FUEGO EN EL MAR.
RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.
Irma Gpe. Vela Meza.
Mayo 2005-06-09
VIII
FUEGO EN EL MAR.
Esta vez Lourdes se internó en el túnel sin vacilaciones,
conocía el recorrido y la urgencia por leer el contenido del mensaje que le
entregó la vendedora apresuró su desplazamiento.
Con manos temblorosas se despojó del equipo y lo depositó
sobre la base de la roca, al pie de la escalera de piedra. Quitándose la parte
superior del traje de neopreno, extrajo el papel que guardaba entre sus senos y
sentada sobre sus piernas, lo iluminó para leer el contenido.
-“Muñequita, estoy bien, la bala solo me rozó. Perdona que
no te haya avisado antes, tú conoces la razón, Tony a redoblado la vigilancia,
Lalo fue el de la idea de enviarte esta nota por medio de la vendedora, para
tranquilizarte. Aguanta un poco más, pronto mis amigos y yo te apartaremos
definitivamente de Quintana”.
El rostro de Lourdes se iluminó de regocijo. ¡Manuel estaba
vivo!. Rompió el papel en minúsculos trozos y los metió entre las hendiduras de
las rocas. Luego trepó por la escalinata de piedra hacia el rellano en donde se
encontraba el resto del tesoro. Llevaba la caja de plástico a cuestas, en su
interior había unas poleas, una maza, unas cuñas de acero y una cuerda de nylon para bajarla. Envolvió
cuidadosamente el cofre y lo depositó en la caja, al lado de los restos del
ánfora que lo guardaba. Deseaba conservar el relicario, no quería que Tony se
apoderara de algo que había sido tan íntimo para sus antepasados. La espada y
el cofre eran otra cosa, el relicario seguramente tenía un gran valor
sentimental para el pirata y su mujer. Lourdes podía sentir que ahora estaba
unida a ellos por un lazo invisible. Confiando en la suerte, ocultó el
relicario entre sus piernas, metiéndoselo en el calzón del traje de baño.
Decidió que valía la pena la incomodidad si lograba conservarlo, escondiéndolo
de las garras de su consorte.
Mientras Lourdes se afanaba por entregar el resto del
hallazgo a su esposo, Manuel reunía a un grupo de sus íntimos amigos en un
lugar cercano al muelle de pescadores. La bala le rozó la cabeza, pasó a un
lado por encima de la oreja derecha. Si los secuaces de Quintana se hubieran
tardado un poco más en emprender la retirada, los intentos de Eduardo por rescatarlo
se verían frustrados. La buena suerte del buzo lo salvó de morir ahogado, pues
en el instante en que los gorilas de Tony le dieron la espalda, Eduardo auxilió
a su amigo. Asustado por la pérdida de sangre, pensó que Manuel no
sobreviviría, cuando un médico le examinó la herida y le comunicó que era
superficial, Eduardo recobró la calma y el ánimo para unirse a Manuel con la
finalidad de rescatar a Lourdes y de paso, saldar una cuenta personal por lo
que le hicieron a su carnal Armando. Con cinco puntos cerraron la herida de
Manuel y con unos días de descanso recuperó las energías para volver a la
carga.
-¿Qué se cree ese pinche gringo?... ¿Piensa que puede venir
a chingarnos y que nos quedaremos con los brazos cruzados?.
-Cálmate Lalo, entiendo que te encabrones, así no vas a
solucionar nada. Desafortunadamente no podemos acudir a las autoridades,
Quintana posee un certificado médico en el que determinan que su esposa padece
de una enfermedad mental y que tiene que protegerla de sí misma.
-¡Denunciémoslo por robo patrimonial!... ¡Que lo cojan con
las manos en la masa!.
-¿De verdad piensas que ese tesoro existe?... Yo creo que es
una fantasía del viejo. Además esa casa ha sido habitada por muchas
generaciones de familias, hasta fue un patio de vecindad. Si alguna vez hubo
algo enterrado ahí, me temo que fue encontrado hace muchos años.
-Lalo, me inclino por la propuesta de Manuel, es mejor
meterle al cabrón un kilo de mariguana en el yate y echarle a los federales,
mientras se arma la gorda, que Manuel se pele con la gringa como lo hizo la
otra vez.
-Armando tiene razón, lo único que cambiará será que esta
vez nos ocultaremos aquí, en el puerto.
-Está bien, su plan es bueno, aunque nos saldrá cariñoso
perder un kilo de mari, por otro lado… ¿Quién meterá el paquete en el barco?.
-Eso está arreglado, es pan comido. Paul, uno de los gorilas
fuma como chacuaco, le tupe a la coca y también a la mari. Contactó a Carlingas
para que le surtiera unos carrujos, lo mejor de lo mejor. Carlingas prometió
conseguirle cinco para su consumo personal, cuando se los entregue le mostrará
un paquete de mari seca a tan bajo precio, que Paul no podrá resistir la
tentación de comprarlo. En el mismo momento que termine la transacción
Carlingas desaparecerá por unos días y nosotros esperaremos a que Paul regrese
al yate para dar el pitazo a la policía.
-¿Tú y Armando no han pensado en que cuando se vean rodeados
por los marines Paul se puede deshacer del paquete tirándolo por la borda?.
-Lalo, suponiendo que así sea; no importa. Los federales
abordarán de todos modos y revisarán la embarcación. Mientras eso sucede, unos
pobres pescadores estarán por ahí echando sus redes para pescar una sirena.
-¡Ah!... ¡Tú y Manuel quieren ver las cosas muy fáciles!...
Si la sirena está encerrada… ¿Cómo la encontrarán en el mar?... Si los
marines andan por el yate… ¿Cómo hará la
sirena para saltar al mar sin ser vista?.
-Manuel, esta vez creo que Lalo tiene razón. Ni modo que les
diga: “disculpen un momento, voy a nadar”.
-¿Tienen otra idea?. Estoy abierto a sugerencias.
Armando y Eduardo miraron fijamente a Manuel, el primero
frunció el ceño y se cruzó de brazos, aún recordaba la paliza que Quintana le
había dado mediante sus gorilas, las cicatrices de su cuerpo se lo recordaban
continuamente. Lalo se llevó el índice izquierdo a la fosa nasal derecha y por
unos instantes pareció que se quisiera extraer el cerebro por la nariz. Cuando
habló, tenía algo pegajoso adherido en el dedo y con el pulgar lo frotaba.
-Uno de nosotros tendrá que subir al barco y mezclarse con
la tripulación o con los marinos para ayudar a Lourdes.
-Eso no puede ser, a los tres nos conocen muy bien.
Respondió Manuel resuelto a desechar la idea.
El tiempo se les estaba terminando, en ese momento Carlingas
se entrevistaba con Paul y lo convencía para que le comprara la mercancía. Paul
no pudo rechazar la oferta, verdaderamente la mari era de buena calidad y se la
estaban dando a buen precio. Escondió el paquete entre los galones de gasolina
que tenía que trasladar al yate y desató la pequeña lancha para retornar. No
quería que su jefe se enterara de que iba retrazado en sus obligaciones.
Tony tenía sobre una mesa de la habitación de su yate los
tesoros encontrados. Brindaba con champán el éxito de su empreza. Se había
encerrado con Lourdes para clasificar y admirar el contenido del cofre. Desde
que la mujer lo puso en sus manos, la curiosidad por admirar el contenido le
carcomía. Tuvo que contenerse hasta llegar al yate y encerrarse en compañía de
su esposa. Ninguno de los gorilas logró ver el cofre, porque lo mantuvo dentro
de la caja de plástico.
-¡Es precioso!... ¡Lo que ha de guardar en su interior!...
¡Oro macizo!... ¡Incrustaciones de madreperlas, zafiros, diamantes, malaquitas,
esmeraldas!... ¡El cofre es de valor incalculable!... Es una lástima que no
hayas encontrado la llave, tendré que forzar la cerradura.
-Espero que estés satisfecho, he cumplido con la parte del
trato, ahora te toca a ti: ¿me dejarás en libertad?, ¿me darás el divorcio?.
-¡Eres una necia!... ¡La maldición dice que debes permanecer
a mi lado!... ¿Para que quieres tu libertad?... ¿Para correr a echarte en
brazos del instructor?... ¡Desengáñate de una vez por todas!... ¡Lee el
contenido de esta carpeta!... ¡Hice que investigaran a tu querido Manuel!.
Tony le arrojó en el regazo un folio que contenía una
minuciosa biografía del hombre al que amaba. Lourdes no quería leer, la
insistencia de Tony la obligó a capitular y después de las primeras líneas le
fue imposible dejar de enterarse de todo el contenido de aquellos documentos.
Tenía los ojos lagrimosos, las palabras le martillaban en la cabeza, los oídos
le zumbaban.
-Es un vividor, un oportunista, un hombre sin escrúpulos, la
última mujer con la que vivió se suicidó unos días después de que él la
abandonara llevándose la mitad de su fortuna. ¡Me engañó!... ¡Se burló de
mí!... ¡Todo era mentira!... ¡Maldito, maldito, maldito cien veces maldito!.
Lourdes se apartó de Tony, se refugió al fondo de la
habitación, en el lugar en donde se encontraba la alcoba. Cerró la puerta tras
de sí con un sonoro golpe, sin importarle
que aún llevaba puesto el traje de baño y de la incomodidad del
relicario, dio rienda suelta a su decepción rompiendo todo lo que tenía a mano.
Tony sonrió triunfante y continuó examinando la cerradura del cofrecito.
La tripulación tenía el yate listo para zarpar con rumbo a
Miami, un guardacostas se aproximaba a toda velocidad y por medio de un altavoz
les indicaba que serían abordados para una inspección. Henry se apresuró a comunicárselo
al patrón, Tony se preocupó, pensó que le incautarían la espada y el cofre.
Ofuscado, ordenó darse a la fuga. Al ver que el yate no obedecía las órdenes y
que intentaba huir, el guardacostas pidió refuerzos. Un helicóptero y dos
rápidos cañoneros reforzaron la persecución.
Los tripulantes del “Arcano” estaban nerviosos. Paul se
ocultó en la bodega para fumar uno de los carrujos de mariguana antes de echar
el resto por la borda. Estaba seguro de que su patrón lo mataría si encontraban
droga en el yate, pero también sabía que si el jefe había dado la orden de
escapar era por el tesoro que llevaban. Un cañonazo de advertencia lanzado
contra la popa del yate provocó un viraje que hizo rodar a paul por el
piso. El cigarro encendido voló de su
mano y fue a parar sobre uno de los recipientes de gasolina que llevaban como
reserva para los motores de lanchas y motos acuáticas. Bastó el leve contacto
de una braza para producir la explosión, el recipiente estaba impregnado por
fuera debido a que Paul había derramado unas gotas del líquido al llenar el
tanque de una de las motos.
El fuego se propagó por la cubierta de popa, la tripulación
que sobrevivió a la explosión se arrojó al mar con la esperanza de que los
hombres de la armada marina los rescataran.
El “Arcano” se hundía, en la proa, bajo el puente de mando,
Tony intentaba inútilmente rescatar la espada y el cofre. Lourdes, lo incitó a
ponerse a salvo, Tony no le hizo caso, obsesionado por el tesoro pretendía
mantenerla a su lado para protegerse de la maldición del pirata. Mundy irrumpió
en el camarote, al ver que su patrón había enloquecido, se interpuso entre Tony
y Lourdes, ayudándola a escapar. El yate se hundía por la popa, estaba
inclinado ha babor, las llamas devoraban con avidez la cubierta. Un fuerte
crujido indicó que el yate se iría a pique. Lourdes luchaba por alcanzar el
borde de la cubierta, pero el suelo estaba tan inclinado que resbalaba hacia el
interior del yate una y otra vez. Cuando creyó que todo esfuerzo sería inútil
por que el humo la asfixiaba, una fuerte mano tiró de ella y la arrojó al mar.
Recuperó la conciencia y se dio cuenta de que le habían puesto una boquilla en
la boca, que “Cabeza de cerillo” la sujetaba contra su pecho mientras pataleaba
con todas sus fuerzas para alejarse del “Arcano”. El mar se tragaba al yate y
arrastraba en su vertiginoso remolino a todos los que estaban dentro de su
espiral. Lourdes y Manuel vieron como si se tratase de una alucinación, una
bola de fuego que se perdía en los abismos submarinos.
Cuando todo pasó, los navales rescataron a los pocos
sobrevivientes. Los subieron al guardacostas y les prestaron servicios médicos
a los que requerían ser atendidos por quemaduras o heridas de diversas índoles.
Lourdes y Manuel resultaron con algunos rasguños y
contusiones sin importancia. Henry, Mundy, Joan, y otros tres, tenían fracturas
y quemaduras. Se recuperaron los cuerpos de otros cuatro tripulantes, el resto
se perdió en el mar. Entre los desaparecidos estaban Paul y Tony, las
autoridades concluyeron que se habían hundido con el yate.
Manuel decidió confiar en la naval, expuso lo que Tony
pretendía y también denunció a Paul. Cuando el guardacostas trató de
interceptar el “Arcano”, Manuel iba a bordo. Se lo permitieron porque se
identificó como buzo profesional y era el único testigo que podría identificar
al yate y sus ocupantes.
Al escuchar la explosión y ver que el yate empezaba a
quemarse, se colocó su equipo y mediante una lancha rápida lo acercaron para
que intentara recuperar alguna prueba del delito que supuestamente el señor
Quintana estaba cometiendo. Junto con otros buzos de la policía naval se echó
al mar y abordó el yate. Lo único que le importó a Manuel fue encontrar a
Lourdes y ponerla a salvo. Nunca imaginó que su plan sería funesto para
Quintana, él no deseaba su muerte, tampoco hubiera soportado que a su amada le
ocurriera algún percance. Sin embargo, ahora Lourdes estaba libre,
supuestamente nada se interponía entre ellos. Grande fue su sorpresa cuando la
joven lo rechazó a causa de su pasado.
-He cambiado, soy otro desde el día que descubrí que te
amaba. Estoy arrepentido de mi pasado, pero no lo puedo cambiar. Lo único que
se es que te amo y que por ti estoy dispuesto a ser un hombre nuevo, intentaré
cuidarte lo mejor que pueda. Te respetaré, te seré fiel, dame una oportunidad,
es todo lo que te pido.
Lourdes estaba demasiado herida en sus sentimientos para
poner atención a los ruegos de Manuel y para perdonarle su pasado. Cuando las
investigaciones llegaron a su fin y las autoridades la declararon inocente del
cargo de intento de robo patrimonial, pudo retornar a su país de origen como la
viuda de Quintana. El relicario no le causó ningún problema, su similitud con
la mujer del pirata sirvió para que ella lo declarara como un recuerdo de
familia que había pasado de generación en generación. A cambio de que no
declarara en contra de ellos, Mundy, Henry, corroboraron que el relicario
siempre había estado en poder de la señora Quintana y que pertenecía a la
familia Castro Rosas. Esto y su casa de Cayo Hueso, fue todo lo que le quedó a
la muchacha después de los litigios. Los dos hijos de Tony heredaron todo,
Lourdes conservó su casa porque Delta previó que Tony la pusiera a nombre de su
esposa, por tanto, los Quintana no tuvieron ningún derecho sobre esta
propiedad.
EPÍLOGO.
Arriesgando la vida, un solitario buzo se exponía a setenta
metros de profundidad, escudriñando entre los restos de un naufragio. No sabía
lo que buscaba, tenía una corazonada y por ese motivo estaba ahí. El macabro
yate “Arcano” descansaba inestable al borde de una depreción. Los habitantes
marinos lo habían convertido en su morada, entraban y salían del esqueleto del
yate como si siempre hubiera sido parte del paisaje. También se habían
acostumbrado a una nueva criatura de cabellos rojizos, que lanzaba burbujas de
aire y que desde hacía unos días se entrometía en su nueva guarida.
La proa del yate apuntaba hacia arriba, los restos de la
popa estaban calcinados y casi sepultados en la arena. Manuel abría con mucho
cuidado un boquete que le permitiría introducirse al camarote principal, pues
cuando el yate se hundió la quilla se partió provocando que el “Arcano” se
doblara transversalmente y que los hierros de su armazón se retorcieran,
haciendo un amasijo de materiales. Abriéndose
paso con sierras y otras herramientas, estaba penetrando poco a poco, su
afán era descubrir el misterio que el “Arcano” encerraba.
Manuel buscaba desesperadamente la causa por la cual Tony se
había negado a detenerse cuando los guardacostas le marcaron el alto. Durante
el juicio Lourdes y los gorilas se ayudaron mutuamente, nadie dijo nada acerca
del tesoro, incluso encubrieron los maltratos de Tony hacia su mujer, Lourdes
afirmó que su esposo era un hombre de conducta intachable y que élla era muy
feliz a su lado. Se mostró como una viuda doliente que amaba a su esposo, los
hijos de Tony acudieron en su auxilio, declararon a favor de su madrastra, para él fue evidente que lo hicieron con la
finalidad de obtener algún beneficio. Manuel estaba sorprendido, él había
quedado como un mentiroso y las autoridades llegaron a sospechar que por celos,
él había inculpado al pobre gringo.
-Me dejé engañar como un colegial, estoy seguro que Tony
ocultaba algo en el “Arcano”. Tengo que encontrarlo para entender que es tan
importante para que Lourdes se haya unido con esos gorilas.
-Entiéndelo Manuel, élla lo hizo para quedar libre de toda
sospecha, seguramente si decía que Quintana ocultaba algo, nadie hubiera creído
que su esposa estaba al margen de todo.
-Lalo, resolveré el enigma. Empiezo a intuir que tiene que
ver con el tesoro del pirata.
-¿Crees que lo encontraron?.
-Estoy casi seguro. La cantidad de droga que Paul escondió
en el yate no justifica que Tony diera la orden de escapar. Con entregar a Paul
y decir que él estaba al margen de lo que hacía su empleado hubiera bastado.
No… No… Este tipo llevaba algo más, por eso se asustó y se dio a la fuga.
-Está bien: tú lo vas a encontrar. ¿Luego que?... ¿Crees que
élla volverá contigo?... Cuando se enteró de tu pasado te dio calabazas. Si
recuperas el tesoro… ¿Se lo entregarás?.
-Es posible que sí. Después de todo es de ella y hay una
maldición de por medio.
-¡Jajajaja!... ¿Cuándo te han importado a ti las
maldiciones?... Todas las mujeres a las que engañaste te maldijeron y hasta
ahora tú has permanecido inmune.
-Te equivocas, la muerte de Zoila me pesa en la conciencia
como una lápida. Su suicidio es algo que jamás me perdonaré. A veces pienso que
si no me hubiera cruzado en su camino, élla aún viviría.
-No lo creo, Zoila era una mujer atormentada, inestable,
tarde o temprano hubiera encontrado su trágico fin. Fue una alcohólica y
drogadicta, tú hiciste todo lo que pudiste por apartarla del vicio y mostrarle
una vida nueva.
-También me aproveché de su dinero y viví a cuerpo de rey.
La amenacé con dejarla si no acudía a un centro de rehabilitación.
-¿Qué más podías hacer?... La mujer estaba muriendo por
tanto licor y drogas. Deja de culparte, en ocasiones pienso que tomó la mejor
alternativa, su cuerpo estaba tan minado que ya no tenía remedio. Dejemos las
cosas así, olvídate de Zoila, por ahora concéntrate en el presente.
Así lo estaba haciendo, durante muchos días había dedicado
varias horas para abrirse camino por el interior del “Arcano” y ahora estaba
entrando a la cabina que precedía la alcoba de Lourdes y Tony. Suspendido en el
agua, iluminó los restos de muebles y accesorios que se empezaban a cubrir de
seres marinos. La caja fuerte estaba abierta, el contenido se había perdido.
Manuel imaginó que su esfuerzo había sido en vano. Aún así, colocó dos lámparas
y se puso a remover los escombros sin saber con certeza que era lo que tenía
que buscar.
Solo sabía que tenía que encontrar algo que le permitiera
acercarse nuevamente a Lourdes. Llevarle lo que encontrara sería el pretesto
perfecto para volverla a ver. Tenía más de cinco meses de agonía, más de cinco
meses pensando y creyendo que Lourdes todavía lo amaba y que lo perdonaría.
Pero no podía llegar con las manos bacías, por eso tenía un proyecto que le
permitiría ganarse la vida honradamente y formar una familia. Sin embargo, algo
le impedía ir en su búsqueda, algo que lo atraía una y otra vez al “Arcano”.
Pronto llegaría la temporada de huracanes, las marejadas y vientos agitarían el
mar y los restos del yate se esparcirían o quedarían cubiertos por nuevos
montículos de arena. Sólo contaba con unos días, antes de que el primer norte
de la temporada le impidiera seguir escudriñando el yate y sus alderredores.
Un erizo se ocultó debajo de los restos del escritorio,
mientras que una langosta se marchaba en busca de otro lugar. Ostras,
caracoles, diminutos peces plateados, era todo lo que veía. Decepcionado ,
decidió abandonar el interior y dar una última vuelta circundando los restos
del “Arcano”. El aire se le agotaba, se veía forzado a iniciar la emersión,
tenía el tiempo justo para efectuar la descompreción. En cierta ocasión, hacía
casi una década, se había atorado en una cavidad rocosa, cuando lo encontraron
estaba sin sentido, el aire de su tanque se había agotado. Esa vez salvó
milagrosamente la vida, permaneció dentro de una cámara hiperbárica hasta
restablecerse. Aquellos días los recordaría con cariño, fue cuando trabajó en
la unidad petrolera de actividades subacuáticas como soldador. En todas estas
cosas pensaba cuando captó su atención algo que no correspondía al ámbito
natural.
Unas semanas después, Manuel se encontraba atracando su
velero en el muelle de uno de los tantos cayos de la florida. Viajaba solo,
desde Veracruz había desafiado la soledad de días y noches, para ir a reunirse
con la única persona que le importaba más que su propia vida. Esos largos días
en los que navegó el Golfo de México con rumbo norte, le sirvieron para
reflexionar y reafirmarse en la decisión que había tomado. Una vez que hubo
asegurado la embarcación, tomó un maletín en forma de salchicha y se mezcló con
el resto de turistas que andaban por las pintorescas calles del lugar.
Era un sábado, los comercios de chucherías dedicadas a
atraer la atención de los turistas y las tabernas de ambiente piratesco se
perpetuaban a ambos lados de las angostas calles. Manuel buscaba un lugar en
especial, le habían dicho que se trataba de una pequeña tienda en donde se
ofrecían verdaderas obras de arte hechas a mano. Cada pieza era única y
original.
-“Recuerdos”… ¡Ahí está!... ¡Es tal y como me la describió
Quintana!.
Efectivamente, Manuel
se había contactado con el hijo mayor de Tony mediante un número telefónico que
en alguna ocasión el arqueólogo le diera. Resultó ser de la casa de Miami,
actualmente pertenecía a Tony Quintana Jr. Después de que Lourdes decidiera no
reclamar ningún derecho como viuda sobre las posesiones de su esposo y que
dejara intacta su reputación, los hijastros quedaron en buenos términos con
ella y la ayudaron a volver a establecerse en su antigua casa de Cayo Hueso.
Manuel apuró el paso y se detuvo en la puerta de la tienda
esperando a que Lourdes terminara de atender a unos clientes. Ella estaba
inclinada tras un mostrador, cuando sintió la mirada de Manuel levantó el
rostro y sus ojos se encontraron con la mirada de fuego de “cabeza de cerillo”.
Las tres mujeres que habían entrado en la tienda compraron unos tapetes
pintados con motivos marinos y unos portavasos de madera pirogravada. Cuando
salieron Manuel cerró la puerta del negocio y puso el cartel de “cerrado”.
-¡Como te atreves!... ¿Qué haces aquí?... ¡Vete por donde
has venido, no tengo dinero para pagar tus servicios!.
Manuel dejó de verla
a la cara y fijó su mirada interrogativa en el vientre de Lourdes. Ella se lo
cubrió con los brazos en un instinto protector.
-No es tuyo.
-Me dijiste que no mantenías relaciones con tu marido.
-Te mentí, es de mi esposo. Como puedes darte cuenta, tú no
eres el único que mintió en nuestra relación. Yo te necesitaba y te utilicé.
¿Estás satisfecho?... ¿Escuchaste lo que querías?... ¡Pues ahora vete!.
-Lourdes, te estás comportando como una mujer egoísta y
tonta. No me mientas, ese hijo que esperas es mío.
-¿Qué mas da?... Lo criaré sola, ambos estaremos mejor sin
ti.
-Vengo en son de paz, te amo, no quiero dejarte ir. Eres lo
único bueno que me ha pasado en muchos años, quiero recuperar tu amor, tu
respeto. No voy a negar mi pasado, ese estará siempre presente en mi memoria,
recordándome lo bajo que un hombre puede caer. Pero también deseo un futuro
contigo, con ese hijo que está por venir, un futuro que me redima. Por favor,
dame una oportunidad, te prometo que haré cuanto me sea posible por hacerte
feliz, por cuidar de ti y de nuestro hijo.
-¿Cómo estar segura de que no mientes?... ¿Cómo saber que
esta vez no te mueve el interés?.
Manuel abrió la salchicha, sacó de su interior la espada del
pirata y el cofrecito de oro, los puso sobre el mostrador y se los acercó.
-He arriesgado mi seguridad efectuando varias inmersiones al
día, durante muchos días, con la única finalidad de recuperar esto para ti. Se
que estas cosas son tuyas, pertenecieron a tus antepasados, arriesgaste tu vida
para recuperarlas, Tony te hizo sufrir mucho por la ambición de tener estas
cosas. Burlé la revisión aduanal ocultando tu tesoro bajo mi lancha, fijándolo
dentro de una caja a la quilla. Si no te amara, si fuera el desalmado de antes,
me hubiera quedado con estas cosas para venderlas al mejor postor. En cambio,
aquí me tienes, lo único que deseo es ese amor que me manifestaste en
Tlacotalpan, aquellos maravillosos días me hicieron concebir la idea de tener
un futuro a tu lado. ¿Cómo puedo convencerte de la sinceridad de este amor?...
Dime: ¿Qué tengo que hacer?.
-Nada… Yo… Yo… Tengo miedo… No quiero que me vuelvan a
lastimar… Pensé que jamás te volvería a ver… Que mi hijo y yo viviríamos
tranquilos… Que seríamos tan felices como yo lo fui al lado de Delta.
Lourdes estaba llorando, había bajado la guardia, Manuel
aprovechó el momento para abrazarla, le besó las sienes, los párpados, secó con
los labios sus lágrimas. ¡Cómo había añorado su dulce sabor!. ¡Era suya, suya,
nada ni nadie lo apartarían de esa mujer!. Lourdes comprendió que su destino
estaba marcado, por lo visto algo funcionaba mal en su interior, siempre
terminaba por sucumbir en las redes de los hombres más inadecuados. Para bien o
para mal, estaba unida a Manuel por un lazo indisoluble. De repente se vió
correspondiendo a los besos y caricias de Manuel con el mismo ardor de antes.
En la trastienda Manuel encontró un catre en donde culminaron su
reconciliación.
Lleno de orgullo y amor exploró el cuerpo desnudo de
Lourdes, fascinándose con la redondez del vientre. Depositó sobre él tiernos
besos dirigidos a su futuro hijo y de repente sintió cómo sus ojos se
humedecían de emoción. Su mano morena se extendió sobre el duro y abultado
abdomen, contrastando con la pálida piel de élla.
-Soy muy dichoso, la vida me está dando otra oportunidad.
Esta vez estoy decidido a no fallar, emprenderé un negocio de buceo turístico.
Me he traído mi lancha y el equipo necesario, quizás no pueda rodearte de lujo,
tendrás que ajustarte a una vida modesta. Eso sí, te aseguro que en nuestro
hogar abundará el respeto, la comprensión, el amor. Nuestro hijo tendrá unos
padres compenetrados que lo educarán con rectitud.
-Es una niña, se llamará Pilar como la esposa del pirata.
Nacerá dentro de nueve semanas. Estaba asustada, por un lado deseaba tenerla
entre mis brazos. Por otro, me aterraba estar sola cuando me vinieran los
dolores del parto.
-Ya no debes temer, estoy aquí, te acompañaré durante el
parto. Lourdes recordó la primera vez que él había prometido protegerla,
aquella vez depositó su confianza en él y no la había defraudado. Aceptó que
siempre la ayudó, que si ahora estaba libre era gracias a su “cabeza de
cerillo”.
Por el resto del día, la tienda permaneció cerrada, se
trasladaron a la casa de su abuela y Lourdes le mostró la construcción con los
pocos muebles que conservaba.
La casa tenía una marcada arquitectura de influencia latina
y española. La mezcla de diversas culturas como la cubana, mexicana, haitiana,
dominicana, etc; daban al ambiente un matiz similar al de los puertos españoles
coloniales, caracterizados por bullangueros y jacarandosos.
Cuando se acordaron del cofre y la espada la noche había
caído. Manuel puso los dos objetos sobre una mesa y preguntó:
-¿Qué piensas hacer con esto?.
-Todavía no lo he pensado, tal vez los done a un museo.
Tengo que meditarlo bien, me gustaría que Agustín y Pilar me dijeran que hacer
con sus cosas.
-Siento curiosidad por ver el contenido del cofrecito.
Estuve tentado a forzar la cerradura, me contuve, deseaba que tú estuvieras
presente cuando lo abriera. Luego pensé que seguramente tú y Tony ya habían
visto el contenido. Aún así, aguanté la curiosidad y no lo abrí. ¿Sabes que
contiene?.
-No, Tony y yo nunca lo abrimos, él iba a hacerlo cuando el
guardacostas interceptó el “Arcano”, luego vino la explosión y ya no hubo
tiempo de nada. Vamos a ver que contiene, no necesitas forzar la cerradura,
tengo la llave.
Lourdes le mostró el relicario, Manuel quedó sorprendido al
contemplar el parecido entre élla y la esposa del pirata. Entre ambos dieron
vuelta a la llave en la cerradura y cuando vieron el interior del cofre se
rieron a mandíbula batiente.
-¡Una sonaja y tres guardapelos de plata!... ¡Seguramente de
sus hijos!... ¡Jajajajaja!... ¡Pensar que cualquiera hubiera creído que este
cofre estaría lleno de joyas y piedras preciosas!.
-¡Jajajaja!... ¡Imaginé que mi pariente me heredaría por lo
menos unos cien doblones de oro!... ¡Mira!... ¡Aquí hay algo más!... ¡Son unos
aros de matrimonio!.
Lourdes y Manuel se pusieron serios, con solemnidad Manuel
tomó el aro más pequeño y se lo puso a Lourdes en el dedo anular recitando las
palabras de una improvisada ceremonia de boda.
-Con este anillo, te tomo por esposa y prometo amarte y
respetarte hasta el fin de mi vida.
Lourdes hizo lo mismo con el otro aro y pronunció también su promesa de
amor.
-Por lo visto a tu pariente le importaban otros tesoros.
-Sí, su mayor tesoro era su familia, estas cosas son la
muestra del gran amor que les tuvo.
FIN DE LA NOVELA.
SECCIONES DE
AYUDA