MADRIGAL DE LA LLUVIA DE ABRIL
 


Ya no sé bien el sitio ni la hora,

ni por qué fuiste mía, ni por qué te perdí.

Sé que llovía como llueve ahora,

aunque ahora es más triste porque llueve sin ti.

Y sé que, de repente, cayeron dos diamantes

sobre tus zapaticos de charol...

Y era dulce aquel llanto de tus ojos radiantes,

como esos mediodías en que llueve con sol.

YA TODOS LA OLVIDARON

Ya todos la olvidaron. Ahora si que se ha ido.

Pero, sobre las rosas de la tumba reciente,

florecía el recuerdo más allá del olvido...

- Yo era el hosco, el ausente.

Qué le importa a la noche que se apague una estrella,

si el mar sigue cantando cuando pierde una ola.

Ya están secos los ojos que lloraron por ella.

- Ya se ha quedado sola.

Ahora ya sigue, sola, su viaje hacia el espanto,

por las noches profundas, bajo el cielo inclemente.

Ya nadie me reprocha que no lloré aquel llanto,

que fui el hosco, el ausente...

Ya nadie le disputa su silencio y su sombra,

sobre todo su sombra bajo la luz del día.

Ya todos la olvidaron, Señor. Nadie la nombra.

- Yo la recuerdo todavía...

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