña.
Pronto nos iremos a casa. Pronto. Pronto.
Vera: (Desesperada, solloza apoyada en la pared, junto a una de las
ventanas del salón): ¿De veras, Paul, en serio piensas que vamos a salir de
aquí, de
este maldito lugar? (De repente, camina hacia donde están su marido y su
hija y, ante la sorpresa de ambos, abofetea al hombre, con toda la rabia que
le es posible): ¡Nunca saldremos de aquí, jodido mentiroso, nunca!
75º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Vemos como la puerta principal de la casa abandonada, es sacudida con
fuerza, al tiempo que escuchamos un grito desgarrador.
76º. Exterior. Frente a la casa abandonada. Noche.
Vemos como Reed, se detiene a pocos metros de la puerta de la casa
abandonada, al ver la extraña sombra que flota sobre el tejado.
77º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Cindy, camina hacia la puerta de la casa, y la abre.
Cindy: (Ahogando un grito cuando Reed entra en la casa, apartándola de un
empujón): ¡Dios mío, Reed!
Reed: (Cogiendo a la joven por los hombros, la sacude con violencia): ¡Está
ahí fuera, Cindy! ¡Esa cosa está ahí afuera! ¡Cierra la maldita puerta!
Cindy: (Asustada, se aparta del joven ladrón): ¡Para, Reed, me estás
haciendo daño!
En ese instante, la puerta del comedor se abre, y Vera y Paul Graham salen
al recibidor, al escuchar los gritos de los dos jóvenes.
Paul: (Creyendo que Reed intenta hacer daño a su hija, se lanza sobre el
muchacho, y le propina un puñetazo, rompiéndole la nariz): ¡Jodido cabrón!
Si
vuelves a ponerle la mano encima, te mato.
Mientras, Cindy y Vera, se abrazan con fuerza, asustadas ante la furiosa
reacción del hombre.
Reed: (Apartándose de Paul, mientras se palpa la sangrante nariz): ¡Maldita
sea, no la he tocado! (Se dirige a la chica): ¿Te he tocado, Cindy? ¡Dile a
tu padre qué no te he tocado, joder!
Cindy: (Se muerde el labio inferior, y niega con un leve cabeceo): Déjalo,
papá... Él no me ha tocado, no me ha hecho nada.
Reed, palpándose la dolorida nariz, lanza una aviesa mirada contra Paul
Graham, aunque se contiene, al ver la suplicante mirada de Cindy quien, en
un intento
por evitar un nuevo enfrentamiento entre su padre y el joven, se ha
interpuesto entre ambos.
Tras un leve titubeo, Reed, baja los ojos hacia el suelo y, dando media
vuelta, se dirige hacia la puerta del comedor.
78º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Los cuatro supervivientes de la larga y terrible noche, permanecen en
silencio, sentados en el polvoriento suelo de madera.
Reed ya les ha puesto al corriente de la suerte corrida por el agente Lewis.
De vez en cuando, uno de los dos hombres, se levanta y mira por una de las
ventanas del salón.
Paul: (Mirando por una de las ventanas): ¿Por qué no nos mata?
Vera: (Alzando la vista hacia su marido): ¿Qué dices, cariño?
Paul: (Se aparta de la ventana, y queda apoyado en la pared): Me preguntaba
por qué esa cosa no nos mata de una vez...
Cindy: (En un susurro apenas audible): (Mira a sus compañeros, y añade, en
voz alta): Está jugando con otros. El muy cabrón está jugando con nosotros.
Al oír esto, los demás, la miran expectantes. Con una mezcla de terror y
curiosidad.
Cindy: (Se alza del suelo, y se acerca a la venta junto a la cual se halla
su padre): Chester se está divirtiendo. Sabe que nos tiene cogidos. Que nos
tiene dónde y cómo él quería. Pero...
Paul: (Se acerca a su hija, y le rodea los hombros con el brazo derecho):
¿Pero, qué, cariño?
Cindy: (Se abraza a su padre): ¿Papá, te acuerdas cuándo, a los diez años
adiviné que el tío Dave tendría un accidente? ¿O, cuándo, a los siente años,
adiviné tendría a los gemelos?
Su padre, con gesto tierno, le alza la barbilla.
Cindy: (Sonriendo): ¿Lo recuerdas, papá?
Paul: (Suspira con aire impaciente y cansado): Sí, claro que lo recuerdo.
Pero, ¿qué intentas decirnos?
Cindy: (También suspira, mientras se aparta de su padre): Chester sabe que
soy especial. Chester sabe que sé sus puntos débiles.
Reed: (Que ha escuchado la conversación entre padre e hija, se acerca a los
Graham): Cindy... Si sabes algo, deberías decirlo. Quizás nos pueda ser de
ayuda.
Cindy, mira a su padre y a Reed.
Paul: (Asiente con la cabeza): Reed tiene razón. Si sabes algo que no pueda
ayudar, deberías compartirlo con nosotros, cariño.
79º. Exterior. Calle principal de "Saint Heart". Noche.
Vemos que el cadáver del agente Lewis ha desaparecido que, donde se
encontraba, sólo hay un charco de sangre.
80º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Paul, Vera y Reed, miran, expectantes, a la joven Cindy, en espera de que
ésta cuente lo que sabe acerca del Padre Chester.
Cindy: (Se frota los brazos con fuerza, mientras busca la mejor manera de
empezar su explicación): Se llamaba Francis Chester, y era un hombre bueno,
un
hombre muy querido por todo el pueblo. Pero, algo pasó un día. Algo
terrible... (De repente, para espanto de sus tres oyentes, Cindy, cae en
trance, y
las palabras comienzan a brotar de sus labios de manera inconexa): ¡Niño...,
exorcismo...! ¡No! Lucha en la Iglesia... El Padre Chester vence... Pero...
¡Cuidado, cuidado...! Venganza... El Demonio tomó la forma del Sacerdote
cuando éste murió... Pero antes... ¡Lo volvió malo..., ¡Quema la Iglesia...!
¡Oigo
a la gente gritando...! La Iglesia... Dios mío... (En ese momento, Cindy, se
hinca de rodillas en el suelo, y se cubre el rostro con ambas manos,
balbuceando):
¡Se oculta en la Iglesia, Él, se oculta en la Iglesia!
Paul: (Tembloroso ante la espeluznante visión de su hija, se acerca y la
ayuda a alzarse): ¿Quién se oculta en la Iglesia?
Cindy: (Temblando con poderosos espasmos, se abraza a su padre, buscando su
protección): El Demonio... El Padre Chester...
Paul: (Confundido): Espera un momento. Eso que dices no tiene sentido...
Cindy: (Mueve la cabeza con energía): Ya lo sé... Nada de esto tiene el más
mínimo sentido. Pero, lo cierto es que, después del exorcismo, el Demonio,
se apoderó del cuerpo y del alma del Padre Chester. Y, tras la muerte del
Sacerdote, se apoderó de la Iglesia, y tomó la forma de aquél que le había
humillado
y derrotado.
Vera, Paul y Reed, escuchan, desconcertados, las increíbles palabras de la
joven.
Finalmente, Vera, se acerca a su hija, y le acaricia los rubios cabellos.
Vera: (Se dirige a su marido): Ahora que lo pienso, lo que nos acaba de
contar, no es algo tan descabellado...
Paul: (Mira a su esposa, con extrañeza): ¿Tú también...?
Vera: (Asiente con la cabeza, mientras besa a su hija en la frente):
¿Recuerdas aquello que creímos ver y sentir en la Iglesia?
Cindy: (Mira primero a su madre y, después, a su padre con expresión entre
confusa y airada): ¿Lo sabíais? ¿Lo visteis, y no dijisteis nada...?
(Furiosa,
se aparta de Paul.)
Paul: (Estira la mano hacia su hija): Cindy, por favor... Nosotros no
sabíamos que nada de esto iba a suceder.
Cindy: (Temblando de rabia): ¡Claro qué no! ¡Para vosotros no existe otra
cosa qué vuestro maldito trabajo, vuestras malditas investigaciones!
Vera: (Con tono conciliador): Cindy...
Sin embargo, la muchacha, con gesto hosco, abandona el salón, dando un
fuerte portazo.
Reed: (Al darse cuenta de que Paul se dispone a seguir a su hija, lo coge
del brazo): Déjela, Profesor, se le pasará.
Con gesto brusco, Paul, se deshace de la presa de Reed, mas, no se mueve
del comedor.
81º. Interior. Hall de la casa abandonada. Noche.
Vemos como la puerta del comedor se abre, y el joven Hicks, sale al
recibidor.
Cindy: (Sentada junto a la puerta principal de la casa abandonada): ¿Me he
comportado como un a idiota, verdad? (Se restriega los ojos con las manos.)
Reed: (Le dedica una cariñosa sonrisa): Ahá; pero sólo un poquitín. (Tiende
una mano hacia la joven): Deberías volver ahí dentro, y pedir perdón a tus
padres.
Cindy, se levanta del suelo de madera, y camina hacia la puerta del
comedor. Antes de entrar, se vuelve hacia Reed, con gesto vacilante.
Reed: (Sonriendo divertido, le hace un gesto con las manos): Venga, entra.
En ese preciso instante, algo golpea, con violencia, la puerta principal de
la casa, haciendo que, ambos jóvenes, se sobresalten asustados.
Sin dudar un instante, Reed, se coloca junto a la puerta, con la escopeta
preparada para hacer frente a lo qué sea que halla golpeado la puerta.
Cindy: (Vacilante por el miedo, se acerca a la puerta): ¿A-abro?
Como respuesta a la pregunta de la joven, un nuevo golpe, más violento aún
que el anterior, hace temblar la pesada hoja de madera.
Después, un silencio. Silencio, que se hace más aterrador, incluso, que los
golpes en sí.
Finalmente, con mano temblorosa, Reed, abre la puerta, dispuesto a abrir
fuego...
Una vez abierta la puerta, vemos entrar a un malherido y tambaleante agente
Lewis que, una vez atravesado el umbral, cae al suelo, en toda su longitud.
Tras la primera impresión, los dos jóvenes, logran reaccionar, y ayudan al
Policía a alzarse, después de cerrar la puerta.
82º. Interior. Comedor casa abandonada. Noche.
Hace unos cinco minutos desde que, el agente Lewis, reapareciese en la
casa. Muestra una fea herida en pecho y espalda, que lo atraviesa de parte a
parte,
y que no vaticina nada bueno para su salud. A pesar de todo, Vera, ha
intentado curarle, limpiándosela con retales de la camisa azul de su propio
uniforme.
Lewis: (Jadeante y agotado): E-en la Iglesia... S-se esconde en la
Iglesia...
El matrimonio Graham, y los dos jóvenes, cruzan una mirada.
Reed: (Dando voz al pensamiento de los cuatro): En esa Iglesia debe de
haber algo que nos permita acabar, de una vez por todas, con ese bastardo.
Paul y Vera, intercambian una nueva mirada.
Paul: (Asiente, enérgicamente, con la cabeza): La estatua de Cristo.
Vera: (Toma las manos de su marido entre las suyas y, con expresión
suplicante, le pide): ¡No vayas, Paul, por favor!
Paul: (Besa los labios de su esposa, y le sonríe): No temas. No me pasará
nada.
Reed: (Espera en la puerta del comedor, mientras recarga su arma): Si lo
prefiere, Doctor, puede quedarse aquí, con su mujer y su hija.
Paul, con gesto tozudo, niega con la cabeza, al tiempo que camina hacia la
puerta del salón.
En ese momento, su mujer y su hija, se acercan a él y, mientras Vera se le
abraza, en un último intento por retenerlo, Cindy, se limita a apoyar la
mejilla
en su hombro derecho.
Apoyado en un rincón de la oscura estancia, el agente Lewis, jadea con
dificultad, al intentar alzarse... Y lo consigue.
Lewis: (Con las pocas fuerzas que aún le quedan, logra llegar hasta donde
están hablando los otros cuatro): E-esa cosa es el mismo Diablo. Si salen de
esta casa, nunca volverán vivos. (Apoya su mano izquierda en el hombro de
Paul): Háganme caso. Lo mejor que pueden hacer es quedarse aquí. ¡Háganme
caso!
83º. Exterior. Entrada principal de la Iglesia del "Santo Corazón". Noche.
Vemos a Reed Hicks, y al Profesor Paul Graham, ante la puerta del templo.
Reed: (Empujando la pesada puerta de madera): Vuelva con ellas, Profesor,
le necesitan allí.
Paul: (Sin hacer caso de las palabras del joven, pasa junto a éste, y entra
en la oscura Iglesia): Esa cosa no irá a por ellas. Su prioridad es proteger
su guarida. (Enciende la linterna que lleva en uno de los bolsillos de su
pantalón): Está aquí. Puedo notarlo.
Reed: (Camina hacia el centro de la nave con forma de cruz): Según usted,
allí. (Señala, con el cañón de la recortada, hacia la estatua de Cristo.)
Paul: (Hace un gesto afirmativo con la cabeza): Así es. De algún modo, el
Maligno, ha logrado lo que parecía imposible. Apoderarse del hogar de su
mayor
enemigo...
Reed: (Se acerca a la figura de mármol, y pasa una mano por la túnica
esculpida): Bueno, dejémonos de clases de teología, y hagamos lo que
tengamos que
hacer.
Paul: (Estudiando la imagen religiosa): ¿Cómo lo hacemos?
Reed: (Se encoge de hombros): Podríamos dispararle... (Apunta con la
recortada a la efigie de mármol): ¿Qué le parece?
Paul: (Negando con la cabeza): Recuerda que es de mármol. No lograríamos
nada.
84º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Vemos a los tres únicos ocupantes, sentados en el polvoriento suelo de
madera.
Cindy: (Se levanta del suelo, y se acerca a una de las ventanas): Están
tardando mucho.
Lewis: (permanece inmóvil, delirando a causa del dolor y la fiebre): N-no
regresarán... Ya lo verán...
Vera: (Furiosa, se dirige al Policía moribundo): ¡Cállese de una maldita
vez, está asustando a mi hija!
Cindy: (De repente, se vuelve con el rostro lívido): S-se está acercando...
¡Viene hacia aquí, viene a por nosotros!
Vera: (Se acerca a su hija y, al mismo tiempo, mira por la ventana): ¿De
qué hablas, cariño? ¿Acaso vuelven ya de la Iglesia?
Cindy, niega con la cabeza, al tiempo que señala al exterior de la casa
abandonada.
Lewis: (Se levanta, con gran esfuerzo, y camina hacia las dos mujeres, se
aprecia en su mirada el brillo de la locura propia de los moribundos): ¿Es
él,
verdad? ¿Es Chester?
Cindy, ante el horror de su madre, asiente con un leve cabeceo, y un
sollozo ahogado.
85º. Interior. Iglesia del "Santo Corazón". Noche.
Paul Graham y Reed Hicks, siguen examinando la estatua de Cristo.
Reed: (Con aire impaciente, enciende un cigarro): ¡Mierda! (Pega una patada
a la pétrea figura.)
Paul: (Recorre el Cristo de mármol con la mirada, de arriba abajo y, por un
leve instante, le parece ver, de nuevo, la extraña sombra, subiendo por la
marmórea efigie; en ese instante, una sonrisa se dibuja en su rostro):
¡Tumbémosla!
Reed: (Dedica una sorprendida mirada al Profesor Graham): ¿Habla en serio?
¡Esa cosa debe de pesar una tonelada! ¿Cómo vamos a derribarla?
Paul: (Como única respuesta, apoya ambas manos en la estatua, y empieza a
empujar con todas sus fuerzas): ¡Lo qué sea! ¡Pero qué sea rápido, vamos!
86º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Vemos al agente Lewis, pataleando a medio metro del suelo, con el pecho
atravesado por la cuchilla del Padre Chester, quien, una vez se ha asegurado
que
el hombre ha muerto, lo deja caer al suelo, retirando su mortífera arma de
un tirón rápido.
Aterrorizadas, Cindy y su madre, retroceden ante el asesino.
Chester, prepara otra vez su siniestra arma, mientras camina hacia las dos
mujeres.
Vera: (En un heroico gesto desesperado, aparta a su hija a un lado, y se
planta ante Chester): ¡Vamos, maldito bastardo! ¡Haz conmigo lo qué quieras,
pero
deja a mi hija en paz!
87º. Interior. Iglesia del "Santo Corazón". Noche.
Paul y Reed, siguen empujando la pesada estatua, la cual, poco a poco,
comienza a inclinarse.
88º. Exterior. Cercanías de la casa abandonada. Noche.
Vemos como el cuerpo sin vida de Vera Graham, sale por una de las ventanas
del comedor, y cae en medio de la calle. Se aprecian en él las terribles
heridas
inflingidas por la terrible y afilada cuchilla de Frank Chester.
89º. Interior. Comedor de la casa abandonada. Noche.
Vemos a Chester sonriendo, mientras, con la lengua, larga y oscura, limpia
la sangre de su espantosa hoja de metal.
Chester: (Saboreando la sangre): ¿Creíaisss poder engañarme?
Cindy: (Retrocediendo despacio, en un desesperado intento por alcanzar la
puerta del comedor): Mi padre está en la Iglesia. ¡Sabemos cuál es tu punto
débil!
90º. Interior. Iglesia del "Santo Corazón". Noche.
La estatua de Cristo, yace en el suelo, con la cabeza separada del tronco,
debido al fortísimo impacto. A su lado, Paul Graham y Reed Hicks, se miran
triunfantes.
De repente, vemos como la puerta del templo se abre y, Cindy, aparece en el
umbral.
Paul: (Al ver a su hija, corre hacia ella): ¡Cindy, cariño! (La abraza con
fuerza): ¿Y tu madre?
Cindy: (Gimoteando): ¡Está muerta! ¡Chester la mató, está muerta!
Reed: (Se acerca a la pareja y, con gesto tierno, acaricia los rubios
cabellos de la muchacha): Todo acabó ya, Cindy. (Señala con un gesto la
estatua decapitada):
Ese cabrón es historia.
Cindy: (Ante la sorprendida mirada de los dos hombres, niega con la cabeza,
al tiempo que balbucea): Nos engañó. ¡Chester nos engañó!
Reed: (Aporreando, furioso, uno de los bancos de madera de la Iglesia
abandonada): ¿¡Qué pasa con la jodida estatua!? ¡Vosotros dijisteis...!
Cindy: (Mientras se abraza con fuerza a su padre): No es la estatua. La
estatua sólo era un cebo, para atraernos a su territorio.
Reed: (Con aire abatido): Pero... Tú, has podido escapar de él...
Cindy: (Vuelve a negar con la cabeza): Él..., me dejó escapar...
Reed: (Se deja caer sobre uno de los asientos de madera): Nos tiene
cogidos. Todo este tiempo ha jugado con nosotros...
91º. Exterior. Puerta de la Iglesia del "Santo Corazón". Noche.
Frank Chester, ríe con la risa de un demente, mientras empuja las pesadas
puertas del templo.
FIN