JARIPEO Y MARIACHIS.
RELATOS Y CUENTOS MEXICANOS.
Irma Guadalupe Vela Meza.
Diciembre 29 de 2005-12-29
CAPÍTULO SIETE.
CONCESIONES DE AMOR.
-¡Qué difícil me resulta estar a tu lado en la semipenumbra de esta habitación, escuchando el sonido del monitor, las voces murmurantes de las personas,
sus pasos amortiguados, tu pausada respiración. Sí, es doloroso no poder oír tu voz, sentir el tacto de tus manos, verte en los ojos la luz de los pensamientos,
en los labios esa sonrisa cautivadora, simplemente tener la certeza de que saldrás bien de este percanse. Por primera vez he utilizado mis conocimientos
de enfermería para obtener un beneficio propio. Hice ostentación de ellos y me permitieron quedarme a tu lado durante todas las noches que sean necesarias,
hasta que vuelvas a los que tanto te amamos. Querido mío, estaré junto a ti, todo el tiempo que se requiera, cuando recuperes la conciencia arreglaremos
nuestras discrepancias, porque estoy segura que te pondrás bien y que volverás a ser el mismo de siempre. Lo harás por ti, por mí, por Veva; ambas te amamos.
Charro montaperros, perdóname, he sido muy egoísta, primero intenté evitar a toda costa enamorarme de ti, luego condicioné nuestro amor y por último te
mandé a paseo cuando surgió la primera dificultad. Esa tarde fui a buscarte con la esperanza de encontrar una solución a lo nuestro, mira lo que son las
cosas, ahora estamos juntos y al mismo tiempo distantes. Deseo que mi voz se filtre hasta lo más profundo de tu ser, que percibas lo mucho que te amo.
Daniel, allá en donde te encuentres, escúchame, siénteme, regresa. Tus abuelos, todos tus parientes, tus amigos, Veva y yo, todos queremos que vuelvas.
Lucía permaneció despierta al lado de Daniel durante varias noches, hablándole, rememorando el tiempo compartido, mimándolo y atendiéndolo de manera personal
y profesional. En el transcurso del día venían a suplirla los familiares: tíos, tías, primos y primas; todos lo querían, se trataba de una familia unida
por los indisolubles lazos de sangre y de amor. Don Alfonso y doña Raquel estaban al corriente del entrañable afecto que surgió entre su nieto y las protegidas
de los Pláceles, también conocían los motivos de Daniel para renunciar a ese amor y encarar con responsabilidad su paternidad no deseada. Desde que el
nieto se convirtiera en hombre, dejaban que eligiera y discerniera por sí solo en sus asuntos personales, respetando sus disposiciones, opinaban que cada
quien era el arquitecto de su propio destino y que ellos, seguirían amando a hijos y nietos tal y como fueran, porque el verdadero amor es absoluto e inagotable.
Por el día Lucía retornaba a sus actividades y obligada por Justo y Carolina, se permitía dormir unas horas entre las seis y las once de la noche antes
de volver a la clínica en donde se hallaba Daniel y permanecer en vela hasta que llegaban a reemplazarla entre las seis y siete de la mañana, de este modo
no privaba a Veva de sus cuidados maternales al mismo tiempo que dedicaba amorosos cuidados al charro.
Desde la profunda oscuridad que le envolvía, Daniel fue capaz de apreciar el amor de Lucía. Los médicos, las enfermeras y ella misma, se dieron cuenta que
el ritmo cardiaco de él se mantenía estable, relajado, cuando ella se encontraba presente y que se alteraba ligeramente si se apartaba de su lecho. Lucía
comprendió que de alguna manera, dentro de su ser, Daniel sentía el amor que le profesaba, que ese lazo invisible lo podía atraer nuevamente a los suyos.
Tenazmente siguió hablándole. Un fin de semana, dejándo a Veva al cuidado de Cristina y los Ppláceles, se instaló en la habitación de la clínica con la
expectativa de recuperar al hombre que le había robado el corazón. Los doctores se mostraban optimistas, la inflamación cerebral había desaparecido, se
atrevieron a bromear:
-Este muchacho se cree el bello durmiente, quizás sólo esté aguardando un beso de amor para despertar del sueño.
-Colega, ha provocado que esta señorita se sonroje, posiblemente cuando salgamos de aquí se atreverá a llevar a cabo la sugerencia. Se nota que lo quiere
sinceramente, el joven será un suertudo si sale de ésta y hace feliz a la chica. Mientras tanto, sigamos auscultando al paciente. Murmuró el segundo médico
bajando el volumen de la voz, tanto, que Lucía no pudo escucharlo, aunque sabía perfectamente que estaban hablando de ella.
Cuando se volvió a quedar a solas, se acercó a Daniel y acariciándole las sienes le comenzó a platicar todo lo que se le venía a la mente. Una idea le revoloteaba
una y otra vez, deseaba manifestarle su amor más allá de las palabras, de las caricias de sus manos. La ingenua broma de los médicos se convirtió en un
impulso irresistible y en un arranque desesperado por hacer que Daniel recobrara la conciencia, Lucía unió sus labios a los de él en un beso furtivo que
inició como una caricia lisonjera y se transformó en un torrente de anhelantes deseos, de profundo sentir, como si quisiera meterse en su cuerpo para fluir
por sus venas y llegar al centro mismo de la esencia del Charro. Entregándose, doblegando todo rastro de orgullo femenino, dejó expuesta su alma, manifestándole
que él era su rey, el único que mandaba en su corazón y que siempre lo sería. Aparentemente todo siguió igual, no se advirtió ningún cambio, después de
unos minutos Lucía se percató de un ligero temblor en los músculos del brazo. Otras veces le había visto movimientos reflejos, en esta ocasión Daniel movió
los párpados y un gemido brotó de su garganta. Estaba saliendo del coma y Lucía llamó a los doctores al mismo tiempo que intentaba tranquilizarlo.
La gravedad del paciente quedaba atrás, otros problemas fueron superados, como las secuelas de doble visión y la ronquera por haber estado tantos días sin
hablar. La primera palabra que pudo pronunciar después de que lo pusieran al tanto de lo ocurrido fue el Nombre de Maru. Un sentimiento de culpa se agregó
a su situación, le dolió la pérdida del hijo nonato, deseaba ver a la chica para pedirle perdón por todos sus desplantes. Ignoró la presencia de Lucía,
aún cuando todos le contaron que había sido la única persona que día a día pasó las noches en vela, sin permitir que nadie la relevara de su turno. Esto
destrozó por completo las ilusiones de la muchacha.
-“Los estoy esperando, sí, me refiero a sus crudos comentarios. Lo sé, cuando repartieron cerebros yo no asistí, ni siquiera me enteré. Una y otra vez caigo
en el mismo error, entrego el corazón en bandeja y me lo devuelven cortado en trocitos. Recogeré los cachitos de mi corazón, los colocaré en una charola
y la meteré al congelador, cuando se encuentren protegidos por un sólido bloque de hielo evitaré a toda costa exponerlos al fuego. ¡Sí, estoy llorando!...
¡Pero estas serán las últimas lágrimas que derramo por un amor mal correspondido!... Lo sé, lo sé; tengo a Veva, en ella volcaré mi amor, apartaré los
pensamientos de los calenturientos deseos que Daniel logró despertarme, me dedicaré con esmero a vivir alejada de toda ilusión que implique una relación
intrínseca con ese macho de la especie llamado “hombre”. El consuelo que me queda, es que Daniel se ha restablecido y que después de tres meses, en unos
días reanudará sus actividades. No, en todo este tiempo no me ha mandado a llamar y a pesar de los ruegos de doña Raquel yo no he querido volver a la clínica.
M m m, faltaba más, ir a buscarlo, lo último que haría sería convertirme en una buscona. Me alegra que se encuentre bien, tendrá que usar lentes para ver
de cerca, al parecer el golpe le afectó la visión. Los doctores dicen que los lentes serán temporales, aunque fueran permanentes, todos damos gracias al
Cielo de que no haya sido algo peor. La vida sigue, zapatero a tus zapatos. Eso quiere decir que Veva y yo hemos de continuar nuestro camino sin que este
desengaño nos empañe la existencia.”
-“Conciencia, puedes estar satisfecha, Maru y yo hemos charlado y juntos logramos superar los remordimientos surgidos por el nefasto desastre que terminó
con la vida de un ser inocente. Ciertamente fue un accidente que ninguno de los dos concebió deliberadamente, tampoco estuvo en nosotros evitarlo. Es irónico
darse cuenta de lo dañino que resulta cometer acciones irreflexivas, egoístas y luego intentar zanjar el problema buscando una salida que beneficie a nuestros
propios intereses. Si Maru hubiera muerto junto con el niño, sería un hombre emocionalmente acabado, lo mismo le sucedería a ella si a mí me hubiera ocurrido
algo irreversible. Afortunadamente los dos sobrevivimos indemnes y esto sirvió para hacernos meditar en lo vana que fue nuestra existencia. Maru ha vuelto
sus ojos hacia Rogelio, estoy seguro que también volverá su corazón hacia él. Se vé que el hombre la quiere a la buena, todo este tiempo se ha mantenido
a su lado brindándole apoyo, manifestándole su amor. Yo también soy afortunado, todos me han referido la abnegación con que Lucy me cuidó y están extrañados
de que no le permitiera visitarme desde que salí del coma. Lo que no entienden es que la amo demasiado como para consentirle que siguiera sufriendo. No
tenía la certeza de quedar bien, sé lo mucho que Lucy me ama porque siento lo mismo por ella, aunque hubiera quedado lisiado me seguiría amando y eso no
lo podía aceptar. Ahora que estoy recuperado y que soy capaz de ir a su encuentro, la buscaré. Esta vez nada ni nadie nos podrá apartar, bueno, solo la
muerte, pero no creo que la fatalidad se ensañe con nosotros. Lucy, mi chica de oro, ha de estar desencantada, pero mi buena estrella brillará y me perdonará
porque estamos hechos tal para cual, nuestros sentimientos encajan como las piezas de un rompecabezas. La vida que he llevado ha sido hueca, superflua,
egoísta, el amor que siento por Lucy y Veva me redime, Dios me otorga otra oportunidad y le estoy agradecido. No más parrandas, no más enredos de faldas,
procuraré ser un padre ejemplar y un esposo digno de la mujer que incondicionalmente estuvo a mi lado cuando más la necesité.”
Una tarde, casi cuando estaban a punto de cerrar la clínica veterinaria, un BMW rojo se estacionó frente a la puerta del negocio.
-¡Lucy!... ¡Tenemos visita!... ¡Mira quien viene hacia acá!... Se ve guapísimo, nadie pensaría que ha estado tan grave.
-Cristina, dile que ya vamos a cerrar, no lo dejes entrar.
-Ese no viene a comprar nada, se le nota a leguas que viene por ti. Deberías de aprovechar para pelarle la piña, si no quieres nada con él, díselo de una
vez por todas y libérate de la espina que traes atravesada, porque no hay quien te aguante.
-¡Maldición!... Creí que eras mi amiga, no quiero saber nada de ese charro montaperros y me vuelves la espalda al primer favor que te pido. Si tú no cierras
esa puerta yo misma lo haré, le daré con la puerta en la nariz y a ver qué cara pone.
Lucía se apresuró a correr hacia el portón, su esfuerzo fue inútil, llegó tarde. Daniel evitó que lo cerrara colocando firmemente un pie calzado con bota
vaquera como tranca. Ante el obstáculo las mejillas de Lucía enrojecieron de enfado. Impotente ante la corpulencia del adversario, irguió la espalda, alzó
la barbilla y con fuego en los ojos se dirigió a él con la voz más indiferente que pudo emitir:
-Señor, el horario de trabajo concluye a las seis, haga el favor de permitirme cerrar y si desea adquirir algo venga mañana.
-Lucy,, cariño, tanta formalidad me sorprende; deja a un lado el resentimiento y permíteme que te explique los motivos que tuve para alejarte de mí durante
el tiempo que tardé en restablecerme por completo.
-La verdad es que no me importa nada de lo que me pueda decir. Haga el favor de olvidarse que existo, déjeme en paz. Me da gusto que haya recuperado su
salud, de verdad me alegro, ahora retírese para que yo pueda salir de aquí. Si viene por una emergencia mi compañera lo atenderá.
-Lucy, lo siento mucho, vine para hablar contigo y tu actitud me obliga a tomar una medida drástica.
-¿Qué?... Le he dicho que no hay nada más que decir, siga su camino y permítame continuar el mío.
-Nuestros caminos van juntos y si te niegas a admitirlo te lo demostraré. Lucy dio un paso atrás adivinando en los ojos de Daniel sus intenciones. Fútil
fue su intento de escapar, los brazos de Daniel fueron más rápidos y ciñéndola por la cintura se la echó al hombro como si no pesara nada. La joven se
debatió con pies y manos, de su dulce boca salieron las blasfemias más escabrosas que el charro hubiera escuchado de una mujer. Mientras le aprisionaba
las piernas con un brazo, con la mano libre le aporreó las nalgas hasta que la hizo enmudecer.
-Así está mejor. Cristina, haz el favor de informarles a mis padrinos que la señorita Lucy salió conmigo a dar una vuelta, no sé a qué hora volveremos,
eso depende únicamente de ella. Daniel la instaló en el asiento del copiloto y prudentemente la ató con el cinturón de seguridad.
-¿Dónde me llevas?... ¡ésto es un secuestro!... ¡Abusas de tu fuerza ante una indefensa mujer!...
-¿Indefensa?... Me has rasguñado, mordido, pateado, abofeteado… Si me descuido, eres muy capaz de mandarme nuevamente al hospital y lo único que pretendo
decirte es que te amo y que deseo pasar el resto de nuestras vidas juntos. ¿Qué dices a eso?...
-No te creo, hace unos meses dijiste lo mismo y me engañaste. ¿Sabes qué es lo que pienso?... Que tus lujuriosos apetitos te precipitan a desearme por encima
de todo y como te puse las cosas difíciles, tu afán por conquistarme se duplicó. Te gustan los retos, siempre has tenido a las mujeres que se te antojaron,
pero yo no soy como todas las que te bailaron el agua.
-Lo sé, por eso mismo te amo y tengo la convicción de ser correspondido.
-Arrogante, presumido, eres igual que el otro Daniel.
-Jajajaja, deja de gastar saliva, lo que hubo entre ese Daniel y tú fue una equivocación. Lo único bueno de ese error es Veva, sólo por eso valió la pena
equivocarse para volver a levantarse más fuerte, más hermosa, más mujer. Lo que sentiste por ese fulano en su momento no se compara en absoluto con lo
que sientes por mí. Para bien o para mal el destino nos ha unido y estamos atados por un lazo indisoluble que despierta en nosotros este sentimiento, que
puedes llamar como quieras; yo lo denomino amor.
Daniel detuvo el auto en una cabaña situada en la barranca de Oblatos, se bajó del vehículo y ayudó a Lucía a descender.
-¿Por qué me has traído aquí?.
-De todo lo que me dijiste, tenías razón en una cosa: te he secuestrado. Nos quedaremos aquí hasta que admitas que me amas y aceptes ser mi esposa. Intentaré
por todos los medios convencerte, incluso si te tardas en darme el sí, puede ser que salgamos de aquí con un hermanito para Veva.
EPÍLOGO.
Guadalajara proviene del vocablo árabe 'Wad-al-hidjara', significa río que corre entre piedras. Nuño Beltrán de Guzmán fue su fundador y le dio este nombre
en honor a su ciudad natal. Esta cápsula cultural es una cortesía de la escritora, no se preocupen, contendré la lengua, mano y mente; evitaré echarles
más rollo. A continuación Lucía y Daniel les referirán el desenlace de este relato.
-Han tenido suerte, la loca de la escritora no les atosigó con sus desvaríos que sólo sirven para llenar de paja este relato. Me cedió la oportunidad de
contarles lo que sucedió aquella noche. Hace ya veinticinco años que Daniel me raptó y se encerró conmigo en una cabaña. Pasamos ahí toda la noche, a la
mañana siguiente salimos más unidos de lo que habíamos estado. Daniel tiene muy grande… el corazón, ¿qué otra cosa imaginaron que diría?... Continuando
con lo dicho, sí, mi esposo posee un corazón noble, dispuesto a albergar en él todo el amor que día a día nos ha manifestado a nuestros tres hijos, incluyendo
a Veva, y a mí. No puedo negar que durante todo este tiempo hemos tenido altibajos, conflictos y preocupaciones; hasta hoy, todo lo hemos superado gracias
al amor que nos unió desde el principio de nuestra relación. Mi hija y sus dos hermanos llamados Alfonso y Justo, saben que Daniel Corona no es el padre
biológico de Veva, al principio pensamos que lo mejor sería ocultárselos, pues Daniel adoptó a mi hija como suya, al paso de los años, cuando ella alcanzó
la suficiente madurez como para entenderlo, resolvimos decirle la verdad de su origen porque las mentiras siempre son descubiertas y como volví a entablar
contacto con mi padre, Daniel y yo tuvimos miedo de que alguien se encargara de desvelarle el secreto, ya fuese por accidente o deliberadamente. Los sentimientos
entre Daniel y Veva no cambiaron, me atrevo a afirmar que eso los unió aún más. Alguna vez me preguntó por el hombre que la engendró, fue más por curiosidad
que por cualquier otra cosa. Hoy está felizmente casada y pronto nos dará nuestro primer nieto. La vida da muchas vueltas, Cristina se casó con Gastón,
actualmente radican en San Diego, mi mejor amiga es ahora Maru Santos, finalmente se casó con Rogelio. Mi hijo Alfonso es novio de su hija y si las cosas
siguen como están, cuando termine la carrera de odontología se casarán. Justo también anda con una chica, pero a sus veinte años no se toma nada en serio.
Salió a su padre, cuando se asiente y se enamore, apaciguará sus correrías. Los Pláceles y los abuelos de Daniel ya no pertenecen a este mundo, nos dejaron
su grato recuerdo como testimonio de la bondad que todos podemos prodigar entre los que nos rodean. Obras, no palabras, es lo mejor que podemos dejar como
herencia.
-“Conciencia, puedes estar tranquila, te escuché y encontré la dicha al lado de Lucy. La paz, el equilibrio, la armonía espiritual que nos da la plenitud
como seres humanos, está dentro de cada uno, de nosotros depende hallarla y volcarla entre los que nos rodean para crear esa atmósfera de dicha que eleva
los sentidos por encima de todo. Cierto es que las personas que están cerca de nosotros influyen, es algo recíproco, gracias a mi esposa e hijos he alcanzado
comprender que la vida es un intercambio de afectos. Cuando encerré en la cabaña a la que hoy es mi mujer, deseaba obtener su mente, su alma, su espíritu,
y, sí, su cuerpo. Era un cretino, eso es imposible, la individualidad del ser es inexpugnable, solo damos lo que queremos, como, cuando y dónde se nos
antoja. Yo la elegí para amarla sin límites, ella correspondió a mis sentimientos con igual intensidad, la casualidad propició que dos personas que se
amoldaran con tanta precisión se encontraran y prosiguieran recorriendo el camino de la vida juntos. Mi juventud se aleja, pero en este cuerpo que hoy
reciente el paso del tiempo sigue vibrando la energía que da el amor que siento por Veva, Alfonso y Justo, el amor que siento por su madre. ¿Qué más puedo
desear?... Oh sí conciencia, tienes mucha razón: prolongar este amor a través de los nietos y hasta que Dios me llame a cuentas, así será.”
FIN DE LA NOVELA.
SECCIONES DE AYUDA