IMÁGENES Y RECUERDOS.
RELATOS Y CUENTOS MEXICANOS.
Irma Guadalupe Vela Mesa.
20 de Noviembre 2005-11-19
VIII.
Chema recuperó las pertenencias de su hermana y de los cirqueros, las extrajo de la guardería de la estación ferroviaria. Lo primero que Fátima le había
mostrado era Babú, su juguete más querido. La hermana nunca tuvo afecto por las muñecas, siempre prefirió los juguetes de él, hasta que su padre le regaló
ese oso pardo que adquirió en un viaje por Inlaterra. Al mostrárselo ambos sonrieron y Fátima le contó:
-Madre me dijo que Babú guardaba un secreto. Eso ocurrió la última noche que la vi con vida. No supe cual era ese secreto porque nos lo iba a revelar en
casa de los abuelos. Lo que haya sido, se encuentra oculto dentro del oso, mira, aquí está la costura que le hizo en la panza. Siempre quise averiguar
qué era lo que madre escondió dentro de Babú, me faltó el valor, imaginaba que algún día lo abriría con Alejandro, ahora que sé que tú estás vivo, te corresponde
descubrir a mi lado cual es el secreto que encierra Babú en su interior.
Chema extrajo una navaja del cinturón, en un momento abrió las costuras y sacó el relleno de borra y aserrín. Encontró un estuche que contenía las joyas
más valiosas de su difunta madre.
-Siempre creí que los asesinos se habían llevado las prendas de nuestra madre. Míralas, todos estos años has dormido abrazada a ellas y sin saberlo. Por
derecho te pertenecen, las joyas de la madre siempre son para las hijas. Con ésto tendrás suficiente dinero como para vivir desahogadamente por el resto
de tu vida, aunque no me gustaría que las vendieras. Fátima, no sé si deseas quedarte a mi lado o retornar al circo. Hasta ahora no hemos hablado acerca
del asunto. Ésta es tu casa, te corresponde una parte del rancho y yo estoy dispuesto a compartirla contigo. Ahora que te he hallado no te escatimaré la
herencia que nos han dejado los abuelos y padres. Cuando te cases te entregaré la dote que estaba dispuesta para ti y Asunción.
Fátima no tuvo tiempo de responder porque en ese momento los dos pequeños hijos de Araceli y Chema entraron corriendo en el salón y aferrando la falda de
su tía Fátima, le rogaron que realizara algunas acrobacias. Filo venía tras ellos, en otro tiempo hubiera reprobado severamente las piruetas de su sobrina,
ahora contemplaba encantada la flexible figura de Fátima cuando actuaba para los niños y se llenaba de dicha al verla con vida. No dejaba de maravillarle
el gran parecido físico que la joven tenía con su difunta cuñada. Dispuesta a resarcir a Fátima por todas las veces en que la maltrató, se mostraba exageradamente
afectuosa, tanto que empalagada por las manifestaciones de Filo, Fátima se unía a su hermano para recorrer el rancho ya fuese a pie o a lomo de caballo.
-Tino, Chela, no molesten a su tía. ¿Qué no ven que está ocupada hablando con papá?... Vengan conmigo, los llevaré a la cocina para que Lucha les de unas
galletitas de canela. La tía Filo cogió a Pergentino y a Graciela de la mano, delicadamente los apartó de Fátima y los llevó a la cocina. Antes de salir
de la estancia Filo se volvió hacia Fátima y le dijo con esa voz melosa que utilizaba para los niños y para ella:
-Hijita, te estoy elaborando un vestido de fiesta para la cena de Navidad, será mi regalo, espero que te lo midas para terminarlo. ¿Podrías pasarte por
el cuarto de costura cuando tengas un ratito desocupado?. Fátima asintió y le dijo que iría después de comer. Los niños y la tía desaparecieron al cerrar
las puertas del salón; Fátima y Chema retomaron la conversación:
-Chema, mi intención es pasar
de vida que me agrada.
-¿Piensas casarte con Alejandro?... No me mires así, noté la tristeza que te embargó cuando él se marchó. Por eso intuí que tú le amas; pero… ¿él te corresponde?.
-Chema, nuestro amor es complicado, sé que Alejandro me ama tanto como yo a él. Sin embargo, se niega a admitir que yo seré dichosa viviendo con él y criando
a nuestros hijos en el circo. ¿Sabes?... El muy idiota se siente poca cosa para mí, por eso huyó. Ni siquiera estoy segura de encontrarlo con sus padres
cuando regrese. De todos modos lo haré, me gusta la vida que he llevado y le demostraré que soy una Tedi de corazón.
-¿Qué pasará con tu herencia?...
-Chema, no te ofendas, el dinero, la tierra, todas las posesiones materiales te atan de un modo u otro. Prefiero la libertad del cirquero que anda de aquí
para allá esforzándose cada día por mantenerse en condiciones de trabajar para ganarse el sustento.
-Me parece incongruente esa decisión, en fin, todo sea por el gran amor que siento por ti; respetaré tu forma de pensar y no intentaré persuadirte. Ahora
sabes que me tienes y que cuentas conmigo siempre, en todo momento, espero que recurras a mí cada vez que lo necesites.
Los días pasaban, Fátima seguía experimentando esa angustia indescriptible que la embargaba al ensimismarse en sus pensamientos. Era cierto que las construcciones
se hallaban irreconocibles, a simple vista se advertía que era un lugar próspero, agradable y moderno.
-“Mi hermano ha mejorado mucho el rancho, cambió todo, sí todo, menos la tierra. El campo sigue siendo el mismo, las raíces de estos magueyes siguen absorbiendo
las sustancias de la tierra que se regó con la sangre y se nutrió de los cuerpos que murieron aquí. Mi hermana y padres alimentaron este suelo, su esencia
flota en el ambiente creando los fantasmas que pueblan mis pensamientos y apenan mi corazón. ¡Mientras los asesinos sigan impunes las almas de todas sus
víctimas seguirán clamando justicia!... M m m m… Enrique Vera… Ahora que lo he visto, ahora que sé quién es, no debo, no puedo, dejar impunes sus crímenes.
Ese hombre es como una bestia ávida de sangre, seguirá cometiendo fechorías hasta el fin de sus días. ¡Qué bueno que mi hermano ha convencido a varias
personas de que lo denuncien!. Chema es un buen abogado, estoy segura de que con las pruebas que ha reunido en contra de Vera y sus secuaces, el juez de
Guadalajara lo pondrá tras las rejas el resto del tiempo que le quede por vivir”.
La tarde caía, sobre las copas de los árboles el crepúsculo teñía el cielo con las tonalidades del fuego y las nubes tomaban formas caprichosas que inspiraban
a las sensibilidades poéticas. Las montañas que rodeaban el valle con sus cimas nevadas difuminaban en todas direcciones la luz del sol que se despedía.
Tupidos bosques que albergaban gran variedad de flora y fauna, aromatizaban el ambiente y pintaban de disímiles tonalidades el paisaje. Fátima volvió a
trepar al árbol que le diera cobijo aquella noche fatal. Desde lo alto admiró los campos sembrados de maíz, café, fríjol; su mirada se posó sobre las alineadas
filas de magueyes que se perdían en la distancia y en las hermosas flores de Noche Buena que bordeaban el sendero que conducía a la casa. Por último entrevió
en la lontananza el sinuoso camino que llevaba al rancho. Pudo entrever que una camioneta se dirigía hacia el lugar y el corazón le dio un vuelco. Esperanzada
trató de identificarla. ¿Sería una de las camionetas del circo?... El vehículo se detuvo demasiado lejos y no logró identificar a ninguna de las siluetas
que descendieron de él. Esperó en vano a que reanudaran la marcha, la noche fue cubriendo paulatinamente con su oscuro manto la sierra y Fátima tuvo que
bajar del árbol para entrar en la casa antes de congelarse.
-Chema, Araceli; antes del anochecer pude ver una camioneta que se dirigía hacia acá, venía mucha gente en ella, me extraña que no hayan llegado. Posiblemente
el vehículo se les averió, alcancé a ver cómo bajaban de él y lo abandonaban a un lado del camino. ¿Por qué no envías a uno de los trabajadores a buscarlos?,
la noche está muy fría y oscura. La pareja le sonrió cariñosamente a Fátima y con una pícara mirada Araceli intercambió un guiño con su esposo antes de
hablar:
-¿Quiénes podrán ser?... Por aquí no recibimos muchas visitas, a excepción de los vecinos que por cierto, viven a varios kilómetros de distancia y que solo
vienen cuando hay fiesta, nadie más nos frecuenta.
-Araceli olvida a los que vienen hasta el rancho por asuntos de negocios. Esa gente también nos distingue con visitas periódicas, pero nunca en esta época
del año. ¿Cuántas personas dices que eran?...
-No lo sé exactamente, tal vez unas quince o dieciséis. Todos vestían como hombres, m m m; en el circo cuando hace mucho frío las mujeres no tenemos ningún
inconveniente en usar pantalones.
-¡Ajá!... ¡Crees que son los cirqueros!... ¡Jajajajaja!... Si en lugar de estarte retorciendo las manos como si yo fuera un ogro capaz de negarme a recibir
a tus amigos me hubieras confiado directamente lo que pensabas, en este momento mis hombres ya estarían guiándolos a través del campo hacia el calor de
nuestro hogar. Fátima… ¿Dónde quedó aquella chamaquilla consentida que jamás dudaba en decir cuales eran sus deseos?... ¿Dónde está la mocosa latosa que
me adoraba, que cogía todas mis cosas y que me contaba todo lo que pasaba por su mente?.
-Chema, te sigo queriendo mucho, pero son tantos años, hemos cambiado y pensé que quizás estuvieras resentido conmigo por preferir volver con los Tedi en
lugar de quedarme aquí.
-¡Bah!... Ideas tuyas. Yo lo único que deseo es tu felicidad, si crees que está al lado de ellos, ¿Quién soy yo para impedirte ir a su encuentro?... Es
verdad que me gustaría que te establecieras cerca de mí, que amaras tanto como yo esta tierra que ha sido el sustento de nuestros antepasados por muchas
generaciones; cada cabeza es un mundo y no puedo obligarte a compartir mis ideas. El destino nos ha permitido vivir, nos apartó, nos reunió, el rumbo que
sigamos es cuestión de él y de nosotros. Aunque vayamos juntos, cada uno seguirá el surco de sus propias metas y anhelos. Fátima se echó en brazos de Chema
y le depositó multitud de fraternales besos en el rostro.
La mayoría de los hombres que trabajaban en el rancho durante el día retornaban a sus hogares al caer la tarde. Solo unos ocho hombres ocupaban las barracas
que se hallaban junto a la casa del capataz. Tres de ellos se encaminaron en busca del grupo que Fátima vió mientras que el resto permaneció en una vigilia
intranquila. El reloj de péndulo que colgaba de la pared del vestíbulo marcó las once de la noche con sus habituales campanadas. Se escucharon Unos rápidos
pasos cruzando el pórtico de la casa principal y después los golpes del aldabón contra la puerta. Era el capataz, acompañado por Rosalío y Simón. En los
rostros de los tres hombres se reflejaba el temor. Chema los introdujo de inmediato a su despacho y antes de que los hombres inquietaran más a las mujeres
preguntó:
-¿Qué ocurre?... ¿A qué han venido?... Simón estrujaba nerviosamente el sombrero que tenía entre las temblorosas manos, a pesar del frío tanto Rosalío como
él sudaban copiosamente. Ante la impaciencia de Chema, Simón tomó la palabra:
-Señor, hemos venido a informarle que el General Vera y veinte hombres vienen hacia acá dispuestos a todo. Yo me enteré porque mi hija Flora cuando le servía
la birria al General y al teniente Ocampo los escuchó decir que lo apartarían del camino asaltando el rancho por la noche, igual que hicieron en vida de
los padres de usted. El cirquero, ese tipo que se llama Alejandro tiene varios días de estar ocultándose en el merendero, él fue el que me animó a buscar
a Rosalío y a que viniéramos hasta aquí para informárselo.
-¿Alejandro?... Y… ¿dónde está él?...
-Nosotros veníamos cortando camino por el monte cuando vimos que el General y su pandilla de criminales viajaban en una camioneta. El cirquero nos dijo
que trataría de retrasarlos obstruyendo la carretera y que nosotros intentáramos llegar con usted para ponerlo sobre aviso lo más rápido que pudiéramos.
Chema frunció el entrecejo y dirigiéndose al capataz le inquirió:
-¿Alertaste a los hombres antes de venir para acá?.
-Sí señor, están vigilando la casa y los posibles sitios por donde pudieran introducirse a los prados que la rodean. También me tomé la libertad de poner
a mi familia a salvo trayéndome a mis hijos y mujer, están en la cocina. Perdone usted el atrevimiento, no quise dejarlos sin protección allá en mi estancia,
estos tipos tienen fama de arrasar con todo, pienso que si nos atrincheramos juntos en la casa principal tenemos más posibilidades de enfrentarlos.
-Hiciste muy bien. Entrégales a Simón y a Rosalío unos rifles, también dales armas a las mujeres y muchachos que sepan disparar. Reparte municiones y diles
a los hombres que disparen a matar, que no se anden con rodeos, esa endemoniada gente carece de escrúpulos.
Chema les informó a las mujeres de su familia cual era la situación, omitió mencionarles que Alejandro se encontraba en grave peligro al intentar retrasar
la llegada de los maleantes. ¿Cómo lo haría?... Eso sólo lo sabía el mismo Alejandro.
-“Debe querer mucho a mi hermana para arriesgar la vida de esa manera”. Pensó Chema mientras obligaba a Fátima y al resto de las mujeres a meterse en un
sótano con los niños más pequeños. Sólo Chema y Araceli sabían que ese sótano se comunicaba mediante un túnel con una cueva que se hallaba a cien metros
de distancia de la casona. Los primeros disparos se escucharon, Chema se apresuró a reunirse con sus hombres, se despidió dándole un ardiente beso a su
esposa y prometiéndole que nada malo les ocurriría. Cuando se reunió con el capataz, constató que todo estaba bajo control y que ya no corrían riesgo.
-Vaya, vaya; no esperaba tamaña sorpresa. No cabe duda que la unión hace la fuerza y que el “valiente” vive hasta que el “cobarde” quiere. Chema contempló
admirado cómo se habían unido varios hombres que en el pasado vivieron temerosos de lo que Vera le pudiera hacer a sus familias si intentaban poner freno
a sus correrías. Los tres trabajadores que envió a buscar al grupo que Fátima viera venir por la carretera, al darse cuenta de que eranVera y sus compinches,
se unieron al cirquero y buscaron ayuda en las rancherías cercanas. Pronto se corrió la voz de que el General Vera y su grupo de criminales andaban por
los entornos y que pretendían poner coto a “Los Tres Magueyes”. Las buenas relaciones de Chema con sus vecinos influyeron para que muchos acudieran en
su ayuda. Ahora el grupo de maleantes se hallaba a merced de la gente que en el pasado fue victimada por sus abusos. Vera y Ocampo comprendieron tardíamente
que se habían metido en la boca del lobo. La mayoría de sus secuaces puso pies en polvorosa, abandonando a su líder. Los intentos de Chema por hacer que
entregaran a las autoridades al General y a su compadre Ocampo junto con los cinco hombres que lograron capturar fueron infructuosos. Los enardecidos apresadores
con los ánimos exaltados, trasladaron a sus prisioneros fuera de la propiedad de los Álvarez y cobraron venganza por cuenta propia linchando a los reos.
-Es triste que toda esta gente se haya convertido en asesinos por dar rienda suelta a su ira. Me hubiera gustado que Vera pagara por sus crímenes en una
prisión, que un juez y un tribunal dictara su sentencia, que las manos de mis amigos no se mancharan con la sangre de estos miserables. El matar en defensa
propia tiene atenuantes, el matar a sangre fría, con premeditación, nos convierte en criminales.
-Querido Chema, esposo mío; matar es matar. Para una persona buena, noble, no hay diferencia, la culpa del crimen siempre permanecerá en su recuerdo y le
pesará en su conciencia como una losa de granito. Ten el consuelo de que trataste de evitarlo. Por lo menos sabemos que esos hombres jamás volverán a dañar
a nadie. Ven, vayamos a consolar a Fátima, tu hermana está muy triste; Alejandro se ha vuelto a marchar sin esperar a verla, sin permitir que le diéramos
las gracias, sin dejar ningún mensaje.
La noche Buena llegó, en el hogar de los Álvarez reinaba la paz y la alegría de los hermanos que volvían a estar juntos después de tantos años. Entre todos
adornaron una gran rama de pino y crearon una maqueta para colocar las figuras de cerámica que representaban un belén. De un piano brotaron las primeras
notas de los viejos villancicos que Fátima hubiera aprendido por boca de su madre. La tía Filo fue la encargada de recordárselos y pronto se vió envuelta
en la magia de amor y paz que reina en los corazones de aquellos que ven en el pequeño niño Jesús la esperanza de un reino de vida, paz, justicia y amor.
Sintió como renacía su fe. La ilusión de volver a encontrarse con Alejandro renovó su espíritu, arrulló al pequeño muñeco y lo depositó delicadamente en
el pesebre.
-“Duerme y no llores, Jesús del alma. Duerme y no llores, mi dulce amor. Duerme y no llores, que esas tus lágrimas, parten el alma, ten compasión. Si por
mí lloras Jesús amado, por mis pecados e ingratitud; que cese el llanto y en adelante, ya nunca ingrato te haré llorar”. Con suave voz todos acompañaban
el canto.
La mañana de Navidad la familia asistió con sus mejores galas a la misa, el pueblo de Arandas había olvidado sufrimientos pasados, reunidos en armonía celebraban
como todos los años la llegada de El Verbo Encarnado y al entrar en la iglesia Fátima comprendió que el don de la fe había arraigado en ella con más fuerza
que en su niñez. Con humildad reconoció:
-“Señor, hágase en mí según tu voluntad. Ésto dijo tu madre, ésto aceptaré yo. Seguiré buscando mi camino, consciente de que estás a mi lado guiándome.
Porque Tú sabes mejor que nadie lo que es bueno para mí. Sólo dale la luz a mi entendimiento para aceptar tu voluntad”.
Con estas reflexiones Fátima se mantuvo serena, resignada a seguir buscando su destino sin aferrarse a que Alejandro se comprometiera con ella. Aunque estaba
segura que él siempre ocuparía un lugar importante en su corazón, ya que lo consideraba su primer y único amor. ¿Cómo poder entregarse a otro después de
lo que sintió entre sus brazos?... La había marcado con sus besos y caricias, con la profundidad de ese amor que el muy necio se empeñaba en sacrificar.
Epílogo.
el cielo era más azul, de ese tono de azul intenso, brillante. Como trozos de algodón las nubes de inmaculada blancura flotaban a la deriva, tomando las
caprichosas formas que la mente imaginativa de Fátima y sus sobrinos le quisieran dar.
Cuando Fátima se enteró que el circo había abandonado el país sin ella, su corazón se desgarró. Solo la constancia de su fe la hizo recuperarse y soportar
con la paz que da la esperanza el futuro. Mediante un telegrama y una llamada telefónica, Iván, Belén y Úrsula se habían despedido, diciéndole que un contratista
de talentos circenses los había contratado para efectuar una gira por Europa. Para todos, ésto consistía en la oportunidad de sus vidas, era imposible
desaprovecharla. Desgraciadamente el telegrama en que invitaban a Fátima a tomar parte en la gira no fue entregado a tiempo en el rancho pues llegó el
mismo día en que se suponía que Fátima debía estar en el puerto de Veracruz para emprender el viaje por mar. Desde ahí y después de múltiples intentos,
la operadora logró contactar con el rancho de los Álvarez y fue así como Fátima pudo escuchar a su familia adoptiva que se despedía y prometía irla a visitar
cuando retornaran al país.
Tres meses habían transcurrido, tres meses que sirvieron para que ella descubriera que en el rancho también podía ser feliz, porque el amor a sus verdaderos
familiares era tan fuerte como el que sentía por los cirqueros y llenaba el vacío que Alejandro se negó a llenar.
-“No moriré de amor, por el contrario; el amor es lo que me mantiene viva”. Ensimismada en sus recuerdos, con la mirada perdida en la lejanía, apenas si
ponía atención a los requerimientos de Tino y Chela. Cuando ambos niños tiraron de ella para retornar a casa, se percató de que las horas habían transcurrido
sin sentir.
-“¿Cuánto tiempo estaré así?... ¿Pasaré el resto de la vida lamentándome por lo que no pudo ser?...”
-¡Mira tía!... ¡Es papá, viene hacia acá con un señor!... Fátima se volvió hacia donde Pergentino señalaba, el corazón le dio un vuelco al contemplar con
quién venía su hermano.
-Fátima, tienes una visita, me llevaré a los niños para que tú y este caballero puedan hablar con libertad. Chema cogió a sus hijos de la mano y se alejó
sin añadir ningún comentario.
-¿A qué has venido?... Te imaginaba en Europa, al lado de tus padres, rodeado de admiradores. Pensé que durante algunos años no te volvería a ver. ¿Mis
padres están bien?... ¿HA ocurrido algo?...
-Vine por ti… He sido un necio al intentar alejarme. ¿Sabes?... Es inútil tratar de concebir la vida sin escuchar tu risa, sin inhalar tu fragancia, sin
el sabor de tus besos, sin sentirte cerca. Me estaba volviendo loco, cometí un error en una de mis actuaciones y estuve a punto de sufrir un grave accidente.
No podía concentrarme, tu imagen, los recuerdos de todo lo que hemos vivido juntos poblaban mi mente a toda hora. Te llevo en la sangre, en el cerebro,
en el alma. Estás tan metida dentro de mí, que es imposible renunciar a nuestro amor.
-Nunca pretendí ocultar lo que siento por ti, jamás quise que nos apartáramos. Tú fuiste el que te marchaste, el que dijo que lo nuestro no funcionaría,
el que se negó a intentar unir nuestros destinos. Ahora que empezaba a resignarme, vienes con la idea de alborotarme el gallinero. ¿Qué harás después?...
¿Volverás a ser presa de las dudas?... ¿Nuevamente te marcharás para poner en orden tus ideas y sentimientos?... Vamos Alejandro, mírame, soy Fátima Álvarez
Pimentel. ¿Me conoces?... Soy la hija de un hacendado que desde los cinco años de edad ha vivido en un circo y ha formado parte de tu familia. ¿Crees que
mis sentimientos pueden cambiar de la noche a la mañana?... He vuelto a los míos, estoy reencontrándome con el amor fraterno de Chema, con la vida cómoda
y sedentaria, con el cariño a la tierra que nos brinda el sustento, con el sentimiento de pertenencia. Sin embargo, la nostalgia por la vida que llevé
entre ustedes suele invadir mis sentidos, sobretodo en las noches de insomnio. Se marcharon sin mí, todos me abandonaron sin darme la oportunidad de elegir
dónde quería estar. Yo había decidido estar unos días con Chema y luego retornar al circo. ¿Ves?... El destino me ha obligado a permanecer aquí. Soy una
persona adaptable, no juegues más con mis sentimientos; dime claramente lo que esperas de mí, porque solamente tendrás dos opciones: una es largarte para
siempre y la otra es pedir mi mano en matrimonio.
Alejandro se llevó una mano al corazón, la mujer que amaba estaba frente a él con el rostro encendido, los ojos chispeantes, de la trenza que llevaba en
torno a la cabeza se le habían safado unos mechones que el suave viento primaveral agitaba. Tenía los brazos en jarras y las manos apoyadas en la cadera.
Su esbelta figura se inclinó hacia delante como un junco y la falda se le arremolinó alzándosele por encima de las pantorrillas. Fátima luchó contra el
aire para colocarla en su lugar y Alejandro aprovechó el incidente para envolverla en sus brazos y decirle al oído:
-Déjame besarte, extrañé tu sabor, tu aroma, la suavidad de tu piel, de tu cabello, tus caricias...
Con ímpetu arrebatador le recorrió el rostro con los labios depositándole tiernos besos en las sienes, en la frente, en la punta de la nariz, las mejillas,
las orejas, los párpados, la boca; mientras que ella le acariciaba el cuello y la nuca dejándose doblegar por el amor que ambos se profesaban. Después
de manifestarse lo mucho que se ansiaban, hicieron un alto y se miraron a los ojos viendo cada uno el reflejo del otro en sus dilatadas pupilas.
-¡Te amo, te amo, te amo y estoy dispuesto a todo por ti!. He dejado el circo, vengo preparado a establecerme y formar una familia, si ese es tu deseo.
-¿Qué?... ¿Cómo has dicho?... ¿Has dejado el circo?... Pe… pe… pe… pero… ¿Por qué lo has hecho?.
-Por amor, quiero lo mejor para ti, la vida de cirquera no lo es. Cuando la familia se marchó se vendieron muchas cosas. Las carpas, los camiones, algunos
animales, en fin; nos deshicimos de casi todo. Yo no quise irme, había algo que me retenía aquí, era una pequeña mujercita llamada Fátima, pero no podía
venir corriendo a su encuentro con las manos vacías. Con el dinero que repartió mi padre por la venta de las cosas entre todos los miembros del circo y
con algo más que Úrsula y mi madre me dieron, compré unos caballos adiestrados para la charrería y me pienso dedicar a promover este arte. ¿Recuerdas que
el capataz que tenía tu padre me enseñó a manejar la reata y que siempre quise incluir ese número en las actuaciones?.
-Sí, claro que lo recuerdo, como también recuerdo que Iván siempre se negó a que lo hicieras. Decía que lo folklórico no era nuestra rama.
-Pues bien, estoy dispuesto a demostrarle que podemos tener éxito fomentando el espectáculo de la charrería y sus diez suertes.
-¿En qué consisten?... ¿Durante todo este tiempo has estado trabajando en eso?...
-Estuve en Guadalajara, en el lienzo charro Cermeño, ahí aprendí unas cuantas cositas que me servirán en el futuro, cuando empiece con la crianza y adiestramiento
de mis propios caballos y gente. Ven, vamos a sentarnos bajo la sombra de aquél frondoso árbol, te explicaré en qué consisten las suertes del espectáculo.
Tomados de la mano caminaron unos cuantos metros y se echaron sobre la fresca hierba en donde los tréboles eran abundantes. Fátima tomó uno entre sus manos
y recostada sobre el pecho de Alejandro lo escuchó hablar mientras jugueteaba con la flor.
-Lo primero es la cala de caballo, aquí se demuestra una compenetración total entre el jinete y su animal. Se ve la buena rienda y obediencia del caballo.
Un juez calificará el brío, el buen gobierno, estribo, la andadura, postura de cabeza y cola; lo más importante es la velocidad y la manera en meter las
patas y las huellas que dejó el caballo al rayar. Lo haces correr unos setenta metros para frenarlo a pleno galope, sin disminuír la carrera. También se
advierte su mansedumbre con giros y movimientos laterales. La segunda suerte es llamada piales en el lienzo; montado en su caballo, el charro debe detener
la carrera de una yegua que pasa a galope tendido lazándole las patas. El coleadero es la tercera de las suertes, aquí el jinete en su cabalgadura tiene
que derribar un toro cogiéndole por la cola antes de rebasar los sesenta metros. Sigue el jineteo de toro, para ello se utiliza un pretal que rodea el
cuerpo del animal y le provoca un mayor corcoveo que terminará agotándolo. El tiempo que permanezcas sobre el toro no cuenta, lo importante es bajarte
limpiamente de él, apearte de su lomo y caer de pie. La terna en el ruedo es ejecutada por tres charros, tienen que lazar al toro jineteado por los cuernos
o por la cabeza, ésto se hace a pie y lo que se toma en cuenta es el floreo de la cuerda además de la puntería. También en el pial en el ruedo, los charros
lanzan sus reatas después de lucirse con el floreo de éstas, hacia las patas traseras del animal. Luego está el jineteo de una yegua bruta, al igual que
el toro se usa un pretal para mantenerse en su lomo, adornando el jineteo con el juego de piernas. En las manganas a pie se elaboran complicadas filigranas
y giros con la reata antes de lazar una yegua por las patas delanteras cuando pasa frente al charro a toda velocidad, tirando su mangana a una distancia
que no sea menor de cuatro metros. Las manganas a caballo son igual, lanzas la reata, derribas a la yegua, lo que cuenta es el floreo de la reata, la puntería
y el adiestramiento de la montura para ayudarte al lucimiento de esta suerte. El paso de la muerte consiste en que el charro montando a pelo en su caballo
manso se pase a lomo de una yegua bruta que corre a galope tendido por el ruedo, solo se sujetará de las crines y usará sus piernas para abarcar la panza
de la yegua, soportando los reparos hasta que el animal se apacigüe. En la escaramuza charra intervienen las damas, son ejercicios ecuestres que se efectúan
a galope tendido montando al estilo mujeril. Estoy contento con esta oportunidad que se me presenta, si me dedico al adiestramiento de caballos para mantener
vivo este deporte mexicano podré establecerme y brindarte una vida decorosa.
-Alejandro, yo era feliz en el circo, no es necesario que te sacrifiques, podemos reunirnos con tus padres en Europa o unirnos a otro circo.
-No Fátima, andar como gitanos de un lado a otro, no es lo que deseo para ti y los hijos que Dios nos quiera dar. Te confieso que no lo hago solo pensando
en tu bienestar, también he pensado en el futuro de ambos. ¿Qué será de nosotros cuando tengamos la edad de mis padres o de Úrsula?... Tú lo has visto,
cada día tienen menos oportunidades, mi padre solo encontrará trabajo como maestro de ceremonias o quizás de payaso, no quiero que acabemos los días sin
un techo sobre nuestras cabezas y sin un pan que llevarnos a la boca. Durante todo este año trabajaré como enajenado para juntar dinero y poder comprar
un terrenito en donde poco a poco construiremos lo que será nuestro hogar.
-¿Qué?... ¿Un año?... ¿Nos casaremos después de todos esos meses?...
-Es el tiempo que requiero para ahorrar lo suficiente y…
-¡Basta de tu estúpido orgullo!... Le pedirás mi mano a Chema y él te entregará junto conmigo la dote que mis padres me heredaron. Eso será suficiente para
que fundemos nuestro rancho de caballos.
-¿Cómo?... ¡Jamás aceptaré tu dinero!... ¡Eso es únicamente tuyo!... ¿Qué pensará la gente?... ¡Dirán que me caso contigo por interés!...
-S h h … Calla, escúchame. Te amo y estoy segura de tu amor. Todo lo mío es tuyo, cuando nos casemos de ti dependerá mantenerme, protegerme, usa lo que
hoy tenemos a mano para acortar el tiempo de nuestra separación, con tu esfuerzo y trabajo multiplícalo. Seré tu compañera para toda la vida, si comparto
tus sueños, tus anhelos, si estoy dispuesta a seguirte a donde quieras ir; es justo que tú también me concedas ciertas concesiones. Hablemos con Chema,
cuéntale tus proyectos y permite que mi hermano nos ayude. Hace muchos años mi padre se interesó por la crianza de caballos, desgraciadamente la mala fortuna
no le permitió realizar su proyecto. Chema tampoco lo ha logrado hacer, al parecer no ha encontrado a la persona idónea que se encargue de entrenar a los
animales. ¿Te das cuenta?... ¡Podrían asociarse!... Tú pones la experiencia y algo de capital, él pone el terreno y el resto de la inversión.
Alejandro hizo lo que Fátima le pidió y en un par de meses
todo estaba resuelto. A los pies de
eran interpretados al son del Mariachi, una pareja de novios intercambiaba sus votos nupciales en cumplimiento de una manda que Fátima había hecho a la
mencionada advocación Mariana. Dentro de los límites de “Los Tres Magueyes” la campirana propiedad de los Tedi Álvarez fue construída y destinada a la
crianza de caballos. Unos años después, Iván, Belén y Úrsula; un poco más viejos y cansados, vinieron a vivir con ellos y con los tres hijos que Fátima
y Alejandro habían engendrado. Las gemelas Asunción y Gloria eran muy parecidas a su madre, mientras que el pequeño Alejandrito tenía el porte de su padre.
Los primeros años fueron difíciles para ambos, las diferencias de opiniones los impulsaban a discutir, las reconciliaciones los hacían olvidarse de los
desacuerdos y aprender a conocerse mejor. El cambio en el estilo de vida nómada a la sedentaria se fue dando paulatinamente, poco a poco hicieron a un
lado la añoranza de los aplausos del público y el glamour de las actuaciones. Como matrimonio se descubrieron y compenetraron día a día en un amor tan
profundo que casi los hacía adivinarse los pensamientos. El nacimiento de las gemelas afianzó más la determinación de Alejandro por entregarle lo mejor
de sí a sus hijas y esposa. Fátima le correspondía con el mismo afán y para cuando nació su tercer hijo estaban tan unidos en cuerpo y alma, que todos
los ponían de ejemplo como el matrimonio más unido que se hubiese visto por la región. Muy a menudo en público y en privado se mostraban como unos novios
profundamente enamorados, solo la muerte podría separarlos y esa tardaría muchos años en llegar. Junto con el tequila y las charreadas, “Los Tres Magueyes”
siguió incrementando su fama y prosperidad.
FIN DE LA NOVELA.
SECCIONES DE AYUDA