<BGSOUND SRC="musica.mid" LOOP="INFINITE"> BRUMA

 

BRUMA.

 

RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.

 

Irma Gpe. Vela Meza.

 

Marzo 2005.

 

 

CAPÍTULO I.

 

Estaba en el balcón del chalet, ansiosa miraba la playa. Una y otra vez su tía Refugio le había pedido que entrara a la recámara, la brisa de la tarde le

podía hacer daño. Aurora desatendía a las súplicas de la tía solterona porque deseaba ver el gallardo cuerpo de su padre andando sobre la arena de la playa

caminando hacia la casa.

 

Seis meses habían pasado desde que el “Pánuco” zarpara con rumbo a las Antillas y Suramérica; por medio de un telegrama el capitán les informaba que este

día habría de llegar. “Llego viernes once en el transcurso del día. Prepárenme tamales de elote para cenar”. Eso era todo lo que el amarillo papel del

telegrama decía.

 

Aurora contó los días que su padre estuvo ausente, le quería demasiado para estar tantos meses apartada de él. El capitán siempre navegó. Cuando su esposa

falleció se permitió solo quince días de descanso para esperar a que su hermana se trasladara a vivir con él y se hiciera cargo de su pequeña hija. Después

de esto, nunca se mantuvo tanto tiempo lejos de casa, sabía que su amada hija se angustiaba cada vez que se quedaba sola con la tía Refugio.

 

Desde los cinco años, edad a la que se quedó huérfana, Aurora se convirtió en una niña retraída y solitaria. Su único amigo era un perro danés que vivió

hasta que élla cumplió los catorce. Ahora tenía un pastor alemán que durante cuatro años la había acompañado en sus largas caminatas por la playa.

 

El sol estaba por ocultarse en el horizonte y ningún barco se divisaba. En las proximidades de la bocana del puerto, solo se veía el ir y venir de las pequeñas

embarcaciones de pescadores. Pronto las luces de los faros se encendieron y la noche fue tendiendo sutilmente su manto de estrellas sobre la ciudad.

 

-¡Vamos niña!... ¡Es hora de bajar a cenar!. Seguramente tu padre está tan ansioso como tú, pero llegará cuando pueda y no cuando quieras.

 

-Tía Refugio estoy preocupada por el mal tiempo que ha imperado estos dos últimos días.

 

-¡Pamplinas!... El “Pánuco” es un barco resistente, no es la primera vez que se enfrenta con tormentas y huracanes. Además, mi hermano es un marino con

mucha experiencia.

 

-Lo sé, papá nació en un barco, su padre fue marino y su abuelo y el padre de su abuelo, etc. Aún así me preocupo, nadie está exento de sufrir un accidente.

 

-Ay hija, deja de pensar en esas cosas. Luego uno atrae las desgracias no mas por estar pensando en ellas.

 

-Tienes razón, evitaré pensar en la pesadilla de ayer. No es una premonición, esta vez no tiene por qué hacerse realidad un mal sueño.

 

Refugio siguió dándole ánimo a su sobrina, en realidad ella también estaba mortificada. Aurora era muy sensible, siempre había presentido las desgracias

antes de que ocurrieran. Cuando tenía cinco años, soñó que su madre en forma de ángel se paraba al pie de la cama y se despedía de ella. Se lo contó a

la tía y Refugio se dio cuenta de que la hora del sueño de la niña, coincidía con la hora en que su cuñada había fallecido en el hospital, víctima del

cáncer.

 

En otra ocasión, soñó que su perro Pinqui estaba debajo del camión de la basura y despertó llorando a gritos. El sueño se hizo realidad a la mañana siguiente

cuando Pinqui se soltó de la correa y el camión lo aplastó. Recientemente había soñado con que su padre caía por la borda del barco durante una tormenta

y el mar se lo tragaba.

 

La tensión de los días que siguieron al sueño fue aumentando gradualmente conforme se acercaba el momento de que el “Pánuco” arribara al puerto.

 

Disimulando tranquilidad, Aurora entró en la cocina y se dispuso a poner la mesa.

 

-Hija, pon solo dos lugares, cuando llegue tu padre pondremos el de él.

 

-Tía, será mejor ponerlo desde ahora, a él le dará gusto ver que todo está listo para que cene.

 

-Está bien hijita, ponle su plato y los cubiertos. Si quieres, tenle lista su pipa de maple en la terraza para que la fume después de cenar mientras nos

relata su viaje.

 

Esperaron en vano al capitán durante dos horas. Nuru estaba más inquieto que nunca, ladraba y aullaba al mar.

 

Aurora y Refugio habían salido del chalet y escudriñaban la solitaria playa, con la esperanza de ver la silueta del capitán Augusto Ramos caminando sobre

la arena al encuentro de su hija y hermana, pero lo único que lograban ver, eran las luces del puerto y de las lanchas de pescadores nocturnos.

 

Cuando estaban por retirarse, Nuru se apartó de ellas y corrió hacia el pequeño muelle de madera. Corrió hasta el extremo que se adentraba en el mar y ladró

continuamente mientras giraba sobre sus patas y movía la cola.

 

Aurora se adentró en el muelle portando una linterna y se percató de que una lancha se dirigía hacia el lugar.

 

-¿Quién será?... Papá siempre ha llegado a casa caminando, alega que es lo mejor que puede hacer para que sus piernas se libren del mal del marino.

 

-Toda regla tiene su excepción, seguramente mi hermano decidió cambiar la rutina.

 

-Tía, iré a reunirme con Nuru, quiero ayudar a papá con su maletín de viaje, tú espéranos aquí, o si quieres, adelántate para que vayas calentando la cena

de papá.

 

-Regresaré a casa, no tarden… Yo también quiero abrazar a mi hermano.

 

La voz de Refugio apenas fue escuchada por Aurora, porque la joven estaba adentrándose cada vez más en el muelle.

 

Con la linterna hizo señales y los de la lancha le respondieron para confirmar que pensaban atracar en su muelle.

 

-¡Nuru!... ¿Has visto?... ¡En esa lancha viene papá!.

 

Los hombres atracaron, Aurora se quedó perpleja. Entre aquellos marinos no venía el capitán Augusto Ramos.

 

Sujetó a Nuru para que pudieran subir al muelle, su boca se llenó de un sabor amargo, el corazón le empezó a latir con fuerza, las manos le sudaron y un

zumbido en los oídos solo le permitió escuchar las primeras palabras del caballero que se puso frente a ella.

 

-Señorita, suponemos que usted es Aurora, la hija del capitán Augusto Ramos.

 

Su ligero movimiento de cabeza confirmó lo que los tres hombres pensaban. La miraron con preocupación y el mismo caballero prosiguió hablando:

 

-Señorita… Nos apena tener que comunicarle que el capitán Augusto Ramos…

 

Aurora se despertó en el sofá de la sala del chalet, su tía Refugio estaba a su lado, en una mano sostenía un algodón impregnado en alcohol, que le colocaba

cerca de la nariz, en la otra mano tenía un pañuelo con el cual enjugaba las abundantes lágrimas.

 

-¡Hija!... ¡Nos hemos quedado solas!... ¡Tenemos que ser valientes

porque Augusto nos ha dejado!... ¡El mar se lo tragó!.

 

Tía y sobrina se abrazaron en un intento de darse mutuo consuelo. Los portadores de la noticia las contemplaron en silencio respetando su dolor.

 

Cuando lo consideró pertinente, el marino que parecía liderar a los otros dos, se aproximó a las mujeres.

 

-Permítanme presentarme, soy Gabriel Pacheco, a sus órdenes.

 

-¿Es usted dueño de la naviera?. Preguntó la tía.

 

-Mi padre es el dueño, él me ha enviado para comunicarles lo acontecido, les envía su más sentido pésame y les ofrece su ayuda incondicional. La familia

Pacheco está en deuda con ustedes, el capitán salvó al barco del naufragio, evitando que el huracán lo hundiera. Desafortunadamente cuando el barco y la

tripulación estaban a salvo, una gran ola provocada por una marejada lo hizo caer al mar.

 

-Mi padre era un excelente nadador… ¿Cómo es posible que se ahogara?.

 

-Sus propios hombres no se lo pueden explicar, varios marinos se lanzaron al mar para intentar rescatarlo, pero ni siquiera pudieron encontrar su cuerpo.

El contramaestre y otros testigos del accidente, dicen que el capitán probablemente estaba inconsciente antes de llegar al agua, porque su cuerpo cayó

como peso muerto al mar. Creen que se golpeó la cabeza o que … En fin… pudo haber sufrido un infarto y debido a los movimientos bruscos de la embarcación

perdió el equilibrio.

 

-Mi hermano jamás padeció del corazón ni de ninguna otra enfermedad. Era un hombre muy sano.

 

-Mi tía dice la verdad, papá era un hombre sano y fuerte… Además llevaba muchos años navegando, lo hacía desde niño, prácticamente nació en el mar. Si él

hubiera sentido algún malestar, hubiera tenido mayor precaución. La responsabilidad de su cargo requiere de múltiples cualidades y entre ellas están la

prudencia y la previsión. Estoy segura de que no arriesgaría la vida de sus hombres insistiendo en capitanear el barco si se hubiera sentido enfermo.

 

-Señora, señorita, los infartos suelen ser fulminantes y generalmente los que lo sufren no conocen los síntomas. Esta pérdida resulta dolorosa para todos,

pero no nos queda más remedio que aceptarla.

 

Las mujeres volvieron a llorar desconsoladamente y Gabriel se vió impedido para consolarlas. Hubiera deseado abrazarlas, decirles que el capitán Ramos había

sido como un padre para él, que desmentiría el informe del oficial que mencionaba que el capitán estaba ebrio cuando cayó por la borda. Él mismo no lo

podía creer, aunque el testimonio de cinco marinos lo corroboraran. Antes de retirarse les comunicó que a la semana siguiente se efectuaría una ceremonia

luctuosa en el mar, cerca del lugar donde había sucumbido el capitán.

 

-En este maletín se encuentran las pertenencias de mi capitán, quiero decirles que yo también lo estimé mucho, fuimos amigos y compañeros desde muy jóvenes.

Pueden contar conmigo, sé que todavía no me conocen bien, pero créanme; Augusto fue como un hermano.

 

-Don Mateo, gracias por su apoyo, mi hermano siempre nos contó anécdotas sobre usted y nos refirió que le profesaba un gran afecto.

 

-señorita Refugio, este era mi último viaje, en unos días tendré un nuevo empleo que me permitirá permanecer en tierra. Si requieren de ayuda, no duden

en solicitármela, estoy a sus órdenes.

 

-señorita Refugio, señorita Aurora, mi nombre es Fermín. Desgraciadamente solo pude disfrutar de la amistad del capitán Augusto poco menos de un año. Sin

embargo, en este tiempo llegué a apreciarlo y para mí será un honor seguir cultivando la amistad de sus familiares más cercanos. Si ustedes me lo permiten,

vendré a visitarlas frecuentemente. Tuve en gran estima al capitán y aunque les parezca extraño, empiezo a sentir un cordial afecto por ustedes.

 

La tía Refugio dio su consentimiento y después de recordar con melancolía las proezas del difunto, los tres hombres se retiraron.

  

 

 

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