¡que mentira
¡que mentira!.
Irma Gpe. Vela Meza.
III.
-¡Marité!... papá te envía su cariño. Estamos preocupados,
no te has contactado en tres días. ¿Estás enferma?. Dime: ¿quieres que me
introdusca en el transportador
molecular y me traslade desde “Villa Recreo” de Marte hasta
la Veraluz en la Tierra?. Ya sabes, si me necesitas házmelo saber, en un minuto
estoy a tu
lado.
Marité contempló la imagen de su madre en el monitor del
contactador, al escuchar que amenazaba con dejar el retiro voluntario en aquel
planeta de ensueño
para acudir a su lado, se apresuró a responderle diciendo
que estaba mejor que nunca y que por falta de tiempo no los había contactado
antes.
Debía ocultar a toda costa, que tenía tres noches de no
dormir a causa del llanto, que su novio la despreciaba porque un desconocido la
había besado sorpresivamente
mientras ella lo esperaba en el centro de danza llamado
“júpiter Loco”, que le había mostrado material gráfico en donde élla y ese
hombre aparecían en
situaciones comprometedoras, que Darío estaba de tras de
toda la intriga y que Carlos no le hizo caso cuando acusó a su amigo de haber
fraguado tal enredo.
Envió el mensaje a sus padres y para hacer productivo su
insomnio, se puso a trabajar en el proyecto del “microcomunicador” que estaba
diseñando para la
compañía “Telneca” de América.
Mientras élla concentraba todos sus sentidos en el
desarrollo del proyecto, Darío estaba a punto de concluir su inaudita venganza
en contra de Carlos.
-Todo me salió bien, Carlos aborrece a María Tereza, logré
separarlos y esta vez será para siempre, no abrá reconciliación posible si
Marité muere.
Durante todos estos años he visto como Carlos me gana en
todo, se queda con todo lo que debió ser mío. Primero me gana a Marité, yo la
ví primero, pero
él la conquistó con sus galanterías. En la escuela fue lo
mismo, siempre ocupaba el primer sitio en el cuadro de honor, mientras que yo
estaba en el segundo.
Los maestros, los amigos, las mujeres, todos lo preferían a
él. Siempre he sido una sombra a su lado, por su culpa nadie ha apreciado mi
talento.
Muchas veces pensé matarlo, pero comprendí que me gusta más
verlo sufrir. Así que decidí matar a Marité y dejar huellas que hagan creer a
los comisionados
del orden que Carlos asesinó a su novia por celos. Todos
saben que ellos siempre discutían a causa de ello, esta noche en la fiesta de
Lilia logré calentarle
tanto la cabeza, que todos fueron testigos de que se retiró
furioso.
Carlos se dirigía a su casa cuando pasó por el “Júpiter
Loco”, una corazonada se apoderó de sus pensamientos, aparcó su aeronave y
decidió entrar. Esperaba
ver a Marité con el mismo fulano de la otra vez.
Entró en el establecimiento de danza y buscó con sus lentes
telescópicos entre la multitud a Marité. Ella no estaba ahí pero Ulises sí.
El supuesto amante de su novia bailaba con una despampanante
rubia en el centro de la pista principal.
Recordó las gráficas que Darío le había mostrado, en las
cuales Marité y Ulises se mostraban desnudos compartiendo el lecho. Los
recuerdos y el licor ingerido
en la fiesta de Lilia, exaltaron la ira de los celos y
decidió darle una buena tunda a Ulises para apaciguar su mal humor.
Ulises reconoció a Carlos de inmediato. Solamente lo había
visto una vez, aquella cuando un lunático le había pagado una pequeña fortuna
por besar a una
chica angelical que se encontraba en la barra del bar
esperando a su novio. Este loco era el novio de aquella encantadora muchacha,
lo sabía porque cuando
la besó ese mismo hombre apareció de repente y estuvo a
punto de romperle todos los huesos. Afortunadamente, en aquella ocación logró
escapar ileso, ahora
dudaba poder correr tan rápido como aquel día, el lugar
estaba lleno hasta el tope.
Tenía razón, Carlos lo atrapó antes de que corriera diez
metros. Lo tiró al suelo y estuvo a punto de romperle la nariz de un puñetazo,
si no hubieran intervenido
los aplaca pleitos.
Dos hombres sujetaban a Carlos y lo arrastraban hacia la
salida. Ulises se interpuso en su camino y trató de dialogar con el hombre
furibundo.
-Oye, cálmate, yo no sabía que ese ángel era tu chica. Mira,
un tipo me dijo que deseaba jugarle una broma a la muchacha, me pagó un dineral
para que le
diera un beso, eso fue todo.
¿Sabes?... Nunca pensé que eso me acarrearía tantos
problemas. De haberlo sabido, no hubiera aceptado participar en la bromita.
-¿Dices que te pagaron por besarla?... ¿Quién lo hizo?.
-No lo sé, pero yo ví aquella vez desde mi escondite que
cuando terminaste de discutir con la muchacha él se te acercó y te pasó un
brazo por la espalda.
Supuse que era tu amigo y que te aclararía todo.
-¿Darío?... Pero… ¿Qué es todo esto?... Tengo material
gráfico en el que tú y mi novia están juntos… ¿Cómo explicas eso?.
-Soy modelo de fantasía, ya sabes: ¿no?. Usan mi imagen para
hacer montajes, soy el sueño de las chicas. Cualquiera puede comprar un
holograma de mi imagen
y fantasearcon migo.
-Pero… Se requieren de dos hologramas para hacer el montaje. ¿Dónde obtuvieron el
de Marité?.
-Eso no lo sé, el mismo hombre que me pagó por el beso, me
dio el holograma de la muchacha para hacer el montaje. Te repito, pensé que se
trataba de una
broma, para mí es común, es mi trabajo. Me doy cuenta de que
ese tipo me engañó y que sin querer te he perjudicado a ti y a la joven.
-No entiendo las razones que Darío pudiera tener para
hacerme esto. Ah Marité que ciego he sido: ¿cómo pude dudar de ti?. Soy un
idiota, siempre me dejo
dominar por los celos, esta vez fui demasiado lejos con mis
recriminaciones, ni siquiera te escuché. Espero que me pueda perdonar, aunque
no recupere su
amor, deseo su perdón.
IV
Darío utilizó una tabla voladora para acercarse a la
vivienda de Marité sin hacer ruido. Iba vestido de negro y en una fajilla llevaba
los aditamentos necesarios
para bloquear los circuitos de seguridad.
Se introdujo en el tubo de traslado que conducía al interior
de la casa de Marité y logró desactivar los censores, para que nadie supiera
que estaba penetrando.
-Guaú, Marité, estoy inquieto.
-Tuchi, desconéctate, no hay ninguna razón para que estés
inquieto. Te dí tus croquetas energéticas favoritas, limpié a conciencia tus
sistemas, cambié
los chips, no sé que más quieres.
-Guaú, está bien, no me hagas caso, son cosas de robot-perro
viejo. Guaú, quizás hoy he visto demasiadas teleimágenes de terror y suspenso.
-Ya te he dicho que ocupes tu tiempo en otras cosas más
productivas. Pasas mucho rato frente al cinetor mirando puras tonterías. Tienes
que escoger mejores
programas.
-Guaú, tienes razón. Guaú, esos rollos de ficción están
alterando mis circuitos. Guaú, en este momento siento que alguien ha entrado a
la casa.
Antes de que Marité le respondiera a Tuchi, Darío apartó de
una patada al robot-perro y le desconectó la batería.
-¡Darío!... ¿Qué significa esto?... ¿Cómo pudiste entrar?...
¿A qué has venido?.
-Son muchas preguntas, confórmate con una sola respuesta. He
venido a matarte.
-¿Estás loco?. ¿Por qué me quieres matar?.
-Porque odio a Carlos y no puedo permitir que sea feliz a tu
lado.
-Carlos y yo hemos terminado, esta vez será para siempre, tú
tuviste la culpa. ¿No te basta?. ¿Para que asesinarme?.
-La comisión del orden culpará a Carlos de tu muerte, será
un crimen pasional, mi querido amigo quedará arruinado, lo enviarán a Plutón a
extraer gases
y minerales en las minas.
-No entiendo: ¿por qué lo odias tanto?. El no te ha hecho
nada, te quiere como a un hermano, ya vez, ha creído más en todas tus mentiras
que en nuestro
amor.
Darío avanzó hacia Marité, portando un minúsculo lanzador de
ondas de choque. El artefacto lanzaba ondas que chocaban contra los sólidos
causando impactos
similares a los golpes.
-Encontrarán tu cuerpo inerte, machacado a golpes, todos
reconocerán que este lanzador de ondas de choque es propiedad de Carlos. Yo
mismo se lo regalé
el día de su cumpleaños y mandé inscribir su nombre en él.
Hizo funcionar el artefacto, el primer golpe destruyó el
proyecto que Marité tenía sobre su módulo de trabajo.
-Creo que tiene demasiada potencia, lo tengo trabajando al
máximo. Si te apunto a la cabeza, te romperé el cráneo como si fuera una nuez.
Pero me gustaría
que sintieras como te voy rompiendo los huesos uno a uno,
eso te causará mayor dolor y por consiguiente Carlos sufrirá más. ¿Te gusta la
idea?.
-Darío, estás muy enfermo, déjame ayudarte, te prometo que
nadie sabrá que me has amenazado.
Marité temblaba de pies a cabeza, intentaba dominarse y
persuadir a Darío. Era imposible, la locura se había apoderado de la mente de
él y ya no entendía
razones.
Lanzó más ondas de choque contra Marité, aunque había bajado
la potencia, le estaba destruyendo la casa. Marité logró esquivarlas pero la
suerte la abandonó
y una de las ondas le alcanzó un pie.
Con un gemido de dolor cayó al suelo y se vió indefensa ante
el maniaco.
Llorando cerró los ojos y esperó que Darío le empezara a
romper uno a uno cada hueso de su cuerpo, cuando escuchó la voz de Carlos,
entonces volvió a abrir
los ojos y vió como Darío era derribado.
Lucharon frenéticamente, rodaron entrelazados por el piso,
la fuerza de Darío era descomunal debido a la locura.
Marité se arrastró hacia el comunicador, oprimió la tecla de
emergencias y pidió ayuda. Luego insertó en Tuchi una batería nueva y lo
reactivó.
-Guaú: ¿Qué pasa aquí?.
-¡Tuchi!... ¡Ataca!.
-Guaú: ¿a quién?... Guaú: Carlos es mi amigo. ¿Quieres que
lo muerda porque terminó contigo?.
-¡Claro que no!... ¡Ataca a Darío!... ¡Quiere matar a
Carlos!... ¡Está loco!.
-Guaú: ¿de veras?... Guaú, Darío: ¿ha enloquecido de
verdad?... Guaú, entonces debe ser peligroso acercarme a él. Guaú: ¿por qué no
esperamos a que lleguen
los de la comisión del orden?.
-¡Tuchi, no seas cobarde!. ¡Ayuda a Carlos ahora mismo!...
¡Si no lo haces, te dejaré sin croquetas energéticas durante un mes!. ¡Te daré
croquetas de robot-gato!.
¡No te permitiré ver tus digicrónicas de terror!.
-Guaú, eso no, por favor, eso no. Guaú, ahora mismo salvo a
tu querido Carlos.
Tuchi abrió su mandíbula cual grande era y la cerró en los
glúteos de Darío. Esto sirvió para que el dolor distrajera al loco y para que
Carlos lo pudiera
noquear.
En ese mismo momento, los comisionados del orden entraron en
la casa y se hicieron cargo de la situación. Darío fue inmovilizado mediante un
rayo paralizador,
el pie de Marité fue introducido en el regenerador y
posteriormente le aplicaron una capa de crema plástica que serviría para
inmovilizarle el pie por
tres días. Tiempo suficiente para que soldara la fractura.
Darío sería internado en una clínica de reformación
conductual, si lograban modificar su carácter paranoico, en unos meses sería
dado de alta y enviado
a el planeta Locoñeda en donde viviría de por vida, al lado
de otros seres que habían sufrido un padecimiento similar.
Carlos permaneció en la casa de Marité, estaba avergonzado,
cuando todos se retiraron se aproximó a ella para ofrecerle una disculpa.
-Marité, perdóname, fui muy injusto contigo, en lugar de
hacerle caso al corazón, escuché las mentiras de ese loco.
-En realidad nos engañó a todos, durante muchos años yo
también lo consideré un buen amigo. Me dí cuenta de su maldad hace algunos
meses, lo mantuve en
silencio, pensando que no era tan importante. Cuando nos
peleamos por el beso de Ulises, comprendí que Darío nos podía hacer mucho daño,
pero fue demaciado
tarde, porque tú no me quisiste escuchar.
-Debí hacerlo, es tarde para arrepentirme, aún así, quiero
pedirte perdón y decirte que aunque nos distanciamos por las intrigas de Darío,
jamás te dejé
de amar. Eso hizo crecer en mi interior un enfado tan
grande, que era incapaz de controlar mis emociones. Por eso me hervía la sangre
cada vez que te miraba:
¿cómo era posible que te siguiera queriendo después de lo
que supuestamente me habías hecho?. Disfrazaba el dolor que sentía al estar
lejos de ti con el
desprecio que te mostraba.
-¿Qué te hizo venir esta noche?.
-Pasé al “Júpiter Loco”, pensaba que a lo mejor te
encontraría ahí, deseaba verte, aunque fuera con Ulises. Cuando ví a ese modelo
de fantasía bailando
despreocupadamente mientras yo moría de amor por ti, decidí
romperle la cara. Los guardianes me lo impidieron y Ulises me contó lo que
realmente había
pasado. Marité, por favor, perdóname, prometo no volver a
comportarme como un ñandertal.
-Guaú, perdónalo, guaú, el chico me CAI bien. Recuerda que
siempre me trae de regalo huesos de energía solar.
-¡Tuchi!... ¡No te metas en esto!.
-Guaú, no te hagas la mala. Guaú, él te quiere, tú lo
quieres. Guaú: ¡asunto resuelto!.
Marité arrojó un cojín en contra de Tuchi, el robot-perro se
ocultó bajo la cama. Carlos sonrió, ahora estaba seguro de que lo perdonaría
como otras tantas
veces. Marité se le quedó viendo y comprendió que jamás
podría amar a ningún otro que no fuera él. Su mirada la delató, Carlos comprendió
que ya lo había
perdonado, se aproximó temblando de emoción, la estrechó
entre sus brazos y la besó apasionadamente.
Con la misma intensidad, Marité devolvió sus caricias y
besos, esta vez la reconciliación sería para siempre, nadie volvería a sembrar
dudas entre ellos.
Aunque un pequeño obstáculo estuvo a punto de romper el
idilio.
-Guaú: ¡Recuerden que estoy debajo de la cama!.
Carlos y Marité respondieron al mismo tiempo:
-¡Tuchi!... ¡Desconéctate!.
FIN.
SECCIONES DE AYUDA