UN CUENTO CON MUCHAS MENTIRAS.
Irma Guadalupe Vela Meza.
Había una vez… No frunzan el ceño, todos los cuentos principian así… Pues como les iba diciendo… Había una vez… Espérenme un momento, alguien me ha llamado y tengo que atenderlo porque de lo contrario no me permitirá seguir escribiendo y la inspiración se me puede atrofiar de por vida.
Bueno, sí, ajá, mmm… Ahora sí, vamos a continuar. ¿En qué iba?... ¡Oh!... ¡Ya lo recuerdo!... Había una vez… ¿Qué?... ¿Saben una cosa?... Lo he olvidado, en fin, les contaré que una vez un niño muy malcriado le dijo a su niñera: “No me comeré este pollo porque está un poco crudo.” La pobre mujer se había pasado varias horas en la cocina para hacerle el estofado que otras muchas veces hizo el deleite del crío. “Hijito, eso no es posible, ¿en qué te fundas para decir que el pollo está crudo si ni siquiera lo has probado?”… A lo que respondió el interpelado: ¡En que se está comiendo la lechuga que lo acompaña!”….
El pollo, muy indignado, alzó la cabeza y abrió el pico para informarles a los dos: “¡Pío, pío, pío!... ¿Por qué tanto escándalo?... ¡La lechuga ni siquiera está fresca!...”
Dos moscas que en ese mismo momento se posaban sobre el vegetal aludido, comentaron, también molestas: “¡Zún, zún, zún!... ¡Le falta sal y limón!...” Eso no es todo. Una cucaracha que pasaba por ahí agregó: “¡Shh!... ¡Si por lo menos le hubieran puesto unas gotitas de aceite de olivo!...”
La cocinera, muy enfadada por la crítica, aplastó la cucaracha de un zapatazo, las moscas corrieron la misma suerte bajo un manotazo, el pollo cerró el pico para siempre cuando le retorcieron el pescuezo y el chiquillo se engulló la comida con las nalgas aporreadas.
Moraleja:
No critiques cuando estés cerca del criticado.
Fin.
SECCIONES DE AYUDA