QUERERES Y AMORES.
Irma Guadalupe Vela Mesa.
UNO.
Si tú me quieres todavía,
No importa lo que digan los demás.
Si tú perdonas mi extravío,
Dame la mano y volvamos a empezar.
Porque sin ti, no soy nada.
Porque tú, tú eres la luz de mis mañanas.
Porque juntos somos úno, siendo dos.
Porque unidos el camino es mas fácil.
Porque no puedo vivir apartado de tu amor.
DOS.
Más allá del tiempo y la distancia,
Lejos y cerca a la vez,
Tu recuerdo yace en mi memoria,
Como la sangre que fluye por mi ser.
¡Que importa si el día es noche!.
Nada importa si tú no estás.
En el melancólico recuerdo evoco tu presencia,
Me envuelvo en tu cálida mirada,
Siempre llena de dicha,
Siempre llena de paz.
Con la esperanza de ir a tu lado,
Con la ilusión de volverte a encontrar,
La inercia de mis pies me llevan
A donde sé que tú estás.
Mas este afán no haya recompensa,
No tiene sosiego,
No descansa en tu paz;
Porque cuando cree descubrirte te hallas tan lejos,
Porque cuando te vislumbra tú te vas.
Amor ya no huyas,
Amor, déjate amar.
Mira la fatiga de este rostro,
Que te busca y no te encuentra,
Que te mira y no te toca,
Que te escucha,
Que te huele,
Sin poderte poseer.
Tu recuerdo me sostiene,
¡Pero no basta!.
Deseo beberte, tocarte, aspirarte.
Amor, te lo imploro;
Déjame amarte.
TRES.
Dicha, paz, luz de mi vida;
no me mueve la distancia que existe entre nosotros para escribirte estas líneas,
lo que me inspira es la emoción constante que invade mis pensamientos y sentidos.
Sí, aunque no estás presente a mi lado, ocupando un lugar físico;
te llevo en el corazón
y las imágenes que evocan los recuerdos llenan el silencio de mi soledad.
El tiempo, el trecho que nos aparta, no significan nada;
tú estás en mí al igual que yo estoy en ti.
Esta mano que es parte de mi cuerpo, hoy pone en papel los sentimientos que ya conoces. Te amo, te deseo, físicamente te extraño, soy como un ave sin trino, sin alas, incompleta; porque me faltas tú.
En la lejana aurora de el cielo que te cobija brillará este mismo sentimiento en tu espíritu
y te llenará de dicha el saberte amado.
Vuelve los ojos al firmamento
y murmura en una plegaria que soy amada
para que el viento traiga hasta mis oídos tus palabras.
Cuando el reencuentro nos sorprenda,
la fragancia de este amor
se volcará por todo nuestro ser en una manifestación armoniosa de cuerpo y alma
tal y como lo ha sido desde el origen,
prevaleciendo sobre todas las vicisitudes
que con determinación se ha visto en la necesidad de afrontar.
Unidos ayer, hoy, y; hasta donde la vida nos lo permita.
Quizás, sólo Dios lo sabe; hasta la eternidad.
Fin.
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