LAS AUTOPSIAS
LAS AUTOPSIAS
Los tres cadáveres
estuvieron toda la noche del 27 al 28 de enero de 1993 en las frías
dependencias del Instituto Anatómico Forense de Valencia. Una noche
en la que innumerables
teléfonos no dejaron de sonar hasta altas horas de la madrugada por que, de
manera inexplicable, había que "organizar" un equipo
de médicos para realizar las
tres autopsias.
Los doctores Ros y
Fenollosa, que eran los dos forenses de los juzgados de Alzira y quiénes
tendrían que haber realizado las necropsias, no debieron considerarse
lo suficientemente
preparados para ello y decidieron solicitar ayuda de varios colegas. Hay que
tener en cuenta que estos dos jóvenes médicos llevaban
escasos meses como forenses
interinos, es decir, oficialmente sin plaza, en los juzgados y habían accedido
al puesto gracias a una "bolsa de trabajo".
Sin embargo e
inexplicablemente, el Dr. Ros se había negado a aceptar la colaboración del
prestigioso Catedrático Dr. Frontela, en una conversación telefónica
mantenida cuando los
cadáveres acababan de ser bajados desde "La Romana" hasta el cuartel
de Llombay.
Nadie sabe porqué, pero
desde el mismo instante de la aparición de los cuerpos de las tres niñas, como
lo demuestra que se pusiera por escrito en el acta
que la Secretaria del
Juzgado levantó a mano junto a la fosa, alguien había decidido que tenían que
ser seis los forenses que realizarían la autopsia,
en lugar de dos como suele
ser habitual.
Poco antes del amanecer la
lista de los médicos participantes iba a quedar constituida de la siguiente
manera:
D. Francisco Ros Plaza,
Licenciado en Medicina Médico Forense Interino de los Juzgados de Instrucción
núm. 2, 4 y 6 de Alzira (Valencia).
D. Manuel Fenollosa
González, Licenciado en Medicina, Médico Forense Interino de los Juzgados de
Instrucción núm. 1, 3 y 5 de Alzira (Valencia).
D. Alejandro Font de Mora
Turón, Doctor en Medicina, Profesor titular de Patología General y Propedeútica
Clínica en excedencia. Médico Forense de los Juzgados
de Instrucción núm. 7 y 19
de Valencia, Director del Instituto Anatómico Forense de Valencia.
D. Fernando A. Verdú
Pascual, Doctor en Medicina. Profesor Titular de Medicina Legal de la Facultad
de Medicina de Valencia. Médico Forense en excedencia.
D. Rafael Vicent García,
Licenciado en Medicina, Médico Forense de los Juzgados de Instrucción núm. 6 y
8 de Valencia.
D. José Delfín Villalaín
Blanco, Doctor en Medicina. Catedrático de Medicina Legal de la Facultad de
Medicina de Valencia. Especialista en Medicina Legal
y Forense.
Quedaba por decidir quién
iba a ser el encargado de dirigir las autopsias. La lógica y la tradición
hacían suponer que tendría que ser el Dr. Ros, como
titular del juzgado
encargado de investigar el caso, quien tendría que hacerlo. Sin embargo, esta
idea se desechó sin que se conozca el motivo.
También estaba la
posibilidad de que lo hiciera el profesor Villalaín, ya que era el de mayor
categoría académica de todos ellos, al ser Catedrático de
Medicina Legal. Pero tampoco
ocurrió así. Probablemente influyeron en esta decisión los numerosos escándalos
que han jalonado la trayectoria profesional
del Dr. Villalaín.
Buena muestra de ello es la
siguiente información publicada por el diario "EL PAÍS" el 8 de enero
de 1988, bajo el título "Contradicciones entre los peritos
sobre las causas de la
muerte de Agustín Rueda".
"...El tribunal mostró
su perplejidad ante la discrepancia entre los peritos sobre cuestiones técnicas
médicas, especialmente en la muerte de Rueda. Los
dos médicos propuestos por
la defensa (José Defín Villalaín y Angel Fernández Gaitán) reconocieron que en
ningún momento vieron el cadáver de Rueda ni
las lesiones de los otros
presos, y que sus afirmaciones se basan únicamente en las fotografías que
figuran en el sumario y en los informes redactados
por los forenses Gregorio
Arroyo, que asistió con el juez al levantamiento del cadáver, y Domingo Sastre,
a los que contradicen.
Antes de iniciarse la
confrontación entre los peritos, el abogado Jaime Sanz de Bremond,
representante de una de las acusaciones, denunció que el perito
José Delfín Villalaín no es
profesor de la Escuela de Medicina Legal, como pretende, aspecto que ratificó
el director del centro, Bonifacio Piga, que es
otro de los peritos que
interviene en el juicio. Villalaín, quién participó en el "caso
Almería" como perito de la defensa de los guardias civiles, mostró
un carné de la Escuela de
Medicina Legal firmado por el doctor Piga, que éste reputó como falsificado. A
raíz del "caso Almería", Villalaín ya fue denunciado
por presunta usurpación de
funciones.
Las aseveraciones de
Fernández Gaitán y de Villalaín respaldan la tesis de la defensa, según la
cual, Agustín Rueda habría sido golpeado por otros reclusos
cuando ya se encontraba en
la enfermería, en lugar de la tesis del fiscal y de a acusación privada, de que
Rueda fue objeto de una paliza brutal que le
causó la muerte propinada
por los funcionarios de prisiones procesados..."
Al final, sin que se sepa
muy bien porqué ni con qué criterio, se decidió que el Director sería el
profesor Verdú, algo inexplicable ya que este médico
se encontraba en excedencia,
es decir, que llevaba varios años sin realizar ninguna autopsia por orden de
algún juzgado.
A primera hora de la mañana,
con los alrededores del edificio abarrotados de periodistas, micrófonos y
cámaras que habían hecho guardia toda la noche, los
seis médicos entraron en el
Instituto Anatómico Forense. Alguien ya había colocado cada uno de los cuerpos
en una mesa de autopsias, una especie de camillas
metálicas dotadas de agua
corriente y de un desagüe.
Oficialmente, "a las 9
horas del día 28 de enero de 1993, en cumplimiento de orden judicial,
practicaron la autopsia al CADÁVER NÚMERO UNO, según se enumeraron
en el momento del
levantamiento".
Las primeras anotaciones que
hicieron los médicos en su informe, fueron acerca del aspecto general que
presentaba el cadáver que había sido extraído de
la fosa en primer lugar y
que se encontraba sobre la mesa de autopsias boca abajo, parcialmente apoyado
sobre el costado derecho.
"La cabeza está separada
del cuerpo. Los brazos aparecen colocados a la espalda del cadáver, con ambas
muñecas sujetas por una ligadura de doble nudo. El
cuerpo aparece totalmente
impregnado de tierra, en la que se observan algunas larvas de insectos en
escasa cantidad. Llama la atención que el antebrazo
izquierdo está desprendido a
nivel de la articulación del codo, faltando la masa muscular del antebrazo. La
parte superior izquierda de la cavidad torácica
ha sufrido fenómenos de
transformación, con desprendimiento de las costillas del lado izquierdo, de la
clavícula izquierda, de la escápula izquierda y
con desintegración de la
articulación del hombro. La cavidad torácica a este nivel comunica ampliamente
con el exterior".
El panorama era desolador:
la cabeza suelta, el brazo izquierdo partido y arrancado por el codo y con un
gran "boquete" a la altura del hombro izquierdo
que dejaba ver el interior
del pecho.
Tras la primera inspección,
los forenses detallaron las prendas de vestir que portaba el cadáver, que le
son retiradas respetando su integridad:
- suéter de tejido y color
claros.
- camiseta deportiva de
color claro sin inscripciones visibles.
- sujetador blanco, que
aparece perfectamente abrochado, en su posición habitual.
- pantalón vaquero azul,
marca Caroche-Classic Brand, que aparece perfectamente abotonado.
- cinturón de piel marrón,
de hebilla ancha, que aparece perfectamente cerrado.
- bragas blancas.
- calcetines de color morado
con franjas verdes en la parte superior.
- botas de color marrón, con
cordones, del número 38 de la marca Geneve.
Además, el cadáver portaba
los siguientes objetos personales :
- anillo de oro con una
piedra azul turquesa engarzada.
- reloj marca Capricho,
plateado, de esfera blanca y gran tamaño con su correspondiente pulsera metálica
elástica.
- ocho monedas.
- barra de labios de color
rosa marca Gobi.
-ligadura de doble nudo
fabricada con lo que parece ser una venda elástica de color blanco con un
ribete rojo en uno de sus bordes.
Resultaba macabro que los
forenses consideraran como un objeto personal de la víctima la venda con la que
su asesino o asesinos había atado sus muñecas,
pero así lo especificaron en
su informe.
Una vez que el cadáver
estuvo completamente desnudo se comprobó que se trataba de una mujer de una estatura
aproximada de un metro sesenta.
La putrefacción, según los
médicos, aparecía muy avanzada. En plena fase denominada científicamente
colicuativa, es decir, cuando los elementos orgánicos
se van transformando en
líquidos.
"Esta fase colicuativa
es claramente perceptible en el estudio interno del cadáver, pues hay
sustitución del paquete visceral por una masa amorfa y homogénea.
No obstante, a nivel
externo, la integridad cutánea es completa desde una línea imaginaria que
partiendo del hombro izquierdo concluye en la zona mamaria
derecha, esta línea se
extiende hacia abajo, ocupando el resto del cuerpo".
Es decir, el cadáver tenía
toda la piel del cuerpo intacta, pero le faltaba un enorme trozo del pecho y el
cuello también había desaparecido. Para explicar
la desaparición de la piel y
los músculos del pecho, los médicos lo achacaron a "una intervención
animal", dado que la parte del cadáver que faltaba era
la que se encontraba más
cercana a la superficie del enterramiento. Sin embargo, jamás aclararon que
tipo de animal se había comido parte del cuerpo del
cadáver número uno.
En relación a la cabeza
afirmaron que "la pérdida de partes blandas ha dado lugar al
desprendimiento de las vértebras cervicales con la consiguiente separación
de la cabeza; no existen
lesiones macroscópicas a nivel de las vértebras cervicales".
Es decir, a simple vista, no
vieron ningún tipo de señal de algún arma en las vértebras del cuello, pero
tampoco aclararon si estaban todas, ni se envió
ninguna a analizar para
comprobar que efectivamente carecían de lesiones. Por otra parte, resultaba
extraño que un animal devorara la piel y los músculos
del cuello y no dejara señal
alguna en las vértebras.
Además, resultaba difícil
entender que si la víctima conservaba íntegra toda la piel del cuerpo, la
cabeza fuera una auténtica calavera, "en fases muy avanzadas
de esqueletización". El
cuero cabelludo estaba desprendido, "encontrándose un amasijo de pelos que
corresponde a los cadáveres 1 y 2 en la bolsa del primer
cadáver". Inconcebiblemente,
el Dr. Ros, durante el levantamiento de los cuerpos había cogido las cabelleras
de los dos primeros cuerpos -que estaban juntas
en la fosa aunque las
cabezas estaban a bastante distancia- y las había introducido hechas un
revoltijo en una de las bolsas.
El siguiente paso de los
forenses fue lavar con agua a presión todo el cuerpo, en el que distinguieron
las siguientes lesiones:
- Hematoma redondeado de 4 x
3 centímetros en la cara posterior del tercio distal del brazo izquierdo.
- Surco muy apergaminado,
sin infiltración hemorrágica duro, de 1.5 centímetros de anchura, que rodea la
muñeca izquierda.
- Hematoma de forma
elíptica, con 10 centímetros de diámetro vertical mayor y 6 de diámetro menor,
horizontal situado en la parte posterior del hombro derecho.
- Hematoma alargado en
sentido vertical de 4 x 2 centímetros, en la cara interna del brazo derecho.
- Surco muy apergaminado,
sin infiltración hemorrágica duro, de 1.5 centímetros de anchura, que rodea la
muñeca derecha.
- Escoriación redondeada, de
3 centímetros de diámetro, situada en región dorsal, junto a la línea media, a
nivel de la décima vértebra dorsal.
- Hematoma redondeado de 1
centímetro de diámetro a cara de parte posterior de pierna izquierda.
- Hematoma cuadrangular, de
4 x 2 centímetros, situado en cara interna de muslo izquierdo.
-Hematoma alargado, de 8 x 2
centímetros, a nivel de cara lateral externa de pierna izquierda.
Además, los forenses
comprobaron que había innumerables moraduras, diseminadas sobre todo por la
espalda, nalgas y extremidades. Por su forma, los médicos
consideraron que habían sido
producidas
"por la acción violenta
de objetos, de superficie roma, morfología y consistencia variable".
Sin embargo, "aparecen
también hematomas a nivel de extremidades superior e inferior, cuyo mecanismo
de producción podría ser el de presión, dada la zona
de difícil accesibilidad en
la que asientan (parte interna del muslo, parte posterior de brazo y
antebrazo)".
Es decir, los forenses
consideraban que las lesiones que presentaba la víctima habían sido producidas
de dos formas: por golpes brutales propinados con
diferentes objetos y por
haber sido sujetada con gran fuerza por los muslos y los brazos.
Pero aun comprobaron que
había más heridas.
"Existen en ambas
muñecas lesiones del tipo de surcos, con hendidura my pronunciada, que habla a
favor de una intensa presión, por un lazo no blando, consistente
y mantenido. Sin embargo,
presentan un aspecto macroscópico (a simple vista) que indica una escasa
reacción de vitalidad, como si hubieran sido producidas
un corto tiempo antes del
fallecimiento".
Los médicos tenían claro que
las ataduras que rodeaban las muñecas del cadáver le habían sido colocadas poco
antes de morir.
Después examinaron la
cabeza, comprobando que en la "unión temporoparietal izquierda" (un
poco por encima de la sien) había un orificio, "cuyas características
generales se corresponden
con las de un orificio de entrada, por disparo por arma de fuego".
Curiosamente, la forma del
orificio era elíptica, midiendo por una zona 1,3 centímetros y por otra 0,9
centímetros. Y no encontraron orificio de salida.
Sin embargo, algo parecía ya
muy claro, la víctima había muerto de un disparo en la cabeza.
También observaron que en el
cráneo había un hematoma redondeado de dos centímetros de diámetro, situado dos
centímetros por encima de la protuberancia
occipital externa y que en
la cuenca que ocupó el ojo derecho había materia orgánica de color oscuro, que
hacía suponer una fuerte hemorragia.
Igualmente llamaba la atención
que en la mandíbula superior faltaran los dos incisivos mediales, y en la
inferior el segundo premolar del lado derecho y
el segundo molar del lado
izquierdo.
Para finalizar el examen
externo, los forenses anotaron un detalle mas:
"en los incisivos
inferiores se observan incrustaciones minerales en el borde superior,
compatibles con una permanencia prolongada del cuerpo en terreno
de naturaleza
calcárea".
El examen externo del cuerpo
había terminado, pero los forenses no habían aclarado, ni lo harían nunca,
algunos importantes interrogantes:
¿Qué mecanismo había
producido la rotura del brazo izquierdo a nivel del codo y el arrancamiento del
antebrazo?
¿Que animales se habían
comido la parte que faltaba del cuerpo?
¿Cuántas vértebras
cervicales faltaban y porqué?
¿Qué instrumento había
podido producir un hematoma cuadrangular en la parte interna del muslo
izquierdo?
¿Dónde estaban los dos
dientes y las dos muelas que le faltaban al cadáver? ¿Porqué faltaban?
La siguiente fase de la
autopsia fue el examen interno del cuerpo. Los forenses comenzaron por la
cabeza. Limpiaron el cráneo por fuera y pasaron a realizar
una de las más desagradables
tareas para cualquier médico forense: serrar el cráneo para comprobar lo que
existe en su interior. En este caso pudieron
ver que la putrefacción
había convertido el cerebro y el cerebelo en "una masa amorfa de color
grisáceo-azulado de consistencia blanda pastosa".
Cuando la retiraron y
observaron el interior del cráneo, comprobaron que había un proyectil incrustado
justo encima de la órbita que ocupó el ojo derecho.
Curiosamente, esta bala no
se había deformado lo más mínimo, pese a que había atravesado los huesos de la
cabeza y había provocado una fisura de 5 centímetros
en el cráneo al chocar en su
interior.
Los forenses continuaron la
autopsia con la zona del pecho y lo primero que estudiaron fue la piel que lo
cubría, "apreciándose que los bordes del mismo
son irregulares y
desflecados, correspondiéndose este aspecto con que la destrucción de la misma
se produjera a cargo de los animales de la zona".
Una vez más los
especialistas achacaban a unos desconocidos "animales de la zona" el
haber hecho desaparecer parte del pecho.
También apreciaron una zona
oscura entre las costillas segunda, tercera y cuarta de la parte derecha, que
se debía a una gran hemorragia que la víctima
sufrió aún con vida,
probablemente a causa de un fortísimo golpe, aunque los forenses no aclararon
con que instrumento o arma se le produjo.
Sin embargo, el dato más
espeluznante que encontraron en la parte superior del cadáver fue que la
columna vertebral estaba desarticulada. Las seis primeras
vértebras de la columna
estaban "desarmadas" y "dispersas por la zona".
Los pulmones y el corazón de
la víctima no se podían ni tan siquiera distinguir, ya que se habían convertido
en putrílago.
Pero aún había más en la
zona pectoral: una herida abierta en forma de corte en el pecho izquierdo.
Para terminar con el examen
interno del cadáver, abrieron el abdomen, encontrando que las vísceras estaban
muy alteradas por los fenómenos putrefactivos.
Sin embargo , "el
estómago está conservado; a la apertura se aprecia una substancia de color
anaranjado.
De todo el examen interno
que los seis forenses realizaron del cadáver se aumentaba la lista de los
interrogantes que los forenses dejarían para siempre
sin respuesta:
¿Cómo pudo romperse la
columna vertebral? ¿Qué explicación había para que las seis vértebras dorsales
más cercanas al cuello estuvieran separadas de la
columna y desperdigadas por
el interior del pecho?
¿Qué tamaño tenía la herida
que había en el pecho y con qué arma se había producido?
¿De qué se trataba la
sustancia anaranjada que encontraron en el interior del estómago? ¿Porqué no se
mandó a analizar?
Los forenses, conscientes de
que probablemente la víctima pudiera haber sufrido algún tipo de abuso sexual,
dejaron para el final el estudio de la zona
anal y genital.
Lo primero que observaron
fue la gran dilatación del orificio anal,
"que presenta un
diámetro aproximado de 5 centímetros". Según anotaron los médicos en su
informe "no es descartable que dicha dilatación pudiera tener un
origen forzado, derivada de
la introducción de un objeto o parte anatómica a través de dicho orificio en
vida o postmorten (después de muerta). En todo
caso dicho objeto o parte
anatómica carecería de bordes afilados o rugosos, ya que no se ha apreciado la
existencia de erosiones o lesiones en la mucosas".
Además comprobaron que el
orificio anal presentaba "abundantes restos fecales", es decir, la
víctima había hecho sus necesidades poco antes de morir, algo
que convertía aún en más
inexplicable la extraña sustancia que contenía el estómago del cadáver.
Continuando la inspección
externa comprobaron que, a simple vista "no se aprecia lesión alguna en el
orificio anal, en la zona cutánea que le rodea o en
los primeros tramos de la
mucosa rectal".
Igualmente, "en la
región genital, no se aprecian lesiones a nivel de labios mayores o
menores".
Pero, lo que más sorprendió
gratamente a los forenses, después de las barbaridades que habían tenido que
observar, fue que :
"no se aprecian
soluciones de continuidad traumáticas en el repliegue mucosa que ocluye
parcialmente la entrada de la vagina".
Es decir, la víctima tenía
el himen intacto y había muerto virgen.
Para finalizar la autopsia,
realizaron "la apertura de las cavidades vaginal y rectal, sin que en
ninguna de ambas se encuentre ningún tipo de alteración
traumática".
Afortunadamente no tenía herida alguna en sus partes más íntimas.
El siguiente paso fue
"la toma de muestras orgánicas procedentes del cadáver, a fin de que se
realicen las oportunas investigaciones analíticas en el Instituto
Nacional de
Toxicología".
Una decisión tremendamente
polémica puesto que estos seis forenses ya sabían que al día siguiente otro
médico, el profesor Frontela, iba a realizar una
segunda autopsia. Sin
embargo, debía correrles mucha prisa enviar las muestras a Madrid, antes de que
las viera el profesor Frontela.
Esto fue lo que amputaron al
cadáver:
- dos fragmentos cutáneos de
muñeca derecha.
- mano izquierda.
- mano derecha.
- fragmento cutáneo perineal
que incluye orificios anal y vaginal.
- cráneo.
Asimismo, se remiten al
Instituto Nacional de Toxicología una bolsa conteniendo las bragas, para que se
efectúe búsqueda de fluidos orgánicos y, si procede,
identificación.
Antes de terminar su
informe, los forenses pusieron por escrito un dato importante:
"Se efectúa reportaje
fotográfico durante la práctica de la autopsia, a cargo del servicio
fotográfico del Instituto Anatómico Forense de Valencia y de
personal del Gabinete de
Policía Científica de la Guardia Civil".
¿Para qué querían hacer
fotografías de la autopsia los miembros de la Guardia Civil? Alguien puede
pensar que para conocer en profundidad las lesiones que
presentaba el cadáver, de
cara a realizar un mejor trabajo de investigación. Sin embargo, si esto fuera
así les hubiera bastado con pedir las realizadas
por el servicio fotográfico
del Instituto Anatómico Forense. Sin embargo, querían hacerlas ellos mismos.
Pero, ¿qué es lo que fotografiaron?
Años después, Jesús Jiménez
Jiménez, uno de los guardias civiles que realizaron las fotografías declaró
bajo juramento que fotografiaban lo que les iban
indicando los médicos:
"Que el número de
fotografías que se realiza bajo mi punto de vista, los que dirigen el tema de
las fotografías son los forenses, no sigo mi criterio.
Que cada fotografía que
hacía era por indicación de los médicos forenses, así era normalmente.
Que cada una de ellas son
hechas bajo las instrucciones de cualesquiera de los médicos forenses".
Sin embargo, los forenses
siempre han repetido ante los jueces que ellos jamás dieron indicación alguna a
estos guardias civiles de las fotos que tenían
que realizar. ¿Quién no ha
dicho la verdad?
De lo que desde luego no
existe ninguna duda es que alguien tiene guardadas en un cajón muchas de las
fotografías de la autopsia, ya que los médicos, antes
de las conclusiones,
pusieron por escrito una curiosa coletilla: "Se adjunta resumen de dicho
reportaje fotográfico al presente informe".
¿Porqué sólo un resumen?
¿Dónde están las demás? Lógicamente asalta la duda: ¿Qué se veía en esas otras
fotografías?
Por que hay un detalle
realmente asombroso e inexplicable, sobre todo teniendo en cuenta que había 4
personas haciendo fotografías. Y es que no hay una
sola imagen en todo el
sumario, de las autopsias propiamente dichas. No hay ni una sola fotografía del
interior de los cuerpos, ni de sus vísceras.
Pero, lo que se les olvidó
reseñar a los forenses en su informe es que, además de fotografías, otros dos
miembros de la Guardia Civil filmaron en vídeo
esta autopsia y las dos
siguientes. Y, desde luego, no lo hicieron por recomendación ni orden de los
médicos forenses, a tenor de lo declarado bajo juramento
por el Dr. Verdú:
"Quisiera hacer la
precisión de que el vídeo no es un vídeo que fuera dirigido por nosotros, sino
que fue realizado, sino recuerdo mal por la propia Guardia
Civil, pero no fue una cosa
que dirigiéramos nosotros".
Tampoco la orden de realizar
el vídeo provino del juez, puesto que si así hubiera sido constaría por escrito
en algún documento del sumario. La pregunta
entonces parece obvia: ¿por
orden de quién y para qué filmaron los guardias civiles la autopsia?
Después de poco más de dos
horas de trabajo, los seis médicos finalizaban el informe de autopsia del
denominado cadáver número Uno diciendo:
"De lo anterior se
deducen lógicamente las siguientes CONCLUSIONES :
1.- Las características
generales del cadáver y las ropas y objetos personales encontrados en el mismo
se corresponden con las de ANTONIA GOMEZ RODRIGUEZ.
2.- La muerte ha sido
violenta.
3.- La muerte se produjo con
absoluta seguridad por destrucción de centros vitales encefálicos.
4.- Dicha destrucción de
centros vitales encefálicos se produjo como consecuencia de una herida por arma
de fuego.
5.- Dicha herida por arma de
fuego tiene las siguientes características :
- Orificio de entrada a
nivel temporoparietal izquierdo, con morfología elíptica de 1.3 x 0.9
centímetros.
- Trayectoria en la cavidad
craneal de detrás a delante, de izquierda a derecha y ligeramente descendente.
- Alojamiento del proyectil
en lámina orbitaria derecha del hueso frontal.
- No es posible precisar
absolutamente la distancia desde la que fue efectuado el disparo con los datos
obtenidos en el examen macroscópico, si bien cabe
descartar el disparo a boca
de jarro (el que se realiza con la boca de el arma en contacto con la piel).
6.- En el cadáver aparecen
múltiples lesiones de tipo contusivo, fundamentalmente a nivel de plano
posterior del mismo y extremidades. La mayoría de estas
lesiones presentan claros
signos de reacción vital.
7.- En el cadáver aparece
una pronunciada dilatación anal compatible con la introducción de un objeto o
parte anatómica a través de dicho orificio en vida
o postmortem.
8.- El cadáver presenta
signos de haber sido atadas las manos mediante un lazo no blando, dicha atadura
debió producirse antes del fallecimiento.
9.- Los datos obtenidos del
estudio de la evolución de los fenómenos cadavéricos, hacen compatible el
establecimiento de una data de la muerte de al menos
dos meses.
No es posible precisar con
mayor exactitud el momento del fallecimiento, debido a los fenómenos
putrefactivos y al deterioro adicional del cuerpo por la
acción de fauna y flora
cadavérica."
Tras un corto descanso, los
seis forenses continuaron su trabajo y "A las 12 horas del día 28 de enero
de 1993, en cumplimiento de orden judicial, practicaron
la autopsia al CADÁVER
NÚMERO DOS, según se enumeraron en el acto del levantamiento".
El segundo cadáver aparecía
sobre la mesa de autopsias tumbado sobre el lado derecho y con las piernas
flexionadas.
Tenía igualmente la cabeza
está separada del cuerpo, aunque en este caso la mandíbula también estaba
separada del cráneo.
Junto al cadáver estaba
"el cuero cabelludo desprendido formando un magma en el que resulta
imposible diferenciar a simple vista su pertenencia a los distintos
cuerpos en estudio.
Los brazos aparecen en la
parte delantera del cuerpo, con las muñecas atadas con una ligadura en forma de
grilletes.
El cuerpo aparece totalmente
impregnado de tierra, en la que se observa escasa cantidad de larvas de
insectos. Llama la atención en el primer examen del
cuerpo la ausencia de la
mano izquierda, que aparece desarticulada, con los huesos del carpo,
metacarpianos y falanges diseminados".
Este segundo cadáver vestía
las siguientes ropas :
- cazadora de color azul
metálico con múltiples bolsillos de cremallera que aparecen cerrados.
- camiseta de color no
precisable pero de tonalidad clara. Presenta un corte vertical en la parte
delantera que llega - desde el cuello hasta el borde inferior
de la prenda.
Esta camiseta había sido
cortada de arriba a abajo por la parte delantera y las dos mitades estaban
unidas con un doble nudo, de forma similar a como se
colocan las camisas anudadas
algunos bailaores. Los forenses también observaron que en la parte de la
espalda de esta camiseta había dos agujeros, de unos
dos centímetros y medio de
largo, en forma de ojal. Estaban situados a unos 25 y 40 centímetros
respectivamente, del cuello de la prenda y junto a ellos
había "unas manchas de
color rosado claro que pudieran corresponderse con la existencia de restos
hemáticos". Parecía evidente que esos dos agujeros habían
sido producto de dos
cuchilladas que la víctima sufrió por la espalda.
- sujetador de color claro.
También había sido cortado limpiamente en el centro de la parte delantera.
"En la cazoleta derecha, aparece una mancha redondeada,
rojiza, de aspecto costroso,
que pudiera corresponderse con una mancha hemática (de sangre). Esta prenda se
encuentra colocada en su posición habitual".
- pantalones vaqueros de
color azul claro, marca Levis, perfectamente abotonados, que llevan en la parte
posterior de ambas perneras, dos parches de tejido
similar.
- cinturón de piel oscura,
de hebilla ancha, que aparece perfectamente cerrado.
- bragas de color blanco con
rayas verdes.
- el cadáver NO lleva
calcetines.
- zapatos de color azul, con
suela gruesa de goma, de la marca Highlanders-Snipe. En el interior de los
zapatos hay unas plantillas de las usadas para la
transpiración.
- presenta una ligadura en
forma de grilletes fabricada con una cuerda gruesa.
El cadáver llevaba además
los siguientes objetos personales:
- reloj marca Adec de
cuarzo, de color negro, con esfera blanca.
- tres monedas.
-barra de pintalabios de
color rosa.
Tras serle retiradas las
ropas observaron que en este caso también se trataba del cadáver de una mujer,
"de una estatura total de unos 165 centímetros".
Igualmente, "la
putrefacción aparece muy avanzada, encontrándose en plena fase colicuativa
(cuando las partes sólidas se transforman en líquidos)". Sin
embargo, hay un detalle que
a los forenses les llamó poderosamente la atención:
"A nivel externo, la
integridad cutánea es superior a la que cabría esperar en relación con la
situación visceral, como consecuencia de la producción de
fenómenos espontáneos de
conservación cadavérica en función de las características del medio en el que
permaneció el cuerpo".
Es decir, externamente el
cadáver estaba mucho mejor conservado de lo previsible y la respuesta que para
ello encuentran los seis médicos forenses está
en la composición y las
características del terreno donde estuvo enterrada la víctima. Una afirmación
difícil de entender si como los forenses afirmaron
los tres cuerpos estuvieron
siempre juntos y enterrados en un único sitio. ¿Cómo se puede explicar que el
segundo cadáver esté mejor conservado de lo lógico
y los otros dos no, si
estaban en el mismo lugar?
También en este segundo
cuerpo, según los forenses, "la pérdida de partes blandas ha dado lugar al
desprendimiento de las vértebras cervicales, con la consiguiente
separación de la
cabeza".
La explicación que
encuentran es muy sencilla: la putrefacción ha hecho desaparecer toda la piel y
la carne del cuello y de la cabeza y por eso las vértebras
estaban sueltas y el cráneo
desprendido. Sin embargo resulta difícil entender que la misma putrefacción no
haya afectado a ningún otro centímetro de piel
del cuerpo, que solo haya
desaparecido la piel y la carne del cuello y de la cabeza, y no de ninguna otra
parte del cadáver. Bueno, si, supuestamente también
de la mano izquierda. La
derecha la tiene integra y perfectamente conservada y la izquierda no existe,
tan solo aparecen algunos huesos. La explicación
que dan los forenses, es la
misma que con el cuello y la cabeza. Según los seis médicos, la putrefacción ha
hecho desaparecer absolutamente toda la piel
y la carne de la mano izquierda
y por eso los huesos se han desarticulado. Sin embargo, esa misma putrefacción
no ha afectado para nada al brazo de la
muñeca para arriba ni
tampoco a la otra mano.
Resultaba sin duda
sorprendente el estado en que se encontraban los cuerpos, ya que por algunos
detalles parecía que se trataba de cadáveres que llevaban
enterrados muy pocos días,
mientras que otros detalles hablaban de más de un año de enterramiento.
El eminente profesor Juan
Antonio Gisbert Calabuig, Catedrático de Medicina Legal y Toxicología de la
Universidad de Valencia y una de las grandes figuras
españolas de la medicina
forense, en su obra "Medicina Legal y Toxicología" (obra que los
forenses que hicieron las autopsias de Miriam, Toñi y Desirée
citan en numerosas ocasiones
en su informe y en la cual participa como autor el propio Dr. Verdú, director
de estas autopsias) explica de la siguiente
forma la evolución de la
putrefacción:
"La putrefacción
evoluciona en el cadáver en cuatro fases o periodos bien caracterizados:
1.- Periodo colorativo o
cromático.
Se inicia con el primer
síntoma objetivo de la putrefacción, la mancha verde, localizada inicialmente
en la fosa ilíaca derecha (en el vientre), pero que
después se extiende a todo
el cuerpo. Esta primera coloración verdosa se va oscureciendo progresivamente
hasta asumir un tono pardo negruzco. Este periodo,
que se inicia de ordinario
24 horas después de la muerte, dura varios días.
2.- Periodo enfisematoso o
de desarrollo gaseoso.
Se caracteriza por el
desarrollo de gran cantidad de gases que abomban y desfiguran todas las partes
del cadáver; hincha la cabeza, en donde los ojos presentan
un acusado exorbitismo y la
lengua aparece proyectada al exterior de la boca; los genitales masculinos
llegan a adquirir volúmenes verdaderamente monstruosos
y la red venosa superficial
se hace muy aparente en todas las regiones corporales. Este periodo tiene una
duración de varios días, a veces hasta un par
de semanas.
3.- Periodo colicuativo o de
licuefacción.
Los gases se irán escapando
y el cuerpo irá perdiendo el aspecto macrosómico que tuvo en el periodo
anterior. En la cabeza los ojos se hunden, se aplastan
las alas de la nariz, se
denuda (desnuda) el cráneo y, más tarde, se destruyen las partes blandas de la
cara. Todos los órganos están reblandecidos y dejan
escapar una serosidad sucia.
Sin embargo, una autopsia realizada en este momento aún puede proporcionar
numerosas informaciones, por cuanto los órganos
permanecen individualizados
y su continuidad está intacta. La fase colicuativa dura varios meses, de 8 a 10
generalmente.
4.- Periodo de reducción
esquelética.
Paulatinamente, durante un
periodo que oscila entre 2 y 3 años, hasta un máximo de 5, todas las partes
blandas del cadáver irán desapareciendo a través
de su licuefacción y
transformación en putrílago. En la cabeza resisten más tiempo las mejillas y
orejas, hasta que llega un momento en que sólo quedan
unos residuos en la región
malar (de las mejillas). La cabeza se desprende del tronco cuando desaparecen
los elementos de unión, lo que tiene lugar al
final de este periodo.
Finalmente todo el putrílago acaba por desaparecer, llegando así el cadáver a
su total esqueletización, que estará establecida por
completo después de 5
años".
Ateniéndonos a lo publicado
por el prestigioso catedrático Gisbert Calabuig, la cabeza se desprende del
tronco al final del periodo de reducción esquelética,
es decir, entre 2 y 3 años
después del fallecimiento de una persona. ¿Cómo podía ser entonces posible que
los cadáveres Uno y Dos tuvieran la cabeza esqueletizada
y separada del tronco si
únicamente podían llevar enterradas un máximo de 75 días? ¿Qué explicación
había para que todas las partes blandas de la cara
hubieran desaparecido
completamente en tan corto espacio de tiempo? ¿Cómo podía ser posible que en
menos de tres meses se hubiera esqueletizado una de
la manos y algunos de sus
huesos aparecieran desperdigados?
Continuando con el examen
externo del cadáver número dos, los forenses anotaron dos datos más: La
mandíbula se había soltado de la cabeza y el cuero cabelludo
también aparecía
desprendido.
Pero había un detalle igual
de espeluznante que en el cadáver anterior: "la parte superior izquierda
aparece fuertemente afectada, con desarticulación del
húmero, escápula y clavícula
de ese lado y desaparición del espacio anatómico subclavio, estableciéndose
comunicación entre el exterior y el interior de
la cavidad".
Al igual que el primer
cadáver, este segundo presentaba un enorme "boquete" en la misma
zona: el hombro izquierdo. Y la explicación que los médicos encontraron
fue la misma: "esta
destrucción de la parte superior izquierda del tórax es probablemente debida a
la intervención animal".
Sin embargo, en el cadáver
anterior añadían que era lógico que los animales se hubieran comido esa parte
que faltaba ya que era la más cercana a la superficie
del enterramiento. Sin
embargo, esa explicación ya no servía para este segundo cuerpo que estaba
enterrado a más profundidad y con otro cadáver encima.
Y como no debieron encontrar
respuesta alguna, optaron por no escribir nada en su informe acerca del porqué
habían devorado los animales esa parte del
cuerpo del cadáver número
dos.
Inmediatamente después de
ese primer examen superficial y tras un minucioso lavado del cadáver, los
forenses apreciaron las siguientes lesiones en el cuerpo,
los brazos y las piernas:
- Hematoma redondeado de 0.5
centímetros de diámetro en cara posterior del codo izquierdo.
- dos hematomas redondeados
de diámetro aproximado de 1 a 1.5 centímetros, situados en cara posterointerna
de la raíz de muslo izquierdo.
- hematoma cuadrangular, de
bordes muy bien definidos, con dimensiones de 2 x 2 centímetros, a nivel de
cara interna de rodilla derecha.
- hematoma cuandrangular de
1 x 1 centímetros de superficie en cara posterointerna de pierna derecha.
- hematoma de 5 x 3
centímetros de superficie en cara posterior de pierna derecha, a nivel de la
línea media.
- hematoma redondeado de 1
centímetro de diámetro, situado en parte superior y posteroexterna del muslo
derecho.
Al igual que en el caso
anterior, estas lesiones -según los forenses- habían sido producidas por golpes
con diferentes objetos duros de superficie roma.
Igualmente comprobaron que
"las lesiones existentes a nivel de ambas muñecas presentan un aspecto que
indica una discreta reacción de vitalidad". Es decir,
que al igual que en el caso
anterior, las ligaduras que ataban sus muñecas habían sido colocadas muy poco
antes de morir o, incluso, después de muerta.
Pero, desgraciadamente,
había mucho más: "La cubierta
cutánea de la parte posterior del cuerpo aparece desprendida, habiendo
desaparecido en una amplia
región que ocupa todo el
espacio dorsal y la parte superior de la región lumbar. Los bordes cutáneos que
persisten son irregulares, presentando una morfología
festoneada que sugiere la
intervención de los animales como mecanismo de producción de la ruptura".
Era inimaginable. Toda la
piel de la espalda había sido desprendida y faltaba la mayor parte desde los
hombros hasta casi los riñones y para los forenses
estaba claro que habían sido
los animales quienes se lo habían comido. Inexplicablemente, nunca dijeron que
tipo de animales lo habían hecho. Además, había
dos interrogantes a los que
resultaba imposible encontrar una respuesta mínimamente lógica:
¿Cómo podían unos
desconocidos animales haber devorado la espalda del cadáver, que estaba vestido
con una cazadora perfectamente abrochada y una camiseta,
sin producir rotos en
ninguna de estas dos prendas? ¿Cómo podía ser esto posible si el cadáver estaba
enterrado debajo de otro cuerpo?
Cuando aún los forenses no
se habían repuesto de la impresión provocada por la tremenda barbarie que
estaban observando, iban a comprobar una muestra de
lo que es capaz de hacer el
sadismo humano:
"Finalmente se observa
una amputación traumática del pezón derecho y de la areola correspondiente. Los
bordes de esta amputación traumática son limpios,
bien definidos, y con
irregularidades lo que sugiere que éste fue realizado con la participación de
algún instrumento de componente cortante y de algún
mecanismo en el que pudiera
haber participado la prensión, el corte y la tracción".
En esta brutal herida los
forenses apreciaron "escasa reacción vital en los bordes, lo cual sugiere
una producción muy cercana al momento de la muerte,
aunque existen abundantes
restos hemorrágicos en parte anterior del tórax y parte derecha del sujetador,
lo cual indica una situación de vitalidad en el
momento de sufrir la
lesión".
Le habían arrancado el pezón
derecho y areola que le rodea muy poco antes de asesinarla.
El siguiente paso fue
examinar la cabeza, que estaba convertida en una calavera. Y nuevamente
comprobaron la existencia de un orifico redondeado, con un
diámetro de un centímetro,
que estaba situado en la región occipital, en la nuca. Según los médicos tenía
las características "de un orificio de entrada
producido por arma de
fuego".
Al igual que en el cadáver
anterior no existía un segundo orificio de salida. Sin embargo, los huesos de
la nariz estaban fracturados y existía una brecha
de algo más de un centímetro
debajo de la órbita ocular izquierda. Estos signos, según los forenses, eran
"compatibles con las de un artefacto producido
por la salida de un
proyectil".
Continuando la inspección de
la cabeza, comprobaron que al cadáver le faltaban dos dientes, concretamente
los dos incisivos de abajo.
Al finalizar el examen
externo del cadáver número DOS, los interrogantes sin respuesta iban
aumentando:
¿Porqué había desaparecido
la mano izquierda?¿Porqué existía un gran "boquete" en el hombro
izquierdo, en la misma zona que lo tenía el primero de los cadáveres?¿Cómo
habían podido comerse unos
desconocidos animales prácticamente toda la espalda si el cadáver estaba
vestido y no existían mordeduras en las ropas?Los dientes
que faltaban, ¿habían sido
arrancados o se habían caído producto de la putrefacción? Si el motivo era el
segundo, ¿porqué no aparecieron en la fosa?
El siguiente paso fue abrir
el cráneo donde "aparece una masa homogénea de color verdoso de
consistencia blanda pastosa en la que no se puede distinguir
a simple vista ninguna de
las estructuras cerebrales". Una vez retirada ésta se comprueba que en la
cabeza existen dos fisuras, una de 8 y otra de 10 centímetros
y dos fracturas. La causa de
estas lesiones, según los forenses, habría sido el choque de la bala al romper
los huesos de la nariz antes de salir por la
órbita del ojo izquierdo.
El informe forense
continuaba relatando un hecho que no se produjo durante esta operación de
autopsia. Textualmente decía: "En un momento posterior y al
proceder al cernido e
inspección sistemático y rutinario del material contenido en los sudarios, en
el correspondiente al cadáver número 2, se haya un
proyectil que es puesto a
disposición del Juzgado".
Según esto, alguien
posteriormente a las autopsias se había encontrado una bala en la bolsa de
plástico en la que fue trasladado el cadáver. ¿Cómo había
llegado hasta allí? Si según
los médicos la bala había atravesado el cráneo, ¿cómo era posible que se
encontrara suelta en el sudario? Desgraciadamente,
este detalle iba a ser uno
más de los interrogantes sin respuesta de este caso.
Siguiendo el orden de la
autopsia, los seis forenses analizaron la cavidad torácica, comenzando por la
espalda donde observaron "una masa amorfa y de color
rojizo cuyo aspecto se
corresponde con el de una colección hemática". Esos supuestos restos de
sangre (supuestos porque nunca se analizaron), estarían
en una zona coincidente con
los dos agujeros encontrados en la parte posterior de la camiseta,
concretamente a nivel de la décima vértebra dorsal, pegado
a la izquierda de la columna
vertebral. Para los forenses esto dejaba claro que la víctima había recibido
dos cuchilladas en la espalda cuando aún vivía.
Después "se realiza
estudio de piel y tejido subcutáneo en la parte anterior del tórax, no
encontrándose signos manifiestos de infiltración hemorrágica
en la zona que rodea a la
herida de la zona correspondiente a areola y pezón derecho".
Es decir no hay el menor
rastro de sangre en los bordes de la brutal amputación del pezón, algo
prácticamente imposible si la amputación se realizó en vida
de la víctima.
El último paso en el
análisis del pecho es la apertura de la cavidad, observándose "que el
corazón y los pulmones se han transformado en putrílago, siendo
sustituidos por una masa
amorfa, a excepción de algunos restos identificables del pulmón derecho".
Posteriormente abrieron el
abdomen comprobando que el "estómago está conservado y a la apertura
aparece totalmente vacío. Hígado y bazo aparecen fuertemente
desfigurados por la
putrefacción y sin que se aprecie existencia de lesiones traumáticas; no se
puede visualizar la vesícula biliar. No hay hallazgos de
interés en ambos
riñones".
Como en el caso anterior,
los forenses dejaron para el final el examen ginecológico.
Lo primero que aprecian es
"una notable dilatación del orificio anal, que presenta unas dimensiones
de 4 x 5 centímetros y abundantes restos fecales en
las paredes. Mediante un
fiador adecuado, se logra la penetración sin resistencia hasta 13 cm".
Además, "en los
alrededores del orificio anal, se aprecia existencia de hematoma, y de pequeñas
excrecencias blancas, esféricas, de diámetro inferior a
1 x 2 milímetros".
Según los forenses estas excrecencias probablemente serían hongos, pero tampoco
se sabe con certeza, ya que no se enviaron a analizar.
En el interior de la cavidad
rectal observaron pequeñas erosiones en la zona pegada al orificio anal y un
pequeño hematoma de 1 x 2 centímetros en parte
derecha del interior del
recto.
En el estudio de los
genitales y en labios mayores de la vagina, observaron "una pequeña
equimosis en el labio mayor izquierdo de 2 x 2 centímetros" y en
la pared del labio mayor
derecho había "un pequeño hematoma de 1 x 0.5 centímetros". No se
aprecian soluciones de continuidad traumáticas recientes en
los repliegues membranosos
vulvo vaginales.
Una vez abierta la cavidad
vaginal, "se observa una equimosis redondeada de 0.5 centímetros, en la
parte izquierda y en la parte superior se aprecia la
existencia de una alteración
en la mucosa, en una superficie de 0.5 x 0.5 centímetros, apareciendo esta
rugosa y pigmentada".
Además, "en el interior
de la cavidad vaginal, situado bastante en profundidad, se encuentra un cuerpo
extraño de un volumen aproximado de 1 centímetro
cúbico, que no se puede
identificar mediante el examen a simple vista".
¿Que hacía un cuerpo
extraño, que seis forenses eran incapaces de saber lo que era, en el interior
de la vagina?
Una vez finalizada la
autopsia, tal y como hicieron con el cadáver anterior, amputaron diversas zonas
del cuerpo para enviarlas a analizar ese mismo día
al Instituto Nacional de
Toxicología de Madrid.
Después de algo menos de dos
horas los forenses dedujeron "lógicamente las siguientes CONCLUSIONES
":
1.- Las características generales
del cadáver y las ropas y objetos personales encontrados en el mismo se
corresponden con las de ...
2.- La muerte ha sido
violenta.
3.- La muerte se produjo por
destrucción de centros vitales encefálicos.
4.- Dicha destrucción de
centros vitales encefálicos se produjo como consecuencia de una herida por arma
de fuego.
5.- Dicha herida por arma de
fuego tiene las siguientes características :
- orificio de entrada a
nivel occipital, en la línea media, 2.5 centímetros sobre protuberancia
occipital externa. Tiene morfología redondeada, con dimensiones
de 1 x 1 centímetro.
- trayectoria en la cavidad
craneal de detrás a adelante, muy ligeramente descendente y desviado hacia la
izquierda.
- orificio de salida del
disparo está situado a nivel de pared interna de órbita izquierda.
- no es posible precisar la
distancia desde la que fue efectuado el disparo, con los datos del examen
macroscopico, si bien cabe descartar el disparo a
boca de jarro ( el que se
realiza con la boca del arma en contacto con la piel).
6.- En el cadáver aparecen
múltiples lesiones de tipo contusivo, fundamentalmente a nivel del plano
posterior del mismo y extremidades. Las características
de la mayoría de estas
lesiones sugieren la producción de las mismas en vida.
7.- La colección hemática
que aparece en la región dorsal del cadáver, a nivel de la 10 dorsal
inmediatamente a la izquierda de la columna vertebral se
corresponde topográficamente
y esta en relación con los orificios de la parte posterior de la camiseta que
portaba la víctima.
8.- En el cadáver aparece
signos de amputación traumática del pezón y areola derecha.
Las características de los
bordes de la amputación traumática son compatibles con la intervención de arma
blanca, si bien no puede descartarse la actuación
de mecanismos de tracción.
9.- En el cadáver aparecen
signos de violencia de tipo sexual a nivel vaginal.
10.- En el cadáver aparece
una muy pronunciada dilatación anal compatible con la penetración de un objeto
o parte anatómica a través de dicho orificio en
vida o postmorten.
11.- Los datos obtenidos del
estudio de la evolución de los fenómenos cadavéricos, hacen compatible el
establecimiento de una data de la muerte de al menos
dos meses.
No es posible precisar con
mayor exactitud el momento del fallecimiento, debido a los fenómenos
putrefactivos y al deterioro adicional del cuerpo por la
acción de fauna y flora
cadavérica.
En el examen de la boca cabe
reseñar la existencia en los incisivos inferiores, de incrustaciones minerales
en el borde superior, compatibles con una permanencia
prolongada del cuerpo en
terreno de naturaleza calcárea.
La gravedad y brutalidad de
las lesiones sufridas por las víctimas no fue óbice para que los seis médicos
forenses solventaran las autopsias en bastante
menos tiempo del habitual,
como si tuvieran el horario marcado y " A las 15 horas del día 28 de enero
de 1993, en cumplimiento de orden judicial, practicaron
la autopsia al CADÁVER
NÚMERO TRES, según se enumeraron en el acto del levantamiento".
El cadáver se encontraba
sobre la mesa de autopsia tumbado boca arriba, con las piernas flexionadas y
caídas hacia el lado derecho.
Como en los dos anteriores
"la cabeza está separada del cuerpo", algo que se contradice con los
testimonios de todas las personas presentes cuando sacaron
el cuerpo de la fosa,
incluido el juez, que afirmaron lo contrario.
También en este caso
"junto al cadáver aparece cuero cabelludo desprendido formando un magma en
el que resulta imposible diferenciar a simple vista su pertenencia
a los distintos cuerpos en
estudio". Los forenses no le dieron en su informe mayor importancia a este
hecho, al fin y al cabo los tres cuerpos tenían el
cuero cabelludo desprendido
de la cabeza.
Sin embargo, según los
médicos podía haber cuatro cabelleras:
Cadáver UNO: "El cuero
cabelludo aparece desprendido encontrándose un amasijo de pelos que corresponde
a los cadáveres 1 y 2 en la bolsa del primer cadáver".
Cadáver DOS: "Junto al
cadáver aparece cuero cabelludo desprendido formando un magma en el que resulta
imposible diferenciar su pertenencia a los distintos
cuerpos en estudio".
Cadáver TRES: "Junto al
cadáver aparece cuello cabelludo desprendido formando un magma en el que
resulta imposible diferenciar a simple vista su pertenencia
a los distintos cuerpos en estudio".
¿Cómo podía ser esto
posible?
Pero, además, los forenses
no enviaron a analizar ninguno de los cueros cabelludos ni comprobaron si
existía sangre en los cabellos de las víctimas.
También en este caso la
mandíbula aparecía separada del resto del cráneo.
Continuando con el examen
superficial, los forenses comprobaron que este tercer cadáver, a diferencia de
los otros dos no tenía los brazos atados por ningún
tipo de ligaduras. Sin
embargo, la víctima había sido inmovilizada de otra forma: con la cazadora, ya
que la tenía colocada al revés de lo habitual; es
decir, la parte delantera
estaba abotonada por detrás y la parte de abajo estaba colocada arriba.
Lógicamente, esta posición de la cazadora impedía que
la víctima pudiera sacar los
brazos.
Antes de terminar la primera
inspección los médicos anotaron en su informe dos detalles espeluznantes:
"El brazo derecho
aparece desarticulado separado del tronco. Llama la atención la ausencia de la
mano derecha".
El siguiente paso fue
detallar las ropas que vestía el cadáver según se las iban quitando:
- cazadora azul de tela
vaquera marca Levis Strauss, colocada al revés de lo habitual ; es decir, la
parte delantera (abotonada) por detrás y la parte inferior
colocada arriba.
- camiseta de color blanco o
gris claro con dibujo de una espuela y la inscripción "Chipi".
- sujetador blanco, que no
presenta cortes o degarraduras, en su posición habitual.
- pantalón vaquero azul de
marca Chipi.
- una prenda de ropa
interior blanca, que pudiera ser una faja fina o unas bragas. Esta prenda
presenta en su parte anterior una mancha rojiza redondeada
de 1 centímetro de diámetro,
que se estima procedente del óxido formado en el botón metálico de los
pantalones.
- unas bragas más pequeñas,
de modelo tanga, de color morado y colocadas por debajo de las anteriores.
- el cadáver NO lleva
calcetines.
- zapatos azules oscuros,
tipo mocasín, con flecos en la parte delantera.
El cadáver llevaba además
los siguientes objetos personales :
- reloj negro marca Casio
Athenea, con esfera dorada, con su correspondiente pulsera metálica elástica.
- cadenita de oro colgada al
cuello, en la que hay engarzados un anillo, una medalla y un colgante en forma
de corazón.
- llavero con varias llaves
que tiene publicidad del Seat Ibiza.
- varias monedas.
- anillo dorado con
inscripción que reza "Miriam".
Los últimos tres objetos
aparecen guardados en uno de los bolsillos del pantalón.
Tras serle retiradas las
ropas, los forenses comprueban que, al igual que en los dos casos anteriores,
se trata del cadáver de una mujer con una estatura
de un metro sesenta y cinco
centímetros, aproximadamente.
También en este caso
"la putrefacción aparece muy avanzada, encontrándose en plena fase
colicuativa".
Sin embargo, a diferencia de
las otras dos, en el tercer cadáver "la integridad cutánea es completa en
toda la extensión del cuerpo excepto cráneo y cara",
es decir, no le falta ni un
solo trozo de piel, a excepción de la cara que ha desaparecido completamente.
Sin embargo, los médicos
atribuyen la separación de la cabeza a "la pérdida de partes blandas ha
dado lugar a la desarticulación de las vértebras cervicales".
Una cabeza, que como en los
dos casos anteriores "aparece en fases muy avanzadas de
esqueletización", es decir, convertida en una auténtica calavera, en
contradicción con el resto
del cuerpo que se conservaba casi perfectamente.
Pero lo que más tuvo que
llamar la atención a los seis médicos en este primer examen externo fue algo
impresionante: el cadáver tenía el brazo derecho separado
del cuerpo. Sin embargo, en
su informe se limitaron a reseñarlo sin aclarar el porqué. Quizás el posible
arrancamiento o corte de este brazo hubiera sido
lo que obligó a su asesino o
asesinos a inmovilizar su cuerpo con la cazadora puesta al revés y a quitarle
las ataduras. Porque las tuvo, tal y como reseñan
los forenses:
"Existe en la muñeca
izquierda una lesión del tipo de las erosiones, de unos 2 centímetros de
anchura, con restos hemorrágicos y morfología circular, cuyas
características se corresponden
con haber sido producida por algún tipo de ligadura, colocada con gran presión
y que ha producido rozamiento".
¿Porqué le quitaron las
ataduras y a las otras dos víctimas no?
Además, los médicos
observaron que "en el antebrazo derecho, existe pérdida de masa
cutáneo-muscular desde su tercio medio hasta al extremidad distal, punto
de donde, como ya se ha
dicho, se ha desarticulado el esqueleto óseo de la mano, que no aparece".
Inexplicablemente, a este
brazo suelto le faltaba toda la piel y la carne de la muñeca y de varios
centímetros más hacia arriba, dejando los huesos, limpios,
al descubierto. Y no había
mano, había desaparecido.
El siguiente paso fue lavar
el cadáver y estas fueron las lesiones que encontraron los seis forenses en el
cuerpo y las extremidades:
- gran hematoma situado en
región dorsal izquierda, que llega desde la zona infraescapular hasta el borde
superior de la nalga, con unas dimensiones aproximadas
de 35 x 15 centímetros.
Presenta una coloración morada no uniforme, con áreas de mayor intensidad y
puntos en los que la infiltración hemorrágica es mucho
más intensa.
Como se puede comprobar por
las medidas era un hematoma impresionantemente grande y, según los
especialistas
"las diferencias de
intensidad cromática del mismo, y la gran extensión afectada, hacen pensar que
se produjo como consecuencia de la repetición de golpes
con un objeto contundente
(de bordes lisos) sobre la zona".
- hematomas longitudinales,
de 12 x 6 centímetros, situados en cara posterior de ambos muslos.
- hematomas rectangulares de
7 x 3 centímetros, situados en cara posterior de ambas rodillas.
- hematoma redondeado de 8
centímetros de diámetro a nivel de cara anterior de rodilla izquierda.
- hematoma redondeado de 10
centímetros de diámetro a nivel de cara anterointerna de muslo izquierdo.
- hematoma redondeado de 4
centímetros de diámetro a nivel de región esternal.
- erosión de morfología
circular, de unos 2 centímetros de anchura, que rodea la muñeca izquierda, con
apergaminamiento y componente equimótico.
De todas estas brutales
lesiones, las más inexplicables eran los hematomas rectangulares que estaban
situados en la parte de atrás de ambas rodillas, hematomas
que sugerían que la víctima
había tenido las piernas colgadas y apoyadas por debajo de las rodillas sobre
algún objeto de forma rectangular. Sin embargo,
los forenses nunca aclararon
qué mecanismo podía haber producido estos hematomas de bordes rectos.
Después examinaron la
cabeza-calavera en la que "aparecen dos ORIFICIOS. El primero está situado
a nivel de la unión occipito-parietal izquierda. Su forma
es redondeada, siendo sus
dimensiones de 1 centímetro de diámetro. Las características del orificio se
corresponden con las de un orificio de entrada de
herida por arma de
fuego".
"El segundo orificio
está situado a nivel de la unión temporoparietal derecha y sus características
se corresponden con las de un orificio de salida."
Los forenses comprobaron que
también a este cadáver le faltaban dientes y muchos.
"En la mandíbula
superior se registra pérdida de todas las piezas dentarias excepto el segundo
molar derecho y los molares primero y segundo del lado derecho"
y en la inferior "falta
el canino izquierdo".
¿Qué había pasado con todos
esos dientes y muelas? Si se desprendieron por efecto de la putrefacción,
¿porqué no habían aparecido en la fosa?
El examen interno lo
comenzaron con el cráneo, en el cual, una vez abierto, "aparece una masa
homogénea y amorfa, de color grisáceo y consistencia endurecida.
El estudio de la superficie
ósea de la base del cráneo y de la cara interna de la base craneal no permite
detectar ningún tipo de lesión a excepción de
los dos orificios ya
descritos".
Según los forenses la
tercera víctima no había recibido ni un solo golpe en la cabeza, ni tenía lesión
alguna en ella, salvo los agujeros de los disparos.
Después procedieron a abrir
la cavidad torácica. Lo primero que comprobaron y así lo hicieron constar era
que "no se observan lesiones a nivel de las costillas
ni del esternón".
El siguiente paso fue
intentar estudiar los pulmones pero estaban "convertidos en una masa
putrilaginosa en la que no es posible distinguir ninguna de sus
estructuras".
Sin embargo,
sorprendentemente y sin explicación alguna, "el saco pericárdico (las dos
membranas que envuelven al corazón) está íntegro".
Resultaba imposible entender
que los pulmones hubieran desaparecido por efecto de la putrefacción y el
corazón estuviera perfectamente conservado.
Tanto es así que los médicos
pudieron analizarlo sacando estas conclusiones:
"El corazón es de
tamaño normal, sin que se aprecien lesiones patológicas o traumáticas en su
superficie. Las paredes cardíacas se observan de grosor normal.
Ambas cavidades
ventriculares aparecen exangües (desangradas)".
Pero ahí no acababan las
sorpresas, porque según los forenses "en el fondo de la parte derecha de
la cavidad torácica existe un derrame de líquido de aspecto
hemático con un volumen
aproximado de 25 centímetros cúbicos".
Era imposible que pudiera
haber sangre líquida en un cadáver que según los médicos llevaba más de dos
meses enterrado, pero la había y en cantidad como
para llenar casi un botellín
de cerveza. Pero, además, no se sabía porqué estaba allí, ya que los forenses
no encontraron ninguna lesión que lo justificase.
Sin embargo, los
especialistas no se pararon a analizar este detalle, como muchos otros. Parecía
que tenían prisa por terminar.
Continuaron examinando el
abdomen, donde también los efectos de la putrefacción habían sido extrañamente
desiguales. El hígado, el bazo y los riñones se
habían convertido en una
masa putrilaginosa y eran irreconocibles. Sin embargo, la vesícula biliar, que
según todos los tratados de medicina forense es
el primer órgano del cuerpo
humano en desaparecer por la putrefacción, "está aceptablemente
conservada" y la vejiga urinaria "está integra, apareciendo
totalmente vacía".
Lo mismo sucedía con el
estómago. Según los médicos "el estómago está ileso, y no contiene ningún
tipo de material ;
en su interior aparece un
objeto duro, de un volumen aproximado de 1 centímetro cúbico".
Era un nuevo detalle
sorprendente. ¿Qué hacía un objeto en el interior del estómago? ¿Le habían
obligado a la víctima a tragárselo? Cada vez eran más los
interrogantes y menos las
respuestas, pese a que los seis médicos forenses siempre defendieran que
"todo estaba muy claro".
Esta tercera autopsia, como
las dos anteriores, finalizó con el estudio de la zona anal y genital. El
resultado fue estremecedor.
"A nivel de vagina, se
encuentran lesiones de tipo contusivo a nivel de las inmediaciones del orificio
vaginal, que aparece fuertemente dilatado. Por otra
parte, en el interior de la
cavidad se encuentran cuatro desgarros de forma elíptica, dos a la izquierda y
dos a la derecha, con diámetro mayor de 5 centímetros
y menor de 3 centímetros,
estando el mayor situado en posición vertical. El conjunto de lesiones
encontradas, sugiere la introducción forzada de un objeto
o parte anatómica".
"Por otra parte, los
bordes de los desgarros descritos son nítidos y regulares, lo que hace pensar
que es bastante más probable que se tratara de un objeto
cuya superficie presentaba
ciertas aristas o filos, ya que tratándose la víctima de una mujer
prácticamente adulta, no parecen susceptibles de haber sido
producidos únicamente con la
introducción de una parte anatómica, y en cualquier caso no habrían tenido una
morfología tan regular.
Finalmente, cabe destacar el
hecho de que los bordes de los desgarros repetidamente citados no presentan
ningún tipo de reacción inflamatoria. Tampoco se
observan restos
hemorrágicos. Todo ello sugiere que dichas lesiones fueron producidas después
de la muerte".
Para los forenses estaba
claro que a la víctima número tres le habían introducido un objeto por la
vagina, ¡después de muerta!
Asimismo, hicieron constar
que "no se aprecian soluciones de continuidad recientes en los repliegues
membranosos vulvo vaginales".
"En cuanto al orificio
anal, se encuentra una enorme dilatación, que presenta unas dimensiones de 6 x
8 centímetros, muy superior a la que cabría esperar
como fenómeno de retracción
postmortal. Además, aparecen lesiones de carácter contusivo tanto en las zonas
adyacentes al orificio anal como en zonas de
la mucosa rectal próximas al
mismo. Todo ello, hace pensar en la existencia de la introducción de un objeto
o parte anatómica a través de dicho orificio".
Además, a los forenses había
algo que no les cuadraba y así lo hicieron constar: "Existe una falta de
correspondencia entre la espectacularidad de la dilatación
del orificio anal y la
escasa magnitud de las lesiones contusivas descritas".
No entendían como las
heridas eran tan mínimas para la impresionante dilatación existente.
La última lesión que los
forenses encontraron fue en la zona que separa los orificios anal y vaginal,
donde existía "una erosión de 5 centímetros que se
continúa con el hematoma
descrito a nivel de cara anterointerna de muslo izquierdo".
Su trabajo lo terminaron
tomando una gran cantidad de muestras para enviar al Instituto Nacional de
Toxicología, incluyendo la única mano existente, el
cráneo y los órganos
genitales.
El punto y final lo pusieron
con las siguientes CONCLUSIONES :
1.- Las características
generales del cadáver y las ropas y objetos personales encontrados en el mismo
se corresponden con las de...
2.- La muerte ha sido
violenta.
3.- la muerte se produjo por
destrucción de centros vitales encefálicos.
4.- Dicha destrucción de
centros vitales encefálicos se produjo como consecuencia de una herida por arma
de fuego.
5.- Dicha herida por arma de
fuego tiene las siguientes características.
- orificio de entrada a
nivel de la unión occipitoparietal izquierda, unos 2 centímetros por encima y 5
centímetros por dentro de la apófisis mastoides.
La morfología es redondeada,
con diámetro de 1 centímetro.
- la dirección es de detrás
adelante, de izquierda a derecha y ligeramente ascendente.
- el orificio de salida está
situado a nivel temporoparietal derecho, con dimensiones de 1.1 x 1.2
centímetros.
- no es posible precisar la
distancia desde la que fue efectuado el disparo, con los datos del examen
macroscópico, si bien cabe descartar el disparo a
boca de jarro (el que se
realiza con la boca del arma en contacto con la piel).
6.- En el cadáver aparecen
múltiples lesiones de tipo contusivo. Estas lesiones presentan claros signos de
reacción vital.
7.- En el cadáver aparecen
signos de agresión sexual a nivel vaginal, con lesiones externas y, sobre todo,
internas, que indican la introducción de un objeto
provisto de filos o aristas
en la cavidad vaginal, muy probablemente después de la muerte.
8.- La muy pronunciada
dilatación anal, junto con la presencia de alteraciones perianales y en la
mucosa rectal, serían compatibles con la existencia de
agresión sexual a este
nivel.
9.- Los datos obtenidos del
estudio de la evolución de los fenómenos cadavéricos, hacen compatible el
establecimiento de una data de la muerte de al menos
dos meses.
Siendo cuanto tienen que
manifestar.
El director del Instituto
Anatómico Forense, Alejandro Font de Mora, minutos después de concluir la
reunión que celebraron los forenses tras finalizar las
autopsias, manifestó a los
medios de comunicación: "como portavoz del equipo de forenses debo decir
que los estudios llevados a cabo son inmejorables,
por suficientes".
Sin embargo, casi dos meses
después, concretamente el 22 de marzo, el Dr. Francisco Ros Plaza se presentó
ante el juez y le pidió que le dejara la cinta
de vídeo que la Guardia
Civil había grabado de las autopsias "a los fines de su estudio e
informe".
Parecía que los médicos forenses
no lo debían tener tan claro pese a la rapidez con la que se realizaron las
autopsias. Lo cierto es que el juez Bort tardó
exactamente tres meses en
tener sobre su mesa el Informe de Autopsias de los seis forenses valencianos.
Pero, además, aquella tarde
también estuvo en las dependencias del Instituto Anatómico Forense otra
persona. Una noticia que la prensa recogía al día siguiente:
"El fiscal jefe del
Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, Enrique Beltrán,
aseguró que el brutal asesinato de las tres niñas de Alcácer
que fueron halladas en la
mañana del miércoles en la partida de La Romana es "el caso más asqueroso
de los que he presenciado. Esto es intolerable y solo
se comprende en desalmados,
en personas que, como la propia palabra dice, no tienen alma. Es
incomprensible".
Beltrán, que en la tarde de
ayer acudió al Instituto Anatómico Forense, para hablar con el juez de
Instrucción número 6 de Alzira así como con el equipo
de forenses que lleva el
caso, añadió que había decidido "llevar personalmente el caso",
evidentemente, desde la posición de la fiscalía".
El hecho de que el propio
fiscal jefe en persona se hiciera cargo de las investigaciones y de la
acusación, parecía una auténtica garantía de rapidez y
seriedad para las tres
familias. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, los padres lamentarían
públicamente que el fiscal Beltrán hubiera tomado la
decisión de "llevar
personalmente el caso".
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