HERMOSA LIBERTAD.
RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.
Irma Guadalupe Vela Meza.
CAPÍTULO I.
LO INCREIBLE.
25 de Mayo 2001.
Después de veinte años de matrimonio, durante los cuales creí ser esposa, amiga, amante; abro los ojos y me entero que solo fui cocinera, lavandera, enfermera, costurera, en fin; una esclava que estuvo pendiente de tus necesidades. Ahora decides que te has dado cuenta de que lo nuestro no funciona como tú esperabas y me dejas atrás con tres hijos, a los cuales tendré que encarar para informarles que su queridísimo padre se marcha de casa porque desea emprender una nueva vida. Quiere instalarse en el departamento de lujo que le compró a su querida, la cual pronto será su esposa, cuando yo firme el acta de divorcio. ¡Miserable gandaya!. ¡Eres un desgraciado cobarde!. ¡Debería obligarte a enfrentar a los chicos, tú eres el que nos abandona, el que se olvidó de respetar a su familia, cambiándola por una prostituta de escritorio!. ¡Pero qué ciega estuve!... ¿Cuánto tiempo llevabas engañándome?... ¡Cómo se han burlado de mí tú y esa… esa perra!... ¿Cuándo empezó todo?. ¿Cuándo empecé a perder tu amor?... ¿Me amaste alguna vez?...
Estela sostenía entre sus temblorosas manos la fotografía de Efraín mientras entre sollozos murmuraba todo esto. Los chicos se habían ido al colegio, Luis, el menor de sus hijos contaba con catorce años, Amanda ya era una hermosa jovencita quinceañera, Miguel el mayor, era el hijo modelo, el cerebrito de la familia, a sus dieciocho años ingresaría en la universidad para estudiar arquitectura.
Una semana antes, Efraín se demoró unos minutos después de que los muchachos se marcharon a sus respectivas escuelas, Estela se extrañó, él siempre se iba al trabajo a una hora precisa, esta vez andaba retrasado quince minutos. Nada la hizo sospechar lo que traía entre manos, jamás se imaginó que le fuera infiel. Creía que poseía el marido perfecto, los hijos perfectos, el hogar perfecto. Se sentía la madre y esposa del siglo. Efraín simplemente había dicho:
Estela, quiero el divorcio, lo siento, lo nuestro no funciona bien. Siento que envejezco y no logro alcanzar la felicidad. Deseo encontrarme, tú y los chicos me agobian, necesito espacio, quiero mi libertad para disfrutar de la vida y sus placeres.
Estela abrió la boca y los ojos desmesuradamente, movió la cabeza negándose a entender lo que su esposo le decía. Dejó los platos sucios del desayuno a un lado y se aproximó para verlo directamente a los ojos:
¿Qué?... ¿Es una broma?... ¿Verdad que sí?... ¿Tienes fiebre?... ¿Te sientes mal?.
Mujer, nunca me he sentido mejor. He dicho lo que tenía que decir, espero que me entiendas, quiero el divorcio.
A Estela se le doblaron las piernas y tuvo que sentarse en una de las sillas del pequeño ante comedor de la cocina. Todavía incrédula volvió a preguntar:
¿Hay otra mujer?... ¿Es posible que no me haya dado cuenta de ello?.
Ciertamente es así: Brenda…
¡Brenda!... ¿Tu secretaria?... ¡Por todos los Santos!... ¡Ha venido a esta casa, se ha sentado a comer con nosotros, con nuestros hijos, la creí mi amiga!... ¡Es una ladrona!... ¡Puta!... ¡La voy a matar, le sacaré los ojos, la echaré a la mierda!.
No, tú nos dejarás tranquilos, no quiero reproches ni reclamos, tú eres la culpable de que yo me haya cansado de ti. Siempre estás ocupada, cuando no son los chicos es la casa, nunca te arreglas, usas esos pantaloncillos horribles con camisetotas enormes. Bueno, no quiero ofenderte pero hay una gran diferencia entre Brenda y tú.
Lo entiendo, yo tengo cuarenta años y Brenda veintidós. Parí tres hijos y aunque haga ejercicio mi cuerpo ya no es igual al de una mujer que jamás ha tenido hijos. Yo me visto con ropa cómoda para realizar las insignificantes labores domésticas, que mantienen un hogar agradable, limpio, con comida sana y nutritiva, para que tú y los chicos disfruten de un hogar acogedor. Brenda se viste como modelito para lucir sus atractivos en una oficina repleta de machos que piensan y razonan con lo que les cuelga en la entrepierna. Efraín, date cuenta, podrías ser su padre. ¡Le doblas la edad!. ¡Esa piruja te ha dado las nalgas por interés!.
¡Estela!... ¡Deja de decir vulgaridades!... ¡No me obligues a ofenderte!...
Efraín... ¿No me quieres ofender?... ¿Decirme que me cambias por otra no es ofensa?... ¡Soy un modelo pasado de moda y me cambias por uno de reciente manufactura!... Pero... ¿Qué han sido todos estos años?... Yo siempre te he amado, pensé que tú correspondías a este amor.
Estelita, mira, hija, quizás lo nuestro en un principio fue amor, pero poco a poco ese sentimiento se fue enfriando, se tornó monótono, rutinario. Con cada hijo, se multiplicaron nuestras obligaciones, yo concentré mis esfuerzos en la empresa, preocupado por el bienestar económico de mi familia, tú volcaste todos tus bríos en tener un hogar perfecto y, ¿qué hay de nosotros?... ¿Dónde quedamos nosotros como pareja?.
Efraín, es verdad que ambos nos dedicamos a cumplir con nuestras responsabilidades como padres, es parte de la vida en pareja, de haber formado un hogar, es lo que se espera cuando vas al matrimonio. No te quejes, tú eras mucho mayor que yo cuando decidimos tener familia y ciertamente ambos estuvimos de acuerdo en la cantidad de hijos que deseábamos y cuándo los queríamos traer al mundo. Siempre compartimos todo, no te lamentes, tú al igual que yo, escogimos este camino. ¿Qué te he negado?... Acudí a tus requerimientos, jamás dejé de quererte, no puedo anteponerte al amor que siento por nuestros hijos, porque son dos amores completamente diferentes, tú lo debes saber. El que me ha ido haciendo a un lado, eres tú. Yo jamás te cambiaría, siempre te he amado, amo tus virtudes, amo tus defectos, hasta hoy, me sentía correspondida. Soy estúpida, Brenda viene a casa desde hace más de un año. ¿Desde entonces me engañas?.
¿Para qué quieres saberlo?. Lo nuestro estaba destinado al fracaso desde mucho antes, Brenda no es la causa, antes o después te hubiera pedido la separación.
¿Por qué esperaste hasta hoy?... ¿Por qué no me lo dijiste antes?. Está bien, no respondas, si quieres tu libertad, yo no te voy a retener. Haz los trámites que tengas que hacer y avísame cuando todo esté listo para ir a firmar. ¿Cuándo se lo diremos a los chicos?.
Esta pregunta dejó a efraín fuera de base, no deseaba estar presente cuando los chicos se enteraran que ellos y su madre eran una carga demasiado pesada y que él quería recuperar el tiempo que perdió trabajando para forjarse una posición social y económica. Ahora era un afamado constructor, logró afianzar su empresa esforzándose, privándose de gozar de su juventud. Hoy, a los cincuenta años, pretendía vivir como si tuviera veinticinco. Dándole la espalda a Estela, se aclaró la garganta y con la voz que usaba con sus subordinados le dijo:
Dejo eso en tus manos, sé que tú tendrás más tacto que yo para tratar con ellos este asunto de la separación. Llevaremos ésto como gente civilizada, como las personas maduras que somos. ¿Estarás de acuerdo conmigo?. Si nos ponemos a discutir como enemigos los que sufrirán más, serán los chicos. Confío en que no me montarás ninguna escena y que tampoco intentarás voltear a los chicos en contra mía.
Efraín, sabes que jamás intentaría utilizar a nuestros hijos como un arma contra ti. Tal parece que esta mañana has decidido terminar conmigo, no solo como esposa, sino también como mujer. Me duele profundamente darme cuenta de que a pesar de todos estos años ninguno de los dos nos llegamos a conocer. Jamás pensé que fueras capaz de abandonarnos, nunca imaginé que te encontrabas a disgusto, no me dijiste nada.
En realidad todo comenzó con tu menopausia, te has vuelto irritable, por todo gritas.
¡Eso es mentira!.
Mírate, ahora mismo lo estás haciendo.
Es que… estoy muy presionada, comprende: primero la enfermedad de mi madre, su fallecimiento, la depresión de papá, su idea de recluirse en un asilo, todo este año ha sido muy pesado para mí. Para rematar, me pides el divorcio de común acuerdo y tratas de culparme a mí por tu infidelidad. ¿Cómo quieres que reaccione?. Deseas que te diga “sí queridito, soy una neurótica, corre y ve en busca de tu felicidad”.
Estela estaba tan anonadada que no se opuso a nada. Reaccionó una semana más tarde, cuando le llegó el citatorio del abogado que Efraín contrató para realizar los trámites de anulación. El 25 de Mayo a las once de la mañana debía acudir al bufete jurídico de “Tulatres y Asociados”. Durante toda la semana anterior, había deambulado por la casa como un zombi, tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar y ojeras de mapache. Miguel, Amanda y Luis, no estaban mejor que ella. Tuvieron que ir a la empresa de su padre para corroborar lo que su madre les había dicho.
“Su padre está pasando por una crisis emocional y necesita estar por un tiempo alejado de nosotros”.
Los muchachos no entendían, se suponía que la familia siempre debía permanecer unida, sobre todo cuando uno de sus miembros se hallaba en dificultades. ¿Qué tipo de problemas tenía su padre?. Estela no les quiso decir que el hombre había echado por la ventana de su corazón a sus hijos y esposa para alojar en él a otra mujer. Pero los chicos descubrieron todo cuando irrumpieron en la oficina de su padre sin previo aviso y lo vieron en una situación descaradamente comprometida. Brenda se apresuró a salir de la habitación y Efraín disimuló su vergüenza enfrentando a sus hijos con descarado enojo. Lo evidente no se podía negar, el problema de su padre se llamaba Brenda y era obvio que no se solucionaría en poco tiempo. Efraín no supo cómo mitigar el daño que le estaba causando a los chicos, era cierto que los amaba, como también amaba a Estela. Pero la pasión que Brenda despertaba en él, lo hacía sentir renovado. Le hubiera gustado tenerlo todo: hijos, esposa, amante, sólo podía conservar dos. Los hijos y Brenda. Porque la mujer le puso un ultimatum:
Efraín, yo no puedo seguir así, debes escoger: Tu mujer o yo. Decídete de una vez por todas, no estoy dispuesta a seguir siendo tu querida por tiempo indefinido. Quiero que me presentes a tus amigos como tu “señora”, que yo los pueda ver a la cara sin que ellos estén pensando que soy Tu segundo frente. Explícale a tus hijos, ellos entenderán, ya están grandecitos, a fin de cuentas no son los primeros que tienen que afrontar el divorcio de sus padres. Tú mismo has dicho que Estela es una madre ejemplar, que dedica tanto tiempo a sus hijos que se olvida que tiene un esposo. Por eso dejó de despertar en ti el deseo carnal y por eso, entre nosotros no habrá más hijos, así me podrás tener para ti solito.
Eso era verdad, Efraín no deseaba más hijos, a su modo, quería a Miguel, Amanda y Luis; estaba contento con su nueva expectativa de vida, el éxito de su empresa le auguraba una vida descansada, rodeada de comodidades. Se disculpaba a sí mismo diciéndose que si Estelita no se hubiera convertido en una cuarentona sosa y gris, él no hubiera puesto sus ojos en la risueña y seductora Brenda. ¡Qué bueno que Estela jamás había metido las narices en sus finanzas!. Seguía creyendo que la empresa constructora apenas les daba lo suficiente para vivir con decoro. Desconocía que eran millonarios, que tenían lotes en lugares estratégicos, terrenos que se convertirían en fraccionamientos exclusivos, centros comerciales, con dominios de lujo, complejos turísticos, en fin, Estela ignoraba que su esposo era llamado desde hacía poco más de un año, “el rey Midas de la construcción”.