<BGSOUND SRC="musica.mid" LOOP="INFINITE"> BRUMA

 

BRUMA.

 

RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.

 

Irma Gpe. Vela Meza.

 

Marzo 2005.

 

 

CAPÍTULO IX.

 

Fermín dejó a Gabriel en casa de Mateo y continuó su camino. Cuando Gabriel abrió la puerta principal, se dio cuenta de que alguien había entrado a registrar.

Todo estaba revuelto, los cojines de los muebles de la sala estaban rotos, despanzurrados. El trinchador y la vitrina tenían las puertas abiertas y todo

su contenido había sido volcado. Hicieron lo mismo en la cocina, la recámara era un caos. Lámparas, cuadros, espejos, botiquín, el depósito de agua del

inodoro, en fin; todo había sido revuelto y a su vez, al parecer, no era obra de ladrones porque aparentemente nada faltaba. Los electrodomésticos se hallaban

ahí, la tele, el radio y hasta una cartera con mil pesos estaba a la vista. ¿Quién o quienes habían armado tal alboroto?. ¿Qué buscaban?. ¿Lo encontrarían?.

 

Todas estas preguntas se hizo Gabriel mientras recorría en silencio la casa. Se percató de que la intrusión se efectuó por el patio trasero, la cerradura

de la puerta de la cocina estaba rota. Salió al patio posterior, trepó en una barda y vió que la casa colindaba con un baldío desocupado, en el que pululaban

todo tipo de bazofias y hierbas. Convencido de que no podía hacer nada, empezó a empacar la ropa y los afeites de Mateo en un maletín. Luego improvisó

una tranca para la puerta de la cocina y empezaba a poner un poco de orden en el sitio cuando escuchó la bocina del auto de Fermín.

 

-Será mejor que vengas a ver esto.

 

Fermín lanzó un silbido y admirado preguntó:

 

-¿Qué piensas?... ¿Qué puede tener Mateo para que hayan puesto su casa patas arriba?. Porque está visto que no entraron a robar.

 

-Eso es obvio. Será mejor informárselo y ver que cara pone cuando lo sepa.

 

-¿Informarás a la policía?.

 

-No lo sé, estoy tentado a hacerlo, esta pinche gente no se anda con rodeos. Asesinaron a Augusto, intentaron hacer lo mismo con Mateo y conmigo, no sé

que es lo adecuado.

 

-Gabriel… ¿Sigues pensando mal de él?.

 

-Lo que menos quiero es pensar. Mira Fermín, tú te encargarás de indagar si la secretaria de don Eduardo reconoce a Mateo o a Arturo. ¿Tienes alguna fotografía

de ellos?.

 

-Sí, hay una en la que estamos Víctor, Juan, Mateo, Arturo, el capitán, tú y yo. Esa foto servirá pues quizás identifique a otro.

 

-Bien, tú te encargarás de ese asunto y yo le haré una visita a nuestro amiguito Arturo. Me huele a que nos andamos acercando a la solución de este enigma.

 

Cuando Mateo escuchó que su casa había sido revuelta, se disgustó y afirmó que no sabía el motivo. Los jóvenes lo observaron atentamente y llegaron a la

conclusión de que el hombre decía la verdad.

 

Preocupados por los acontecimientos recientes, Mateo y Refugio decidieron informar a las autoridades, poniéndolos en antecedentes del contrabando.

 

Gabriel y Fermín les suplicaron que esperaran un poco, solo el tiempo suficiente para que don Guillermo fuera avizado.

 

Intentaron localizar a Guillermo por vía telefónica, les fue imposible pues la secretaria les dijo que había salido de la ciudad por una emergencia con

rumbo al puerto de Veracruz y que retornaría hasta la noche.

 

Refugio y Mateo decidieron aguardarlo y escuchar su opinión con respecto a los últimos acontecimientos.

 

Aurora y Fermín pospusieron su paseo y los hermanos se despidieron para retornar a casa de Mateo. Gabriel creía encontrar alguna pista que les descubriera

el motivo del registro.

 

-Fermín: ¿dices que no has podido contactarte con la secretaria de Eduardo Calles?.

 

-El teléfono de la oficina no da línea y en el de su departamento nadie contesta. Si quieres me daré una vuelta por la cantina que frecuenta Arturo, a ver

si logro obtener alguna pista que se te haya pasado por alto.

 

Mientras Refugio tejía al lado de Mateo, le platicaba sus planes para el futuro. Aurora les dejó solos y se dirigió a la planta alta, a la recámara de su

padre para seguir desocupando el ropero, la cómoda y el escritorio.

 

Toda la ropa la tenía doblada dentro de una caja de cartón, solo le faltaba revisar los documentos y papeles que se guardaban en el escritorio. Al aproximarse

al mueble, advirtió el viejo maletín de piel que usó el capitán en su último viaje. Lo alzó del suelo y colocándolo sobre la cama, vació el contenido esparciéndolo

sobre la colcha del lecho. Apartó la ropa de los demás objetos y la iba a introducir en una de las cajas de cartón cuando advirtió que había un papel dentro

de la bolsa de uno de los pantalones. Alisó con las manos el arrugado papel y lo leyó en voz alta.

 

-Clave: 321-2B procedente de Colombia. Encargado: José Clemente Riande Chapa. Aurora entrecerró los ojos y trató de recordar en dónde había escuchado ese

nombre. Luego bajó corriendo las escaleras y entró en la sala temblorosa y agitada.

 

-Mateo, mire usted lo que encontré entre la ropa de papá.

 

Mateo leyó en silencio el contenido de la nota, reconoció la procedencia de la hoja, y explicó:

 

-Esta hoja ha sido arrancada de la bitácora de tu padre, debe haber otras dos, búscalas, ahora estoy seguro de que Augusto fue el que las arrancó porque

en ellas seguramente escribió algo que nos descubrirá al culpable de su muerte.

 

Refugio acompañó a la sobrina, entre ambas registraron cuidadosamente cada prenda y pertenencia que el capitán llevó al viaje, estaban por rendirse cuando

Refugio descubrió en el forro del maletín las dos hojas que faltaban a la bitácora. Sin intentar leerlas se las llevaron a Mateo. Ambas se detuvieron en

la puerta del saloncito cuando vieron al hombre que apuntaba con una pistola a la cabeza de Mateo.

 

-Bienvenidas, hagan el favor de sentarse. Me da gusto que estemos todos reunidos y que hayan encontrado el verdadero informe del capitán.

 

Mateo dirigió una mirada suplicante a las mujeres para que obedecieran de inmediato, la vida de los tres estaba en peligro, el hombre no se andaría con

rodeos, venía a apoderarse de esos papeles y les daría muerte. Como y donde, no importaba. Mateo sabía que talvez los trasladarían hacia otra parte, quizás

los arrojaran al mar.

 

 

 

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