HERMOSA LIBERTAD.
RELATOS Y CUENTOS DEL ESTADO DE VERACRUZ.
Irma Guadalupe Vela Meza.
CAPÍTULO IX.
PRETENSIONES.
Sábado 30 de Diciembre.
Mientras sobrevolaban las barrancas en el helicóptero Gus mantenía a Estela estrechamente junto a él, aludiendo a que el espantoso ruido del aparato no le permitiría escuchar las descripciones que con elocuencia y conocimiento, le iba haciendo. Estela intuyó que ése no era el único motivo, se resignó porque por primera vez en muchos años no se había sentido tan deseada. Su vanidad de mujer se sintió halagada, guardó el recuerdo de sus hijos en el corazón, se concretó a gozar del paisaje en compañía del atractivo mago. Efraín se transformó en un recuerdo que ya no le provocaba dolor, ese capítulo de la vida de Estela estaba por concluir.
Allá al fondo de la barranca se veían las casas de los Tarahumaras, construcciones rectangulares de piedra, con una sola puerta de acceso y diminutas hendiduras que hacían la función de ventanas. La vivienda tradicional era una cueva acondicionada en donde se alzaban ese tipo de fachadas de piedra y madera, pero también se podían ver cabañas con techos de lámina. Los exploradores acampaban en instalaciones turísticas o en torno a una comunidad Raramuri. Era imposible dejar de maravillarse lo que a través de millones de años la Madre Naturaleza realizó con toneladas de rocas de origen volcánico.
El helicóptero descendió sobre una planicie rocosa muy cerca de las construcciones propiedad de los Montenegro. Una ventena de chiquillos acudió al encuentro del aparato gritando y alzando las manos. Había niños y niñas de diversas edades que iban recorriendo como escalerita desde los cinco hasta los trece.
Todos son mis sobrinos, no te asustes porque tengo más. Confesó Gus sonriente.
¿Más?... ¡Dios, son como veinte!... ¿Los otros son mayores o menores?. Preguntó Estela admirada.
El más pequeño tiene tres semanas y de ahí sigue una nena de nueve meses, después puedes irlos enumerando porque van desde un año hasta el mayor de mis sobrinos que tiene veinte. Ese se llama Arturo y trabaja en Chihuahua como guía turístico.
¡Lo conozco!... ¡Fue el chico que me recibió en el aeropuerto, el guía de Chihuahua, me dijo que le decían Llillo!. Gus: ¿Cuántos sobrinos tienes en total?.
Pues verás… Tengo seis hermanos, dos hermanas, veinte sobrinas y doce sobrinos. Somos una familia numerosa y lo mejor de todo es que somos muy unidos.
Estela fue testigo de las muestras de amor con que recibieron a Gus, niños y adultos le brindaron una cálida acogida, haciéndola partícipe de la euforia que todos sintieron al tener a Gus en casa. La madre de él lo abrazó tiernamente y lo colmó de besos como si fuera un chiquillo. Gus se dejó querer y devolvió los besos a su madre. Un murmullo de vocecitas indiscretas se empezó a escuchar:
Tío Gus trajo a su novia… Está bonita… No, tonto, está fea… Es vieja… Tío Gus también… Los comentarios de los niños murmurados en su presencia, inquietaron a Estela.
“No debí venir, he cometido un grave error. ¿Qué pensará de mí esta gente?... Seguramente Gus ha presentado a su familia mujeres jóvenes y hermosas, me compararán con ellas y dirán que estoy loca por haberme hecho ilusiones de que entre él y yo podía haber algo”.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Gus le tomó la mano y con gesto amoroso la atrajo hacia él para presentarla a sus padres.
Mamá, papá; les presento a Estela, la he invitado a pasar la Noche Vieja en casa y a esperar el nuevo año con nosotros. Ella significa mucho para mí, por eso quiero que la conozcan y que descubran que es una mujer excepcional.
Don Trinidad sonrió y Estela supo de quién había heredado Gus los gestos y rasgos. El hombre le extendió una mano firme y áspera, con sencillez y franqueza le dio la bienvenida escuetamente. Doña Amalia la miró fijamente a los ojos y después de unos segundos de incertidumbre para Estela, la estrechó en un fuerte abrazo mientras reía con deleite. Un desfile interminable de familiares de Gus pasó ante sus ojos, eran tantos nombres y caras, que Estela quedó agotada después de saludar al grupo. “Esta familia por sí sola debe constituir la totalidad de los habitantes del pueblo”. Como si Gus adivinara su pensamiento le dijo al oído:
Falta que te presente a mis tíos, tías, primos, primas, sobrinos segundos, es más; tengo un tío abuelo y dos abuelas. Quiero que conozcas a todos y que todos te conozcan a la vez. Jamás he venido acompañado. Ante esta afirmación Estela pensó en Olivia, la difunta esposa de Gus y se dio cuenta de que él nunca le había hablado de ella. Ahora no era el momento adecuado para preguntarle acerca de lo que él decía, ni el motivo por el cual Olivia había muerto.
“¿Dice que nunca ha venido acompañado?... ¿Olivia no cuenta?... ¿Estaría muy enamorado de su difunta esposa?... ¿Por qué los parientes se alegraron tanto cuando me presentó a sus padres?... ¿Eran reales o fingidas las muestras de cordialidad y afecto con que me saludaron?”.
Doña Amalia acudió al rescate de Estela, asiéndola de la mano la separó delicadamente del grupo y con autoridad dispuso que dejaran de atosigar a los recién llegados. Entre tanta gente Estela no había tenido tiempo de admirar el interior de la casa. Desde lo alto, cuando el helicóptero sobrevoló el terreno, observó que la construcción principal se extendía a lo largo de la barranca acaparando una hermosa vista con sus terrazas y balcones volados sobre el desfiladero. Por dentro se manifestaba la calidez de un hogar sencillo, amueblado con gusto y sentido práctico.
Te mostraré tu habitación, espero que te agrade. Tiene una vista privilegiada de la barranca. Le decía la señora mientras andaban por un corredor cubierto por un domo acrílico que permitía el paso de la luz matutina y que albergaba una gran variedad de plantas de hornato. Se detuvieron frente a una puerta, Amalia la abrió y cedió el paso a Estela. Luego entró detrás de ella y señaló con desparpajo una acogedora salita compuesta por dos sillones individuales y un sofá, que estaban dispuestos cerca de una chimenea de piedra. Estela miró con desconfianza hacia el lugar y Amalia sonriente le dijo:
No temas, Gus nos contó lo ocurrido con la chimenea de la cabaña, hemos puesto especial cuidado en que aquí no suceda lo mismo.
Estela se relajó, devolvió la sonrisa y tomó asiento en uno de los sillones individuales. Sentándose muy cerca, Amalia la volvió a observar durante unos segundos que a Estela le parecieron interminables, antes de soltar a bocajarro:
Gus me ha dicho que eres una persona muy importante para él. Lo ha demostrado al traerte en estas fechas aquí. Mi hijo es un buen muchacho, ha sufrido mucho, la vida no ha sido particularmente buena con él. Sé que está muy enamorado de ti, me bastó ver cómo te mira. Sus motivos tendrá para quererte tanto, a primera vista me has parecido una mujer prudente y agradable, espero que también seas noble y sincera. Y lo más importante: espero que seas el reflejo de su amor, es decir, que lo ames tanto como él te ama a ti. Soy una persona intuitiva, vi en tu mirada un atisbo de duda con respecto a tus sentimientos. No eres una niña, pon en claro tu corazón y el destino hará el resto.
Amalia, no sé qué decir, usted es muy directa. Estoy confundida, efectivamente Gus es un hombre digno de tomar en cuenta por sus cualidades que espontáneamente saltan a la vista. Por el momento, atravieso por una circunstancia difícil para mí. Hace algunos meses me consideraba una mujer felizmente casada, de la noche a la mañana, mi esposo me comunicó que deseaba el divorcio. Me dejó por una mujer que sólo tiene cuatro años más que nuestro hijo mayor. Mis tres hijos sufrieron durante algunos meses su abandono moral, porque económicamente él nunca nos ha dejado desprotegidos, ahora, cuando ellos vuelven a convivir con su padre y su nueva mujer, yo me encuentro con un hombre tierno, atractivo, cautivador, que además es cinco años menor que yo y dice que me ama. ¿Cómo piensa que me puedo sentir?... Sólo tengo unos días de conocerlo, es muy pronto para definir cuales son mis sentimientos hacia él, definitivamente debo andarme con cuidado, no deseo herir a su hijo y tampoco quiero ser la que resulte lastimada. Vine aquí únicamente porque él insistió tanto que no tuve fuerzas para negarme, usted es su madre y debe saber que Gus es muy tenaz, cuando se propone algo no hay poder humano que lo aparte de su meta.
Estela, me agrada tu sinceridad, creo que si Gus logra esa meta, todas sus expectativas de complementarse como pareja se realizarán. Con respecto a tu edad, te diré que no le des tanta importancia, eso no es un impedimento para el verdadero amor.
La madre del mago se distinguía por ser una mujer serena, observadora y sensitiva para detectar los sentimientos humanos. Jamás aprobó el matrimonio de Gus con Olivia, prudentemente se guardó su opinión durante los años tortuosos que duró esa unión. Por azares de la vida Olivia había muerto, liberando a su hijo de una relación nefasta que ensombrecía su futuro con tortuosas escenas de discusiones y violencia, fruto de una relación puramente carnal que ofuscaba los sentidos y alejaba la unión espiritual corroyendo el alma. Cuando Gus les habló de Estela a ella y su marido, ambos temblaron ante la posibilidad de que se tratara de otra mujer como Olivia, sus temores se disiparon cuando Llillo se las describió, corroborando muchas de las cosas que Gus ya les había contado.
¡Mamá, Estela!... ¿Qué hacen aquí?.
Las interrumpió Gus entrando en la habitación con el abrigo de Estela en la mano. Sin aguardar respuesta dirigió sus pasos hacia la dueña y le entregó la prenda diciendo:
Vamos querida, saldremos a dar un paseo por los alrrededores. Aunque hace un poco de frío el sol brilla con esplendor. Iremos a la cabaña de mi abuela materna, es una casa típica de la pradera, fue hecha por uno de nuestros antepasados allá por 1800. Su distribución se mantiene intacta, la abuela aún conserva algunos muebles antiguos. ¡Te sentirás transportada a la época de los pioneros!.
Gus la ayudó a ponerse el abrigo y le encasquetó un sombrero de piel que le cubría las orejas y la barbilla. Luego, viendo a las dos con una mirada cómplice les murmuró:
Nos escaparemos en el todoterreno de la familia, es una medida drástica, pero si no lo hago así es muy probable que Estela no sobreviva al numeroso grupo que la aguarda en el salón.
Amalia asintió y miró satisfecha cómo la pareja desaparecía de la habitación con las manos entrelazadas rumbo a la cochera.
Gus no se limitó a llevar a Estela con la abuela, recorrieron otros parajes solitarios de una belleza fascinante que evocaba imágenes sobrecogedoras en las que se ostentaba la magnificencia de la creación invitando al espectador a disfrutar de la paz interior que dispone los sentidos a una comunión espiritual con el entorno.
Cuando las miradas de ambos se encontraron puestas en ellos mismos, el cuerpo de Estela se estremeció previendo lo que estaba apunto de suceder. El profundo suspiro que emitió fue el preámbulo de los ardientes besos e intrépidas caricias que los dos se prodigaron en un avasallador afán por demostrarse lo que sentían. Si Gus se expresó imperioso, Estela no se intimidó ni se quedó disminuida ante él. Una parte de su ser que se mantuvo reprimida durante muchos años se liberó con arrebato y Gus enardecido, deliró de dicha cuando los pétalos de la flor se abrieron inundando con el perfume del amor el interior del todoterreno y tocando la esencia de su ser. La cantidad de ropa que Estela llevaba encima hubiera supuesto un reto para un hombre común y corriente, Gus era un mago y como por obra de magia, el obstáculo fue superado. La temperatura del interior del vehículo subió varios grados y durante el glorioso momento de éxtasis en el que unieron cuerpo y espíritu, se reflejaron uno y otra con el alma al descubierto.
Cuando la bruma de la pasión se disipó, Estela, avergonzada, más confundida que nunca, guardó silencio durante gran parte del camino de regreso a la casa de los Montenegro. Había sido maravilloso entregarse a Gus, sin embargo no dejaba de sentirse como una adúltera. ¿Por qué?. Nadie la podía acusar de tal cosa, solo los remordimientos causados por sus escrúpulos le decían que de algún modo estaba defraudando a sus hijos.
Estela… ¿Qué te sucede?... ¿Estás arrepentida de lo que ha pasado entre nosotros?.
Son cosas que tú jamás entenderás, no tienes hijos y además eres hombre. Nosotras las mujeres, las madres, debemos anteponer nuestro amor maternal por encima de todo. Lo nuestro no tiene futuro, mis hijos no me perdonarían si yo me enredara contigo.
¿Qué?... Lo nuestro no es ningún enredo, es algo hermoso, limpio, se llama amor. ¿Cómo puedes avergonzarte de algo que despierta nuestros sentidos con una energía renovadora, un sentimiento infinito, una realidad que nos une por encima de la carne a un plano superior en donde nuestro espíritu y alma son uno?
¡Gus!... ¡También estoy unida a mis hijos por un amor único, insondable!. ¡Compréndelo!... ¡No quiero perder su respeto, su amor!... ¡Tampoco quiero renunciar a lo que tú me ofreces, ni a lo que siento por ti, pero sé que mis hijos no te aceptarán!.
¿Cómo puedes estar tan segura de ello?... Dame la oportunidad de tratarlos, de conocerlos, de amarlos a través de ti. Permite que ellos también tengan esa oportunidad. Puedes presentarme como un amigo, como tu jefe, en fin; danos la oportunidad de tratarnos y dejemos que el tiempo decida el futuro, no cierres la puerta a nuestro amor.
Gus… Dime: ¿tú sentiste algo así por Olivia?.
¡Por supuesto que no!... Este sentimiento que me une a ti es limpio, único, jamás lo sentí ni lo sentiré por ninguna otra!. ¡Entiéndelo!... ¡Este amor es especial, no se trata de algo pasajero, de algo fundamentado en la pasión o el deseo puramente carnal, proviene del fondo de mi ser, crece como un torrente de dicha, paz, armonía espiritual; que me hace vibrar de emoción, brota con ternura y me deja extasiado en una plenitud sin precedente!... ¿Tienes celos de mi pasado?... ¿Quieres saber qué significó Olivia para mí?...
El rostro de Gustavo Montenegro se transformó en una máscara de dolor y tristeza. Sus negros ojos centellearon y los labios se curvaron en un rictus irónico, mordaz, expresando el desprecio que sentía al recordar esa etapa de su vida.
Olivia fue una mujer egoísta y frívola, Que al igual que yo, provenía de una familia pobre que a base de esfuerzo y sacrificio se abrió camino y logró alcansar cierto estatus social y económico. Los dos crecimos en el barrio latino de los Ángeles. Olivia jamás mostró su verdadera personalidad, todos la creíamos una jovencita buena, inocente, hermosa; sí fue preciosa, lo único malo es que esa belleza no abarcó su espíritu. Cuando logró su objetivo de convertirse en una mujer rica casándose conmigo, renegó abiertamente de sus padres, de nuestro origen humilde. Trató de olvidarlo alejándose de todo lo que se lo recordara. Nunca volvió a frecuentar a los suyos, se negó también a convivir con los míos. La pasión, el deseo, dominaba en aquel entonces mis sentidos, me volví como ella, si a los veintitrés años ya era un mago rico y famoso, decidí incrementar mi riqueza y consagré mi existencia al dinero y a disfrutar de la beldad que vivía conmigo. Durante algunos años me manipuló como un títere, Celín y mis padres nunca me reprocharon nada, pese a toda mi ingratitud, jamás dejaron de quererme ni me abandonaron. Me empecé a dar cuenta de que el camino que llevaba no era bueno, un vacío dentro de mi ser se agigantaba, quise rectificar mi vida y la de Olivia, le propuse que tuviéramos un hijo, al principio se negó rotundamente aludiendo a que la maternidad deformaría su esbelta figura. Nuestras discordancias se incrementaron, comprendiendo que el único camino que le quedaba para retenerme encadenado a ella era el de darme un hijo, aceptó tenerlo. Para nuestro bien, ese hijo tan deseado por mí, jamás llegó. Soy estéril, lo supe cuando nos hicimos análisis de fertilidad pues yo pensé que ella no quedaba embarazada porque usaba algún tipo de anticonceptivo sin que yo lo supiera. Pero no fue así, el médico constató que las paperas de la infancia provocaron mi esterilidad. Olivia se alegró, yo me volví indiferente a su cautivadora personalidad, la conocía muy bien, sabía que debajo de aquel rostro angelical, de aquel cuerpo escultural, se escondía un monstruo insensible dominado por la codicia. Un día, encontró a otro, un millonario petrolero y decidió abandonarme. Debido a la ceguera producida por su maldad, pensó justo infringirme una humillación antes de separarnos. Se presentó con su amante en mi show y su conducta impropia dio pie a murmuraciones. Los periodistas me acosaron cuando dio la noticia de que me pediría el divorcio porque yo no era hombre, divulgó que era impotente. Me enfurecí, fuera de mí golpeé a los periodistas. ¡Una cosa es ser estéril y otra muy diferente es ser impotente!. Les gritaba furioso mientras me abría paso entre ellos para encontrar a Olivia. Ella debió asustarse, salió del salón a toda prisa dejando a su acompañante para que me enfrentara y subió en su deportivo último modelo. No llegó muy lejos, chocó a unas cuantas calles y murió en el accidente. Desde aquel día, me propuse resarcir a mi familia por tantos años de abandono y desamor. Volví a ellos, me recibieron con los brazos abiertos, me convertí en el hijo pródigo y me hice a la idea de que jamás tendría un hijo de mi carne y sangre, pero que poseía tantos sobrinos y gente para amar que no echaría en falta esos hijos que nunca tendré. Ahora me toca a mí preguntarte: ¿Tus hijos es el único obstáculo entre nosotros?... ¿Efraín está olvidado?.
¡Gustavo!... ¿No estarás creyendo que me uní a ti pensando en él?.. ¡Eso es inaudito!... ¡Únicamente pensaba en ti, en todo lo que deseaba compartirte, en hacerte mío, en sentirte dentro de mí y en colmarte de la dicha que me invadía!... ¡Este arrebato centró mis sentimientos exclusivamente en tu ser, en ese momento no hubo hijos y mucho menos recordé a Efraín porque desde que estás a mi lado su recuerdo se ha hecho difuso!.
Está bien, eso es lo que deseaba escuchar. Piensa que lo mismo que tú sentiste fue lo que yo viví y no dudes que este amor es real, verdadero, leal y, eterno. Por eso te pido, te imploro, dale una oportunidad a nuestro amor, no eches en saco roto lo que durante estos días ha nacido entre ambos, confía en tus hijos, ellos también te aman y querrán verte feliz.
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