BRUMA.
RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.
Irma Gpe. Vela Meza.
Marzo 2005.
CAPÍTULO X.
En un solo día los sentimientos de Gabriel hacia Fermín habían cambiado, volvía a aflorar el cariño fraternal que sintió en la infancia cuando aquel pobre
huérfano llegó a vivir a su casa. Bajo el amparo de su madre ambos se habían querido como verdaderos hermanos y cuando élla faltó, ese amor fraterno se
empezó a enfriar hasta convertirlos en rivales que buscaban siempre la aprobación y el cariño de don Guillermo.
Al salir del chalet de la familia Ramos, anduvieron un rato juntos y luego Fermín fue en busca de Arturo mientras que Gabriel retornó a casa de Mateo.
Gabriel se encontró con una vecina del viejo marino y decidió preguntarle si no había visto nada raro en el transcurso del día.
-Mira muchacho, a los únicos que ví ir y venir a todas horas fue a usted y al otro joven, el del carrito último modelo. Usted siempre ha venido con él,
pero él vino bien tempranito, un ratito después de que Mateo y usted se fueran a pescar.
-¿Está segura?. Preguntó Gabriel frunciendo el ceño y cruzando los brazos sobre el pecho.
Pensando lo peor de Fermín, dejó de interrogar a la mujer cuando élla le aseguró que decía la verdad y sin saber la causa del impulso que le anegaba el
pensamiento, empezó a correr en dirección a la casa de los Ramos.
Arturo no se encontraba en el antro, Fermín estacionó el auto en una transitada calle y se alejó de él caminando por la playa en dirección al chalet. Deseaba
encontrarse a solas con Aurora, sabía que la joven paseaba por la playa al anochecer con Nuru.
Sorprendido vió a lo lejos que Nuru dormía plácidamente en lo alto de la escalinata del chalet, le silbó con la intención de que el perro se despertara
y acudiera a él. El animal no dio muestras de haberlo escuchado y Fermín se aproximó más a la casa. Sin darle tiempo a darse cuenta de lo que pasaba, Gabriel
se le abalanzó y lo inmovilizó colocando el peso de su cuerpo sobre él. Fermín escupió la arena que se le metió en la boca al caer y furioso le increpó:
-¡Maldito seas!... ¡ Gabriel!... ¡Qué chingadera!... ¿Qué significa esto?.
-No te hagas pendejo… Dime: ¿a que fuiste a las ocho de la mañana a casa de Mateo?. ¿Creíste que no me iba a enterar?.
-¡Idiota!... ¡Fui porque Aurora estaba preocupada!... ¡Creo que soñó el accidente y me habló por teléfono para que los fuera a buscar!.
Gabriel se relajó, aflojó la presión que ejercía sobre Fermín y el joven aprovechó la oportunidad para girarse y liberarse por completo. Se puso de pie
en un salto y golpeó a Gabriel en la mandíbula. Estaba por patearlo cuando notó que Arturo se encaminaba hacia el chalet. No se había percatado de que
Gabriel y él se encontraban ahí. Fermín se echó sobre la arena y vió como Arturo iluminaba su camino con una linterna. Cuando comenzó a subir las escalinatas
del chalet y Nuru no despertó, se dio cuenta de que algo andaba mal, sabía que el perro era un buen guardián. Comprendió que el animal estaba narcotizado
o tal vez muerto, comprendió que Mateo, Aurora y Refugio, corrían un riesgo notable.
Gabriel se movió torpemente y Fermín se apresuró a detenerlo.
-Pinche cabrón, me noqueaste.
-Ssh, cállate, Arturo acaba de entrar al chalet por la puerta que da a la playa y entró sin ser invitado. Nuru está muerto o narcotizado, así que ya te
puedes imaginar lo que está por ocurrir.
-Fermín, no debemos perder tiempo. ¿Traes un arma, o algo que sirva como tal?.
-Solo tengo mi navaja. ¿Tú tienes la tuya?.
-Sí, pero una pinche navaja no sirve contra una pistola. Debemos separarnos, yo trataré de entrar por aquella ventana de la planta alta que está abierta
y si no salgo en quince minutos, ve en busca de la policía y cuéntales todo.
-¿Confías en mí?... ¿Estoy absuelto?.
-Hermano, déjate de pendejadas y haz lo que te digo.
Fermín sonrió a pesar de la preocupación, era la primera vez en muchos años que Gabriel le llamaba “hermano” y eso le agradó. Se despidieron con un fuerte
estrechón de manos y una mirada de absoluta reconciliación.
Arturo entró en la sala y contempló satisfecho que José Clemente tenía todo bajo control. Aurora y Refugio estaban atadas espalda contra espalda en unas
sillas del juego de comedor, en tanto que Mateo permanecía maniatado en el mismo sillón.
-¿Encontraste los papeles que buscamos?. ¿Los tenían ellas?.
-Sí, aquí los tengo guardados, en la bolsa de la camisa. Arturo: ¿Qué haremos con este trío?.
-El jefe dice que no le importa lo que les pase siempre y cuando recuperemos las hojas de la bitácora de Augusto. La muchacha no está mal, tampoco la tía,
que dices: ¿las trasladamos al yate para divertirnos un rato?.
-Me gusta tu idea, el pedo es sacarlas de la casa sin que se den cuenta. Apenas son las once de la noche, todavía hay uno que otro paseante. Podríamos esperar
a que sea de madrugada y acercar una lancha al muelle.
-Está bien. Mientras esperamos le echaré una llamadita a don Guillermo, espero que esté dispuesto a pagar lo que valen estos papeles.
-Arturo no llegó a coger el teléfono pues un cuchillo voló a través de la estancia y se clavó en el estómago de José Clemente. En el momento en que el hombre
caía sobre su propia sangre, Gabriel se arrojaba impetuosamente sobre Arturo y a punta de golpes le preguntaba que tenía que ver Guillermo en el asunto.
José Clemente volvió a sacar la pistola y entre gemidos de dolor, apuntó nuevamente a la cabeza de Mateo.
Antes de que pudiera hablar, le cogieron la mano en la que sujetaba el arma y se la retorcieron hasta que aflojó la cacha de la pistola. Una bala escapó
del arma antes de que Fermín la tuviera en su mano. El sonido hizo que Arturo y Gabriel se distrajeran, cosa que aprovechó Gabriel para colocar un fuerte
gancho de izquierda en la mandíbula del contrincante.
Fermín depositó la pistola sobre una mesita y aplaudió ruidosamente a Gabriel. Refugio, Aurora y Mateo lo miraron disgustados. ¡Estaban atados y él estaba
perdiendo el tiempo en bromitas!.
Liberaron a los cautivos, ataron a los malos y curaron la herida de José Clemente.
-Ahora mismo me vas a decir: ¿por qué ibas a telefonearle a mi padre?... ¿Qué pitos tiene que ver con ustedes?. Le preguntó Gabriel a Arturo cogiéndolo
del cuello de la camisa y arrojándolo hacia un rincón de la sala.
Todos estaban al pendiente de la respuesta, Arturo sabía que no podría escapar, lo habían atado de pies y manos y pronto llamarían a la policía. Sopesó
sus posibilidades manteniendo la calma y después de unos segundos respondió sonriendo:
-Tu padre, el honorable Guillermo Pacheco es nuestro jefe, él mandó matar al capitán Augusto porque no era el primer embarque de droga que le tiraba al
mar. Por su culpa perdimos mucho dinero.
-¡Mentira!... ¡Pinche cabrón di la verdad!... ¡Te la voy a sacar a chingadazos antes de entregarte a la policía!.
-Gabriel, déjame sacarle la verdad, este pinche cabrón miente, es imposible que nuestro padre haya hecho lo que dice.
-Fermín, Gabriel, vamos a ver que dicen los papeles que este par de mierdas han venido a robar. Los tiene José Clemente en la camisa, espero que no se hayan
echado a perder con la sangre.
Fermín le entregó las tres hojas de papel a Mateo, luego se colocaron en torno de Mateo y esperaron con ansias a que leyera los papeles que Augusto había
escondido en el maletín.
Primero leyó el que Aurora encontró y posteriormente los que Refugio había hallado. En ellos se informaba a don Guillermo que José Clemente y Arturo participaban
en un complot para introducir droga desde Colombia a México con destino final a Miami. El capitán Augusto le advertía a don Guillermo que el jefe de la
banda era don Eduardo Calles y al final incluía una lista con los nombres de los miembros involucrados, con Arturo y José a la cabeza.
-¡Tú asesinaste a mi hermano!... ¡Ahora estoy segura!... ¿Cómo lo hiciste?.
Refugio señaló a Arturo, este hizo una mueca y murmuró entre dientes:
-Pusimos en su termo de café unas gotas del mismo somnífero que le dimos al perro. Lo demás fue fácil, él debió haber sentido algún malestar, como era muy
terco se mantuvo en la cubierta. Seguramente no le dio importancia. La marejada nos ahorró el trabajo de empujarlo, él cayó solito, Víctor, José y yo no
lo ayudamos.
-¡Malditos desgraciados!... ¡Se han de pudrir en la cárcel!. La sirena de la patrulla interrumpió las maldiciones de Refugio. Aurora se dejó caer sobre
el sofá y lloró en silencio mientras Gabriel la abrazaba. Fermín entregó a los cautivos, después se comunicó con su padre y le contó lo ocurrido.
Guillermo se trasladó al chalet con la finalidad de esclarecer ante Aurora, Refugio, Fermín y Gabriel, lo ocurrido.
-Desde hace aproximadamente quince meses, Augusto me informó que alguien introducía droga en nuestros contenedores. No sabíamos quien era. Detectamos dos
cargamentos pequeños, menos de cien kilogramos. Después los traficantes se volvieron más audaces, metieron un cargamento de quinientos kilogramos. Esos
fueron los detectados, vayan ustedes a saber cuantas veces pasaron inadvertidos otros tantos embarques. Empezamos a sospechar de nuestra propia gente porque
era imposible que personas ajenas a la empresa pudieran entrar en las bodegas. José Clemente y Víctor Flores trabajaron para Eduardo Calles antes de estar
con nosotros. Augusto y yo habíamos escuchado rumores de que ese tipo andaba involucrado con narcotraficantes, jamás se le ha podido demostrar nada, pero
ahora está hundido hasta el cuello. Víctor y otros tantos fueron atrapados ayer en el puerto de Veracruz por la armada naval, con cinco toneladas de estupefacientes,
los muy idiotas intentaron descargar en la playa que está cerca de la escuela naval. Un cadete los vió, notó que el grupo actuaba de manera sospechosa,
informó al superior y enseguida una patrulla se encargó de averiguar que pasaba en la playa. Todos los vehículos de transporte, terrestres y acuáticos
pertenecían a Eduardo Calles. En su casa encontraron armas y droga, en su oficina también.
-Pero… ¿Cómo sabes tú todo eso?.
-Gabriel, desde el primer hallazgo de droga en el barco, avisé a la policía. De ahí en adelante, siempre navegó una persona encubierta, encargada de detectar
si había droga. Esa persona le avisaba al capitán y nos deshacíamos de ella antes de tocar puerto. Luego los buzos de la naval recuperaban el cargamento
y guardaban la evidencia. Las autoridades navales no querían que los traficantes se enteraran que éllos sabían lo del contrabando, no usábamos radios pues
los mensajes corrían el riesgo de ser interceptados. Cuando no se le podía informar al capitán de manera verbal, se le dejaba una nota que el capitán rompía
después.
-Yo encontré la última nota que recibió Augusto sobre su escritorio. ¿Por qué la dejó a la vista?.
-Mateo, todo estaba planeado para que compartiera la información con algunos sospechosos. Augusto los incluyó a ustedes tres porque siendo los hijos del
dueño y su mejor amigo, nadie pensaría que desconfiáramos de ustedes. Así Carlos y Víctor siguieron haciendo de las suyas sin imaginar que los teníamos
en la mira.
-Papá… ¿Tú sabías que habían cogido mi plantilla para escribir el anónimo?.
-Sí, te pido disculpas, no creí que Gabriel se tomara tantas molestias por indagar quien era el propietario.
-¿Por qué nos mantuvieron al margen de todo lo que sabían?.
-Gabriel, quería protegerlos, son mis hijos, esa gente es capaz de todo por lograr sus fines. Tú y Fermín son muy atrabancados, seguramente se hubieran
enfrentado con toda la banda sin medir las consecuencias.
-Aurora, su tía y Mateo han estado en peligro, si tú nos hubieras puesto al corriente de las cosas nosotros las hubiéramos protegido las veinticuatro horas
del día.
-Padre, Gabriel tiene razón, mira lo que estuvo a punto de ocurrir hoy.
-¿Cómo podíamos saber que este par actuaría por su cuenta?. Ayer Arturo me ofreció entregarme estos papeles a cambio de una cantidad de dinero y de la promesa
de que lo ayudaría a escapar, sabía que tenía a la policía sobre su espalda. El agente de la naval me dijo que concertara la cita, que le tenderíamos una
trampa. ¿Quién podía saber que las notas de Augusto estaban aquí?.
-Gabriel, Fermín, aquí no ha pasado nada, todo está bajo control, cálmense.
-Mateo: ¡Mi hermano está muerto!... ¿Dices que no ha pasado nada?.
-Señora Refugio, esa es una terrible realidad que está fuera de nuestras manos remediar. Si les sirve de consuelo les diré algo que hasta ahora Mateo y
yo manteníamos en secreto. Augusto no quiso preocuparlas, en el último examen médico de la compañía se le detectó cáncer de próstata. Les repito, no es
un consuelo, pero su muerte fue rápida y además quedó en el mar, todos sabemos que fue lo mejor para él, no sufrió en un hospital tratamientos y encierros.
¿Qué hubieran preferido?.
-Piensen en lo que ha dicho don Guillermo, yo que fui lo más cercano a un hermano, considero que Augusto vivió y murió en paz.
EPÍLOGO.
Eduardo Calles, Carlos, José Clemente, Víctor y demás compinches, se encontraban en una prisión de alta seguridad, acusados de delitos contra la salud,
fraude, asesinato, etc, etc.
-¿Se ha despejado la bruma que envolvía tus sentimientos?. ¿Aceptarás ser la señora de Pacheco?.
Aurora apoyó la espalda en el muro del pequeño faro de Nautla, respiró profundamente y agitó su cabellera con ambas manos. Habían pasado cinco años desde
la muerte del capitán, durante los cuales se dedicó a estudiar con ahínco la carrera de biología marina y a mantener una estrecha amistad con los hermanos
Pacheco. Tenía un año de noviazgo con uno de ellos y ahora él le estaba pidiendo que se casaran.
-¿Permitirás que salga a los viajes de investigación?. Deseo ejercer mi profesión.
-No abrá ningún problema, mi padre donó la embarcación y yo seré el capitán, así que estoy seguro de que no te perderás ninguna excursión.
Gabriel la atrajo hacia sí y la besó apasionadamente. Después del prolongado beso, montaron en su moto y se dirigieron al chalet para comunicarle la noticia
a Refugio y Mateo. Ellos tenían casi cinco años de casados y todavía parecían novios
Fermín permanecía soltero y desde que Aurora mostró su preferencia por Gabriel, se sintió liberado para volver a su antigua costumbre de mujeriego. Él era
feliz, siempre se le veía acompañado de hermosas mujeres, junto con su padre se dedicaba a la administración de la empresa desde la oficina, en tanto que
Gabriel era el responsable de los cuatro barcos. Las rencillas entre hermanos estaban olvidadas, Aurora se encargó de unirlos, uno de los requisitos que
les impuso para conservar su amistad fue el de que dejaran de discutir. El otro requerimiento fue apelar a la paciencia de ambos, hasta que ella estuviera
segura de a cual de los dos entregaría su corazón.
Desde el primer momento supo que amaba a Gabriel, no se lo demostró porque si ella hubiera tomado partido desde el principio, los hermanos hubieran vuelto
a separarse y ella deseaba que la bruma del odio no cegara el amor fraternal. Cuando estuvo segura de que nada ni nadie podría apartarlos y de que Fermín
no sería lastimado por su decisión, aceptó ser la novia de Gabriel. Ahora, en unos días, sería su esposa y sabían que la espera había valido la pena, ambos
estaban seguros de sus sentimientos.
Fin de la novela.
SECCIONES DE AYUDA