OTRO CANTAR.
RELATOS Y CUENTOS MEXICANOS.
IRMA GUADALUPE VELA MEZA.
Abril 14 del 2006-04-14
CAPÍTULO XI.
UN GRITO DE LIBERTAD.
Los días se convirtieron en meses y la vida de los Sánchez seguía su curso. Agustín y Pilar todavía se dejaban invadir por los recuerdos melancólicos del
hijo perdido; las necesidades hogareñas, el trabajo de la hacienda, los problemas cotidianos, los mantenían activos. La misma Gabriela volvía a sonreír
y junto con Angela se afanaban cuidando a los enfermos en el pequeño hospital que Diego había instalado al lado de la ermita de Nuestra Señora del Pilar.
Clemente repartía su tiempo entre los estudios, las labores campiranas y el retozo propio de los jóvenes de su edad. Doménica, completamente adaptada a
la vida familiar en la hacienda, era como una vibrante campanita que alegraba a todos con sus risas y cantos. Richard y Agustín olvidaron sus diferencias,
cuando los dos hijos mayores del gobernador retornaron a la isla después de una larga ausencia. Unidas en cordialidad las familias continuaron frecuentándose,
apoyándose, compartiendo la comercialización de sus mercancías.
Daniel volvió de la villa de
-“Amigos: el momento ha llegado. Es una realidad que en
de Domínguez, un grupo de liberales se reunía clandestinamente bajo el pretexto de realizar unas veladas literarias que encubrían la conspira de independencia.
Sin embargo, han sido descubiertos y el pasado 16 de Septiembre del presente año -1810- el cura don Miguel Hidalgo y Costilla hizo un llamado a las armas
desde la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. La sublevación se encuentra en marcha, nadie sabe cuánto tiempo habrá de durar, tampoco si llegará el
día en que nos podamos proclamar como una Nación libre y soberana, por el momento requerimos de toda la ayuda que se nos pueda dar; el suministro de armas
y el bloqueo de la costa del Golfo es prioritario, confiamos en ustedes y en sus amigos para recibir este refuerzo.”
-¿Te das cuenta de lo que esto significa?...
-Le preguntó Agustín a su esposa después de leerle la misiva en la soledad de su alcoba-. Pilar se volvió hacia él, rodeándole la cintura con los brazos
se pegó a su torso desnudo y mientras lo besaba cálidamente, le decía:
-Sí Agustín, es lo que has esperado por tantos años, tienes que participar en esa guerra, te marcharás, sólo Dios sabrá por cuánto tiempo y sólo Él sabe
si volverás. Por ese motivo te pediré dos cosas y me las habrás de conceder.
-Pequeña mía, si en mis manos está darte ese gusto, ten por obtenidas tales peticiones.
Pilar alzó el rostro y atrajo la cabeza de Agustín con ambas manos hasta unir sus labios en un prolongado beso, preámbulo de lo que sucedería unos minutos
más tarde.
-Mi primera petición es que no te marches hasta que Angela se haya casado con Diego.
-¿Cómo?... ¿Angela y Diego?... ¡Mujer!... ¿Qué te hace pensar que esos dos se casarán?... Aunque la idea me agrada, he de confesarte que yo no he visto
nada que indique que así será.
-Eres como todos los hombres, puedes estar parado sobre un hormiguero y no darte cuenta hasta que las hormigas te empiezan a picar. Nuestra hija y Diego
se entienden a la perfección, cuando están frente a nosotros intercambian miradas que delatan su enamoramiento. Hay que casarlos, les daré un empujoncito
para que sea pronto, el próximo año quiero ser abuela, ¿tú no?...
-Sí, sí, claro que sí; eso me llenaría de satisfacción, siempre y cuando sea lo que Angela quiera. Si su dicha está al lado de Diego no seré yo quien me
interponga en el camino de los dos. ¿Cuál es tu otra petición?...
Pilar estaba desnuda, le soltó la cintilla de los calzones a su marido y, tomándole la excitada virilidad entre las manos, murmuró con una voz seductora:
-Que nadie pueda decir que Agustín Sánchez de
Agustín le apartó las manos y, alzándola en brazos, la condujo hacia el tálamo matrimonial. Con manos y boca recorrió ese cuerpo que tanto placer le había
prodigado y que a pesar de los años compartidos le seguía despertando el deseo tan intensamente como la primera vez. Ella estaba húmeda, preparada para
acogerlo en su interior; lentamente él fue entrando, hasta que cada uno se transformó en la prolongación del otro, trasladándose a una dimensión de gozo
infinito, de éxtasis embriagador, que por unos instantes otorga a los mortales la plenitud de sentirse imperecederos como los seres supremos que han sido
hechos para reinar sobre toda la creación. Después de la dicha compartida, saciados y agotados, antes de caer en un profundo sueño, Agustín recordó que
Pilar no le había dicho cual era su segunda petición.
-Mujer, pequeña, musa querida; no te duermas antes de decirme qué más pretendes.
-Es algo muy sencillo, tan simple e insignificante que puede esperar hasta mañana.
-¿Qué?... ¡Nada de eso!... ¡Dímelo ahora mismo!... Te conozco, cuando dices eso siempre se trata de lo contrario y generalmente terminas por conseguir enredarme
para que acabe haciendo lo que tú quieres. Ahora tengo la certeza de que estás a punto de pedirme algo inaudito, así que dime de una vez por todas de qué
se trata o de lo contrario no podré conciliar el sueño.
-Hombre, no te pongas así, no es para tanto, lo único que deseo es acompañarte cuando te involucres en esa guerra de independencia.
-¡Diablos!... ¡Lo debí suponer!... ¡Pilarica, has enloquecido!... ¡Jamás te expondré a correr tamaño riesgo!... Me niego a seguir hablando de este asunto,
mi respuesta es no, no y no; escúchame bien: como una buena esposa obediente te quedarás en casa aguardando mi retorno.
-Está bien, así lo haré.
-¿Eso es todo?... ¿No insistirás?... ¿Te rindes tan fácilmente?... Eso me da mala espina, no me lo creo. Una vocecita interior me grita que tramas algo,
que me tenderás una trampa, pero te lo advierto: iré solo y no hay vuelta de hoja.
-Ajá, lo entiendo, y yo también te repito que aceptaré tus disposiciones sin rechistar. Duerme tranquilo y olvida lo que te dije…
En otra parte de la casona, Angela estaba a punto de tomar una decisión que cambiaría por completo el curso de su vida. Se había dado un baño de tina con
esencias aromáticas traídas del lejano oriente; infinidad de veces pasó el cepillo por su negro y sedoso cabello hasta dejarlo tan brillante como la superficie
de un lago a la luz de la luna. A continuación, a la tenue llama de una vela, se contempló por unos instantes desnuda en el espejo mientras se ceñía una
translúcida bata verde esmeralda sobre su cuerpo alabastrino dotado de formas curvilíneas de mujer hermosa. Descalza, sin ningún otro adorno que realzara
o desmereciera su belleza, se deslizó como una furtiva sombra hacia la habitación de Diego.
Muchas veces se llegó a cuestionar sobre los motivos que inducían a una mujer para entregarse a un hombre, incluso tildó de débil a Gabriela por haber permitido
que Esteban la sedujera. Las caricias y besos compartidos con Diego despertaron en ella una ansiedad desconocida, un deseo que inflamaba sus senos, endureciendo
sus pezones, humedeciéndole el sexo, provocándole una palpitación punzante que pedía ser satisfecha. Sabía que a Diego le ocurría algo similar, porque
podía ver cómo se le abultaba el calzón si ella estaba cerca, incluso lo había sentido cuando él tuvo una erección al besarla. Tan atrevida como su progenitor
para conseguir todo lo que se proponía, determinó que si Diego no iba hacia ella para mostrarle las delicias que un hombre y una mujer podían compartir,
ella iría hacia él y le pediría que la hiciera suya. Sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos, abrió la puerta del dormitorio de Diego
y no paró hasta estar de pie al lado de su cama. Diego, que tampoco podía dormir porque el deseo por Angela le robaba el sueño, la sintió llegar y a la
luz de la noche estival que se filtraba por la ventana abierta la vio entrar en el cuarto y pararse frente a él.
-¿Eres una quimera?... ¿Una diosa pagana que aparece para perturbar mi paz?... Si has venido a provocarme dolor por no poderte tener, aléjate de mí, pero
si vienes dispuesta a saciar esta sed que me está matando quédate para hacer realidad mis sueños.
-Tus sueños son los míos, si tu sed es como la mía saciémosla juntos.
Angela se despojó de la bata, trémula de emoción dejó que Diego la asiera de la mano y la invitara a compartir el lecho.
La mañana cálida y soleada auguraba el inicio de un nuevo ciclo en la vida de algunos miembros de la familia Sánchez. Por vez primera en muchos días, Pilar
canturreaba en la cocina al fragor del fogón mientras removía con una cuchara de palo la jalea de tomate que tanto le gustaba a los hombres de la casa.
En su semblante risueño se advertía un cambio radical, volvía a ser la mujer que fuese antes de la tragedia que concluyera arrebatándole la vida a Raimundo.
La fiel Noa, totalmente recuperada, amasaba una mezcla de harina, huevos, levadura y melcocha que convertiría en pan. Angela se puso un delantal y aproximándose
a su madre para besarla en la mejilla no pudo reprimir el deseo de agregar al cotidiano “buen día” una radiante sonrisa y otras palabras que delataron
su actividad nocturna.
-Madre, soy muy feliz y me alegra que usted también esté contenta, es un día maravilloso, ¿han escuchado cantar a los pájaros?, las flores abrieron y su
perfume se propaga por todo el jardín frontal.
-Los pájaros cantan todos los días y tú siempre te has quejado porque te despiertan. El jardín huele lo mismo de noche que de día y si recuerdo bien, la
pasada Primavera dijiste que quitarías algunas plantas porque tanto perfume te mareaba. Angela, ven aquí, mírame a los ojos.
Pilar solo había echado una ojeada a su hija cuando se le acercó a besarla, la locuacidad de la joven y algo que se reflejaba en su rostro hicieron darse
cuenta a la madre de que
-Madre, ¿qué sucede?, ¿por qué me mira así?... Mire que está haciendo que me ponga nerviosa.
-¡Muchachita de porra!... ¿Dónde pasaste la noche?... O mejor debo preguntar: ¿con quién dormiste?...
Angela estrujó el delantal entre sus manos, incrédula y temerosa enfrentó a la madre, en tanto que Noa salía discretamente de la cocina.
-¡Madre!... Yo… Yo… Usted… Es que yo… ¡Qué cosas dice!... ¿Por qué me pregunta eso?... No estará pensando que…
-Tranquila hija, deja que yo me preocupe por tí y respóndeme con la verdad. Sé que tú y Diego están enamorados, ¿durmieron juntos anoche?... No rehuyas
mi mirada, soy tu madre y sólo deseo lo mejor para ti, jamás te daré la espalda ni coactaré tu libertad de elegir y discernir.
-Madre, me avergüenza reconocerlo: anoche fui en busca de Diego, me introduje en su habitación furtivamente y me ofrecí. Me he comportado como una cualquiera,
hice a un lado los principios morales que usted me inculcó, espero que me perdone y comprenda que no estoy arrepentida porque ha de saber que si llegué
a hacer ésto es sólo porque estoy profundamente enamorada de él y es algo que no pude evitar. Diego también corresponde a este amor, hoy mismo hablará
con usted y padre para solicitarles mi mano.
-Eso me tranquiliza, sin embargo me resulta bochornoso que bajo mi techo, mi propia hija diera rienda suelta a su pasión sin aguardar la bendición de Dios
y de sus padres. Angela, en el futuro procura dominar tu denodado carácter, te evitará muchos riesgos innecesarios y muchos dolores de cabeza, tú y los
que te rodean se beneficiarán. Ahora, ponte a trabajar, tendremos que preparar un gran comelitón para festejar el compromiso. Hablaré con Diego y luego
con Agustín, no necesitamos que tu padre se entere de los detalles, podemos prescindir de comunicarle en dónde y con quién has dormido, lo único importante
es que sepa que hoy concederá a su hija en matrimonio y que el hombre que elegiste es de nuestro agrado.
-Gracias madre, sé que después de lo que hice no merezco tanta benevolencia de su parte, ¡es usted la mejor madre del mundo, la más amorosa y comprensiva,
¡que el Señor la guarde por muchos años y a mi padre también!.
Pilar pensaría más tarde en lo irónico de la circunstancia, Diego era su hijastro y nunca imaginó que también sería su yerno. Luego cayó en la cuenta de
que Agustín se embarcaría en una campaña bélica después de que Diego y Angela intercambiaran sus votos matrimoniales. Eso le inquietó, por mucho que lo
deseara, Agustín jamás renunciaría a formar parte de aquella contienda que involucraba a sus amigos, a la tierra que consideraba su patria. Su espíritu
aventurero y caballeresco lo impulsaba siempre a involucrarse en asuntos peligrosos, en causas difíciles. Esta vez Pilar estaba resuelta a no permanecer
en casa con el rosario en mano sufriendo por él, sin saber como estaba o qué peligros lo rodeaban. En esta ocasión sus hijos eran mayores y podían quedarse
solos en la hacienda…
Con el regocijo de todos los involucrados, unos meses después Angela y Diego unían sus vidas en una íntima ceremonia en la modesta ermita que estaba a cargo
de Frai Martín. Pilar y su hermana Dolores recordaron sus propias bodas: la de Dolores había sido con el hombre elegido por ella, del cual se enamoró y
al que seguía amando; la de Pilar fue con un desconocido, impuesto por la tradición paterna de escoger el marido de las hijas, su padre sin saberlo la
entregó a un hombre viejo que la maltrataba y la hubiera matado si Diego - que en aquella época era un niño- no fuese en busca de ayuda y milagrosamente
se encontrara con Agustín, quien además de salvarle la vida la apartó de su desquiciado esposo y le mostró lo que era vivir en libertad, rodeada de amor.
Ahora su hija intercambiaba promesas con Diego, un joven que ella y Agustín querían como a uno de sus propios hijos y por ese motivo auguraban que la nueva
pareja tendría allanado gran parte del camino matrimonial, pues la felicidad conyugal tiene sus altas y bajas, el entendimiento se va dando gradualmente
con la convivencia, con el trato íntimo y cotidiano. Prolongar y engrandecer el amor que los inducía al matrimonio, dependía exclusivamente de la pareja.
Servidores y patrones compartieron las delicias de una fiesta campirana, Richard y Dolores asistieron con sus hijos Rodolfo y Jorge, jóvenes apuestos, primos
carnales de la novia y bailarines incansables que disfrutaron danzando con todas las muchachas sin pasar por alto a Gabriela, cuya discreta personalidad
cautivó la atención de Rodolfo, el mayor de los hermanos. Doménica también encontró en Clemente un compañero jovial y atractivo, juntos disfrutaron de
las bromas y juegos, hasta que Pilar se encargó de meterlos al orden.
Habían pasado ocho meses desde que Agustín recibiera las
últimas noticias de
a su esposa se cumplía. Las goletas “Libertad” y “Guerrera” estaban listas para zarpar en el momento que él diera la orden. El demonio español se reuniría
con su amigo Jean Lafitte en la isla Barataria, ahí recibiría instrucciónes y actuaría según sus órdenes. Era un viaje que llevaba una ruta y duración
indefinidas, quizás tardaría meses o años en volver.
Pilar reunió a sus dos hijos, Angela, que vivía con Diego y Doménica en una casa dentro del puerto, tuvo que viajar por horas para acudir al llamado de
su madre. Clemente, que se hallaba en casa cuando su hermana llegó, se sorprendió al verla pero Pilar salió a su encuentro y entrelazando sus brazos con
los de sus hijos los condujo de inmediato al jardín, lejos de los oídos atentos de Noa y de cualquier otro sirviente que anduviera por la casa.
-Ahora que Agustín se halla en el puerto efectuando los últimos arreglos para su viaje, he querido hablar con ustedes para decirles que me marcharé con
su padre.
-¡Madre!... No es un viaje de placer, él irá a participar en una guerra. Diego deseaba ir, mi padre dijo rotundamente que no, que era algo muy arriesgado,
que nosotros empezábamos nuestro matrimonio y que en lo único que debíamos pensar era en darle nietos.
-En eso estoy plenamente de acuerdo con tu padre. Hizo muy bien en negarse a que Diego se involucrara en esta lucha.
-Madre, es impensable que le permita a usted ir con él, las mujeres no pueden ir a la guerra.
-¡Jajajajaja!... ¡Clemente, las mujeres vamos a donde sea necesario y hacemos lo que se debe cuando se debe!... Hijos, quiero estar al lado de mi esposo,
sé que si su destino es morir en la campaña, yo no lo podré evitar, solo deseo estar junto a él. Angela, eres una mujer casada, tienes una responsabilidad
con tu esposo y con Doménica. Clemente, eres un hombre que ya no requiere de una madre que le esté diciendo lo que tiene que hacer. Los dos poseen la edad
suficiente para manejarse solos, para proseguir el camino sin la intervención de sus padres, por eso me siento libre de ir a donde quiera sin sentir que
los estoy abandonando.
-Mi padre no querrá llevarte, está por partir, no lograrás convencerlo en tan poco tiempo.
-Angela, no lo intentaré.
-¿Entonses, qué harás?... ¿Cómo piensas ir con él?...
-Ambos me ayudarán a introducirme en la “Libertad” sin que se entere Agustín. Pensé en pedírselo a Daniel, era perder el tiempo, ese hombre no entendería
mis razones.
-La verdad es que yo tampoco las entiendo.
-Clemente, las razones del corazón sólo las entienden las personas enamoradas, llegará el día en que comprenderás mis motivos, será cuando ames a una persona
tanto como yo amo a tu padre…
Agustín se encontraba en la cubierta de la goleta “Libertad” cuando vio llegar al muelle una carreta conducida por Clemente y en la que venían municiones
que Richard enviaba como aportación a la causa de la colonia. Sólo faltaba una hora para partir, poco antes se despidió de su esposa y demás familiares
negándose a que lo acompañaran hasta los muelles, lo único que lo detenía en puerto era la espera de las cuatro cajas de suministros. Clemente se apeó
de la carreta y dirigiéndose a su padre le murmuró al oído:
-Tío Richard dice que una de las cajas contiene vinos y licores de la mejor calidad, es el arcón que aparté, envía el licor a usted con la intención de
que lo reparta según su parecer. El tío sugiere que no deje la carga en la bodega, la tentación sería excesiva para la tripulación, aconseja que la guarde
en su propio camarote. Padre, ¿me permite que le diga a don Daniel que me ayude a subirla a bordo, creo que será mejor que nosotros nos hagamos cargo para
que nadie se entere de su contenido.
-¡Bravo por Richard, jamás pensé que mandaría estas provisiones, sean bienvenidas que buena falta nos harán!. Lleva el arcón a mi camarote y cuando termines
vuelve que te entregaré una cosa para tu madre.
Clemente buscó a Daniel y entre ambos trasladaron el peculiar arcón hacia el camarote de Agustín. Lo colocaron en una de las esquinas de la habitación,
Daniel se apresuró a salir para seguir dando indicaciones a los tripulantes, en cuestión de minutos levarían anclas. Clemente se retrasó intencionalmente,
golpeó suavemente la tapa del arcón y le quitó el cerrojo. Sin esperar respuesta salió también del camarote y se fue a despedir de su padre.
-Señor, la provisión de vinos está en su camarote, estoy listo para desembarcar, solo me resta decirle que tenga suerte y que aguardaremos con ansia su
retorno. ¿Qué desea que le entregue a madre?...
Agustín amaba a sus hijos y esposa entrañablemente, muy a su pesar siempre tuvo dificultades para ser expresivo con sus hijos varones. El deseo de abrazarlos
o besarlos siempre fue reprimido por una absurda mentalidad machista, la muerte de Raimundo lo hizo recapacitar en esa actitud que refrenaba la expresión
de sus sentimientos. Abriendo los brazos estrechó a Clemente contra su pecho y le besó la frente, el gesto fue tan repentino e inesperado que el joven,
algo confundido, tardó en devolverle el abrazo.
-Hijo, dile a tu madre que estoy orgulloso de los hijos que me ha dado, que los amo y que estaré de vuelta antes de que me empiecen a echar de menos.
Padre e hijo se apartaron sonrientes, Agustín palmeó los hombros de Clemente y encaminándolo hacia la pasarela agregó:
-Ahora te encomiendo a la familia, cuida de tu madre y hermana, también de toda la gente que trabaja en la hacienda, en mi ausencia eres la cabeza de familia,
honra tu nombre en honor a tu progenitor…
Varias horas después la goleta navegaba a toda vela con rumbo a las colonias y Agustín se hallaba en el puente de mando asiendo el timón. El fresco viento
nocturno le alborotaba el cabello y golpeaba su curtido rostro, el aroma del mar avivaba sus sentidos, el sonido de las olas contra la quilla era como
un cantar, el basto océano en su inmensidad liberaba al espíritu provocando que se hinchiera de dicha. Todo sería perfecto si una persona pudiera estar
junto a él, eso no era posible, su amada, su pequeña musa no podía compartir con él esta nueva aventura que quizás, fuese la última. ¡Cuánto hubiera dado
por tenerla en ese momento entre sus brazos, compartiendo el placer de surcar la mar bajo las estrellas!... Suspiró resignado, solamente un egoísta sin
escrúpulos arriesgaría a su amada llevándola consigo hacia una guerra.
Eran las tres de la madrugada cuando lo relevaron y por primera vez entró en su camarote. Se desnudó y mientras se aseaba con el agua de la jofaina, se
percató de que no estaba solo. Giró lentamente hasta quedar de frente a la litera, levantó la palmatoria y quedó pasmado al contemplar la pequeña silueta
que descaradamente yacía profundamente dormida en el lecho.
-¡Pilarica!... ¡Por los mil demonios!... ¿Qué haces aquí?...
-Shhh, calla, despertarás a toda la tripulación con tus gritos y, ¿de qué servirá?, ten calma que por el momento no podrás hacer nada.
-Te equivocas, puedo ordenar cambiar el curso, regresar a casa para dejarte bien encerrada y cargada con cadenas para que no me andes siguiendo o puedo
cogerte de los pelos y tirarte por la borda al mar.
-Vamos ven a dormir que estás delirando, ambos sabemos que no harás nada de eso. Vas con el tiempo preciso para reunirte con Jean. Se razonable, “juntos
ayer, hoy y siempre”, es nuestro pacto, si cualquiera de los dos lo rompe nuestra vida como pareja quedará reducida a recuerdos. No quiero que eso pase
porque todavía estamos vivos, dejemos las remembranzas de lo que hemos vivido juntos para cualquiera de los dos que sobreviva y mientras tanto, sigamos
forjando el presente...
EPÍLOGO.
-No consigo entender quiénes han sido más egoístas: mis padres por abandonarnos y seguir juntos su aventura, o Clemente y yo por querer que permanecieran
a nuestro lado para verlos envejecer. Durante los primeros años de su partida recibimos noticias periódicamente, luego, las cartas se fueron haciendo más
cortas, menos frecuentes, hasta que llegó el día en que dejamos de recibirlas. Nos enteramos que la inquietud de los jefes insurgentes, con respecto a
bloquear las vías marítimas que seguían siendo dominadas por la fuerza naval española provocó que el General don José María Morelos y Pavón se viera en
la necesidad de expedir el 14 de julio de 1815 un decreto que autorizaba las patentes de corso a todos los ciudadanos nacionales o extranjeros que desearan
apoyar la causa de independencia, atacando al comercio marítimo español, así como a los navíos imperiales que pretendieran desembarcar pertrechos en territorio
de
de una franja costera en donde estableció y consolidó un puerto, con la finalidad de recibir las armas y pertrechos que agentes simpatizantes a la causa,
aportarían. Este lugar resultó ser Boquilla de Piedras, paraje bien conocido Por los corsarios Jean Lafitte y mi padre, quienes desde el principio de la
contienda se mantenían activos, procurando causar todo el daño que pudieran a las fragatas españolas que quisieran ingresar en el Golfo de México con refuerzos
imperialistas. Así fue como Jean Lafitte y mi padre recibieron de manos del general Pereda ocho banderas mexicanas que les permitieron operar libremente
en aguas territoriales, apoyando abiertamente la independencia. Las embarcaciones que portan estos estandartes –si es que no las han hundido- son: goleta
“
con 40 hombres, goleta “El Terrible con 85 hombres, corbeta
“Brutus” con 122 hombres, goleta “
por mi padre con 75 hombres y una mujer, que indudablemente se trata de mi madre; todas las embarcaciones forman parte de la flotilla coadyuvando en corso
para beneficio de la causa independentista de la colonia. Otra escuadrilla está siendo comandada por el corsario francés Louis Ory, hombre que se destacó
en sus incursiones al lado de Jean y mi padre. Con una patente diferente navegan por aguas mexicanas la goleta “El Mexicano”, goleta “General Morelos”,
“Hidalgo”, goleta “
frente al puerto de Coatzacoalcos Veracruz, la condujeron hacia Nueva Orleáns y se la entregaron al General Francisco Javier Mina en apoyo de su expedición.
Después supimos que en 1816, apenas un año posterior a su fundación, Boquilla de Piedras puerto insurgente del Golfo era destruido por el realista Francisco
de Murrias, rogué a Dios que la goleta “Libertad” se hallara en altamar y mi ruego fue escuchado porque poco después recibimos noticias de nuestros padres.
Hoy, en el año de 1820, parece que la causa independentista
está perdida, ha llegado la noticia de que
O”Donojú, me duele que mis padres no hayan vuelto y que nadie nos traiga razón de ellos. Tengo la esperanza de ver al “Libertad” con sus velas al viento
dirigirse hacia la isla y todos los días miro hacia el horizonte, mis hijos también lo hacen, desean conocer a esos abuelos de los que tanto les hemos
hablado mi esposo y yo. Diego Agustín y Angela del Pilar son mis dos hijos mayores, tienen ocho años; les sigue Catalina de los Remedios de cinco, Francisco
Javier de dos y, pronto llegará otro hijo, estoy en el octavo mes de mi cuarto embarazo. Clemente y Doménica se han casado, en cinco meses Diego y yo también
seremos tíos y abuelos. Gabriela sigue viviendo en la hacienda con ellos, ahora que Noa ha fallecido, resulta de mucha ayuda. El primo Rodolfo cortejó
por mucho tiempo a Gabriela, hasta que se dio por vencido, es una realidad que la mujer jamás se casará porque le sigue siendo fiel al recuerdo de mi difunto
hermano Raimundo. A veces me pongo a pensar que cuando mis hijos sean grandes, cuando partan en busca de su camino Diego y yo seguiremos unidos como el
tronco de un árbol que ha dado frutos, eso me ayuda a comprender un poco a mis padres, escogieron proseguir su camino juntos y dejaron los frutos cuando
estuvieron maduros…
Fin.
Datos Históricos.
*. O’Donojú presta juramento como Virrey de Nueva España el 3 de agosto de 1821.
*. O'Donojú e Iturbide firman los Tratados de Córdoba
(23-24/Agosto/1821) en
de
*. 1821 José Dávila gobernador realista en Veracruz sigue fiel a España.
*. 1821 Manuel Rincón ocupa el Puerto de Veracruz, se consuma la independencia. Excepto el islote de San Juan de Ulúa, en donde el último reducto de el ejército
realista español se atrinchera.
*. 1821 Se expide
1822 Se jura la independencia de
*. 1822 Agustín de Iturbide, Emperador de México (19/Mayo/1822 a 19/Marzo/1823).
*. 1822 Se crea en Veracruz
*. 1822 Santa Anna proclama la república en contra de Iturbide (02/Diciembre/1822).
*. 1823 Se proclama el Plan de Casamata (01/Febrero/1823). Cae Iturbide.
*. 1823 Tadeo Ortiz coloniza con militares la región de Coatzacoalcos Veracruz(14/Octubre/1823).
1824 Guadalupe Victoria, Gobernador militar de Veracruz (01/Enero/1824).
*. 1824 Guadalupe Victoria, primer Presidente de México (10/Septiembre/1824 a 01/Abril/1829.
FIN DE
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