JARIPEO Y MARIACHIS.

 

RELATOS Y CUENTOS MEXICANOS.

 

Irma Guadalupe Vela Meza.

 

Diciembre 29 de 2005-12-29

 

NOTA DE LA AUTORA.

 

Mediante esta serie de novelas cortas he intentado darles a conocer algunos aspectos geográficos, históricos y costumbristas o folklóricos de mi Patria;

este escrito sigue la misma línea que me he trazado y la trama de su historia se desarrolla en una de las ciudades más populares de la tierra en donde

vivimos los llamados Mexicanos…

 

Cuando se piensa en México desde el punto de vista de los extranjeros, sabemos que la mayoría aludirá al tequila, al mariachi, al charro. Son las imágenes

que el cine ha hecho famosas a nivel mundial. Nosotros, los mexicanos, podemos sentirnos orgullosos de muchas otras cosas que nuestra Patria posee. Sus

valles, cañadas, volcanes humeantes, zonas arqueológicas, pueblos pintorescos, reservas ecológicas, playas; todo el país de norte a sur, de este a oeste,

guarda innumerables bellezas para compartir con aquellos que deseen conocerlo. Sin embargo, en este relato nos referiremos al charro y al mariachi como

elementos representativos de nuestra idiosincrasia que ha evolucionado y permanece vigente, actual, traspasando fronteras sin limitarse por el tiempo o

la distancia.

 

¿Por qué jaripeo?... Antiguamente nos referíamos al jaripeo como la fiesta charra en la cual se mostraban las habilidades campiranas de los hombres dedicados

al manejo del ganado. Hoy en día, algunos utilizan este término para denominar a la monta del toro. En mi relato, el jaripeo será la fiesta charra y así

lo entenderemos cuando haga referencia a él.

 

Como en una fiesta charra no puede faltar el mariachi, lo incluiremos en esta historia y haciendo mención a los recientes descubrimientos del origen de

la palabra “mariachi” diremos que procede de una localidad de Jalisco llamada Cocula y que sus habitantes autóctonos eran muy aficionados a la música.

Por consiguiente la palabra desciende del coca-náhuatl y significa canto, baile, alegría. Brevemente con la letra de esta canción popular resumiremos:

“de Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones, de San Pedro su cantar, de Tequila su mezcal y los machos de Jalisco afamados por entrones, para eso

traen pantalones.”

 

Enterados de ésto, tendremos que situarnos en el estado de Jalisco, en la ciudad de Guadalajara, ¿en qué época?... ¿Cuál será el mejor año para ubicar a

los personajes de esta historia?... Cualquier año es bueno, ¿les parece bien los años setenta?... Bueno si no les gusta esta década tendrán que aguantarse

porque fue cuando conocí a estas personas y pienso narrarles los acontecimientos tal y como sucedieron. ¡Que nadie se atreva a dudar de mi veracidad!...

Soy una mujer sincera, que jamás me atrevería a mentirles… ¿O sí?...

 

PRÓLOGO.

 

-Después de dos días de viaje por fin he llegado a mi destino. Salí el viernes por la noche de Córdoba Veracruz y llegué a México Distrito Federal el sábado

a las siete de la mañana. Aguardé en la estación ferroviaria de Buena Vista a que el tren con destino a Guadalajara saliera, eso fue hasta las seis de

la tarde. Sí, viajo en tren porque es lo más económico y además viajo en segunda clase. Genoveva me acompaña… ¡perdón!... no me he presentado; soy Lucía,

tengo veinticuatro años, poseo dos títulos: uno de enfermera y otro de nutrióloga, Veva es mi pequeña de tres meses de edad. Soy madre soltera y ustedes

se preguntarán cómo es posible que me haya pasado ésto siendo enfermera... Les podría responder: ¡no sean metiches!... Indudablemente mi buena educación

no me lo permite. Así que les diré que los accidentes pasan y que el padre de mi hija es un médico de treinta y ocho años al cual se le rompió el condón

y Veva ha sido el resultado de esa tragedia para su padre y de esa dicha que me llena cada vez que pienso en ella o al contemplarla. Cuando me percaté

de que estaba embarazada sentí miedo. Daniel y yo pensábamos casarnos en unos meses, habíamos acordado que por el momento no tendríamos hijos. Él se hallaba

agobiado porque tenía dos años de haberse divorciado y la mujer le embargó la mitad del sueldo como parte de una pensión alimenticia para los dos hijos

que surgieron de ese matrimonio. Por dicho motivo, Daniel se oponía a tener más descendencia. Como estaba muy enamorada de él, deseaba hijos y creí que

estando casados lograría persuadirlo. Las cosas no siempre resultan como uno las planea y la cigüeña nos anunció su próxima llegada. ¡No me apuren que

ya voy al grano!... Mi amado doctorcito se opuso terminantemente a que Genoveva naciera y yo acepté hacerme un legrado, total, apenas tenía dos meses y

quince días de embarazo, eso no era un ser humano; me dijo él. Dentro de su consultorio, en la misma mesa de auscultación en donde tantas veces habíamos

hecho el amor, me recosté. Esta vez no era la amada novia del doctor, tampoco la enfermera, esta vez era una paciente que aguardaba aterrada el momento

en el que le sacarían a ese intruso de su cuerpo. En el último instante, cerré las piernas y me bajé a trompicones de la mesa. ¡Yo también trabajaba, me

haría cargo de mi hijo!... Daniel intentó persuadirme por segunda vez, su esfuerzo fue vano, gastó saliva a lo tonto porque no logró convencerme. Las amenazas

y pleitos están demás, no se los referiré; ¡no sean morbosos!... Confórmense con enterarse de que Daniel y yo rompimos nuestro compromiso. Antes de que

mi embarazo se comenzara a notar, él se encargó de difundir que el hijo que esperaba no era suyo y que esa había sido la causa de la disolución de nuestro

noviazgo. Sí, lo pueden decir: ¡infame, poco hombre, mezquino cobarde!... Lo maldije en silencio todos los días hasta que Genoveva nació y con su tierna

persona curó las heridas de mi corazón.

 

Córdoba es una ciudad pequeña del Estado de Veracruz, pueblos chicos, chismes grandes. Mi padre viudo se casó en segundas nupcias cuando yo contaba con

siete años de edad. Su nueva mujer aportó dos hijos al matrimonio que tuvo con mi padre y su parecido con la madrastra de Cenicienta no fue lejano. Me

fue imposible ocultarles mi pancita después de los cinco meses, así que tuve que decírselo y cuando se convencieron de que Daniel no se casaría conmigo,

aludiendo a que había manchado el honor de la familia me pusieron de patitas en la calle. Sin Hada Madrina, sin ratones, sin calabaza, bueno más bien sí

llevaba las calabazas que mi querido novio me dio; me encaminé hacia la casa de mi mejor amiga y ahí me asilaron hasta que volví a estar en condiciones

de trabajar. ¿Quieren saber también qué hago aquí en Guadalajara?... Lo imaginé desde el principio, ustedes son muy, pero muy, chismosos.

 

¡Me quedé sin trabajo!... Tuve problemas con la jefa de enfermeras, ¿sería porque se convirtió en la nueva conquista de Daniel?... Dejémoslo así. El caso

es que de todo y por todo me reportaba y la dirección del hospital terminó por pedirme la dimisión y me dieron una liquidación que fue mejor que nada.

El tío de mi amiga se encontraba vacacionando por Córdoba, su esposa y él me ofrecieron alojamiento y trabajo en su clínica veterinaria, el inconveniente

era que radicaban en Guadalajara. Ellos no tuvieron hijos, es una pareja de sexagenarios que se encariñaron con Veva desde el primer día, ¿Quién no lo

haría?, mi niña es un angelito excepto cuando tiene hambre o sus pañales están sucios. ¿Qué más les puedo contar?... En este trozo de papel tengo anotada

la dirección de la casa de mis bienhechores: “Ramos Millán 914 entre Manuel Cambre y Manuel Aspiros. Sector Hidalgo.” Con mi pequeña en un brazo y la mochila

a la espalda subo y bajo las escaleras de esta incómoda terminal ferroviaria para salir a la calle. ¿Por qué no se les ocurriría hacer un túnel?... ¡Uf!...

¡Arquitectos!...

 

-Hola, me llamo Daniel, tengo veintinueve años y me dedico a la arquitectura. Mi afición es la charrería y las mujeres hermosas. Mis abuelos dicen que es

tiempo de que deje mi segunda afición y que siente cabeza. ¿Casarme?... ¿Para qué?... Las mujeres me dan todo lo que puedo conseguir de una esposa y sin

necesidad de comprometerme. Por el momento aquí me tienen, estoy montado en “primor”, él si que es un fiel amigo que comparte mis ideas, ambos aguardamos

el momento en que hemos de salir al ruedo para enfrentarnos al toro. ¡Aquí está la señal!... ¡Han soltado al torito y tengo que derribarlo!... Con la mano

derecha saludo tocándome la orilla del sombrero. En este momento “primor” y yo somos uno, caballo y jinete estamos compenetrados, contamos con sesenta

metros para derribar al animal.

 

¡Pachoneo al toro!... ¡Oh sí, les explicaré!: pachoneo es darle una nalgada agarrando inmediatamente la cola del animal. Ahora la enredo en mi pierna derecha

por encima del tobillo sin sacar el pie del estribo. Al mismo tiempo voy accionando y abriendo a “primor” con el objetivo de estirar el rabo del toro para

hacerlo caer. ¡Lo he conseguido!... ¡Es una buena puntuación!... ¡Lo hice en menos de treinta metros!..... ¡Los mariachis están tocando “El Son de la Negra

que tanto nos gusta a mis abuelos y a mí!...

 

Daniel se quitó el sombrero de charro para agradecer las ovaciones y abandonó el ruedo en compañía de los miembros de su equipo con la intención de prepararse

para la próxima faena. Deseaba conquistar el título de “Charro Completo”, esta nominación se le entregaba al hombre que dominaba siete de las diez suertes

charras. El equipo de Daniel “Charros del Bajío”, competía con el grupo de charros de Aguascalientes llamado “Los Charros Hidrocálidos”. Las puntuaciones

estaban muy parejas, los de Aguascalientes contaban con un charro muy experimentado de nombre Miguel García, mientras que los de Jalisco tenían a Daniel

Corona. Entre Miguel y Daniel existía una animadversión que se remontaba a los primeros años de la infancia, cuando los dos se vieron involucrados por

primera vez en una charreada. Desde entonces cada vez que coincidían en un jaripeo la cuestión de mostrar quién era el mejor charro se convertía en algo

personal. Algunas veces vencía Miguel y otras Daniel. Hoy era un día especial, el espíritu de competitividad había salido del ruedo y Miguel le había volado

la novia a Daniel para casarse con ella. Todos los asistentes y participantes lo sabían, esperaban que en cualquier momento Daniel cobrara la afrenta.

Si el joven verdaderamente hubiera amado a Virginia, seguramente no se la dejaría quitar por Miguel; sin embargo era una cuestión de orgullo y honor indicar

a todos que la muchacha no había elegido bien y que él era el mejor. Así que se jugaría la vida para demostrarlo y de paso humillaría a su altivo rival.

 

La última suerte charra estaba a punto de iniciarse, con “el paso de la muerte” se definiría quien merecía el título de “Charro Completo”. Los candidatos

se presentaron en el ruedo, montados en sus caballos dieron una vuelta y saludaron antes de ir a ocupar un lugar entre sus respectivos equipos. Miguel

dirigió una mirada altiva y burlona a Daniel antes de apartarse, Daniel le devolvió la sonrisa y le guiñó un ojo con picardía mientras le murmuraba algo

que sólo él logró escuchar:

 

-Te ves muy agotado, creo que después de la monta del toro no tendrás fuerzas para volver a montar nada en mucho tiempo. Así que cuida bien de tu ganado,

una de las vaquillas que tienes en casa es muy bruta y requiere de varias montas al día, eso sólo lo podrá hacer un charro completo. Miguel se puso rojo

de la ira, intentó responderle, Daniel se apresuró a salir del ruedo y colocarse en posición de esperar su turno para el paso de la muerte.

 

La yegua bruta fue soltada, Miguel la persiguió montado a pelo en su alazán negro, se acercó a toda carrera a la yegua y logró pasarse de su caballo al

lomo del otro pero cuando la yegua sintió el peso del hombre comenzó a corcovear antes de que Miguel pudiera asirse y lo lanzó al suelo. El crujido del

hueso del brazo de Miguel fue inconfundible: se había fracturado, con esto quedaba fuera de competición y Daniel tenía el camino libre para conquistar

el premio tan anhelado. El destino lo había querido así, los dos corrían el mismo riesgo, lo mismo le hubiera pasado a cualquiera. Minutos después Daniel

salió al ruedo montado a pelo en “Primor”, se lanzó en persecución de la yegua, emparejó la carrera de ambos equinos, cogió la crin de la greñuda, con

resolución saltó sobre su lomo. Inmediatamente el animal comenzó a reparar para desasirse del jinete, los charros arriadores trataron de intervenir para

mantener corriendo a la yegua, pero Daniel les pidió que la dejaran corcovear para que él pudiera acumular más puntos. Después de varios brincos por el

ruedo, Daniel logró apearse del lomo de la yegua bruta y caer de pie; ésto le confirió el título de “Charro Completo” con la mejor puntuación acumulada,

imponiendo un nuevo récord nacional.

 

Sus compañeros lo alzaron en hombros y lo trasladaron al entarimado en donde recibió el galardón de manos de la hija del juez del rodeo. Maru Santos Hoyos

le entregó el reconocimiento y las llaves de una camioneta modelo del año junto con un atrevido beso destinado a enardecer al joven campeón. Entre aplausos

y abucheos, las bocas se apartaron y Daniel contempló divertido la coqueta mirada de María Eugenia. En el cerebro del joven se registró la señal de una

prometedora velada al lado de esa hermosa mujer que portaba a las mil maravillas el traje típico de China Poblana.

 

 

 

    SECCIONES DE AYUDA     

 

 

    Capítulo siguiente!

 

    Volver al índice!