<BGSOUND SRC="musica.mid" LOOP="INFINITE"> ANHELOS

 

ANHELOS.

 

RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.

 

Irma Gpe. Vela Meza.

 

Febrero 2005-02-09

 

 

CAPÍTULO IX.

 

UN BREVE NOVIASGO.

 

Por primera vez en muchos años, en la casa de los Lafarge se escuchaba el canto de una voz juvenil, el correr de ligeros pasos que andaban poniéndo orden

en la mansión, la risa alegre de sus habitantes y se respiraba el amor que ardía entre Amado y Catherine.

 

-Catherine, no es necesario que te ocupes de las labores domésticas, para eso están los sirvientes.

 

-Grand-mère Nita, me gusta hacerlo, no sabría en que ocupar tantas horas. Además, usted tampoco se queda quieta, siempre está ocupada en diversas labores.

Ahora que los paisanitos han vuelto a sus tierras, tendremos que asear el lugar donde se alojaron, hay que lavar los pisos y paredes con creolina para

matar los piojos que dejaron.

 

-Deja eso en manos de Enriqueta y los demás, tú y yo estaremos muy ocupadas esta mañana. Madame Elisa quedó de venir para probarte los vestidos que habrás

de lucir en la fiesta de San Juan Bautista.

 

-Grand-mère... Tengo suficiente ropa, usted me ha regalado un vestido nuevo para cada día de la semana, por si fuera poco, ha gastado un dineral en enaguas,

zapatos, corpiños, calzones, medias y demás accesorios. Por favor, me abruma con tantos regalos, me está mal acostumbrando.

 

-Siempre quise tener una hija, mis cuatro hijos fueron barones y todos se fueron a vivir lejos, así que no disfruté de mis nueras, ni de mis nietas. Los

padres de Amado fueron los únicos que vivían cerca de mí, pero mi nuera murió muy joven y no me dejó una nieta para malcriar. Déjame hacer por ti lo que

hubiera hecho por una hija o nieta, total, Amado ha hecho que nuestra fortuna se incremente más de lo que ambos logramos gastar, por eso podemos compartirla

con quien queramos y como queramos.

 

Madame Elisa llegó acompañada de dos empleadas, traía cinco vestidos de fiesta para Catherine. Se los tenía que poner para que la modista los ajustara y

pudiera terminarlos a tiempo.

 

Cuando Amado llegó a casa, encontró al grupo de mujeres en el salón.

 

Catherine se hallaba descalza sobre una mesa, llevaba puesto un vestido amarillo pastel con cintas ribeteadas en blanco. El vestido era de seda, con talle

largo, pechera discretamente bordada con abalorios, falda circular con volantes, hormada por un aro. El cuello del vestido era en línea v, las mangas bombachas

le llegaban por encima de los codos y se remataban con encaje de Bruselas.

 

El atuendo realzaba su estrecha cintura y su esbelto talle. Las delicadas líneas de su rostro, enmarcadas por los dorados cabellos, se ruborizaron al darse

cuenta de que Amado estaba de pie en la puerta del salón y la miraba embelesado.

 

Los ojos verdes de Catherine se aclararon y unos puntos color ámbar aparecieron en su iris. Los entrecerró, las abundantes y largas pestañas, los hicieron

más seductores y a pesar del bochorno que sentía, logró dirigirle una dulce sonrisa.

 

-¡Amado!... Hijo: ¿Qué te parece?. Verdad que semeja un ángel?.

 

-Cher grand-mère, tienes toda la razón, Catherine será la reina de la fiesta de San Juan, aunque otra sustente oficialmente el título.

 

-Catherine, puedes bajar de la mesa, he terminado de marcar el dobladillo de la falda del vestido.

 

Cuando madame Elisa pronunció estas palabras, Amado se apresuró a tomar entre sus manos la esbelta cintura de la muchacha para bajarla de la mesa a pulso.

Este contacto dejó a los dos sin aliento, las mujeres que presenciaron la escena quedaron sorprendidas por el atrevimiento del caballero.

 

-Lafarge, será mejor que vayas a dar una vuelta por los establos, mientras nosotras acabamos de dar el visto bueno a los vestidos que madame ha hecho el

favor de traer para que Catherine se pruebe.

 

El hombre se marchó sin replicar mientras reflexionaba en lo que había sentido.

 

-Mine d'amour, amor mío: ¿Cuánto tiempo tendré que esperar para poderte besar?. Lo que llegué a sentir por Martha, jamás se podrá comparar con lo que siento

por ti. Este sentimiento que me envuelve va más allá de la prudencia. Mon petit, mine d'amour; me haces perder el juicio. Tengo que encontrar el modo de

cortejarte más directamente y fijar fecha para la boda.

 

Amado no tuvo que esperar mucho, esa misma tarde coincidió con Catherine en el jardín, ambos estaban solos entre árboles, flores, crepúsculo y amor.

 

-Mon petit, la belleza del atardecer y de las flores, es opacada por tu presencia. Mis ojos solo te ven a ti, mis pensamientos están fijos en ti, mi corazón

te pertenece. Maître de Te plus qu'à ma propre vie. Sí, te amo más que a mi propia vida y espero tu respuesta : ¿serás mi novia ?. Estoy sufriendo porque

no me has dado una respuesta. ¿Debo aguardar más tiempo?.

 

Catherine se armó de valor y tendiéndole una rosa le respondió:

 

-Je donne ceci me suis levé à vous, dans elle est mon heart.corazón.

 

Amado tomó la flor, la besó y retuvo la mano de Catherine entre las suyas, mientras preguntaba:

 

-¿Tu corazón está en esta rosa?... ¿Tú me lo entregas?… ¿Quieres decir con esto que me amas y que me aceptas?.

 

Catherine sonrió tímidamente y asintió con un movimiento de cabeza. Amado le acarició la mejilla, con su índice le delineó los labios, se detuvo en el centro

de la boca y los entreabrió para introducirle la yema del dedo. Catherine se rió abiertamente, le dio un mordisco y luego devolvió la caricia con la lengua.

Amado también rió alegremente, retiró su dedo de la boca de la joven y lo chupó.

 

Como si se tratara de una travesura, Catherine se alzó sobre la punta de los pies, le acarició las mejillas, haciéndole exactamente todo lo que él le había

hecho.

 

Esto enardeció al Lafarge, la tomó por los hombros para que no retrocediera y le depositó un cálido beso en la mejilla, muy cerca de los labios.

 

-Amado, dame un baiser. Un beso de novios, un beso lleno de amor.

 

-Mine de la vie, Je démontrerai mon amour à vous avec un baiser. Te demostraré todo el amor que siento por tí en este beso que será el preludio de nuestro

breve noviazgo, porque después de esto no podré soportar muchos días sin besarte y acariciarte, tendremos que casarnos.

 

Esta ve´z Amado la estrechó en un cálido abrazo y la besó apasionadamente. Catherine se aferró a las solapas de la chaqueta de Amado, infinidad de sensaciones

recorrieron su cuerpo. Lentamente se apartaron para contemplarse, los ojos de Amado estaban tan claros como el cielo despejado, las manos le sudaban y

le faltaba el aliento.

 

Catherine suspiró profundamente, se llevó una mano a los hinchados labios, un rubor intenso le teñía la piel, las pupilas de los ojos se le habían dilatado

y le brillaban como nunca los había visto Amado.

 

-Mine d'amour, eres verdaderamente hermosa por dentro y por fuera, perdóname, creo que te he hecho daño.

 

-Yo… yo… yo… no sé lo que me has hecho… Pero definitivamente no me has lastimado, es solo que… No sabría como explicarlo: ¿siempre has besado así a todas

las mujeres que han andado contigo?.

 

-Catherine, la gente dice muchas cosas de mí, la verdad es que muchas de esas cosas son mentiras. No he “andado” con muchas mujeres y jamás he besado a

nadie como te he besado a ti, por la sencilla razón de que nunca había estado enamorado como lo estoy ahora.

 

-La gente cuenta que tú estuviste comprometido y que esa mujer te destrozó el corazón. Es indiscutible que la amabas, si no hubiera sido así: ¿por qué te

ibas a casar con ella?.

 

-Ahora se que hubiera sido un terrible error, creí que la amaba pero no fue así. El verdadero amor lo empecé a sentir el día que entré en tu casa y te ví

llorando debajo de la mesa porque una serpiente te había mordido la mano. Martha en realidad me hirió el orgullo al abandonarme. El corazón no fue herido

porque nunca se lo entregué, ese es tuyo. ¿Aceptas mi corazón?... ¿Te casarás conmigo?.

 

-Sí, lo haré, porque mis anhelos son los tuyos, jamás había sentido nada igual. Quiero hacerte feliz, compartir tu vida, ser la madre de tus hijos. Porque...

Vous êtes mon géant aimé.

 

-¿Soy tu querido gigante?.

 

-Sí, mi amado Amado.

 

Catherine no había dejado de avergonzarse mientras hablaba de todo esto con él. La timidez de su carácter no le impedía ser franca, aunque la voz le temblara.

Fascinado por la respuesta, la cogió de la mano y fueron en busca de doña Nita para comunicarle que se casarían lo más pronto que se pudiera.

 

La anciana se regocijó con la noticia, abrazó efusivamente a la pareja y después de que Catherine concordara con la opinión de Amado en lo referente a la

fecha de la boda, la señora se apresuró a efectuar los preparativos.

 

-Catherine, Amado; será necesario informar a Jean y Eugenia que ustedes han decidido contraer matrimonio.

 

-Dejemos que se enteren cuando los rumores empiecen a correr. Después de todo, ellos no se han preocupado por la salud de su sobrina, si de verdad les interesara

su bienestar, ya hubieran dado muestras de preocupación.

 

-Amado, te la estás jugando, recuerda que Catherine es menor de edad. Hija: ¿tú que opinas?... ¿Les pedimos tu mano?.

 

-Si mis tíos se oponen a nuestros deseos, será mejor hacer lo que dice Amado.

 

En los días siguientes, los apasionados besos se repitieron cada vez que los novios tenían la oportunidad de estar a solas. Las atrevidas manos del Lafarge

exploraban sutilmente las formas que su futura esposa escondía bajo la ropa.

 

Catherine se entregaba trémula a sus caricias y besos, olvidando la estricta moral que le inculcaron. La atracción que sentía por Amado, era más fuerte

que su voluntad.

 

 

 

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