<BGSOUND SRC="musica.mid" LOOP="INFINITE"> ANHELOS

 

ANHELOS.

 

RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.

 

Irma Gpe. Vela Meza.

 

Febrero 2005-02-09

 

 

CAPÍTULO XII.

 

EL AMOR Y LA BONDAD SOMETEN AL MAL.

 

Eugenia se encerró a piedra y lodo en la casa, desde el momento en que Amado y Julián lucharon, comprendió que todo estaba perdido para ella y que una vez

más, Catherine salía ganando.

 

En un arrebato de cólera intentó quemar la casa, Jean y Amado entraron a tiempo de impedirlo.

 

-Si que estás loca, hasta dónde te ha llevado la envidia, mira nada más en que lío te has metido por tus absurdas ideas con respecto a Catherine. Dime ahora

mismo: ¿Qué has hecho con ella?.

 

-No te lo diré y cuando la encuentres será demasiado tarde.

 

Jean actuó en contra de sus principios, por primera vez en su vida abofeteó a una mujer y le retorció el brazo hasta causarle daño. Jamás imaginó caer tan

bajo; élla lo convirtió en lo que era ahora.

 

En otras circunstancias Amado hubiera intervenido en defensa de la mujer , deseaba encontrar a su Catherine y si esa arpía no hablaba le sacaría la verdad

con otros métodos peores.

 

La policía intervino, Julián había confesado donde se hallaba la joven, los planes de Eugenia para con ella y el modo en que la drogó.

 

Amado y dos policías descendieron al refugio, Catherine dormía profundamente ajena a todo lo que pasaba en su derredor. Por lo menos la habían cubierto

con una polvorienta manta y recostado sobre un viejo sillón.

 

Amado salió del refugio con Catherine en brazos y gritando que fueran en busca del médico, pero Jean ya había enviado por él.

 

Catherine recuperó la conciencia cuando la mañana estaba avanzada y todavía atontada por el efecto del somnífero. Al sentir que alguien intentaba darle

café, gritó y rechazó la bebida. Amado tuvo que sujetarla para que no se vertiera el líquido caliente sobre el regazo.

 

Cuando lo reconoció se echó en sus brazos y empezó a llorar convulsivamente. Él la mantuvo abrazada, secó sus lágrimas y la consoló diciéndole que los planes

de su perversa tía habían fracasado.

 

Para sorpresa de todos, doña Ana María y la fiel Enriqueta llegaron en una calesa y se unieron a Jean, al médico y Amado, para tranquilizar a la asustada

muchacha.

 

Después de hacerla beber mucho café y puesto a caminar sostenida por Amado para que eliminara la droga, la recostaron en la cama de Lorena. La joven no

quiso permanecer mas tiempo en aquella casa y le rogó a los Lafarge que la sacaran de ahí.

 

-Regresarás al rancho en la calesa, con la grand-mère y Enriqueta, iré a tu lado montando a Polus.

 

-Quiero ir contigo, quiero estar en tus brazos, no quiero ir en la caleza.

 

-Ma sucrerie et petit sauvage se sont levés, tranquila, no hay por que temer. Julián y Eugenia están en la cárcel, Jean está arrepentido por permitir que

te hiciera tanto daño. Te pondré en la calesa, irás mejor ahí.

 

-Déjame ir contigo, mira como estás, ese truhán te maltrató sin piedad. ¿Te duele mucho?.

 

Catherine le acarició los golpes y sin recato, depositó tiernos besitos en el descalabrado rostro de Amado.

 

-Con estos cuidados pronto estaré bien. Si cada vez que me enfrente a golpes con un gañán me vas a tratar así, creo que se me hará costumbre.

 

-No digas eso, siempre cuidaré de ti, no es necesario que te líes a golpes con nadie.

 

-Lo mismo haré yo, siempre te protegeré porque te amo.

 

-Por favor, no me hagas ir en la calesa, quiero ir en tus brazos, aquí me siento cómoda y segura. Recostaré la cabeza en tu pecho y no me dormiré en el

camino.

 

-¿Es un capricho?.

 

-Sí, es un capricho. Hace muchos años que dejé de ser caprichosa, permíteme volver a las andadas y muéstrate complaciente… ¿Si?.

-Está bien, tu deseo será cumplido, aunque no te prometo tener las manos quietas. ¿Recuerdas cuando te mordió la nauyaqui y te cargué?.

 

-Aquella vez me diste miedo, todavía no te conocía bien, en aquellos días sabía quien eras, pero no como eras. Ahora se como eres y te amo... Darte ardent

un baiser.

 

-¿Anhelas darme un beso?... ¿Dónde está tu timidez?. Una dama no anda pidiendo que la besen y mucho menos si dos chaperones andan merodeando.

 

-Tengo que practicar, pronto me voy a casar y mi prometido es muy esperimentado.

 

-Que hombre tan afortunado, estos labios fueron hechos para ser besados una y otra vez. También esta piel tiene que recibir las caricias de mis manos. Mine

d'amour, eres hermosa de cuerpo y alma,

 

-Amor mío, ensemble pour toujours.

 

-Sí Catherine, juntos para siempre.

 

Amado le dio gusto y tal como se lo advirtió, sus manos estuvieron ocupadas en mimarla todo el camino de regreso al rancho. Desde la primera vez que la

había tocado, Catherine había anhelado que esas caricias se repitieran y Amado también lo estaba anhelando.

 

Como la pareja cabalgaba detrás de la calesa, las chaperonas no podían ver lo que ocurría a su espalda. Se conformaron con imaginarlo y el par de ancianas

intercambiaron miradas de complicidad.

 

En la fecha fijada, la boda se realizó. Desde las primeras horas del día, los invitados fueron llegando al rancho de los Lafarge. Vecinos de Jicaltepec,

Rafael Martínez de la Torre, Nautla, Paso de Novillos, Santa Ana Maloapan, Cañizo, Pital, etc; se dieron cita en “Los Tres Naranjos”. La feliz pareja disfrutó

en compañía de los amigos hasta que el día terminó.

 

La casona fue adornada con flores y guirnaldas de papel de china, en los jardines se colocaron tablados para el baile y mesas para los comensales. Jean

entregó a la novia y después de la ceremonia eclesiástica se marchó del pueblo. Viviría en Jalapa con sus hijos, un abogado se haría cargo de vender sus

propiedades y de la defensa de Eugenia, porque se le acusaba de intento de asesinato y rapto.

 

Aunque Catherine no quiso declarar en su contra, otras personas lo hicieron y no resultaría fácil librar a la señora de cumplir una condena en prisión.

 

-Mine de la vie es hora de retirarnos a nuestra habitación.

 

-Amado, sería una descortesía abandonar a nuestros invitados, tenemos que esperar a que se despidan.

 

-Catherine, ellos no se marcharán hasta que nosotros nos hayamos ido. En las bodas, los novios se marchan primero que los invitados, se supone que la pareja

está ansiosa.

 

-¿Ansiosa de que o por qué?.

 

Amado le deslizó un dedo por el cuello hacia la nuca, le acarició detrás de la oreja y la besó mientras murmuraba con voz ronca:

 

-Catherine, Désirez fondre nos corps dans simples pour être.

 

-¡Amado !... ¡Deseas fundir nuestros cuerpos en un solo ser !... ¿Significa que ya?... ¿Ahora?

 

-Aquí y ahora no puede ser, los invitados se escandalizarían y nuestra cher grand-mère nos molería a palos con su bastón.

 

Una risita nerviosa brotó de la garganta de la muchacha y se cubrió el rostro con la mano para ocultar el rubor que le teñía las mejillas. Amado la tomó

de la mano y apartándose de la mesa principal del banquete, dieron las buenas noches y se retiraron hacia su lecho nupcial.

 

El dosel de la cama fue cambiado por uno blanco, el lecho estaba abierto y una sábana doblada permanecía en el centro. Sobre toda la superficie de la cama,

fueron esparcidos pétalos de rosas rojas y alderredor del tálamo nupcial se colocaron enormes floreros con rosas de todos los colores.

 

Catherine contempló la enorme cama, era la misma en la que había dormido sola desde su llegada al rancho, sabía que pertenecía a Amado y muchas veces lo

había soñado tendido a su lado en ese lecho.

 

Ahora que el sueño estaba por hacerse realidad, se sentía cohibida y nerviosa. Amado se dio cuenta y la envolvió entre sus brazos.

 

-Relájate, no haremos nada hasta que estés preparada.

 

La condujo hacia un sillón, la sentó en su regazo, la fue colmando de besos y caricias, mientras retiraba las orquillas y adornos de su pelo.

 

Lentamente, también la fue despojando de la ropa y ella hizo lo mismo con él.

 

El nerviosismo de Catherine se convirtió en pasión, olvidó su recato y pudor, correspondiendo ardientemente a las demandas de su esposo.

 

En unas pocas semanas, el amor la había transformado. Dejó de ser una muchachita tímida y apocada, para dar paso a la mujer resuelta que Amado hizo florecer.

 

EPÍLOGO.

 

Diez años después…

 

-Para hacer queso de mano se necesita principalmente leche recién ordeñada y un cuajo. Se vacía el tobo de leche recién ordeñada en una olla, se saca un

cuajo y se le agrega a la leche. Horas más tarde cuando la leche esté cuajada se saca y se vacía en una batea ó canoa mientras una lata de agua hirviendo

está montada en el fogón. Allí se mete el paño con la cuajada, se deja un ratito, luego se saca y se extiende en la mesa, espolvoreándolo con sal. Estando

caliente se va moldeando la pasta, haciéndola elástica, luego se dobla y se redobla. Se toma por las cuatro puntas, se hace lo que se llama el ombligo

y en forma de bola con el ombligo hacia abajo, entre trozos de hojas de plátanos se coloca en un molde redondo de las de quesillo, en donde otros quesos

ya han tomado su forma de torta redonda.

 

Otra forma de hacer queso de mano es vaciando la leche en recipientes de cuero llamados botas, se cuaja la leche y al coagularse se desmenuza en trocitos

, se deja en reposo por varias horas, se separan el suero y la cuajada, se pone la cuajada en agua caliente pero sin hervir y se deja allí unos minutos.

 

Al ponerse gomosa, se estira sobre una tabla formando telas, se sala y luego se le da forma de discos.

 

Catherine dio por concluida la clase, las mujeres que la rodeaban se apartaron y le abrieron paso para que se reuniera con su esposo.

 

-Mon petit, es hora de volver a casa, creo que por hoy tú y las damas del patronato han hecho suficientes quesos, tantos, que podrían surtir a todo el estado.

 

-Amado, eso pretendemos, deseamos que la capilla esté terminada antes de diciembre y necesitaremos recaudar muchos fondos. Por cierto… ¿Con cuanto vas a

cooperar?.

 

-Me parece que ya he cooperado bastante al permitir que en tu estado sigas viniendo a trabajar.

 

-Solo tengo cinco meses y me he sentido muy bien durante todo el embarazo. Con este completaremos la media docena y será un niño.

 

-¿Como lo sabes?... Prefiero otra niña.

 

-Solo tenemos un barón, está solito entre cuatro hermanas, necesitará de otro hermano para que lo ayude a cuidar de ellas.

 

-Sobre todo si siguen creciendo tan hermosas como su madre. Anda, sube a la carreta, tú llevarás las riendas.

 

-¿Por qué yo?.

 

-Porque tendré las manos ocupadas en abrazarte para que no caigas del pescante.

 

Catherine sonrió y se acercó más a su esposo deleitándose con las caricias que él le prodigaba. El amor de la pareja crecía al paso de los años y su anhelo

de felicidad se convirtió en realidad.

 

-Nita, grand-mère, síguenos contando la historia de nuestro pueblo.

 

El pequeño Amado de ocho años de edad, tomó la mano de la abuela para despertarla. La anciana se había quedado dormida mientras les contaba acerca de sus

antecesores.

 

Amado y sus cuatro hermanitas se encontraban sentados en torno a ella. La mujer sonrió a los cinco niños, se ajustó las gafas que se le estaban resbalando

y continuó hablando:

 

-Amado, Anamaría, Julieta, Catherine y Marlene; seguiré contándoles la historia de los primeros colonos franceses que se establecieron en Jicaltepec.

 

Las pequeñas Catherine y Marlene de tres y dos años respectivamente, bostezaron cansadas y se acurrucaron en la manta a los pies de la abuela, mientras

que Anamaría y Julieta de siete y cinco años de edad, se mantuvieron atentas.

 

-Escuchen hijos… Un manto de luto y tristeza cubría Jicaltepec. El 16 de Agosto de 1881 había sido asesinado el Señor Jean Darius Bourillon. Parecía que

había quedado epilogado en esa forma el asunto de los terrenos de Jicaltepec comprados por el señor Guénot para establecer la colonia. La mayor parte de

los viejos colonos quitaban la población para instalarse en sus ranchos ubicados en la ribera izquierda del río Bobos, comprados al Lic. Rafael Martínez

de la Torre,

buscando paz, tranquilidad y seguridad.

 

FIN DE LA NOVELA.

 

 

 

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