DUENDES Y HADAS.

 

Irma Gpe. Vela Meza.

 

Era como el murmullo del agua cristalina cuando desciende de la montaña y choca contra las rocas. Como el canto de las aves saludando el nuevo día. Como

las flores silvestres, el pasto y los árboles, así entregaba su fragancia tal y como éllos, con sencillez. La luz del sol, el brillo de las estrellas y

élla, eran la alegría de cada amanecer y anochecer en el bosque de los Ensueños.

 

Siempre alegre, bailando en la cima de una montaña o en la espesura del bosque, mientras que el duende la miraba escondido entre los hongos, sentado sobre

las ramas de un árbol, o en ocasiones, entre las rocas del peñasco.

 

La pequeña hada Alegría deleitaba con suave risa y dulces cantos, a todos los habitantes del bosque. A diferencia de sus hermanas Virtud y Bondad, dejaba

su dorado cabello suelto para que el travieso viento de la montaña jugara con él.

 

El duende Risita estaba enamorado de élla pero era demasiado tímido para confesarle su amor. Alegría sabía que pronto llegaría el momento de escoger marido,

su padre el genio Fresco del lago ya se lo había dicho y su madre el hada Armonía le propuso varios candidatos.

 

Entre los prospectos se hallaban los duendes Lealtad, Juguetón, Tenaz, Silencio y Risita. La pequeña hada fue descartando a los posibles candidatos enumerando

sus cualidades que podían ser defectos.

 

Lealtad estaría siempre a su lado aunque no se amaran. Juguetón desearía estar jugando todo el día, no disfrutaría de los ratos de seriedad y sensatez.

Tenaz se mantendría ocupado en alcanzar sus metas y no tendría tiempo para compartir con élla ideales comunes. Silencio era muy aburrido, solitario, le

gustaba contemplar la belleza, podía ser hermoso pero solo por unas cuantas horas al día. Risita era más de su agrado, su timidez le despertaba ternura,

también le agradaba que era discreto, que enfrentaba las dificultades con una serena sonrisa a flor de labios. Pensaba que la alegría siempre podría acompañarse

por una risita.

 

El problema era que Risita jamás se le había aproximado para decirle una palabra que le pudiera dejar entrever sus sentimientos y los demás duendes sí.

Por esta razón, Alegría creía que jamás podrían casarse y se entristecía porque de niños habían sido buenos amigos.

 

Los habitantes del bosque se extrañaron mucho, el hada Alegría estaba triste, nadie sabía la causa.  Todos deseaban ayudarla a recuperar la dicha de su

corazón, la pequeña hada languidecía en la creencia de que su amor no era correspondido.

 

Risita dejó de emitir su dulce murmullo, pronto fue público y notorio que él también estaba triste. Varios de sus amigos hicieron numerosos intentos por

alegrarlo, pero fueron inútiles porque el duende ya no reía.

 

Envidia, una hada vieja y gorda que llevaba mucho tiempo viviendo lejos del bosque, se enteró por medio de sus amigos los duendes Chismoso y Flojera, que

Alegría y Risita habían dejado de esparcír sus dones entre los habitantes del lugar.

 

Envidia era una antigua enemiga de Armonía porque estuvo enamorada del genio Fresco y él prefirió casarse con Armonía. Ahora había llegado el momento de

llamar a Mentira, Discordia y Venganza para unir fuerzas y retornar al bosque.

 

Animadas por Envidia, las malignas hadas Mentira, Venganza, Discordia, decidieron invadir el apacible bosque de los ensueños y apoderarse de él para reinar.

Formaron un ejército de hadas y duendes malos para que propagaran sus maléficos sentimientos entre todos los habitantes.

 

Envidia, Mentira, Discordia y Venganza, estaban en una obscura cueva haciendo su plan de ataque para apoderarse del bosque de los Ensueños sin darse cuenta

de que Risita se había escondido ahí para llorar su tristeza.

 

El duende Risita las escuchó y se olvidó de su pena, porque el bienestar de sus amigos era más importante en ese momento. Pondría mucha atención y luego

le contaría todo al genio Fresco y a la hada Armonía, para que llamaran a todas las hadas y duendes buenos para hacer frente con sus virtudes al mal que

amenazaba transformar el bosque de los Ensueños en un bosque de Pesadilla.

 

Antes de que las hadas malas terminaran de ponerse de acuerdo, eso era muy difícil porque Discordia siempre obstaculizaba la unidad de opiniones y Mentira

jamás decía la verdad de sus pensamientos, la pequeña hada Alegría entró en la cueva con la finalidad de esconderse. Deseaba ocultar su desdicha para que

sus amigos no sufrieran por su causa.

 

Alegría fue sorprendida por las cuatro, antes de que pudiera escapar, Discordia y Envidia la sujetaron para que Venganza y Mentira se apoderaran de su varita

de virtud. Encerraron a la pequeña hada Alegría en la cueva y se llevaron la varita de virtud para esconderla.

 

Alegría estaba desesperada, sabía que sin la magia de su varita de virtud el duende del Amor no sería capaz de propagarse, las hadas Bondad, Laboriosa y

Risueña, tampoco podrían trasmitir sus dones en el bosque.

 

Empezaba a perder la calma cuando pudo oír un tímido murmullo a su espalda. Se trataba de Risita que se le aproximaba lentamente para darle consuelo. El

duende logró tranquilizarla prometiéndole que pronto saldrían de la cueva para ir en busca de su varita de virtud y avisar a todos de las intenciones de

las hadas malas.

 

Así fue como Risita y Alegría unieron fuerzas, para librar al bosque de los Ensueños del peligro que lo amenazaba y al estar juntos recuperaron su habitual

forma de ser.

 

Al salir de la cueva le preguntaron a los Tréboles si sabían en donde habían escondido las hadas malas la varita de virtud de Alegría y los Tréboles los

enviaron con las aves. Antes de irse en busca de las aves, Risita les dijo que propagaran las malas intenciones de Envidia, Mentira, Discordia y Venganza.

 

Andando y andando, llegaron al gran árbol en donde cientos de pájaros tenían sus nidos. Las aves estaban tristes, no cantaban ni trinaban, pero cuando vieron

al hada Alegría con Risita, cambiaron de humor y sus cantos se volvieron a escuchar. Risita les preguntó por la varita de virtud del hada Alegría y ellas

respondieron que el río Saltarín podría saber en dónde se hallaba. Les dio las gracias y las puso en aviso del peligro que les asechaba. Luego se marcharon

en busca del río Saltarín.

 

Andando y andando, fueron hasta el río. El río estaba triste, no quería saltar y el murmullo de su agua al chocar contra las rocas ya no se oía. Pero cuando

vió al hada Alegría con Risita saltó de gusto y salpicó todo lo que se encontraba a su paso. Risita le preguntó si sabía en donde habían escondido la varita

de virtud de su amiga y el río Saltarín los envió hacia el sitio donde vivían los Hongos. Agradecieron afectuosamente su información y antes de despedirse,

le dijeron lo que las hadas malas querían hacer.

 

Andando y andando, llegaron al lugar en donde los Hongos brotaban de la húmeda tierra, los vieron tristes y cabizbajos. Cuando los Hongos les miraron venir

tomados de la mano, recuperaron su alegría y con disimuladas risitas los recibieron. Les preguntaron por la varita de virtud y ellos respondieron que el

viejo y sabio Ahuehuete  seguramente sabría en donde estaba escondida. Con gratitud se despidieron y les informaron antes de irse, lo que las hadas malas

planeaban en contra de los habitantes del bosque para que propagaran la noticia.

 

Andando y andando, llegaron al lado del viejo Ahuehuete. El gran árbol estaba como siempre, él no se mostraba afectado por ninguna emoción negativa. La

hada y el duende se admiraron y le preguntaron la causa de que él no se hubiera visto afectado por la tristeza que había enfermado a los demás.

 

El árbol les dijo que cuando se es viejo se saben muchas cosas. Ciertamente las penas ajenas le habían preocupado pero si se dejaba abatir por la tristeza…

¿Cómo podría ayudar a sus amigos?. Debía mantenerse optimista para luchar contra las adversidades, el pensar que sería útil a sus amigos del bosque le

llenaba de dicha y fuerza para infundir valor y sosiego a todo el que se acercara a él. Les dijo que todos los dones y virtudes se encuentran dentro de

cada uno, que hay que descubrirlos y compartirlos con los demás para que la paz y armonía impere cerca de nosotros.

 

Alegría y Risita vieron que todo lo que se hallaba en torno al gran árbol se encontraba bien. Comprendieron que la bondad, la alegría, la verdad y todas

las virtudes y dones están dentro de cada cuál, que no es necesaria una varita para esparcir por el mundo la dicha, que basta con nuestra presencia.

 

Comprendieron también que si todos los habitantes del bosque del Ensueño se mantenían unidos, la Envidia, Mentira, Discordia y Venganza, no podrían hacer

nada en contra de ellos. La varita de virtud ya no era necesaria, aún así, el ahuehuete les dijo que se encontraba escondida en el hueco del tronco seco

del árbol que se hallaba al pie de la montaña Azul. Agradecieron sus consejos y fueron hacia allá.

 

Andando y andando, fueron por ella y cuando Alegría la tuvo entre sus manos la guardó con mucho cuidado entre los pliegues de su vestido. Aunque descubrió

que no la necesitaba para difundir alegría entre sus amigos, la quiso guardar de recuerdo.

 

El duende Risita encontró muy dentro de él el valor para confesarle a la hada alegría su amor y cuando se vió correspondido, la dicha de ambos fue tan grande

que hicieron felices a todos los que les rodeaban.

 

Envidia, Mentira, Discordia y Venganza, jamás pudieron hacer nada en contra del bosque de los Ensueños porque no hubo unión entre ellas. Así que decidieron

irse a vivir entre los hombres deseando que ellos nunca descubrieran la manera en que se podían deshacer de ellas y de su séquito de hadas y duendes malos.

 

FIN.

 

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