EL
DESEO.
Irma Guadalupe Vela Meza.
Siempre he disfrutado al llenar mis sentidos con la magnificencia de
la naturaleza, apreciando en mi limitación humana lo que ella,
pródiga vuelca sobre éste hogar, refugio de los seres que navegamos
la mar de la vida.
El sol, la brisa, el agua de los mares, lagunas, ríos, lluvia, las
texturas de vegetales, minerales, animales, los aromas, los sonidos;
son sensaciones vibrantes de las que se nutre el espíritu, el alma,
el cuerpo; flujo trascendente de emociones que producen el soplo
activo de la vida.
La escollera se adentraba en el mar, rompiendo las olas,
permitiéndome un asiento de primera fila, desde el cual con reverente
admiración podía recrearme en las sensaciones que mi cuerpo
experimentaba. La brisa salina me rociaba la piel, el murmullo de las
olas penetraba por mis oídos, los últimos rayos de sol iban dejando
su luminoso rastro por mi espalda mientras que una rojiza luna de
Octubre se alzaba lentamente de su lecho marino por la línea del
horizonte. Las gaviotas volaban formando una hilera, un pelícano
solitario proyectó su sombra sobre mi cabeza y bajando en picada se
precipitó hacia el agua en busca de alimento. Después de un chapuzón,
emergió triunfante con el buche colmado de pececillos.
Las risas de los chiquillos que jugueteaban sobre la arena de la
playa interrumpían de vez en vez el bramido del mar. Poco a poco se
fueron desvaneciendo las risas infantiles y me percaté de que por fin
habíamos quedado solos tú y yo. Sólos para compartir
tu hálito de
existencia y mis pensamientos de muerte.
Con las piernas recogidas contra el pecho, los brazos rodeándolas, la
barbilla apoyada sobre las rodillas, el cabello revuelto en torno al
rostro, los ojos entrecerrados y unas lágrimas rodando por las
mejillas; permanecí desafiante frente a ti. Durante mucho tiempo
medité en lo que me proponía, deseaba formar parte de ti, fundirme en
el tiempo y espacio que ocupas, estar en tus tormentas, en tus
vientos, en los volcanes, valles, collados; cual molécula que se
pierde en el infinito.
Lentamente me puse de pie y di un paso al frente, colocándome en el
borde de la roca más alta. La luna hechicera se alzaba ahora por
encima del horizonte y me aprestaba a ir a su encuentro, un grito
angustiado brotó tras de mí. El golpeteo de unos pies descalzos me
anunció la presencia de alguien que venía avanzando apresuradamente
por el rompeolas. Un instante de duda cambió el camino que había
elegido para reunirme contigo, una enorme ola chocó contra la roca en
la que estaba y me arrojó sobre el áspero suelo en lugar de
arrastrarme con ella en su retorno al mar.
Dos firmes manos se posaron sobre mis hombros, un sonido humano
preguntó si me hallaba bien, luego me recomendó imperativamente que
me alejara del sitio, que abandonara la playa, la noche había vencido
al día y nadie podía permanecer en las escolleras.
La madre Naturaleza, en su sabiduría obstaculizó mi intento de ir ha
ella, la tentativa de emprender el viaje hacia ti quedó frustrado.
Hoy, me pregunto cuantos atardeceres abrán de pasar
para volver a
tener la presencia de ánimo que me encamine hacia el lugar en donde
te hallas, de gozar junto a ti la dicha de ser y estar.
FIN
SECCIONES DE AYUDA
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de Irma!